A las cinco y diez Isis salía del vestuario del campo de Quidditch, en una taquilla en la que había aparecido su nombre había encontrado su nueva vestimenta, unos pantalones elásticos beige, con un suéter rojo y dorado con la G grabada en el pecho, protecciones y una capa escarlata. Las botas eran similares a las militares, con cordones hasta la pantorrilla, pero de color marrón. Se vistió tan rápido como pudo, pero cuando dejó los vestuarios por las escaleras el resto del equipo ya estaba calentando.
Una Nimbas´70 descansaba al lado de uno de los postes, el resto del equipo hacía calentamiento sobre su escoba.
Sirius miró como se ataba las protecciones de pierna y se enfundaba los guantes, como ordenó a su nueva escoba alzarse del suelo y como la niña montó en ella para dirigirse al resto del equipo.
James le sonrió, Wood no permitía la impuntualidad, y ella llegaba quince minutos tarde.
El capitán de Gryffindor se posó en el aire a su lado y le susurró:"Llegas tarde".
La niña asintió con la cabeza.
- ¡Señorita Black, cinco vueltas al campo a paso ligero!- le rugió su capitán.
Isis no respondió, ni siquiera hizo ademán de bajarse de la escoba.
Wood se le acercó más y le volvió a gritar lo mismo al oído.
- No estoy sorda- dijo la niña mientras ponía una mueca de dolor y se llevaba la mano a la oreja en la que le había gritado su capitán.- ¿Quieres que cargue con la escoba, quieres que vaya en ella o quieres que la deje y empiece a correr?.
- ¿Te crees graciosa, peque?
Isis lo miró con odio.
- Me llamo Isis, no peque.
-Te llamas como yo diga.
-¡De eso nada!. ¡Me llamo Isis Elisabeth Black!- gritó enfurecida.
- No tienes el mismo aspecto que los otros Black, creí que los rasgos de los Black era ser morenos y de ojos grises. ¿Eres adoptada?.
Isis se quedó mirándolo sorprendida, no era la primera vez que ella misma se había hecho esa misma pregunta, pero el tapiz no mentía y allí había una rama que salía de sus padres con su nombre, al igual que Sirius y Regulus tenían su propia rama.
- No soy adoptada, salgo en el tapiz de mi familia.- respondió con altanería.
Esa respuesta calmó la mente de su hermano mayor, él no había visto el tapiz después de nacer Isis, pero si ella lo había visto no había duda, seguramente Lily tenía razón.
Andrómeda era castaña oscura, no tan morena como sus dos hermanas, y también había sido la primera de varias generaciones de Black, además estaba liada con un muggle, por lo que tampoco creía en la pureza de la sangre.
-¡Capitán!- gritó James- Seguro que Peque tiene una buena excusa para llegar tarde.
Isis giró la cabeza tan rápido que el cuello le crujió, se llevó una mano por el dolor al cuello y con la otra se agarró al palo de su escoba, estaba muy mareada. Perdió el equilibrio y se precipitó sobre el suelo. Cerró los ojos esperando el impacto, pero éste no llegó.
Abrió los ojos despacio al notar un cuerpo caliente abrazándola.
- ¿Todo bien princesa?- le preguntó su hermano mayor algo preocupado.
- Se quemó mi túnica, te… Sirius- rectificó la niña a tiempo.- lo siento se me hace difícil llamarte por tu nombre.
- No importa bombón, te acostumbrarás, aquí todo el mundo me llama Sirius o Black.
- ¡Oye! Tú no me llamas por mi nombre nunca, salvo cuando estás disgustado conmigo, de hecho nunca lo has hecho. No me gusta el mote de Peque, ya se que soy pequeña, más que vosotros, pero no me gusta que me lo recuerden, ¿sabes?.
Sirius sonrió, ese mote se lo había puesto él, y sólo le permitía que alguien la llamase así si él la había llamado así delante de esa persona, era un mote cariñoso, él al menos la llamaba Peque de manera cariñosa, igual que lo hacían todos los del equipo y Peter.
