Aviso: Este capítulo tiene escenas de violencia y un poco de sangre. Vamos, que Neal no va a pasarlo bien. Si hay alguien aprensivo con esta clase de tema mejor que se salte el capítulo. Al principio del próximo colgaré un pequeño resumen para los que no puedan leer este.
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La oficina de la Interpol (en la que también estaba trabajando el FBI) estaba frenética por la actividad. Ahora no solo tenían que atrapar a un criminal sino a dos, y ambos igual de escurridizos. Peter entró en su oficina, bastante más pequeña que la de Nueva York, para encontrarse a Diana y Jones sentados en las sillas.
-¿Han encontrado alguna pista más?
-¿Aparte de la sangre de alguien que creíamos muerto? No, nada más-replicó Diana en un tono sarcástico impropio de ella.
-Diana...-trató de apaciguarla Peter.
-No, Peter, no me digas que me calme. Tú lo sabías,¿verdad? Sabías que estaba vivo.
Peter se sentó detrás del escritorio con un suspiro y dijo:
-Lo que estoy a punto de contarles no puede salir de esta habitación.
Tanto Jones como Diana asintieron.
-Lo descubrí hace un año. Neal me dejó la pista pero no se me ocurrió buscarla hasta una visita sospechosamente oportuna de Mozzie.
-Fue Neal quien envió los documentos que te salvaron-Jones lo dijo más como una afirmación que como una pregunta.
-Sí, los cogió durante la fiesta de El Gato y ahora este está intentando incriminar a Neal colocando su sangre en la escena del robo.
-Pero ¿cómo consiguió la sangre?-preguntó Diana.
Peter repitió la misma explicación que le había dado Neal. Cuando terminó, Diana dijo:
-Eso tiene sentido. Entonces tenemos que coger a El Gato y lograr que confiese el delito de alguna manera.
-Exacto, Neal no se merece ir a la cárcel otra vez.
-Tienes razón-intervino Jones,-pero también es verdad que nos hizo creer a todos que estaba muerto y le dio igual cómo nos sintiéramos.
-A él también le dolió. Lo hizo para escapar de los Pink Panthers, tenía miedo de que atacasen a sus seres queridos. Ustedes saben lo vengativos que pueden llegar a ser.
Los dos agentes asintieron. Ambos habían presenciado cómo los Pink Panthers habían destrozado la vida de los que los habían traicionado y no les extrañaba que Neal hubiese tomado una decisión tan radical para proteger a los suyos.
-Peter, te prometo que haré todo lo posible para demostrar la inocencia de Neal-dijo Diana solemnemente.
-Y yo también-añadió Jones.
Peter sonrió. Ahora que su equipo lo apoyaba se sentía mucho más convencido de que todo iba a salir bien.
Hasta que sonó el teléfono, claro.
-Burke.
-¡Trajeado!
-¿Mozzie?¿Qué pasa?-preguntó Peter, preocupado por el tono aprensivo de Mozzie.
-Es Neal. Intentamos escapar cogiendo un helicóptero en el aeropuerto pero creo que los hombres de El Gato lo descubrieron y ahora no sé dónde está.
-De acuerdo,tranquilízate-eso último no supo si se lo dijo a sí mismo o a Mozzie-,voy para allá. Lo encontraremos.
Peter colgó y,después de darle instrucciones a Diana y Jones de que "no dejasen ni una piedra en París sin registrar", se dirigió al aeropuerto. Por el camino, solo pudo pensar: que no le haya pasado nada,por favor, no puedo perderle otra vez.
Neal atravesó el aeropuerto sin preocuparse de que las cámaras lo vieran ni de los hombres de El Gato, que estaban justo detrás de él. Solo estaba concentrado en correr lo más rápido posible y no chocarse contra nada durante el proceso. El viento hizo que tuviese que apartarse el pelo de la cara cuando salió del aeropuerto y también que los gritos de los matones se perdiesen en la distancia.
Después de unos metros sintió un dolor agudo y punzante en la pierna derecha. Al parecer su tobillo había decidido que el esfuerzo era demasiado para el esguince que tenía pero aún así Neal siguió corriendo. No es como si pudiese pararse y dejar que sus perseguidores lo atrapasen. La idea se le pasó por la cabeza varias veces, sin embargo, porque cada paso era una agonía.
Mientras corría pensó adónde podría ir. Desde luego no a su casa. No quería darle ninguna pista a El Gato sobre dónde vivía. Decidió ir a los almacenes abandonados que se encontraban unas calles más allá. Se ocultaría allí y llamaría a Mozzie o a Peter.
