Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Magnolia822, yo solo la traduzco.


AN ACQUIRED TASTE

Capitulo siete¿Cretino o no cretino?

Emmett metió el brazo y sacó un pequeño paquete negro que parecía contener café. Lo miró de cerca, arrugando la nariz.

― ¿Qué demonios es el café de civeta? ― preguntó.

― ¡Qué! ― exclamé, cogiendo la bolsa con incredulidad. Solo había oído hablar de ello, el café más raro de la tierra.

― ¿Una civeta no es un animal? ― preguntó James, obviamente habiendo ignorado mi petición anterior de que volviera a su trabajo.

Suspiré y le devolví el café a Emmett. ― Sí. Sí, es un animal parecido a un gato...

― ¿Y qué tiene que ver la civeta con el café? ― interrumpió la voz nasal de Irina.

Emmett se estremeció, aclarándose la garganta como los ojos fijos en el paquete. ― Aparentemente, la civeta se come los granos de café y los excreta. Luego, gente loca recolecta los granos de los excrementos, los secan y hacen café. Eso es lo que tiene que ver la civeta.

― ¿Excretar? ― preguntó Irina, su voz estaba llena de espanto. ― ¿Quieres decir que esa cosa las caga y la gente las recoge?

― Sí, ― solté. ― Normalmente, eso es lo que significa "excretar". ― No podía creerlo. Edward me había enviado un café hecho de heces de gato. Vale, las civetas no eran exactamente gatos, pero estaba cerca.

― Se supone que es una delicatessen, ― añadió Laurent amablemente. ― El tueste es suave y fino.

― Bueno, si te gusta, es tuyo. ― Le lancé el paquete y él lo atrapó contra su pecho, pero inmediatamente lo apartó de su cuerpo. El dulce de Laurent, intentando hacerme sentir mejor incluso aunque el café obviamente le repugnaba.

― Así que, ¿quién te envía estas cosas, Bella? ― James parecía luchar para no sonreír. Un par de risitas nerviosas explotaron detrás de mí y miré furiosa sobre mi hombro a Seth e Irina, que se susurraban el uno al otro. Lo último que necesitaba era que mi equipo supiera de las infantiles travesuras en las que ahora me encontraba enredada. Pero, antes de que pudiera pensar una mentira adecuada, Emmett dijo mi nombre. Me giré hacia él.

― ¿Sí?

― Hay algo más aquí. ― Sacó la siguiente, inmediatamente reconocible, cosa.

Fancy Feast. Ja ja.

― Es Ocean Whitefish Delight*, ― dijo, sonando impresionado.

Obviamente Edward no sabía nada de PV; si lo hiciera, sabría que ella prefería Savory Salmon.

― Y mira, hay una nota.

Los ojos de Irina se ensancharon cuando miró el pequeño sobre blanco. ― Ooh. ¡Leelo!

Cogí la nota de la mano de Emmett y, gruñendo para mí, fui a mi oficina. Una vez dentro, cerré la puerta y me tiré en mi silla, abriendo el sobre con resignación.

Querida Srta. Swan,

Me hieres. No, no tenía intención de dañar tu carrera con mi (aunque sea presuntuoso que yo lo diga) bien ejecutada broma. De hecho, planeaba aparecer yo mismo si las cosas iban demasiado lejos. Tal vez no me creas, pero esa es la verdad. Y no, tampoco te envenenaría intencionalmente. No tengo el más mínimo deseo de añadir asesino a mi ya larga lista de indiscreciones morales.

Espero que disfrutes el café, Srta. Swan. Es una mezcla bastante rara, igual que tú. Te impresionaría los interesantes artículos que uno puede encontrar en las cocinas y despensas del Canal Cocina. Y, por favor, asegúrate de que mi hija recibe su Fancy Feast. No soy tan mal padre.

