- Titulo: La vida es un circo

- Autor: WritersCompulsive (Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no nos pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Edward POV

Que… Qué asco era despertarse completamente sudado, solo con una bata completamente distinta a la que había usado el día anterior y que solo cubría lo justo y tapado hasta la cintura ¿Qué era lo que había ocurrido? Lo último que recordaba era que yo estaba con una bata que me quedaba un poco grande y que me había quedado dormido, pero no recordaba haberme metido a la ducha como para estar así de mojado.

— Esto es asqueroso— reclamé y miré todo a mí alrededor para ver si es que me podía mover.

Las máquinas estaban apagadas y a un lado de la cama, el suero había sido retirado y solo habían dejado la vía. Quise levantarme pero esa desagradable sonda por donde salía mi orina me molestaba demasiado como para hacerlo así que desistí de mi intento y me quedé recostado.

— Buen día— saludó una chica entrando en el cuarto— Vengo a lavarlo

¡¿Qué?! Ni loco me dejaría lavar por una mujer. Me había estado bañando solo desde que tenía casi seis años y no dejaría que ella me lavara mis partes… No lo permitiría.

— Tranquilo, no tienes nada de qué avergonzarte— me sonrió la chica y se acercó a mí.

— Pre… prefiero ducharme si no es molestia— le pedí y ella sonrió

— ¿Te sientes capaz de levantarte? — me preguntó y asentí efusivamente. Daba igual que no tuviera las fuerzas pero no dejaría que ella me lavara.

Me ayudó a colocarme de pie teniendo cuidado con la bolsa de mi orina y me ayudó a llegar al baño. Permitió que me desvistiera y me metiera en la ducha, pero durante todo el tiempo que duró mi baño se quedó en el interior de la sala en caso de que la necesitara. Cuando acabé me ayudó a salir después de entregarme una toalla y se fue a buscarme una nueva bata en el mueble de mi cuarto.

Cuando acabé de vestirme me ayudó a regresar a la cama que había sido armada nuevamente y a la que le habían cambiado las sabanas. Me dejó bien acomodado y salió del cuarto para dejarme sólo.

— ¿Se puede? — preguntó alguien tocando a la puerta e ingresó cuando se lo permití. Era mi abuelo— Hola Edward

— Hola abuelo

— ¿Cómo te sientes hoy? — se acercó a la camilla y se sentó al lado de esta en una silla que había acercado desde la entrada. Dejó el bolso que tenía colgado en su hombro en el suelo

— Cansado… Siento como si no hubiese dormido nada— respondí acomodándome mejor en la camilla— Es como si un camión me hubiese pasado por encima y siento la cara demasiado caliente— colocó su mano en mi frente y luego cuello

— No tienes fiebre, lo que es bueno. Anoche delirabas por la fiebre según me dijeron las enfermeras y tuvieron que darte un antipirético muy fuerte

Los dos hicimos una mueca y nos quedamos en completo silencio. Me comentó que mi abuela me había mandado ropa en ese bolso, además de unos útiles de aseo y una pijama. Me ayudó a colocármela teniendo cuidado con la sonda y la vía y volvió a recostarme, justo cuando la puerta se abría dejando ver a una enfermera con mi bandeja de comida.

La dejó sobre la mesa móvil y mi abuelo me la acercó para que pudiera desayunar. En la bandeja había un tazón de leche, dos rebanadas de pan y un poco de mermelada en un recipiente sellado. Se veía bastante decente.

— Edward, tengo que decirte algo. Más bien proponerte algo— comenzó mi abuelo y le presté toda mi atención mientras mordía una de mis tostadas— En el hospital tenemos un plan piloto para instalar la "risoterapia".

— ¿Riso- qué?

— "Risoterapia". Es una terapia que se realiza en algunos hospitales, en las áreas de pediatría principalmente, para mejorar el estado de ánimo de los pacientes, además de su estado de salud y bueno… Para eso necesitamos especialistas en la risa

— Sigo sin entender en que entro yo

— Edward… Queremos que tú seas quien nos ayude en todo esto, que tú lo coordines y nos ayudes a buscar a otras personas que quieran ayudarnos— aclaró y me quedé sin palabras

— ¿Cómo Patch Adams pero sin el título de médico? —tenía que preguntar.

—Sí. Algo así —rió mi abuelo. Tanto que se le salieron algunas lágrimas.

