No sabia cómo pudo haber perdido la llave.
No sabia qué le llevaba a sacar la conclusión de que Beelzebub la tenia.
No sabia qué rayos iba a hacer al llegar a su habitación.
No sabia cómo iba a reaccionar si sus sospechas acerca del europeo eran ciertas.
No sabia absolutamente nada, pero aún con toda esa masa de dudas e inconsistencias dentro de su cabeza, seguía avanzando a pasos apresurados.. e inusualmente torpes..
Jamás había dejado su trabajo de una forma tan grosera.
Jamás había ignorado la presencia de Enma.
Jamás en toda su vida como demonio había sido tan impulsivo.
Siempre buscaba la razón de todo, y no actuaba a menos que fuera absolutamente necesario. Detestaba a los idiotas que exageraban problemas menores y se metían en situaciones que no les concernían. Se dijo a si mismo, que jamás iba a caer preso de esos mediocres y estúpidos hábitos.. sin embargo.. en ése momento, estaba tirando todas esas ideas a la basura.
Pero ya nada importaba, sólo quería llegar y ver que todo estuviera en su lugar, que la bestia permaneciera donde la dejó, sin ningún rastro de que alguien la haya tocado mientras no estaba.. porque de lo contrario..
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Cuando divisó la puerta a lo lejos, apresuró el paso para llegar más rápido a ella. No sabia si estaba cerrada o abierta, de cualquier forma prefirió darle una patada al momento de abrirla, así las cosas eran más rápidas.
En cuanto vio la escena que había montado Beelzebub, la locura terminó de consumirle. Sintió ira, odio y asco hacia el europeo. Éste, al momento del encuentro quedó petrificado, pero segundos después reaccionó e intentó alejarse del Hakutaku; pensó que, si se alejaba por las buenas, iba a salir bien librado de eso, sin embargo, Hoozuki no estaba en planes de siquiera dejarle vivo.
El Secretario arrastró su mazo por el suelo, mientras lentamente se acercaba a Beelzebub, su expresión demostraba todos esos sentimientos de repudio y también su aura se había vuelto completamente negra.
Quería romperle la cara, los huesos, torturarlo hasta matarlo.. ahí mismo, justo en ése lugar, quería enseñarle a no meterse con las cosas ajenas y a respetar aquello que no era para los demonios. Pero se esforzó por contenerse un poco, pues no deseaba dañar al Hakutaku en el proceso.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, le ordenó a Beelzebub, con voz baja, que saliera de su cama. El señor de las moscas obedeció. Apenas y se puso de pié, Hoozuki se puso detrás de él y le cogió de las alas para arrastrarlo fuera de la habitación.
Le arrojó con fuerza contra una de las paredes del corredor, creando un boquete en el concreto. Beelzebub chilló de dolor y cayó al suelo. Ni bien asimilaba el golpe anterior, el secretario volvió a repetirlo.
Después de ello, le dejó estar unos momentos. En su cabeza rondaban mil ideas para hacerle sufrir, pero no podía probarlas todas. Por eso sólo eligió una.
-Corre!- gritó Hoozuki a Beelzebub.
-Qué?-
-He dicho que corras!- ordenó, mientras golpeaba la pared con su mazo.
Beelzebub dudo un poco, pero al final se decidió por obedecer, y comenzó a correr por el pasillo. Momentos después Hoozuki lo siguió, de la misma forma, corriendo detrás de él.. cómo sí quisiera alcanzarlo. Beelzebub no dejaba de preguntarse por qué le hizo correr sí de cualquier forma iba a perseguirle.. en todo caso, sí al final iba a vengarse, ¿por qué no lo había hecho sin más?
De pronto Hoozuki dejó tirado su mazo por el camino y de la nada hizo aparecer un especie de arco. Disparó una flecha, que apenas y rozo un poco el brazo derecho de Beelzebub. Había sido un mínimo contacto, pero en su brazo se había creado un gran corte, sangraba, además de que.. comenzaba a paralizarse una parte de ésa extremidad.
Beelzebub se asustó ante todo eso. Nunca había visto tales efectos por algo tan mínimo. Presionó su brazo y continuó corriendo, ahora con más determinación por querer escapar.
Hoozuki tiró hacia el otro brazo. Nuevamente fue tocó un simple roze, pero son consecuencias graves. El señor de las moscas entró en desesperación. Ya no sentía gran parte de ambos brazos, no podía detener las hemorragias y temía por el siguiente ataque.
