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Sintió como Snape se separaba, no mucho, pero lo suficiente para que la chica pudiera apreciar su rostro. No sabía que decir, había respondido a ese inesperado beso.
Notó como sus mejillas estaban sonrojadas, su corazón palpitaba con fuerza y la respiración se le hacía errática. Vio como el mago le sonreía sutilmente, quizás dándose cuenta del conmocionado estado en el que la chica se encontraba.
Hubo un intenso silencio entre ellos durante dos segundos, ambos mirándose fijamente a los ojos. Finalmente el hombre se aproximó una vez más, haciendo que los labios de ambos volvieran a unirse. Hermione no podía procesar nada, solo podía sentir la lengua de su "amo" penetrar su boca y jugar con ella.
Las manos de Snape se volvieron más atrevidas, acariciando su desnudo torso de forma sutil. La chica colocó sus manos en el pecho del hombre e intentó separarlo un poco. Estaba disfrutando el momento, pero su mente le gritaba advertencias que cada vez le eran más difíciles de ignorar.
— Granger…— oyó que él le advertía.
No sabía si el hombre estaba consciente o totalmente ebrio, pero no le prestó mucha atención. Todo lo que había escuchado ese día, todas las atrocidades que hacían los mortífagos con las mujeres…. Y él era, desgraciadamente, un mortífago. Y estaba aprisionándola contra una pared, tocándola y besándola de una manera posesiva. Un ataque de nervios se disparó en su cuerpo.
—Espere…— susurró logrando alejarse un poco. Para su alivio, Snape aceptó.
Vio como el mago retrocedía un paso, pero sin soltar su agarre de su cintura — ¿Qué ocurre, Granger?
La chica respiró con profundidad antes de responder — ¿Qué va a hacer?
Snape la soltó de pronto — ¿Qué quieres decir?
Hermione se sonrojó una vez más ¿Había posibilidad de que hubiese exagerado? —Yo… yo pensé que… que quizás usted…
Snape estiró una mano y se la tendió a la chica. Ella la tomó con rapidez, ahora se sentía como una idiota por haber tenido semejantes dudas. Ambos quedaron uno frente al otro. El mago pasó su brazo la cintura de la joven y la atrajo hacia él.
— ¿Por qué me besó?— preguntó sin poderse contener. Snape estaba serio y la chica estuvo segura que no respondería su pregunta. No es que fuera algo de otro mundo, pero jamás esperó que ese hombre la besara y menos de esa forma.
— Llevo queriendo hacerlo desde que hace pocas semanas— le contestó con suavidad. Hermione se sonrojó notablemente.
—… y más desde la fiesta. Hoy no me pude contener.
— Pero nunca me dijo nada—
Snape le sonrió fríamente — No pensaba hacer nada
Hermione le devolvió la sonrisa, aunque rápidamente desvió la mirada hacia la pared ¿El hombre había querido besarla desde hacía tiempo? Aquello si había sido bastante impredecible. Snape soltó su cintura y en cambio, la tomó por la barbilla, forzándola a mirarlo.
— No pienses demasiado en esto, Granger. Si te disgusta, puedes estar segura que no se repetirá— le aseguró con tranquilidad.
— ¡No!— exclamó de forma forma más alterada de lo que pretendía — No quise decir nada de eso, solo que no me lo esperaba, un hombre como usted, un mortífago… pensé que habría tomado demasiado en esa reunión y quizás, pues…
— Entiendo perfectamente lo que quieres decirme, Granger— la cortó el hombre.
Hermione se removió incomoda. El agarre del hombre sobre su barbilla se acentuó, obligando a la chica a mirarlo nuevamente.
— Si crees que te haría algo contra tu voluntad estás equivocada. Ya te he dicho que no soy esa clase de mortífago.
Hermione asintió, ya más tranquila. Se inclinó hasta quedar apoyada en el pecho de su ex profesor. Éste se quedó estático durante unos instantes, antes de extender sus brazos y sujetar a la chica con fuerza contra su cuerpo.