¿Cómo me proponía algo así? Yo ni siquiera sé que hacer y no sé cómo tratarlos ¿Qué pasa si uno se lastima?

— Abuelo, yo no sé nada de medicina ¿Qué ocurre si alguno de los niños sale lastimado?

— Por eso no te preocupes que estarán siempre respaldados por un grupo de médicos, enfermeras y auxiliares que los apoyaran y ellos los instruirán en lo básico— aclaró

— Abuelo, no sé— admití. De verdad no me sentía seguro de poder hacerlo a pesar que adoraba hacer feliz a la gente, pero tratar con niños enfermos era completamente diferente.

— Esta bien, piénsalo— me sonrió levantándose de la silla y palmeándome una de las piernas— Piénsalo y después me das una respuesta.

Sin decir más se retiró del cuarto, dejándome con la pregunta rondando en mi cabeza ¿Debía aceptar o no? ¿Qué era lo que tenía que hacer?

Cuando acabé con mi desayuno llegó la misma chica de hace un momento para llevarse la bandeja e ingresó otra para tomarme las constantes vitales. También vino el médico para preguntarme que tal me encontraba y revisarme, ya que todos se habían preocupado con mi episodio de la noche anterior. Ellos encontraron que estaba mucho mejor y que por lo menos ya no tenía tanta fiebre, lo que era una buena señal.

A penas salió el médico con la enfermera la puerta se volvió a abrir y por esta entraron los chicos, mis amigos. Ellos habían estado muy preocupados por mí y me lo hicieron notar ya que no me dejaban tranquilo en ningún momento y a cada movimiento que hacía trataban de ayudarme.

Les comenté lo que me había pedido mi abuelo y ellos tampoco se veían muy convencidos, a excepción de Félix. Él era estudiante de enfermería y adoraba ayudarle a todo el mundo sin importar qué, pero los chicos eran ingeniero y abogada ¿Por qué hacían malabares entonces? Simplemente porque les gustaba y sus familias los apoyaban en todo, incluso en su afición.

Después de meditarlo y conversarlo por un buen rato decidimos aceptar la propuesta. Ellos no me iban a dejar solo en todo esto, así que lo haríamos como grupo, como amigos que éramos.

Más tarde ellos se tuvieron que ir y yo me volví a quedar sólo pensando en todo lo que había ocurrido en este último tiempo. Había vuelto a ver a mi madre y a mi hermana y eso me alegraba demasiado. A pesar del tiempo las seguía queriendo y deseaba poder estar con ella más tiempo, pero mi agenda se hacía cada vez más apretada entre las funciones, las clases que daba en la universidad y ahora el trabajo del hospital ¿Por qué tenía que meterme en tantas cosas?

— ¿Se puede? — preguntaron en la puerta y esta se abrió, dejando ver a mi hermosa novia que venía vestida con su traje azul de enfermera que tenía monitos por toda la pechera— Hola mi amor

— Hola mi vida— la saludé con una sonrisa y, cuando ella estuvo a mi lado, nos fundimos en un tierno beso

— Anoche me asustaste demasiado— me acusó y la miré con intriga

— ¿Estuviste acá?

— Si, cuidándote. Me quedé como hasta las nueve y media más o menos acompañada por tu padre

— ¿Mi… mi padre estuvo acá?

—Sí, y también se le veía muy preocupado. Se pasó horas tratando de bajarte la temperatura y…

— No quiero saber más— la silencié— No quiero saber más— insistí, más por dolor, confusión y sorpresa que por rabia o cualquier otro sentimiento negativo hacia él— No quiero que me digas nada más. Solo quiero estar contigo ¿Tienes práctica?

— Si, pero entro en una hora. Me vine antes para estar con mi paciente favorito— me sonrió y se sentó en la silla que antes había ocupado mi abuelo y Jane

Le sonreí de vuelta y me recosté más cómodamente en la cama. No quería ser presuntuoso ni nada por el estilo, pero esta cama me estaba matando, ¡Dios mío! ¿Cómo podía pasar días aquí un paciente?

—Te conozco, Edward Cullen. Esos bufidos son de inconformidad, que es algo que por lo general no te pasa —sonrió Bella acariciando mis dedos.

—Na… —comencé pero la mirada de Bella, debo aceptarlo, me dio miedo—. Esta cama es incómoda, no sé cómo alguien puede dormir y estar tantos días acostado en una.

—Te ves tan tierno todo enfurruñado —rió Bella logrando que bufara una vez más.

