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"Discúlpate con tu hermano," B'alam Agab le dijo, sin mirarle. Pero Qoacutec no lo hizo. Sólo siguió allí llorando así como estuviera. Y Qoacul, sentado a su lado, se movió muy nervioso en su asiento. Quiso mucho salvarle a su hermanito de este nuevo lío en que se encontró metido, pero su pinche hermanito no estaba ayudando nada las cosas, siguiendo allí en su terca desobediencia, incluso bajo amenaza de recibir unas buenas nalgadas de Tat, como si decir 'perdon' no era poca cosa, y ahora su padre sí le estaba mirando a su hermanito, y con cara de pocos amigos que lo dejó bien claro que estaba a punto de agarrarle a puras nalgadas como sólo acabó de prometerle. Pero, ¿Qué hago? ¿Qué hago?, pensó. ¡Ah! ¡Ya lo sé!, se dijo a sí mismo al fin, pensando rápido, tal vez, si yo me disculpo con él primero...
"Itz'in," le dijo. "Yo de veras lo siento mucho con todo mi corazón. Quiero que sepas que nunca fue mi intención, herrirte o hacerte enojar. Sinceramente te lo digo. Es que estaba muy emocionado y hablé demasiado cuando debería haber guardado silencio. Entonces te pido que me perdones, por favor, si puedes. Hasta de rodillas te lo pido." Pero de Qoacutec no vino nada. "Y yo ya sé bien que tú tambien lo sientes aunque sea solo un poquito, ¿verdad? Aunque la culpa es toda mia, claro, por ofenderte con mis palabras y hacerte enojar." Qoacutec siguió en silencio. "Andale, Itz'in, sólo di que sí y seamos amigos otra vez para que ya no se enoja Tat," Qoacul intentó de nuevo, ofreciendole la mano a su hermanito.
Qoacutec sabía que debía disculparse, pero su ira y su orgullo no lo dejaban. ¡Estúpido Qoacul! ¡Todo esto fue por su culpa! Tropezó con esa piedra a propósito, para que perdiera la carrera y pudiera ir a cazar con Tat. No era justo. Y ahora Tat ni siquiera le dejaría ir al lago, o jugar con sus amigos, o sacar la lancha, ni nada. Se estaba volviendo cada vez más enojado pensando en todas estas cosas, olvidando completamente todas las amenazas de su padre, hasta que por fin su ira estaba fuera de control y no podía soportarlo más.
"¡No! Déjame!" le gritó, todavía ocultando el rostro en los brazos. Le dió una patada bien fuerte en la espinilla por debajo de la mesa.
"¡Ay!" Qoacul dijo bajito, tocando la espinilla donde habia recibido la patada. Después miró cómo su padre se levantó de su asiento.
"Itz'in, por favor," le suplicó otra vez en un último intento desesperado a salvarle a su hermanito. Pero Qoacutec no quiso escucharlo y arremetió contra su hermano.
"¡No! ¡Te dije que me dejes!" Y esta vez a Qoacul le dio un puñetazo en el brazo.
"¡Ay!" Qoacul dijo, agarrandose el brazo. "¿Y eso por qué, Itz'in?"
"¡Todo esto es por tu culpa!" Qoacutec le dijo, sus ojos llenos de lágrimas. Y esto sí era el colmo. Sin una palabra, B'alam Agab se le acercó a su hijo y le tomó del brazo.
"¡Ay, no, Tat! ¡No le pegues, por favor! Él no quiso hacerlo. Ni siquiera me dolió, de veras," Qoacul le dijo a su padre, todavía intentando de defenderle a su hermanito. Pero B'alam Agab le ignoró.
"Párate," le dijo a Qoacutec. Le tomó del brazo y le hizo pararse de fuerzas. Le dió una nalgadita bien flojita como advertencia y una llamada de atención.
"¡Eso no se hace!" le dijo, amenzandole con el dedo, y iba a dejar las cosas así, porque a pesar de sus amenazas anteriores de un castigo severo, él de veras no quiso pegar a su hijo. Qoacutec lloró de puro coraje y se cubrió las nalgas con la mano.
