Sirius no pudo pegar ojo en toda la noche. De hecho, desde que Snape se había ido a vivir con ellos le costaba más conciliar el sueño, siempre terminaba pensando en él ya sea maquinando alguna broma o rememorando algo que había pasado durante el día. No obstante, esa noche había sido diferente. Por primera vez en mucho tiempo había reflexionado seriamente.

Desde que se había ido a vivir con ellos se sentía extraño. Primero, se había preocupado por él e incluso había querido llegar a protegerlo y cuidarlo cuando lo vio tan herido. Recordó entonces que cada vez que lo veía adolorido quería ir a maldecir a su padre. Luego, sentía algo por dentro que le hacía sentir incómodo cuando lo veía, lo que le llevaba a molestarle. Le gustaba hacerlo porque de esa forma abandonaba esa cara suya sin expresión y reaccionaba. Le gustaba ganarle y no es que Snape fuera malo, sabía que tenía un amplio conocimiento en Artes Oscuras pero siempre dudaba más que Black, y ahí era dónde fallaba. También procuraba estar presente cuando preparaba pociones porque le gustaba verlo cuando se recogía el pelo pero nuevamente algo dentro de él le llevaba a querer molestarlo. Pero sin duda después de lo de ayer se había sentido más extraño aún. Siempre había querido hacerle llorar pero cuando lo consiguió no le gustó, se sintió terriblemente incómodo y algo dentro de él le punzó. Había tenido el impulso de abrazarle cuando vio como se ocultaba mientras sus lágrimas caían. En ese momento lo había visto tan tierno y frágil... pero aún así Sirius se contuvo porque la situación y sus sentimientos en ese momento eran sumamente extraños y no los entendía. De hecho, aún no lo hacía.

Tanto James como Sirius habían deseado que Snape les temiese pero nunca habían conseguido otra cosa que miradas de odio y rencor. Por eso, cuando confesó que tenía miedo se sintió extraño porque algo dentro de él no quería que aquel chico le tuviese miedo, no quería haberlo conseguido. Pero aún así, cuando lo dijo, sintió que no los temía a ellos sino a la posible situación en sí, y eso lo animó porque eso sí podía manejarlo.

Sirius sentía que sus emociones estaban jugando con él. No se terminaban de decidir y eso lo hacía sentirse muy frustrado, lo que provocaba que descargase su frustración en Snape como de costumbre, porque hasta ahora lo que más aliviaba su estrés era eso, humillarlo. Sin embargo, últimamente aunque lo molestase, no se sentía satisfecho, cada vez se sentía más agotado.

Al final, Sirius llegó a la conclusión de que todo lo que sentía era culpa porque ¿que otra cosa podía ser? y cuando amaneció estaba decidido a librarse de ese sentimiento.

Sin embargo, la resolución de Black se vio algo frustrada. Severus llevaba evitando todo el día a Sirius. Después de haberse mostrado tan vulnerable ayer no sabía como darle la cara. Estaba seguro de que se lo iba a contar a Potter, Lupin y Pettigrew, aunque a éste último no lo había visto desde el primer día que pisó esa casa. Por la mañana, se había levantado antes para desayunar solo y dejar preparándose unas pociones. También se había asegurado de dejarle una nota a Lupin en la nevera avisando de que comería fuera. Era consciente de que no iba a poder evitarlo siempre porque vivían juntos pero al menos hoy lo iba a hacer, mañana ya sería otro día.

Severus había recibido dos cartas: la de su madre y la de Regulus. Le había contado a su amigo los últimos acontecimientos y no tenía muy claro cual habría sido su reacción al enterarse de que estaba viviendo con su hermano. Por esa misma razón, había sido incapaz de decírselo a Malfoy. La respuesta de Regulus era breve, lo citaba en una cafetería muggle a la que habían ido un par de veces.

Le quedaba la carta de Eileen, siendo ésta la primera que le escribía desde que se habían separado. Snape había esperado a que fuese ella la que se pusiera en contacto con él y esperaba que así como él ella estuviese cumpliendo su promesa. Aún no la había leído, se sentía nervioso por saber cómo le estaría yendo. Tomó una gran bocanada de aire que consiguió calmar sus ánimos y con manos firmes empezó a desdoblar la carta.

Querido Sev,

He conseguido un apartamento. No es muy grande y tampoco muy lujoso pero está bien, es suficiente para vivir cómodamente. Aún me siento culpable por haberte quitado tu dinero. Pienso devolvértelo. Quiero trabajar en una cafetería que hay cerca de casa, ya he hablado con el encargado y van a hacerme una entrevista. No te sientas mal, sabes que siempre he añorado trabajar.