— ¿Estás cansada?— le preguntó con mucha sutileza.
—Quiero acostarme, me siento débil— le contestó, había cerrado los ojos, solo sintiendo la suavidad de la tela de su túnica rozarle la cara.
— Es debido a tu magia, ha salido bruscamente, es normal que te encuentres así— le dijo acariciando su espalda —. Pero no puedo dejarte dormir, tenemos un problema encima, y muy grave.
Hermione abrió los ojos — ¿Qué sucede?
Snape la sujetó y la alejó un poco — Lo que acabas de hacer con Bellatrix, sabes que no quedarás impune. Si por mí fuera, hasta te felicitaría… pero el Señor Oscuro se desquitará y lo más probable es que venga a buscarte aquí.
La chica palideció de inmediato ¿Buscarla? No, no podía ser.
— ¿Qué… que podemos hacer?— preguntó aterrada.
Snape se acarició la barbilla —Solo se me ocurre una cosa, no garantiza una solución, pero es lo único que podemos hacer por ahora. Él pensará que para ahora mismo, yo ya te habré castigado, y si no es así, él mismo lo hará.
— ¡Pues hágalo usted! ¡No me importan las cicatrices! ¡No podría soportar un castigo suyo!— exclamó histérica.
Snape entrecerró los ojos — Dolerá, Granger… podría darte una poción para eliminar el dolor, pero tardaría una hora en hacer afecto y temo que quizás él llegue antes de que eso ocurra y créeme que si no sintieras dolor durante su castigo, él se daría cuenta.
Hermione se alejó del hombre y le dio la espalda, todavía seguía desnuda y un horrible frío empezaba a ponerle los vellos de punta — ¡Hágalo, ahora! Podré soportarlo…
Volteó la cabeza al darse cuenta de que su ex profesor no se movía, en su rostro había una expresión de repudio e incomodidad — No quiero hacer esto.
Hermione se giró — Ya lo ha hecho otras veces— le espetó con urgencia. Ese hombre no lo entendía, prefería mil veces ser azotada y torturada por Snape que por el propio Voldemort; mucho menos quería que ese psicópata estuviera presente durante todo su dolor.
Vio como Snape avanzaba lentamente y como sacaba su varita mágica. La chica empezó a temblar, por lo que se dio la vuelta y evitó mirar al hombre. Escuchó el sonido llameante del látigo de fuego que el mago convocó.
Apoyó las manos contra la pared y respiró con profundidad. Era insólito que ella fuera a experimentar todo se dolor por algo que se había salido de su control. Solo esperaba que Bellatrix también estuviera sufriendo; ese era el único aliciente que la ayudaba a soportar la situación.
Un horrible dolor punzante se clavó en su espalda. Cayó de rodillas de una vez, sus piernas siendo incapaz de soportarlo. No se giró, y dio gracias que Snape no la hubiese avisado, mientras más rápido hiciera aquello, mas pronto terminarían. Un segundo golpe le cortó la respiración, ya las lágrimas empezaron a cursar sus mejillas. No iba a gritar.
Soportó el tercero y el cuarto, no sabía cuando el hombre iba a detenerse, pero confiaba en que lo haría cuando las marcas en su piel fueran lo suficientemente horrorosas para que Voldemort se sintiera complacido. En el quinto casi siente que pierde la consciencia, su cerebro parecía vibrar y sacudirse dentro de su cabeza.
— Basta… por favor— suplica con un sollozo.
Pero el hombre no se detiene. Al séptimo golpe, la chica se siente caer, ya sin poder tolerarlo más. Por alguna razón su resistencia es menor a la vez anterior. Oyó como el condenado sonido del látigo se apaga y como unas pisadas se le acercan rápidamente.
— Granger… ¿Puedes oírme?
La bruja notó como Snape la sujeta con delicadeza y acerca su rostro al suyo para observarla bien. Hermione se queda quieta, ya sin poderse mover. Sentía como si su cuerpo estuviera ardiendo al rojo vivo. Baja la cabeza y ve un ligero rastro de sangre en el suelo.