"¡No me dolió!" le gritó a su padre, llorando.
"¿Ah no?" B'alam Agab le preguntó.
"¡No!" Qoacutec volvió a gritarle a su padre, desafiante.
"A ver." B'alam Agab volvió a tomarle por el brazo y le dio otras dos nalgadas, esta vez bien dadas y tan sonorosas y fuertes que hasta Qoaul le hicieron encogerse.
"¿Y aquellos?" B'alam Agab le preguntó. Qoacutec lloró, pero esta vez con ganas, y volvió a cubrirse las nalgas con la mano. "Te disculpas de inmediato, Qoacutec. De inmediato," B'alam Agab le dijo.
"Discúlpeee," Qoacutec lloró, mirando a su padre.
"Pues así también lo dices a tu hermano," B'alam Agab le dijo. "Vete. Dale un abrazo y pidele su perdón." Qoacutec fue y se abrazó a su hermano.
"Perdóname," Qoacute le dijo llorando, sus palabras ahogados contra el pecho de su hermano. Qoacul regresó el abrazo de su hermano y le frotó la espalda.
"Está bien, Itz'in. Sólo no lo vuelvas a hacer, eh." Y le dio un beso en la cabeza.
"Escúchenme, hijos," B'alam Agab les dijo. "Los hermanos no se discuten ni se pelean, y mucho menos se agarran a golpes así, eh. El hermano es un amigo y un ayudante. ¿Me entienden?"
"Sí, Tat," ambos le contestaron tristemente.
"Está bien." B'alam Agab volvió a tomar a su hijo menor del brazo.
"Ahora siéntate y come. Y ya cuando termines te voy a dar tus nalgadas," le dijo, amenazándole con el dedo.
"¡Ay, no, Tat, no! ¡No! ¡No! ¡No!" Qoacutec lloró al escuchar que su padre pensaba darle aun más nalgadas, y trató de zafarse del agarro firme de su padre.
"¿Todavía atrevas a decirme que no?" B'alam Agab volvió a pegarle tres nalgadas más y bien duras.
"¡Ay, no, Tat! Ya no me atrevo a decir usted que no, Tat! Ya sólo me atrevo a decir usted que sí, Tat!" Qoacutec gritó llorando.
"Siéntate y come." B'alam Agab le hizo sentar en el banco y después regresó a su lugar, dejando su hijo llorando, escondiendo la cara contra los brazos en la mesa.
"Siéntate derecha en ese banco y come." Esta vez Qoacutec le obedeció al instante.
"Tat, por favor, ya no me pegue," Qoacutec suplicó con su padre.
"Yo sí te voy a dar tus nalgadas, hijo. Ya te dije. No hay nada por ello."
"Pero yo no quiero más nalgadas," Qoacutec lloró, frotandose los ojos con el puño.
"Y yo no quiero que te portas mal y me desobedezcas así, pero de todos modos aquí estamos. Eso lo debiste de pensar antes, ¿no? Estabas más que advertido, hijo. Ahora ponte callado y come," B'alam Agab le dijo.
"Pero es que no quiero comer, Tat. No tengo hambre. Me duele mucho la panza," Qoacutec le dijo, agarrando el estomago.
"De eso no te pregunté. Que comes te he dicho. Y ándale, que no tenemos todo el día para estar esperandote," B'alam Agab le contestó, sin alzar la vista. Entonces resignado, Qoacutec comió entre lágrimas silenciosas. Apretó los ojos cerrados, y dos lágrimas corrieron por su cara.
"Deja de llorar," B'alam Agab le dijo severamente, mirandole fijo. Dejó caer su mano pesadamente sobre la mesa. Pero, Qoacutec no pudo lograrlo. Siguió llorando bajito. Entonces, B'alam Agab vinó y sacó su hijo del banco por segunda vez.
"¿Quieres llorar?" B'alam Agab le pegó otras tres nalgadas.
"Ahora sí vas a llorar. ¡Que dejes de llorar te he dicho! Deja de llorar de inmediato, Qoacutec."
"No puedo," Qoacutec lloró, haciendo tos.