Mis mejores deseos,

Edward Cullen

El Chef más Caliente de América

Releí la nota, intentando decidir qué pensar de ella. El final, cuando llamaba a PV su "hija" casi me hizo sonreír. Tuve que forzar las comisuras de mis labios hacia abajo, no fuera a ser que mi simple reacción secreta le diera satisfacción, luego resoplé fuertemente por la apelación que se había dado a sí mismo. El Chef más Caliente de América. ¿Y había comparado mi personalidad con café hecho de heces de gato... er, civeta? Una vez un cabronazo, siempre un cabronazo.

Ya había cogido una hoja de papel y un boli cuando Emmett llamó a la puerta con cautela. Asomó la cabeza cuando no respondí.

― ¿Qué decía?

Hice una pausa y le sonreí brillantemente.

― Em, ¿qué te parecería hacerme un favor?

― ¿Qué? ― Me miró y vi el tono escéptico de su voz reflejado en su cara.

― Necesito que entregues un paquete. Pero primero... ¿tienes idea de dónde podría comprar una ducha vaginal**?

― Probablemente en Long Island. ― Sonrió satisfecho por su propia inteligencia. ― ¡Bada-bing!

― Un hombre no. Una ducha vaginal de verdad. Ya sabes, la cosa femenina para lavarse...

Emmett se estremeció dramáticamente y se alejó un paso de mi escritorio, cruzando sus masivos brazos sobre su pecho.

― ¿Para qué necesitas exactamente una ducha vaginal? ¿Mi trasero? Espera, tal vez debería hacerme una ducha anal. También he considerado usar lejía. Nah, mi trasero está más limpio que el del Papa. Maldición. ¿Le has preguntado a Rose? Apuesto a que sus partes femeninas huelen a pescado podrido... es taaaan sucia.

― Buen punto, ― dije, interrumpiendo finalmente las locas pero divertidas divagaciones de Emmett. ― Llamemos a Rose.

- . - . - . - . -

Esa noche dejé el trabajo pronto y me hice macarrones con queso caseros, no permitiéndome a mí misma mirar mi correo electrónico aunque literalmente me picaba el deseo. Fundí el gruyere, cheddar y el queso azul y cociné la pasta, intentando no pisar a PV que estaba sentada a mis pies, llena y contenta, tras su cena de Savory Salmon.

No había forma de que fuera a darle el pescado blanco.

Pero después de comer y recoger, no pude resistir más la llamada de la inevitable respuesta de Edward a mi regalo.

Querida Srta. Swan,

Ah, el aparato en cuestión. Ciertamente, un alarmante equipamiento. He pasado bastante tiempo intentando determinar exactamente como funciona e incluso he ido lo suficientemente lejos como para consultar el artículo de Wikipedia sobre el tema.

Considerame marcado de por vida. Hay algunas cosas que nunca se pueden desaprender.

Y yo que pensaba que nos estábamos haciendo amigos. Aunque podría dar un largo discurso sobre este tema, desafortunadamente tengo que estar en plató en solo una hora para grabar lo que tú denominas mi "trillado plagio a Gordon Ramsey***". En realidad Gordon es un buen amigo mío. Le divertiría la comparación. Así que, ¿esto significa que en realidad ves mi programa? Que interesante.

Sinceramente,

Edward Cullen

Copia de Ramsey

PV saltó a mi silla y se colocó sobre mi regazo, pasando sus pezuñas por mis vaqueros para prepararse una cómoda cama antes de tumbarse. La acaricié ausentemente, intentando entender porqué me sentía incómoda tras leer el mensaje de Edward. Por el tono irónico general no podía saber si estaba ofendido o no. ¿Había herido sus sentimientos o se lo había tomado bien? Y, ¿por qué demonios me importaba?

Después de todo, todavía no se había disculpado o ofrecido alguna explicación por cómo me había tratado. No tenía porqué sentirme mal, ¿verdad?

― ¿Tú qué crees? ― le pregunté a mi gata, rascándole detrás de las orejas. Ella bostezó dramáticamente, enviando una ola de eau de tripas de pescado en mi dirección.

