Capitulo 7: La guerra de los guantes blancos

"No sé que escenario viste tu

cuando no te pude proteger

la desesperanza te atrapó

el abismo en el que le mundo te mandó"

Encerrada en la oficina del Fhurer durante tantas y tantas horas. Llevada hasta central por personas vestidos de militares que decían venir de parte del alquimista de acero. Tratada con amabilidad pero retenida en el lugar.

Rezando, y rezando todo el tiempo. Pero se detuvo cuando aquel sentimiento ocupó su pecho. Cuando algo terrible oscuro y frió envolvió su corazón como la mano de un esqueleto. Y no pudo contenerse, y no pudo dejar de temblar.

No le importaba el desastre organizado alrededor de aquel lugar. Ni siquiera sabía lo que ocurría. Permaneció mirando aquella puerta lateral hasta que se abrió de pronto.

Y desde ese momento, sintió como si su corazón dejara de latir.

Ese alquimista que conoció tanto tiempo atrás, y que alguna vez fue a Resembool, llegaba por aquélla puerta. Llevando en brazos el cuerpo inerte de Edward a pesar de una visible cojera.

Tras de él, un par de militares ayudando a caminar a Alphonse. Pero ya no la gran armadura, si no aquel Alphonse de sus recuerdos crecido con los años. Habiendo recuperado su cuerpo.

Se abrazaron para llorar aquella perdida, lloraron juntos a partir de ese momento y para siempre. Algún día, Alphonse lo superaría y volvería a levantarse. Volvería a caminar y a encontrar una razón mas para pelear.

Pero no ella, ella jamás lo haría, ella jamás volvería a sonreír y a partir de entonces su alma se quedaría en las piezas rotas que mostró en aquel instante. Cuando se dio cuenta de la muerte de Edward.

Su amado Edward.

Su querido alquimista.

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–Por favor... el Fhurer esta muerto y estamos a la mitad de un ataque – dijo Antón acercándose a los demás militares que antes cuidaban de Winry. Tomó uno de los sables que Bradley mantenía en aquella pared para usarlo de bastón – Por favor, sé que no tengo el menor rango aquí y que existen muchos muy capaces. Pero debemos ponernos de acuerdo.

–¿El Fhurer esta muerto?

–Sí... –un momento para mirar a Winry y Alphonse que lloraban. Solo ellos subieron a la superficie para llevar a los hermanos mientras el resto seguía a Dante. Todos estaban furiosos, aquella mujer no duraría mucho.

–Pero... nadie podría mata a su excelencia.

Y entonces, su mente comenzó a trabajar de manera extraña. Miró hacia atrás, hacia todo lo que había ocurrido desde hacía tanto tiempo, hacia todo lo que Bradley y aquellos que manejaban a Bradley habían hecho.

Miró hacia adelante, hacia donde debía caminar aquel que tomara al titulo. Todo lo que tendría que atravesar, todo lo que se tenía que componer. Y todo el poder en sus manos.

Hacia los pecados del pasado, a la muerte de un par de doctores, mucho tiempo atras en un desierto. Personas inocentes que solo hacían lo que consideraban correcto. Y que aun así muriron.

Y dijo.

–Mustang, el alquimista de la flama mató al Fhurer. Debemos detenerlo y destruirlo. Hay que reunir a todos los capaces de subir a esa silla ahora mismo, a todos los que tengan el rango suficiente.

–¿Bajo que rango da esas ordenes?

–Yo era el asistente del Fhurer, conozco bien el movimiento de esta oficina. Por favor, por favor. Solo mientras se decide a la mejor persona para guiarnos en esta locura, confíen en mi.

Aquellos soldados se miraron un poco antes de cuadrarse.

–Señor, sí, señor.

Y salir a buscar a aquellos que cumplieran con el perfil. Militares de altos rangos que pudieran subir a la silla del Fhurer, que guiaran al país.

–El alquimista de acero murió protegiendo al Fhurer Bradley. Que su cuerpo, sea llevado hasta su tierra y se le rindan los honores que le merecen allá. Encárguense también de su hermano y su prometida. Recuerden que tratan con los familiares de un héroe.

