La despierta, en parte, el bullicio de afuera: en parte, su amiga tirando de su sábana: "¡vamos Rin! Que tenemos que prepararnos para presentarnos en corte. ¡Que te levantes!". Notando que el sol entra ya de lleno por entre las cortinas, se levanta de un salto e intenta despertarse lavándose la cara con agua fría. No habrá dormido mucho, pero al fin desde hace un tiempo, durmió bien. No sabe bien por qué. O más bien, no sabe si fue real o fue un sueño. Creyó que lo había sentido sonreír, que algo de esa sonrisa era para ella. Claro que él no sonríe. No de felicidad, realmente: las leyendas dicen que verlo sonreír es firmar tu sentencia de muerte, solo se ve en el fragor de una batalla, y cuando ya está decidido. Pero esta era otra sonrisa.
O tal vez no. No podía ser, ¿No? Debió estar soñando. Sesshomaru-sama jamás haría algo así.
La saca de su ensoñación un suave golpe en la puerta: es una muchacha joven que viene a traer el té. Dice que se le pidió expresamente que les trajera el desayuno, pero nada más, simplemente se retira. Souten ve el papel doblado entre la vajilla de la fuente y lo abre: "para que no peligre el pudor de la señorita…" Ah, eso… ¿Eso ha sido una broma del señor? O tal vez esté realmente enojado por la prepotencia de la misiva que le había enviado dos días atrás. Puede ver que tocó un nervio, de cualquier manera; era lo que buscaba, no pasar desapercibida. Y Rin mira extrañada las carcajadas de su amiga mientras sirve los vasos. Deben apurarse para llegar a la asamblea, no pueden llegar tarde cuando nadie las está esperando.

En la sala ya se encuentran reunidos los señores convocados, y algunos consejeros que decidieron traer; hay varios temas en la lista pero Sesshomaru sabe bien lo que van a proponer primero, y aún no encontró manera de evitarlo. Haru, un demonio halcón, señor de las tierras lindantes del lado este de su territorio, y uno de los que serían capaces de casi cualquier cosa con tal de ver caer a su familia, estuvo a punto de hablar cuando un youkai menor llamó su atención:
- Disculpe, mi señor, pero dos invitados acaban de llegar a la reunión. Si me permite… Lady Souten y consejero.
A pesar de la belleza y el aire altivo de Souten, la mayor parte de la atención no se centró en ella, sino en la humana que se aproxima con total seguridad ante la corte, como si fuera de hecho parte de ella. Por suerte, nadie pareció notar la turbación del Lord anfitrión a su entrada: parecía una dama de la corte, con su pelo atado en una media cola de caballo alta, adornada con trenzas y decorada con un broche. Ese broche de gemas rosadas, el regalo de ese día… De su piel descubierta en los hombros y la parte baja de las piernas por el kimono rojo vibrante con detalles de sakura en las mangas y hacia los pies, brota el característico aroma a flores y néctar dulce que le inunda de un golpe los sentidos, como una fuerte oleada: hace tanto que no la ve, que apenas puede resistirse… Pero no se levanta a recibirla, sino que espera pacientemente a que tomen asiento. Ella no parece haberlo visto; no, más bien, giró hacia él, pero también parece examinar a cada uno de los presentes por igual. Por qué se atrevió a presentarse, no tiene idea, pero no parece tan desorientada. Lo menos que podría hacer es darle un lugar.
-Perdonen, señores, por mi tardanza: las damas necesitamos un tiempo para prepararnos, - comienza la muchacha a hablar; poca gente allí la conocía, a comparación de otros feudos del Oeste, sus tierras son pequeñas y bastante descuidadas- si bien no recibimos invitación expresa a la audiencia que celebramos hoy, no puedo dejar de venir como parte de la Corte, ¿Verdad?
- Mil disculpas, señorita, pero, ¿Cuál es su territorio exactamente? Creo que esta es la primera vez que tengo el honor de verla – pregunta un dragón lentamente y con total cortesía.
- Mi nombre es Lady Souten, buen señor, heredera de las Tierras de la Tribu del Trueno
- Disculpa mi intromisión, Milady, pero, ¿esas no son las tierras áridas cercanas a Edo, donde ni siquiera las alimañas crecen? – Haru no parece tener porte de general como muchos otros en la sala, pero probablemente tenga la lengua más afilada que la mayoría de ellos.
- Lamento decirle que está equivocado, Milord- Rin actúa rápido: su amiga conoce los trucos de la corte, pero no actúa demasiado bien bajo presión. Después de todo, es su trabajo aconsejarla y sacarla de aprietos, así que, ¿Por qué no empezar ahora? – Las tierras son perfectamente fértiles, y ricas en recursos. Muchos señores la han intentado arrebatar por eso, por suerte sin mucha noción del poder de Milady.
