Hola hola. Otro capi aquí. Quisiera pedir, si no es mucha molestia, que me dejaran un review comentando la forma en que voy incorporando a Ryan a la historia original, y qué tal les va pareciendo todo hasta el momento.
Saludos!
Capítulo 6.
Súbanse al auto.
Las calles frente a la escuela estaban llenas de autobuses escolares abandonados y cuerpos de infectados. Los habíamos abatido a todos, al menos a los que se habían acercado a nosotros. Lo cual no quería decir que no había más por los alrededores. Además de que Bill había tenido razón acerca de necesitar mucho más armamento para ir a ese lugar, otra cosa había comenzado a verse más claramente; la necesidad de que Ellie tuviera un arma para protegerse a sí misma. Todo el tiempo había estado corriendo, y Joel me había encargado quedarme atrás y cuidarla mientras él y Bill se encargaban de la mayor parte de los atacantes.
Cuando el último de los corredores visibles había caído, nos dimos un corto tiempo para recuperar el aire.
- Dios Santo… - comentó Ellie. - Eso fue aterrador.
- Bueno, eso fue más fácil de lo que pensé. - dijo Bill. - Deben estar escondidos en otra parte.
- Será mejor no poner a prueba nuestra suerte. - dijo Joel, cargando otra tanda de cartuchos en la escopeta que llevaba. - ¿Cómo vamos a entrar?
- Por ahí. - señalé, apuntando hacia arriba de un autobús abandonado justo frente a una reja que cerraba la entrada a la escuela.
Ellie se acercó hacia allá y miró lo que había señalado.
- Dejaron una escalera allá arriba. - confirmó Ellie. - Ven, Ryan. Si me ayudas a subir la bajaré para ustedes.
Suspiré y me acerqué a la parte trasera del autobús, donde Ellie me esperaba, asintiendo. Puse mis manos en forma de peldaño, apoyando mi espalda contra el autobús para impulsarla hacia arriba.
- No te mates allá arriba. - advirtió Bill.
- Gracias, Bill. - respondió Ellie, desde allá arriba, con impaciencia en su voz.
La chica bajó la escalera y la dejó apoyada contra un costado del vehículo. Bill subió primero, luego yo, y al final Joel. Nos paremos en seco justo antes de bajar al otro lado de la valla, escuchando decenas de gemidos encolerizados a la distancia.
- Mierda, ahí vienen. - dijo Bill. - ¡Andando!
Saltamos hacia el interior, justo cuando los primeros corredores llegaban hacia la reja; un gran grupo comenzaba a acumularse rápidamente.
- ¡Oh, mierda! ¡Se amontonan contra el vallado! - gritó Ellie, mirando la creciente cantidad de infectados con miedo. - ¡No va a resistir!
- ¡Tenemos que entrar y sacar la batería! - gritó Bill, comenzando a correr hacia el fondo de aquel sitio, en busca de una puerta. Del camión sólo podía verse la parte trasera, el resto estaba al otro lado del muro.
- ¡Vámonos, Ellie! - grité, sujetándola por un brazo y haciendo que comenzara a correr, siguiendo a Bill y Joel.
- ¡Apresúrate Bill! - gritó Joel, desde atrás de una esquina.
Miré sobre mi hombro, sin dejar de correr detrás de Ellie, con mi arma en mano. La valla ya había caído y una oleada de infectados se dirigía hacia nosotros.
- ¡Listo, la ventana está abierta! - gritó Bill.
Ellie y yo dimos la vuelta en la esquina, topándonos con Joel, quien nos esperaba con un palo de madera.
- ¡Por la ventana! - señaló. Los alaridos de los infectados estaban demasiado cerca ya, detrás de nosotros.
- ¡Date prisa! - le dije a Ellie, ayudándola a trepar sobre un aire acondicionado para que ingresara a la escuela por la ventana.
- ¡Ve, ve! - me gritó Joel.
Salté por sobre el aire acondicionado y me deslicé lo más rápido posible por la ventana. Al otro lado, Bill y Ellie me ayudaron a entrar sin perder el equilibrio, y rápidamente me volteé para ayudar a Joel a entrar. Un chasqueador sujetó a Joel por las piernas antes de que lograra entrar; Ellie y yo lo sujetamos por los brazos y jalamos, mientras él luchaba por liberarse de su captor.