— Te llevaré a tu habitación— le dijo Snape guardando rápidamente su varita.
Pero antes que la chica pudiera si quiera agradecerle con la mirada, escucharon el sonido de la puerta principal abriéndose y cerrándose de un golpe. Hermione se retorció, escapando de los brazos del hombre y cayendo al suelo con un golpe seco, no puede evitar que un grito escapara de su garganta al sentir como su destrozada espalda chocaba contra el suelo. Notó como Snape se ponía en pie y se aleja de ella con rapidez.
— Mi señor…— lo escucha saludar.
Se hizo un silencio. Hermione no podía ver nada de lo que estaba pasando, puesto que su cara miraba de frente hacia la pared. Sentía el estomago encogido de puro pánico.
— ¿Qué estás haciendo, Severus?
— Me he tomado la libertad de castigar a mi esclava, mi señor. Sentí que me correspondía a mí, dado que lo que ha hecho ésta noche ha sido mi entera responsabilidad.
Otro silencio. La chica escuchó unos pasos acercándose hacia ella, pero rápidamente éstos se detuvieron.
— Ya veo… pero no es para eso que estoy aquí.
Hermione abrió los ojos al máximo, eso no podía ser ¿Voldemort no había ido a castigarla? Ahora sentía como la rabia le quemaba también las venas.
— ¿Qué desea, mi señor?— preguntó Snape con la voz más baja de lo normal.
— Necesito que vayas a Irlanda con urgencia. Avery ha reclutado a treinta y siete magos y brujas, a según dispuestos a entregar su vida por mí… como si yo fuera a creer algo así— hubo un tono de desprecio en la voz de Voldemort al decir esto— .De igual manera quiero que vayas y revises el status de sangre de cada uno y me envíes los diez que consideres más preparados, necesito que se unan a Mcnair para que viajen a Rumania durante esta semana. No puede haber retrasos de ningún tipo.
— Pero, mi señor… no está bajo mi responsabilidad chequear los status de sangre. Yo solo me encargo de su distribución y…— se interrumpió de pronto.
— Sé perfectamente cuál es tu trabajo, Snape… Creo recordar que yo mismo te lo asigné. Pero ésta vez harás algo diferente, y sabes que solo confío en ti para esto. Necesito a los diez mejores, deben estar listos para la misión que les encomendaré.
Hermione sabía que Snape no podría decirle que no a ese hombre, por algo era su amo. Soltó un gemido lastimero para llamar la atención de Voldemort, quería que el mago oscuro volviera a ver su atroz estado. Su plan pareció funcionar porque ninguno de los dos hombres habló durante unos instantes.
—Irás ahora mismo… regresarás al anochecer para entregarme los nombres, y luego te encargarás plenamente de la supervisión. Me mantendrás informado.
—Sí, mi señor.
— Y una última cosa Severus, quiero que la poción matalobos esté en mi despacho antes de que te marches.
— Pero, mi señor… no he empezado a prepararla. No he tenido la oportunidad— declaró Snape con un leve temblor en la voz.
— ¿Y qué demonios has estado haciendo, Snape? No puedo arriesgarme a que la poción quede mal, necesito a alguien preparado y hábil, y no tengo muchos mortífagos con esos requisitos. Busca la solución de inmediato.
— No… no le tengo ninguna, mi señor…
Hasta Hermione se dio cuenta que esa había sido una pésima respuesta ¿acaso Voldemort no era, supuestamente, el mejor mago que existía? ¿Por qué no la preparaba él mismo?
— ¿La sangre sucia fue tu alumna? Dijiste que la mejor de su curso mientras estudiaba en Hogwarts… que la haga ella.
Hermione se movió un poco, pero el dolor la dejó inmovilizada. Voldemort estaba completamente loco si pensaba que ella iba a hacer para él.
— Mi señor, no estoy seguro que Granger tenga la experiencia necesaria. Además podría salir mal.
— Si la hace mal, la mataré. Debe darme las gracias porque la trato como lo haría con cualquiera de mis mortífagos.
