"Las incomodas habilidades de padre"
Primer día, y contando. Charles como cada mañana se había despertado con el alba para iniciar ese elaborado ritual para salir de la cama, bañarse, cambiarse y salir como lo más cercano a un ser humano normal. Lo variable en la ocasión era solamente el hecho de que estaba afeitado, y había compartido con Hank la urgencia que poseía por cortarse el cabello para variar. Lo había comentado mientras tanto él como Hank se toparon con la cantidad de indicaciones que requería tan solo llevar a un niño a la mesa para desayunar. No solo era levantarlo de la cama, era también lograr que no se distrajera yendo a ningún lado mientras andaban por la mansión, donde aparentemente todo llamaba la atención del niño. El recibimiento del resto de los mutantes en el comedor merecía el premio a la situación más incomoda del año, no solo porque la mitad de los chicos estuvieran confundidos con la escasa edad del nuevo estudiante, o porque en general, los jóvenes rechazaran la presencia de un menor que fuese molesto y asfixiante, sino también porque el niño en cuestión los trataba con tal naturalidad como si siempre hubiera vivido ahí, con ellos. Charles pudo verlo dar los buenos días y llegar a sentarse justo a su lado en la mesa, no dejando que el mayor lo ayudara a subirse a su respectiva silla.
-¿Hay algo que no puedas comer, Evan?-Cuestionó Charles al niño una vez que recibió su café de parte de Hank, a quien agradeció debidamente. Lo vio apoyarse en la mesa con sus bracitos, pensando, antes de negar rotundamente con la cabeza.- ¿Estas seguro? ¿Nada que te de picazón, que te haga sentir mal del estomago, nada que… te parezca desagradable?
-No. Mi problema es que me gusta comer. Eso decía Tiff.-Respondió encogiéndose de hombros.
-¿Quién es Tiff?.-Cuestionó Sean.
-Así se llamaba la señora que me cuidaba antes de venir aquí.
-¿No era tu madre?.-Cuestionó Charles entonces, un poco interesado en aquella manera tan extraña de referir a alguien que aparentemente debía ser su madre o por lo menos, un familiar.
-Nunca creí que lo fuera.-Alegó el niño, mirando a Charles como si tratara de fingir inocencia, entendiendo que al parecer hablar de esa dama y su relación con ella, aparentemente confundía a los demás. En su mente seguía rondando una idea más peligrosa que no se atrevía a externar a Charles.
-Yo alguna vez creí que mis padres me había adoptado.-Comentó Alex con diversión, hablando con la boca llena.- Pero te diré que eso no cambia nada. Igual van a seguir siendo tus padres, los niegues o no.
-¿Tienes hermanos?-Cuestionó Sean ésta vez, llevándole un plato de desayuno al profesor, otro a Hank, para finalmente servir un vaso de jugo de naranja al pequeño antes de acudir a la cocina por su desayuno.
-No. ¿Tu si tienes?-Cuestionó Evan interesado en Sean.
-No, soy hijo único.-Afirmó, desde la cocina, donde seguía hablando en voz alta.- El Profesor también lo es. Y Hank también. Él único que tiene hermanos es Alex.
-Scott… Es solo unos años menor que yo, pero ya me dolía la cabeza de cuidarlo, se metía en líos porque no dejaba de pelearse con los niños que lo molestaban- Contó Alex, antes de tomar otro bocado.- Pero no es ningún tonto, al menos sabe lo que hace bien y lo que hace mal, ya no se pelea porque sabe que solo le da dolor de cabeza a mamá.
-¿Y… a quien cuidas aquí?- Cuestionó Evan, antes de recibir su plato de desayuno, en una ración un poco mas pequeña que la de los demás, algo que pareció sorprenderlo. Sean se sentó a comer a su lado y miró a Alex con curiosidad de saber su respuesta.
-A Sean. Es más o menos igual de revoltoso que Scott, pero para vivir.-Respondió con humor, logrando que Sean le dedicara una mirada de reproche por delatarlo frente al nuevo miembro del equipo.
-En eso estoy muy de acuerdo, aunque diría que Hank te cuida a ti.-Aseguró después Charles inocentemente, pretendiendo que ponía más atención a su comida que a la charla. Alex sonrió, pero rodó los ojos cuando Sean se reía de él señalándolo con diversión.- Son todos como hermanos al fin y al cabo. Viven juntos, se cuidan de algun modo, intentan matarse a veces, y discuten bastante. Y finalmente se sientan a desayunar cada mañana casi como si nada hubiera pasado.
-Oh… ¿Puedo ser un hermano yo también?- Cuestionó a Charles el menor, casi como pidiéndole permiso para jugar con el resto de los chicos. Pero antes de que Charles pudiera contestarle, Sean le revolvió el cabello a Evan llamando su atención.
-Ya lo eres desde ayer. Pero hay reglas que tienes que seguir en la casa.-Aseguró Sean, poniéndose serio de pronto, mientras Hank solo negaba con la cabeza, aunque sin arruinar el intento de su amigo pelirrojo.- Como eres nuevo y eres pequeño…
-Mas bien es solo porque eres un camaron.-Comentó Alex sin reírse, aunque con una sonrisa divertida en el rostro. Evan le sacó la lengua.
-Vas a tener que ganarte el respeto, de modo que no se vale llorar –Siguió con la explicación, señalando cada punto con un dedo mas que extendia de su mano.- No se vale robar las cosas de los demás, a menos que sea para una broma y planees regresarla íntegramente…
-Tampoco vale entrar a los cuartos de otros sin permiso.-Se apresuró Alex, recordando cuando Scott se escabullía al suyo para tomar juguetes u otras cosas geniales que él pudiera conseguir por ser el mayor.
-Y todos debemos hacer los deberes, no por que seas un niño te los puedes saltar. Un hombre debe saber lavar los platos y usar una escoba, o por lo menos limpiar las ventanas.-Siguió Sean.
-Y debes aprender a defenderte. Nosotros te podemos cuidar, pero tú solo vas a aprender a cuidar tus cosas.-Y afirmando la propuesta del rubio, se levantó de la mesa y robó una salchicha del plato de Evan, quien de inmediato cubrió con sus bracitos el plato, aunque ya era tarde.
-Creo que lo están preparando demasiado pronto para recibir abusos.-Comentó Hank, un poco en desacuerdo con administrar esa clase de trato a un niño que apenas llegara a la mansión, y que ya tenía que soportar la presión de recibir la educación que estaban por impartirle. Charles compartía esta idea, y esperaba el momento de intervenir en la charla, aunque una vez más, alguien se le adelantó. No pudo evitar pensar que ese día se sentía especialmente lento, o mas bien, expectante.
-Ustedes dos no me van a asustar.-Alegó Evan, acercando mas su plato de desayuno así mismo, mirando a Alex como si le declarara la guerra silenciosamente. En esa mirada Alex sintió un ligero escalofrio, porque aun cuando aquellos ojitos azules expresaran mucha paz, había demasiada convicción en esa expresión que le hacía recordar fugazmente a su antiguo líder, aquel que los había dejado. Y aun cuando no sintió molestia de recordarlo, le pareció gracioso que el "camaron" de la casa decidiera hacerles frente desde entonces.
-Ya oyeron, dejen de amenazarlo o comenzaré a amenazarlos a ustedes, considerando que les llevo un par de años de ventaja.-Comentó Charles antes de beber su café, y mientras bebía, dedicó a Evan una mirada cómplice que el menor compartió, sonriendo desde su asiento. Esto bastó para que Evan comenzara a comer sin efectuar ninguna queja, teniendo incluso la osadía de robarse la ultima dona azucarada del plato que Alex había estado decidido a comerse. Hank alegó entonces que hasta un niño podía engañar a Alex, y que éste no tenía merito de ser invencible.
El desayuno transcurrió sin mayor problema. Ninguno, excepto por Havok, entendía que cuando se cuida a un menor de tan tierna edad, los problemas están a la vuelta de la esquina, en el mas inocente parpadeo y en el instante en que se le pierde de vista. Charles nunca había entendido esto ya que, cuando él era un niño de esa edad, rompía con los estándares de santidad en su comportamiento, logrando evadir los castigos tan solo porque era lo suficientemente inteligente para desligar responsabilidad de sus travesuras. Además, estaba solo, y vigilado por personas a quienes les pagaban por educarlo debidamente sin ambos padres que se preocuparan por lo que hacía o no hacía durante algunas horas. Charles no imaginaba, por lo tanto, que un niño de seis años pudiera armar un revuelo semejante. Lo descubrió mientras terminaba de dar su clase de la mañana y, tras abandonar la habitación, encontró a Sean trotando a través del pasillo, mientras revisaba algunos rincones de la mansión. Charles se adelantó en su silla para mirarle, y no tardó en llamar su atención.
-¿Algun problema?
-Oh, Profesor.-Respondió el joven, girándose de golpe y parándose muy quieto. Lo saludó nerviosamente y se metió las manos a los bolsillos del pantalón.- ¿Qué tal estuvo su clase?
-Como siempre. ¿Pero que estas haciendo tu?- Respondió educadamente, pero sin perder el hilo de la cuestión. Sean torció la boca en una mueca de incomodidad.
-Pues… ¿Recuerda que me dijo que vigilara a Evan en la sala? Bueno, estuvo como media hora preguntándome si podía venir a verlo. Asi que pensé que estaba aburrido y le propuse jugar al escondite y pues… Todavía no lo encuentro.-Se encogió de hombros. Charles le miraba como si no creyera que en todo ese tiempo el joven no pudiera encontrar al niño.
-Lo perdiste.
-No, no lo perdí. Se que sigue en la mansión porque esa era la regla del juego. Solo que no… no lo encuentro en ningún lugar donde se me ocurre que estará.-Se defendió, encogiéndose otro poco mas de vergüenza. Charles se talló los ojos con cansancio y echó a andar su silla en dirección al vestíbulo de la mansión, pasando por un lado de Sean.
-Voy a tratar de contactar con él. Pero espero que sea la ultima vez que se lo dejamos sin supervisión.-Afirmó mientras avanzaba, seguido de cerca por un azorado pelirrojo cuyo color de piel bien podía competir con el de su cabello.
-Bueno ¿Qué espera que hagamos? Usted no le dio ninguna regla…-Sean habló fuerte al inicio, pero su voz se fue apagando conforme la acusación sonaba peor en sus oídos que como había sonado en su cabeza. Charles se detuvo y le miró, con una mezcla de molestia y confusión.- Los niños son así. Si mamá o papá niegan las cosas, entienden. Si lo hacen los hermanos, no importa tanto.
-¿Presumes que soy como un padre para ustedes?- Cuestionó en su lógica, a lo que Sean se puso todavía mas rojo que antes. La aseveración le pareció divertida y preocupante a partes iguales. Él se había creído un profesor hasta el momento, un tutor, alguien que vela por la seguridad y bienestar de los alumnos que lo necesitaban. Aunque al ver asentir a Sean con aun mas vergüenza, supo que a menudo la línea entre un término u otro podía pasarse rápidamente.
-A veces es como un padre.-Afirmó Sean mientras caminaban, retomando el curso. Sean miró sobre su hombro, corroborando que nadie lo escuchaba, y volvió a comentar al profesor.- Para Alex lo és. Bueno, usted fue el primero en darle tanto apoyo. Fue el primero en no tenerle miedo. A Hank le dio mas confianza en lo que hace, a mi me enseñó a volar…
-Tecnicamente fue Erik el que te enseñó a volar.-Interrumpió, con una pequeña sonrisa en el rostro de solo recordar ese gran momento. Sean se rió nerviosamente, llevando la mirada al suelo, mientras hablaba con nostalgia.
-Si, bueno, él también era algo así también. Como ese papá al que todos le tienen miedo pero que respetan, y que te hace hacer las cosas aunque no quieras.-Sonrió con cierta tristeza. Charles sabía que aun cuando Erik no había sido del todo cercano a Sean, éste ultimo habría confiado en él tanto como todos los demás habían hecho al final. En cierta ocasión, Sean había sido el único en alegar que le debía su vida a Erik, que todos se la debían, pero que su lealtad estaba siempre con Charles. Y aun así, también había sido el único en demostrar, junto con Charles, que su marcha le había traído tanta tristeza como enojo, y más desilusión que rencor. Sean a diferencia del resto, no odiaba a Erik, tenía esa esperanza inocente de que volvería cuando se diera cuenta de que extrañaría demasiado la mansión, y a sus mutantes. Creer eso junto con Sean, hacía que Charles se sintiera menos idiota de pensar lo mismo, aun después de siete años. Estaban ya en el vestíbulo, y el silencio incomodo dio paso a que cada uno se sumiera un poco en aquella nostalgia que se rompió al escucharse los pasos lejanos de las botas de Havok.