- ¡Mierda! - gritó Joel, pateando al maldito chasqueador, quien finalmente lo soltó. Jalé con fuerza y logré meterlo, cayendo hacia atrás en el proceso.
Bill le voló la cabeza al chasqueador, y Ellie cerró la ventana mientras Joel y yo nos poníamos de pie.
- No resistirá mucho. - dijo Ellie. Los infectados se amontonaban contra la ventana.
- ¡Apresúrate, Bill! - gritó Joel.
- ¡Ayúdame con esto, Joel! - pidió el ermitaño, intentando abrir el capó del camión.
Joel fue a ayudarle.
- ¡Ryan! - gritó Ellie, apuntando hacia un lado. Me volteé y vi como unas puertas dobles estaban siendo golpeadas desde afuera; se encontraban peligrosamente cerca de ceder.
- ¡Mierda! - grité, corriendo hacia las puertas y comenzando a empujar con todas mis fuerzas. Logré mantenerlas algo en su posición cerrada, recibiendo los fuertes golpes contra mis brazos. Me di vuelta y seguí sosteniendo la puerta en su lugar con la espalda, plantando mis pies firmemente en el piso. Ellie llegó a mi lado un segundo después, ayudándome. - ¿¡Ya terminaron!?
- ¡Está vacío! - gritó Bill, con rabia, mirando el motor del camión. - ¡La batería no está!
- ¡Maldita sea! - gritó Joel.
La puerta que Ellie y yo sujetábamos emitió un fuerte crujido. Apenas la soltáramos seguramente saltaría por los aires.
- ¿¡Por dónde Bill!? - preguntó Joel.
- ¡Donde sea menos aquí! - gritó Bill, internándose hacia la escuela. - ¡Vamos!
- ¡Vé, Ellie! ¡Preparen la puerta de allá! - grité, sosteniendo la puerta con fuerza.
Joel se llevó a Ellie hacia la entrada de un pasillo, donde Bill esperaba, sujetando una de las mitades de las puertas dobles. Cuando llegaron hasta a él, Joel sujetó la otra mitad, al tiempo en que un empujón especialmente fuerte casi me hizo caer hacia delante. Me recuperé de inmediato, volviendo a aplicar fuerza contra la puerta, con mi espalda.
- ¡Será mejor que corras rápido, chico! - me gritó Bill.
- ¡Ya, Ryan! - gritó Joel.
Esperé un empujón final, para darme más tiempo antes de que la puerta cediera, y entonces me lancé a la carrera hacia delante, en dirección a la puerta abierta. No debe haber sido más de un segundo el que pasó cuando escuché que la puerta que había estado sujetando cedía detrás de mí. Sin mirar atrás, escuchaba como los rugidos de los corredores que corrían detrás de mí se acercaban a medida que yo mismo me acercaba a Joel y Bill.
- ¡Ciérrenla! - grité, apenas hube pasado bajo el marco de la puerta, y frené fuertemente cuando escuché las puertas cerrarse detrás de mí.
Me volteé y vi como Bill y Joel se alejaban levemente de las puertas cerradas, cerciorándose de que no cedieran por los golpes. Aquella puerta estaba en mucho mejor estado que la otra, así que debería resistir por sí sola. Al menos un tiempo. Me di cuenta de que estaba jadeando.
- ¿Y ahora qué? - pregunté.
- Seguimos… a hurtadillas por atrás. - dijo Bill.
El pasillo estaba oscuro y desierto. Los casilleros que antiguamente servían para que los estudiantes dejaran sus cosas estaban destrozados, y varias rejas habían sido erigidas para bloquear los accesos a varios otros pasillos, seguramente por los militares, quienes parecían haber levantado una zona de cuarentena ahí en la escuela.
