Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pero la trama si.

Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.

Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la distancia o por teléfono.

La historia está escrita desde el punto de vista de Rosalie.

Los personajes de esta historia son HUMANOS.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-..-.-.-.-.-.-.

7.

Tenía que reconocer que me gustó mucho ir a correr con Emmett. Cuando corríamos deprisa, ninguno de los dos hablaba. Bastante trabajo teníamos con respirar. Cuando bajábamos un poco el ritmo, hablábamos un poco, de los lugares a los que solíamos ir a correr y, cuando al fin comenzamos a caminar, llegamos a la playa, le comenté que había estado hablando con mi padre y él me contó que también había estado hablando con su madre.

- Y me ha dicho que nos hecha mucho de menos. – dijo sentándose en la arena, a pocos metros del agua.

- Y eso que no hace ni cuatro días que se marchó. – me senté a su lado, aunque terminé tumbándome. – Yo también les echo mucho de menos a los dos.

- Nunca habías estado lejos de tu padre por mucho tiempo, verdad?

- Solo cuando se fue hace un año y medio.

- Cuando conoció a mi madre. – murmuró.

- Si.

- No te gusta estar sola, verdad?

- Esta vez no estoy sola. – dije mirándole de reojo, aunque él no se movió. – bueno, ¿quieres que sigamos corriendo?

- Más? – dijo, mirándome como si acabara de decir una barbaridad. – mejor volvamos andando.

- Como quieras, flojucho. – dije poniéndome en pie y echando a correr, con Emmett persiguiéndome por la playa, pero me atrapó y me cogió por la cintura, levantándome del suelo, riendo.

- ¿Quién es el flojucho?

- Nadie. Nadie.

- Lo que yo creía. – dijo dejándome en el suelo, riendo. – ¿Podríamos ir a comer algo? Me estoy muriendo de hambre. – dijo pasándose la mano por la tripa.

- ¿Es que aun no has comido? – pregunté, sorprendida. – creía que habrías comido antes de salir a correr. - negó con la cabeza. - Bueno, pues venga. Vamos a comer algo.

Fuimos caminando durante casi una hora, hasta que llegamos al puesto de perritos calientes que solía haber a pocos metros de casa. Nos compramos nuestros perritos y nos los fuimos comiendo mientras volvíamos hacia casa.

- ¿Qué vas a hacer esta tarde? – preguntó Emmett.

Alcé la vista para mirarle y vi que se estaba aguantando la risa.

- ¿Te estás riendo de mí?

- Es que… tienes ketchup en la cara. – dijo aun riendo.

- ¿Dónde?

- Aquí. – nos detuvimos y pasó suavemente su dedo por la comisura de mis labios y se metió en la boca el dedo manchado de ketchup.

- Gra-gracias.

- Ejem. Lamento interrumpir. – dijo una voz conocida cerca de nosotros.

Estábamos ya frente a nuestra casa y, en uno de los escalones del porche, estaba sentada Alice que se puso en pie al momento. Parecía estar enfadada. "¿Qué le pasa?"

- Hola Alice.

- Hola Rosalie, Emmett.

- Hola Alice. – dijo en un susurro. – Yo… voy a… voy a ducharme.

- No, no te vayas. Creo que deberíamos hablar los tres. – dijo cogiendo a Emmett del brazo, impidiendo que entrara en casa.

- ¿Qué pasa, Alice? – dije, empezando a preocuparme.

- Os enrollasteis en mi fiesta. Y otra vez ayer por la tarde. Ale, ya lo he dicho. – añadió como si se sintiera aliviada.

- Ya lo sabemos. – dije mirando a Emmett de reojo, que asintió con la cabeza.

- ¿Ah si? ¿Cómo lo sabéis?

- Por mi pircing. – dijo Emmett sacando la lengua. – por su pircing del ombligo y… bueno, lo sabemos y ya está. – terminó diciendo, poniéndose a la defensiva. – me voy a la ducha.

- Vale, vale. – dijo Alice, que parecía estar sorprendida. - ¿Qué le pasa? ¿Tan mal le ha sentado lo que he dicho?

