Datos:

✖ Título: "Anonymous"

✖ Autor: HotaRu YaOiGirL

✖ Advertencias: Slash/Yaoi - AU - groserías - OoC- escenas perturbadoras - la siempre presente falta de ortografía...

✖ Parejas: Sasuke&Naruto / Itachi&Deidara

✖ Disclaimer: Por mucho que patalee, grite y llore, los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Hago esto por puro goce y diversión personal combinada con un poco de ocio. Sin fines de lucro, claro está.

~¤~¤~¤~ Anonymous ~¤~¤~¤~

La ilusión llamada esperanza.

Las primeras gotas de tormenta golpearon su rostro morocho. Tomó el cuello de su abrigo y lo subió hasta taparse la nariz, por momentos, el clima primaveral podía ser muy hostil. Miró la hora en el reloj de muñeca.

23:56

Tan sólo restaban cuatro minutos y sería la hora acordada.

Levantó la cabeza y al otro lado de la calle ubicó a su compañero que, de brazos cruzados y con sus distintivas gafas oscuras, aguardaba paciente por su señal. Su intercomunicador vibró y por el audífono escuchó la voz de su jefe.

— "Las cámaras de las cinco esquinas han captado la imagen. Pónganse alerta."

Presionó el botón en el collar de su cuello para responder.

—Entendido.

Hizo un pequeño gesto con la cabeza que fue respondido por el otro hombre con un leve asentimiento que entre el ambiente oscuro de la tormenta casi pasa desapercibido. Con las manos en los bolsillos y actitud desinteresada, echó a andar. En voz baja contaba sus pasos.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco…

Localizó a lo lejos el edificio puntualizado, la fachada algo precaria y los cuatro pisos apagados le confirmaron que se trababa del objetivo. Una mirada de soslayo y aceleró la marcha.

Treinta y nueve, cuarenta, cuarenta y uno, cuarenta y dos, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro…

La figura de un hombre encapuchado, cubierto por un sobretodo negro, le hizo frenar de golpe y ocultarse apenas. La lluvia acrecentó y la pesada cortina de agua le nubló un poco la vista, el fuerte sonido de las gotas estrellándose contra el pavimento le taponó los oídos.

—Objetivo en la mira.

—"Bien. Tienen autorización para irrumpir en la residencia armados."

—Copiado.

Cruzó la calle y llegó junto a su compañero que, recargado en la pared, se resguardaba de la tempestad gracias al techo que formaba un balcón de primer piso. Hurgó en el bolsillo de su abrigo, sacando de este una cajita roja de cigarrillos, encendió uno y le dio una larga pitada. El hombre de lentes oscuros seguía sus movimientos en todo momento, sabía perfectamente lo que eso significaba.

—Cálmate Kiba. —le dijo con su voz tranquila y grave. —O todo se irá al demonio.

El joven emitió un gruñido molesto cual animal, mostró levemente sus incisivos puntiagudos y le dio otra pitada al cigarro.

—Cállate, Shino. —murmuró. — Eres lo peor para el apoyo moral.

El hombre de lentes permaneció en silencio, sin replicar ante esa respuesta tan agresiva por parte del otro, ya estaba acostumbrado… diez años acostumbrado. Kiba tomó su revólver, lo cargó y se aseguró de que el sistema funcionara correctamente; le dio una última floja pitada al tabaco y arrojó la colilla al suelo.

—Está bien que quieras matarte, pero si lo haces, no arrastres al mundo en ello. — le reprochó Aburame tomando el sobrante y metiéndolo en su abrigo. Escuchó de nuevo el gruñido canino.

Inuzuka le dio la espalda y comenzó a caminar, el edificio se encontraba a una aproximación de cien pasos. Sus sentidos se alertaban cada vez más a cada metro que avanzaba, sus ojos cafés viraban atentos a los costados y al frente, intentando distinguir el más mínimo indicio a través de la pesada lluvia torrencial; los oídos, aunque sordos por el agua, analizaban todo aquello que la vista no llegaba a ver, manteniendo la constancia de los pasos de su compañero detrás de él. En su cabeza, los números subían.