— Pero, amo…
— Te espero al anochecer. Cura a la sangre sucia y mándala a mi mansión— le ordenó de forma cortante y cruel. Hermione notó como unas pisadas resonaban en el suelo y se alejaban, y finalmente el ruido de la puerta cerrarse.
— Granger…. ¿Puedes levantarte? Déjame curarte.
La chica se incorporó y se quedó sentada en el suelo, su alborotado cabello le cubría la cara — ¡¿Qué quiso decir?! ¿Tengo que ir a su mansión? ¡¿Sola?! Yo jamás he preparado esa poción… ¡¿Qué voy a hacer?!
Snape se acercó dispuesto a curarla — ¡Maldición, Granger, cálmate!
— ¡No puedo hacerlo! ¡No quiero estar sola con él! ¡Y mucho menos quiero ayudarlo!— exclamó la bruja perdiendo los nervios. Snape la sujetó del brazo.
— Necesito que te tranquilices… ¡Escúchame! ¡No tenemos opción! Deberás hacerle la poción, es complicada y hay muchas posibilidades de que salga mal. Pero confío en que podrás…
— ¡No me da miedo la poción, sino él!
Snape la ayudó a ponerse en pie. Hermione se sujetó a él, abrazándolo. No supo porque lo hizo y menos le importó la reacción del hombre. Tenía terror de ir a ese lugar sola.
— Granger… todo estará bien. Iré por ti después de que termine.
— Si me equivoco, me matará…
El mago levantó su barbilla una vez más, quería mirarla a los ojos — No te matará. Te prometo que todo saldrá bien. Arréglate, debemos irnos ya…
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Llevaba una hora exactamente sentada en esa pequeña, pero lujosa sala. Snape la había dejado ahí mientras se encaminaba al despacho de Voldemort. Nadie había ido a por ella, de hecho no había visto a ninguna persona pasar por aquel lugar. Todo parecía estar en un sepulcral silencio.
El corazón se le disparaba cada pocos segundos mientras intentaba recordar los ingredientes de la condenada poción. Obviamente tendría un libro para guiarse, pero igualmente quiso leer la preparación antes de salir de la casa.
Estaba impaciente, deseaba que alguien viniera y le dijera a donde tenía que ir, empezar de una vez y salir de ese momento de pura tensión. Pero al mismo tiempo no quería hacer nada, que Voldemort se olvidara que ella estaba ahí y decidiera aplazar la poción para cuando Snape estuviera disponible.
Estaba clara que la segunda opción no era probable que sucediera, así que respiró profundo y siguió esperando. Se preguntó si Bellatrix estaría en ese lugar, acostada en una cama sin poderse mover. Esa era la imagen mental que tenía desde que la atacó. Ojalá la hubiese matado de una vez, pero obviamente eso no sucedió, puesto que se habrían enterado antes.
Escuchó unos pasos y notó se le hacía un nudo en la garganta. Estaba empezando a apoderarse de ella un pánico totalmente irracional. Hacía demasiado tiempo que no practicaba nada que tuviera que ver con la magia.
Finalmente apareció ante ella un chico alto, de cabello oscuro, no tendría más de diecinueve años. La expresión en su cara era de miedo disimulado, parecía aterrorizado de estar ahí. Hermione se levantó y se le quedó viendo dudosa.
— Puedes seguirme, te llevaré al laboratorio de pociones.
Ella obedeció, agradecida que fuera ese chico y no un salvaje mortífago quien la hubiese ido a buscar. Caminó tras de él sin mediar palabra, bajando mas y mas escaleras, hasta que se pudo ver al final del pasillo una oscura puerta de madera.
— Entra— le ordenó de forma seca. Hermione empujó la puerta y rápidamente el chico se dio la vuelta, regresando velozmente por donde había venido.
Era una habitación amplia, con forma de rombo. Sin embargo dos paredes estaban cubiertas con estanterías llenas de libros, cuatro con frascos de pociones y restos de ingredientes. Y las otras dos paredes restantes estaban abarrotadas de calderos de todos los tamaños, balanzas y un sinfín de instrumentos necesarios para la elaboración de pociones.
