N/A: Pido disculpas por haber tardado tanto en publicar. He tenido ciertos problemas con el internet y el colegio, y no había podido mantener el ritmo de lo que estaba escribiendo.
Sin embargo, ahora que tengo el fic prácticamente terminado, espero poder actualizar semanalmente. Muchas gracias por su paciencia y apoyo.

Yani-Coffe: Muchas gracias! Espero que este también lo disfrutes.

XoxxoX

-Cicuta-

Casi nunca salía a la pequeña terraza que había en su apartamento, pero las pocas veces que lo hacía era por dos razones: la más común era que su hermano llegara de visita en la tarde, por lo que terminaban allí afuera, compartiendo lo que había sido de sus vidas mientras tomaban una cerveza; y la que casi nunca ocurría, pero que era la razón por la que estuviera afuera en ese momento: tenía la necesidad de fumar un cigarrillo.

En realidad no sabía por qué lo hacía, al fin y al cabo en el cuartito que tenía por oficina se le hacía un hábito bastante recurrente, pero que no llegaba a ser un vicio. Los días en que prácticamente no salía de la habitación fumaba uno o dos cigarros, lo que le ayudaba a concentrarse un poco más, y muchas veces le quitaban el hambre.
Pero cuando consumía el tabaco fuera de lo que él consideraba sus horas laborales, sentía que debía salir, dejar que el humo se escapara, que eso también saliera del lugar. Así que con parsimonia se sentaba en la misma silla de siempre y fumaba lentamente, pensando en Aquello, pero con la seguridad de que no se aparecería en esos momentos, como si respetara más sus momentos de ocio reflexivo que su horario de trabajo.

Y en medio del silencio ya acostumbrado en la casa del hombre, pero mucho más importante para momentos como ese, su celular sonó, llenando la terraza de la misma melodía en guitarra eléctrica que siempre escuchaba.

-Pero ni siquiera es tan tarde…- abrió la puerta corrediza y caminó hasta la barra de la cocina que daba al comedor, donde había dejado el aparato. Sin siquiera mirarlo contestó, con un poco de molestia en su voz-. ¿Tan temprano, Hyoga? Creí que a más tiempo tomabas, menos te afectaba, pero al parecer contigo no es así.
-Hermano…
-¿Shun? ¿Se puede saber qué haces con el teléfono de Hyoga?
-Nada, nada, sólo quería preguntarte algo. Pero por tu respuesta, veo que tampoco sabes dónde está.
-¿Hyoga se fue de la mansión?- cuando terminara la llamada con su hermano revisaría la bandeja de mensajes. Tal vez le había enviado alguno preguntando si podía pasar allí la noche, y por eso mismo se percató de un detalle importante-. Pero si se largó, ¿por qué te dejó su teléfono?
-Eso es lo que quiero saber.- Shun suspiró al otro lado de la línea-. Todas sus cosas están aquí, no se llevó ni ropa ni maletas.
-¿Ya pensaron en revisar en alguno de los bares que frecuenta? ¿O en uno de los moteles?
-No ha venido a la mansión desde hace tres días, hermano… Y ninguno de sus amigos con los que va a esas cosas sabe dónde está.
-¿Cómo sabes que con los que hablaste eran sus amigos?- el mayor dejó el aparato en una repisa y lo colocó en altavoz, dirigiéndose a su cuarto para cambiarse la ropa e ir a la mansión a ayudar.
-Más de una vez lo vinieron a traer para ir a una de las fiestas que quedaban más lejos, una de esas veces invitaron a Seiya también.
-¿Y por él contactaron con todos ellos?
-Sólo pudimos hablar con dos, pero aparentemente Hyoga no les ha estado frecuentando desde hace unas dos o tres semanas.- Ikki suspiró molesto, tomó las llaves y el celular.
-Voy camino a la mansión, voy con el carro a ver si puedo ayudarles a buscarlo en los hoteles que estuvo frecuentando últimamente.- Y sin esperar respuesta del menor, colgó, para después salir del apartamento con paso apresurado.

Presionó los botones del ascensor, pero al ver que no llegaba salió corriendo hacia las gradas, las cuales bajó de dos en dos hasta llegar al parqueo interno del edificio donde vivía. Encontró su coche rápidamente, y al entrar a él se topó con lo que esperaba, pero no precisamente en la forma que había previsto.