Ciento cuarenta y dos, ciento cuarenta y tres, ciento cuarenta y cuatro…

Ahora, la entrada principal de la residencia se alzaba ante su presencia, tétrica y abandonada como ninguna otra. Tragó grueso y respiró un par de veces para calmar el bombeo de su corazón que parecía habérsele vuelto loco, vio a Shino extraer su arma y quitarle el seguro con una tranquilidad envidiable, frunció el ceño e hizo lo mismo. Elevó la vista, encontrándose con la placa de dirección que rezaba:

Distrito Shinjuku / Kabukichō 1-4-4.

"1-4-4… Ciento cuarenta y cuatro pasos. Ese rubio… está demente."

Ese fugaz pensamiento cruzó su mente adjunto a una sonrisa forzada antes de hacerle señas a su compañero para comenzar la infiltración.

La primera puerta estaba abierta, la empujó y la bisagra oxidada emitió un sonido chirriante que retumbó a lo largo de un pasillo oscuro que secundaba la entrada. No tenía luces en ningún punto de su longitud y las ráfagas de viento irrumpían haciendo un sonido espectral que le erizó los cabellos de la nuca.

—Estamos dentro. —avisó susurrando por el intercomunicador.

—"Perfecto. Tomen la escalera y suban hasta el piso tercero. De allí a la izquierda, dos puertas y el apartamento número trece."

—Entendido.

Volteó su cabeza, lanzándole una mirada de soslayo por encima del hombro a Shino, quien entre la oscuridad notó y asintió en silencio. Identificó las escaleras más adelante, se presenciaban como un marco negro en la pared de la izquierda, que se semejaban más bien a una espeluznante invitación al Tártaro. Continuó la marcha, subiendo despacio uno por uno los escalones, atento y siempre con su arma al frente apuntando cualquier posible amenaza. El silencio junto al frío húmedo le calaban los huesos.

Entre el mutismo, un pitido agudo proveniente de su abrigo lo sobresaltó. De su bolsillo interno extrajo un pequeño aparato de metal con una pantalla circular que brillaba y marcaba un gráfico de tres colores en un rango de veinte metros. En el electrónico se podía identificar a él y a su compañero como manchitas rojas que se movían apenas, pero el aire le escaseó cuando confirmó en la pantalla que cerca de ellos marcaba una tercera mancha roja un poco más adelante. Entre la oscuridad verificó que aún faltaba un descanso y un segundo bloque de escalones para llegar al primer piso, allí era donde marcaba la tercera presencia.

—"Kiba, Shino." —escuchó por el auricular. —"El detector de calor marca un individuo desconocido. Procedan con cuidado."

—Confirmado. Procediendo.

El bombeo del corazón se le disparó otra vez, los pulmones se le oprimieron y el fuerte sentimiento de intranquilidad se le taponó en la garganta; aún así permaneció con los brazos al frente, las manos cargadas y la pose estática. Uno a uno, continuó subiendo los escalones.

Antes de llegar al cuadrado de descanso, se ocultó inclinándose un poco. Sin mover la cabeza y conteniendo la respiración, echó una mirada de reojo buscando aquella presencia extraña, pero no supo si fue por la falta de luz o porque realmente no había nadie allí, que no logró identificar nada. Sacó el pequeño aparato una vez más, viéndose a él, a Shino y…

Los ojos se le desencajaron y la adrenalina comenzó a recorrerle el cuerpo como si hubiese sido inyectada en su yugular, se volteó tan rápido que las vertebras de su cuello tronaron y lanzó un grito desesperado.

—¡Shino!

Vio a su compañero arrojarse al suelo y disparó tres veces a pocos metros de él, el fuerte sonido del arma retumbó por todo el edificio. Jadeó exaltado y disparó otra vez un poco más lejos… allí, cerca de ellos, había una figura cubierta de un sobretodo negro como la que había visto antes de entrar a la residencia, en cuanto volteó la identificó peligrosamente cerca de Aburame con el brillo de un metal reluciendo en su mano derecha. Ahora esa presencia aguardaba al pie de las escaleras medio oculta entre las sombras, su altura y contextura a simple vista eran similares a las de aquel a quien buscaban.

