Capítulo 6

1 hora desde el despertar de Jim

Con paso inusualmente apurado, Spock entró en el despacho de Uhura y confirmó con un simple golpe de vista que estaban todas las personas que había mandado mandar: Chekov, Sulu, Scotty, Giotto, la propia Uhura, y la profesora Marcus.

–Me alegra ver que todos han acudido a mi llamado a pesar de que este halla sido tan precipitado y en el despacho de la teniente, mas las noticias son apremiantes y este uno de los pocos lugares que consideramos seguros. Pero no quiero demorarme en mis explicaciones así que les diré que el capitán ha despertado.

Varios segundos de silencio fueron precedidos de una algarabía que logró curvar los labios de Spock en una disimulada sonrisa.

–Intuía que la noticia les haría especial ilusión a todos– prosiguió Spock logrando acallar las voces–. En pocas horas la prensa se enterará y nuestra labor será aún más ardua: querrán a toda costa llegar hasta el capitán o hasta el personal que le trata.

–Yo mismo me encargaré de hablar con la seguridad del hospital para reforzar su blindaje– dijo Giotto cuadrándose ante Spock.

–Le agradecería que lo hiciera de inmediato.

–Por supuesto comandante.

Sin más dilaciones el hombre dejó el despacho.

–¿Podremos ver al capitán?– preguntó Sulu.

–Aún es muy pronto para eso. El doctor McCoy está informando en estos momentos a la madre y el hermano del capitán ya que no se encontraban en la habitación en el momento en el que este recuperó la consciencia. Ellos serán los únicos, junto conmigo, que puedan acceder al estado del capitán por razones de seguridad. No obstante el doctor McCoy no es reacio a iniciar una ronda de visitas cuando el capitán comience a recuperarse.

–Intionces espiro quí si recupere pronto para podir virle– dijo Chekov con gran alegría.

–Todos tenemos labores asignadas y será mejor que sigamos cumpliéndolas– dijo Spock–. Pueden regresar a sus tareas. Les informaré de cualquier novedad relevante relacionada con el estado del capitán.

La tripulación abandonó el despacho pero Spock vio como Marcus se demoraba hasta quedar la última.
–Comandante, ¿puedo hablar con usted?

–Por supuesto doctora. Teniente Uhura, ¿le importaría que hiciese uso de su despacho unos minutos?

–Claro que no comandante. Le veré más tarde.

Cuando la teniente de comunicaciones cerró al puerta, Spock hizo una seña a la rubia para que tomase asiento en una de las sillas frente al escritorio de Uhura mientras él se sentaba tras la mesa con un elegante movimiento.

–Verá comandante, aprecio el que me haya llamado a esta reunión y soy la primera que se alegra de que el capitán empiece a recuperarse pero no sé si mi presencia aquí es adecuada.

–Explíquese.

–Mi padre fue el que nos llevó a esta situación: a la fuga de Khan, a la caída de la Venganza sobre San Francisco, a que el capitán esté en el hospital.

–Por sus palabras creo deducir que usted piensa que hay una relación entre los acontecimientos ocasionados por su padre y usted.

–Sí señor. Muchos no verán con buenos ojos que yo siga siendo parte de la tripulación de la Enterprise, mucho menos que haya estado hoy aquí.

–Pues me temo que entre esos "muchos" a los que usted hace referencia no está el capitán– Carol le miró extrañada y Spock prosiguió hablando–. Durante todos los meses que he servido en la Enterprise he juzgado mal al capitán en un ochenta y siete por ciento de las ocasiones, pero créame: todos mis errores han hecho que ahora comprenda muy bien a mi capitán. Puede que el capitán no se haya pronunciado aún acerca de usted pero estoy seguro, a un noventa y nueve coma siete por ciento, de que no la juzga a usted por los crímenes de su padre y que quiere que siga formando parte de la tripulación.

–¿Cómo puede estar tan seguro?– pregunto Carol con voz temblorosa.

–Por que él la invitó a que entrase a su hogar y conociese a su familia.

–¿Cuando?– preguntó la mujer sintiéndose realmente confundida

–El mismo día que la invitó a subir a la Enterprise.

9 horas desde el despertar de Jim

Tal y como Spock había vaticinado, cinco horas después de que Jim abriese los ojos la noticia de su despertar se filtró a la prensa y el hospital aprovechó para sacar un escueto comunicado firmado por Leonard en el que se ratificaba la leve mejoría en el estado del capitán pero se seguía manteniendo su condición como crítica. Sin embargo la cautela del médico no evitó que la noticia se celebrase con júbilo por las casi trescientas personas que hacían guardia permanentemente a las puertas del hospital junto con un centenar de tripulantes de la Enterprise que se turnaban para permanecer cerca de su oficial al mando.

