Capítulo 7
La ausencia
Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarashi y TEOI Animation Co., 1976. Usados en este Fic sin fines de lucro.
El sol en el mediterráneo bañaba con sus primeros rayos la silueta de un cuerpo que flotaba en la superficie. El mar estaba tranquilo; el azul de las aguas se confundía con el del cielo… pareciera como si el mar pudiese elevarse a cielo en algún punto lejano. ¿Será esto posible? Tal paisaje confundió enormemente a Stear cuando al abrir los ojos, como un ababol, lo que vislumbró fue por primera vez, después de algunos años, el rostro preocupado de Anthony Brown.
-Lo siento Stear – musitó acongojado – debes venir conmigo.
-No Anthony – se rebeló débilmente – soy yo el que lo siente, me temo que tendrás que volver solo – trató de sonreírle como si estuviera ignorando las instrucciones de ese fantasma que lo reclamaba.
-No puedo volver solo – remarcó el rubio enmarcando su cejas –. Esto será difícil. ¿De cuándo acá eres tan testarudo Alistear? – pero Alistear ya no lo escuchaba – Definitivamente: Vienes conmigo.
**************************************************
En Nueva York el verano continuaba sin novedades. Terry Grandchester aún no conseguía la autorización de su padre para contraer nupcias; de hecho, el Duque ni siquiera había pedido el permiso de Su Alteza para que diera el visto bueno al matrimonio de Terrence, ¿Para qué? El Duque de Grandchester, para su beneplácito, sabía que los reyes jamás accederían al compromiso que Terrence Graham Grandchester se había echado a los hombros; la única salida que Terry tenía para desposar a Susana Marlowe por el momento, era esperar a ser mayor de edad y renunciar a sus derechos como heredero del ducado de Grandchester, cosa que a la señora Marlowe descorazonaba profundamente.
En realidad a Terry, esa negativa de su padre, en el fondo lo tranquilizaba. Por el momento ambos hombres esquivaban el compromiso matrimonial. El Duque de Grandchester se había encargado de hacer ver a las Marlowe que sobre él caía toda la responsabilidad de que su hijo no se casara. Había tenido un fuerte encuentro con la señora Marlowe (encuentro al que había sido acompañado por Eleonor Baker) y le había hecho saber que la palabra de matrimonio de su hijo no era válida si no estaba respaldada por él y que, aunque Terry se muriera por desposar a la señorita Marlowe (cosa que, por supuesto, estaba muy lejos de la verdad), por el momento Terry no contraería matrimonio. Ese fue un encuentro nada cordial puesto que el Duque de Grandchester una y otra vez reprochó a la señora Marlowe su poca ética al manipular a una pareja de adolescentes con el dolor de su hija; aunque claro, una vez a solas con su hijo le hizo ver cuán grande error había sido su debilidad. Ahora Miss Andrew estaba lejos de su familia tratando desesperadamente de encontrar una causa en su vida y lo peor: Lejos de Terry. Durante ese viaje a América, la relación con su hijo mejoró un poco; debido a la naturaleza arrogante de padre e hijo, no sería fácil recuperar todos los años perdidos, pero por lo menos ya había un comienzo.