Vio a Shino levantarse por el rabillo del ojo, no quería perder de vista al individuo ni por un segundo. Su compañero se reincorporó y alzó también su arma.

—"Es él. Manténganse alerta y no lo pierdan de vista. Hay cinco patrullas cubriendo el edificio, desplegadas alrededor. Oblíguenlo a que se quede dentro."

—Copiado.

Se quedó estático apuntando al objetivo, a la espera de algún movimiento que diera la señal para actuar, pero el sujeto misterioso parecía haberse congelado en la oscuridad del pasillo. Sintió el sudor del miedo resbalarle despacio por las sienes, la tranquilidad de las gotas y el silencio del suspenso comenzaban a calarle los nervios. Tragó grueso y pastoso, las manos le temblaban. De repente, la figura se movió. Su compañero disparó sin dudas; él observó atento. El desconocido se había fugado corriendo hacia la izquierda, contrario a la salida, eso lo extrañó y la espina del mal presentimiento lo pinchó.

— ¡Ve tras él! ¡Que no salga del edificio!— le gritó. Aburame no respondió pero inmediatamente se lanzó detrás del extraño, bajó las escaleras a una velocidad impresionante y desapareció por la esquina del pasillo. Él, por su parte, comenzó a subir las escaleras a trote. Apretó el botón en su collar e informó: —Jefe, Shino va tras el individuo. Yo iré por el segundo objetivo. Comuníqueles a las patrullas que permanezcan alerta.

—"Está hecho."

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— ¡Sasuke, cálmate!— escuchaba gritar a su hermano quien lo sostenía fuerte de un brazo, aún así no dejó de forcejear. — ¡Que te quedes quieto maldición!

— ¡Suéltame, Itachi! ¡Iré a asesinarlo con mis propias manos!— replicó con los dientes apretados.

No podía ser cierto. Finalmente había llegado el día que tanto él como Itachi habían estado esperando desde el incidente, y se sentía tan inútil como el resto de los años en los que su búsqueda no había dado resultado. Allí… a tan sólo tres cuadras de distancia de donde estaba, se encontraba esa residencia hecha pedazos donde esa maldita persona se escondía. Sí, finalmente se abría una brecha para volverlo a ver, para mutilarlo con desprecio y que pagara por cada uno de sus crímenes en una tortura lenta sin piedad alguna; pero una vez más era inútil.

Esos pensamientos le sabían amargos e insoportables, le quemaban dentro como un veneno.

— ¡Estás enfermo si crees que voy a dejar que te metas allí! ¡Deja de ser tan idiota, Sasuke!

— ¡El único idiota aquí eres tú! ¡¿Es que no te das cuenta que estamos a un paso de resolver el mayor problema de nuestras vidas?!— impugnó, su tono de voz era cada vez más ácido y comenzaba a perder los estribos al verse falto de apoyo.

— ¡Pero tú pareces no entender las cosas! ¡Allí adentro hay gente armada y entrenada, no tienes una idea de lo que puede llegar a pasar si un imbécil como tú va a meter las narices!

— ¡¿Y crees que eso me importa?!

—Sasuke, por favor, cálmate.— oyó la voz de Shikamaru a su lado. Nara se encontraba impasible frente a la pantalla de una computadora portátil, sus ojos se perdían en el brillo artificial que desprendía el aparato y su expresión denotaba su concentración. —Como gente seria y razonable, te pido que controles tus sentimientos y te mantengas al margen de la situación.

El pelinegro calló pero eso no significó que la calma le había vuelto al cuerpo. Lanzó un suspiro cargado de pesadumbre y tragó fuerte como si estuviese consumiendo algún tipo de tóxico que lo hizo gruñir por el sabor amargo que el remolino de emociones le dejó en el paladar. Apretó los dientes haciéndolos crujir agudo y ese ruido chillón le lastimó los tímpanos, los ojos almendrados se le rasgaron. Estaba harto.