–Oficialmente nuestra misión termina aquí– Spock miró a los ojos negros de su interlocutor, un tellarita vestido con las ropas del EFIT, y que le tendía un padd–. Dentro encontrará todos los pasos que hemos dado para limpiar cualquier rastro de información sobre la batalla de la Enterprise y la Venganza. Nos hemos encargado de revisar que las memorias de la Enterprise estuviesen todas modificadas correctamente, las cámaras de video alteradas sin que pueda notarse dónde y cuando han sido modificadas; hemos retirado cámaras con metraje que era imposible modificar y hemos creado para cada una de ellas una avería verificable si alguien quisiera saber por que no se han recopilado las imágenes. Además logramos evitar que se propagase su pequeña carrera en pos de Khan y, por supuesto, nos hemos deshecho de cualquier prueba que relacionase la sangre de Khan con algún tipo de beneficio para la salud.

Tiene ocho minutos para leer el contenido de los informes.

Sin perder un segundo, Spock comenzó la lectura hasta que devolvió el padd pasados siete minutos y cincuenta y seis segundos.

–Espero que haya memorizado todo lo que ha leído.

–Así lo he hecho.

–Bien.

Cuando el tellarita recibió de vuelta el padd lo dejó sobre el suelo, sacó un phaser de pequeño tamaño de su cinturón, y apuntó disparó. El padd fue reducido a cenizas.

–Entonces, comandante, aquí se separan nuestros caminos. Que tenga un buen día.

Con un asentimiento de cabeza, Spock se despidió de su homónimo en el EFIT y salió del edificio destinado a la rama más secreta de la flota estelar sintiendo una gran gratitud hacia aquellos que habían hecho posible que su capitán estuviese de nuevo de vuelta, pero sintiendo al mismo tiempo un gran alivio al poder prescindir de una gente tan poderosa y peligrosa como eran todos cuantos trabajaban allí.

21 horas desde el despertar de Jim

Un suave pitido en su padd hizo que Leonard dejase su despacho y subiese hasta la habitación de su único paciente ya que este iba a despertar. Llegó al lado de Jim justo cuando este empezaba a alzar sus párpados por segunda vez desde el ataque de Khan.

El irónico comentario que el médico tenía preparado sobre el tardío despertar de su amigo tuvo que esperar pues Leonard se dio cuenta de que Jim tenía dificultades para enfocar la mirada.

–Buenos días Jimbo, ¿cómo te sientes? ¿Dispuesto para correr una marathon? ¿o con media nos conformamos?– se acercó a los paneles que monitorizaban los signos vitales de Jim, a pesar de que ya había analizado los datos a través de su padd, y modificó dos de las medicaciones–. Hoy hace un bonito día, tal vez no estaría mal ir de verdad a correr una marathon.

–Hoy preferiría ser parte del público– Jim había hablado con un hilo de voz.

–¿Tú renegando de hacer una locura? El mundo se acaba– Leonard le acercó un vaso de plástico con lo que parecía ser agua y lo acercó a sus labios–. Sé que te encuentras sediento y te duele la garganta, pero sólo puedo darte unos sorbos.

Asintiendo, Jim disfrutó del fresco líquido.

–Gracias. ¿La tripulación? ¿La nave?

–Todo está en orden Jim– Leonard sabía que estaba mintiendo, pero no podía poner en conocimiento de Jim los sucesos que habían acontecido tras su visita al núcleo warp. No hasta que no estuviese lo suficientemente recuperado.

El joven capitán parpadeó un par de veces y miró a su médico.

–¿Por qué no siento mi cuerpo?

–Estás bajo una medicación que no es que sea fuerte: es extremadamente fuerte. Vas a estar "lejos" unos cuantos días más.

Jim trató de procesar la información pero su cerebro iba a otra velocidad, una demasiado lenta a la que él no estaba acostumbrado.

–Estoy cansado.

–No es de extrañar, has estado dos semanas muy enfermo– viendo como Jim fruncía levemente el ceño, Bones supo que su amigo estaba tratando de recordar lo acontecido, por lo que intervino en su curso de pensamientos–. ¿Puedes aguantar un par de minutos despierto? Hay alguien que, si no te ve ahora, me arrancará la piel con sus propias manos.

El médico recogió un leve asentimiento por parte del rubio y salió de la habitación para regresar segundos después seguido por un nuevo acompañante.