Vio un caldero en el centro de la sala, listo para usar. Se acercó y empezó sacando el libro que había traído, el que Snape le había recomendado. Recorrió todas las estanterías buscando los ingredientes que necesitaba, fue bastante sencillo. Quizás si habían grandes probabilidades de que todo saliera bien. Era un lugar perfecto y muy cómodo para trabajar, casi se sentía en Hogwarts. Su confianza estaba empezando a florecer.
Se arremangó el suéter que llevaba y se dispuso a trabajar. Era una poción complicada, pero no imposible. El único inconveniente era que tenía que estar atenta cada minuto, no podía dejar la habitación.
Odiaba hacerle ese tipo de cosas a Voldemort, quien sabe para qué propósito. Una poción que volvía a los hombres lobos indefensos ¿para que querrían eso?
Se sentó en la única silla que había en la habitación y observó todo el lugar con mucha atención. Se sentía ansiosa, apenas debían ser las cinco de la tarde y Snape probablemente fuera por ella aproximadamente a las once de la noche, eso si no se retrasaba. La poción estaría lista en una hora y media ¿Qué se supone que haría toda la noche allí sola?
Revolvió el contenido del caldero una vez más y se acercó hasta la estantería, deseaba tomar un libro y hojearlo, pero había aprendido su lección. Entornó los ojos para poder distinguir los títulos grabados en los lomos
— ¿Cómo te está yendo, sangre sucia?
Casi le da un infarto. Acostumbrada al sepulcral silencio, solo irrumpido por el burbujeante sonido de la poción; aquella voz fría y profunda la habían tomado por sorpresa. Se giró rápidamente, se puso una mano en el pecho, el cual dolía debido al brusco palpitar de su corazón.
Se quedó con la boca ligeramente abierta. Voldemort estaba en el umbral de la puerta con las manos dentro de los bolsillos de su oscuro pantalón. Se veía extremadamente relajado y aunque sus ojos seguían siendo inhumamente rojos, lo cual le daba un aspecto aterrador; Hermione no pudo evitar notar lo atractivo que se veía.
Quizás era su postura, tranquila y casi perezosa, como si fuera un hombre que no tenía nada que hacer, lo que lo hacía verse tan diferente. Iba vestido con un elegante pero sencillo traje de un azul muy oscuro, con una camisa blanca por debajo y una corbata gris plomo.
Se dio cuenta que lo estaba mirando detenidamente, así que levantó la cabeza y conectó sus ojos con los de él. Inmediatamente supo porque le temía tanto. Voldemort había fruncido el entrecejo al ver el comportamiento de la chica. Y su expresión de supuesta ensoñación se había transformado en una seria y helada mueca.
— ¿Acaso estás sorda? Te he hecho una pregunta.
Hermione no pudo evitar estremecerse. Se dio cuenta que debía revolver la poción nuevamente, así que prácticamente corrió hasta el caldero y lo movió mas energéticamente de lo que debía. Los nervios estaban empezando a traicionarla y esperaba que ellos no la hicieran cometer un error.
— Lo siento, mi señor— dijo en un susurro, dándose la vuelta y percatándose que el mago la miraba fijamente — Si, todo está muy bien.
Voldemort se acercó y examinó su contenido, pasando por al lado de la chica, que se apartó inmediatamente de un salto.
— Eso parece. Hasta ahora está perfecto.
— Si, mi señor, gracias.
Hermione retrocedió unos pasos y estuvo tentada de darle la espalda, pero no podía hacer eso. En cambio, se sujetó las manos y miró al hombre.
— Mi señor… lamento el incidente de esta mañana, yo no quería…
— Tu magia está fuera de control. Por eso los hijos de los repugnantes muggles no deberían tener tal don— le contestó sin dejar de observar el caldero.
Hermione trató de ignorarlo — Le prometo que intentaré hacer lo posible para evitar otro problema similar.