- No te molestes cariño, Peque es un mote dulce, nadie te insulta ni te recuerda ni tus años ni tu estatura- le explicó su hermano tranquilamente.
Y es que Sirius tenía la capacidad innata de complacer con las palabras a cualquiera que lo escuchase, e Isis era una persona, pequeña pero persona al fin y al cabo, aparte de una bruja muy poderosa.
Demostró con creces porqué había sido seleccionada en el equipo.
Cunado Wood repartió el equipo en dos mitades, puso a Isis con Sirius y James y a los otros tres restantes juntos. Él se quedó de guardián de los dos equipos. El capitán observaba detenidamente a Isis, la niña era realmente fantástica encima de la escoba, nunca había visto a nadie volar con tanta soltura, ni siquiera a James que era excepcional. James también estaba al tanto de la niña, ésta parecía molesta, pero es que por miedo no le habían pasado la quaffle en ningún momento.
-¡Tiempo!¡Tiempo!- pidió la niña a gritos.
Wood sujetó la pelota que acababa de apresar entre sus manos.
-Oye chicos- dijo marcando un círculo perfecto en el aire- yo también juego.
Y se alejó de su hermano y el chico de gafas a una velocidad endiablada, ahora sí iba pegada a su escoba, parecía un solo instrumento. Regresó donde estaban todos paralizados del asombro.
-¿Qué?- soltó de manera impertinente- ¿Me dejáis jugar?- eso iba sobretodo por Sirius.
- ¿A ti quién te ha enseñado a volar?- preguntó Sirius separándose del grupo.
La niña sonrió, no pensaba contestarle. Estiró el brazo hacia su capitán para que le pasara la quaffle, su capitán no dudó y la niña apresó la pelota de cuero con un brazo sobre su pecho.
Isis se dirigió hacia lo alto del estadio y probó suerte con la jugada que había visto en un partido profesional, la Balsee.
Era una de las jugadas más arriesgadas que había visto, a la tierna edad de seis años, Sirius tragó con fuerza cuando James la reconoció y la nombró en alto. Isis caía en picado hacia los postes, ejecutando continuos tirabuzones sobre su propio eje, a mayor velocidad de la que había volado hacia unos instantes.
-Es imposible, se va a matar- dijo Sirius en un murmullo.
-Se va a matar- corroboró James.
Isis no llevaba el ángulo correcto, todos vieron como se dirigía de cabeza hacia el poste central, en el último momento viró el mango de su escoba treinta grados y lanzó con la zurda, casi rompiendo la cintura de Wood, pero la quaffle había logrado pasar por el aro y la chica reposaba tendida sobre el mango de su escoba, sin poder abrir los ojos del mareo que llevaba encima.
Sirius bajó al terreno, con el estómago cerrado, acompañado de su amigo James, que respiraba con dificultad.
-Tu hermana está loca- le dijo el chico.
-Mi hermana está muerta- correspondió Sirius encolerizado- ¡Isis baja inmediatamente!
Isis escuchó el berrido de su hermano, entreabrió un poco los ojos pero los volvió a cerrar de inmediato, el suelo aún no había dejado de dar vueltas. Aún con los ojos cerrados agachó el mástil de la escoba y se dirigió donde la voz, controlando que su velocidad fuese la menor posible.
Sirius la bajó de la escoba, le agarró la sudadera y la levantó a la altura de su cara para mirarla directamente a los ojos. La bajó al suelo y le soltó tremenda bofetada.
Había perdido el control.
Isis se quedó mirándolo, hirviéndole la sangre. ¿Por qué toda su familia se liaba con ella a golpes?¿Que acaso no conocían el diálogo?
Sirius se quedó paralizado cuando Isis se llevó una manita a la mejilla, la niña ya tenía la cara enrojecida y las lágrimas le resbalaban.
- Pienso escribir a papá- le amenazó el chico moreno. Con los ojos enrojecidos.