Jim podía estar sedado, incluso privado de gran parte de sus sentidos y agotado hasta límites que nunca antes hubiera podido imaginar pero nunca podría errar al ver la silueta que sobre el se cernió.

–Mamá

–Jimmy– las lágrimas caían desde los ojos azules de Winona sin control mientras se abrazaba a su hijo, rozándolo apenas por temor a hacerle daño–. Mi sol, mi pequeña estrella.

El cabello rubio, su perfume, su candor… la presencia de su madre hizo que Jim se sintiese a salvo y, de nuevo, volviese a quedarse dormido.

–Leonard– gimió Winona al ver los párpados de su hijo cerrarse.

–No te preocupes, es normal. Su cuerpo no podrá soportar más que breves periodos de consciencia durante las próximas veinticuatro horas– invitó a la mujer a regresar a la sala de espera privada y el la siguió–. A partir de ahí habrá que ir modificándole la medicación en función de su mejora y el rango de tolerancia de dolor que pueda soportar.

–¿Dolor?– repitió Winona tras escuchar al médico y sentándose en el sofá–. ¿A qué te refieres?

–Ahora que Jim ha despertado empieza la fase más difícil de su recuperación– Leonard vio como la puerta que comunicaba con el pasillo se abría. El mayor de los hermanos Kirk apareció–. Toma asiento Sam.

–¿Ha pasado algo?

–Nada malo– le aseguró Leonard esperando a que se sentase junto a Winona–. De hecho Jim ha vuelto a despertar por unos minutos y ha podido reconocer a tu madre. Pero aprovechando que estáis los dos creo que deberíamos mantener una conversación que he pospuesto hasta ahora– Tomando aire, el médico volvió a hablar–. Lo que le explicaba a Winona era que el cuerpo de Jim va a tener que pasar por unos procesos bastante complejos ya que, literalmente, tuve que reiniciar su cuerpo.

–¿Reiniciar? ¿En qué sentido?– preguntó Sam.

–En el único que hay.

La respuesta del médico dejó confusa a Winona, pero la mente de Sam asoció las ideas con una rapidez que sorprendió a Leonard.

–¿El corazón de Jim se detuvo?– Leonard asintió–. ¿Cuánto… cuanto tiempo?

–Cuatro días, diez horas y veintitrés minutos.

La expresión de Winona y Sam fue tan brutal que Leonard se mantuvo en silencio permitiendo que ambos asimilasen el significado de lo que acababa de decir. Un largo minuto pasó antes de que la voz temblorosa de Winona se escuchase en la salita.

–Jimmy… ¿mi Jimmy murió?

–Lo que os voy a contar es lo que realmente sucedió en la Enterprise cuando esta se precipitó sobre la órbita terrestre y no lo que hemos declarado ante la flota. Todos los que sabemos la verdad estamos bajo juramento del comandante Spock, pero él está de acuerdo en que conozcáis lo que pasó.

Tratando de ser conciso, el médico les relató como Jim entró en el núcleo warp, cómo lo alineó, y cómo dio su vida por salvar a su tripulación de una muerte segura. Al terminar su relato tanto Sam como Winona lloraban, pero mientras el hombre lo hacía de forma desconsolada, las lágrimas de la mujer caían silenciosas por sus mejillas mientras abrazaba al mayor de sus hijos.

–Que funesto destino le ha tocado vivir a mi familia. Primero George, Luego Sam y Jim con Frank, Jim en Tarso, Jim en el núcleo warp …

–Pero Jim no ha muerto– dijo Leonard.

–Sí, sí ha muerto, pero tú le has hecho regresar– la mujer le miró con ojos brillantes– y por ello te estaré eternamente agradecida, Leonard.

–No Winona, no debes agradecérmelo. Quiero a Jim por ser mi compañero de aventuras, mi amigo en las risas, mi hermano en las penas, mi capitán en la batalla. Dices que el destino de Jim es funesto yo mismo he visto cómo los desastres parecen perseguirle– inclinándose hacia delante, el médico tomó la mano de Winona– Pero si de algo vale mi palabra, te prometo Winona que mientras yo viva no permitiré que la muerte se lleve a Jim antes de tiempo.

–Vale, y mucho– le aseguró la mujer.

–¿Podrá Jim recuperarse por completo?– preguntó Sam.

–Sí, pero no será fácil. No sólo debemos sanar las lesiones causadas en el núcleo warp por la caída y la radiación, además debemos darle a su sistema inmunitario un empujón para que comience a funcionar.

–¿Cómo?

–Principalmente con regeneración medular.

Winona se cubrió la boca con la mano.