― Sí. Tienes razón. Dejémoslo por esta noche. ― Era tarde y tenía que estar pronto en el trabajo la mañana siguiente para prepararme para un gran evento en Brooklyn.

Antes de cerrar mi portátil, me mordí el labio y escribí una respuesta.

Edward,

Me alegro mucho de te gustara el regalo. Espero que lo encuentres útil.

Sí, he visto un par de episodios de tu programa. No puedes decirme que nunca nadie lo ha comparado con el de Ramsey. ¿En serio? A menudo me he preguntado si la persona que sale en pantalla es tu verdadero tú, o si la cadena ha creado a esa persona para generar audiencia. Me gusta esperar que el hombre al que conocí hace seis años no ha desaparecido completamente porque, excepto por la parte en la que te marchaste sin una palabra y me hiciste básicamente sentir como basura, eras un buen tipo.

Isabella Swan,

Chef Jefe y Co-Propietaria, La Vie En Rose Catering Co.

P.D. Mi amigo Emmett sugiere que tal vez puedas usar el aparato metiéndotelo por el culo. ¡Hey, tal vez ayude!

No se me ocurrió hasta que ya estaba enviado que me había dirigido a él como Edward.

- . - . - . - . -

Nunca contestó.

Esa semana vi el programa solo por curiosidad morbosa. Él parecía más irritado de lo normal, contestando mal a Tanya, pasándose las manos por su salvaje pelo con frustración cuando Garrett quemó la salsa de caramelo. Maldecía con abandono y no me refiero a sus habituales maldiciones británicas, sino a palabras más sucias que los censores tapaban con un pitido.

Se me ocurrió por un momento que tal vez mi correo le hubiera enfadado por alguna razón; tal vez por eso no había contestado. ¿Podía ser cierto? La parte racional de mi mente detuvo inmediatamente ese pensamiento. Imaginar que a Edward Cullen realmente le importaba lo que yo pensaba era una fantasía que no podía permitirme.

Apagué la televisión tras la primera media hora y llamé a Emmett para ver qué hacía. Sonaba deprimido y supe que todavía pensaba en Jake. En lugar de quedarme sentada en mi apartamento malgastando mi energía mental en aquel-que-no-debe-ser-nombrado, fui a la casa de Emmett con un pack de seis cervezas y le hice una pila gigante de nachos con extra de queso. Comimos, bebimos y vimos repeticiones de Project Runway, riendo como locos hasta que nos quedamos dormidos en su sofá.

Pasó otra semana ocupada, llena de bodas y tempranas fiestas de verano. La cocina parecía estar en funcionamiento las veinticuatro horas del día, lo que me parecía bien. La adrenalina que proporcionaba ese momento del año me daba alas.

El viernes estaba ojeando los archivos de clientes en mi ordenador, intentando encontrar el contrato para una boda que teníamos esa tarde y no consiguiendo nada, aunque sabía que había trabajado en ello solo el día antes.

Eso no era muy de mí.

¿Tal vez lo había guardado en una carpeta distinta? Mierda, ¿lo había borrado? No sabía qué más hacer y me estaba arrancando literalmente el pelo a tirones, cuando la puerta se abrió y Rose entró volando, viéndose tan rendida como yo me sentía.

Sacó una silla y se dejó caer en ella.

― ¿Qué pasa? ― pregunté, inmediatamente alarmada.

― Tengo que irme a casa... esta noche.

― ¿Qué? ― le pregunté. ― ¿Por qué?

― ¡Alice va a tener el bebé!

Su excitación era tan contagiosa que me olvidé del contrato perdido.

― ¡Oh Dios mío! Eso es increíble. ¡Vas a ser tía!

― Así que... ¿entonces te parece bien? ¿Te encargarás de la fiesta mañana?

Oh, mierda. Casi me había olvidado.

