¡Muchas gracias por leer y comentar! Me alegra mucho que les guste el fic. Muchas gracias a Serena Princesita Hale, dracoforever, ZarethMalfoy, FlakitaDePalacios, Abytutis, miredraco, Lily Dangerous Black, Caroone, Sanguinum Snake, Luna-maga y Veronika-BlackHeart, por los comentarios que me han dejado.

Las imágenes del capítulo, como siempre, están en mi LJ y en el album de fotos del fic en mi Facebook.

¡Un beso y feliz 2013 a todos!

Capítulo 7. Las joyas de la familia

Hermione avanzó con paso lento y seguro hasta colocarse frente al espejo de cuerpo completo que estaba en su habitación. Revisó cuidadosamente su atuendo, su peinado y los accesorios, viendo que todo estuviera como debía estar. Su vestido color azul pavo real acentuaba su figura y la hacía ver bastante esbelta. Había recogido su indomable cabello en un moño alto. No era un peinado severo, ni relamido sino más bien juvenil y acorde a su edad. Hermione no era de las mujeres que se arreglaban en exceso, pero no por ello dejaba de ser elegante. Siempre pensaba que menos era sinónimo de más.

Suspiró satisfecha con su reflejo y luego miró el reloj.

Estaba nerviosa por la cena de esa noche. Bueno, en realidad no era solo por la cena per se. Estaba muy nerviosa por la cercanía con Draco. Todavía sentía sus labios hormiguear a causa del pequeño beso que le había dado cuando salían del salón y a juzgar por la mirada asesina que le lanzó a su madre, también él se había dado cuenta de que lo del muérdago había sido una treta de Narcisa para hacer que se besaran. Acarició sus labios con la yema de sus dedos de manera distraída... ¡Cómo había deseado tener un poco de privacidad para profundizar el beso!

—La señorita es hermosa —afirmó Dipsy. La elfina la contemplaba con orgullo, pues se había presentado en su habitación con la orden de ayudarla a vestirse y a peinarse.

—Gracias, Dipsy.

Unos suaves golpes se escucharon en su puerta y el corazón de Hermione se aceleró. Estaba segura de que era Draco. Respiró profundamente imponiéndose calma. Llegó junto a la puerta, puso su mano en el pomo, dio un nuevo respiro y abrió. Y se quedó sin respiración.

Allí estaba Draco con una túnica de gala gris azulada y se miraba guapísimo. Aunque su rubio flequillo caía insolente sobre su frente, se podía apreciar que se había acicalado más que lo usual.

—Respira, Granger, yo sé que me veo fabuloso pero no creo que sea muy cómodo caminar al salón deslizándome en tus babas.

—Sí que eres idiota, Draco Malfoy —afirmó ella, frunciendo el ceño. Draco le sonrió con autosuficiencia.

—Aunque logré que respiraras y que al enojarte conmigo, te bajara el estrés por la fiesta, ¿no es así? —le preguntó él de manera insolente—. ¿Me permites pasar?

Hermione dejó salir un suspiro hastiado y se retiró de la puerta permitiéndole entrar a la habitación. Ella no podía dejar de admirar el porte de Draco. ¡Por Merlín! La atracción que sentía por él en ese momento casi podía tocarse. No comprendía cómo en dos años trabajando juntos, nunca había sentido esas chispas que brotaban entre ellos cuando estaban solos... sí, quizás era eso: en Hogwarts nunca estaban solos. O estaban con estudiantes o estaban con los demás profesores. Nunca solos.

Hermione caminó hasta ponerse de nuevo frente al espejo y Draco avanzó hasta quedar de pie tras ella. Ambos se quedaron en silencio, solo viendo su reflejo. Inmóviles, cual si fueran una pintura. Draco reprimió el deseo que en ese momento tenía de posar sus manos sobre los hombros de Hermione. También detuvo las ansias de besar la tierna piel de su cuello, desde abajo de su oreja hasta llegar a sus hombros. Y entonces, observándose juntos, Hermione cayó en cuenta que la túnica gris azulada de Draco combinaba a la perfección con su vestido.

—Nuestros trajes parecen coordinados. Qué casualidad.

—¿Casualidad? Te creía más inteligente —dijo Draco con ironía y cuando la vio fruncir el ceño otra vez en un gesto contrariado, añadió—: Has convivido con mi madre, ya cuatro días de corrido. Ese es tiempo suficiente para saber que en esta casa, nada sucede por casualidad. Seguramente mandó a la elfina a ver qué te ibas a poner y luego escogió lo que mejor coordinaba de entre mis túnicas de gala.

—¿Siempre demuestra esta urgencia porque sientes cabeza?