-Me alegra que tengas esa percepción, después de tanto tiempo.-Terminó Charles aquella charla, justo cuando el rubio hizo aparición. Pudo sentir su miedo al verlos ahí de pie, y entendió que Alex también había estado buscando.- Estoy a punto de localizar al prófugo, así que puedes respirar y ahorrarte las escusas para más tarde.-Afirmó con un dejo de diversión en la voz, antes de llevarse dos dedos a la sien y concentrarse. Sus ondas cerebrales alcanzaron todos los rincones de la casa, habitación por habitación y por cada metro cuadrado de cada pasillo de aquella inmensa mansión. Lo buscó entre los muebles y detrás de las cortinas, debajo de las camas, en los closets y en los baños, incluso trató de enfocarse en el sótano y hasta subió al desván para recorrer sus recovecos. Y finalmente lo encontró, en el lugar menos esperado, porque francamente sufrió un sobresalto cuando descubrió el lugar en el que en menor se estaba escondiendo.- Esta en la torre. Se subió hasta el techo.-Infirmó, logrando molestarse con el hallazgo mientras hacia andar la silla de ruedas hacia el exterior.- Alex, sube al techo, desde ahí podrás verlo mejor y encontraras la forma de subir a la torre. No hay otro modo en que pudiera alcanzar esa altura.
Alex asintió y corrió a subir las escaleras rumbo al techo de la casa. Sean acompañó al profesor y le abrió la puerta de la entrada para salir ambos cuanto antes hacia el exterior, alejándose un poco de la mansión sobre el jardín para ver mejor hacia arriba. Evidentemente, ahí estaba, en la elevación frontal de la mansión, sentado en la orilla mientras examinaba el terreno. Le pareció ridícula la escena cuando lo notó saludándolos desde lo alto, sin ningún temor. ¿Cuándo había perdido ese niño todo el miedo del mundo? ¿Acaso Evan, en su inteligencia, desconocía lo que significaba morir? Sintió la fría sensación del miedo apoderarse de su propio cuerpo y la impotencia al no poder levantarse de aquella maldita silla para ir por él. Solo podía mirar, mirar y esperar que el niño no resbalara de su sitio.
-¡Sean!-Gritó el niño desde lo alto, agitando los bracitos para que lo vieran.- Te tardaste mucho. ¿Ya gané?
-No, porque hiciste trampa! –Acusó Sean de vuelta, ganándose una mirada incrédula de parte de Charles. Sean volvió a torcer su rostro en una mueca incomoda y levantó la mirada de nuevo hacia Evan.- ¿Ya viste quien viene conmigo? Es el profesor! Ya puedes venir a verlo!
-Hola profesor.-Saludó el niño de vuelta levantando una manita y agitándola animado, donde el tambaleo de su cuerpecito al hacerlo hizo que el pobre hombre sudara frio.- Su casa es muy grande, puedo ver todo su jardín desde aquí. Es muy bonito.
-Te agradezco el cumplido a mi casa Evan pero no deberías estar ahí.-Informó el hombre en voz alta, evaluando la posibilidad que tenían de atraparlo si el niño terminaba cayéndose, rogando internamente que eso no ocurriera. Habia llegado muy lejos como para tener una baja por semejante descuido, y tenia tantas ganas de castigar a Sean como de levantarse de esa silla.
-¿Quiere que baje?.-Cuestionó el niño esta vez, comenzando a moverse para rodear el borde donde estaba sentado y buscando como colgarse de éste para poder iniciar el descenso.
-NO! No Evan, quedate ahí, quedate quieto.-Respondió pronto, apoyándose con las manos sobre la silla casi levantándose de ella. Evan le miró desde arriba y volvió a sentarse una vez mas, mirándolo extrañado. Charles se llevó las manos a la cabeza, masajeándose la sien y tratando de recuperar su tono natural y calmo al hablar. Cuando levanto de nuevo la mirada hacia él, respiró hondo, y le habló fuerte y claro.- Tienes que esperar a que Alex vaya por ti, esta en camino.
-Pero yo puedo hacerlo solo.-Aclaró el niño de vuelta, en otro de esos conocidos berrinches que hacen los niños.- Subi yo solo y puedo bajar, mire.-La perdición, Charles sintió que se le paraba el corazón cuando vió a Evan colgarse del borde de piedra y apoyar los piecitos en la pared a medida que la distancia entre él y el suelo se hacia mas corta. Y de pronto, saltó, desapareciendo de la vista cuando el niño tocó el suelo del techo tambaleándose y con las piernitas adoloridas. Chales miró a Sean y notó que el pelirrojo estaba tan aterrado y pálido como él, y ninguno de los dos esperó para volver al interior de la mansión.
Charles tenia años de no sentir que le botaba el corazón dentro del pecho de aquella forma, donde cada latido parecía chocar contra sus costillas y encontrar en su torax el encierro de la incertidumbre y la ansiedad. No sabia por que, de pronto, su juicio se había velado brevemente y solo le interesaba llegar lo mas cerca posible del ultimo piso, sin recordar ni un segundo que podía corroborar el bienestar del niño con el uso de su mente. Sean no dejó de empujar la silla hasta que salieron del ascensor y para entonces, Alex caminaba por el pasillo a paso raudo cargando a Evan en sus brazos. Tan pronto vió al profesor, lo bajó al suelo y el mismo Evan corrió a hasta él como si nada hubiera pasado. Sean detuvo la silla en el pasillo, y las manos de Charles no tardaron en tomar al pequeño de los hombros, revisándolo con la mirada en busca de alguna lesión, y sin encontrarla, no pudo sino caer en el impulso de abrazarlo, aliviado de encontrarlo de una pieza.
-Por todos los cielos que no puedo creer que hayas hecho semejante cosa.-Afirmó Charles mientras lo estrechaba, separándose pronto para mirarle severo.- ¿Cómo se te ha ocurrido hacer algo así? No imaginas todo loq que pudo haber salido mal en lo que hiciste, cuan lamentable pudo ser que todo terminara?
-Pero estoy bien.-Afirmó el niño, como si con ello saldara la travesura que acababa de hacer.
-Si, por ahora. Eres muy joven para entender las consecuencias. No puedes ir por la vida tomando esos riesgos.-Atajó el mayor con voz severa, como alguna vez había regañado a sus jóvenes mutantes apenas conocerlos. Sean y Alex encontraron aquella mirada demasiado familiar.- Tienes que entender que estas vivo por una serie de afortunadas situaciones y que no puedes seguir exponiéndote de este modo. En tu viaje, allá arriba, un tropiezo pudo significar un terrible final para ti. Esperaba un mejor comportamiento de un niño como tu, que sabe entender lo que lee y logró un viaje tan largo solo. Pensé que eras consciente.-La mirada del niño se tornó cristalina, mientras sus manitas se aferraban a la orilla inferior de su camisa y sus ojos azules le rehuían al mayor.- Evan, prométeme que jamás volveras a hacer algo asi. Que jamás volveras a ponerte en riesgo.-El niño solo se encogió de hombros, y después de unos segundos mas de silencio, asintió desganadamente. La pesadez en el pecho del profesor se amortiguó ante aquella respuesta muda, y cedió al instinto de abrazarlo una vez más. Ésta vez, Evan no le respondió el gesto.- Ve al estudio, Alex te llevará. Trata de quedarte ahí y toma cualquier libro que tu quieras.
El niño asintió, pero hizo lo posible por esconder su mirada de Charles. El mayor solo le vio partir con Alex a donde le había indicado, y observó a Sean después mientras este seguía con su expresión de plena incomodidad. Podia percibir lo que pensaba, que había sido demasiado duro con el niño. Lo único que Charles no podía entender, era el por qué de aquella percepción, cuando el había hablado como muchas otras veces que alguien hubiera requerido disciplina.
-Tal vez usted deba comenzar a pasar mas tiempo con él… -Propuso Sean después de un momento de silencio, guardándose las manos en los bolsillos.- No soy experto ni nada, pero, creo que si Evan no tiene padres ni hermanos, y vino buscándolo a usted antes que a nadie… Tal vez la mejor solución es que sea usted quien le dedique mas tiempo.
-Sugieres entonces que me convierta en un padre para él también.-Asumió Charles, y Sean solo se encogió de hombros, y antes de hacerlo mas incomodo el momento, se retiró. El joven profesor suspiró cansadamente apoyándose en el brazo de la silla, mirando a través del pasillo hacia la zona mas iluminada. Y no pudo evitar pensar, que solo Erik hubiese reaccionado con mas calma en aquella situación.
¿Cómo le hablas a un niño que no es tuyo sobre limites? Esa era la pregunta del millón, la pregunta que carcomía la pobre mente gastada de Charles mientras se encaminaba de nuevo al estudio, después de atender algunos asuntos. Afortunadamente, su ausencia no había causado ningún otro incidente, pero eso si, no se libró de encontrar en el lugar una colección impresionante de libros fuera de su estante y regados por toda la habitación, apilados unos sobre otros creando estructuras parecidas a rascacielos bien derechos y pilares con los cuales construir un puente usando los cojines del sillón. Tenia una ciudad de libros frente a él, las estanterías bajas, vacias, y un niño que en solitario hojeaba las paginas de un viejo volumen del doctor Seuss, lo ultimo que esperaba encontrarlo leyendo después de demostrar tanta avidez de conocimiento. El sonido de las ruedas no lo inmutó, pero logró que el pequeño levantara la mirada solo para asegurar que se trataba de ese hombre. Charles se acercó al sillón, evadiendo cada torre de libros hasta llegar a su punto y quedar frente a él. Se quedó un momento en silencio, y se dio cuenta de que Evan no era un niño normal en eso tampoco. Tenia la voluntad de quedarse como un tempano de hielo.
-¿Fue el único que te gustó?.-Cuestionó Charles, señalando el libro con su mano, tocando apenas la tapa del mismo.
-Es el que siempre leia cuando me sentía mal.-El niño descansó ambas manitas sobre las paginas, y después miró a Charles, con una mezcla de vergüenza y arrepentimiento.- ¿Ya pensó mi castigo?
-¿Castigo?.-Cuestionó sorprendido, levantando mucho las cejas y la cabeza, antes de fruncir un poco el ceño, con cierta concentración.- ¿Por qué habría de castigarte?
-Por que hice mal.
-En ese momento no sabias que estabas haciendo mal ¿o si? Supongo que… En mi descuido olvidé decirte que hay ciertas cosas que los niños no deben hacer. Como puedes ver, la mayoría de los que están aquí son mucho mayores que tu. Olvido con facilidad que algunos necesitan… Limites. Una vez que yo marque tus reglas y limites, estaré en toda facultad de castigarte si faltas a alguno de esos puntos de nuestro acuerdo.
-¿Es culpa suya entonces?.-Cuestionó, extrañado de aquella vuelta de sucesos. Charles negó con la cabeza.
-Es culpa de ambos. Yo por no ponerte limites, y tu por no tener sentido común. No puedes ir por la vida haciendo cosas que te pongan en riesgo. Quedaba implícito en lo que hablamos ayer, te dije que me importaba tu bienestar ¿o no?-Evan asintió enérgicamente, sabiendo esa respuesta.- Debes aprender, que todo lo que haces tiene algun efecto. Las cosas que hagas no solo te afectan a ti, afectan también a los demás. Sean, Alex, incluso yo, todos teníamos miedo de que pudieras caer y lastimarte terriblemente. Habría sido una tragedia.-La ultima palabra parecía tener un efecto especial en el niño, que reaccionó como si despertara ante una realidad bastante evidente.- Tu tienes que prometerme que vas a escucharme atentamente en cada cosa que te diga.-El niño asintió de nueva cuenta.
-Perdon por asustarlo…
-Te perdono.-Le sornió para darle confianza, dando lugar a relajar ese momento con el cambio de su voz, aquel que denotaba la calida forma de ser del profesor.- Hace tiempo que no me daban un susto como éste. Quizas desde…-Se puso a pensar, y calló de solo fijarse en que estaba por entrar en ese tema que se volvia complicado. Hablar de lo que había hecho en el pasado siempre era difícil. Si lo pensaba mejor, y notando la mirada curiosa del menor, se daba cuenta de que no tenia por que temer de que Evan le juzgara indebidamente, él no había vivido lo ocurrido y no podía hacerse un prejuicio de las personas implicadas.- Hace siete años conocí a Sean, a Alex y Hank. Cuando los encontré, ninguno de ellos sabia usar en nada su poder, no era fácil decirles que era lo que debían hacer, pero lo intentaba. Tenia miedo de guiarlos mal.