-Hubo alguna ocasión un sol más brillante que este en mi vida – pensó mientras recorría las cortinas de su departamento para permitir a los rayos del sol entrar. Su mente viajó a Escocia, a la corta temporada que lo llenó de fe y esperanza; todo lo contrario al abatimiento que sentía en este momento. Su rostro perfecto, enmarcado por su sedoso cabello danzando con el viento matutino estaba triste y desolado. Terry caminó con desgano de regreso hacia su cama-. Hubo un tiempo en que me supe bien amado; no recuerdo ninguna otra ocasión en que el sol brillara con tal intensidad en mi vida y en mi alma. Solo aquéllos días en que mi pecosa estaba a mi lado y yo despertaba cada día con la necesidad de verla -. Un suspiro acompañó la nostálgica memoria. Con resignación resopló al empezar su rutina – Parece que la hora del show va a comenzar; si, "La función debe continuar" – Terry miró a su alrededor con la idea de encontrar un punto para iniciar; no tenía ganas de nada, pero sabía que esa era su vida. Se había vuelto a meter entre las sábanas, pero era hora de salir de su caparazón nocturno –. Yo pensé que alguna vez esta soledad llegaría a su fin. Pensé que este camino triste terminaría para mi bien, lleno de risas, de familia y de buenaventura – Terrence empezó con desgano a desabrochar los botones de su camisola de dormir. Los fuertes y bien formados pectorales aparecieron desnudos y firmes. El espejo le devolvía al joven actor la imagen maravillosa y bella de su bien formado cuerpo totalmente desnudo una vez que estuvo listo para meterse a la tina-. No hay una segunda. La oportunidad de entregarte en cuerpo y alma a una persona, a la persona correcta solamente la tienes una vez; si por alguna razón sustituyes esa sagrada comunión, puedes ser feliz, sí, pero no plenamente feliz como pudiste haberlo sido con el amor que te llena el alma – Terry casi no podía contemplar los espejos, ahora su baño estaba lleno de vapor de agua. La temperatura del agua era algo que Terrence necesitaba para tranquilizarse - ¡Ojalá que esta guerra terminara! ¡Si Susana no estuviera en mi vida, si no sintiera la responsabilidad de cuidar de ella…! ¡Si pudiera ser feliz! Solamente Candy podría quitar el hastío de mi vida, solo ella podría alumbrarme con su sonrisa y llenarme de energía para lo que debo soportar cada día –Terry llevó con sus manos una gran cantidad de agua a su cara como si con eso pudiese lavar sus pensamientos y olvidar algo que no quería – Te amo tanto pecas. Han pasado ya más de siete meses y aún sigues en mi memoria diariamente. Por las noches te sueño, por las mañanas te pienso, por las tardes ya te extraño… te tengo metida hasta el tuétano. Al parecer no he desempeñado bien mi papel de buscar la felicidad que te prometí ¿Y tú? ¿Estarás buscando la felicidad que pedí encontrar? En verdad no sé si quiero saber la respuesta. ¿Debería escribirte? – Un brillo pasó por la mirada humedecida del aristócrata; pero de inmediato descartó la idea – No, no lo creo; si has logrado un poco olvidarme, solo te haría daño porque sigo sin liberarme de esta estúpida promesa ¿Pero por qué? ¡Ya no tengo ninguna promesa! ¡Mi padre lo ha dejado claro! Me pregunto si todavía podré tener una oportunidad para alcanzar lo que dejé ir- . Terry abandonó la tina de baño sintiéndose igual que al entrar, el agua no le había ayudado a sentirse mejor –. Nunca podrás imaginarte la fuerza del amor que siento por ti. No podrías entenderlo, porque yo no sería capaz de explicarlo ¡Diablos! ¡Fui un tonto! Nunca debí haber liberado su cintura, nunca debí apartarme de su cálido cuerpo, nunca debí apartarla de mi vida ni permitir que me apartara de la suya- . Los caústicos pensamientos le estaban haciendo más daño del que quisiera pero se mantuvo erguido, ya no se permitiría llorar, esta era su forma de homenajear a la señorita pecas.
***********************************************
Después de cuatro semanas de búsqueda, finalmente Candice tenía el telegrama que había soñado noches atrás. Su "esposo" había sido declarado perdido en batalla.
Las lágrimas y el fuerte golpe impedían que la rubia pudiese apreciar los detalles que le eran vagamente explicados en la misiva oficial. Candy había caído sobrepujada por el intenso dolor; nadie de los que estaban a su alrededor había tenido el poder de mantenerla en la realidad. La joven empezaba a dar dolientes lamentos en la soledad de su cuarto en el hospital que se había convertido en su refugio. Cerró la puerta sin importarle que su mejor amiga estuviese detrás de ella rogándole porque le permitiera compartir este terrible momento a su lado.