Voldemort sonrió divertido — Cuando un mago o bruja es apenas un infante, hacen cosas contra su voluntad, digamos que es normal que ocurran accidentes… en los niños— recalcó sin perder su sarcástica sonrisa—. Pero hay ocasiones donde los niños desean hacer daño, y tanto sus acciones como su magia actúan de esa forma… queriendo lastimar.
Hermione parpadeó confundida ¿De qué demonios hablaba? ¿Qué niño querría hacerle daño a alguien?
— No le entiendo, mi señor.
— Pues es muy sencillo, tu magia atacó a Bellatrix porque tú querías hacerlo daño…
Eso se había vuelto una situación peligrosa.
— Mi señor… yo no, usted está equivocado…
Voldemort rió fríamente, acercándose más a la temerosa chica — ¿Tú piensas eso? Creo que estás confundida, sangre sucia… nunca dije que tus acciones no fueran justificables.
Hermione vio a Voldemort paseándose por la habitación, sin sacar las manos de los bolsillos de su pantalón — Bellatrix cosechó lo que había estado sembrando. Supe que el que mantuvieras tu magia retenida por todos estos años sería algo riesgoso. Y digamos que ella buscó ser tu primera víctima.
— ¿Victima?... ¿Ella… murió?— no pudo evitar preguntar.
— Por supuesto que no ¿Crees que la dejaría morir?
Hermione no respondió. Sentía que cada cosa que decía la hacía verse más tonta. Voldemort le lanzó una feroz mirada mientras seguía recorriendo la habitación.
— Pero si voy a reconocer que me sorprendiste, tenía curiosidad por las cosas que puedes llegar a hacer.
La chica se paralizó al ver que el hombre se detenía justo al frente de ella — No puedo hacer nada, mi señor, fue un accidente, no lo hice con intención…
Voldemort sonrió levemente la notar el nerviosismo de la chica — ¿Severus te castigó?
¡Al fin! Justo lo que quería que le preguntara. Asintió con la cabeza — Si, mi señor.
Voldemort le sonrió, ladeando la cabeza con curiosidad — Me parece bien...— hubo un silencio muy tenso, Hermione bajó su cabeza incapaz de mantenerle la mirada — Esa poción debe ser revuelta cada cinco minutos, y no te he visto hacerlo, sangre sucia—
Palideció. Era verdad, lo había olvidado. Se acercó al caldero y vio con horror como el líquido empezaba a humear un gas de color púrpura, cuando se suponía que debía ser de un azul oscuro. Removió rápidamente, rogando que pudiera solucionar el desliz que había tenido.
Tan concentrada estaba mirando lo que estaba haciendo, con las gotas de sudor cayéndola por la frente, que no se dio cuenta que Voldemort se había aproximado y lo tenía justo a un lado. Casi le dio un soponcio cuando notó que el hombre se había inclinado sobre ella, con sus cuerpos tocándose y con su rostro muy cerca del suyo.
Trató de obviar todo eso y siguió removiendo. Notó como Voldemort movía un poco la cabeza y la miraba detenidamente ¿Por qué? ¿Por qué estaba haciendo eso? ¿Por qué se comportaba así?
— No quiero ningún error en la poción, sangre sucia, o te castigaré— le susurró muy cerca de su oído.
Se estremeció — No la habrá, mi señor.
No podía perder el control de la situación, ya faltaba poco para terminar, podía arreglarlo.
— Eres osada, sangre sucia, te lo he dicho antes…
Hermione lo miró. Sus rostros, que ya estaban cerca, ahora apenas estaban separados por dos centímetros. Notó como sus mejillas se encendían, por lo que bajó la cabeza. No se dio cuenta del brillo rojizo que cruzó los ojos del Señor Oscuro.
— No apartes la mirada, sangre sucia…— pero Hermione se sentía demasiado ansiosa para hacerle caso—. Mírame
Le obedeció — No sé a qué se refiere usted, mi señor.