-¿Usted tiene miedo de criarme mal?- Cuestionó el niño, pero Charles solo acentuó un poco su sonrisa, bajó un par de segundos la mirada y volvió a enfocarse en el pequeño, casi no creyendo que captara tan pronto lo que quería decir.
-Me preocupa enterarme que lees libros poco apropiados para ti.-Comentó mirando después a su alrededor.- ¿Te interesa algo en particular?
-Queria un libro de cuentos.-Admitió el niño, cerrando el libro del Dr. Seuss.
-En ese caso, puedes pedírmelos a mi. Pondré a tu alcance los libros que considere que estas listo para entender. Y podras venir aquí a leer en tu propio rincón del estudio con tus propios libros.
-Podria… ¿Podria leerme libros usted?-Cuestionó, con una chispa de esperanza brillando en sus ojos azules, una mirada que Charles no pudo resistir.
-Por que no. Podriamos tener una hora de lectura al día. Pero, tendría que darte clases extra para explicarte las lecturas, enseñarte vocabulario, practicar tu escritura, y lecciones básicas de diferentes áreas. ¿Estas seguro de poder soportarlo?
-¿Usted me va a dar todas las clases?.-Cuestionó el niño, un poco mas animado por la idea, desplazándose un poco mas hacia la orilla del sillón.
-Hank podría darte la mitad de las clases.-Respondió el joven castaño serenamente, aunque no esperó que Evan pusiera aquella cara que perdia entusiasmo.- Él es muy inteligente, y le gustará poder enseñarte algo. Pensé que Hank te caia bien.
-Me cae bien.-Se apresuró a decir el niño, aunque por el tono de su voz, se notaba que esperaba otro tipo de noticia, algo mas alentador para él. Y honesto como solo los niños son a tierna edad, añadió.- Pero yo me siento mejor cuando estoy con usted.-Charles sintió un breve cosquilleó en el pecho al escucharlo, pero no se dejó remover fácilmente por aquella emoción que nacia como una agradable sensación. Preferia, sin embargo, agradecer aquel gesto infantil de aprecio y mantenerse sereno, a pesar de que su dia se tornaba nostálgico. Le revolvió el cabello castaño claro al menor con suavidad, antes de peinarlo nuevamente y responderle.
-Te prometo que, mientras esté en mis manos enseñarte yo mismo, haré lo posible por darte una lección para cada día. Y mientras eso suceda, seras el ejemplo de buen comportamiento de esta mansión. ¿Qué opinas de eso?
¿Qué opinaba de eso? Evan había aceptado, con la consecuente desgracia que el acuerdo permita debido a la manera particular de Evan de entenderlo. Charles debía admitir que el niño era muy bueno para encontrar vacios legales a sus palabras, y para escucharlo entre líneas. El acuerdo claramente establecia que mientras fuese Charles quien impartiera sus clases con regularidad, Evan tendría que ser un ejemplo de comportamiento, y así fue. El joven profesor tuvo que admitir que sus lecciones con los jóvenes de mayor edad de la mansión mas las reparaciones y pruebas que hacían a Cerebro habían logrado que faltase a su promesa, en los primeros dos días de haber comenzado su nueva vida. Y en esos dos días, se había arrepentido de apartar la mirada de Evan, porque si no estaba trepándose en una repisa llena de libros, estaba escondido en el almacen jugando con viejas espadas decorativas o sepultado en una montaña de ropa sucia, limpia o abandonada. Sabia, por sus estudios en el tema, que el menor solo estaba probando los nuevos limites que le eran impuestos, y que Charles no era precisamente una figura paterna o materna que Evan tuviera que seguir de forma leal y obediente. Lo curioso, sin embargo, era cuan sencillo era para Charles olvidar detalles que los demás fuera de su condición podían apreciar mas fácilmente. Lo veian todos aquellos a los que de rutina les tocaba vigilar al niño en algun momento del dia. Le pasó a Sean…
-El profesor dice que siempre hay que estar preparados para lo imprevisto.-Comentaba Evan a Sean, mientras ambos trataban de armar una resortera con un par de gruesos pedazos de madera clavados en el suelo, una liga ancha y un balón de football.
-¿Por qué te enseña eso ahora?.-Cuestionó extrañado, mientras apuntaba el balón hacia la portería que había colocado a cien metros de su sitio actual.- Eres muy pequeño, diviértete.
-Pero, el profesor dijo…
-El profesor dice muchas cosas porque es ya mayor y cree que va a resolvernos la vida, pero no siempre estar preparados te hace las cosas mas fáciles. Ahora, ayudame a darle impulso a esto.-Comentó, para repetir lo que habían estado haciendo desde el inicio: tirar ambos de la liga al máximo por unos segundos, soltandola despues para impulsar el balón. Solo que ahora Sean había cambiado la liga, y el tiro prometia una potencia ligeramente mayor. Evan tomó como pudo la liga con sus manitas, y Sean se agachó para estar ambos al mismo nivel. El problema fue que al soltar la liga, la pelota salió volando, con el impulso Evan salió disparado hacia delante esta vez, cayendo de cara al césped. Y por si eso no fuera suficiente, la pelota alcanzó a derribar el espejo retrovisor del auto que Alex estaba limpiando. Y entre un Alex que se acercaba a reprenderlo y los sollozos de Evan, Sean solo atinó a cargar al niño para llevárselo a la mansión y pedir a Hank que lo examinara. Ese día, Charles sufrió su primer dolor de cabeza.
Poco después del incidente, que dejó al niño con un pequeño raspón en la nariz pero sin ningún resentimiento, el turno fue de Alex…
-Necesito ir al baño.-Informó el niño al rubio, mientras éste le dejaba cuidando la caja de herramientas con que trabajaba para reemplazar el espejo retrovisor de aquel automóvil.
-Solo espera un poco y te llevaré. Si dejo esto flojo, cualquiera llegará a estropearlo.-Respondió el rubio secamente, con aquella voz casi desganada de quien subestima el valor de hablar con los demás. Evan estaba inquieto en su asiento, tentado a cruzar las piernitas para aguantar un poco más.- Ve a dar una vuelta por ahí, ya casi termino. Pero no te vayas mas lejos de donde pueda verte.-El niño asintió y saltó de su asiento para comenzar a andar, ansioso por entrar a la casa y poder usar el baño.
-¿Puedo ir a donde sea mientras puedas verme?
-Si, a donde sea mientras no tenga que buscarte.
-¿Puedo ir a ese árbol?-Cuestionó, señalando el sauce que servía de sombra para la entrada de la cochera, donde usualmente preparaban los autos para el uso de los amos de la casa.
-Solo no te subas al árbol.-Confirmó, levantando la vista solo para mirarlo correr hacia el árbol y efectivamente, quedarse allí. En ese momento el sonido de las ruedas de la silla del profesor lo alarmaron, pero sin pena se volvió hacia su visitante, saludandolo con un gesto de la cabeza.
-¿Ha servido el reemplazo que compramos?-Cuestionó el joven profesor de cabello castaño, evaluando el esplendido trabajo que Alex siempre hacia con cada uno de los autos.
-Si, quedó perfecto, y se verá muy bien. Lo estaba ajustando para poder llevar a Evan pronto al baño.
-¿Y donde esta Evan?-Cuestionó Charles, al no ver al niño en cuestión cerca de Alex por ningún lado, comenzando a temerse lo peor, a lo que Alex respondió con prontitud.
-Está en ese árbol, debe estar escondiéndose.
Su mirada se giró hacia el lugar indicado con su propia mano, aunque en el silencio se dio cuenta de otro detalle que, después de unos segundos, le hizo darse un golpe en la frente con la palma de la mano. En el silencio de ambos, podía escucharse el sonido típico de un pequeño hilo de líquido cayendo en hojas secas. Entender lo que ocurría y ver a Evan aparecer poco después, sin ninguna prisa de ir al baño, hizo a Alex arrepentirse de abandonar su vigilancia esos escasos segundos. Para Charles, un suspiro de resignación y la mano masajenadose la sien, fue la marca de otro dia dificil para él y su falta de respuesta ante un problema. Cuando el problema llegó a Hank, éste se dio cuenta pronto de lo que hacia falta, aunque demoró en tomar valor para decirle a profesor…
-Evan.-Llamó al niño, por cuarta vez mientras trataba de impartirle una lección. Trataba de enseñarle a clasificar las "cosas vivas" y "cosas muertas", pero el niño sencillamente lo miraba atento por escasos minutos antes de volver a sumergirse en la contemplación de su libro sin dar respuesta a las preguntas de Hank.- Evan.-Llamó una vez más, logrando que el niño levantara la cabeza y le mirara, como si despertara de un sueño.- Pon un poco de atención. No puedo estar repitiéndote esto todo el día.-El niño asintió, pero volvió la vista a su libro. Hank pudo molestarse, pero sabia, de alguno de sus libros o de alguna charla sobre comportamiento humano, que un niño que además de no poner atención, no hace nada en particular, ni siquiera dibujar, reírse, distraerse con el entorno o burlarse del profesor, o cualquier cosa mas interesante, no debía ser un niño saludable. Evan no solo estaba distraído, más bien, parecía triste o en un sentido mas lógico, enfermo.- ¿Te sientes bien?-Ante la pregunta, el niño solo levantó la mirada, pero la bajó pronto con aparente vergüenza de saberse descubierto, al parecer. Solo después de un momento de incomodo silencio, habló.
-No se ofenda… Si me interesa su clase. Pero, no se para que necesito saberlo. ¿Me va a poner examen?
-Tal vez, todo depende. Si veo que lo necesitas…
-Y si no lo apruebo ¿Entonces que pasa?.-Esta ves Evan si le miró, expectante.
-Bueno, supongo que tendré que ver la manera de que aprendas. Y apruebes tus exámenes.
-Y si los apruebo ¿Qué pasa?.-Cuestionó, ahora con curiosidad, casi con una pequeña esperanza que Hank pudo percibir en sus ojos azules.
-Bueno… Será algo genial porque habrás aprendido algo, que tal vez algun día te sirve.-Confirmó Hank, tratando de sonar convincente. Pero el niño, contra todo lo que esperaba, solo se hundió un poco más en su desinteres. Se quedaron un momento callados, en el que ni Hank ni Evan supieron que decir, pero fue éste ultimo el que rompió el silencio.
-El profesor me dijo que tu eras muy listo cuando eras un niño… ¿Tu papás te felicitaban cuando pasabas tus exámenes?
-Si, de hecho…-Comenzó a explicar, sonriéndose un poco ante el recuerdo.- Les gustaba la idea de verme estudiar tan joven en la universidad, con beca completa. Creo que les gustaba tener un hijo listo que fuera solicitado en tantas universidades del país. Tu podrías ser uno de ellos también.- Evan se encogió de hombros, apoyándose después en la mesa con los brazos, en total desgano.
-Si voy o no a la universidad, no le preocupa a nadie.
Hank estuvo a punto de debatirlo, pero comprendió en ese instante la razón por la cual el pequeño niño realmente no tenía un interés en hacer las cosas bien o mal. Para él, Charles solo era un hombre que se había propuesto educarlo, alimentarlo y protegerlo, pero no comprometía nada más con el niño que su tiempo, si es que se lo daba. Evan bien podía pensar en no hacer nada de su vida, porque no tenía ningún modelo que seguir, no tenía a nadie a quien rendir cuentas y a quien impresionar con sus logros. Por que Evan era consciente, hasta cierto punto, de que no tenía padres a los que debiera dar algún resultado, siquiera por ganarse algo de aprecio. Ni él, ni Alex, ni Sean figuraban como modelos, a ninguno de ellos les caería de peso lo que sea que hiciera Evan con su pequeña vida. Y Charles, extrañamente, parecía renuente a prestar demasiado tiempo al menor, aun cuando el primer día de la llegada del menor, se había portado como un autentico padre. ¿Qué quería Charles para ese niño? ¿Por qué de pronto lo dejaba como un tema de importancia estándar, equivalente a comprar los víveres o cuidar el jardín? Observó a Evan jugar con una pluma de color metálico, y el resplandor le recordó él único nombre responsable y la razón de aquella situación.