"Mirame, Qoacutec. A mi no me importa. No quiero ver ni una lágrima más. ¿Me oistes? Ya siéntate." Con el dorso de la mano Qoacutec limpió los ojos y la nariz, mientras que su padre todavía agarrandole por el brazo le hizo sentar en el banco.
"Come," B'alam Agab le dijo, regresando a sentarse.
Entonces con eso, las lagrimas también se desaparecieron y sólo se quedó sorbiéndose la nariz. Empezó a comer su tortilla pero lo más despacito posible, tomando mordiscos chiquitos. Pero por fin se acabó la tortilla. Entonces, Qoacutec se sentó lo mas quietecito posible para que su padre no iba a darse cuenta de que ya había terminado de comer. Pero empezó a hacerse bastante calor y estar sofocante en el jacal y Qoacutec empezó a sentirse encerrado. Se sentió muy pequeñito y ya no tan valiente como antes. Tenía un dolor terrible en el estómago y se agarró la panza y sus manos empezaron a sudar. Todo en lo que su ojo se enfocaba cambiaba de aspecto y un tambor lejano le seguía repicando en los oídos, diciendole: "¡NALGADAS! ¡NALGADAS! ¡NALGADAS! ¡NALGADAS!" Y después el viento dio voz a las ramas y hojas de los árboles allí afuera y ellos también se unieron. "¡NALGADAS! ¡NALGADAS! ¡NALGADAS! ¡NALGADAS!" sisearon, riéndose y burlándose de él. Qoacutec ya no sabía qué hacer consigo mismo y de repente las lágrimas vinieron a los ojos y sus rodillas y piernas temblaban debajo de él, entonces empezó a cantarse una canción a sí mismo en su mente para distraerse: "Vamos, vamos muchachos, que ya el sol se está poniendo, Vamos, vamos muchachos, que ya el sol se está poniendo, Xala mayola xala mayol ea, ea, ea, óh. Vamos, vamos muchachos, que ya el sol se está poniendo." Pero esta distracción no duró mucho tiempo y al pesar de todo, empezó a llorar otra vez pensando en las nalgadas que su padre le iba a dar. Esta vez su padre sí se dió cuenta y le dió una fija mirada.
"¿Estás llorando otra vez?" le preguntó en un toño muy severo.
"No," Qoacutec le contestó con lágrimas de cocodrilo derramando.
"¿Ya terminaste? Recoge tu plato y ven pa'ca," B'alam Agab le dijo. Entonces, Qoacutec obedeció y se acercó a su padre. "Mírame." B'alam Agab le quitó los rastros de las lágrimas con el pulgar. Después tomó un panuelo y lo puso en la nariz. "Suénate." Qoacutec lo hizo. "Ahí stá." B'alam Agab le sentó a su hijo en su rodilla izquierda y empezó a sobarse el estomago.
"Por favor, Tat. Usted ya me pegó," Qoacutec lloraba desconsoladamente, abrazado al cuello de su padre.
"Yo te advertí, hijo," B'alam Agab le dijo. "Vamos." Se llevó a su hijo en silencio por la mano. Fue y bajó la correa hecho con cuero de piel de venado de su lugar en la pared. Y con eso todos los ilusiones de Qoacutec de que su padre sólo le iba a dar un fuerte regaño después de todo, se desaparecieron. Después B'alam Agab llevó a su hijo afuera.
Cuando llegaron afuera, Qoacutec se separó de su padre y se quedó a una distancia llorando. B'alam Agab se sentó en un taburete que estaba allí afuera y con la correa en la mano.
"Ven pa'ca," le dijo a Qoacutec en una voz que sí daba miedo. Qoacutec se cayó de rodillas y empezó a suplicar a su padre como un hombre condenado a la muerte.
"¡Ay, Tat, por favorcito, ya no me pegue! De rodillas se lo suplico."
"Que sigues desobedeciéndome, ahora serán diez las nalgadas que te voy a dar, en vez de solo nueve como lo había pensando. Y si sigues así, serán once," B'alam Agab le dijo. "Y si yo tengo que venir a buscarte, te voy a dar doble. Ahora, levántate y ven pa'ca."
