Capitulo 6

Fate paseaba por las calles de Al-Hazard observando cada detalle de la gente que habitaba allí, todos, según su madre, Clyde y Alicia eran personas que Precia había salvado o almas que esperaban su transición al otro mundo y ella miraba con una sonrisa el mundo que se había abierto ante ella porque aquello le parecía increible.

Su madre había tenido razón, todo el tiempo.

-Fate...¡Fate!-grito Alicia.

Ella miro a su hermana "mayor" mientras esta la dirigía hacia un banco solitario para poder hablar, ella iba a hablar con su hermana Alicia, era increible...era...

Era lo que lo que siempre había soñado de niña, hasta que conoció a Nanoha.

Nanoha...

-Nanoha...-susurro sin querer.

-¿Quien es? Mama dice que fue quien te salvo la primera vez.

No se había dado cuenta de que la había nombrado en voz alta hasta que Alicia le había preguntado, pero volviendo a la pregunta, ¿como explicar quien era Nanoha para ella?

Al final, decidió que la verdad sería lo mejor.

-Tiene razón, Nanoha me salvo de muchas maneras, ella me dio la oportunidad de ver la luz, de reir y de vivir una vida que sin ella no habría sido posible, ella me enseño a volar para poder tocar el cielo, me enseño a no ser Fate Testarossa, si no solo, Fate.-dijo la rubia.

Su hermana la miraba con cierta sorpresa mientras tomaba el helado que habían comprado antes de llegar, luego le sonrió y miro su helado con cierta nostalgia.

-¿Estas enamorada de ella?-pregunto Alicia.

Fate se sonrojó mientras miraba sus manos, unidas sobre sus piernas, no era que le diera vergüenza admitir que estaba loca por Nanoha, ni que fuera un secreto, era el hecho de que no se esperaba tener aquella conversación con su hermana justo después de conocerse.

-Eh...si...lo estoy.-dijo Fate.

-Y ella...-pregunto de nuevo.

-No, no estoy segura,..., antes si, pero pasaron muchas cosas y ella...-sonrió Fate.-...ella ama su libertad más que nada en el mundo y ni su amor por mi era lo bastante fuerte, ni yo puedo quitarle aquello que ama tanto...-susurro con dolor.

-¿Mas que a ti?-pregunto Alicia sin entender.

-Mucho más...

Alicia vio las lágrimas de su hermana resbalar por sus mejillas al mismo tiempo que el dolor también se hizo fuerte dentro de ella, odiaba ver a Fate llorar y sabía que pronto habría algo más por lo que lloraría.

Porque el destino no se podía cambiar, ¿verdad?

-Pero basta de hablar de mi, ¿que hay de ti?-pregunto de repente Fate.

Alicia la miro secarse las lágrimas y forzó una sonrisa mientras daba otra lamida a su helado y suspiraba mirando al cielo.

-No mucho, mama me revivió con la tecnología de Al-Hazard y desde entonces vivo aquil con ella y con Clyde, ayudo a mama con los demás pacientes y ayudo también a los que no pueden volver a seguir adelante.-replico la joven.

Fate la miro con una sonrisa mientras acariciaba su pelo, gesto que hizo que la joven Testarossa se sonrojara y se mantuviera callada.

-Y, ¿Mama y Clyde? Parecen muy unidos...

-Eso es porque buscan juntos una salida, no te confundas hermanita, Clyde solo tiene ojos para su mujer.-replico Alicia.

Fate suspiro aliviada pues no quería ver los efectos que podría tener una relación de Clyde y Precia, era demasiado raro, demasiado...

Ugh, no quería ni pensarlo.

-Tenemos que volver a casa, mama y Clyde nos esperan.-dijo Alicia.

-¿Esperar?-preguntó.

Vio a Alicia suspirar y tomar su mano antes de que pudiera hacer nada y la levanto llevandola con ella devuelta a la casa.

-Creeme hermana, lo sabrás enseguida.-le dijo Alicia.

Y entonces Fate supo, que allí había más de lo que ella pensaba.


Cuando Precia miro a sus dos hijas entrar a la sala de estar donde ella y Clyde las esperaban supo que no podría hacer aquello debía hacer.

No podía causar dolor a Fate, no quería que aquellos ojos borgoña, identicos a los de Alicia, la odiarán o sufrieran, porque sabía que cuando ella lo supiera los ayudaría, así es como era.

Por eso era la heredera, por su capacidad de sacrificio.

-Ya estamos aqui, mama.-dijo Alicia.

-Muy bien, sentaos.-susurro Precia.

Clyde la miro de reojo, pero ella no quiso hacerle caso, porque no tenía porque retrasar más lo inevitable, porque no quería que su hija fuera victima de un engaño más que la dejaría atrapada en este sitio.