Mientras Bella estaba a mi lado me quedé dormido sintiendo como acariciaba mis cabellos. Pero es que me sentía muy cansado y volvía a sentirme mal.

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Habían pasado tres días desde que me habían dado el alta y ya estábamos a 18 de Junio. En cuanto sentí el aire fresco en mi rostro, volví a sentirme libre.

Le había confirmado a mi abuelo que mis compañeros y yo trabajaríamos como animadores en el hospital para los niños, lo cual le había alegrado mucho a él y a mi abuela. Ella no hizo otra cosa que comerme a besos cuando se lo dije.

Mis abuelos Eleazar y Carmen habían ido a verme en un par de ocasiones porque Bella les había contado lo que me había ocurrido y querían asegurarse que me encontraba bien. Ellos siempre eran los que más se preocupaban cuando algo me ocurría y eso no cambiaría porque la relación con los demás se volviera a retomar.

Tampoco había querido que mi amada novia les contara a mi madre, hermana y hermano pues no quería preocuparlos. Además se notaba que ni mi padre ni mis abuelos les contaron porque no habían venido en esos días que estuve internado.

Ahora estábamos en un bar bebiendo algo con los chicos y Bella, la mujer más increíble que conocía.

— Bueno, bueno, no nos dispersemos ¿Qué vamos a hacer para tu cumpleaños? — dijo Alec con una sonrisa dando un trago a su bebida.

— La verdad es que no he pensado en nada. Tengo muchos gastos ahora y... — comencé a decir.

— Tonterías, como no vamos a disfrutar en tu día— dijo Jane confusa tratando de que yo entendiera.

— Puedo disfrutar igual con solo estar todos juntos, pero no podemos ir a ningún lado, no hay dinero— les dije.

— Yo tenía algo que proponerte... — me dijo Bella en un susurro mirándome.

— ¿Qué? — pregunté con una sonrisa pícara.

— Tú madre me dijo que si podía mencionarte una idea que había tenido... Quiere hacer una cena en casa de tus abuelos y quiere que vayas— dijo mirándome.

— No sé... no me convence mucho... — susurré.

Una cena en casa de mis abuelos significaba que toda la familia estaría allí, incluido mi padre con el que no quería encontrarme.

Bella y los chicos comenzaron a insistir en que era lo mejor y que tenía que volver a retomar la relación con mi familia, pero tenía miedo de lo que podía llegar a pasar si es que iba a la casa de mis abuelos y mi padre estaba ahí. Ya le había arruinado el cumpleaños a mi hermano una vez y no quería hacer lo mismo con mi hermana.

Bella llamó a mi madre para preguntarle cuando sería y a qué hora después de que yo reclamara que tenía cosas que hacer todos los días. Mi madre le pidió que me tendiera el teléfono y ella se encargó de asegurarme que mi padre no podría estar para esa fecha en el país ya que tenía un importante congreso en Inglaterra e iría por una semana completa.

Después de suspirar terminé aceptando la propuesta de las dos y tanto mi madre como los chicos se rieron y aplaudieron por mi respuesta. Todos estaban alegres por mi decisión y, como era de esperarse, mi madre invitó a los chicos.

Dos días más tarde y a eso de las dos de la tarde ya estábamos en la mansión donde vivían mis abuelos paternos. Los autos de todos estaban en las afueras de este, por lo que lo Bella se tuvo que estacionar un poco más alejados de la entrada para quedar en un buen lugar.

El auto que mis abuelos maternos usaban cuando estaban en este lugar también estaba estacionado, por lo que era más que lógico que estaban en este lugar y aún no se iban a Cambridge.

— ¡Wow, esta casa es enorme! — exclamó Félix saliendo del automóvil con los chicos

— Más que enorme— siguieron los mellizos y no pude hacer nada más que reírme. Bella llegó a mi lado y me abrazó por la cintura

— ¿Entremos? — inquirió mi novia y todos asentimos

Comenzamos a caminar hacia la entrada de la gran mansión y Bella tocó el timbre para que nos abrieran la puerta. Obviamente mi madre, que fue la que nos abrió, se lanzó a mis brazos y comenzó a besarme en las mejillas y a derramar unas cuantas lágrimas. Luego nos invitó a entrar y así lo hicimos.