"Yo en verdad lo siento muchísimo con todito mi corazón y ya nunca jamas en la vida lo vuelvo a hacer. Ni loco."
"¡Que vengas aca te he dicho!"
"Ya voy a portarme bien y hacer todo lo que usted me dice. Se lo juro, Tat, se lo juro."
"Ya son once, eh."
"Ya no necesito más nalgadas para entender. Las nalgadas que usted ya me dio ya fueron bastantes."
"Voy a contar hasta tres, hijo."
"Ya entendí. Ya aprendí mi leccion. Solo dame otro oportunidad. Te lo ruego."
"Hun (Uno)..."
"Perdoname, por favor, te lo pido."
"Ka' (Dos)..." Entonces Qoacutec se le acercó a su padre llorando.
"Ahora sí ya te voy a dar tus nalgadas, hijo, como ya te he dicho, pero-"
"¡Por favor, Tat, por favor!" Qoacutec lloró agarrando las manos de su padre.
"¡Ah! ¡No!" B'alam Agab le dijo y Qoacutec quitó las manos.
"-pero primero tú y yo vamos a hablar, ¿eh?" B'alam Agab siguió. Después le dio a su hijo una mirada triste.
"Ay, hijo, ¿qué voy a hacer contigo, eh? Estoy muy decepcionado contigo. ¿Como te atreves a pegarle así a tu hermano?"
"No sé," Qoacutec sollozó y se quedó con la cabeza agachada.
"¿No sabes? Pues yo sí sé. Te enojaste mucho, ¿verdad? Pero estas enojado con la persona equivocada. Fui yo quien te dije que no puedes ir a cazar. Entonces si vas a estar enojado con alguien, debe ser yo. Y eso está bien, hijo. Tú puedes estar enojado conmigo si quieres. A tu gusto. Al fin de que todos nos enojamos el uno con el otro de vez en cuando, así es la vida aveces. Pero lo que no te voy a permetir es que pegues a tu hermano, me faltas el respeto, y me desobedezcas. Eso sí que no."
"Pero Qoacul-"
"Mm-mm. No hay peros," B'alam Agab le dijo, negando con la cabeza. "No hace ninguna diferencia lo que Qoacul hizo o dijo. Es lo que yo te digo a lo que tienes que hacer caso. Recuerdas, yo dije a ustedes que nunca deben pegarles el uno al otro. Tienes que aprender a controlarte, hijo. ¿Pues, qué pasaría si fueras un hombre grande ya y te enojaste y te peleaste y pegaste a alguien, eh? ¿Qué pasaría?"
"Me metería en problemas con el tupile."
"Así es. Estarías en muchas problemas muy, pero muy graves con el tupile, hijo. El tupile vendría por ti y te agarría y te tomaría preso y te arrojaría a una chiquitita jaula de madera. Y después, ¿qué harías, eh? ¿Quieres que eso te pasa, hijo?"
"No."
"Pues, yo tampoco, hijo. No quiero que nada malo te pasa. Por eso cuando te digo algo me necesitas hacer caso y obedecerme. A la primera y con todo gusto, sin quejas o preguntas. Quieres ir a cazar conmigo, ¿verdad? ¿Pues, qué pasaría si estuviéramos cazando y te dijera, 'Hijo, no te muevas!' pero no me hiciste caso y me dijiste '¿Por qué?' y tomaste otro paso, eh? ¡Zas! Un serpiente te mordió. ¿O qué pasaría si te dijera '¡Corre, hijo!', pero no me hiciste caso y me dijiste: '¿Por qué?' y no corriste come te dije, eh. ¡Zas! Un jaguar te atacó. Podría pasar," B'alam Agab le dijo, inclinándose hacia atrás. "Y podrías estar muy mal herido, hijo. ¿Eso quieres?"
"No."
"No puedo llevarte a cazar conmigo si no puedo confiar en que me obedezcas, hijo."
"Pero yo si voy a obedecer a usted, pues."
"Bueno, pues eso espero, hijo. Necesitas comprender que si te digo una cosa es por algo y tengo mis razones, aunque a veces no lo parezca. Y no es para ser malo contigo o evitar que te diviertas; es para mantenerte sano y a salvo. ¿Entiendes?"
