Si había algo a lo que Aidou era adicto eso era a la belleza, la que veía en el delicado rostro de una joven, la que sentía cuando escuchaba una opera, incluso la belleza de un poema de Beckett. Pero siempre terminaba regresando a lo mismo.

La belleza que más le conquistaba era la de Kaname con sus movimientos fluidos, su tono de voz áspero y grave, las sencillez y elegancia de su porte, eso lo había conquistado pero el amor, el verdadero amor era Juuri Kuran. Era la mujer que había esperado toda su vida, el hecho de que le doblara la edad, fuera casada y su hijo fuera su ídolo poco importaba al rubio.

—Eh escrito un nuevo poema –comentó Aidou a Ichijo mientras desayunaban—. Se titula la belleza de mi amor.

—Ah –Ichijo sonreía y luego soltaba una fuete risotada que lograba enojar a Aidou—. No entiendo tu insistencia con los poemas el último fue tan malo que incluso a nuestra amable anfitriona le costó dirigirte la palabra cuando lo recitaste con voz de enclenque.

—Mis palabras le robaron el aliento –dijo Aidou intentando no recordar el bochornoso incidente y el comentario de su voz ese día.

—Tus palabras nos robaron el aliento a todos fue igual que un golpe al estómago, además no creo que la impresiones mucho sabiendo que su esposo es escritor. Él ya te lleva la ventaja de escribir dos libros con dedicatoria para ella.

Aidou inspiro un momento y luego pareció desprenderse de su alma y quedar en estado inanimado, Ichijo siguió bebiendo su té con una sonrisa en el rostro el ya sabía que a su amigo no le costaba nada enamorarse o tener fijación por cosas bonitas, no se sorprendió cuando Juuri entró y los saludó, desde que estaban en casa de Kieran la madre de Kaname procuraba atenderlos.

—Hola queridos, ¿Qué tiene planeado para hoy?

Aidou se recupero mágicamente y ofreció su sonrisa más galante a Juuri, los dos empezaron hablar y bromear mientas teniendo a Ichijo como mero espectador pero toda la atención que les prestaba se evaporo cuando escucho los cascos de un caballo y a la distancia reconoció a Zero cabalgando sobre su yegua gris.

—Zero –pronunció Juuri y se apresuro a recibir al chico de ojos violeta que respiraba agitadamente al bajar del caballo—. Estás bien, ¿Por qué has tardado tanto en regresar?

—Juuri, necesitamos hablar.

MY FAIR LADY

Por: Erol

EDIMBURGO, ESCOCIA.

Si su padre logrará ver lo rápido que se levantaba Yuuki por las mañanas habría quedado sorprendido, la usualmente perezosa castaña siempre sufría de dificultades para dejarse arrastrar fuera de la cama. Por la ventana pudo ver que ese sería otro luminoso día en Edimburgo, lo primero que haría sería arreglar su cama, por mucho que Franz se molestara con ella por hacerlo había ciertas costumbre que se negaba a perder.

La vida con Kaname parecía perfecta desde el día en el parque, él ya no había mencionado nada sobre Zero en su lugar siempre intentaba contar a Yuuki sobre sus días en Londres y del trabajo que estaba haciendo en Edimburgo. Ese día le había pedido acompañarlo al hospital para retirarle los puntos de la cabeza, Yuuki se planto frente a su guardarropa intentando encontrar un vestido sencillo y adecuado para un hospital.

Sus mirada la llevó a encontrar de inmediato la prenda que necesitaba, un vestido rosa sin demasiados adornos que podría usar con unas bailarinas del mismo color y como adorno podía usar una diadema en el cabello. Una vez que estuvo lista bajo emocionada por las escaleras ignorando a Franz cuando la vio correr cuesta abajo por las escaleras.

—¡Ya estoy lista! –dijo a Yuuki a Kaname al verlo parado frente a la chimenea.

—¿Quieres desayunar antes de irnos? –preguntó él.

—No es necesario –Yuuki se acercó para ver el retrato de María Kurenai que parecía sonreírle burlonamente—. María es muy bonita, ¿Tan bonita como en esa imagen?