La seguimos hasta que llagamos a la sala y todos los presentes comenzaron a saludarnos uno a uno. Aproveché de presentarles a los chicos mi familia y los amigos de esta, claro que a mi abuelo y a mi hermano ya los conocían y este último vino corriendo a donde estábamos para saludarnos.

Nos quedamos conversando, mi abuela nos sirvió un poco de gaseosas o algún trago y algo para comer mientras que las sirvientas terminaban de preparar la comida para todos los presentes.

Aproveché de contarle al resto de la familia que Bella y yo estábamos de novios y todos quedaron impresionados por la información que acababa de darles. Al principio, cuando éramos apenas unos niños, no llevábamos muy mal y todos decían que nosotros nunca podríamos ser pareja, pero el tiempo se encargó de juntarnos y ahora éramos felices.

Todos los presentes nos felicitaron por la noticia, incluso el señor Swan. Era difícil para cualquiera imaginarse que su hija estaba de novio con un tipo que era artista tanto callejero como de estudio, pero a él eso no parecía molestarle.

Estuvimos hablando de diferentes temas. Pude notar como todos trataban de no mencionar a mi padre, lo cual me parecía bien.

Les comenté había terminado mis estudios, que me habían contratado en la universidad para trabajar como maestro y que finalmente acepté trabajar en el hospital como mi abuelo me pidió. Mis amigos se mostraron alegres con la propuesta desde el principio y yo no sería menos, pasaría más tiempo con Bella y no tenía por qué cruzarme con mi padre ya que esa no era su planta.

Alice se mostraba un poco reacia pero podía notar en su mirada que se alegraba de verme y Emmett estaba entusiasmado como siempre, puro torbellino.

— Señores, la comida ya está lista— dijo la criada de mis abuelos y todos nos levantamos para ir a comer

Bella se sentó a mi lado y mis amigos no muy lejos de mí.

La comida fue tranquila. Mi hermano estuvo haciendo tonterías con Rosalie, que se veía muy guapa y grande ya desde la última vez que tuve la oportunidad de verla.

Cuando la comida finalizó, me despedí de todos y Bella nos llevó hasta la casa ya que Félix no había podido venir y era el único que tenía coche. Nos dejó en casa y nos dijo que nos veríamos mañana que era mi primer de trabajo en el hospital.

Cuando se fue me quedé con los chicos organizando algunos de los espectáculos que haríamos y al terminar cada uno se fue a su dormitorio para dormimos profundamente hasta que comenzó a sonar el despertador.

Me levanté y me fui a duchar rápidamente para no hacer cola y los chicos pudieran hacerlo igual.

Luego me fui a la cocina y me di cuenta de que Jane preparaba ya el desayuno en nuestra pequeña cocina, así que cogí el café y fui a beberlo al salón. Alec llegó al poco rato y se sentó conmigo. Luego su hermana nos trajo las tostadas y comimos juntos para marcharnos juntos cuando venía Félix llegando de su guardia. Nos subimos al coche y nos llevó para luego volver para irse a dormir al departamento.

Entramos en el hospital y me encamine al despacho de mi abuelo primeramente para que él nos explicara un poco. Piqué a la puerta y dentro con él estaba mi abuela con una sonrisa al verme entrar.

— Chicos que bueno que llegan— dijo mi abuela y se acercó para abrazarme con energía.

— Hola abuela— le saludé con una sonrisa.

— ¿Listo para el primer día? —nos preguntó mi abuelo y nosotros asentimos— Vamos para el área de pediatría, los chicos están en su gran mayoría o al menos los que mejor se sienten en la sala de juegos así que hoy pueden hacer ahí la presentación.

—Señor, solo una duda— dijo Jane y mi abuelo se paró a verla— ¿No se supone que habría que alegrar o distraer a los que peor se sienten?— preguntó confusa.

— A ellos también, pero primeramente a los que están en la sala ansiosos por verlos y luego a los que se encuentran en sus habitaciones— aclaró mí abuela.

— Primero tendremos que vestirnos— dijo Alec y mis abuelos asintieron mostrándonos una puerta.

— Los esperamos aquí— dijo mi abuelo y entramos los tres dentro.

Nos colocamos la ropa de cada uno de nuestros personajes. Jane se colocó unas pantis ralladas de color rosado y blanco, un tutú a juego y una camiseta que también le combinaba, además de la bata blanca con dibujos y parches de colores. Alec se colocó una camiseta rayada celeste con negro, un pantalón que le quedaba un poco corto afirmado por unos suspensores, calcetas rayadas y sus zapatos de colores llamativos junto con su bata que era muy parecida a la de Jane. Por mi parte me coloqué mi típica ropa de payaso, claro que ahora era más colorida, y la bata a juego con algunos otros implementos como juguetes de doctor. Además nos maquillamos.