En los pasillos había infectados, y nos vimos en la necesidad de recurrir a las armas en algunas ocasiones, hasta que llegamos a lo que solía ser un laboratorio de química, que nos condujo directamente hacia otras puertas dobles, con un letrero sobre ella que indicaba que era el gimnasio. Entre Joel y Bill tuvieron que abrir la puerta, que estaba bloqueada desde el interior con colchonetas enrolladas en sus soportes.
- Hay más en camino. - dijo Bill, cuando entramos en el gimnasio. - Bloqueen esa puerta de nuevo.
Ayudé a Joel a correr los soportes de las colchonetas para bloquear la puerta, luego de cerrarla.
- Esto no los detendrá por mucho tiempo. - dijo Joel.
Y lo escuchamos. Un poderoso golpe a otra de las puertas del gimnasio; algo grande estaba intentando entrar.
- Eso no sonó nada bien. - comenté, mirando hacia la puerta lejana.
Un segundo estruendo acompañó a las puertas que se abrieron de par en par, dándole paso a una monstruosidad.
- ¿¡Qué diablos es esa cosa!? - preguntó Ellie, horrorizada.
- ¡Es un maldito Gordinflón!
Aquel estado de los infectados era muy avanzado. El cuerpo del desgraciado que llegaba a esa etapa crecía y se hinchaba; si no recordaba mal, todos los que habían sido vistos medían a lo menos un metro noventa. La hinchazón se debía a que contenían cientos de millones de esporas en sacos de gas, que parecían enormes tumores, que se producía por la descomposición de los cuerpos humanos que el hongo no devoraba. Ya no quedaba ningún rasgo visible de un ser humano en ellos. Su talla los volvía lentos, pero eran muy, muy fuertes. Pero lo peor no era eso.
- ¡Cúbranse! - gritó Joel.
Sujeté a Ellie por un brazo y la conduje detrás de un cajón de salto al tiempo en que aquel monstruo se sacaba una porción de abdomen y la arrojaba hacia el centro del gimnasio. El gas que contenían aquellos trozos reaccionaba con el aire violentamente cuando se fracturaba la cubierta que lo contenía; la explosión era suficiente para matar a un hombre si el trozo impactaba directamente. Pero mayormente parecía estar diseñada para incapacitar, porque las esporas que liberaba la explosión podían infectar con mayor facilidad a un blanco inmóvil. O eso me habían enseñado los militares.
- ¡Vamos, vamos! - indiqué, empujando a Ellie para alejarnos lo más posible del gordo luego de que la primera explosión hubiera ocurrido.
- ¡No se dejen bombardear! - gritó Bill. - ¡Si los alcanza, están muertos!
- ¡No me digas! - grité, sarcástico.
Otro detalle acerca de ellos era que no se podían combatir con ningún tipo de arma de corto alcance, ni con ninguna arma de fuego si te encontrabas demasiado cerca. En aquella etapa de la infección, ya era más hongo que otra cosa. Cualquier impacto en su cuerpo liberaba esporas, y no tenía puntos débiles como el resto de los infectados, ya casi no quedaba cerebro que destruir.
- ¡Ellie, mantente alejada! - gritó Joel. - ¡Cúbrela, Ryan!
- ¡En eso estoy! - grité.
Manteniéndonos siempre con medio gimnasio de por medio, comenzamos a disparar, arrojándole todo lo que teníamos. Cada bala o perdigón que daba en el blanco levantaba una nube de esporas que emergía del cuerpo de aquel ser, un recordatorio constante de que no debíamos permitir que se nos acercara demasiado.
- ¡Tenemos que subir allá arriba! - gritó Joel, en medio de disparos de escopeta.
- ¡No podremos subir a las gradas con esta cosa dando vueltas! - gritó Bill.
Subir a las gradas nos alejaría de él, pero no de sus bombas. Le disparé dos veces más, mi muñeca derecha ya estaba resentida por el impacto del alto calibre de la pistola que llevaba. Había perdido ya la cuenta de las balas que me quedaban, pero seguramente no serían más de unas dos más.
- ¡Para atrás! - gritó Bill, retrocediendo sin dejar de apuntarle al gordinflón.