En lo único que Candice podía pensar era en desaparecer. En volverse nada, en ser polvo, o tal vez viento, pero dejar de sentir, dejar de sufrir, dejar de vivir…
-Stear - qué triste era el lamento proveniente de su alma – no podré seguir adelante si no estás – apenas y podía hablar, sus palabras eran susurros entre cortados, desesperados y delirantes-. ¡Qué tormentosa pasión la que ahora tengo que ahogar! Deseo estar contigo; estaba feliz de saber que me amabas, aunque lo nuestro no pudiese ser nunca. El solo saber que mi vida te pertenecía y que la acogías con la misma ternura de siempre era suficiente para mí… era dichosa de saberme amada por ti Stear – el volumen de su voz era prácticamente inaudible, sus labios se movían mientras que ella una y otra vez continuaba cayendo más y más. Tenía sus puños apretados, se había metido en la regadera del baño, pero contrario al momento de Terry, Candice estaba totalmente vestida dentro de la tina que no tenía agua. Su cabeza escondida entre sus rodillas abrazadas daba a la muchacha un aspecto por demás lastimero. La soledad era presa de otra alma, un alma más víctima de la guerra. Su llanto no podía escucharse desde afuera, pero Diana, su compañera de cuarto, sabía que ella estaba llorando y no abandonaba la idea de penetrar en el encierro de su amiga para abrazarla y darle un poco de consuelo.
Adentro, el dolor de la rubia era tal que ella pensaba que podría volverse loca; era incapaz de distinguir entre la torturante realidad y las fantasías de las visiones que bombardeaban su entonces frágil mente con sonrisas cálidas y sinceras del hombre que amaba. Eran muchas las memorias compartidas con su paladín. ¿Será posible perder a tal grado la consciencia por la pérdida de él? Se había quedado hundida en la soledad una vez más solo que esta vez el vacío era mayor; ella era ahora una adulta y el dolor es más difícil de vencer que en la adolescencia o en la niñez.
-¿Por qué Alistear? ¿Por qué? – Se preguntaba una y otra vez mirando hacia el cielo a través de la pequeña ventana del cuarto del baño. Silencio. Silencio. Silencio era la única respuesta a las interrogantes-. Ya no tengo nada ahora que te has ido-. Las lágrimas renuentes a salir se abrieron finalmente paso por las mejillas sonrojadas de la enfermera; ella permaneció en el mismo estado por un par de horas. Su compañera de cuarto había justificado su ausencia y al ser Candice Cornwell una de las más dedicadas enfermeras, el director de la clínica la justificó.
En América, el dolor de Patricia no fue menor cuando el siguiente día George extendía el telegrama a su querido amigo Albert y este a su vez daba la noticia a su familia, incluyendo a la linda señorita O´Brien.
Ahora era ella quien sufría la pérdida de su primer amor. Ese necio muchacho que había escuchado el llamado de una Guerra que no era suya con la idea de proteger a los que amaba. Cuyo amor había sido tan grande que era capaz de dar la vida por ellos.
Ya no podría embriagarse con la personalidad de este hombre. Obviamente extrañaría todo de él: Primero su sonrisa, tan dulce y envolvente; después su figura: Su pelo negro que desbordaba ese delicioso aroma a maderas cada vez que el viento jugueteaba con él, sus enormes ojos oscuros que todo lo escudriñaban, que brillaban con las nuevas ideas y que jamás se ensombrecían aunque sus inventos fracasaran; las largas charlas que se convertían en acalorados debates de los cuales solo ellos sabían, los maravillosos silencios que nunca los incomodaron, la maravillosa curva de sus labios con el dulce beso que nunca llegó a posarse, ese beso que murió antes de ser probado.
-Stear – la dulce joven pudo sentir como lentamente su corazón dolorido se cerraba con unos enormes candados, era como si se enfriara al grado de pensar que pronto dejaría de sentir. Sería posible de ahora en adelante vivir con una roca como corazón. ¿Puede la dulzura ser tan vulnerable que es incapaz de sobreponerse al dolor? ¿Puedes entregar tu vida a alguien de tal forma que la sientas apagarse cuando se apaga la vida de ese alguien? Patty no deseaba la vida lejos de él ¿Podría seguir viviendo con un corazón paralizado? Probablemente su vida se convertiría en amargura, probablemente solo querría llorar de ahora en adelante. ¿Valía la pena esa vida?
-Patty – el corazón de Adam se paralizó cuando no recibió respuesta del otro lado de la puerta. Con voz delicada y consoladora al joven trató de averiguar el estado de su amiga – Patty – la llamó un poco más fuerte, pero Patricia O'Brien no lo respondía.