Se llevaron a Winry y Alphonse para dejar sola la oficina. Aun no era el momento de sentarse.

El mismo crayón de antes del bolsillo. Pintar un circulo alrededor de la salida de salida de emergencia de la oficina. Cerrarla completamente, olvidarse de que alguna vez existió ese paso. Y comenzar a caminar.

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–Reunidos, señor.

Acercarse a la mesa aun cojeando, aun sangrando de aquella herida en una pantorrilla. Colocar las manos sobre el mueble y mirarlos a todos. Decirles con acento decidido.

–Señores, nuestro líder a muerto. Muerto a manos de sus enemigos, peleando hasta el final como un león, muerto al ser superado y acribillado pero luchando hasta su ultimo aliento. Es necesario decidir quien ocupara ese lugar y las acciones que realizara. No hay tiempo para un consenso, no hay tiempo para un juicio ni una ascensión por merito. Es necesario un nuevo líder. Y ustedes son soldados entrenados, hombres con el poder de hacerlo, militares que han dedicado toda su vida al servicio del pueblo.

Un instante mientras se miraban entre sí. Mientras parecían ponerse de acuerdo en el nombre mientras Antón miraba la superficie de la mesa, cual si le doliera todo lo que estaba diciendo.

–Ustedes... que tuvieron tratos con esos homúnculos conociendo sus planes. ¡Yo soy el único digno de tomar esa silla!

Mostrando un nuevo guante, con motivos muy diferentes a los de siempre. Un circulo y triángulos, una salamandra, un material diferente. Que al chasquear los dedos, generó la chispa necesaria para encender el fuego.

La magia del alquimista de la llama que lo envolvió todo, excepto a él.

Muertos los peces gordos, por fin podía tomar el puesto mas importante.

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El punto de reunión, perdido el pasadizo que debería llevarlos hasta la oficina del Fhurer se encontraban cerca del laboratorio numero cuatro. En donde se hacía el conteo de bajas y se ayudaban a los heridos. Era necesario enviar a alguien al cuartel para que averiguara lo ocurrido.

Pero de repente se escucharon las sirenas y las alarmas. Se vieron los vehículos que se acercaban decididos y que les cerraban el paso.

Y detrás de ellos, sobre uno de los tanques, con un nuevo uniforme blanco y portando un sable a modo de bastón. El alquimista del trueno quien ordenaba a sus tropas.

–¡Ahí esta el asesino del Fhurer! ¡Detengan a Mustang!

Haciendo avanzar a toda la infantería. Enfrentándose de pronto al muro de llamas del enemigo. Se daba la orden de retroceder, de no enfrentar a Mustang y permitirle el escape. De regresar de inmediato al cuartel. No se conocían las fuerzas de los sublevados ni su posición total.

Ya después se encargarían de Roy Mustang.

–Volverás –susurraba Antón para si mismo – No vas a rendirte y tengo que enfrentarte. Me declaras la guerra Roy, y yo la acepto. Una guerra entre dos alquimistas de guantes blancos.

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Funeral de héroe para Edward, veinte salvas al aire y marchas militares mientras la caja bajaba a su última morada. Una tumba sencilla como deseaba el hermano del héroe alquimista. Quien ofreció la vida tratando de proteger al anterior Fhurer.

Antón, declarado ya máximo regidor por el acta de secesión emergente, tomaba su rango con autoridad y severidad. Muchos juicios buscando a aquellos que siguieran a Mustang. Enfrentamientos aislados en cuarteles alejados con las fuerzas de este.

Pero extrañamente, los verdaderos implicados, podían moverse y huir sin ser investigados. Como si esperara a que lo llevaran directamente a la guarida del alquimista de la flama.

Alphonse intentó intercambiar palabras con él, pero le fue imposible. No cualquier persona podía hablar con el Fhurer, mucho menos desde que las fuerzas de Mustang le obligaban a elevar los niveles de seguridad.

