7. La ayuda de Fred

Ron, Harry, Ginny y George se fueron al Callejón por la red flú. Ron se veía triste porque no se había podido despedir de Hermione como él hubiera querido. Al llegar allí, George se fue para la tienda de Sortilegios y los demás se fueron a comprar lo que iban a necesitar. Tuvieron suerte de que el Callejón no estuviera muy concurrido ese día, ya que no los hubieran dejado dar ni dos pasos seguidos saludándolos o dándoles las gracias.

Cuando George llegó a la tienda no se la encontró con muchos desperfectos. Él se la esperaba en peores condiciones. Y pensó que los hechizos protectores que él y Fred habían puesto, debían haber funcionado bien.

Estaba poniendo en su lugar algunas cosas cuando alguien abrió la puerta y entró.

Fue una situación extraña, porque no le había dado tiempo a encender las luces (se iluminaba únicamente con su varita), y prácticamente toda la luz que había en la tienda, entraba por la puerta, alrededor de la chica que acababa de llegar.

- Hola, sé que no me esperabas, de hecho no sabía si hoy ibas a abrir la tienda.

- No la voy a abrir, sólo he venido a ver cómo estaba y a solucionar algunas cosas. Pero pasa, no te quedes ahí. Voy a encender las luces y hablamos tranquilamente.

- Está bien – dijo Angelina Johnson, mientras George se preguntaba si esa era la ayuda a la que se refería Fred, "pero no podía ser eso", pensaba, ya que no llevaba esperándola tiempo, como decía Fred en su sueño acerca de la ayuda.

- ¿Qué te trae por aquí, Angelina?

- Busco trabajo.

- ¿Qué? Pero yo creía que estabas estudiando MM (Marketing Mágico) y no creo que te haya dado tiempo ya a terminar la carrera.

- No he terminado, pero mi padre murió en marzo y en mi familia no nos podemos permitir que yo esté estudiando sin trabajar, aunque me den beca, es imposible.

- Vaya, lo siento mucho, no sabía lo de tu padre.

- Son las cosas de la guerra, en casi todas las familias ha habido tragedias. Para ti debe ser mucho más duro, erais casi siameses.

- Eh, sí, pero no quiero hablar de eso ahora, no te importa, ¿verdad?

- No claro que no, pero si alguna vez estás listo y quieres un hombro en el que llorar, sabes que puedes contar conmigo. Además, ¿quién mejor que yo para entenderte?

- Sí lo sé. Creo que has sido la única chica (aparte de mi hermana y mi madre) que le importabas realmente.

- Pues eso es un logro, creía que a los gemelos Weasley sólo os importaban las chicas para una cosa.

- Pero no le digas a nadie lo que te he dicho, que tengo que guardar la reputación que tenía. Y cambiando de tema, ¿por qué quieres trabajar aquí? Con dos años de carrera, cualquier empresa te daría un empleo, aunque fuera con un contrato en prácticas.

- Porque no es suficiente un sueldo de becaria para ayudar a mi familia, además, quiero seguir con mis estudios y he pensado que el mejor sitio para compaginarlos es un negocio como este, en el que os anunciáis como unos profesionales del sector del Marketing.

- Vaya, eso es todo un cumplido, pero con cumplidos no será suficiente, tendrás que demostrarme que vales para el trabajo.

En ese momento entraron tres chicas a la tienda, ya que se habían olvidado de echar el cerrojo, George les iba a decir que estaba cerrado, pero Angelina lo interrumpió y les preguntó a las chicas qué buscaban. Ellas preguntaron por el maquillaje del escaparate, el que enamoraba a los chicos, pero Angelina las persuadió de que además del maquillaje se tenían que llevar unos perfumes que los iban a volver locos y las convenció de que nunca estaba de más la poción para enamorarlos temporalmente (la que quería usar Romilda Vane con Harry y finalmente probó Ron). Así que las chicas salieron cargadas de la tienda y encantadas de haberse llevado un montón de cosas.

- Prueba superada Angelina.

- ¿Qué, tan fácil?, creía que me lo ibas a poner más complicado.