Sin saber porqué su corazón le envió una alerta, el joven intentó abrir la puerta a fuerza de golpearla con su cuerpo, su esfuerzo llamó la atención de Archie y Albert que acudieron alarmados por la voz de Adam. Llevaron justo en el momento para unirse al siguiente esfuerzo; con esta unión la pesada puerta de caoba se abrió dando paso a la terrible escena. Patricia yacía en el suelo, estaba derrumbada, absorta en sus pensamientos, sosteniendo una navaja en su mano dispuesta a acabar con su vida para reunirse con su amado; al parecer ni siquiera se percataba de que sus amigos hubiesen irrumpido en la habitación. Ella lo amaba más que a cualquier cosa en su vida y el dolor la cegaba. Con el mayor autocontrol, Adam se acercó sin hablarle a la muchacha, Archie no pudo soportar la escena (suficiente tenía el joven con la pérdida de su hermano y con saber que, a pesar del ofrecimiento del Duque de Grandchester, Candice había decidido permanecer en Londres) su fortaleza se vio traicionada, su rostro estaba descompuesto, lentamente caminó hasta la puerta y abandonó la habitación de huéspedes para encerrarse en su habitación. Albert prefirió dejarlo un rato solo; sus padres llegarían en dos semanas, él esperaba que en ese tiempo Archivald Cornwell hubiese asimilado tan terrible golpe. Miró hacia donde estaba Patricia para ser testigo del amor no confesado de Adam Benson por la señorita O´Brien: Arrodillado en el suelo, el muchacho había atraído a Paty hasta su regazo, le había quitado la navaja de su mano y ahora la abrazaba permitiéndole escuchar su corazón. Los latidos del corazón de Adam parecieron tranquilizar a la joven. Ella no lloraba, no se quejaba, estaba ausente, con su mirada perdida en otro tiempo y otro lugar, permitiendo que su amigo la abrazara sin que ella pudiese corresponder a su atención.
Patricia O´Brien se acurrucó en el pecho de Adam sin que su dolor le permitiera percibir el inmenso amor del chico que la estaba dando su soporte en ese trágico momento.
El corazón de Adam, noble y fuerte, se acongojaba con el sufrimiento de esa señorita. Permanecería con ella. Nadie, ni siquiera ella podría impedírselo. Había visto en los ojos de la joven la terrible desventura a la que se estaba entregando. Su cuerpo frágil y débil le parecía más desvalido que nunca. Adam arropaba a Patricia con cariño, sus fuertes brazos rodeaban la espalda de la chica mientras que hundía su cabeza en ellos para descansar el peso de su torso en su amiga. No había palabras de consuelo capaces de llegar al objetivo y él lo sabía muy bien. Se dedicó a guardar silencio hasta cierto punto aliviado de haber llegado a tiempo. Con ternura acariciaba su cabello mientras que las lágrimas discretas lo humedecían. No había dolor más fuerte para Adam que el ver sufrir a Patricia O´Brien.
-Eres una tonta Patricia. Esa nunca será la salida; la tristeza y el dolor se sobrellevan -. Le dijo el joven con la mayor dulzura de que fue posible; sus manos paseaban tímidamente por el cabello de Paty -. Nuestros problemas y sin sabores están aquí para hacernos más fuertes, aunque ahora no encuentres la razón de esta horrible pérdida llegará el momento en que sabrás que algo aprendiste, que eres más fuerte por haber pasado por esta adversidad, que nada puede derrotarte.
Como respuesta lo único que recibió Adam fue una mirada casi indiferente de Paty.
-Se que te parece absurdo que te diga tales cosas, pero Paty, prométeme que nunca más intentarás hacerte daño – la voz de Adam era de agonía. Su dolor estaba en sus ojos. Albert contempló la escena y decidió abandonar el lugar.
Nuevamente no hubo respuesta por parte de Patty. Adam simplemente la atrajo hacia sus brazos y permaneció con ella hasta que se durmió.