Hice lo mismo, mirando por sobre mi hombro por menos de un segundo para cerciorarme de que no hubiera nada con qué tropezar. Ellie estaba cerca de mí, casi pegada a mi espalda. Finalmente, y luego de lo que pareció un enfrentamiento de horas que se llevó la mayor parte de toda nuestra munición, el monstruo se retorció tras un disparo final de la escopeta de Joel, y cayó al piso para no moverse más.
Jadeantes y sudorosos, no podíamos tomarnos el tiempo para descansar, por lo que seguimos de inmediato.
- Ah, cielo… ¿qué le pasa al grandote? - preguntó Ellie, cuando pasamos sobre los restos del gordo.
- Está infectado desde hace mucho. - dije.
- Los llamamos Gordinflones. - explicó Joel.
- Un nombre muy original… - comentó la chica.
- Odio interrumpir la lección de biología, pero ¿podemos irnos? - dijo Bill. - ¿Por favor?
- Bien. - dijo Joel. - Vamos gente. Bill y Ellie primero.
Joel y yo ayudamos a trepar a las gradas a Bill y Ellie, respectivamente, y luego Joel me dio impulso a mí.
- ¡Joel, detrás de tí! - gritó Ellie, apenas terminé de trepar. Bill y yo nos inclinamos hacia delante, extendiendo una mano cada uno para ayudar a Joel.
- ¡De prisa! - gritó Bill.
Joel saltó y atrapó nuestras manos, y Bill y yo jalamos con todas nuestras fuerzas para subirlo y sacarlo del alcance de un par de corredores que acababan de entrar en el gimnasio, justo a tiempo. Uno de ellos, de hecho, se estrelló tan fuerte contra las gradas que él mismo se reventó el cráneo en su ansia por alcanzar a Joel antes de que lo subiéramos.
- ¡Odio esas malditas cosas! - exclamó Ellie.
- Vamos. - dijo Joel.
Salimos por una de las ventanas hacia uno de los costados de la escuela, donde pudimos atravesar la valla por un agujero hacia un pequeño estero que se había formado sobre lo que antes había sido una calle.
- Hay una escalera por ahí. - señaló Ellie.
- E infectados por allá. - advertí, señalando detrás de nosotros al ver como varios corredores se lanzaban a la carrera a por nosotros.
Corrimos nuevamente hacia la escalera colocada contra una alta cerca de madera vieja, y trepamos a tiempo para pasar al patio de una casa y derribar la escalera para ponernos a salvo.
- Entren a la casa. - dijo Bill. Podíamos escuchar a los infectados aglomerandose al otro lado de la cerca.
Entramos por una puerta corrediza de vidrio abierta, la que Bill cerró detrás de nosotros. Todos estábamos jadeando; había sido una travesía agotadora, e infructuosa.
- Bien, eh, eso salió bien. - comentó Ellie. Joel y Bill la fulminaron con la mirada.
- Muy buen comentario. - dije, sarcástico y rodando los ojos.
- Bueno… iré a revisar… este lado de la casa. - dijo Ellie, intuyendo que era mejor dejar a Joel y Bill solos.
- Ryan… - me dijo Joel. Suspiré.
- Voy. - dije, y partí detrás de Ellie. Era yo quien había accedido a llevarla con las luciérnagas, ergo era mi responsabilidad vigilarla en ese tipo de situaciones.
Escuchaba como Joel y Bill se ponían a discutir detrás de mí mientras me alejaba.
- ¿Crees que encontremos algo útil por aquí? - me preguntó Ellie.
- Siempre vale la pena intentarlo. - dije, cansado.
Nos pusimos a registrar la cocina, buscando comida o armas, pero resultó que todo estaba vacío.
- Lo hiciste bien allá en la escuela. - comentó Ellie, revisando uno de los cajones de la cocina. - Muy bien, de hecho. ¿Dónde aprendiste a disparar?
- Academia… - dije simplemente. - Aunque odio a los militares, si aprendí cosas de ellos.
- Quisiera que Joel me dejara tener un arma. - dijo, con aire frustrado. - Así podría ayudar.
- ¿Sabes disparar? - pregunté, revisando un estante. Me hice con un trapo medianamente limpio que podría servir como vendaje de emergencia.
- He disparado antes. - me dijo.