La semana anterior había recibido una llamada inesperada de la asistente personal de Lady Gaga. Aparentemente, Gaga planeaba celebrar el estreno de su nuevo disco con una fiesta en su ático de Central Park West, y el catering que habían contratado se había echado atrás en el último minuto; ¿podríamos nosotros tomar el trabajo con tan poco tiempo de aviso?

Acepté al momento, sabiendo que Rose estaría encantada de llevar el evento. A diferencia de mí, que tendía a esconderme de fiestas de famosos debido a su comportamiento a menudo impredecible, errático y a veces directamente rudo, a Rose le encantaba ese ambiente. Y era tan guapa que la gente a menudo la tomaba por una famosa también.

― Oh, Dios.

― ¿Bella, por favor? Ya he conseguido que Emmett vaya contigo. Y yo tengo que estar ahí para mi hermano pequeño. ― Jasper nació tres minutos después de Rose y ella nunca se cansaba de recordárselo.

Sonreí y asentí, y Rose saltó de su asiento y rodeó rápidamente el escritorio para abrazarme. No la había visto tan exuberante desde las últimas rebajas de primavera en Bloomingdale.

― Gracias, gracias, gracias. ― Aplastó mis mejillas y me besó justo en los labios.

― No es nada. Ve a ver a tu familia, ― dije, apartándome finalmente de su poco habitual y efusiva fiesta del amor. ― Pero si Lady Gaga lleva un vestido de carne cruda, voy a cocinarlo. Eso es una violación de las normas sanitarias.

- . - . - . - . -

La AP de Gaga había sido extrañamente vaga sobre el tipo de aperitivos que debíamos preparar, insistiendo en que fueran "inspiradores" y que debían encajar con el tema de la fiesta, que era "Bajo el Mar".

Sí, aparentemente Gaga estaba preparando una fiesta de La Sirenita.

Me tomé la libertad de ser un poco creativa. Laurent, James y yo limpiamos grandes conchas de vieira para rellenarlas con naranja sanguina y ceviche de vieira. Hicimos brochetas con caña de azúcar de mahi-mahi marinado en wasabi con lima, preparándolas para cocinarlas en la fiesta. A pesar del hecho de que muchos de sus invitados probablemente no comerían las pizettas de salmón ahumado y crema fresca, imaginé que eran clásicos y los preparé igualmente. A la gente guapa demacrada le vendría bien algo de grasa y gluten. Por supuesto, también teníamos el requerido sushi, caviar y ostras en una concha.

A las siete y media, aproximadamente hora y media antes de que la fiesta fuera a empezar, Emmett llegó para ayudarnos a cargarlo todo en la furgoneta. No queriendo arriesgarme a joder algo, me aseguré de que solo nuestros camareros con más experiencia nos seguían en el coche de atrás. Juntos, éramos nueve – dos barman (incluyendo a Emmett), tres chefs, y cuatro camareros – para la fiesta de cien personas.

La residencia de Gaga era palaciega, incluso para no cumplir los estándares típicos de Nueva York, ocupando los tres últimos pisos de uno de los edificios más exclusivos de la ciudad. Su asistente – una mujer alta y delgada con cejas arqueadas de forma dramática – nos saludó y nos dirigió a la cocina.

― Santa mierda, ― dijo Emmett mientras pasaba a mi lado con una bandeja de copas de vino recién lavadas. ― Este lugar es una locura.

Todavía no había podido ver el resto de la casa, pero asentí. ― Sí, dímelo a mí.

― No. Quiero decir, es realmente loco, ― susurró en mi oído. ― ¿Sabes que tienen un tanque para que los invitados hagan snorkel al lado de la pista de baile? Está lleno de peces exóticos.

― Que pena que no te hayas traído tu traje de baño, ― dije, riendo disimuladamente mientras llenaba una concha de vieira con porciones de pescado y fruta. ― No está tomando el pelo a nadie con el tema, ¿verdad?

― Aparentemente no. Y, así como los invitados entran por la puerta, le dan a cada uno una máscara y un tubo de buceo.

― Supongo que después de todo no necesitarás un traje de baño.