—Usualmente no permito que meta sus narices en mis cosas y es por eso que nunca me hago acompañar: porque ella comienza a especular cosas. Aunque este caso es diferente... —se apresuró a decir, haciendo que el corazón de Hermione comenzara a bombear un poco más rápido.

Draco carraspeó mientras sacaba de su túnica una caja negra aterciopelada. Oh. Por. Todos. Los. Dioses. ¡Draco iba a darle una joya! Hermione se giró para quedar frente a Draco y apreciar mejor lo que estaba dentro.

—He ido de excursión a nuestra bóveda de seguridad y quiero que esta noche, uses este collar —continuó, abriendo la caja y Hermione descubrió una delicada gargantilla de diamantes y perlas que la dejó sin aliento—. Es herencia de la familia de mi madre.

Era algo sencillo y a la vez muy elegante. Simulaba una delicada enredadera que estaba cubierta de diamantes y las perlas eran finos capullos. Hermione la contempló unos segundos y luego deslizó sus dedos sobre la joya, sin sacarla de su estuche.

—Draco... yo... lo siento, pero no puedo llevarla —dijo al fin. Pudo ver que Draco primero camuflaba su sorpresa y luego reprimía la frustración que le provocaba su rechazo.

—¿Por qué? —preguntó Draco muy serio.

—¡Porque es una joya familiar! —exclamó ella, como si fuera algo de lo más obvio—. Y nosotros solo somos un par de colegas de Hogwarts.

—¿Eso es todo lo que somos?

—De momento, sí. Que yo sepa el estatus de nuestra relación no ha cambiado... —afirmó ella con un poco de terquedad.

—Todavía —remarco él y Hermione le vio con ojos sorprendidos—. ¿Y qué necesitas para que cambiemos ese estatus? —le preguntó él con suavidad y luego añadió con un poco de mala intención—: ¿Quieres una requisición firmada y sellada por el patriarca de la familia, con sus respectivas copias, tal y como la solicitud de libros que pides en la biblioteca?

—No juegues con esto, Draco.

—No estoy jugando. Estoy hablando muy en serio. Quiero que cambiemos ese "estatus de colegas", como le has llamado, y que el nuevo te permita usar las joyas de la familia.

—Draco, yo...

Draco no le permitió seguir hablando. Deslizó su mano por su cuello, hasta tomarla por la base de la nuca y tirar suavemente de Hermione, para acercar sus rostros. Presionó sus labios sobre los de ella, para darle un beso lento y sinuoso. Tras los primeros segundos, Draco se sintió aliviado de que Hermione no lo recharaza o lo abofeteara por el atrevimiento. Después, cuando sintió los labios de ella moverse contra los suyos correspondiendo el beso, sintió que una gran emoción se extendía sobre su pecho.

A Hermione le temblaban un poco las piernas y sintió el beso como una suave caricia sobre su boca. Definitivamente le pareció mucho más romántico que lo hiciera de esta manera, ya que nunca le había gustado que de buenas a primeras, asaltaran su boca y le metieran la lengua hasta las amigdalas.

Poco a poco, profundizaron el beso. Ella subió sus manos para entrelazarlas detrás de su nuca y Draco, por su parte, la apretó contra sí tomándola por la cintura. Se sentía muy bien tener ese cuerpo menudo pegado contra el suyo. La deseaba tanto que físicamente ya le era doloroso reprimirse; pues en ese momento, lo único que quería era arrancarle el vestido y llevarla a la cama. Sin embargo, no tuvo más remedio que terminar el beso. La abrazó con fuerza y Hermione se acomodó contra su pecho, hundiendo su rostro en su cuello.

—¿Puedo dar por hecho que hemos cambiado nuestro estatus? —preguntó Draco, haciéndose el inocente. Sintió a Hermione reír contra su garganta. Ella se sentía embriagada por ese delicioso olor varonil que emanaba de su cuerpo.

—Sí, Draco. Definitivamente lo hemos cambiado.

—Me parece excelente —exclamó él—. Ahora ya no hay problema para que uses las joyas de la familia.

Draco había dicho esto en un tono jovial. Sin embargo, de pronto Hermione comenzó a sentir la garganta apretada y que le escocían los ojos. Trató de evitar las lágrimas, de verdad que sí. Pero no pudo. Se echó a llorar contra el pecho de Draco, tal y como lo había hecho unos pocos días antes en la Biblioteca de Hogwarts. Él estaba muy preocupado de que estuviera llorando con tanto sentimiento justo después del beso que habían compartido. Ella le había correspondido, ¿no? Incluso había admitido que su estatus había cambiado. Entonces, ¿por qué sollozaba de esa manera? Carraspeó, un poco incómodo para llamar su atención.