Pasó sus pupilas negras por toda la superficie de la Van donde estaban. Se trataba de una furgoneta repleta de electrónicos preparada especialmente por agentes del gobierno Japonés para realizar operaciones en cubierto, justo como ellos en ese momento. En un principio, tanto Shikamaru como Kakashi se habían negado rotundamente a incluirlos a él y a su hermano en el trabajo, pero la insistencia de ambos Uchiha, sumada la aprobación de Naruto, triunfó por sobre la negativa inicial. Ahora los hermanos se encontraban siendo testigos de un movimiento policial de alto riesgo.

Pero eso era algo que a Sasuke parecía importarle demasiado poco.

Su mirada ónice chocó con el perfil del joven rubio quien, sentado con las plantas de los pies unidas y la espalda recta, compenetraba toda su atención en otro computador, diferente al que manejaba Nara. No sabía si era por aquel deseo inexplicable que en su interior le tenía al hacker o porque realmente había comenzado a desarrollar ciertos sentimientos por él, que cada vez que le contemplaba el resto del mundo parecía irse al demonio. Observando los ojos cielo, la nariz respingada, la piel canela, los labios carnosos, las marcas de zorro… logró calmarse y enfriar su cabeza.

Había una realidad en la que tenía que dejar su orgullo de lado y aceptar que en situaciones de todo aquello que se relacionara con "acción", él era sin lugar a dudas inútil. Nadie manejaba las negociaciones empresariales legales e ilegales como él y su hermano, pero en ocasión de levantar un arma las cosas se complicaban. Eso no significaba que era un cobarde o que usar un arma de fuego le diera miedo, sino el problema se veía en que no tenía ni la puntería ni la agilidad de un agente entrenado. Aún así, en casos de supervivencia o de defensa, no dudaría en arremeter contra una amenaza, mucho menos si se trata de la pesadilla que lo estuvo persiguiendo por años.

Apretó con fuerza los puños, los nudillos se le empalidecieron y las uñas se le clavaron en la palma. La tranquilidad eran segundos contados. Se sentía un inestable manojo de nervios.

—Shino, responde, ¿me escuchas?— preguntó Shikamaru sosteniendo el auricular en su oreja en un intento para escuchar mejor. Los ojos castaños sobre la pantalla donde mostraba la imagen que daba una pequeña cámara oculta en el abrigo de Aburame a la altura del pecho. La imagen se veía oscura, distinguiéndose solamente las paredes a ambos lados de un pasillo que parecía no tener fin. La imagen se movía a medida que Shino avanzaba.

—"Afirmativo."

—Bien. Da tu ubicación del sector de la residencia.— le exigió. —Enviaré a otro grupo para que bloqueen la conexión hacia la salida.

—"Estoy en un depósito en la planta baja, hay una gran puerta de metal en la entrada de la sala." — respondió.

—Perfecto. Mantente alerta, el objetivo es peligroso y claramente tiene conocimientos del edificio, si algo ocurre no dudes en disp-…—pero un quejido lastimero proveniente del auricular lo calló de inmediato. Por la pantalla vio uno de los brazos de Aburame que parecía estar tomándose el costado izquierdo de su abdomen. —Shino, ¿qué ocurre? ¿Te encuentras bien? — su contestación fue otro quejido y la imagen de la mano ensangrentada del agente cuando este mismo la elevó.

—"Demonios."— farfulló el agente con la voz entrecortada.

—Oh no. —susurró atónito con los ojos desencajados. —¡Sal de ahí! ¡Tienes que salir de allí ahora mismo!— ordenó, en el rostro de Nara podía entreverse lapsos de pánico.

El silencio se hizo, Shikamaru tan sólo escuchaba la pesada respiración de Shino quien apretaba con fuerza la zona herida de su cuerpo, la cámara filmaba la negrura de la habitación entre el mutismo del suspenso. Sasuke e Itachi se acercaron veloces al escuchar la exclamación del jefe de policía, Naruto volteó apenas de su asiento, observando la situación de reojo.