Por parte de Evan, la adaptación llegó mejor un par de días después, cuando paseaba por los jardines, aparentemente cuidado por Sean y Alex aunque estos se entretenían mas bien jugando con un freesbe, sin notar que Evan había llegado al límite del terreno, hasta tocar la reja divisoria. Había corrido a ese lugar con ansia y sigilo solo para ver un rostro conocido, único que lo había mantenido inquieto, sin saber que había sido de él. Del otro lado de la cerca, se encontraba James, recargado en el camper y con una sonrisa burlona en el rostro.
-Veo que no vives nada mal ahora.-Comentó antes de acercarse a la cerca, para recargarse en ella. Evan subió a la base de concreto que sostenía firmemente aquella defensa de metal, para quedar mas cerca del mayor, con su rostro iluminado por ese reencuentro.- Sabía que no iban a atraparte esos idiotas. Eres mas listo que eso.
-¿Cómo me encontró?- Cuestionó rápidamente, ansioso de saber que había hecho James para llegar a él.
-Un sujeto bastante peculiar me dio la dirección. La verdad no se como supo que te estaba buscando.-Se encogió de hombros sin darle importancia al asunto. No quería reparar en el tipo de interés que tenía su informante.- Después de saber que éste lugar era de un tal Xavier, supe que tu tenías que llegar aquí. ¿Cómo lograste llegar sin que te descubrieran?
-Por paquetería. Encontré la dirección en una carta que apareció después de que me escapé, la anoté en una hoja y la pegué en lugar de la dirección original de una caja para perros.-Contó con diversión, como si hubiera hecho una travesura. La risa burlona de James fue evidente al menos para ellos dos.- Lo difícil fue meterme en el camión cuando nadie miraba, noté que el seño repartidor solo miraba las direcciones en las cajas y no en su lista, pensé que así era más fácil. Ayer vino por la caja, y pidió disculpas por el error. No lo despidieron, pero tenía que devolver la caja a su destino. Creo que ya no se volverá a confiar.
-Lo bueno para ti es que esos errores son comunes.-Aseguró, aliviado de que de hecho, fuera así. En el correo se perdían cosas todo el tiempo, Evan debió saberlo cuando se metió en aquella caja y dio por sentado que iba a ser entregado solo por la etiqueta del envío.- ¿Te están tratando bien aquí?
-Muy bien. Todos son muy amables. Es muy diferente de casa. El señor Xavier es muy bueno conmigo y nadie aquí me pide que deje de hacer lo que hago. El señor Xavier incluso me dice que debo practicar.-Se tocó la cabeza de forma divertida, solo un momento, antes de volver a aferrar sus manitas a los barrotes y mirar con cierto anhelo al mayor.- ¿Por qué no se queda usted también?.-James bajó la mirada un momento, con una sonrisa muy leve antes de mirarle de nuevo.
-Soy muy viejo para vivir aquí. Y debo regresar a buscar a mi hermano. Es otra plaga como tu que tengo que cuidar.-Se enderezó apropiadamente y le miró altivo, con las manos escondidas en la chaqueta.- Solo quería saber que estabas bien. Si te gusta este sitio…-Echó un vistazo al lugar, poniendo una mueca de cierto desagrado.- Es mejor que te quedes. Trataré de escribirte, pero no te ilusiones, soy un hombre ocupado. Vas a estar bien con el tal Xavier.-sacó una mano de la chaqueta y traspasó los barrotes para revolver el cabellito del niño, cuando notó que sus pequeños ojos se llenaban de lágrimas silenciosas que no se atrevió a soltar. Le dio una palmada entonces, tratando de recomponer su actitud con algo de ánimo.- Pero si él tampoco te trata bien alguna vez, solo escápate de nuevo. Hasta entonces, aprende todo lo que puedas, para que ya no me necesites a mi o a él para vivir. Y ya me contaras que tanto hace el tal Xavier, para ganarse que yo le dé una golpiza ¿De acuerdo?
-Si…-Musitó débilmente, dejándose hacer por James, antes de volver a treparse a las rejas, estirando un bracito hacia el mayor. James entendió el gesto, gruñendo por lo bajo, pero finalmente accedió a acercarse, agachándose bastante y dejando que ese pequeño brazo envolviera su cuello.- Gracias, James.- Declaró en tono bajo. Él mayor también lo envolvió con su brazo, dándole un par de firmes palmadas en la espalda, mientras buscaba algo mas en si bolsillo. Cuando se separó, tomó la mano de Evan y sobre ella dejó el zippo que le había enseñado a usar. Después de esto se separó definitivamente, levantándose e irguiéndose, justo a tiempo para escuchar la voz de Sean llamando a Evan a lo lejos.
Con una última seña con su mano, James se despidió y se apresuró a subir al camper para encender el motor, echando a andar el automóvil cuando Sean llegaba finalmente hasta Evan jadeando después de buscarle a trote, asustado de encontrarlo tan alejado de la mansión. Evan escondió pronto el zippo y se bajó de la reja, echando a correr nuevamente para martirio del joven pelirrojo, que echó una maldición y volvió al trote detrás del niño mutante, quien pasó corriendo también lejos del alcance de Alex y volvió a la mansión. Ambos muchachos se rindieron al cansancio, mientras el niño se detenía lejos de ellos, casi en la entrada de su nuevo hogar, para mirar lo único que James le había dejado para recordarlo.
-Que tienes ahí, Evan.-Cuestionó entonces la voz elegante del castaño, aquel que habría aparecido fuera de la mansión para dar una ronda y regocijarse de un pequeño paseo. El niño escondió pronto su pequeño y metalico tesoro, antes de girarse y encarar aquel rostro que ahora, más que serenidad, le provocaba conflictos.
Evan no culpaba a Charles, o al menos, no entendía de que lo estaba culpando. Simplemente había experimentado pequeños lapsos de desilusión a medida que pasaban los días, dándose cuenta de que el mayor no tenía la misma convicción de dedicación que él estaba dispuesto a tener. Podía sentir el vínculo latente en su cabeza, pero no podía entender porque la separación física lo hacía sentir sencillamente mal. No entendía por que de pronto ver a Charles le provocaba una sensación de recelo, como quien se siente traicionado. Cuando el joven profesor se acercó a él, pronto le alcanzó Hank quien aparentemente le había estado buscando también. Evan por su parte, solo retrocedió y se encogió de hombros.
-Nada. Regresaré con Alex y Sean.-Infirmó prontamente y echó a correr antes de que Hank o Charles tuvieran tiempo de detenerlo. La partida tan repentina le hizo sentir al joven Xavier que el menor estaba huyéndole.
-Eso es inusual.-Comentó finalmente, retomando su recorrido por el exterior, corroborando que Evan había salido al encuentro con sus jóvenes pupilos y ahora estos últimos corrian detrás de Evan por el jardín, tratando de alcanzarlo.- Pareciera que me está evitando.
-Parece mas bien que usted lo evita.-Comentó Hank esta vez, sin poder contenerse. Charles detuvo su avance y le miró, entre sorprendido y escéptico.- Bueno, usted le prometió a Evan impartirle las clases, y si mal no recuerdo, también se ofreció como responsable de él. Pensé, cuando dijo que trataría de educarle, que usted fungiría como una especie de… padre o tutor para él. Y, en cierta forma, ha pasado tan poco tiempo con él que pareciera que lo evita.
-No digas esas cosas Hank, haces sonar como si no me preocupara el bienestar de ese niño.-Refutó con soltura el profesor, pensándose que Hank solo estaba exagerando.
-No niego que le preocupe, pero no hace nada para proveerle lo que él necesita. Usted lo dijo una vez, es demasiado pequeño, no es como Sean, como Alex o como yo. Él ni siquiera tiene padres que referir, solo recuerda a una mujer que le alimentaba, le protegía y lo "educaba". No es tan diferente de lo que usted está haciendo ahora.-La aseveración tuvo un fuerte peso sobre la mente de Charles, quien a pesar de que no se detuvo en el camino, si se quedó bastante callado por un momento, donde Hank temió que el joven profesor se hubiese molestado por la sugerencia de que él, el bueno y respetable Charles Xavier, estaba haciendo lo mismo que el antiguo "cuidador" de un mutante en observación.
-¿Y que crees que sea lo que me haga diferente de asumir ese papel tan conformista?.-Cuestionó el mutante con curiosidad. Hank se tomó un tiempo para pensar su respuesta, aunque después de hablar con Evan a solas, tenia una idea clara de cómo englobar todo lo que Charles tenía que hacer.
-Bueno, podría comenzar por dejar de buscar quien cuide a Evan por usted, y cumplir con lo que le prometió. Se que a usted no le gusta sacrificar el tiempo de otros alumnos, pero… la mayoría de nosotros ya tiene una idea de lo que debemos hacer, el tiempo que usted nos dedica es solo para darnos seguimiento. Pero Evan no tiene idea de que es, que puede ser o que quiere ser. En eso… generalmente ayuda un padre.-Explicó con mucha calma, casi cuidando cada palabra que estaba diciendo.- Puede que no seamos iguales a nuestros padres, pero, ayuda un poco tener a ese adulto cuya imagen nos inspira, esa persona que siempre está esperando que nos volvamos algo en la vida, esa persona que nos tiene fé, y ansia poder vernos crecer. En algo mas simple… Evan solo es un patito perdido buscando eso a lo que va a seguir hasta que sea un…
-¿Pato?.-Cuestionó, con cierta gracia por la comparación. Pero, entendía perfectamente lo que Hank estaba tratando de decir, él mismo lo había considerado. Simplemente no había querido reconocer el hecho como un problema que necesitara de su contribución para tener una solución. Habia querido creer que Evan, como muchos otros chicos, solo necesitaba reconocer a alguien que fuese como él. Si lo pensaba detenidamente, Evan no era como muchos otros mutantes. En cierta forma, Evan tenía más en común con un huérfano en busca de una familia, que de un mutante en busca de aceptación, ya fuese de si mismo o de los demás. Podía recordar con claridad aquella sensación que había tenido cuando le abrazó la primera vez, buscando en él la protección de la que había carecido.
De pronto Charles se sentía culpable, había obviado el hecho de que un niño había recorrido un largo camino solo, con el simple objetivo de encontrar a aquel en que su voz encontraba consuelo, y él, respetado profesor, confiable y exitoso –dentro de lo que cabía- , había dejado de lado ese hecho tan importante. Era como demeritar una hazaña, comparable solo con la voluntad de Erik por encontrar a Shaw. Y supo entonces por que, pese a saber que Evan necesitaba de él, se había tomado la libertad de abandonarlo. Tenía miedo. Si alguna vez había rescatado a Erik de las garras de los sentimientos que lo consumían, solo para que naciera una amistad y un sentimiento tan fuerte que ahogara su alma, el miedo existiría de volver a sentir el derrumbe de lo que ambos construyeron juntos. Si dedicara tanto tiempo, tantas esperanzas, tanto empeño en un pequeño ser, no estaba seguro de volver a levantarse tan airadamente si todo se derrumbaba, una vez más.
-Hablando de otra cosa.-Comentó entonces Hank, incomodo con la prolongada ausencia de palabras.- He podido contactar con Carnegie, y me ha respondido que puede venir pasado mañana, en la noche. No me dio detalles, simplemente comentó que le daba gusto saber que seguía vivo y que no le molestaba pasar a visitarme.
-Tendremos todo listo para mañana que él llegue. –Respondió con simpleza, deteniéndose finalmente casi en el extremo del camino, a donde habían llegado sin pensárselo entre tantas palabras. Charles bajó la cabeza y se talló la sien, sintiéndose brevemente abrumado por el presentimiento de algo que era más grande que él, algo que superaba su estabilidad.- Quiero que me hagas un favor, Hank. Encárgate de mis clases de hoy y mañana, adecuaré mi horario una vez más, asi que agradecería que explicaras a los chicos que haremos esos cambios. Voy a dedicarme a hacer lo que debí haber hecho desde el principio.
Hank asintió, pero no entendió a que se refería hasta que observó lo mismo que el joven profesor admiraba en ese momento. Evan estaba aprendiendo, con Alex y con Sean, a jugar fútbol.