¿Cómo lo estás haciendo? Me preocupa haberte dejado allí solo. Se que la señorita Evans, velará por ti como siempre ha hecho. Es una lástima que no la quieras esposar. Pero ya lo he aceptado. También me preocupa cómo te estén tratando, se que en el fondo eres un chico sensible, aunque no dejes que nadie lo vea. Cuídate.

Con cariño,

tu madre, Eileen.

Al terminar de leerla soltó un suspiro de alivio. Su madre parecía estar haciéndolo bien e incluso se podría decir que estaba ilusionada. A pesar de todo lo que habían vivido, por las líneas de su madre y por la actitud que siempre le mostraba, sabía que todavía pensaba que era un niño pequeño, cómo si no pudiese cuidarse por sí mismo. Sin duda, no ayudaba el hecho de que le hubiese contado la mayoría de las cosas que le habían pasado durante sus primeros años en Hogwarts aunque con el tiempo se había hecho más reservado y desde 4º año apenas le contaba nada. De hecho, nunca fue capaz de contarle el incidente con Remus en la casa de los gritos. Aún así, sabía que Lily se había encargado de contarle ciertas cosas, aunque no sabía cuales. Ambas tenían muy buena relación. Así como él la tenía con los señores Evans.

-¿Qué problema tienes? Toca antes de entrar- dijo Severus cuando Black entró con una amplia sonrisa, interrumpiendo la contestación a su madre.

-¿Qué haces?

-Privado- contestó malhumorado.

-Oh, bueno, sea lo que sea puede esperar. Ven conmigo- dijo cogiéndole de la mano y levantándolo de la silla

-¿Qu-que estás haciendo?-dijo evitando mirarle a los ojos.

-¿No me digas que tienes vergüenza después de haber llorado como un bebe ayer?- y eso provocó que Snape se sonrojase brevemente, acción que no pasó desapercibida para Black.

Eran increíbles las sutiles diferencias que podían apreciarse en Snape si uno se esforzaba en prestarle atención. Eran fugaces pero ahí estaban. Black que nunca se había dado cuenta estaba empezando a verlas ahora.

-No me provoques-dijo mirándole a los ojos-¿Qué quieres?

-Integrarte. Te vienes conmigo y con los chicos al salón- dijo con una sonrisa.

-No- dijo zafándose de su agarre.

-Oh, vamos. O vienes por tu propio pie o te llevo levitando- dijo con su típica sonrisa maliciosa pero al notar cómo Snape se tensaba añadió- Era una broma, pero si es necesario te llevo arrastras.

-¿Por qué quieres que vaya?- dijo enarcando una ceja desconfiado. Sabía que James estaba abajo y no quería que lo humillaran en medio del salón de "su casa".

-Ya te lo he dicho, voy a integrarte. Pasas demasiado tiempo en tu cuarto- y al terminar de decirlo sacó prácticamente arrastras a Snape mientras protestaba, dejando todas las frases inconclusas.

-No pinto nada allí-dijo finalmente mientras bajaban las escaleras, todavía yendo de la mano de Black.

Realmente cada fibra de su ser le decía que no debía seguir bajando esas escaleras, que debía quedarse en su cuarto. Todos sus sentidos estaban alerta, el miedo empezaba a formarse y su corazón latía desbocado, palpitándole en los oídos. Sensaciones que conocía muy bien de sus años en Hogwarts y eso no auguraba nunca nada bueno. Aunque cada una de esas cosas las ocultó y exteriormente no podía verse ninguna de ellas. Sin embargo, Black si pudo percibir como la piel del Slytherin se volvía cada vez más fría , como si de una serpiente de verdad se tratara. Y pudo apreciar también como martilleaba la sangre a través de su mano. Se imaginaba lo que debía estar pensando y lo miró de reojo pero no vio ningún cambio en él. Solo estaba el porte serio usual que conocía tan bien. Pero la sensación que tenía al tocar su mano y la que sus ojos le transmitían eran diferentes. Realmente lo ocultaba todo demasiado bien.

-Snape-dijo con un suspiro y el aludido se sorprendió nuevamente de que lo llamase por su apellido- solo vamos a hablar-dijo soltándole la mano mientras iban al salón.

Los allí presentes se quedaron congelados viendo como Snape entraba seguido de Sirius y cómo éste le hacía sentarse justo en el extremo derecho del sillón, sentándose Black a su lado y en frente de James y Remus. Snape por su parte se había sentado mirándolos fijamente, todavía desconfiado y en alerta, con una mano en su bolsillo apretando fuertemente la varita. Se sentía rodeado, como si fuera un cordero entre una manada de lobos. Snape se permitió mirar a Black, y al contrario del rostro perplejo de Lupin y Potter, él maldito estúpido estaba sonriendo con orgullo. Severus quería matarlo ahí mismo.