—Naruto. — lo llamó Nara, el rubio volvió a voltear para centrarse en su monitor.

—Ya di el comunicado. El equipo A comenzó la infiltración. —respondió de forma desinteresada.

El pelilargo escudriñaba impaciente la pantalla, a espera de que el agente hiciera algún movimiento que indicara su situación.

—Shino, escúchame, hay refuerzos en camino. Tienes que salir del depósito, ¿puedes caminar? —le preguntó con el corazón bombeándole en los oídos.

El auricular falló y comenzó a emitir el chillido de interferencia, el micrófono de Aburame estaba estropeado pero la cámara continuaba transmitiendo e indicaba que el hombre de lentes oscuros caminaba por la sala en tinieblas, rengueando notablemente.

El intercomunicador chilló de nuevo. Shikamaru pudo distinguir un segundo grito que le heló la sangre, seguido de dos disparos y el sonido de un corte limpio.

Más bramidos.

De repente, el lente de la cámara oculta se manchó de rojo.

Silencio.

Los cuatro presentes escrutaban la pantalla atentos, a la espera de algún movimiento. Shikamaru estaba estático y con la boca entreabierta, los hermanos Uchiha tan sólo observaban. El joven rubio lanzaba miradas de soslayo de vez en cuando.

En la cámara se advirtió una imagen borrosa entre las manchas del lente. Un hombre de atuendo oscuro se irguió, tenía el rostro oculto por una capucha y algo brillaba en su mano derecha.

Fue entonces que Sasuke lo supo. Era él. Ese maldito infeliz que su recuerdo lo perseguía en sueños, el producto de su odio y la razón de su existencia.

Lo iba a asesinar. Claro que sí. Ningún agente de policía, ningún mercenario de sangre fría, ningún Yakuza resentido… oh no, él mismo lo haría.

Se abalanzó contra Shikamaru arrebatándole el arma que yacía enfundada en su pierna izquierda y, sin darle tiempo a reaccionar, salió con el juicio nublado hacia el edificio abandonado.

—¡Sasuke espera! — Itachi exclamó con la desesperación vibrando en su voz. —Iré por él.

Más una mano en su hombro fue suficiente para detener su arranque. Volteó, encontrándose con el mirar de océano oscuro del joven hacker; este negó suavemente.

—Yo iré.

—Naruto… —lo llamó Nara.

—Yo iré. —repitió. —Sabes que no les agrado a tus agentes, será difícil que obedezcan mis órdenes si yo quedo a cargo.

—Está bien pero…

—¿Tienes todavía esa bonita navaja suiza? —lo interrumpió de nuevo. El jefe de policía gruñó disgustado, le lanzó el pequeño instrumento y el rubio esbozó una sonrisa torcida. —Gracias. Sólo tardaré quince minutos con veinticuatro segundos.

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La oscuridad y el frío húmedo lo recibieron. La sensación tétrica y el cosquilleo entre las costillas le recordaba con burla el margen de estupidez en el que rayaba su decisión. Las piernas le temblaban, su respiración errática retumbaba por las paredes y la mano armada ejercía más fuerza de la necesaria. El pasillo negro lo guiaba a ciegas, escuchaba los gritos de los demás agentes que provenían de todas partes pero de ninguna al mismo tiempo. La cabeza le daba vueltas.

Halló las escaleras y comenzó a subir uno por uno los escalones siguiendo el ruido seco de unos pasos a la distancia. Su marcha era sigilosa como la de un depredador que acecha a su presa, sus sentidos alerta.

Primer piso, segundo piso, tercer piso…

Los pasos se detienen y el lamento de una puerta vieja se extiende por el silencio.

Subió los últimos tres escalones y se resguardó tras la pared antes de asomarse por el pasillo. Su corazón latía al ritmo de mil caballos y el bombeo en los oídos lo mareaba hasta borronear considerablemente su visión. Aun así, respiró profundo un número impar de veces y logró calmarse.