Todos merecían una segunda oportunidad, inclusive el siempre correcto y casi infalible Charles Xavier. Parte de cometer errores, según la ideología del joven profesor, era entender qué había salido mal, reconocer la responsabilidad en su parte del problema y acomedirse a resolverlo con integridad, dentro de las posibilidades. Y en base a ésta disciplina, a Charles solo le quedaba hacerse a la idea de que ya no podía flaquear, aunque la duda siempre estuviese al asecho. Despúes de meditar el problema y saber que Hank estaba pensando en la misma solución, se dio a la tarea de reformar el programa que había ideado. Aquella primera tarde, Charles se obligó a afrontar un terreno completamente nuevo para él, y el primer paso fue, efectivamente, poner reglas muy claras e imponerse como autoridad. Había aclarado a cada miembro de la mansión que si bien, Evan era responsabilidad suya, cada uno de ellos debía procurar avisar al profesor sobre cualquier mal comportamiento por parte del niño, y por supuesto, que inculparlo por destrozos propios estaba estrictamente prohibido. Después llegaron los nuevos horarios. El de Evan, por lo pronto, tenía un esquema muy parecido al horario de jardín de niños. Hank y él mismo le darían una clase cada uno, pero por la tarde, Charles estaba obligado a hacer cualquier actividad posible con el niño para promover todo aquello que podía hacer, y explorar sobre nuevas posibilidades. Alex y Sean solo intervendrían para darle al niño algo de juego al aire libre, porque era quizás, la única tarea que Charles tristemente aceptaba no poder cubrir, aunque secretamente lo había deseado.
Carnegie se demoró un par de días mas en reportar su visita, pero Charles pensó que eso no era algo tan grave, estaba notando que su nuevo esfuerzo estaba rindiendo frutos. No solo había logrado que el niño se notara cada día mas atento, había descubierto también que su intelecto era mas efectivo en tanto fuese el mismo Xavier quien trabajara con él.
La mañana del primer día de ese cambio, y mientras el menor descansaba plácidamente en su habitación esperando poder dormir un poco más –tras haberse acostumbrado a una cama nueva- un llamado poco usual le despertó. Generalmente él dormía hasta mas tarde, por que solían olvidar que los niños muy pequeños no se despiertan solos ni se acostumbran al nuevo horario. De modo que, pensando en ello, Charles creyó conveniente adecuar sus costumbres a horas mas adecuadas, comenzando por ese día. Tan pronto el profesor terminó de asearse y cambiarse, dirigió su silla hacia el cuarto de Evan en el piso de abajo. Al entrar con cierto cuidado, se dirigió a abrir las ventanas y en el murmullo de sus acciones, el pequeño abrió los ojos, somnoliento, aunque abrazado a su osito de felpa, aquel que Charles le había dejado y del cual aun no sabía su origen, pero ya le había gustado como compañero para dormir.
-¿Profesor?.-Cuestionó el niño, entreabriendo los ojitos. Charles le miró y le sonrió, saludándole amablemente.
-Buenos días Evan. Es hora de que comiences tu día, un nuevo horario requiere disciplina y aprovechar cada hora del dia. ¿Dormiste bien?- Cuestionó acercándose ahora al niño. Evan bostezó largamente pero no se levantó.
-¿Puedo dormir un poco más?
-Me gustaría darte ese gusto, pero te será mas provechoso aprender a levantarte cada mañana. Si te dejo hacer todo lo que quieras, quien sabe que clase de persona serías.-Comentó con falsa seriedad, antes de revolver enérgicamente el cabellito claro del niño, que sin caso intentó cubrirse con las mantas mientras se reía bajito.- Anda, Sean va a servir panqueques. Si no bajas en 15 minutos volveré por ti.-Confirmó a modo de amenaza, una vez que vio que el niño se quitaba las mantas de encima y se levantaba por fin.- Has tu cama, lávate la cara y vístete.
La sorpresa fue esta vez para Charles, cuando mientras esperaba en la cocina a que se cumpliera el plazo, el niño apareció poco antes, completamente vestido, la carita limpia aunque ligeramente despeinado. El niño se sentó directamente al lado del joven profesor, y mientras comían, Alex comenzó a molestarlo por aquellos mechones de cabello que se levantaban como espinas en la cabecita del menor. Según el programa, después de desayunar, Evan tenía tiempo suficiente para lavarse los dientes y alcanzar al profesor en el estudio, donde él inició la preparación del menor en el área del lenguaje, la lectura y matemáticas. Más tarde, Charles llevaba a Evan al laboratorio de Hank, y le daba pequeñas instrucciones sobre que clase podía tomar el niño según su nivel. Justo después, el profesor repartía su tiempo entre practicas y sesiones con el resto de sus alumnos, y solo volvía a aparecer para la hora de comer. Evan ya le esperaba sobre la mesa, aunque ya no tenían que vigilarle de forma tan estricta. Evan por si mismo había entendido que debía ser puntual, y que podía ayudar un poco a Sean en la cocina o acomodando los cubiertos. Para Charles, aquello parecía magia.
Durante la comida, generalmente todos hablaban un poco sobre lo que habían leído en las noticias o sobre lo que veían en la televisión, compartían alguna idea loca sobre como sus poderes podrían hacer de algun servicio mejor, o trataban de convencer al profesor de obtener algun permiso para salir de paseo. Hablar sobre las familias de los alumnos también era un tema recurrente, y aunque el resto de los muchachos conversaban entre ellos sobre sus propios problemas, el grupo central más antiguo de la mansión solía centrarse en otro tipo de asuntos, cuando cabía la oportunidad. Que Evan pudiera revelar un poco más de si mismo de vez en cuando mientras los demás hablaban, no solo le daba a Charles nueva esperanza de que el niño pudiera desenvolverse de mejor manera, sino que además, había descubierto que le daba oportunidad de acercarse un poco más a él. No pudo evitar preguntarse, en ese momento ¿Cuánto tiempo habría esperado el niño para poder hablar de todo lo que le había ocurrido? Por la forma que tomaba al hablar, estaba seguro de que en su propia casa no lo dejaban comentar gran cosa.
-¿No tenías amigos en el jardín de niños?-Cuestionó Sean sin poder creérselo, extrañado de que un pequeñito de esa edad fuese aislado a tan temprana edad.
-Jugaba con otros niños, pero, era muy difícil. A mi me gustaba leer los libros del estante, pero ellos querían ver los dibujos, pasaban rápido las hojas. Creian que yo era lento.-Explicó, antes de llenarse la boca de pasta.
-Cuando yo era niño, me gustaba treparme en los tubos. Podía colgarme de cabeza.-Confesó Alex mientras comía una rebanada de pan con ajo.- Una vez me caí y se me abrió la cabeza cuando golpee el suelo, no tuve fracturas pero había tanta sangre que mi maestra casi se desmaya. Mi padre llegó a creer que mi mutación se debía a ese accidente.
-Groovy. ¿Tienes cicatriz?- Preguntó el niño con cierta exaltación, abriendo bastante los ojos. Alex le mostró la parte alta de su cabeza, un poco al costado, apartando el cabello para mostrarle la marca de puntadas.- ¿Te dolió mucho?
-No me acuerdo. Mi madre dice que de todos modos tuvieron que alejarme de los tubos al día siguiente porque me quería subir otra vez.
-Yo una vez comí tanto helado de frambuesa, que boté todo durante el camino de regreso a la escuela, después de una visita al zoológico. Esperen, eso no fue lo mejor.-Apresuró a decir, haciendo un gesto de alto con las manos al aire, antes de continuar.- Lo mejor fue que nos habían dado una charla sobre las enfermedades que podían transmitirnos los animales, y una de ellas la contagiaban los monos. Mi amigo inventó que yo estaba enfermo de eso y que estaba vomitando sangre. No volví a comer helado de frambuesa nunca, de hecho, creo que nadie de la clase volvió a hacerlo.
-Oh, Sean.-Intervino Charles, riéndose un poco y apoyándose en la mesa para frotarse la sien.- Estamos comiendo.
-Te haré vomitar la cena, así no vuelves a comer spagetti tampoco.-Aclaró Alex, en una falsa amenaza que fue difícil definir.
-Sería mejor si dejaran de hablar de devolver contenido estomacal.-Confirmó Charles con cierta calma, mientras se pasaba el bocado con un poco de vino.
-Suena mejor vomito que "contenido estomacal"- Se defendió Sean, antes de volver su atención a Evan quien muy calladito en su sitio, se reía de todo lo que contaban los mas grandes.- De esto debes aprender a no colgarte de cabeza ni a comer nada hasta reventar. Creeme, no vale la pena.
-Disculpame pero colgarse de cabeza, para quien lo hace bien, es muy estimulante.-Volvió Alex a refutar, deteniéndose a mitad de camino para tomar otro bocado.
-"Solo por aclarar, procura no colgarte de ningún sitio a menos que yo pueda supervisarte"-Habló Charles al pequeño a su lado. El niño le miró por reflejo ante aquella voz, pero se sonrió al darse cuenta de que estaba comunicándose de aquella manera que entendía tan bien.
Más tarde esa noche, Charles indicó a Evan que debía ser ordenado tras cada comida, levantando sus platos para llevarlos a la cocina, agradeciendo la comida si le había agradado, y que antes de dormir era mejor que se diera un baño. El menor tenia perfectamente cubierta ésta última tarea, y mientras lo esperaba, Charles se había dedicado a dar su ultima ronda a la mansión para asegurar que todo estuviera en orden. Y terminaban cada día con una breve lectura, preferentemente un cuento, para lograr que Evan durmiera a la hora ideal según las ideas del joven profesor. Había llevado aquella rutina por lo menos tres días, y se estaba acostumbrando. Se daba cuenta de cuanto cambiaba la actitud del pequeño si estaba en el lugar y momento apropiado para apoyar al menor de los mutantes. Podía entender su verdadero carácter, incluso podía percibir que Evan realmente estaba aprendiendo a estimarlo más que a cualquier persona de aquella gran mansión. Y aun cuando se convencía de que era un aprecio digno de un tutor dedicado, la preocupación, la incertidumbre, los pequeños momentos en que fantaseaba con el futuro del menor ¿Por qué todo era tan fuerte?
Pensando en ello una tarde mientras recorría el terreno de la gran mansión, encontrando a varios de sus alumnos divirtiéndose y charlando mientras descansaban en el pasto. No tardó en encontrar al niño de cabello castaño y brillante bajo el sol, corriendo de un lado a otro persiguiendo el balón azul y blanco de futbol. Trataba de imitar los movimientos tan expertos de Alex, sin el mejor resultado debido a sus piernas tan cortas, haciendo bastante difícil el control del balón. Charles sintió curiosidad entonces, notando algo más que escribiría en su larga lista mental sobre aquello que mas generaba curiosidad en el pequeño. Se reía de la singular manera que tenía de fruncir el seño con mucha concentración, en el momento justo de levantar la pelota con su pie y buscaba equilibrarlo. Había algo de amargo en esa percepción, porque le recordaba a un viejo amigo.
-Evan, es bueno verte tan activo a ésta hora.-Comentó de forma propia el joven al acercarse al niño en el jardín. El niño detuvo sus persecuciones y no tardó en correr hasta el hombre de la silla de ruedas, como hacía siempre que lo veía desde la primera vez que llegó a la mansión, tras superar los primeros y decepcionantes días de ajuste.
-¿Quiere jugar, Profesor? - Cuestionó el niño, parándose al lado de Charles con las manitas metidas en su chamarra. Charles sonrió pero tuvo que negarse.
-No creo que pueda seguirte el paso.
-¿Por qué no?- La pregunta del niño le llegó de sorpresa, mientras el menor simplemente lo observaba como si buscara realmente una razón para negarse, como si no fuera capaz de ver o entender que Charles estaba en esa silla de ruedas. Aquella actitud sinceramente tocó una fibra sensible dentro del mayor. Charles se tomó su tiempo para responder, mientras revisaba en la mente del niño si el reto había sido consciente en él. No, no lo había sido, Evan era transparente como el agua.
-Me temo que nunca fui bueno jugando futbol. Es que no me gustaba mucho.-Contestó simplemente, aunque era verdad.
-A mi tampoco me gusta tanto. Pero es lo que Alex juega conmigo.-El niño comenzó a caminar alrededor de Charles, mirando su silla con curiosidad, hasta alcanzar con sus manitas las manijas de la silla.
-¿Qué haces Evan?-cuestionó curioso, siguiendo por momentos al niño con la vista, hasta notar que se quedaba tras él.
- ¿Puedo llevarlo? Creo que puedo empujarlo.
-¿A dónde quieres llevarme?-Cuestionó al niño, haciéndose hacia atrás para verlo. Evan se asomó por un lado.