-¿Quieres café?- preguntó Remus rompiendo el silencio.

-Capuccino.

-¿Canuto, por qué lo has traído?- preguntó James saliendo de su ensoñación y haciendo que Snape se tensara cuando lo miró.

-Vas a vivir aquí, así que ¿preparar la convivencia?-dijo con indiferencia.

-Íbamos a hablar de lo de Remus...

-A mi no me importa.-dijo dándole el capuccino a Snape- Sabe mi secreto y viviendo en la misma casa, es mejor que lo sepa por su seguridad-murmuró.

-La luna llena se acerca-aclaró Black.

-No estoy de acuerdo pero es tu decisión Lunático. ¿Qué sabemos de Colagusano?

-Nada aún pero siempre ha estado en esas noches, podremos contar con él- aseguró Black, confiando en su amigo.

Severus por su parte se sentía como un jarrón más escuchando la conversación. No era participe ni quería serlo y mucho menos tener algo que ver con la condición de Lupin. Lo único que quería era subir a su cuarto para librarse de la sensación de incomodidad que le recorría.

-Por razones obvias iremos al sótano y esta vez tendremos que comprar las cadenas.

-No te vamos a atar-dijo James-nuestra presencia te calma, será suficiente.

-James, mis padres lo hacen, no pasa nada.

-Tiene que haber otra opción-dijo exasperado.

-No la hay. Sabes tan bien como yo que no tenemos un sauce boxeador, ni una casa de los gritos ni un bosque. Solo contamos con esta casa y un sótano, nada más- no podemos arriesgarnos a que me escape y me vean los vecinos-dijo poniendo los ojos en blanco- hay muggles cerca.

-¿Y si te vienes a mi casa?-preguntó Potter.

-No puedo exponer a tus padres a eso. Ya es bastante hacerlo con vosotros, por favor.

-¿Tu que piensas Snape?- preguntó Black pero por la mirada que le dio supo que hubiera preferido recibir un hechizo y tuvo que contenerse para no soltar una carcajada delante de sus amigos.

-¿Las cadenas aguantan?-preguntó suspicaz.

-Normalmente-terció Remus- Nunca he salido del sótano de mis padres al menos- Snape asintió y volvió a enfocarse en su café.

-Está bien, usaremos las cadenas porque es la primera luna en esta casa. Estaremos contigo y si veo que no hacen falta, la próxima vez será a mi manera- Remus asintió- Y Snivellus, te quiero fuera de casa esa noche.

-No me pienso ir-dijo firme fulminándolo con los ojos- Se que pasáis las noches de alguna forma con él y no me interesa saber cómo. Así que, si no me molestas yo tampoco lo haré.

-¿Te atreves a amenazarme? ¿Tu, Snivellus?- dijo James levantándose del sofá y sacando su varita, lo que hizo que Snape se levantara como un resorte y sacase la suya, apretándola en la mano pero sin apuntarle.

El ambiente cada vez era más tenso. Severus se empezó a preparar para lo que venía. Sabía que si Potter empezaba el resto le iba a seguir. Siempre había sido así y no esperaba que fuera a cambiar. Miro a su alrededor de reojo, buscando algo que le pudiese servir pero sin apartar los ojos de Potter, de vez en cuando lanzaba miradas disimuladas a Black, quien seguía sentado sin moverse. Su quietud lo ponía más nervioso.

-Cornamenta- dijo finalmente Black rompiendo el silencio.

-¿Qué?- respondió sin apartar los ojos de Snape.

-Baja la varita-y esta vez recibió la atención de todos los presentes, cada uno más sorprendido que el anterior.

-¿Cómo dices?-preguntó incrédulo- ¿Primero le llamas por su apellido, le traes aquí y ahora esto? ¿Estás bajo el imperius?- Sirius negó con la cabeza- ¿Entonces, que narices está pasando?

-Cálmate. Snape se quedará en su cuarto. No hay de que preocuparse- dijo Remus intercediendo por su amigo- Ya lo has oído, no quiere saber nada y dudo que se atreva a mirar en el sótano cuando se haya alzado la luna, ¿verdad?- Snape gruñó en respuesta y James bajó la varita pero aunque ambos se sentaron, Snape no dejó de sujetar la suya dentro del bolsillo y miraba desafiante a James.