Llegó a los almacenes y entró en el primero que vio. El interior era oscuro y estaba lleno de polvo. Una pena, con lo caros que son estos zapatos pensó Neal. Casi pudo oír la voz de Peter en su cabeza, sabía perfectamente lo que le diría: ¡te están persiguiendo unos sicarios, la menor de tus preocupaciones son los zapatos! Se adentró un poco en el edificio para asegurarse de que los matones no le escuchasen haciendo la llamada cuando sintió que alguien lo inmovilizaba por los brazos.
-¿De verdad pensabas que no estábamos vigilando todos los sitios en los que podrías ocultarte?
A Neal le dio escalofríos la voz. Era ronca y fría, desprovista de humanidad. La voz de un asesino. Pero Neal no iba a mostrarse asustado, eso sería una victoria para el sicario.
-Enhorabuena-replicó sarcásticamente.-Has demostrado que tienes más de dos neuronas, algo que no puede decirse de todos los matones a sueldo.
-Te crees muy listo, ¿verdad?
-No es que me lo crea, es que lo soy.
Neal escuchó unos pasos y dos hombres distintos al que lo estaba inmovilizando por detrás se colocaron delante de él. Ambos eran corpulentos y tenían una sonrisa sádica dibujada en el rostro. Es evidente que disfrutan con esto pensó Neal con asco.
-¿Por qué no le damos una lección al listillo?-dijo uno de los matones, rubio y con una cicatriz en la mejilla.
-Sí, así aprenderá-replicó el otro que era pelirrojo y con crueles ojos verdes.
Los dos se turnaron para golpearle mientras el de la voz siniestra lo sujetaba por detrás. La cara, el torso, el pecho...no hubo ni un solo sitio que dejasen sin tocar. Llegó un momento en el que sus rodillas cedieron y Neal cayó al suelo. Se hizo un ovillo con la esperanza de que los golpes doliesen menos y sintió cómo la consciencia se le escapaba entre los dedos. Pero no podía permitírselo. En cuanto perdiese el conocimiento los sicarios lo matarían. ¿Y no sería mejor eso? instó una voz en su cabeza. ¿Qué es lo que te espera de todas formas? Una vida de huir. Así no tendrías que correr más, al menos. Esto es todo a lo que puedes aspirar. Cerró los ojos pero algo en su interior se rebeló. No quería morir así, en un sitio abandonado y, lo peor de todo, solo. Volvió a abrir los ojos y entonces vio su salvación.
Neal odiaba las armas. Le parecía que causaban más problemas que soluciones y además creía que nada debería tener el poder de matar a una persona. Un cuadro o una joya se podía devolver pero una vida humana, no. Sin embargo, cuando tienes a tres personas dándote una paliza y ves una Beretta escondida en el tobillo de una de ellas está totalmente justificado usar dicha pistola.
Neal cogió el arma y le disparó a uno de ellos (el pelirrojo, creía) en el pie. Para cuando el sicario terminó de gritar Neal ya estaba de pie y dirigiéndose hacia la puerta. Estaba cerca cuando sintió que el suelo daba vueltas a su alrededor y tuvo que apoyarse en la pared para no caerse porque si se caía Neal sospechaba que no sería capaz de volver a levantarse.
En ese instante empezaron los disparos. No es que Neal hubiese esperado que los matones se quedasen quietos sin hacer nada mientras él escapaba pero podrían haber esperado un poco. Se apartó de la pared y corrió hacia la puerta. Algo le impactó en la espalda aunque no sintió dolor. Una pequeña parte de la mente de Neal sabía que eso era a causa de la adrenalina y que el efecto no iba a durar eternamente pero Neal siguió corriendo hasta que no pudo más y cayó de rodillas, incapaz de respirar. Intentó coger aire pero lo único que consiguió fue un ataque de tos. Tardó varios segundos en darse cuenta de que en vez de saliva había expulsado sangre. Neal no tenía grandes conocimientos de medicina pero sabía que eso no era una buena señal. Se desplomó en el suelo y su visión se oscureció. Iba a perder la consciencia y si nadie lo encontraba moriría allí. Pero había una persona que sí lo podía encontrar, incluso cuando el propio Neal no quería ser descubierto. Y todas sus esperanzas estaban depositadas en él.
Peter, por favor...-murmuró Neal antes de que la oscuridad lo envolviese.