-No se.-Se encogió de hombros, pero volvió a su posición y comenzó a empujar un poco.- ¿A dónde le gustaría ir?- Podían escucharse sus piecitos resbalar un poco sobre el suelo, aunque las ruedas comenzaron a girar. Charles tuvo el impulso de hacer avanzar la silla de ruedas, pero temió que el niño cayera al suelo una vez que lo hiciera, porque realmente le estaba poniendo empeño a la idea de ayudarlo. No había pasado el tiempo necesario para que Charles se acostumbrara del todo a la idea de depender de algo o de alguien para moverse, pero entendía que el menor realmente quería ayudarlo, y eran intenciones que no quería matar en alguien tan joven.
-Que te parece si damos una vuelta a la mansión.-Comentó como opción, aunque estaba seguro de que el niño desistiría alegando que era demasiado espacio por el que debía empujar al mayor en su silla.
-Bien, una vuelta será.-Accedió el menor, poniendo un poco mas de empeño en empujar al telépata por el camino, hasta que tomó cierta velocidad para poder subir ambos pies al soporte horizontal inferior de la silla, desde donde consiguió seguir dándole cierto impulso con un pie, como si la silla de Charles fuera un carrito en el que pasear. Charles tuvo que confiarse un poco del intento, por que iba a una velocidad superior a la que normalmente manejaba su silla, casi al ritmo de trote. Si Evan dejaba de dar aquel impulso a tal velocidad, era posible que fuese demasiado esfuerzo para el niño tener que cargar su peso todo el trayecto, y si lo pensaba mejor… el cambio de ritmo realmente le estaba sentando bien. No pudo evitar reírse un poco y sentir la emoción de no poder predecir que el camino siguiera tranquilo o si caería en la primera curva que se avecinaba. Lo que le sorprendió finalmente fue que el niño previera ese giro y dejara de darse impulso.
-Sube al soporte Evan, dejame esta parte a mi.-Sugirió el hombre al niño, tomando cierto control de las ruedas con las manos para hacer el giro aprovechando el impulso, y justo cuando doblaron la esquina, el menor volvió a bajar y empujar más, casi corriendo para ganar más impulso, mientras se reía entre jadeos y alcanzaba de nuevo la silla para poder subirse.
Un atisbo de emoción afloró en el pecho del joven profesor mientras avanzaban a esa velocidad por el camino en el que antes entrenaba con Hank, trotando cada mañana mientras le convencía de que no tenía porque ocultar sus cualidades, que eso lo hacía un ser mucho más capacitado. Los límites, solo se los estaba poniendo el mismo Hank, como a menudo él se ponía los propios. Tuvo una revelación, mientras pasaban por debajo de aquel camino que estaba adornado de arboles a cada lado, y las sombras de cada uno se proyectaban en el suelo, logrando que los rayos de sol fueran pequeños halos de luz que brillaban sobre ellos, destellos que se apreciaban esplendorosamente mientras se recorría el camino a ese ritmo acelerado, sintiendo el aire en su cara, sintiendo el aroma de las hojas frescas, y el chasquido de las pequeñas piedras en el camino. Era la imagen que miraba inevitablemente en aquellos tiempos en que podía correr hasta que le fallaran las piernas. Rodearon la mansión a ese mismo ritmo, donde Evan proveía el avance y Charles se encargaba de darle dirección al transporte, hasta que alcanzaron el frente de nuevo y bajaron por la rampa que llevaba al camino principal. Y justo ahora, le fallaba tan solo la respiración de tanto reírse, sin poder evitar que un ligero grito de júbilo escapara de sus labios, imitado poco después por el menor detrás de él, antes de bajarse de la silla para darle otro impulso.
-Espera Evan, espera.-Intervino antes, tratando de parar poco a poco la silla con sus manos, ya que no podía sobre esforzar el mecanismo de que el mutante azul le había instalado. Le hizo una señal para que se acercara a él.- ¿Querías jugar, no? ¿Qué te parece una carrera?-Cuestionó, antes de señalar el punto final del camino, aquel que atravesaba todo el terreno frente a la gran mansión.- Una carrera, yo contra ti, desde este punto hasta el otro lado.-El niño jadeaba cansado, pero eso no le impidió sonreír ampliamente y asentir. Estuvo por ponerse en posición pero una vez más Charles lo detuvo.- Primero termina de recuperarte. No ha sido cualquier cosa el esfuerzo que has hecho. Vamos, respira.
-Sí… respiro…-Asintió el niño, tragando aire sin tiempos, por lo que Charles tuvo que acercarse un poco a él e indicarle con gestos y palabras muy claras, los tiempos en que debía recuperar el aliento. Se sorprendió de lo rápido que lo entendió, pero se recordó así mismo que él tan solo tenía ocho años cuando comenzó a leer las teorías de Einstein y a figurarse para que servían los genes. La resistencia física del niño sin embargo, era algo envidiable, siempre tenía energía para hacer algo, para coordinarse. Cuando estuvo listo, Charles comprobó que su corazón estuviese en calma colocando tres de sus dedos en el cuello del niño, y efectivamente, había retomado la normalidad.- Estamos listos.-Aseguró Charles como si aquella fuera una revelación seria, antes de ponerse en posición el mismo.
Se sentía nervioso, no podía evitarlo. Si bien ejercitaba lo necesario para poder llevar su situación con normalidad, normalmente no se exigía tanto. Había sido un golpe terrible para él, que había vivido toda su vida pensando en tantas cosas que eran posibles. Pensando a donde quería ir, a donde quería llegar, todo lo que estaba por hacer, todo parecía haberse ido en un segundo, en ese lamentable segundo en que dejó de sentir sus piernas. Pero no era lo único que había perdido aquel día. Justo acababa de perder a su mejor amigo, a la persona que amaba calladamente, había visto el alma de Erik cerrarse frente a él mientras desfallecía en el suelo cubierto de arena, aferrado a sus brazos. Había visto a Raven marcharse junto a él, dejándolo en una soledad completa donde no ya no le quedaba familia. Había perdido el control de la mitad de su cuerpo, sin ser siquiera merecedor de experimentar el dolor, con una parte muerta en su cuerpo. Había perdido tanto aquel día, que por poco había terminado cediendo a perder el único sueño que le quedaba.
Y justo ahora, podía sentir esa rabia resurgir en él, el enojo abundante en su corazón que crecía conforme recordaba lo injusta que había sido la vida, dándole aquella bofetada que le puso los pies en la tierra y lo encajonó en esa maldita silla de ruedas. Y fue el impulso necesario para que, una vez que diera la señal, sus brazos ofrecieran toda la fuerza necesaria para mover su peso sobre aquellas ruedas, mientras Evan corría a su lado a paso acelerado, tanto como le permitía su pequeño tamaño y su falta de coordinación. La silla no era precisamente aerodinámica, ni estaba hecha para llevar carreras de ese tipo, pero poco le importó una vez que se sintió superar aquella barrera, el límite que su propia mente le había puesto durante siete largos años, acercándose a lo que para él "debía ser". Nunca había considerado seriamente lo que realmente quería, poniendo a prueba todas aquellas ideas que los demás se figuraban ante su nueva circunstancia. Estaba en una maldita silla de ruedas, pero todavía podía llegar a sentir la sensación de adrenalina cuando a gran velocidad llegaba a la recta final, luchando por contener su corazón en su pecho. Evan lo alcanzó tiempo después, terminando la carrera a trote, porque era demasiado para él. Tenía limitantes, Evan las conocía, pero eso no le había impedido aceptar el reto de un adulto.
-No es justo… Usted tiene ruedas.-Acusó el niño, inocente de aquella aseveración. La acusación hizo que Charles jadeara en una risa cansada, mientras se secaba el sudor del rostro con una mano, y se recargaba en su silla.
-Te aseguro que no es por gusto.-Confirmó divertido, ahora sí tendría que recurrir al mecanismo eléctrico de la silla para desplazarse, teniendo los brazos tan cansados. Movió su silla hasta quedar al lado de Evan, quien se esforzaba por respirar como Charles le había enseñado.- ¿Estás bien?-El niño asintió afirmándole que iba mejorando, mientras volvía a erguirse y se limpiaba la frente con la manga de la chamarra.
-Usted es… groovy.-Confirmó divertido, logrando que el telepata perdiera su seriedad para sonreír con nostalgia.- Creo que soy yo el que no le sigue el paso. ¿Podemos hacer esto más seguido? Tal vez así le gane un día.
-Solo si me prometes una cosa.
-¿Qué cosa?
-Que tratarás hasta que seas mejor que yo.-Le ofreció su mano en un ademan de cerrar el trato.- Esa será tu lección de hoy.
-Hecho.-El niño estrechó la mano del mayor, apretándola fuerte. Ambas miradas azules se encontraron, pero algo había en el modo de sonreír del niño que lograba que Charles se sintiera como viendo una vieja película.
Dejó escapar el pensamiento, y soltó la mano del niño para volver al control de su silla y comenzar a moverse de vuelta a la mansión, siendo seguido por Evan como si éste fuese un polluelo, tras el rastro de lo que encontraba más parecido a un padre o tutor. Y mientras lo miraba caminar a su lado, con las manitas en la chaqueta y su expresión de estar siempre pensando en algo, Charles estaba seguro de estar mirando la versión en miniatura de un viejo amigo suyo. Y le hizo gracia, que hubiese en el mundo algún niño que imitara tan bien esos modos, como si tuviera algo que ver con él, como si… - ¿Qué va a hacer ahora Profesor?-La pregunta lo trajo de vuelta a la realidad, y Charles tuvo que reordenar sus ideas nuevamente.
-Tal vez pase el resto de la tarde leyendo algún libro.-El silencio se apoderó del momento mientras Charles tomaba la rampa al nivel superior de la escalinata, para llegar a la puerta de la mansión que Evan le abrió de inmediato.- Tengo algunos buenos libros que podrían interesarte, si ya terminaste los de la semana pasada.
-Uuuuh.-Exclamó, como si fuera un lobo pequeño aullando, llamando la atención del profesor por ese gesto.- Los terminé todos, no eran muy gordos. ¿Cuándo podré leer libros gordos?
-Cuando dejes de quejarte por tomar el baño.-Escuchó a Evan quejarse por lo bajo, pero no le objetó nada más. Simplemente sintió al niño tratar de caminar a su paso, y su manita buscando aferrarse a la manga de su camisa.
La noche que Hank confirmó la asistencia de Carnegie, Charles se adelantó un poco en el horario, mandando a la cama al niño mas temprano de lo habitual. No quería que el pequeño husmeara en una conversación que quizás él no estuviera listo para entender. Podía explicarle mas tarde el mismo Charles, con palabras mas suaves, y con su propia interpretación de los hechos. Sin embargo, el niño parecía bastante interesado en saber lo que aquel sujeto iba a explicarles. Charles sabía que Evan era capaz de leer los pensamientos de Hank, y que éste era su fuente constante de información cuando el joven genio se descuidaba. El profesor se encontraba arropando al niño en su cama, acomodando el desastre de almohada que tenía mientras Evan no dejaba de cuestionarle.
-¿Por qué ése señor puede saber algo sobre mi?
-Por que…-Comenzó Charles, haciendo como que pensaba un momento, mientras esponjaba la almohada con sus manos.- Pensamos que él puede saber algo sobre la gente que te estaba estudiando. De hecho, queremos saber porque te estaban estudiando.
-¿Cree que él sabe todo desde antes de que yo naciera?-Cuestionó, mientras Charles le acomodaba la almohada, donde él colocó pronto su cabecita para acomodarse bajo las mantas.- ¿Cree que él sabe quienes pueden ser mis papás?- Charles se recargó en los reposa brazos de su silla, cavilando esa posibilidad. Miró a Evan entonces, y asintió con una leve sonrisa que le dio confianza al niño.
-Podría saber, también podría ser que solo se diera la idea de quienes son. A menudo eso no es tan claro en estas situaciones. A muchos niños les toma años saber quienes eran sus padres, otros, podrían no saberlo jamás. Pero eso no debe detenerte, Evan.-Charles se puso un poco serio en ese punto, porque era de vital importancia que el animo del niño prevaleciera a pesar de las noticias que le tendría.- Se que parece importante saberlo, pero eso no va a marcar tu vida a menos que tu quieras que eso pase. Tienes nuevos hermanos aquí en la mansión, y yo, voy a cuidarte cada día hasta que esté seguro de que ya no me necesitas, y tal vez aun después.-Acarició los cabellos castaños del menor, y le entregó después su osito de felpa.- Puede que no sepas quienes son tus padres mañana, pero sabes quienes son Alex, Sean, Hank, y quien soy yo. Sé que no somos lo que esperas, pero hacemos el intento.-Comentó, encogiéndose de hombros con una simpatica sonrisa.