De alguna forma Beelzebub consiguió salir fuera y llegar hasta las cercanías de las oficinas. Tenía la esperanza de ser ayudado por su Señor o el Rey Enma, pero Hoozuki no le dejó avanzar más. Disparó a la pierna izquierda y le hizo caer. Beelzebub se arrastro por el suelo pero no hizo mucho, el secretario le detuvo, encestándole otra flecha en la pierna que faltaba.
Hoozuki detuvo la carrera y avanzó ya más calmado hasta alcanzar a Beelzebub. Se agachó un poco para alcanzar su cabeza y cogerle por los cabellos. El europeo se quejó de dolor, cosa que hizo sonreír al japonés.
-Te dije que no le pusieras las manos encima.- dijo, haciendo uso de su característica frialdad en las palabras. -Ve lo que te ha pasado por ignorar mi advertencia.-
Soltó la cabeza del Europeo, golpeándole contra el suelo mientras acercaba su otra mano hacia las alas de su enemigo. Nuevamente, sacó de alguna parte, las tijeras con las que solía recortar sus flores Ranchu. Con lentitud comenzó cortar una de las alas. Beelzebub volvió a gritar de dolor y se retorció en el suelo.
-Hago esto, para que nunca vuelvas a intentar volar cerca del Cielo.- anunció Hoozuki.
Beelzebub gritaba cada vez más fuerte. Jamás había sentido ésa cantidad de dolor en toda su vida. Quería pedir disculpas, rogar por que lo dejara, pero sabía que a ésas alturas ninguna palabra valía.
Desde un principio lo supo.. que no había oportunidad.. porque ni siquiera dos Reyes Infernales podían contra en temido demonio. Pero sus ambición por ganarle le cegó y lo llevó hasta donde estaba en ése momento. Hoozuki no se detuvo hasta recortarle por completo las alas. Después de éso se relajo un poco y tomó asiento en el piso, al lado de Beelzebub.
-No puedo asesinarte, ninguno de los dos puede morir. Quiero volver, así que lo dejaré hasta aquí.- dijo Hoozuki. Después de eso se levantó de inmediato, cogió las alas y cargó a Beelzebub.
Anduvo un tanto hasta llegar al área de las oficinas. Ahí había unos cuantos esbirros andando, que, cuando lo vieron, corrieron a esconderse.
-Alguien sabe dónde está Satan-sama?- preguntó al aire.
-En la oficina del Rey Enma!- contestaron todos con voz temblorosa.
Hoozuki agradeció y continuó su camino hasta llegar a la oficina. Empujo la puerta con el pié para abrirla y se internó en el lugar.
-Hoozuki-kun?!- gritó Enma, al verlo arrastrando a medias al demonio europeo lleno de sangre. Santan sólo quedó boquiabierto cuando lo vio tirarle al piso junto con sus alas recortadas.
-Ah.. Santan-sama?- se refirió Hoozuki.
-Sí..?- respondió el Rey europeo.
-Lamento haber cometido tal atrocidad en contra de su sirviente, pero, le aseguro que tuve motivos de gran magnitud para hacerlo. Me gustaría contarle acerca de esto, pero tengo una cuestión más que resolver; le agradecería que espere a mis explicaciones antes de hacer algún movimiento en contra del infierno japonés.- expresó Hoozuki, con tremenda educación a pesar de ir algo desordenado y manchado de sangre.
-Ah.. bien..- alcanzó a responder Satan.
-Rey Enma.- llamó nuevamente Hoozuki. -Me tomaré libre el resto del día. Aproveche para ir con su nieto.
-Hoozuki-kun, estás bien?!- preguntó Enma en tono escandalosamente preocupado.
-Estoy perfectamente.- afirmó el demonio.
-Sí tú lo dices..-
-Bueno, no tengo nada más que hacer aquí. Me retiro.- dio media vuelta y volvió por donde llegó.
Cuando el secretario salió de la oficina, ambos Reyes suspiraron de alivio y fueron a ayudar a Beelzebub. Satan realmente no necesitaba las explicaciones de Hoozuki, conocía los malos hábitos de su gente y aunque no sabía exactamente por qué sucedió todo, estaba convencido de que definitivamente había sido culpa del mismo Beelzebub; por eso rehusó la atención de los esbirros de Enma y le devolvió a su propio infierno con las heridas jodiendole en el camino.
El señor de las moscas realmente quería morir, pero bien sabía que no podía.. por eso al final se rindió y sólo se dedicó a llorar, mientras pensaba acerca de que aquello que los humanos llamaban "escarmiento" era realmente terrible.
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