— Tienes el valor de mentirme, una y otra vez. Tu falta de respeto hacia mí, no tiene límites. Eso me enfurece y me atrae al mismo tiempo… me gusta que me desafíes, porque tanto tu como yo sabemos que puedo castigarte por ello en cualquier momento.
¿Cómo la conversación había llegado a esos rumbos? Hermione tragó con dificultad — Yo no le he mentido, mi señor… nunca.
Voldemort la sujetó de pronto, obligándola a erguirse y quedar frente a él — Sé que Snape nunca te ha tocado, sé que el castigo de hoy fue una farsa, sé que tu nunca has robado sus pociones y te has curado sola… Snape no te ha castigado, solo el día que yo estuve presente, y fue como un cachorrito rápidamente a sanar tus heridas… Los dos son unos estúpidos si creyeron que pueden engañarme.
Hermione no pudo reprimir sus temblores. Estaba tan asustada y nerviosa que las lágrimas no tardaron en aparecer. Voldemort las vio caer por sus mejillas sin cambiar su expresión adusta.
— Mi señor… por favor.
— Pero me gusta, sangre sucia… Solo por eso no te mataré esta noche. Termina aquí, y te espero en mi biblioteca.
No tenía ni la voluntad de negarse. Lo vio salir con paso firme por la puerta sin mirar atrás. La chica rompió en llanto, estaba asustada. Sabía que nada bueno podía traer quedarse a solas con él. Limpió su cara con un pañuelo y se dispuso a apagar el fuego. Respiró aliviada al darse cuenta de que la poción había salido bien, no podía decirse que era la mejor, pero estaba bastante aceptable.
Arregló y limpió todo antes de salir y buscar la biblioteca. Recordaba donde estaba, por lo que no le fue difícil encontrarla.
Se preguntó si debía tocar antes de entrar. Pero por alguna razón, supo que eso no sería necesario. Abrió la puerta y traspasó el umbral. El lugar parecía encontrarse vacio, por lo que esperó de pie junto a una estantería, intentaba mantener la cabeza gacha. Ese lugar le daba escalofríos dado a su experiencia pasada.
Oyó como la puerta se abría y el sonido de unas pisadas hacían eco en el lugar.
—Me han dicho que la poción te quedó a la perfección. Muy bien, sangre sucia.
Levantó la vista, solo para ver a Voldemort aproximarse a ella. Le hizo un gesto con la mano para que lo siguiera. Vio la mesa de madera pulida un poco más adelante con dos mullidas butacas, una frente a la otra.
— Esta noche no hay nadie en la mansión, así que pasaremos una noche agradable, sangre sucia.
Hermione se tensó al instante. Sin embargo Voldemort, que había hecho aparecer dos copas y estaba sirviendo un líquido amarillento en ellas, no pareció darse cuenta. Le tendió una mientras le daba un sorbo a la otra.
— Bebé— le ordenó.
Hermione obedeció como un autómata, no debía provocarle ni un solo ataque de ira a ese hombre, al menos por esa noche.
— ¿Tienes miedo, sangre sucia?—
— Si, mi señor—
Voldemort sonrió, acercándose a ella — Es lo más sensato… Puedo hacer contigo lo que quiera, ¿no es razón suficiente para tenerme miedo?
Hermione retrocedió un paso. Pero Voldemort solo rió —No te angusties, sangre sucia. Has hecho bien tu trabajo, puedes relajarte.
— Siempre hago bien mi trabajo…— replicó. Voldemort la miró con intensidad — Por eso mi amo no me castiga, al igual que como usted ha dicho que no lo hará esta noche.
Voldemort volvió a beber, en sus ojos podía verse un destello de burla.
—De la misma manera que esta mañana… ese castigo por parte de mi amo, no fue una farsa… estoy… estoy dispuesta a que usted lo haga de nuevo, si duda de ello.
Voldemort sonrió levemente — No será necesario.
Hermione se relajó internamente. Se tomó a toda velocidad todo el contenido de su copa, quizás sería la única forma en que sus nervios se mantuvieran a raya. El vaso rápidamente volvió a llenarse.