Emmett rió y siguió caminando, dejándonos a los demás preparando la comida.

Me puse manos a la obra inmediatamente, tan metida en mi tarea que cuando la música empezó a sonar bien alto, mi cuchillo fue directo a mi mano.

― ¡Mierda! ― dijo Alistair, uno de los camareros. Aparentemente, la música no solo me había sobresaltado a mí.

― ¿Qué pasa? ― Laurent soltó inmediatamente una bandeja de pizettas y fue a Alistair, que se envolvía la mano derecha en un trapo de cocina en el que ya empezaba a calar la sangre. Me estremecí.

― Se me ha caído una copa al fregadero. Me he cortado la jodida mano intentando cogerlo, ― gruñó Alistair.

Laurent inspeccionó el corte y sacudió la cabeza mientras yo mantenía la distancia. Aunque era chef y me había cortado montones de veces, la sangre y yo... no pegábamos.

― Esto es muy profundo, amigo. Tienes que ir al hospital.

― Mierda.

― Otro tendrá que servir, ― dije. ― ¿Podemos llamar a Laurie.

― Está fuera de la ciudad por la boda de su hija, ― intervino James.

― Mierda.

― Está Alec, ― mencionó Alistair.

Sacudí la cabeza. Lo último que necesitaba era que atravesara a Lady Gaga con la caña de azúcar de los aperitivos.

― Yo lo haré, ― dije, desabrochándome el mandil. Las cosas en la cocina estaban bajo control y, ni Laurent ni James tenían experiencia como camareros. Yo, sin embargo, lo había hecho durante el instituto y la universidad para pagar el alquiler, así que podía hacer algo por el equipo.

Alistair ya estaba recogiendo sus cosas para marcharse. Le di un billete de veinte para pagar un taxi a Urgencias y cogí una bandeja de bambú del montón que habíamos traído.

― Vale, chicos, ― dije. ― Hagamos esto.

- . - . - . - . -

Cuando llegaron las diez, ya habían llegado la mayoría de los invitados y yo ya había servido más de veinte bandejas de comida. A Gaga no se la veía por ninguna parte, pero reconocí a algunas personas que estaban allí. Jay-Z y Beyonce, discretos y completamente normales, estaban hablando con otra pareja, probablemente famosa también. Apenas hablé con alguien, deslizándome entre la multitud con mi bandeja y una sonrisa en la cara, estremeciéndome internamente por el desprecio con el que la gente me trataba incluso aunque tragaban mi comida como hienas hambrientas. Aún así, la música era buena y las cosas en la cocina y la sala iban perfectamente. En realidad empecé a disfrutar un poco.

Para las diez y media, la gente se empezó a poner ansiosa, esperando a la anfitriona. No tuvieron que esperar mucho.

De repente, apareció en la cima de la blanca escalera, llevando puesto lo que solo podía ser descrito como... ¿era una pata de conejo gigante eso que llevaba en el cuello?

Si era así, debía haber venido de un conejo mutante. La cosa era enorme, peluda y morada, y colgaba entre sus pechos desnudos. Sin embargo, cuando me acerqué, me di cuenta de que tenía algo en sus pezones. Algún tipo de pegatina.

Pero fue su falda lo que atrajo casi toda la atención. Brillando en la baja y parpadeante luz de la fiesta, la falda de cola de sirena de Gaga era tan ajustada que apenas podía caminar. Dos de sus bailarines, vestidos con monos turquesa con escamas, tuvieron que llevarla en brazos al piso de abajo.

La pusieron de nuevo en el suelo y fue inmediatamente incluida en la ola de gente. Un par de invitados atrevidos habían decidido probar el tanque de snorkel y habían atraído una buena multitud de mirones curiosos. Miré un rato sus actividades antes de ir al bar, dónde Emmett sacudía un cocktail para una chica castaña. ¿Jennifer Aniston era amiga de Lady Gaga? Supongo que cosas más raras habían pasado.