***********************************************
Apenas tenía un par de meses caminando desde su accidente; para ella no había sido fácil sufrir la mutilación de su cuerpo y de su alma. Probablemente la mutilación de su alma era más complicada de llevar que la mutilación de su pierna. Susana Marlowe, la naciente estrella de Broadway había truncados sus sueños a causa de un estúpido accidente; ya no quería luchar, ya no le apetecía otra cosa además de que el tiempo pasara para que Terry Grandchester cumpliese la mayoría de edad y ella pudiera finalmente convertirse en la siguiente duquesa de Grandchester, porque había visto el amor por Terry en los ojos del duque de Grandchester y sabía que jamás aceptaría que su hijo renunciara a sus privilegios. Sí, sin duda alguna ella sería parte de la nobleza inglesa; había pagado un alto precio por ello. Susana caminó decidida hacia la el departamento de Terry. Él tenía que escucharla. La distancia no era mucha puesto que el muchacho, a raíz del accidente, con la finalidad de estar pendiente de las necesidades de la ex actriz había buscado una vivienda cerca de la casa de las Marlowe.
************************************************
Cerca de ahí una señorita compartía el mismo dolor de Patricia O´Brien y de Archivald Cornwell. Su novio y su hermano se habían enlistado en el ejército y ahora recibía el indeseable telegrama con la noticia de la muerte de su hermano. Su prometido estaba desaparecido en combate.
Ivette necesita ayuda de inmediato. Sus padres la miraban caminar de un lado a otro lanzando toda clase de quejas con las lágrimas cayendo desbordadas y su cuerpo temblando de impotencia. Le era imposible asimilar la noticia. La madre de Ivett no estaba en el mejor estado para fortalecer a su hija, el padre de ella estaba también devastado por el hecho de haber perdido a su único hijo varón.
La señorita les había suplicado a ambos muchachos que se abstuvieran de esa idea, se había aferrado a sus cuerpos incluso cuando estaban en la fila de reclutamiento; no le importó lo embarazoso de la situación, probablemente esta última oportunidad daría resultado y ella podría detener a este par de necios. Pero nada fue suficiente, como todos los chicos de la época, los muchachos anhelaban vestir el uniforme aliado y regresar con honor y gloria en sus cabezas.
Hoy, el telegrama arrugado en las manos de la joven era el resultado de los sueños de gloria del par de muchachos que más había amado.
-¡Adriana! –La muchacha de pronto sintió su corazón encogerse más. Su mejor amiga había estado enamorada de su hermano toda la vida y aún faltaba darle la noticia. Dicen que si las penas se comparten se divide el dolor. Ivette tomó las llaves de su modelo T. Ellos eran de clase media, pero su amiga Adriana era de la clase alta de Nueva York, esa era la razón principal por la que su hermano había preferido guardar su distancia con la joven vivaz e inteligente cuyos ojos se iluminaban cada vez que él aparecía.
Había llegado hasta su coche, ella debía manejar una enorme distancia hasta llegar a la exclusiva zona residencial en que habitaba Adriana. El clima de ese día era de verano, ideal para una caminata en Central Park pero el calor del sol no le sirvió de nada. Con sus manos nerviosas, Ivett abrió la puerta del automóvil y lo encendió, no se dio cuenta de la velocidad a la que iba.
Precisamente fueron su hermano y su novio quienes le enseñaron a manejar; esos recuerdos no eran los más apropiados para manejar un auto. Su visión se vio empañada una vez más por las lágrimas y sus sentidos se vieron debilitados por su estado de shock. Una y otra vez se negaba a aceptar la nueva realidad.
Solo faltaban unos cuantos metros para llegar a la casa de su amiga, pero al doblar la última esquina para alcanzar la avenida de su destino final, Ivett vio la figura de una joven que se lanzaba a la calle sin la precaución de asegurarse que era seguro. En un momento la chica estaba dando vueltas por el aire, Ivett no había podido eludir el golpe, trató de girar el volante, pero era demasiado tarde, lo único que logró fue estrellarse contra un edificio tras haber lanzado a la peatona.
Solo recordaban el estridente ruido de los neumáticos quemándose al frenar, después de eso todo se puso negro.
-¡Ivett! – Se escuchó la voz de su amiga que había visto todo desde el jardín de su casa.
-¡Susana! – La voz de Terry, que regresaba de desayunar, sonaba aterrada. Vio a la rubia volar por el aire y ahora su cuerpo yacía tirado a media calle.
**********************************************************
Malinalli. Mayo '09
Chicas hermosas mil y un gracias por leer. Son todas maravillosas.