-No sabes cuánto me alegro de verte, Ikki- el hombre que estaba en el asiento del copiloto le sonrió. Tenía el rubio cabello enmarañado, y llevaba la misma ropa que le había visto la última vez que hablaron, como si no se hubiera cambiado por poco más de una semana-. ¿Ibas a la mansión?
-Voy.- El mayor cerró de un portazo y se colocó el cinturón de seguridad-. Quiero que todos conozcan al culpable de la desaparición de Hyoga.- Sus palabras parecieron dejar al impostor extrañado-. ¿Qué? ¿Esperabas que me tragara tan mal disfraz?
-No es un disfraz, en realidad es…
-Me importa un bledo qué es lo que hagas para transformarte en nosotros, lo que me interesa ahora es saber qué hiciste con ese estúpido.
-Lo dices como si le hubiera hecho algo malo. Lo único que hice fue ayudarle.
-¿Para beneficio de quién?- el otro no respondió, por lo que el conductor suspiró-. Voy a seguirte preguntando cosas hasta que me respondas, ¿sabes?
-En vez de querer sacarme la información a la fuerza, deberías aceptar la que pienso darte por el puro placer de divertirme.
-¿Y esperas que crea todo lo que vas a decirme sólo porque tienes la apariencia de Hyoga?
-No eres tan especial como para que me importe si me crees o no, allá tú. Aunque puedo decirte que mintiendo no ganaría nada, al fin y al cabo lo que quiero es revivir el tiempo muerto matando a las horas de aburrimiento. ¿Vas a preguntarme algo más, o me dejas empezar a hablar?
-Cuenta lo que vayas a decir.
-¿Vas a detenerme en algún momento?
-No prometo nada.- A Aquello pareció agradarle la respuesta, pero seguía sin , comienza, ¿qué tenemos que ver Hyoga y yo con tu entretenimiento?
-Para que entiendas completamente bien debería decirte quién soy, pero arruinaría un poco las cosas.- Se llevó un dedo al mentón, pensando en la situación, hasta que pareció tomar una decisión-. Bueno, supongo que puedo mostrarte una apariencia diferente a la que ya estás acostumbrado, tal vez así comprendes qué pasa.
-Tu apariencia es lo que menos me importa en este momento. Así que prosigue.
-Bien, creo que todo empieza con este juego que he estado haciendo generación tras generación.- el cambio de voz en su interlocutor le extrañó, por lo que volteó a verle cuando el semáforo se puso en rojo. El personaje a su lado era completamente diferente al hombre que lo tenía preocupado. Para empezar, su rostro era mucho más juvenil, como el de un chico de quince o dieciséis años; su piel era mucho más blanca, parecía mucho más tersa, y su cuerpo era delgado y alargado, dándole un aire a Shun cuando tenía esa edad. Incluso los ojos, que también eran azules, habían sufrido un cambio drástico: eran más grandes, de un color más intenso. Pero lo que más le extrañó fue el cambio de voz: se había acostumbrado a escuchar en Aquello una voz carrasposa y ronca, no una tan suave. Cuando el semáforo cambio, Aquello le dijo que arrancara-. Creí que habías dicho que no te importaba mi apariencia.
-Y yo creí que no te importaba lo que yo pensara. Así que cuenta.
-Ya, ya… Como te decía, tengo un juego que he estado haciendo desde que el primer ser humano luchó en las filas de los Olímpicos en alguna guerra Santa.
-¿Con los Caballeros de Athena?
-No solo con ellos, sino con los soldados de cualquier dios. Entre todos ustedes tiendo a escoger a uno, que ya sea por su vida aparte de su servicio divino o por las cicatrices que quedaron después de todas o alguna batalla, me parece interesante. Y con el tiempo me acerco a él, descubro bien su personalidad, sus ambiciones, sus anhelos, su pasado, lo que quiere para el futuro… Y una vez tengo toda esa información, les ofrezco jugar.
Para que no me nieguen la oferta les digo que les premiaré si ganan, otorgándoles lo que ellos más quieran. Además, las reglas del juego son bastante simples: deben pasar unos meses en completa soledad en un lugar que me pertenece, y si consiguen terminar sin dificultades, ganan.
-No le veo lo divertido.
-¿Acaso crees que eso es todo en lo que se basa el juego?- Aquello rió-. Mira, eso es lo que yo les digo a ellos, pero en realidad allí van a enfrentarse a las cosas de las que van escapando.
-¿Les pasas sus recuerdos, verdad?
-Esa es una de las cosas que hago, sí. Pero hay más detrás de eso.- el conductor le miró por el rabillo del ojo, por lo que Aquello volvió a reír-. Te dije que te diría ciertas cosas, no todo.
-De acuerdo, de acuerdo… ¿Y qué tenemos que ver Hyoga y yo en esto?
-Que son los únicos que han conseguido que dos caballeros me llamen la atención al mismo tiempo.
-¿O sea que tu idea original era que ambos participáramos al mismo tiempo?
-Algo así… Pero perdí las esperanzas contigo, digo… Creí que tenías ambiciones o algo, pero al parecer sólo eres un hombre mediocre más.
-¿Perdona?