—Es más bonita aún –Kaname miro divertido el nerviosismo de Yuuki y no se resistió a decir—. ¿Sabes que estuvimos prometidos? Los abuelos querían que nos casáramos y yo accedí.

—¿Entonces es tu prometida?

—Yo accedí pero ella no, soy dos años mayor que ella y me considero demasiado viejo, ¿Tú también me consideras un viejo Yuuki?

—Nunca –la castaña lo miro sonreír y solo pudo mirar cuando el se acerco y tomándole el brazo le dio un beso en la muñeca que provoco corrientes eléctricas en su cuerpo.

—Al final a nadie le importo el compromiso y terminó siendo una broma, aunque algunas personas de aquí parece que no lo olvidaron. Por ejemplo, Franz o su esposa Daphne, la mujer con la que te lleva a hacerte un vestuario.

—¡Ah!

—Pensé que tendrías más que decir –Kaname se retiro cuando vio que ella se daba cuenta de lo divertido que estaba con sus reacciones.

Kaname recibió un golpe tan ligero de parte de Yuuki que no pudo contener la risa y cuando salieron de la casa todavía se le podía ver sonriendo por el enfurruñamiento de su compañera. Si Yuuki llegó a imaginar que el hospital sería todo solemnidad estaba muy equivocada, gente iba y venía pero una vez que Kaname hablo para pedir una cita para retirar los puntos de su cabeza toda la atención se femenina se volcó sobre él.

—Será un gusto atenderlo –dijo una enfermera con tono sensual.

—Me gustaría revisarlo a fondo –comentó una doctora devorándolo con la mirada.

—Si quieres yo me haré cargo de ti –fue la invitación de alguien más.

Yuuki miraba y escuchaba todo indignada y su humor prometía estallar, por eso cuando ambos pasaron a una habitación desierta con una enfermera obviamente interesada en quitarle los puntos a Kaname y de ser posible también la ropa la castaña tuvo que apartarse de los objetos que vio cerca de una bandeja, algunos suficientemente filosos para ser clavados como estacas en la mujer que se inclinaba de más sobre el paciente.

—Eso es todo –dijo la mujer—. ¿Quieres que haga algo más por ti?

—¡No, no quiere! –gritó Yuuki agitando un brazo en movimientos frenéticos hasta darse cuenta como esta chocaba contra un cristal que le corto la mano.

—¡Yuuki! –gritó Kaname que no entendía de donde había salido esa explosión de enojo.

Minutos más tarde…

—Creo que no tenemos de que preocuparnos con el vendaje y la inyección estarás bien –dijo la enfermera sentada frente a Yuuki que la había curado con una paciencia y tacto admirables.

—¿No sería bueno que la revisará un medico? –preguntó Kaname que había estado observando el trabajo de la enfermera todo el rato.

—No es necesario, puedo llamar a uno pero es apenas una cortada.

—Casi no me duele –dijo Yuuki aunque por la mirada que recibió de Kaname era obvio que no le creía nada.

—Señor –dijo la enfermera—. ¿Por qué no va a pagar la factura del hospital mientras llamó un medico para que revise a su novia? De esa forma queda usted más tranquilo.

Su novia. Yuuki se quedo callada y sonrojada cuando Kaname salió dejándola con la enfermera que la miraba curiosa y era con toda probabilidad la única enfermera que no se había pegado como lapa a su NO novio.

—Voy a buscar al doctor de guardia.

—¡No lo hagas! –la castaña suspiro para luego decir—. De verdad no me duele, mi malestar se debe a otra cosa.

—¿Sí? –la enfermera miraba sonriente a Yuuki—. ¿Puedo saber a qué?

—A los celos –admitió en una voz tan baja que apenas si se le escuchó aún así Yuuki miro con sorpresa a la enfermera que parecía entenderla—. ¿No te parezco extraña?

—No, yo también me enojaría si mi novio recibiera muchas atenciones de las chicas aunque ellas solo están celosas por la forma que tiene él de mirarte.

—¿Cómo me mira?

—¿Qué como te mira? –la enfermera sonrío por la sincera preocupación de Yuuki—. Mejor busco al doctor o tu novio querrá mi renuncia por escrito por no cuidarte, por cierto soy Sayori Wakaba. Mucho gusto.