"Sí."
"Porque si te pasara algo no sé qué haría, hijo. No podía soportarlo. Mi corazon estaría hecho pedazos y yo estaría muy triste." B'alam Agab suspiró pesadamente.
"Bien. Ahora, aunque me duele hasta el alma tener que hacerlo, hijo, ya te voy a dar tus nalgadas. Estas nalgadas te las doy porque te quiero. Son para que aprendas, para que no te olvides y para que nunca más lo vulevas a hacer. Ahora, ven pa'ca."
Qoacutec se quedó allí temblando y sollozando histéricamente, al borde de la hiperventilación.
"¡Por favor, Tat, por favor!" Suplicó, repetidamente, sus labios temblando. Tosió violentamente, casi vomitando. Gimió y se agarró el estómago. B'alam Agab le tomó del brazo. Qoacutec intentó zafarse pero B'alam le tuvo bien agarrado por el brazo, y le hizo inclinarse sobre su rodilla izquierda. Qoacutec trató de protegerse el trasero con la mano.
"Quita la mano, hijo," B'alam le dijo, quitandole la mano, "Te voy a dar tus nalgadas y no te quiero lastimar la mano." Ahora, Qoacutec empezó a llorar aún más fuerte, si era posible. Y después, B'alam Agab le dio sus nalgadas a su hijo. Al principio Qoacutec lloró no más por estar sobre la rodilla de su padre recibiendo sus nalgadas. La mano de su padre no se sentía nada agradable en su trasero. Pero después, incluso cuando se dio cuenta de que su padre no lo estaba pegando con la correa, sólo con su mano con mucho suavidad, todavía no podía dejar de llorar.
"Ya párate, hijo," B'alam Agab le dijo al terminar de darle sus once nalgadas. Le permitió a Qoacutec a aferrarse a su cuello por unos momentos. Le dio unas palmaditas en la espalda y después le paró entre sus rodillas. Tomó la cara de su hijo en sus manos.
"Nunca debes pegarle a tu hermano otra vez. Nunca. ¿Entiendes?" Qoacutec asintió con la cabeza.
"Mírame, hijo, y ve que soy un hombre de mi palabra y que hago lo que te prometo que lo haré. Recibiste las nalgadas que te prometí, aunque no eran las que merecías. Pero, te digo esto: la próxima vez que te portas así y me desobedezcas, yo sí te daré las nalgadas que mereces. Pero no serán nalgadas así. Ay, no. No, no va a haber nada de esto-" B'alam Agab le dio unas palmaditas suavecitas en el trasero otra vez.
"La próxima vez este-" Esta vez a Qoacutec le dio una nalgada bien fuerte en el trasero, mucho más fuerte que todas las demás que le habia dado en el jacal.
"...es lo que vas a conseguir." Qoacutec, por supuesto, había empezado a chillar de inmediato, cubriendo el trasero con la mano, pues la nalgada le había dolido mucho, como era la intención de su padre, para que entendería y recordaría lo que le dijo. B'alam Agab sentó a su hijo llorando en su rodilla izquierda y le abrazó muy cerquita a su pecho, dandole caricias y palmadas en la espalda, y Qoacutec sollozó contra su cuello, mojándolo con sus lágrimas.
"Y si sigues portandote asi, mijo, la próxima vez voy a usar más que a mi mano. La próxima vez, voy a usar mi cinto sino una vara," B'alam Agab le dijo con firmeza.
"Y todas estarán en las nalgas desnudas. ¿Me has entendido, hijo?" Entre sollozos fuertes y babeando con los dedos en la boca, Qoacutec asintió con la cabeza contra el cuello de su padre.
"Pero yo no quiero pegarte, mijo. Nunca," B'alam Agab le dijo. Le dio un beso en la frente y frotó el muslo de su hijo cerquita de donde le había dado la nalgada en el trasero. Qoacutec gimió algo en su pecho.
"¿Qué?" B'alam Agab le preguntó, inclinando la oreja más cerca para que pudiera oírle. Qoacutec se limpió la nariz con el dorso de la mano.
"Sólo quise ir yo también."