Le pasó una bebida rosa a Aniston y le dio su sonrisa asesina, que ella le devolvió, dándole uno de veinte de propina después de coger su bebida. Me resistí a preguntarle si ya había encontrado su langosta.

― Eres una puta, ― dije, sonriendo ampliamente.

― Ya lo sabes. ― Se guardó el dinero y puso dos chupitos de tequila, pasándome uno.

― No puedo, Em. Estoy trabajando.

― Nadie se dará cuenta. Y a nadie le importará. Es una fiesta.

― Emmett...

― Chica, ― dijo, bajando la voz, ― realmente vas a necesitar esto.

― ¿Por qué? Esto no está tan mal. Sonrío estúpidamente y me río de ellos internamente mientras ellos fingen que no existo. No hay problema. ― Emmett levantó las cejas y movió la cabeza a la derecha.

― No mires ahora. Pero creo que tal vez conoces a alguien aquí.

Por supuesto, yo siendo yo, miré. Ahí, con un grupo de gente esbelta y atractiva, de los que no conocía a ninguno, estaba Edward jodido Cullen. Y me estaba mirando fijamente.

No parecía estar solo. Una mujer con el pelo rubio rojizo, casi tan alta como Edward, estaba a su izquierda y reía, colocando su mano posesivamente en el antebrazo de él. Me pregunté si esta era la chica de Victoria's Secret que Rosalie había mencionado o alguna otra rubia tonta de la semana.

Se me heló la sangre. Me volví a Emmett y tomé el chupito, estremeciéndome mientras el cálido licor humedecía mi garganta. Emmett me pasó una lima para contrarrestar el sabor, y la tomé y succioné con ganas.

― No puedo creer esto, ― murmuré, con la lima todavía en la boca.

― Él te está mirando.

― Oh, joder. Probablemente crea que le estoy acosando o algo.

― Por la forma en que succionas esa lima, no estoy completamente seguro de lo que está pensando.

Las palabras de Emmett me sobresaltaron y dejé caer la ahora destripada lima en mi vaso de chupito. ― Cállate. Tengo que ir a recargar.

Afortunadamente, la puerta de la cocina estaba al lado opuesto de la habitación del que estaba Edward con la rubia glamazona. Una vez dentro, respiré profundamente y me alisé el pelo. Bajando la mirada a mis simples pantalones negros y camisa de botones, no solo me sentía vestida demasiado casual, sino sin gracia.

― ¿Cómo va todo ahí fuera? ― preguntó James mientras me ayudaba a llenar mi bandeja.

― Uh, bien. ― Mi vaga respuesta le hizo sonreír compasivamente.

― Bueno, si necesitas un cigarro, ya sabes dónde encontrarme.

― No me tientes, James.

Probablemente yo fuera la única persona de la industria de comida de Nueva York que ya no fumaba.

Así que volví a la sala, agradecida por que otro de los camareros pareciera feliz de encargarse del "lado de Edward" de la habitación. Intenté no mirarle pero hubo un momento en que lancé un vistazo accidental. Completamente accidental... y breve. Ya no me seguía mirando; de hecho, no miraba a nadie. Estaba de pie frunciéndole el ceño al vaso de whisky que tenía en la mano, girando el líquido indiferentemente mientras la gente hablaba a su alrededor. No se veía por ninguna parte a la modelo de ropa interior; eso fue hasta que sus tetas aparecieron en mi cara. Sus tacones altos y su anormal altura me forzaron a mirar hacia arriba, un hecho que detestaba.

― ¿Tienes más de esos palitos de pescado?

― ¿Palitos de pescado? ― le pregunté confundida. Que yo supiera, no servíamos Van de Kamps**.

― Sí, ― dijo lentamente, pestañeando con sus pestañas llenas de máscara. ― Los que están en brochetas.

― Oh, ― dije, mientras comprendía aunque sus pestañas como de araña me tenían maravillada. ― Te refieres al mahi-mahi. No son palitos de pescado.