Poco a poco, ella se fue tranquilizando. Respiró con un poco de fuerza, tratando de imponerse calma, pero exhaló de manera entrecortada a causa del llanto.

—Sé que puedo parecer estúpido... —dijo Draco al fin—. Pero no tengo la más remota idea del porqué de tu llanto.

—Has dicho... las joyas de la familia —respondió ella entre hipidos.

—Es lo que son, Hermione —aseguró él a su vez, con suavidad. Por Merlín, las mujeres a veces eran tan difíciles de entender—. Por favor, dime qué te sucede.

—¿Sabes hace cuántos años no me siento parte de una familia? —exclamó Hermione y la luz de la comprensión comenzó a extenderse en la mente de Draco—. Al principio, no lo sentía tanto porque los Weasley...

—Son tan numerosos que llenan un estadio de Quidditch, lo sé —dijo mordaz. Hermione ahogó la risa contra su pecho.

—...pero últimamente, solo he contado con el apoyo fraternal de Harry.

—Ya no estás sola, Hermione. No volverás a estarlo. Te doy mi palabra de mi mago —le aseguró Draco con seriedad.

—Lo sé y por eso estoy tan feliz.

—Me tranquiliza que tus lágrimas sean de alegría, pero deja ya de llorar, porque si no llegarás a la cena hecha un desastre.

—No te preocupes, Dipsy aplicó un encantamiento de permanencia sobre mi maquillaje y mi peinado —explicó sin levantar su rostro, se sentía tan bien estar apoyada en el amplio hombro de Draco. Su rostro encajaba allí a la perfección.

—Bien, el maquillaje no se te correrá aunque te recomiendo que prepares la explicación que le darás a mi madre por tus ojos rojos —le recomendó Draco, con un guiño—. Y no quiero sonar tan insistente, pero nos están esperando en el salón.

—Desearía que pudiéramos quedarnos aquí, tranquilos... —comenzó a decir Hermione y sintió su pecho vibrar, cuando él se rió por lo bajo.

—No creo que estar tranquilossea lo más adecuado para describir lo que yo deseo que hagamos cuando finalmente estemos solos esta noche —afirmó Draco y aunque no estaba bajo su escrutadora mirada, Hermione no pudo evitar ruborizarse por lo que estaba insinuando para esa mismísima noche. Ay, Merlín...—, y por mucho que desee quedarme contigo en la habitación, debemos bajar o mi madre es capaz de mandar a un batallón de elfos para obligarnos a ir a la cena.

Hermione se separó de Draco con un poco de renuencia y sin decir más, él simplemente sacó la gargantilla de su caja aterciopelada, para proceder a ponérselo. Ella se giró de nuevo hacia el espejo, dándole la espalda a su ahora novio, para que le abrochara la gargantilla. Él ya no lo reprimió más: deslizó sus manos sobre los hombros de Hermione en una suave caricia y mientras la sujetaba con delicadeza de ambos hombros, inclinó su rostro para besarla en la base de cuello. Ella se estremeció por la caricia y su rubio flequillo le hizo cosquillas en la mejilla, mientras contemplaba de nuevo el reflejo de los dos en el espejo.

Draco levantó la vista. Era casi la misma imagen que habían observado hacía solo unos pocos minutos. Sin embargo, ahora todo era diferente entre ellos y no era solo por el precioso collar que ahora adornaba su cuello. Los ojos de ambos resplandecían tan intensamente que parecían iluminar la habitación. Hermione volvió a acariciar la joya, que se sentía cálida sobre su piel.

—Es hermosa.

—No —la contradijo Draco—. Tú eres hermosa. La gargantilla solo es un complemento.

—¿Siempre eres tan zalamero? —le preguntó ella. Sin embargo, sus mejillas estaban ruborizadas.

—¿Siempre eres tan pragmática? Se te está permitido recibir cumplidos, ¿sabes?

—Gracias —dijo en un hilo de voz—. Me alegra haber aceptado tu invitación y estoy feliz de estar aquí.

—Yo también lo estoy. Aunque lo que más me gusta es que tengamos el estatus de pareja —afirmó Draco, haciéndola reír. Parecía que no iba a dejar de fastiadiarla con eso.

Le ofreció su brazo, así como el día que habían caminado en la nieve. Hermione lo tomó con delicadeza, pensado que no le costaría absolutamente nada, acostumbrarse a caminar de esa manera con Draco. Le encantaba. La hacía sentir como una dama.

Sonrientes salieron de la habitación hacia el salón principal.

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Al fin un beso de verdad! Ya saben que todos sus comentarios son bienvenidos.