-Sí. Yo creí que tendrías algún deseo para pedirme o algo. Pero al parecer disfrutas de tu vida encerrado en tu apartamento, esperando las llamadas de tu hermano o de Hyoga, así que no puedo convencerte de nada.
-¿Y eso te molesta?
-Mis planes no salieron como yo quería, niño, obviamente estoy molesta.- Ikki le miró de reojo, sopesando lo que había dicho; ¿entonces era mujer?-. Incluso pensé que tendrían un deseo similar, lo que me hacía pensar que sería incluso más divertido… pero no, tú estás bien con tu vida.
-En realidad…- suspiró-. ¿Sabes qué? Olvídalo. Mejor cuéntame qué creías que me desesperaba tanto como para pedirle ayuda a una diosa, y qué hizo que ese estúpido terminara metido en tu juego.
-Pues lo que él buscaba era el olvido- se regañó a sí mismo por hacer que su interlocutor soltara una risa, siendo consciente de la cara de confusión que había mostrado-. Lo que Hyoga pedía era que Shun le olvidara, y hasta cierto punto esperaba que tú quisieras lo mismo.
-¿Y yo por qué quisiera olvidar a mi hermano?
-En algún momento pensé que tal vez eso te ayudaría a dormir más tranquilo por las noches, el borrar de tus recuerdos a un ser como Hades. Pero por muy duro que parezcas, estoy convencida que no me hubieras pedido eso… quizás porque la forma que ves a tu hermano es completamente diferente a la de Hyoga...- se quedaron en silencio hasta que Ikki se estacionó en la calle de la Mansión.
-¿Y entonces por qué te me aparecías siempre que recordaba el pasado?
-Porque tal vez y si te daba una razón lo suficientemente convincente para jugar, lo harías.- Se quedó callado, como esperando escuchar qué más decí no hubieras huido cada vez que me mirabas, pudiéramos haber tenido una conversación, y te habría ofrecido otras opciones… Por ejemplo, que tu hermano te olvidara a ti, junto a tus otros compañeros. Y antes que me digas que no quieres eso, tu forma de comportarte respecto a todos ellos no dice lo mismo. Además, todo el daño que le hiciste a tu hermano, definitivamente querrías que el pobre chico lo olvidara.
-Con el tiempo lo superó…
-¿Estás seguro de eso? Digo, te volviste a alejar de él como en un principio de su vida de Caballeros, probablemente no sepas bien lo que hace y piensa…- se quedó callado-. O tal vez y sea él el que quiere que pienses todo eso, tal vez vaya a querer jugar…
-A mi hermano no lo metes en tus mierdas, primero porque no creo que se deje.
-Estoy segura que hace un par de semanas habrías dicho lo mismo de Hyoga, y mira cómo está ahora.
-¿Y se puede saber qué demonios le pasó para que aceptara entrar en eso? Porque hasta donde yo sé, ya habías hablado con él, y ya le habías ofrecido algo del estilo antes de que desapareciera.
-Eso es lo que me gustaría saber… Pero bueno, no me importa mientras pueda seguir observando el juego que va a perder.
-¿Y si pierde, qué?
-Va a recibir un castigo, obviamente, pero no es necesariamente el mismo para todos… Por ejemplo, uno de las generaciones pasadas tenía esta apariencia, y al perder le castigue a darme esta especie de disfraz, que me pareció lo suficientemente bueno para acercarme a los mortales comunes y corrientes, o para los que habrían de jugar; o también puedo hacer que se pudra en la dimensión del juego, sin darle la posibilidad de salir; y otra opción, que creo que es la que voy a usar, es dejar a su cuerpo parcialmente vacío para poder utilizarlo de contenedor para lo que ustedes llaman Aquello, tal vez utilizarlo contra Athena, contra tu hermano, y seguir divirtiéndome con la porción de su alma y cosmos que quedaría… Al fin y al cabo, tú fuiste el culpable de que mi plan no saliera a la perfección.

Ikki sabía que estaba jugando con su mente, por lo que debía ignorar todo lo que saliera de los labios de la deidad. Pero así como ocurría cuando Hyoga le hablaba a las tres de la madrugada para pedirle ayuda, no pudo hacer oídos sordos a lo que Aquello le estaba diciendo, preocupándose por el rubio, por su hermano, y la seguridad de ambos, y tomando en cuenta también la persistencia que la diosa había mostrado a lo largo de los años, calculando cuánto tiempo tendría que soportar ser una de sus piezas de juego.

Ante el torrente de pensamientos decidió aceptar ser parte de aquella ridiculez, y sin articular una palabra, pareció que la deidad a su lado supo con exactitud su decisión.

No supo cómo había aparecido en ese páramo, ni por qué estaba inmovilizado; mucho menos por qué Hyoga tenía la mirada fija en un punto desconocido, como si la diosa le estuviese mostrando algo que no quería ni recordar ni ver, encadenado a ese gigantesco pilar negro que contrastaba con la blancura del lugar. Tampoco supo por qué, aunque le hablara, el rubio parecía no escucharle, como si una enorme barrera les separara.