Pero este le notó, detuvo su caminata para mirarlo como si deseara también hablar. Pero en lugar de eso, le susurró a pesar de la distancia, asegurándose de que pudiera leerle los labios.

"Morirás"

Y después se retiró con sus gentes.

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Antón sentado en el escritorio revisando los documentos. Todos sus asistentes y casi todos sus subordinados tenían mayor edad que él y le temían. Criticarlo a él o su autoridad tenía un destino desconocido. Seguramente terrible. Gente a la que no se le volvía a ver.

Un momento en que pidió se le dejara solo para descansar un poco. Para respirar. Para calmarse, se sentía cada vez mas agobiada.

Y de pronto, algo comenzó a moverse en un rincón sin que este pareciera prestarle atención.

–¿Vienes a vengarte? –preguntó él a la homúnculo de agua que acababa de aparecer.

–Pasó algo.

–Dante esta muerta, ya lo sé.

–Pasó algo conmigo... y necesito ayuda de alguien que sepa alquimia.

Antón la miró, dejando de lado el té.

–Te haré el favor, si tú me haces un favor a mi.

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Winry se encontraba tan mal, tan mal.

Debían obligarla a comer, se pasaba todo el día llorando y continuamente tenían que ir a sacarla del cementerio. Donde por horas lloraba sobre la tumba de Edward. Donde todo el tiempo estaban sus pensamientos.

Se marchitaba, la joven Winry se moría en vida y Alphonse no podía hacer nada por ella.

Todo su conocimiento sobre ciencia, habilidad para transmutar sin círculo, todos sus viajes conociendo mundo. Y nada de eso le servia para sanar el alma de su querida amiga, de su amada hermana.

Las noticias de central le llegaban muy raramente, pero por lo que se decía, la situación se estaba normalizando. Con una fuerte justicia militar para evitar levantamientos populares y un Fhurer tan joven que parecía una broma.

Pero que rápidamente había comenzado un reinado de sangre.

No tenía tiempo para esos problemas, su problema mas importante era Winry, ayudarla y mantenerla viva, hacerle sentir mejor.

Aunque no sabía como.

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La anterior asistente del Fhurer, la señorita Douglas regresaba para servir durante la nueva gestión. Decía estar fuera durante todo el conflicto tratando de proteger la vida. Pues al ser tan cercana al Fhurer se le podrirá considerar objetivo importante.

Y ahora acompañaba a su nuevo jefe a una visita en donde nadie les abría.

Forzar la puerta por los otros soldados para investigar y entrar previniendo una emboscada. Nada importante, solo que la inquilina quedó nuevamente atrapada en una montaña de libros al caer.

–Señorita Schieska – le dijo Antón ya después de liberarla – Quiero contarle algo, quiero decirle todo lo que pienso hacer y después voy a pedirle que me ayude, que se una a mi. No es forzoso, usted no es objetivo de investigación ni lo será nunca, su trabajo en el ejercito no peligrara ni le seguirá nadie, acepte o no mi proposición. Pero estoy seguro de que no va a negarse.

–¿Por qué yo?

–Por que la conozco un poco y sé de que color es su alma. Sé que es mucho mas fuerte de lo que aparente y lo que voy a pedirle, no podrá hacerlo nadie con alma débil.

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Y Mustang llegó en persona a Resembool, buscando al alquimista de ojos dorados para pedirle se uniera a él en la lucha en contra de Antón. En contra del traidor que se aprovechó de aquella batalla y de la muerte de Edward para hacerse de poder.

Dudó mucho antes de darle una respuesta, Mustang no lo esperó y solo le dio un lugar en donde podría encontrar al grupo de la resistencia.

Un día, se despertó mirando a Winry salir con Den, su perro, al jardín. Y sintió que ya podía ocuparse de nuevo del mundo.

De estar vivo, Edward iría para lograr salvar el país.

-¿De verdad tienes que irte? – le preguntó Winry aquella noche.

–El país esta en crisis, tenemos que salvar a las personas. Los alquimistas se deben al pueblo. Pero tú me preocupas mucho.