- Eso no es lo que pregunté.
- Sé disparar, pero no lo he hecho mucho con armas reales. - admitió.
La miré unos segundos, percibiendo su postura a la defensiva, como si esperara un comentario acerca de eso.
- Quizá con el tiempo se dé cuenta de que podrías ser de mucha más ayuda con un arma en tus manos. - dije, y abrí una puerta que conducía a un pasillo corto debajo de unas escaleras, que llevaba a una cochera… - Mira esto…
Una camioneta de doble cabina se encontraba ahí, con el capó abierto y en muy buen estado. Nos acercamos rápidamente para mirar el motor. Estaba completamente ensamblado, o eso parecía.
- Tiene una batería. - dijo Ellie. - ¿Crees que funcione?
Antes de poder responder, Ellie se dio la vuelta y fue a sentarse en el asiento del conductor.
- Las llaves están puestas. - dijo cuando llegué a su lado.
- Intenta encenderlo. - le dije, y me sentía emocionado.
Ellie dio el contacto, y se escuchó el característico sonido de un motor que intenta encender, pero no se pudo.
- Tiene energía… - murmuré, y me volteé por sobre mi hombro. - Joel, ven a ver esto.
Joel y Bill aparecieron en el pasillo cuando Ellie intentaba nuevamente encender el motor. El ermitaño fue a revisar el motor.
- Es mi batería. - dijo, y cerró el capó. - Ese maldito imbécil. Sal de ahí…
Rodeó la camioneta y fue a sentarse en el asiento del conductor, del que Ellie se levantó. Intentó encender el motor, pero tampoco pudo hacerlo.
- La batería está agotada pero las celdas están activas. - dijo.
- ¿Y significa…? - preguntó Joel.
- Que lo empujamos, lo ponemos en marcha y el alternador recargará la batería. - respondió Bill, saliendo de la cabina.
- ¿Eso supones? - preguntó Joel.
- Mira, querías un plan b. - dijo Bill, molesto. - Esto es lo mejor que hay.
Ellie y yo nos miramos antes de ver a Joel.
- ¿Qué piensas? - pregunté. Joel me miró.
- Que Bill, tú y yo empujaremos... y tú conducirás. - dijo, señalando a Ellie al final.
Asentí. Conducir… también lo había aprendido en la academia, pero en ese momento me necesitaban más para empujar. Ellie volvió a tomar el asiento del conductor y Joel y yo nos fuimos a la parte trasera. Bill abrió la puerta y fue a unírsenos.
- Bien, pon primera. - indicó Bill.
- Ya lo hice. - dijo Ellie.
- Mantén el pie en el embrague y cuando comencemos a avanzar…
- Sé cómo soltar el embrague. - interrumpió Ellie, impaciente.
- ¿Cómo demonios…? - exclamó Bill. - ¿Sabes qué? No me interesa, ¡sólo hazlo bien!
Comenzamos a empujar; la maldita camioneta pesaba bastante incluso para tres hombres, pero poco a poco fuimos agarrando velocidad hasta alcanzar el inicio de la inclinación de la entrada de autos; la casa estaba construida en altura. La camioneta comenzó a moverse por inercia, aumentando su velocidad por su propio peso.
- ¡Ahora Ellie! - indicó Joel.
Mientras la camioneta descendía, escuchamos cómo emitía el ruido del contacto. Las luces traseras parpadearon débilmente. La camioneta llegó a la calle sin haber encendido, y Ellie logró alinearla perfectamente antes de que se detuviera por completo
- Perfecto. ¡Ey! Buen trabajo, niña. - gritó Bill, sarcástico. Ellie sacó una mano, levantando el dedo medio, por la ventanilla.
- Bill. No funciona. - dijo Joel, y comenzamos a correr hacia la camioneta. - Ellie… vamos a intentarlo de nuevo. ¡No te distraigas!
Comenzamos a empujar de nuevo, con más fuerza ésta vez porque el terreno era plano.
- ¡Cuidado! - advirtió Ellie. - ¡Por la izquierda!
- Oh, mierda. - dijo Joel. - Sigue empujando, Ryan. Nosotros te cubrimos.