- Bueno, pero no te emociones, estarás un mes a prueba.

- ¿Qué tendré que hacer, lo que hacía Verity?

- En realidad harás lo que hacía Fred y si no damos a basto entre los dos, tendremos que buscarnos un ayudante.

- No me lo puedo creer. ¿Por qué confías tanto en mí?

- Porque te acabo de ver. Esas chicas venían probablemente sólo a curiosear, a mirar y tú las has convencido de que se lleven media tienda. Además, conocías todos nuestros productos y sus nombres. Así no tendré que estar enseñando a nadie todos los productos y todo ese rollo.

- Pero yo no me voy a atrever a probar todos los productos que probabais Fred y tú.

- Para eso estoy yo, y también tendremos a Lee y a Ron.

- ¿Ellos también van a trabajar aquí?

- Aquí exactamente no. En Hogsmade. Al final compramos el local de Zonko´s.

- Pero eso es genial, te vas a hacer de oro.

- No es eso lo que me importa. Es que era nuestro sueño y lo pienso llevar a cabo. Tanto aquí como allí en Hogsmade.

- Me alegro que tengas esa mentalidad, me imaginaba que estarías peor.

- Eso es porque no hablaste conmigo anoche. Voy por rachas. Pero hablar contigo y ver como trabajas me ha animado.

- Todavía no hemos hablado del sueldo que voy a tener.

- Ah, ¿pero es que no vas a trabajar gratis, por amor al arte?

- Ja, ja, el amor al arte no alimenta ni viste.

Y tras esto, acordaron el sueldo del mes de pruebas y el que tendría cuando lo superara y quedaron en abrir la tienda el próximo día, puesto que no tenía sentido que permaneciera cerrada más tiempo. Además ahora iba a estar muy concurrida porque ya había llegado la carta de Hogwarts y muchos alumnos irían al Callejón Diagón a hacer sus compras.

Después de que trataran esos detalles sobre el trabajo, Angelina se fue y al poco llegaron Harry, Ron y Ginny con sus compras hechas. Se encontraron a George muy cambiado a como lo habían dejado. Estaba sonriente y de buen humor y él sólo les dijo que había contratado a alguien para la tienda. Esta noticia puso triste a Ron, ya que pensaba que George quería ofrecerle trabajo en la tienda, pero no dijo nada. No quería quedar como un tonto decepcionado. Entonces dijo Harry:

- Yo me voy, quiero pasarme por casa de Andrómeda y no quiero que sea más tarde.

- ¿Puedo ir contigo Harry? – Pidió Ginny – También yo estoy deseando ver a Teddy.

- Claro, estoy encantado de que vengas conmigo. – dijo Harry mientras se le escapaba una sonrisa.

- Pues nos vemos luego en casa, yo me quedo aquí, que George quería hablar conmigo, ¿verdad George? – Preguntó Ron.

- Sí, cierto. Hasta luego Harry, Ginny.

- Hasta luego. – se despidieron también Harry y Ginny.

- ¿Y bien, de qué querías hablarme?

- Te quería hacer una propuesta. Quería que fueras mi socio en Sortilegios Weasley.

- ¿Pero no dices que ya has contratado a alguien para la tienda?

- Sí, he contratado a alguien para la tienda de aquí, pero necesito a alguien que se encargue de la tienda de Sortilegios Weasley que abrirá próximamente en Hogsmade.

- ¿Me estás hablando en serio?, ¿no me estás tomando el pelo? Espero que no sea una de tus bromas pesadas.

- Cuando hablo de negocios no bromeo.

- ¿Y podré compaginarlo con mis estudios de Auror si apruebo los Éxtasis?

- Yo creo que sí, porque allí serán agobiantes los días en los que los alumnos tengan visitas al pueblo, pero los demás días no creo que tengas demasiado trabajo. Además. Lee te ayudará. Todavía no le he dicho nada, pero estoy seguro de que aceptará la propuesta.

- No sabes lo feliz que me haces George, no puedo creer que confíes tanto en mí. Pero de verdad que no te arrepentirás. Estarás orgulloso de mí.

- Eso espero enano.