En un arrebato de inseguridad, abrió el arma verificando que cada bala se encontrara en su fría cuna y eso apaciguó su respiración errática que volvió a la normalidad luego de un suspiro que se le escapó suave de entre los labios. Con la determinación palpable en su imagen, abandonó su escondite y comenzó la marcha a lo largo del corredor, recordando el eco del chirrido.

Sin embargo, su cuerpo pareció helarse cuando el hombre de negro apareció a tan sólo tres puertas de él. Era la misma figura encapuchada que había atacado a los agentes Aburame e Inuzuka; uno de los misteriosos treinta y tres; un genio del escape y dueño de las sombras; psicópata inestable y asesino de su madre.

Era él, sin lugar a dudas.

Apretó el puñal del arma con la misma fuerza que apretaba su mandíbula, a la espera de la más mínima señal que diese excusa a una lluvia de balazos.

Entonces, la figura se movió y él disparó dos veces. Tarde se dio cuenta que el hombre había desaparecido en la negrura del pasillo, y en cuanto quiso reaccionar para defenderse, un golpe bien proporcionado en su estómago lo obligó a doblarse de dolor, siendo secundado por uno en su rostro que le durmió la mejilla izquierda y le cortó la comisura del labio. Trastabilló pero no cayó, su ambición era más fuerte que cualquier golpe. Su respiración se volvió pesada de nuevo. Ocupó la mente en su objetivo, quien se hallaba camuflado entre la oscuridad como si fuese parte de su cuerpo, a la espera de un segundo ataque. Y fue cuando un brillo opaco lo advirtió, no supo si fue suerte o un mero reflejo, pero logró zafarse de lo que parecía ser un arma blanca que se dirigía directo hacia su yugular. Elevó la pistola que continuaba adherida a su mano, tenía a su agresor en la mira, su dedo se coló en el gatillo… y todo se volvió negro.

El cuerpo de Sasuke cayó flojo e inconsciente al suelo, los pasos aireados de Naruto pasaron esquivándolo. El joven rubio caminó relajado atravesando la longitud del pasillo, a sus espaldas el hombre encapuchado lo seguía en silencio. Su marcha despreocupada se detuvo frente a una puerta con los dígitos "1" y "3" tallados brutalmente en la madera putrefacta. No tenía picaporte, por lo que un simple empujoncito bastó para abrirla; las bisagras se quejaron con un grito oxidado y eso fue suficiente para llamar la atención de la persona que yacía esperando dentro de la habitación.

Los cabellos dorados le caían gráciles, semejantes a una cascada de oro eterno y brillante. El muchacho elevó el mentón y sus ojos azul cobalto chocaron contra un cielo despejado.

Naruto esbozó una sonrisa ladeada y tomó asiento en un pobre sillón corroído por la humedad de los años; una bruma de polvo escapó de entre los cojines. La puerta fue cerrada por la figura de negros ropajes.

—Tu mirada alevosa es tan desagradable como tu sonrisa maquiavélica, treinta y tres.— repudió el joven de largos mechones, Deidara.

—Lamento no poder decir lo mismo de ti, veintisiete. Tu filosofía precavida y tu instinto de presa es tan aburrido como tu entera persona.— respondió Naruto sin abandonar su mueca burlesca. Deidara gruñó grave y afiló sus ojos felinos. —Pero tus lienzos, cinco, son algo digno de admirar. Estás absolutamente manchado de un furioso tono cadmio, ¿a dónde se ha ido tu cordura?

—De cierto modo es cómico que lo preguntes, cuando tú eres el más inestable de todos nosotros.— comentó con su voz profunda y carente de expresión. El dueño de las sombras se quitó la capucha y el rostro de un hombre de rasgos maduros fue tocado por la sutil luz de la lámpara que a duras penas iluminaba el cuarto. Tenía el mirar de una noche sin estrellas, oscurecido por la experiencia y decaído por los ciclos lunares. Su cabello ónice enmarcaba su mandíbula cuadrada de Alfa.

El joven hacker lanzó una simpática carcajada de pajarillo, sus pómulos se ruborizaron cual cerezas. Asintió con energía un par de veces, miró a Deidara y luego a Fugaku Uchiha, se paró de un brinco y con pasitos danzantes recorrió cada metro de la estancia.