Y Joel y Bill desaparecieron de mi lado. Con la energía inicial necesaria ya aplicada para comenzar a mover el vehículo, sólo fue necesario que yo empujara con fuerza para aumentar la velocidad. Los disparos comenzaron detrás de mí, sumándose al creciente sonido de infectados acercándose. Si alguno de ellos estuvo cerca de mí, nunca lo noté. Me dejé confiar completamente en Joel y Bill.
- ¡Viene una bajada! - me alentó Ellie. - ¡Sólo un poco más!
Aquello me animó a intentar correr mientras empujaba, y algo más rápido logré llegar al comienzo de la colina.
- ¡Inténtalo ahora, Ellie! - grité, observando como la camioneta ganaba velocidad a medida que se alejaba.
Joel y Bill llegaron a mi lado, y tras dos intentos más por parte de Ellie, escuchamos como el motor encendía. Me sacó una sonrisa.
- ¿Escuchan eso? - preguntó Joel.
- Si, lo que significa que los infectados también pueden. - dijo Bill. - Subamos a la camioneta.
Corrimos colina abajo, notando como los infectados comenzaban a dirigirse hacia nosotros rápidamente. Saltamos hacia el interior de la batea; los infectados estaban peligrosamente cerca de nosotros.
- ¡Arranca! ¡A toda velocidad! - gritó Joel.
Nos sujetamos con fuerza cuando Ellie arrancó, terminando de bajar la colina y tomando una curva a toda velocidad, alejándonos de aquel sitio.
Ellie condujo durante diez minutos, hasta que llegamos a un camino al costado de una montaña que, según los letreros, nos llevaría hasta fuera de la ciudad. En la batea, Bill, Joel y yo estábamos sentados, algo incómodos y en silencio, ya habiendo recuperado el aliento, cuando Bill le dio unos golpes al costado de la camioneta.
- ¡Es suficiente! - gritó Bill. - ¡Detente!
Ellie apretó el freno y nos detuvimos lentamente. Bill se bajó de inmediato. Joel y yo lo seguimos.
- Esa niña casi hace que nos matemos. - comentó Bill.
- Tienes que admitirlo… - dijo Joel. - Se las arregló sola allá.
- Y nos ayudó bastante, también. - agregué.
Bill solo rió por lo bajo.
- Ustedes no lo lograrán. - dijo, alejándose de nosotros. - Oh, casi lo olvido.
Se quitó la mochila y sacó una manguera de goma, que arrojó para que yo la atrapara.
- ¿Y esto? - pregunté.
- Se asombrarían con la cantidad de autos que aún tienen gasolina. - dijo Bill. - Así que será mejor que aprendas a chupar de la manguera, pendejo.
Resoplé.
- Oh, apuesto a que sabes muy bien cómo se hace eso, ¿no? - dije, usando el mismo tono sarcástico que él había usado al hablarme.
- Ahí te atrapó, Bill. - dijo Ellie, desde la camioneta.
- Ja ja ja. - rió falsamente él.
- Suficiente. Ryan, espera en la camioneta. - me ordenó Joel.
- Será un placer. - dije, y me volteé para regresar al vehículo, deteniéndome lo suficiente para decir: - Gracias, Bill.
Llegué a la camioneta y abordé por el lado del copiloto, dejando la puerta abierta entretanto.
- Ese Bill realmente es todo un personaje. - dijo Ellie.
- Es… algo. - dije, mirándola y sonriendo de lado. Nos reímos un poco. Hacía mucho tiempo que no me reía.
Joel se quedó hablando con Bill unos minutos más mientras nosotros esperábamos, con Ellie mostrándome algunas cosas interesantes que había conseguido en lo de Bill. A lo lejos, nubes negras de tormenta se acercaban rápidamente a nosotros.
Fue cerca de una hora de viaje desde que Joel finalmente terminó de despedirse de Bill; él iba conduciendo, tras mandar a Ellie a la parte trasera de la cabina, para que tomara una siesta o algo. La lluvia caía pesadamente sobre nosotros, y el sonido de las gotas contra la estructura producía un efecto somnífero. Claro que no iba a dormirme.