El doctor casi río cuando su enfermera le comento que tenía que revisar una cortada por que de otro modo tendría problemas con el novio, la sonrisa se le borró cuando vio el metro noventa del novio que parecía querer la más completa confirmación de que Yuuki estaría bien. Al doctor le costo casi media hora lograr convencerlo de que su novia estaba bien y que su presencia solo esta alterando las hormonas femeninas del lugar.

—Del uno al diez, ¿Qué tan enojado estás conmigo?

—Un once –Kaname miro estremecer a Yuuki y luego la hizo pasar dentro de la casa—. ¿Cómo se te ocurre cortarte la mano?

—Al menos lo hice en un hospital, deberías ver las ventajas –bromeo Yuuki que termino derrotada por la mirada fría de los ojos masculinos—. ¿No podrías perdonarme?

—Ya lo hice.

Kaname siempre era derrotado por Yuuki incluso cuando está no se deba cuenta, eso ocurría la mayor parte del tiempo, ninguno de los dos dejo de mirarse hasta que un carraspeo y una risita delataron la presencia de Damian y María Kurenai.

—¿No vas a saludar a tu abuelo y tu prima? –preguntó Damian.

—Hola primito –fue el melódico saludo de María.

Yuuki no habría dicho que se había quedado sorprendida, las palabras exactas eran que había quedado helada. María la miraba curiosa mientras se acercaba para ver de cerca a la chica que su primo tenía tomada de la mano, era obvio que la joven Kurenai estaba intrigada.

—¿No nos vas a presentar?

—Permitan que les presente a Yuuki Croos la mejor amiga de mi infancia y la persona que más quiero en Escocia.

—¿Sólo en Escocia? Bueno en Londres a la que más querías era a mi –dijo María abrazando a Kaname hasta hacer que soltará a la castaña—. Estoy un poco celosa Yuuki no soporto muy bien que tengas la atención de mi primo.

Damian observaba todo divertido con las actitudes siempre infantiles de María, era obvio que su nieto aún no sabía como manejar los caprichos de su prima y la pequeña Yuuki tampoco se daba cuenta del interés que había generado.

VAMPIRE KNIGHT

Juuri se las había ingeniado para quedarse a solas con Zero lo que no había sido tarea fácil porque en cuanto Aidou se percató de la llegada del viajero se empeño en retarlo a un duelo por haber ofendido al ídolo de toda su vida, era obvio que Zero también estaba deseando liarse a golpes con alguien pero la persuasión de la mujer había hecho que todo quedara en palabras.

—Tardaste mucho tiempo en regresar.

—Lo habría hecho antes pero luego del incendio y de averiguar que Yuuki había sido rescatada por un "príncipe" me tope con Rido.

—¿Está en Escocia? –Juuri sintió que la sangre la abandonaba—. ¿Hablaste con él?

—Incluso de hacerlo el no recordaría nada estaba tan borracho que lo sacaron entres tres hombres de todas formas si el regresa y se encuentra contigo, Haruka y tu hijo no dudo que revele tu secreto.

—Kaname no está y tengo entendido que no regresara dentro de poco puede que para entonces Rido se haya ido de nuevo.

—Lo dudó –Zero se acerco y tomo las temblorosas manos de Juuri—. Debes contarles a todos la verdad has guardado silencio por demasiado tiempo.

—Sabes que no puedo –Juuri no pudo contener las lágrimas y se acepto el abrazo del muchachito que ella misma había llevado a esa casa junto con su hermano.

Ninguno de los dos se percato de la silenciosa salida de Ichijo que procesaba las palabras que había escuchado, aparentemente la familia Kuran nunca sufría por aburrimiento.

VAMPIRE KNIGHT

Una semana entera había pasado y Yuuki no dejaba de repetirse que hubiera preferido quedarse con la foto de María porque la persona en vivo y a color ya la tenía harta. María Kurenai no sabía lo que era la palabra descanso, había decidido por si misma que Yuuki fuera su amiga y acompañante por todo Edimburgo y cómo Kaname se había unido a su abuelo en el trabajo y rara vez habían parado en casa no tenían idea del tropel de cosas que María había querido hacer.