–No…

–No hay otra manera– Leonard parecía tan compungido como ella–. Si la hubiera la habría contemplado. Pero Jim necesita su sistema inmune funcionando cuanto antes y sólo podemos conseguirlo con esto.

–Pero es tan… terrible.

–No voy a negarlo, la regeneración medular es uno de los tratamientos más invasivos de la medicina actual pero, al mismo tiempo, es el más eficaz. Con el Jim tiene más del noventa y seis por ciento de posibilidades de recuperarse completamente.

–¿Cuanto tiempo va a durar?– inquirió Sam.

–La regeneración necesita cómo mínimo de cinco sesiones, en días alternos, y como máximo veinte. En cuanto esta parte del tratamiento concluya Jim no debería tardar más de un par de días en iniciar su terapia física, que realizaremos en dos partes: la primera será llevada aquí y se prolongará hasta que pueda respirar, comer, y caminar por si mismo, la segunda la podrá realizar desde casa y tendrá como objetivo volver a recuperar su peso y músculo y la movilidad completa de las articulaciones. Esta parte será lenta y puede que le lleve meses.

–Mientras se recupere el tiempo da igual, lo importante es que lo consiga– dijo Sam con rotundidad.

27 horas desde el despertar de Jim

La tercera vez que Jim despertó no fue tan agradable como las anteriores. Jim alzó los párpados bruscamente, empapado en sudor y sin saber dónde estaba.

–Tranquilo Jim, todo está bien.

El rubio reconoció la voz de su amigo Bones, pero no supo encontrarlo entre la maraña de siluetas que se cernían sobre él. Un paño deliciosamente húmedo se colocó sobre sus ojos.

–Has desarrollado una fiebre causada por el desgaste de un tratamiento de osteregeneración que le hemos dado a tus huesos– dijo Leonard situándose a la izquierda de Jim–. No es preocupante pero te hará sentir confuso unas horas.

–¿Más?

El intento de humor de Jim hizo sonreír al médico que, con un gesto de cabeza despidió a las dos enfermeras que le habían ayudado a cambiar las medicaciones de Jim y a recoger las nuevas muestras de sangre para su análisis.

–Sí, más.

–¿La tripulación?

–Todos a salvo Jim– contestó el médico omitiendo a su amigo que era la segunda vez que le respondía a la pregunta. Jim alzó su mano y Leonard la tomó con rapidez, su amigo la apretó con escasa fuerza–. Estoy aquí Jim.

–Está mal.

–¿El qué?

–Todo– Leonard se mordió el labio inferior–. Siento cómo si estuviese ardiendo por dentro.

–Es la fiebre Jim, vas a estar bien.

El capitán tomó una bocanada de aire y su rostro se contorsionó en una mueca.

–¿Es por al sangre de Khan?

Leonard se sorprendió de que Jim pudiera recordar que había hablado con él acerca de la transfusión y bromeado con respecto a sus instintos homicidas.

–Sí, tu cuerpo ha aceptado la transfusión, pero aún quedan muchas cosas por tratar.

–Entonces, ¿llevo parte de Khan conmigo?

–No, llevas un suero sintetizado a partir de su sangre, pero anda en el suero es de Khan. Yo mismo lo cree y puedo asegurártelo– aún sin ver los ojos de su amigo, Leonard sabía lo que este estaba pensando. Retiró el paño y esperó a que el rubio le mirase–. Una parte de ti está culpándose por llevar algo que Khan nos ha dado. Esa parte de ti ve al Khan que arrasó la sede de la flota, los archivos de Londres… pero Jim, Khan es el mismo hombre que luchó sin cuartel por salvar a su tripulación, que se arriesgó exponiéndose en la primera línea de la batalla por defender a los suyos– tomó con delicadeza el rostro de Jim con sus manos–. Y ese Khan no difiere mucho del hombre que salvó al Enterprise, a la Tierra una segunda vez, y evitó una guerra a escala interestelar con los Klingons.

La mirada de Jim se nubló con una mezcla de cansancio y emoción.

–Todos están bien– musitó el capitán cerrando los ojos–. Mi nave, mi tripulación...

Y viendo la devoción con la que, aún en su dolor, Jim cuidaba de lo que él consideraba como suyo, Leonard veló su sueño hasta que las lecturas le confirmaron que su mejor amigo descansaba ajeno a la realidad que tras los muros del hospital aún se podía ver con los restos del armazón de la Venganza irrumpiendo en el perfil de San Francisco.


Nota: Hola! Tras un Junio repleto de trabajo he regresado hoy de unas breves vacaciones! Espero que la demora no haya sido mucha y os agradezco vuestra paciencia. Un gran abrazo a todos y todas!