- Oh, cielos. - exclamó Ellie, desde la parte de atrás. Miré por sobre el respaldo de mi asiento; estaba recostada leyendo un cómic.
- Ey, ¿qué pasó con la siesta? - preguntó Joel.
- Bien, sé que no lo parece, pero no es una mala lectura. - dijo Ellie, sentándose. - Sólo hay un problema; justo al final. "Continuará". Odio ese tipo de finales.
- ¿De dónde sacaste eso? - preguntó Joel.
- Uh… en lo de Bill. - respondió ella. A Joel no pareció gustarle. - Digo, todo esto estaba tirado por ahí.
Joel suspiró; ya no había nada que hacerle.
- ¿Qué más encontraste? - preguntó.
- Bueno… - Ellie registró su mochila. - Ten. ¿Esto te pone nostálgico?
Ellie le entregó a Joel un cassette de música.
- ¿Sabes? De hecho es de una época anterior a la mía. - comentó Joel, leyendo el cassette. - De todos modos es un éxito.
Metió el cassette en el reproductor de la camioneta, y de los parlantes comenzó a escucharse música country. No era de mi gusto, pero supongo que para alguien de Texas estaba bien.
- Oh, cielos… - suspiró Joel, disfrutando.
- Bien… - dijo Ellie, desde atrás. - Es mejor que nada. Oh, y estoy segura de que "tu amigo" extrañará esto, esta noche.
- Ajá… - dijo Joel simplemente, sin prestarle demasiada atención. Me volteé y vi que Ellie sujetaba una de esas revistas que mostraban hombres desnudos.
- Joel… - advertí.
- Poco para leer, pero tiene fotos interesantes. - dijo Ellie. Joel se volteó y vio lo que la chica estaba leyendo.
- Oye, Ellie… eso no es para niños. - dijo Joel, mientras Ellie volteaba la revista en posición vertical para observar una foto de gran tamaño en su totalidad.
- ¡Wow! - exclamó. - ¿Cómo… cómo rayos pueden caminar con una de esas cosas?
Apoyé mi cara sobre mis manos; Joel se estaba complicando mucho con esa situación.
- Deshazte de eso. Sólo… - Joel intentó quitarle la revista, pero no podía dejar de prestarle atención al camino.
- Espera un poco, quiero ver a qué se debe tanto escándalo. - dijo Ellie, alejando la revista del alcance de Joel. - Oh… ¿Por qué están todas pegadas?
- Ehm… uh… - Joel no sabía qué responder.
Finalmente no pude más y comencé a reírme.
- Oh, no puedo seguir con esto. - dije, entre risas.
- ¿Qué diablos…?
Ellie también rió.
- Solo bromeamos contigo. - dijo Ellie, abriendo una ventana y arrojando la revista hacia el exterior. - Adiós, amigo.
- Estuvo excelente. - comenté, estirando una mano hacia atrás y recibiendo los cinco por parte de ella.
- ¿Orquestaron esta broma juntos? - preguntó Joel, quien lucía muy aliviado. Incluso sonrió un poco.
- Bueno, la idea era llegar hasta el punto en que tuviera que darle "la charla" a Ellie pero… - dije, y negué con la cabeza. - Creo que hubiera sido demasiado.
- Hmm, no sabía que ya se llevaran tan bien. - comentó Joel, y me borró la sonrisa del rostro.
Se hizo el silencio durante algunos minutos, en el que Ellie le subió el volumen a la música.
- ¿Por qué no intentan dormir un poco? - preguntó Joel.
- No tengo sueño. - dije.
- Ni yo.
- Bien, entonces… - Joel detuvo la camioneta en medio de la carretera. - Creo que yo aprovecharé de dormir. Toma el volante, Ryan. Voy a recostarme allá atrás.
Hicimos un cambio completo de asientos; ahora conmigo al volante, Ellie a mi lado, y Joel atrás, y seguimos nuestro camino. Pittsburgh estaba a un poco menos de doscientos cincuenta millas de distancia, pero Missouri, donde se suponía se encontraba Tommy, aún se hallaba a varios días de viaje, si es que no había problemas en el camino.