Habían visitado todas las tiendas del lugar y María no parecía nunca cansada de comprarse ropa, siempre vestidos que realzaban su belleza y hechizaban a quién la viera andar con su pequeña figura por las calles, habían jugado tenis, canasta e incluso póker. Yuuki siempre había sido activa pero seguirle el paso a la chica Kurenai era una tarea ardua, ¡Pero si incluso habían ido a pescar!

—Lo de pescar no fue buena idea –comentaba María cuando regresaban en el carruaje—. No soporto el hedor y luego usar gusanos como carnada, ¡Aquello fue repugnante!

—Lo sé –fue lo único que dijo Yuuki.

—¡Ya lo tengo! –dijo María de repente con energía renovada—. ¡Visitemos a Kaname!

—¡Eso no! –gritó Yuuki e ignoro la mirada de María—. No podemos ir porque abrieron una tienda de sombreros, ¿No quieres ir?

—Sombreros –María estaba resplandeciente—. ¡OH Yuuki no sabes lo mucho que amo los sombreros!

No lo sabía pero la castaña lo imaginaba perfectamente de todas formas cualquier cosa era buena con tal de alejar a María de Kaname, siempre que tenía oportunidad de verlo captaba toda su atención y dejaba a todos los demás fuera, lo abrazaba, hacía comentarios cerca de su oído y si lo notaba distraído hacía todo lo posible por llamar su atención.

El carruaje paró frente a la tienda de sombreros y ninguna de las dos chicas dio cuenta que frente a la acera de la misma Kaname camina con Damian que no tardo en reconocer a su nieta y a Yuuki.

—¿Por qué no vas con ellas? –sugirió Damian—. Si dejas a Yuuki otro poco con María no quedará mucho de ella dentro de poco.

—Están haciendo compras –Kaname hizo una mueca—. Además me parece bien que Yuuki pueda conocer Edimburgo y María sin proponérselo la entretenga.

—De todas formas te instó a que vayas con ellas –Damian sonrío al decir—. Seguro que una de las dos agradecerá el descanso que le puedas ofrecer.

—Tengo trabajo abuelo.

—Y yo soy tu jefe y te doy el día, ¡Obedece ya!

—Solo quería que lo dijeras –Kaname se despidió y no tardo en cruzar las puertas de la tienda—. ¡Yuuki, María!

Kaname se extraño de ver el caluroso recibimiento de su prima y de Yuuki solo una fría mirada, María de inmediato supo atraer la atención, iba y venía pidiendo sombreros y corriendo a los espejos para verse de inmediato, mientras ella se ocupaba de sus compras su primo se acercó a Yuuki hasta levantar su barbilla.

—¿Quieres que me vaya? No pensaba en incomodarte.

—No lo haces –Yuuki suspiro sin saber explicarse.

Él la estudiaba desconcertado cuando uno de los sombreros le llamó la atención, era de terciopelo, con una cinta y un coqueto moño alrededor, combinaba bien con el vestido que Yuuki usaba ese día, fue a tomarlo y cuando regreso lo coloco sobre la cabeza castaña.

—¿Te gusta? Pero que tonto soy –él la jalo y la llevó hasta un espejo—. Ahora si, ¿Te gusta? Dime que te gusta o te compraré la tienda entera hasta dar con el que te guste.

Los dos rieron pero la reacción de él fue más lejos cuando beso la mejilla de la castaña y luego tomo su muñeca para besarla también de repente el acto pareció sumamente intimo.

—¿Estamos bien Yuuki?

—¿Qué a sido eso? –interrumpió María—. ¿Sólo Yuuki merece tus besos? A mi no me has visto desde hace rato y nunca me das un beso.

—María, María –dijo Kaname sin alejarse de Yuuki—. Ya deberías saber que no soy uno de tus admiradores que cumple tus caprichos, toda mi atención la reservo para la persona que quiero.

—Comprendo –dijo María mirando a Yuuki como un reto que superar, aplastar y luego deshacer—. El abuelo tenía razón en decir que Edimburgo podía ser más divertido de lo que yo imaginaba.

Continuará...

Un capitulo un poco corto, creo, jaja espero que hayan disfrutado con él. Estaremos en contacto :D

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