-Creo que es lo más groovy que me ha pasado.-Asintió el menor, sonriéndole a Charles, antes de rascarse la cabecita una vez más y acomodarse mejor para dormir.
-Buenas noches Evan.-Se despidió el profesor, moviendo su silla hacia la salida de ese cuarto.
-Buenas noches, profesor.
Cuando Charles salió de la habitación, y aunque tenía la agradable sensación de estar haciendo bien las cosas, la despedida del menor no hizo más que dejarle un ligero sin sabor. Cerró la puerta lentamente, y se quedó pensando, recargado en el respaldo de su silla. Cada día, podía sentirlo de una forma diferente. Cada dia le hacía preguntarse si estaba mal considerar, por primera vez, adoptar formalmente al niño mutante después de haber pasado tanto tiempo acogiendo jóvenes con afán único de ser su tutor. No dejaba de preguntarse, que lo hacía diferente…
Muchos estaban de acuerdo en que una de las fascinaciones más grandes de Charles Xavier era estudiar el ADN y la manera en la que éste se comportaba a través de la herencia. Ésta no fue una fascinación de toda la vida, la descubrió con el tiempo, después de caer en la cuenta de que había suficientes mutantes en el mundo como para asegurar que muchos existían en varias generaciones, con intervalos suficientes de años para creer que unos mutantes podían ser hijos de otros. Ésta fue una idea que tomó forma tiempo después, mucho después de perder lo que él mas apreciaba en su vida. Antes de él, ya había existido Wilson, cuyos años de experiencia sobre los escasos años de Charles en el campo de estudio experimental le habían llevado mucho antes a esa fascinación. Era una fascinación que no compartía con nadie, excepto con Hank McCoy.
El joven genio ciertamente admiraba los trabajos de Carnegie, a pesar de que él mismo podía haberlos logrado a menor edad con su extraordinario intelecto. Podía verse atrapado fácilmente por las teorías del profesor, envuelto en una vorágine de ideas sobre la expresión de ciertos genes que predisponían a enfermedades, malformaciones, y mutaciones. Carnegie encontró que Hank era un mutante, por meras suposiciones. Su comportamiento en general al hablar sobre las mutaciones y los genes involucrados en ellas, atraían tanto a Hank que Wilson no podía sino suponer que el interés estaba arraigado muy personalmente y que tenía relevancia plena sobre su estilo de vida. Entre todas las cosas que Wilson lograba suponer, convencía al joven mutante y genio de que algunos genes mutantes eran mucho mas fuertes que otros y pesaban bastante sobre la herencia, y que como todo en el organismo, los cambios fisiológicos y anatómicos podían responder a proteínas codificadas a partir del ADN. De modo que, según Cargenie, había posibilidad de revertir ciertas enfermedades, fallos fisiológicos y características con solo alterar las células del cuerpo para evitar la acción de esas proteínas específicas.
Hank ya había razonado la misma conclusión mucho tiempo atrás, pero a menudo, como ocurre con aquellos que dudan de sus propias capacidades, necesitaba escuchar que alguien más hablara las mismas incoherencias que él había estado cavilando, terminando por hacerse a la búsqueda de aquella pieza faltante en su fórmula, única solución al enorme problema que significaba su "deformidad".
Carnegie había llegado como Hank a las instalaciones de la CIA por contacto con el hombre gordo de traje, quien creía plenamente que ambos tenían mucho que ofrecer con sus teorías. El trabajo de éste profesor estaba en una división poco conocida, apostando por la teoría genética como origen de habilidades especiales. Y se consideraba un lunático, como todos los demás, como si estuviese investigando el origen filogénico de los unicornios. Y todo comenzó, examinando muestras normales y "anormales" de diversos tejidos. Y una de las primeras muestras mutantes a las que Wilson tuvo acceso, fue la de Hank, bajo el pretexto de analizar si su genialidad podía considerarse bajo patrones distintos a los normales. Lo que hacía de Wilson un hombre temible en éste campo de las muestras, es que no tenía reparo en obtener TODO lo que él necesitara: sangre, cabello, piel, fracciones de tejidos, fluido nasal, orina, y células sexuales. Para los hombres, era especialmente incomodo otorgar ésta última. Solo entonces, Wilson ponía en duda la entrega de sus colegas a la experimentación y acusaba de cobardes a aquellos que no se atrevieran a otorgarle material de estudio. Por supuesto, y bajo la presión del único colega con el que Hank se entendía, fue que éste cedió a donar cada pieza de material genético.
La razón por la que Charles encontraba especialmente molesto tener que tratar con él, era porque había sido objeto de su estudio. Carnegie le había convencido, como a muchos otros, de proveer las muestras que necesitaba, bajo la condición de que todos sus descubrimientos serían usados a favor de la la salud y bienestar de los mutantes. Charles había revisado esa loca cabeza del científico, encontrando que las intenciones que clamaba Wilson eran exactamente las que prometía. Solo por ello y con la pena del mundo, tuvo que pedir a cada uno de sus nuevos mutantes aliados que asistieran a Wilson en el estudio, solo para garantizar que estaban en perfecta salud para trabajar en la CIA. Durante aquellos penosos días que habían pasado en las oficinas, Charles se había dado cuenta de que aunque Wilson no era precisamente normal ni agradable, estaba completamente dedicado a su proyecto y al mejor uso del mismo. Justo ahora en los días actuales, cuando Charles citó a Wilson a su mansión para ofrecer explicaciones, éste tardó más de lo esperado en atender. Hank explicaba que ya que Wilson trabajaba en un nivel tan importante de la investigación de mutantes, era crucial para él encontrar el momento preciso para desaparecer de sus labores y encontrarse con el objetivo a erradicar. No fue extraño encontrarlo durante la noche del sábado en la mansión Xavier, vestido como si fuera un turista cualquiera visitando las tierras aledañas al famoso condado de Salem.
-Señor Xavier, no esperaba encontrarlo en estas condiciones.-Comentó cuando entró al vestíbulo de la mansión, recibido por el propio Hank y el dueño de la casa. Para Charles no fue el comentaio mas oportuno, pero supuso que era una forma de aquel hombre de saludar. Wilson se quitó la gorra y la chaqueta y al colgó en el soporte disponible, antes de fijarse en el personaje de llamativo pelaje Azul.- Hank McCoy.-Lo nombró, para sorpresa del propio Hank.- Misma mirada, anteojos, postura y estatura. Cambia todo lo que quieras y siempre sabré que eres tu.-Alegó en el mismo tono monótono y tranquilo que utilizaba con todo el mundo, aunque sus expresiones demostraban que al menos, tenía gusto de ver al buen Hank.- ¿Cómo está él?
-¿Quién?-Cuestionó Hank, desubicado.
-El niño.-Aclaró pronto, mirando alternadamente a Charles y a Hank.- ¿Cómo está el niño?
-Él está bien, está en su habitación, durmiendo.-Respondió a su invitado con educación y mucha calma, obviando el hecho de que Carnegie nunca saludaba. Sin embargo, le sorprendió que preguntara por el asunto tan pronto, mientras Hank cerraba la puerta.
-Deberiamos hablar de esto en otro lugar. Y, por su bien, le aconsejo prepararse un té de algo que le calme, porque es posible que no le guste lo que voy a contarle.
Hank y Charles se miraron un momento, antes de que el genio azul decidiera acudir a la cocina por algo para beber, mientras Charles guiaba a su invitado hacia su estudio, lugar donde el Profesor pasaba gran parte de su tiempo, ya fuera impartiendo alguna lección particular, leyendo o dejando pasar el tiempo aislado del mundo exterior. El viejo tablero de ajedrez estaba olvidado en un rincón de aquel espacio, sobre una mesita perfectamente tallada en madera muy fina, algunos libros se apilaban en el escritorio del centro de la habitación, la chimenea crepitaba con los restos de un fuego que había existido momentos antes y el ambiente en general, era callado y tranquilo. Los estantes de libros maravillaron ciertamente a Carnegie, y Charles pudo notarlo tan solo por la fuerza con que el joven investigador pensaba en las posibilidades de cada número enciclopédico que poseía el señor Xavier. Charles acomodó su silla ante la mesita donde alguna vez había escogido jugar ajedrez con su viejo amigo, y ofreció el asiento a Wilson frente a él. Después de un momento, y después de ponerse al tanto de temas triviales como la salud y el trabajo de cada uno, Hank regresó con una bandeja que dejo sobre la mesa entre ambos, antes de sentarse y permitir que fuese Wilson y su buena voluntad del momento quien sirviera el té para él y para Charles. Después de un momento, cuando el excéntrico invitado probó su primer sorbo de té, pareció decidido a dirigir el curso de la conversación y causarla hacia el punto de aquella visita.
-Si mal no estoy, me han mandado llamar para resolver sus dudas acerca de… -Dejó de hablar un momento, dejando su taza de té en la mesa y mirando a Hank con expresión confundida.- ¿Qué era lo que querías saber?.-Hank suspiró, y sacó del bolsillo de su camisa la pequeña placa de metal que había sido de Evan. Wilson la tomó y la examinó por algunos segundos en completo silencio, antes de dejarla también sobre la mesa.- Si, recuerdo cuando grabaron esta cosa. ¿Qué con eso?
-Tardaremos mucho menos en esta conversación si usted se evita hacerse el difícil.-Atajó Charles aunque con propiedad, saboreando su taza de té mientras tanto con pequeños sorbos, probando la temperatura del mismo. Estaba perfecto para beberse en ese momento en que la actitud de Wilson le sacaba de quicio. El mencionado levantó una ceja y se recargó en su asiento, dejando que sus dos manos descansaran unidas al nivel de su abdomen.
-¿Y por que no simplemente explora en mi mente y averigua todo lo que quiere saber?
-Por principios. Siempre he preferido escuchar lo que las personas tienen que decir por si mismas. Entrar en su mente para robarle información no entra en mis estándares morales mientras usted no sea un objeto de riesgo.-Recargó la tacita en su plato de porcelana y entonces sus ojos azules enfocaron a Carnegie con mayor familiaridad.- Espero que usted tenga la amabilidad de explicarnos esta situación. Todos los días puede perderse un niño en esta extensa nación, pero no todo el tiempo se avisa en los medios de comunicación como una alarma nacional. Debe estar al tanto de que, siendo ambos hombres de ciencia, cabe resaltar la irregularidad estadística en que el mismo niño esté etiquetado con placas del ejercito y sea además, un mutante.
-Yo se, Xavier, yo se.-Aceptó, encogiéndose de hombros con una expresión sincera de resignación.- Sin embargo, quería comprobar el rumor de tu condescendencia. Si alguna vez existió un mutante que debiera respetarse por su humildad y calidad moral, ese sería usted de regla. Lo mismo sucede con su amigo, Erik.-La sola mención de su nombre creaba en el ambiente ese cambio repentino hacia la tensión. Hank apretaba los puños en sus rodillas, pero Charles simplemente mantenía una mirada inusualmente fija en su interlocutor.- Si existe en el mundo un mutante capaz de crear revolución a base de la fuerza, ese sería él. Y se respetaría de igual modo. Fuerza e inteligencia, son dos cualidades que siempre logran entrar en conflicto y que sin embargo, eran bien representadas por ustedes dos aun en una perfecta amistad. No sabe usted lo que tuve que hacer una vez que me enteré de que McTagget había sufrido de un lavado de su memoria y no sabía cómo contactarle a usted o a él.
-¿para que querría usted contactar al Profesor? Ya no trabajábamos con la CIA después del incidente.-Recordó Hank, suspicaz.
-Para que si no era para darle la mejor noticia sobre mi experimento mas notable.-Confirmó con una gran sonrisa, irguiéndose de nuevo para tomar su taza de té.- Cuénteme un poco sobre este niño, Evan. ¿Qué tiene de notable?