- Eso parece. – murmuré. – Alice, ¿has venido solo para decirnos eso?

- No.

- Sentémonos. - dije. Las conversaciones con Alice podían ser eternas.

Fuimos a sentarnos en los escalones del porche y Alice me cogió de la mano.

- Sé que has roto con Jacob.

- Y?

- ¿Es por Emmett?

- No. – mentí en parte. – Es porque estoy confundida y Jacob no merece sufrir por mi culpa.

- Ya está sufriendo.

- Pues lo siento mucho, pero no me parece justo fingir que todo va bien cuando no es así. Necesito tiempo para pensar. Hasta que se me pase esto.

- Ya… bueno… espero que te desconfundas pronto y vuelvas con él. – dijo acariciando mi mano.

- Alice...

- Bueno, me marcho. - se puso en pie de golpe y se alejó unos pasos. - Ya nos veremos.

- Vale. - dije, sorprendida al ver como había zanjado el tema de golpe.

- No hagas ninguna tontería.

- No se a que te refieres. – mentí. Sabía muy bien que me estaba hablando de Emmett. – Nos vemos mañana por la universidad.

- De acuerdo.

- Adiós. – me puse en pie, fue hacia Alice, besé la mejilla de mi amiga y entré en mi casa.

Emmett, tal y como había dicho, estaba en la ducha. Fui hacia mi dormitorio, dejé la ropa sudada encima de la cama y también me fuí a la ducha, en la que estuve bastante rato. Cuando salí de la ducha, me puse mi pijama y salí descalza de mi dormitorio, aunque no bajé al salón como pretendía, sino que me detuve frente a la puerta del dormitorio de mi hermanastro. La puerta estaba entreabierta y, sin querer, miré hacia dentro. Al principio no vi nada pero, como salido de la nada, Emmett salió del cuarto de baño de su dormitorio, desnudo. Me quedé clavada en el suelo. Estaba alucinada y es que no era para menos. Tenía un cuerpazo increíble y, bueno, es que la tenía enorme. Nunca había visto nada así.

- Joder, Rosalie! – exclamó cuando me pilló.

- Lo siento, lo siento. – dije echando a correr escaleras abajo.

No sabía donde meterme. Estaba muerta de la vergüenza y Emmett estaba ya bajando por las escaleras. Salí al jardín corriendo y me arrimé a una de las paredes de la casa, en un inútil y patético intento de esconderme de él, pero obviamente no lo conseguí. Me había dejado la puerta abierta y sabía hacia donde había ido. Me fui dejando caer poco a poco y terminé sentándome en el suelo. Escuché atentamente los pasos que venían hacia mí. Emmett salió al jardín y, sin decir nada, se sentó a mi lado. Me cogió de la mano y apoyé mi cabeza en su hombro.

- Te juro que lo siento. – dije sin que apenas me saliera la voz.

- Yo también lo siento. Me asusté al verte en la puerta. No te oí salir de tu habitación. – empezó a acariciar mi mano, enlazando sus dedos con los míos. - ¿Quieres que cenemos aquí fuera?

- Solo con una condición.

- Que te pongas una camiseta. – dije, provocando que se pusiera a reír, y es que solo llevaba puesto un pantalón corto. – pero no de esas de tirantes. Que te tapen un poco.

- Hecho. - dijo, aguantándose la risa.

- Bien.

- ¿Pedimos una pizza?

- Hoy me toca llamar a mí. – me levanté del suelo y fui hacia el salón, con Emmett detrás de mí. – doble de queso, peperoni, bacon, champiñones, piña, jamón, atún, salami y un toque de orégano. – dije mientras marcaba el número de teléfono de la pizzería.

- ¿Tan previsible soy? – dijo. Era lo mismo que yo le había dicho el día anterior.

- No. Es que todos los domingos pides la misma pizza. – dije.

Emmett sonrió y fue corriendo hacia su dormitorio.

Pedí su pizza de tamaño familiar y una mediana para mí, igual que la suya. Cogí algo de dinero de la mesita en la que estaba el teléfono y me senté en el sofá. La pizza llegaría en veinte minutos y desde el jardín apenas se oía el timbre.