- Pues, yo veo un montón de polvo simplemente: de nada sirven los recursos si no se explotan, y su posesión dejo de rendir frutos desde la muerte de sus padres, si no me equivoco. Puede verse con solo posar la mirada en su palacio, realmente deberían sentirse agradecidas con el señor Sesshomaru por haber permitido su presencia.
- Es verdad que su tierra no genera nada desde hace años – Sesshomaru habla al fin: ni una palabra había mencionado hasta ahora- ¿Qué piensa hacer, Consejero? – No se puede ver un solo cambio en su máscara estoica, pero Rin conoce ese brillo en sus ojos: la está desafiando. Y tal vez, incluso, hasta se está divirtiendo con la situación.
- Hombres. Ese es mi plan. Los demonios difícilmente requieren del cultivo o el pastoreo, pero los humanos lo necesitan para establecerse y sobrevivir. Y esto les obliga a cuidar de la tierra, y explotar sus recursos, generando un tributo para su señor, que a su vez puede ser cambiado por sedas, joyas… incluso materiales y sirvientes para abastecer el palacio de Milady. Entonces las riquezas de su tierra se aprovecharían.
- ¿Humanos? – el desprecio se puede ver claro en la voz del demonio halcón, pero no era el único. La gran mayoría de los concurrentes parece en desacuerdo con idea. Claro, son youkais, no quieren saber nada con los hombres, debió haberlo sabido. Sin embargo, el dragón, un humanoide alto, probablemente más que Sesshomaru, de bronceado, pelo color azabache y gentiles ojos escarlata, no parece tan irritado con la idea. Hasta diría, con la experiencia que tiene ya en leer los ojos de demonios inexpresivos, que lo que demuestra es… ¿curiosidad, tal vez? Y además del mismo Lord de la casa, una inuyoukai en la otra punta de la mesa, que guarda mucha similitud con él, parece bastante tranquila, casi inmutable. Pero no, no es simple frialdad la que demuestra, es diferente a su Sesshomaru-sama. Es lista, calculadora, está esperando al primero que pise en falso. Y no le quita los ojos de encima: parece interesada en la ningen de pie en la sala, defendiendo su postura.
- Si: humanos. Esos que si no hubiesen sido perseguidos y borrados de tus tierras podrían haber continuado sirviéndole y dándole sus frutos, sólo a cambio de su protección. No quiero tener que recordarle que sus tierras, que dan hierbas medicinales imposibles de encontrar en otros terrenos más bajos, perderán su valor si no hay nadie que las cuide. Y dudo mucho que su milicia quiere trabajar en jardinería, Milord. – Rin había escuchado a Jinenji hablar de las tierras de los halcones en los montes del Este: habían decidido terminar la tregua con los humanos prácticamente por capricho de Haru y sus hermanos y volver a alimentarse de ellos como lo hacían en un tiempo. Pero pronto no quedó ninguno en su territorio y se volvieron prácticamente nómades, por lo que su título tenía poco y ningún valor realmente: su posesión no podía ni mantener a la familia noble. Después de todo, meterse en las charlas que no le incumben desde pequeña le ha rendido frutos.
- ¿Y quiere que olvidemos nuestro principios porque la señorita aquí, decide traer una ningen a la asamblea?
- ¿Me podría decir que tan lejos lo han llevado esos principios, Milord? ¿No era su tierra floreciente cuando tenía vasallos que la trabajen? – a esta altura, sus piernas ya comienzan a temblar, pero no puede dejarse vencer: sabe que la está mirando, está calculando cada uno de sus movimientos.
- ¿Alguien tiene alguna otra propuesta? – Sesshomaru-sama puede ver que Haru está midiéndose para no arrancarle la cabeza de cuajo a la muchacha, pero no se atreverá a mover un dedo en su territorio.
- Me parece interesante la idea de su consejero, Lady Souten; no creo que haya nada que perder con intentarlo – el dragón le dedica una sincera sonrisa y Souten asiente, contenta de tener semejante compañía al lado suyo. De dónde saca Rin el valor, aún no lo sabe. Pero una chica enamorada hace lo que sea para figurar ante los ojos de su amado, ¿Verdad? Aún aprender diplomacia mediante los chismes de la aldea.
- Mh, me alegro que hayamos llegado a un acuerdo. Lady Souten, señorita, un gusto – La inuyoukai que no dijo una sola palabra en toda la reunión les dirige una reverencia -, Milord, si me disculpa.
- Nh, la reunión está terminada. Mañana proseguiremos. – A pesar de la inquietud que le provoca su cercanía, Rin le sacó de un apuro esta vez. Pero no puede decir que no fue divertido testear los nervios de la chiquilla. Tal vez encuentre como agradecerle…