–Vete... yo te prometo que voy a hacer lo posible por ya no llorar y que voy a fabricar de nuevo automails. Que voy a estar bien.

Abrazó a la joven de manera desesperada, sintiéndose mal por dejarla. Pero quería hacerle sentir que el mundo continuaba quería decirle eso. Y debía mostrárselo con hechos.

No podían pasarse la vida entera llorando por su perdida.

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El nuevo Fhurer visitando una tienda, en donde le atendió un hombre de cabello rubio y eterno cigarrillo. Pero que se movía en una silla de ruedas. Lo que no le impidió amenazarlo con una escopeta.

Sin sentir miedo, Antón se sentó en la mesa, frente a él y colocó en el mueble el objeto de la negociación. Una pequeña piedra roja que brillaba con la fuerza de la sangre.

–Intercambio equivalente. Yo te ofrezco de regreso tus piernas si me escuchas. Y en cuanto escuches mis planes, serás libre de seguirme o no. Esto es una piedra filosofal y sirve para hacer transmutaciones imposibles. Y yo estoy estudiando mucha alquimia medicinal. No serás un reto.

–¿Qué me impide ir a contarle todo esto a Mustang?

–No va a creerte, pensara que es solo un truco de mi parte para que piense cosas raras para que baje la guardia. Si tanto estimas a Mustang, ¿por qué no te me unes, sigues mis ordenes y les pasas toda la información que quieras a tus amigos?

–No confió en ti – pero Havoc había ya bajando la escopeta.

–En cuanto me escuches, Havoc, vas a desear seguirme y me seguirás hasta el final.

El soldado dudó un poco mas, mirando a Schieska quien ya parecía seguir a ese muchacho. Y después de todo, solo tenía que escuchar para que le regresaran sus piernas.

Para volver a ser una persona completa otra vez.

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Winry era ya buena para mentirle al mundo entero, para hacerle creer hasta a su abuela que ya todo estaba bien. Que solo de vez en cuando se deprimía al pensar en Edward.

Podía fingir una sonrisa perfecta en medio de la gente. Podía ir a las celebraciones del pueblo a ayudarles a los demás y sonreír y bailar por la música. Podía reír.

Pero dentro de ella, todo seguía roto, las lagrimas seguían fluyendo y las heridas en su corazón no sanarían nunca. Dentro de su cuerpo era carente de alma y nada le importaba.

De vez en cuando se sorprendía cuando en medio de su dolor, llegaba a lastimarse con sus herramientas pero no sentía ningún dolor.

Por que el sufrimiento de su alma era tanto, que minimizaba cualquier cosa que le pasara a su cuerpo.

Vestía de colores alegres a pesar de tener el alma destruida.

Reía de las demás personas a pesar de que su corazón lloraba en todo momento.

Decía sentirse bien cuando cada instante era una eternidad de dolor seguida de una eternidad mas.

Su único deseo era que aquella vida terminara para poder reunirse con Edward.

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Una entrevista en un café cercano al cuartel, una habitación en donde nadie les interrumpiera. Catherine, la mas joven de la familia Armstrong y el nuevo Fhurer hablaban.

–Aun si conocieras mis planes y mis ideales, no vas a seguirme. Eres demasiado niña y demasiado ignorante de la verdad del mundo como para convencerte. Así que esta es mi oferta. Alex Luis y Olivia apoyaron a Mustang y este es un asesino buscado. Quien está organizando revueltas y planeá un golpe de estado. Podría mandarlos ejecutar sin juicio en cualquier momento. Acusar también a tus padres y confiscar todas las posesiones familiares Armstrong por sospecha de apoyar terroristas.

–¿Por qué me amenazas a mi? –preguntaba la joven con los ojos llenos de lagrimas. Ya debía ser una mujer, pero en una casa donde era tan consentida, su mente seguía siendo la de una niña.

–Quiero que me ayudes, que nos envíes mensajes cada vez que alguien llegue a la casa de tu familia. Estoy seguro de que será el punto de contacto. Y si cumples bien y no me traicionas, haré que tus hermanos salgan bien librados de cualquier intervención de mi parte y tu familia estará siempre segura.