-¿Que pasa?-pregunto Fate.

Clyde suspiro antes de mostrarle a Fate una especie de altar que había no muy lejos de su casa, en el, se podían ver varias velas que subían como una escalera hasta un pequeño trono preparado para recibir a su anfitriona.

-Eso, Fate...es tu lugar...-susurro Clyde.


-Estoy llegando...-susurraba.

Las sombras lo rodeaban mientras volaba hacia su destino, era hora de apoderarse de Al-Hazard, de toda su gente, de todos sus avances...

De todo su poder.

La gente no se daba cuenta de lo que estaba por llegar, todos reían y caminaban como en otro día normal sin saber que aquellas sombras vendrían a por ellos, a por todos ellos.

-No habrá paz...-canturreo.

Entonces lo sintió, una fuerza irradiando desde alguna parte de Al-Hazard, algo tan poderoso, tan peligroso para él que sintió encogerse por el dolor.

La maldita heredera.

Estaba allí.

¡No!

Tenía que destruirla, tenia que matarla antes de que se sentara en su trono o lo perdería todo, no habría nada para él de aquel lugar.

Nada.

-No lo permitiré.-susurro enfadado.

Voló lo más rápido que pudo por el cielo, envolviendo lentamente la ciudad en una oscuridad temible mientras él recibia la información de la heredera y fue entonces, cuando por fin la vio.

Una maga artificial.

Una diosa.

La heredera.

Fate Testarossa.


Fate no podía dejar de mirar el escrito que su madre le había enseñado, era una profecia y ellos decían que era de ella pero ella, no podía ser...

Ella no podía ser.

-Yo...no soy humana...no puedo ser...-susurraba.

-Lo eres, Fate, creeme.-dijo su madre.

-Pero...¿como lo sabes? ¿como estas tan segura?-preguntó la rubia.

Precia se levanto de su asiento y abrazo a su hija mientras las lágrimas caían de sus ojos, era su culpa, todo era su madlita culpa.

-Fate, tu capacidad de sacrifió es la clave...-susurro Precia.

-¿Mi capacidad de sacrifió?-preguntó Fate, temerosa.

-Si, eres una maga artificial que cree para que fuera exactamente como mi hija pero como una variación, tu no debías de sentir nada, solo ibas a ser un instrumento y lo eras, hasta que tu corazón despertó, primero para complacerme en mi deseo y después por Nanoha y empezaste a sentir, solo la heredera es capaz de hacer tal cosa...-dijo su madre.

Fate se separó de su madre lentamente mientras intentaba asimilar lo que le estaba diciendo, ella era la heredera, ella era la dueña de Al-Hazard, ella...

Ella era la que tenía que sacrificarse para que todos los cuerpos vivos que había allí pudieran volver al plano humano.

-No...no se que decir...-susurro.

-No pasa nada, Fate, debe ser duro.-dijo Clyde.

-Tenemos tiempo, hermanita.-le dijo Alicia.

Pero ella no lo veía así, no todo era tan facil como ellos querían hacerlo ver, ella era una maldita cosa creada sin sentimientos, ¿quien era ella?, o mejor...

¿Que demonios era ella?

-Que más...-susurro Fate casi sin querer.

-¿Más?-pregunto Precia.

-Hay más madre, puedo verlo en tus ojos.-contesto ella.

Precia trago saliva, no quería hacer esto, ya le estaba causando demasiado dolor, demasiado para que pudiera llevarlo sola, pero mirandola a los ojos supo que no podría mentirle, no quería mentirle, no otra vez.

-La profecía, como has leido habla sobre ti y sobre el sacrificio que deberás hacer...-susurro Precia.

-¿Tengo que morir?-pregunto Fate.

-No...es mucho peor que eso.-le dijo su madre.

Fate suspiro sin querer oirlo, pero tenía que hacerlo, debía hacerlo para saber a lo que se estaba enfrentando.

-Que es...-susurro Fate.

-Fate, para liberarnos a todos y podamos volver con nuestros seres queridos, tu, deberás quedarte aqui sola y custodiar Al-Hazard, para siempre.-dijo Precia cerrando los ojos.

Fate sintió las lágrimas picar sus mejillas, tenía sentido, estaría como siempre había estado hasta Nanoha, sola y esta vez, ni Arf podría acompañarla en su soledad.

Es hora de cobrar mi venganza, Testarossa.

La voz vino de ninguna parte antes de que un latigo oscuro atacara la casa desde el techo y tuvieran que apartarse entre gritos y entonces se dieron cuenta de algo que no habían visto antes.

Al-Hazard se había convertido en un caos.