- Enano dice, ¿pero tú me has visto y te has visto?

- Es solo una forma de hablar, gigante.

- Tampoco es eso. – A pesar de la buena noticia, la cara de Ron no era la que George se había esperado.

- Ron, ¿qué te pasa? Te encuentro preocupado por algo, y te acabo de dar una gran noticia.

- No, deben ser imaginaciones tuyas, no estoy preocupado.

- Ah, ya creo que sé lo que te preocupa. Que sepas que en casa no todos estamos ciegos y algunos nos damos cuenta de ciertas cosas. ¿Es por Hermione verdad?

- ¿Qué, Hermione, qué tiene que ver Hermione conmigo?

- Venga Ron, que no soy tonto. ¿Crees que no me he dado cuenta? "Hermione, lo haces todo muy bien, bla, bla, bla".

- No sé de qué hablas.

- No finjas más, que no te va a servir de nada. Además ¿no te quieres desahogar? Cuéntame qué te preocupa.

- Está bien, pero no se lo vayas a decir a nadie, por favor.

- No, pero cuenta de una vez.

- Son sus padres.

- Ja, ja. ¿Ya te preocupa conocer a los suegros? Pero si tú ya los conoces.

- No es sólo por mí. Es porque me preocupa cómo se tomen lo que hizo Hermione. Además me conocen como amigo suyo, no como pareja. No es lo mismo.

- ¿Así que pareja eh? Veo que la cosa es más seria de lo que yo pensaba. Pues en cuestión de suegros no te puedo ayudar mucho, mi experiencia en ese campo se reduce a la nada. Lo siento.

- Lo suponía. Bueno, al menos me he desahogado. Pero por favor no se lo cuentes a nadie.

- Que noooo, pesado. Y bien, ¿me vas decir quien se ha declarado y todas esas cosas? ¿Desde cuando te gustaba? Fred y yo teníamos una apuesta.

- Pues creo que los dos la habréis perdido porque todo el mundo piensa que empezó a gustarme en distintos momentos de mi cuarto año en Hogwarts, pero no fue ahí cuando me di cuenta. ¿Sabes eso de que te gusta alguien y tú te lo niegas a ti mismo porque no quieres admitirlo, porque te da miedo, porque piensas que está mal, porque no estás preparado para admitirlo? Pues eso empezó a pasarme a mí en mi segundo año en Hogwarts, cuando la petrificaron. No te puedes imaginar lo que la eché de menos y así fue cuando me di cuenta de todo, pero me lo negaba a mí mismo.

- Bueno, algo de idea de eso que cuentas sí que tengo. – dijo George, y se le vino a la mente Angelina, sin saber realmente por qué, o sin querer saberlo -Yo creía que fue cuando le pediste que fuera contigo al baile (a tu manera, que ya te vale) y te dijo que no.

- Bueno, ahí fue cuando dejé de negármelo a mí mismo, pero se lo negaba a todo el mundo que se atreviera a insinuar algo.

- Fred pensaba que fue la noche del baile, cuando la viste aparecer con Krum.

- Sabía que los dos habíais perdido.

- Es que eres una caja de sorpresas. Así que en segundo año. Pues entonces eres todavía más lento de lo que yo pensaba. Mira que tardar cinco años en pedirle salir.

- Ya te he dicho que no lo asimilaba y cuando lo asimilé, entonces ella me rechazó.

- Pero es que no eran formas de pedirlo.

- Era un torpe, lo sé.

- Bueno, al menos lo reconoces. Y luego vas y te lías con Lavender.

- Eso fue para estar empatados.

- ¿Para estar empatados?, estás loco. Menos mal que Hermione ha sido paciente.

- Me besó ella. La primera vez.

- Lo sabía, esa apuesta sí se la gané a Fred. El muy ingenuo todavía confiaba en ti.

- ¡Oye! Vale ya.

- Sí, ya vale por hoy, ¿nos vamos a casa?

- No, que me dan miedo los padres de Hermione.

- Algún día tendremos que ir.

- Vale, vamos, pero ya sabes, en boca cerrada no entran moscas.

- Que sí, ¡qué pesado!