–No sé...

–Los Armstrong se distinguen por ser fuertes. Tanto en cuerpo como en alma, como tu hermana mayor Olivia, la genérala. ¿Tienes la fuerza necesaria para salvar a toda tu familia? ¿O prefieres tener la fuerza para verlos ir a todos a prisión y quedar tú en la miseria?

–Esta bien – decía ella ya llorando.

–Algún día comprenderás, jovencita, que estas en el bando correcto.

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Era difícil para Mustang y su grupo conseguir apoyo. Antón mantenía una mano de hierro sobre central y una serie de homicidios y desapariciones que estaban quitando del camino a todo el que pudiera amenazar su cargo.

Pero fuera de la capital, la ayuda estaba fluyendo de manera generosa. Reconstrucción de pueblos, construcción de caminos, apertura de fabricas de la milicia. Se estaba ganando el favor del populacho para que fuera mas difícil que se levantaran inconformes.

Y el maldito lo estaba logrando.

A los ojos del mundo, el grupo de Mustang se estaba volviendo el grupo de los malos. Pero era extraño, en ningún lado se mencionaba el nombre ni el rostro del alquimista de la flama. Desaparecer la imagen del enemigo, hasta de la prensa se servía Kalashnikov para pelear contra sus enemigos.

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Unión de nuevo a los soldados de Brigss para planear una atraque conjunto. Entrada desde uno de los laboratorios de investigación mas lleno de gente y civiles. Difícil pensar que sería ahí. Maquinas del norte que excavarían para aparecer de pronto en el interior del cuartel.

Sangre, muerte y la destrucción de aquel falso niño que juega a ser Fhurer.

Pero alguien avisó antes y fueron sorprendidos cuando apenas se organizaban. Los trenes desde Brigs detenidos, inspeccionados y regresados a su origen con fuerte vigilancia.

Alex Luis apresado al quedarse detrás cubriendo la retirada de sus compañeros. La primera vez que el mayor mostró sus claras ideas sobre el mandato. Hasta antes de eso, seguía mostrándose como el perfecto militar siguiendo ordenes.

–¿Qué sigue? –preguntaba el calvo esposado y sometido ante la presencia del Fhurer.

–Sigue que le vas a servir a mis planes.

–Jamás.

–Mustang cree que alguien de tu grupo los esta delatando y seguramente siente miedo de todos sus compañeros. Por eso será muy sospechoso si Alex Luis Armstrong termina escapando mágicamente. No te volverá a creer ni comentar plan alguno. Te perderá como aliado aunque sigas luchando a su lado. Suéltenlo y déjenlo escapar.

Dos pájaros de un tiro, conservar la promesa a Catherine, la hermanita de los Armstrong, y hacerle perder un compañero a Mustang.

Y mientras Mustang seguía jugando al golpe de estado, los planes, y los estudios y los crímenes continuaban. A su disposición, todas las investigaciones realizadas a nombre de Bradley. Tanto y tanto conocimiento útil y por comprender.

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Mensajes constantes con Resembool, aunque siempre por segundas o terceras personas que le contaban todo lo que ocurría en su pueblo. Winry estaba mucho mejor y casi llegaba la fiesta anual en el pueblo de Alphonse. Quería ir a ver como seguía su amiga.

Quería también visitar la tumba de su hermano.

Una discusión muy fuerte con Mustang al respecto, gritos e insultos cruzando el aire. Su líder moral, el alquimista de la flama, en franca pelea contra uno de sus aliados mas fuertes, el gran alquimista sin circulo.

Terminaron gritándose muchas cosas y con Alphonse expulsado del grupo de resistencia. Aunque si tomaba todas las precauciones al volver para que no lo siguieran y pedía después una disculpa, todo terminaría bien.

O al menos eso era lo que él esperaba.