Cogimos algunos globos y el material para la magia y salimos del lugar. Al vernos, los dos ancianos sonrieron.

— Se ven muy guapos— comentó con una sonrisa mi abuela.

— Vamos— dijo mi abuelo y caminamos por los pasillos

Todo el mundo nos miraba cuando pasábamos y no entendían nada de lo que ocurría, pero estaba más que claro que la noticia pronto se difundiría y ya después no llamaríamos tanto la atención. Además estábamos acostumbrados a que la gente nos mirara al pasar por su lado.

Llegamos hasta una sala donde pude ver a dentro a Bella, quien sonrió como tonta en cuanto me vio vestido de esta forma

— Adelante, todos suyos—- dijo mi abuelo y Jane fue la primera que entró.

— ¡Hola niños! — gritó dando saltos para llamar su atención y mis abuelos entraron con ella para colocarse donde estaban las demás enfermeras y médicos— ¡Oh... pero que guapos! Soy la payasita Jane y ellos son mis amigos el payaso Alec y el payaso Edward— dijo pero ninguno de los dos pasamos— Oh oh... — dijo colocando las manos en su cintura — Tenemos un problema chicos, a mis amigos les da vergüenza salir porque no los hemos llamado todos ¿Me ayudan a llamarlos? — preguntó y todos los niños gritaron que si — ¿Cuándo cuente tres? — todos los pequeños asintieron— Una... dos y... tres ¡Payaso Alec, payaso Edward!— gritaron, pero casi no se les escucho— ¿Eso es gritar? Pregunto fingiendo estar sorprendida— ¡Más fuerte!

Los niños volvieron a gritar más fuerte y Alec entró fingiendo que yo lo había empujado y me reclamaba. Todos los niños se rieron ya que su voz era solo un pitido ya que se había colocado uno en la boca y eso siempre hacía que los pequeños se rieran

— Miren niños, él es mi amigo el payasito Alec. Saluda a los niños, Alec— le dijo Jane y este lo hizo con su voz de pito— Oye Alec ¿Y Edward? — Alec le respondió con un pitido nuevamente diciéndole que estaba atrás de la puerta, escondido— ¿Cómo que está escondido? ¿Y eso? — Alec volvió a responderle— Ya veo… Niños, mi amigo tiene miedo de entrar ¿Por qué no va uno de ustedes a buscarlo?

Vi a través del ventanal que una niña se levantó de inmediato y se acercó a donde estaba Jane. Ella le dijo que estaba escondido detrás de la puerta y ella me vino a buscar.

— Hola— me saludó y tímidamente le contesté con la mano— Ven, vamos

Ella me cogió la mano y comenzó a tirarme para entrar. Me asomé por la puerta levemente y volví a esconderme, haciendo que los niños se rieran. Jane comenzó a reñirme sutilmente y la niña se reía porque yo me asomaba y volvía a ocultarme. Al final se acercó Alec y él, junto con la niña, me hizo entrar.

— Miren niños, él es Edward ¿Por qué no lo saludamos todos para que no esté tan tímido? — todos los niños saludaron fuertemente y yo fingí que me asustaba, pero luego me reía.

— ¡Hola niños! — los saludé fuertemente con mi voz de pito a causa del helio que había tomado afuera— ¿Cómo están hoy?

Los niños respondían con alegría y era obvio que estaba resultando el que vieran a alguien más que a los típicos médicos y enfermeras del recinto.

Junto con los chicos comenzamos a hacerles juegos, magia y muchas cosas más con las que ellos se reían a carcajadas. También les hicimos juegos y les regalamos figuras con globos a todos y tanto chicos como grandes disfrutaban.

Lo que más me llamó la atención fue que mis abuelos también disfrutaban con el acto que estaba haciendo y no paraban de reír.

Cuando acabamos era el momento de ir a ver a los demás chicos que estaban internados en sus cuartos, pero mientras se llevaban a los niños a sus habitaciones aprovechamos de descansar un poco y beber algo de agua.