"Ya lo sé, peque. Ya lo sé." Después tomó la cara de su hijo en sus manos otra vez y apoyó la frente contra la frente de su hijo para que estuvieran a la vista.
"Pero también te digo esto: te juro que después de que nazca el bebé, te llevaré a cazar conmigo otra vez. Te lo juro, hijo, te lo juro. ¿Entiendes? Porque te amo, hijo. Eres muy precioso para mi. Y donde yo estoy, allí quiero que estés conmigo también. ¿Entiendes?" Qoacutec asintió con la cabeza otra vez.
"Está bien, entonces." B'alam Agab lo besó de nuevo. Qoacutec escondió su rostro contra el cuello de su padre otra vez y B'alam Agab puso su mano atrás de su cabeza. B'alam Agab besó a su hijo una vez más.
"¿Todavía te duele la panza?" le preguntó. Estaba preocupado porque antes Qoacutec se había quejado de que le dolía el estómago. Qoacutec asintió con la cabeza, todavía llorando y agarrando su estómago.
"Ay, ay, ay, mi chiquito." B'alam Agab le dio otro beso. "Ya no llores, mi amor. Ya sabes que nunca me he gustado verte llorar." Y después le empezó a cantar:
"¡Ho! ¿Qué es tan precioso como somos? Es mi hijo, mi peque, mi Qoacutequito, más precioso que la joya llevada puesto en el pecho..." cantó, frotando el estómago de su hijo. Le besó de nuevo. Después, de repente, dejó de cantar.
"¿Sabes qué, hijo? Pensé que escuché algo."
"¿Qué?" Qoacutec le preguntó, con el rostro todavia escondido contra el cuello de su padre.
"Pensé que había oído un jaguar".
"No te creo."
"Ah, ¿no me crees?"
"No."
"En serio, hijo. Te estoy diciendo la verdad."
"¿Dónde?" Qoacutec se incorporó ahora, aunque todavía agarrando a su estómago lastimosamente.
"¡Aquí! ¡Y ha venido a comerte!" B'alam Agab comenzó a hacerle cosquillas a su hijo. Hizo gruñidos, imitando a un jaguar, y fingió comérselo, haciéndole cosquillas con su barba. Tomó a Qoacutec en sus brazos y le llevó adentro, haciéndole cosquillas en todo el camino. Le acostó en una cama y continuó el ataque. Le hizo cosquillas en el cuello y las costillas y fingió comerse la panza.
"¿Qué debo comer ahora? ¡Tal vez un brazo!" Le hizo cosquillas a Qoacutec bajo el brazo.
"¡O tal vez una pierna!" Le hizo cosquillas en las caderas y los pies. Qoacutec se rió y se rió.
"¡Tat! ¡Tat!" jadeó.
"Tu papá ya no está aquí. También a él ya me lo comí. He He He," B'alam Agab se rió.
"¡Alto ahí, Jaguar! ¡No puedo tener jaguares comiéndose a mi niñito!" Choimha entró en el cuarto y se les acercó a ellos.
"Está bien," B'alam Agab le dijo. Yacía de espaldas, respirando pesadamente. Puso su mano en el brazo de ella.
"Más te vale que tengas mucho cuidado o también a ti te voy a comer," le dijo, rechinando los dientes.
"Hmmm," ella dijo. "Y ya ves lo que ha sucedido por culpa de eso." Ella tomó la mano de él y la colocó sobre su vientre. B'alam Agab quitó su mano y besó la vientre de ella. Después le dio otro pequeño cosquilleo a la panza de su hijo.
"¿Todavía te duele la panza?" Qoacutec negó con la cabeza.
"Ma' (No)," se rió.
"Ma'lo' (Bueno)." B'alam Agab lo besó una vez más en la frente. Fingió comérselo de nuevo y le hizo cosquillas brevemente. Lo besó de nuevo, y le dio a su vientre un último cosquilleo. Después se incorporó y se sentó en el borde de la cama.
"Dile a tu hermano que venga a verme," le dijo a su hijo...
*Nota Del Autor: ¡Muchísimas gracias por leer! Voy a subir más cuando tengo tiempo.*
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