—El número seis es un número interesante, ¿no lo creen?— comentó con una entonación cantarina. Ante la sutil insinuación, el de mirada cobalto se cruzó de brazos y torció la boca en señal de disgusto; el Uchiha permaneció impasible. Naruto ensanchó su sonrisa. —Anímate veintisiete, tan sólo restan ciento ochenta y cuatro días.

—De seguro estaría mejor si no tuviese que hacerlo.— refunfuñó. —Sé preciso.

Naruto asintió y llegó hasta él colocándose a sus espaldas, dejó ir un suspiro antes de levantar su mano y darle un fuerte golpe seco en la nuca que lo desmayó al instante. Sostuvo a Deidara para que no se precipitara, luego acomodó despacio el cuerpo inerte en el suelo. Se reincorporó caminando hacia la puerta. En cuanto estuvo a un paso del pelinegro extrajo la navaja suiza de Nara y con un ágil movimiento le hizo un corte en el brazo derecho no muy profundo pero lo suficiente para teñir la hoja de metal con sangre.

El hombre no tuvo reacción alguna.

—Para darles esperanzas.— reveló enseñándole el filo teñido de rojo cadmio.

Fugaku entrecerró sus ojos carbón, amenazadores. Y sin más, despareció entre las sombras.

Continuará...

HYG~¤~¤~¤~HYG~¤~¤~¤~HYG~¤~¤~¤~HYG

¡Hola~!

Finalmente les traje el sexto capítulo de esta historia. Por favor sepan disculparme por la tardanza (otra vez), las cosas han estado bastante movidas para mí.

Bueno, como habrán leído, en este capítulo se revela algo muuy importante que va a influir mucho a lo largo de la trama. Sé que hay ciertas cosas que ahora no se entienden casi nada, pero a lo largo van saliendo a la luz y los misterios serán revelados, tan, tan, taaaaaaan. Más que nada sobre los treinta y tres y el pasado de Naruto.

Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo escribiéndolo. (Mi parte favorita fue escribir el encuentro entre Deidara, Naruto y Fugaku. Los treinta y tres están dementes ۹(ÒہÓ)۶ )

¡Muchísimas gracias por sus hermosos comentarios!:

Guest: ¡Jajajajaja! ¡Hola! Nunca se me hubiese imaginado que compararías a los 33 con los mineros, me has sacado una gran carcajada. Me alegro mucho que te guste la historia, espero seguir viéndote por aquí.

Bea9323: ¡Aquí te lo entrego! Espero lo disfrutes :)

Carrots: ¡Hola belleza! Que bueno es ver que te gusta la historia y mejor es verte con tus preciosos comentarios cada vez que actualizo. Es un entero placer escribir para tu disfrute. Ahora yo espero con muchas ansias tu opinión. Que estés muy bien, ¡abrazo de oso!

Silabaria Legi: ¡Hola! Por supuesto que me acuerdo de ti, tu singular observación y tu comentario en Face me alegraron muchísimo.Primero que nada quiero agradecerte por haberte tomado el tiempo de leerme e incluso haberme dejado tu opinión, ¡me pone muy contenta que disfrutes la historia! Y más feliz me pone que te guste el giro en la personalidad de Naruto, si te soy sincera, desde que comencé a escribir este Omegaverse pensé que lo que más críticas recibiría iba a ser Naruto. Pero aparentemente a la gente le gusta ver algo diferente yupiii~! Puede ser que el pequeño rubio se parezca un poco a L, pero en realidad mi idea sobre su personalidad no está basada en él, sino (como tú dices) en algo así como el síndrome de Asperger. Y tampoco pensé que podría recordar a Lisbeth Salander, eso es genial jeje. En fin, gracias de nuevo. Un placer es tenerte como lectora, espero seguir viéndote por aquí. ¡Que estés muy bien! Te mando un abrazo~

¡Eso es todo! Nos vemos en próximo capítulo.

»"No existe ningún gran genio sin un toque de demencia."«

HotaRu YaOiGirL