Emmett volvió a bajar las escaleras, con el jersey de uno de sus pijamas y fue hacia la cocina, de la que salió con dos de las cervezas que nos habían sobrado la noche anterior.

- Pronto cumples los veintiuno, no? – dijo sentándose a mi lado y dándome una de las latas.

- Si.

- Y ya no vas a volver a necesitar el carné falso.

- Es cierto.

- Y podrás comprar cerveza siempre que quieras.

- Pero solo para mí. – dije, haciendo que se pusiera a reír.

- No es justo! – se quejó como si fuera un niño pequeño. – A mi me quedan cinco meses y a ti solo cinco días.

- Hazme un buen regalo y me lo pensaré.

En ese momento, el timbre comenzó a sonar. Emmett y yo fuimos hacia la puerta y, mientras yo pagaba las pizzas, él las cogió y salió al jardín. Cuando cerré la puerta, fui en busca de mi cerveza y también salí al jardín. Estaba anocheciendo, así que encendimos las luces exteriores y nos sentamos en la mesa que había allí.

- ¿Qué quieres que te regale? – dije, logrando que me atragantara con un trozo de pizza.

- ¿Disculpa?

- Por tu cumpleaños. ¿Qué quieres que te regale?

- ¿Es que vas a hacerme un regalo?

- Esa es la idea.

- En realidad, no me hace falta nada. – dije empezando a comer de nuevo.

- Creo que no me has entendido. – dijo dejando su trozo de pizza. – no te he preguntado qué es lo que te hace falta, te he preguntado qué es lo que quieres.

Me sorprendieron mucho sus palabras. Nunca me hubiera imaginado esa faceta suya. En realidad, siempre había creía que era bastante tacaño y egoísta.

- ¿Entonces? - insistió.

- No se. No quiero nada. - dije, encogiéndome de hombros.

- Algo habrá.

"Solo quiero estar contigo."

- Ahora mismo no se me ocurre nada.

- Te doy tres días para que te lo pienses. – dijo sonriendo débilmente, comiendo de nuevo. – pero algo económico, que no soy rico.

- Vale.

Durante el resto de la cena, estuvimos hablando de las clases que tendríamos al día siguiente. Emmett estudiaba pedagogía y, durante su tiempo libre, estudiaba la lengua de los signos. Le encantaban los niños y quería trabajar en algo en que pudieras ayudarle.

- Tú podrías diseñar el centro que voy a montar. – dijo cuando subíamos las escaleras.

- ¿Aun te quedan dos años y ya lo tienes todo planeado?

- Año y dos meses. Y sí, lo tengo todo organizado y planeado. Ven.

Abrió la puerta de su invitación y me invitó a pasar. Fue hacia su escritorio y me dio una carpeta. Era de casi tres centímetros de grosor y no había ni un simple dibujo ni plano.

- ¿Todo esto lo has hecho tú? – lo reconozco. Estaba sorprendida.

- Y aun no lo he terminado. Me faltan los planos, como puedes ver.

- Madre mía.

- Oye, ¿Por qué no le echas un ojo? Me gustaría conocer tu opinión y alguna sugerencia. Si quieres, claro.

- Eso está hecho. Bueno, ahora me voy a dormir.

- De acuerdo.

- Mañana empezaré a leerlo.

- ¿Pero no tienes un examen mañana por la mañana?

- Mierda! – había pensado estudiar durante el fin de semana y no había abierto ni un solo libro. – me voy a estudiar ahora mismo. – dije saliendo a toda prisa de la habitación. – mañana empezaré a leerlo, lo prometo.

Dejé la carpeta encima de mi cama y fui en busca de mi libro y mis apuntes.

Eran las cuatro y media de la mañana cuando me metía en la cama, y porque Emmett llamó a mi puerta, me cogió en brazos y me llevó a la cama.

"Creo que le quiero."

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Hola!

Como va?

Espero que os haya gustado el capi.

¿no creerías que Rose y Em iban a empezar a salir así como así?

No, no, no. Todo está reservado para más adelante. Para una fecha muy especial.

Besitos a todas!

Espero conocer vuestra opinión.