Voldemort avanzó unos pasos y dejó su copa sobre la mesa. La chica se le quedó viendo estupefacta. El hombre rápidamente llegó a su altura y pasó brazo por la cintura de mujer, aprensándola con fuerza y pegándola a su cuerpo.
— MI señor… ¿Qué está haciendo?— por alguna razón no tenía tanto miedo. Sabía que nada malo pasaría, Voldemort parecía estar diciéndoselo con la mirada.
— Desde en el que te vi aquí, sola… quise castigarte por tu atrevimiento, sangre sucia… Pero es un castigo diferente…— El hombre llevó una mano a la camisa de la chica y empezó a desabrochar los botones. Hermione notó una corriente eléctrica cruzarle por todo el cuerpo. No podía dejar de ver al mago oscuro. Su cuerpo no parecía querer responder ¿eso estaba pasando?
Voldemort la besó con fuerza, no dándole tiempo a asimilar nada. Las piernas empezaron a temblarle y amenazaban con dejarla caer. Notó una mano en su cabello, aprisionándolo, por lo que entreabrió los labios y permitió la entrada de la lengua del hombre. Respondió con fogosidad, no podía ni quería hacer otra cosa.
Rápidamente se sintió despojada de su camisa, la cual fue a parar al suelo. Notó como el hombre la levantaba y la sentaba sobre la mesa. Se sintió más pequeña ante él. Los labios del lord bajaron por su cuello, besando todo lo que tuviera a su paso. Hermione apoyó ambos manos sobre la mesa mientras soltaba pequeños gemidos.
No supo en qué momento el hombre le había quitado la única prenda que le quedaba, por lo que se encontraba con el torso totalmente desnudo. Notó las poderosas manos del mago sujetarle los senos y apretarlos con suavidad. Hermione se sentía perdida. Prácticamente se le hacía imposible respirar con normalidad.
La boca del hombre descendió hasta atrapar uno de sus pezones. Se tensó, lo que ocasionó una mirada divertida por parte del mago. Gimió audiblemente mientras lo veía acariciar todo su cuerpo. La chica lo sujetó del cabello, invitándolo a seguir. Ese simple gesto pareció encender al mago oscuro, puesto que se había enderezado para volverla a besar en los labios. Hermione sintió como la sujetaba por las piernas y la jalaban hacia adelante, hasta que su entrepierna chocó con la ya endurecida erección del lord.
Vio al hombre con los ojos nublados por el placer y la lujuria ante ese movimiento, sonreír con cierta malicia. Sin embargo en ese momento, una brillante luz los iluminó, y Hermione casi se cae cuando Voldemort se movió bruscamente, alejándose de ella.
— ¡Avada Kedavra!—
Hermione se bajó de la mesa y corrió en busca de su camisa. Apenas se había dado cuenta que la puerta de la biblioteca se había abierto y había una persona inmóvil en el suelo.
— ¿Qué… que ocurrió?— preguntó asustada.
Vio a Voldemort, con el cabello alborotado y la corbata prácticamente desanudada, darle una patada en la cara al chico que la había llevado al laboratorio de pociones.
— Maldito gusano— siseó furioso.
Hermione se vistió rápidamente mirando a su alrededor ¿qué iba a hacer? ¿Iba a tener sexo con Voldemort? Había perdido la cabeza. El mago oscuro se giró hacia ella. Parecía tan perturbado como la chica, quizás estupefacto de haber perdido el control de esa manera.
En los ojos del hombre ya no había ni un asomó de la pasión que Hermione había visto, en cambio ahora solo reflejaban desprecio y asco. Eso la afectó más de lo que se imaginó. No comprendía el repentino cambio del mago.
— Llamaré a uno de mis mortífagos para que venga a recogerte y te lleve por donde viniste—le espetó con frialdad y descontento. Hermione, que no se había abrochado la camisa debido a la impresión, se le quedó viendo sin decir nada.
Voldemort se arregló la corbata y salió de la habitación sin mirar atrás.
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AHHH :(