El cambio en la conversación sin duda tuvo a Charles en sobre alerta, aunque estaba seguro de que para poder conseguir mas información de Wilson, él tenia que ceder poco a poco en el mas equivalente intercambio de datos. Entonces, comenzó a relatarle sin mucho detalle como habían encontrado al niño en un paquete del correo, narrando las vivencias que el menor había compartido con él y su inquietud a la razón de escapar de su casa. Le habló de cuanto había avanzado en sus clases de los últimos días, que sabia leer y escribir, que devoraba sus libros con la misma avidez de conocimiento que el propio Charles, y que disfrutaba especialmente el percibir el desarrollo y habilidad de otros mutantes. Entonces Hank comentó además, que Evan tenía la costumbre de buscar a Charles antes que a cualquier otra persona. La expresión de Wilson parecia divertida mientras le comentaban todo lo anterior, dándoles a los anfitriones la sensación de estar hablando de algo que sonaba tonto o insulso. Fue entonces que Wilson cedió una vez mas, a hablar de lo que realmente les interesaba.
-No les mentiré. El gobierno los detesta y les tiene en consideración como peligros para la sociedad. Si buscaban a Evan, era por que tenía la certeza de que era uno de ustedes.-Confirmó Wilson, probando uno de los pastelillos ofrecidos por Hank.
-¿Cómo lo sabrían si no tenían pruebas de ello? Hasta donde Evan ha podido explicar, desapareció antes de volver a sufrir por la experimentación.-Recordó Charles con paciencia, poniendo especial atención a los nuevos hechos, y a su mayor temor confirmado de la boca de ese hombre.
-Tenían la certeza de que sus padres lo eran. Personalmente estaba seguro de que el niño seria un mutante muy hábil, aunque esperaba verlo crecer para poder observar los resultados.-Afirmó, ganadose aun mas atención de parte de sus interrogadores.- Evan , debo decirles, es el resultado de uno de mis experimentos. No por ello admito que fui yo quien realizo en él semejantes estudios. Eso es cortesía de William Stryker, algo así como mi jefe. Yo no tenia autorización de hacer uso de las instalaciones del laboratorio sino era para el exclusivo desarrollo de tecnología anti mutante o, para uso de mutantes. Evan no es mas que el resultado de la combinación genética de dos de los mutantes mas poderosos que conoci años atrás, siete años para ser exactos.-Pudo ver que Charles fruncía el seño, mirándole con desconfianza a medida que se explicaba.- La idea original para Evan, era crear un mutante que fuese mejor que sus progenitores. Heterogénico, en otras palabras. Si podía conseguirse y criarse o manipularse desde una edad temprana, podría convertirse en un arma muy útil. Esa es la justificación que Stryker le daba a mi investigación. Yo simplemente me convencí de crear a ese mutante con objeto de comprobar mi teoría sobre la compatibilidad genética de mutantes y su predisposición a engendrar mejores individuos a partir de esa compatibilidad. Hice muchos modelos experimentales, pero finalmente, tuve que convencerme del curso natural rigiendo mi proyecto. Pero, mi intención no fue jamás que Stryker se quedara con el proyecto.
-No era correcto en primer lugar, darle las posibilidades a una persona tan desalmada de criar mutantes como armas.-Interrumpió Hank bastante molesto, desilucionado sin duda de que aquel que era su colega participara de un acto tan bajo de la humanidad en contra de ellos.
-Él no tiene las posibilidades de recrear el suceso que yo logré. ¿Sabes lo difícil que es reemplazar el nucleo de los óvulos maduros? Necesité de la ayuda de otro mutante para mediar las interacciones microscópicas de las células, con afán de lograr el mismo resultado. Cuarenta y siete óvulos fueron sustituidos por cuarenta y siete nucleos provenientes de espermas maduros y saludables. Digame usted si Stryker tiene la capacidad y la paciencia de hacer lo que hice yo en unas semanas. Y de cualquier manera, Shaw destruyó las bases de mi investigación cuando redujo las oficinas de la CIA a meras cenizas y escombro. Fue una suerte que yo guardara las mejores muestras en mi laboratorio en casa.-A ése punto, tanto Charles como Hank estaban atonitos de lo que estaban escuchando. Fue Charles quien se atrevió a hacer la siguiente pregunta.
-¿Cómo fertilizó todos esos ovulos entonces?
-Con más espermas, obviamente. No iba a hacer esos pases dos veces, y la muestra seminal que consegui era lo suficientemente saludable como para utilizarse. Tenía que cuidar mucho esos recursos.-Respondió, como si fuera lo más obvio del mundo. Ambos mutantes temieron entonces preguntar de quienes eran las muestras en concreto, en sus cabezas ya se hacia la idea de todo lo que implicaba conocer esa verdad. Hank miró tímidamente a Charles, quien se mantenía rigido y apoyando los brazos en la silla, cubriendo su boca con el puño. Charles le devolvió la mirada, estaba seguro de que ambos estaban sudando frio. Ambos recordaron que habían concedido a Wilson todas las muestras que había solicitado, incluyendo una muestra seminal.- Usted ya se figura las células de quien estuve usando.-Afirmó Wilson divertido al ver la cara de Charles y Hank en ese momento.
-Ciertamente. Pero, conociendo cuan caprichoso puede ser el comportamiento de los genes y la variabilidad del gen X en diversos individuos, me reservo el derecho a juzgar precipitadamente.-Confirmó con mucha seriedad, sin abandonar su postura mientras cavilaba profundamente en las implicaciones. Respiró muy hondo, antes de cuestionar.- ¿De quien provienen los nucleos que usted uso para los… óvulos?.-La sola pregunta fue difícil, y que Wilson se tomara su tiempo en responderle mientras terminaba su pastelillo realmente lo exasperó.
-De usted, por supuesto.-Notó como Charles se erguía, aparentemente sorprendido, aunque era la mera impresión de haberlo escuchado de su boca en palabras tan claras. Wilson procedió a explicarse.- Por favor no se sienta ofendido por esa decisión. De los dos candidatos, prefería que se preservara su buen juicio y su mente brillante. El mundo necesita más cabezas pensantes como la suya. Eso solo se consigue mediante la herencia femenina, prefería mil veces sus cromosomas X.
El chiste ciertamente hizo reir a Charles, pero solo por que el pobre hombre no sabia que mas hacer en esa situación mientras desviaba la mirada hacia otro lado, pensando lo que estaba pasándole en ese momento. La verdad le había golpeado como un tornado que destruyera la sana y perdurable tranquilidad de su mente. Evan era su hijo. De forma legítima y a través de la sangre misma, vinculados como familia por la extraordinaria naturaleza del nacimiento, a partir de lo que microscópicamente lo constituía a él mismo. Evan, con sus grandes y estudiosos ojos azules, con su fascinación por reconocer a otros que fuesen como él, su ávida necesidad de lectura, su constante aprendizaje con las cosas mas simples, el mismo niño que había contactado con increíble facilidad meses atrás, el mismo niño que lograba conectar con su mente con tal familiaridad como si lo hubiese hecho desde siempre, el mismo niño que había viajado desde su ciudad natal solo para encontrarlo a él. Evan, el niño que lo buscaba cada día y cada noche solo para hacerse presente para Charles, el pequeño que él había dejado encargado a otros sin darse tiempo de entenderlo, el mismo niño al que había recibido con notable aprecio y que ahora alejaba de él, preservando siempre esa distancia cobarde de todo aquello que pudiera lastimarlo nuevamente. Pero no era todo lo que realmente lo molestaba. En el fondo, comenzaba a sentirse traicionado por el hecho de que alguien tuviera semejante falta de moral como para jugar con la vida de un inocente, traer al mundo a un niño mutante como experiemento a partir de algo que era plenamente suyo. Wilson había utilizado parte de él para crear a Evan, y el menor había pasado largos años de su vida viviendo con miedo en la boca del lobo, esperando ser tratado como objeto. Y no conforme con dejarle torturarse en aquel silencio que había tomado poder entre los tres, Wilson añadió mas explicaciones al asunto, como si no hubiera hecho el daño suficiente.
-No fue un proceso sencillo. Todos mis intentos fallaron al inicio. Deben saber lo complicado y delicado del proceso de replicación celular y la complejidad del apareamiento de cada gen. Irónicamente, cada vez que tratamos de lograr una fecundación exitosa y ciertamente forzada, los resultados eran incompatibles con la vida y degeneraban pocos días después de la fecundación. –Wilson se talló el puente de la nariz con cierto fastidio, solo de recordar todo lo que había tenido que pasar.- El único que funcionó, sucedió cuando, literalmente, vacié una dosis espermática mínima en la caja del óvulo número cuarenta y siete. No tenía mas intentos, y estaba desesperado. Pero, solo de ese modo y por casualidad, fue el único que siguió una replicación normal que permitiera después ser implantado. Y contra todo pronóstico de viabilidad, el bebé resultó ser todo un luchador. Me permití pensar de forma ridícula y le atribuí sus propiedades al hecho de que provenía de nada más y nada menos que de sus progenitores.
-No puedo creer que estés hablando de todo esto como si fuera cualquier cosa, Carnegie.-Atajó Charles entonces, tratando de controlar su respiración, sus impulsos, agradeciendo por una vez en su vida que no tuviera la voluntad de levantarse y tomar a ese sujeto por el cuello.- Estas hablándome de un ser humano, estás hablándome de un niño que pasó seis años de su vida escondido, esperando que Stryker llegara por él para usarlo en nuestra contra. ¿Tienes idea del daño que pudo haber causado si hubieran sabido usar su telepatía para encontrarnos? ¿Tienes idea del riesgo en que nos has puesto a todos con tus insensatas investigaciones tus, despreciables experimentos?-Hizo un ademan de desprecio con la mano, antes de llevársela a los ojos y tallárselos con cierta fuerza, cesando un momento de hablar para ordenar sus ideas.- Nos usaste para concluir una de tus teorías. Te adverti que solo te estaba ayudando en tus estudios para buscar el bien de los nuestros, no para apoyar otro intento de las personas para aniquilarnos. ¿Es que no vale nada tu palabra? ¿Es que te parece que somos todos ratas de laboratorio que puedas explotar?
-Yo te dije la verdad, Xavier. Nunca he hecho nada que no sea por el bien de ustedes. Tienes la prueba justo aquí.-Se señaló asi mismo, adelantándose en el asiento para estar mas cerca de Charles.- Estoy aquí, contándote todo lo que esos bastardos planean hacerle a los tuyos. Estoy aquí, diciéndote la verdad sobre el niño que encontraste y sobre lo que pudieron hacerle. ¿Quién crees que le hizo llegar la dirección de tu mansión? ¿Quién crees anuló los estudios prematuros que planeaban hacerle a ese niño?-Bufó exasperado, respirando hondo para poder guardar calma, y añadir prontamente.- El plan… El plan original era llevarlo a usted tan pronto naciera. Grande fue mi sorpresa cuando descubrí que tanto usted como Lenhsherr estaban desaparecidos del mapa. McTagget tampoco recordaba donde encontrarte, y solo Dios sabe cuanto tiempo me llevó localizarlo a usted, cuando menos. Y en todo ese tiempo estuve encargándome de garantizar que el niño estuviese a salvo. ¿No crees que pudieron haberle tenido en una jaula en esos seis años? Algo que le sienta mas a Stryker que dejarlos vivir entre las personas comunes y corrientes.-Charles calló entonces, porque eso tenía cierto sentido.-
-¿Por qué entregarlo al Profesor?.-Cuestionó Hank. Si lo único que quería Wilson era ver al niño crecer y tener nota de ello, podía habérselo quedado él mismo y cuidarlo. Wilson negó con la cabeza rotundamente y señaló a Charles.
-Porque lo hice por él, por él y por Lenhsherr.
Fin del capitulo, para no hartarlos mucho. Ya tengo lista gran parte del siguiente capitulo ocupo paciencia por que ahora tengo dos trabajos (se me acaba la vida para mi 9_9)
Me ha dado mucho gusto encontrarme con sus reviews, sobretodo de las chicas que siguen el fanfic. No crean, me entró culpa de no poder terminar éste, creo haberlo escribo, reescrito y corregido unas dos veces de cada caso. Ojala valga la pena, prometo que lo siguiente que escriba, será sobre otro fragmento de la tragica vida de Charles y Erik en su momento mas dulce, antes de romper el corazon de todos los que vivimos por ese fandom.
A Charissnape: Gracias por animarte a dejar el primer review (le dió impulso a escribir las travesuras de Evan, haha), te prometo poner mas cherik para alimentar tu honrada debilidad xD
Izzy Valentino: Me asusta un poco la amenaza pero debo admitir que le dió empuje final a terminar el capitulo. Gracias por darte tiempo de asomarte a ver que inventaba :) Espero la critica con ganas, aunque sean fuertes y despiadadas. ¿Como me quedó el ojo? cuadrado despues de estar publicando esto, espero que valga la pena
Hasta pronto señoritos :v