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Un viaje mas en el tren de la oficina del Fhurer, pero en esta ocasión rumbo al desierto, un lugar que ningún interés parecía tener para nadie. Excepto para el mismo Fhurer. Si esos eran sus gustos, entonces las siguientes vacaciones serian a un lugar a un mas terrible.

Cerca de lo que alguna vez se llamó Ishbal, una tierra en donde documentos antiguos y grabados de los templos abandonados le sirvieron mucho. Y después recibir al grupo enviado hasta Xerxes, en el desierto que les separaba de Shin, para revisar sus datos.

Y entonces se dio cuenta de que ya lo tenía todo, de que todo lo que necesitaba para sus planes ya estaba listo.

Momento de irse, de ir rumbo a Resembool para cumplir su promesa.

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Winry convivía con los niños del festival con emoción. Las competencias de esquilar ovejas o lanzar herraduras siempre emocionaban a la gente. La música ya llenaba el aire.

Y lo mejor de todo, era la visita de Al para la celebración. Seguro se quedaría a dormir en casa y platicarían mucho, casi hasta el amanecer pues hacía mucho que no se veían desde que el muchacho entró a la resistencia.

Se suponía que Winry estaba feliz, que estaba contenta y le sonreirá a todo el mundo.

A pesar de su alma quebrada. A pesar de que se sentía llena de deseos de terminarlo todo y olvidarse de ellos. De ir al cementerio con Edward, por que Edward estaba solo allá abajo. Por que no tenía con quien charlar o a quien sonreírle, quien se burlara de su estatura. A quien tratar de impresionar con su alquimia y sus habilidades de pelea.

Y entonces la detonación.

Por ordenes de Alphonse todos a cubierto, dentro del solar principal para protegerse. Mirarlo por las ventanas mientras se lanzaba a la batalla. Esa mujer, la que acompañaba a Antón.. ella era la madre de Ed y Al.

Según le contó su amigo, uno de los homúnculos tenía esa forma, pero se suponía que todos los homúnculos fueron destruidos hacia ya tanto tiempo.

Que toda esa pesadilla se quedó atrás.

Pero mientras se desarrollaba la pelea, un dolor extraño se presentó en el corazón de Winry. Un dolor que sobresalía entre la herida normal que siempre tenía.

La preocupación por Al, el deseo de que estuviera bien. Por una vez no todo dentro de ella era sufrimiento y deseo de morir. Por primera vez en mucho tiempo quería otra cosa, quería que Al estuviera bien.

No quería perderlo también.

Aun cuando Antón entraba buscándola, no podía sentir miedo, la preocupación era lo mas importante en su corazón. Y al ver como, después de una supuesta victoria, Al era vencido y tratado como muerto. Mas barreras dentro de ella se rompieron.

También amenazaba a la abuela, los vecinos, los niños. Todos estaban en peligro y por todos se sentía preocupada.

–¡ES LO QUE TU DESEABAS!

Culpa.

Culpa.

Pidió un deseo, lo pidió con todas sus fuerzas, lo pidió tanto. Y ahora llegaba Antón para cumplirlo. Pero no se limitaría a hacer que todo terminara.

Destruiría el mundo por partes antes. Todo iría terminando y al final, solo al final, sería ella quien acabara.

Alphonse no estaba vencido, se levantó del suelo, aun con sus heridas. Atacó a su enemigo y le arrebató la espada que llevaba. Amenazándolo después con la muerte. Pero a Antón no le importaba morir, lo sentía, lo sabía.

Y si Elric lo hacía, su alma quedaría tan manchada por aquella muerte que tal vez nunca podría recuperarse.

Al era el noble de los hermanos, él era el que trataba de ayudar, quien salvaba gatos, quien pensaba en la gente.

Y solo unas horas antes, nada de esto parecía tener ninguna importancia. Ahora su corazón ardía con toda una gama de sentimientos que nada tenían que ver con Edward.

Edward estaba muerto, sí. Pero debía preocuparse por alguien mas.

Así que lo enterró dentro de su corazón, una vez más Edward murió dentro de sus sentimientos y se levantó para gritar.

–¡Basta!

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