― Sí, como sea. Era pescado en un palo. Es lo mismo. ― Prácticamente escupió las últimas palabras, haciéndome estremecerme. Pero luego me enfadé. Nadie se refiere a mi comida como palitos de pescado y se sale con la suya. El recuerdo de la horrible cocina de mi madre me hizo odiar esa mierda.

― En realidad no. Los palitos de pescado son comida procesada hecha con pescado picado reconstituido, empanado, frito y servido en tu Sizzler local. El artículo al que te refieres es comprado fresco y asado a temperatura media. Así que, ya ves, hay una diferencia sustancial. ― Puntué mi pequeño discurso con una sonrisa que podía ser interpretada como dulce o de perra, dependiendo de tu perspectiva. Desafortunadamente para mí, ella la interpretó correctamente.

― Cómo te atreves a hablarme así, tú pequeña perra, ― dijo furiosa. ― De todas formas, ¿qué sabrás tú? No eres más que una maldita camarera.

― No le hables así, ― dijo una voz a mi derecha. Edward tenía una mirada furiosa en la cara y se veía perfecto con su camisa gris de botones y vaqueros.

Tal vez había estado un poco fuera de lugar dándole a la glamazona una mordaz pero edificante charla sobre pescado. Aún así, ella había sido más ruda conmigo de lo que yo lo había sido con ella. Abrí la boca para protestar cuando ella habló de nuevo.

― Gracias, Edward, ― dijo, sorbiéndose la nariz forzadamente.

― Me refería a ti, Athena.

― ¿A mí? ― Le miró en shock. ― ¿Qué he hecho yo?

― No hay necesidad de ser tan ruda, especialmente cuando no tienes ni idea de lo que estás hablando. ― Soltó las últimas palabras con desdén y sus ojos la miraron despectivamente antes de volver a mí.

― La comida está excelente, Bella, ― dijo sinceramente.

― ¿Qué, la conoces? Vaya sorpresa. ― Athena resopló. ― Jane me dijo que siempre has preferido los barrios bajos.

Edward se giró hacia ella con una mirada de aviso pero, antes de que pudiera responder a ninguno de los dos, Emmett lanzó su brazo alrededor de mis hombros.

― Te necesitamos en la parte de atrás, ― dijo por lo bajo. Asentí, dejando a Edward y Athena con su discusión y preguntándome qué demonios acababa de suceder.


*Fancy Feast, Ocean Whitefish Delight, Savory Salmon: Fancy Feast es una marca de comida de gato; Ocean Whitefish Delight y Savory Salmon diferentes sabores de comida de gato, el primero pescado blanco y el segundo salmón.

*Lo de la ducha vaginal: en el original, Bella le pregunta a Emmett donde puede comprar un douchebag, que significa literalmente ducha vaginal pero que también se utiliza como un insulto. La gracia está en que Bella suele llamar a Edward douchebag. El juego de palabras es imposible de traducir al español.

*Gordon Ramsey: chef que lleva un programa de televisión. En España se conoce como "Pesadilla en la Cocina". Bella dice que es un plagio barato de Gordon Ramsey porque, al igual que Edward, puede llegar a ponerse bastante furioso con la gente que trabaja en las cocinas de los restaurantes que participan en el programa.

*Van de Kamps: marca que comercializa pescado congelado.


Hola!

Aquí el nuevo capitulo, ¿qué os ha parecido? Estoy deseando leer vuestras opiniones.

En el proximo capitulo la cosa se complica un poco, pero de forma graciosa y sin drama. La fecha de la proxima actualización está en mi perfil y es posible que sea la última actualización hasta que termine los exámenes en febrero, todo dependerá de si me da tiempo en estas dos semanas a traducir dos capitulos entre mis horas de estudio. Os lo diré con seguridad en la proxima actualización.

Muchas gracias por vuestros reviews, alertas y favoritos y también a los que solo leeis.

Espero que hayais disfrutado el capitulo!

Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo!

-Bells, :)