— Eso fue espectacular, chicos. Los niños reían bastante— nos alagó Vladimir, el amigo de mi padre y pediatra del lugar

— Lo hacen muy bien y los niños disfrutan con su actuación— siguió Reneé, mi suegra

— Eres el mejor payasito— me halagó mi novia dándome un beso en los labios

— Nunca pensamos que sería tan difícil. Estoy muy agotador— dijo Alec y nos reímos— El trabajar en el parque también es difícil, pero acá el ambiente es distinto. Siento que no puedo excederme demasiado.

— Chicos, estos niños necesitaban de su espectáculo y les agradecemos que aceptaran— dijo mi abuela y solo sonreímos

— Bueno, nos quedan los de los cuartos— les dije colocándome de pie y saliendo del lugar con los chicos. Salimos corriendo por los pasillos mientras hacíamos sonar bocinas y esas cosas y reíamos mientras los demás nos veían

Al llegar a un cuarto abrí la puerta con cuidado y entré gateando. El niño que estaba ahí me quedó mirando confundido y yo solo le sonreí. Su madre también me miraba con intriga.

Lo saludé y sentí que alguien venía al cuarto, así que me levanté y me escondí al lado de la cama.

— Permiso ¿Han visto un payaso por acá? Es que lo estamos buscando para llevarlo a su cuarto pero se nos escapó— Bella le preguntó al niño y este miró a donde yo estaba y le pedí que me ayudara. Él se rio y dijo que no me había visto— Bueno, seguiré buscándolo

Bella salió del lugar y yo de mi escondite mientras el niño seguía riéndose. Le agradecí y comencé con mi show tirando burbujas y haciendo otras cosas mientras hacía magia. El no hacía más que reír y llenar el cuarto de alegría. Al final le regalé un globo y salí del lugar.

Cuando acabamos con todos los niños nos fuimos a reunir con todos en la estación de medicina donde estaban los médicos y las enfermeras.

— Fue muy divertido— dijo una de las enfermeras, felicitándonos.
— Sí, desde luego los niños se lo pasaron en grande— comentó Bella con una sonrisa viéndome contenta.
— Brindemos por ello— propuso mi suegra con una sonrisa, sacando del armario una gaseosa.
— Edward— escuché la voz seria de mi abuelo y me gire viéndole con una sonrisa— Fue increíble. Tardamos mucho en llamarlos— me dijo apenado pero sonriendo.

Estuvimos riendo un rato con la gente de allí y conversábamos de distintos temas.
— Oye Edward ¿Haces algo esta noche? — me preguntó una de las enfermeras.
— Sí, estar con su novia— contestó Bella detrás de mí, seria.
— Oh, no sabía que... — susurró, pero sin acabar se fue.
— Bells... — le llamé. Ella se cruzó de brazos y me dio la espalda— No seas así, mi amor. Yo no hice nada… No te pongas así— pedí dándole un beso en la mejilla.
— Son como lagartas— me dijo molesta.
— Yo soy sólo tuyo, así que no te preocupes... — le dije con una sonrisa.

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Hola de nuevo ¿Cómo Están? Yo un poco estresada por la universidad, pero me di el tiempito para poder subirles el capítulo de la semana, el que espero que les haya gustado.

Quiero aclarar algunas cositas que me preguntó Yolo (tus preguntas no son bobas, a lo mejor no me supe expresar bien) Lo primero, Edward ya se graduó de artes, pero los amigos que trabajan con él aún no lo hacen y a eso se refiere cuando no tiene clases. Además que él trabaja ahora para la universidad siendo "tutor" en una ayudantía de artes.

Con respecto a lo segundo, te has respondido sola jajaja… Efectivamente, Edward solo mantenía un poco de comunicación con sus abuelos maternos. Incluso Eleazar siempre quiso que se fuera a vivir con ellos y él lo aceptaba en la universidad donde es rector, pero Edward no quería.

Bueno, aclarado todo… Quiero agradecerles a Jnnfrmrz y a Sandryttaaa por ayudarme en la creación de esta historia. Además quiero agradecerles a las chicas que se dan el tiempo para decirme que les parece la historia y que me apoyan semana a semana (Yolo, Candy1928 y a la chica que me dejó review pero que no se su nombre). También le doy la bienvenida a valelunitaandedward, espero que sigas leyendo la historia.

Sin nada más que decir, me despido porque tengo que seguir estudiando e ir a ver a mi hermano jugando futbol en su nueva escuela ¡Bye!

Miiku_Cullen