Holaaaa :) Ya estooy aquí de nueeevo.

Lo primero dar miiiil gracias a toooodos los que me brindan su apoooyo, me encantan todos vuestros comentarios, que me dan ánimos y me motivan para que contínue! No sabéis lo que siento cuando me decís que es uno de los mejores fics que habéis leído y que os encanta y que os gusta como escribo... gracias a todos los FAVS y FOLLOWS :)

Lo segundo deciros que si he tardado es porque estaba liada con los exámenes de septiembre y la selectividad y estaba muuuy agobiada, pero ya tengo todo el tiempo del mundo para dedicaros a vosotr s y a éste fic. No tardaré en actualizar tanto ésta vez, sed buenos y alegrarme el día :)

¡Espero que os guste!

CAPÍTULO 7

- ¡Dios mío!, ¿Elena?.- Preguntó la mujer entre sorprendida, contenta y enfadada.

- ¿Caroline?.- Preguntó Elena, totalmente descolocada.

- Espera, espera.- Dijo Damon, sin entender nada.- ¿Os conocéis?.- Caroline se acercó cautelosamente a ambos mirándoles de hito en hito, sin entender qué hacía Elena ahí… y con Damon.

- ¡Pero por supuesto!.- Dijo ésta, como si fuera lo más evidente del mundo.- ¿Qué estás haciendo aquí?.- Le preguntó a Elena, que seguía tirando de la toalla para ocultar todo lo que pudiera de su cuerpo.

- Yo… yo…- Tartamudeó, intentando explicarse. Nunca se esperó encontrarse con Caroline después de tantos años, no allí y menos en esa situación. Elena miró a Damon, que las miraba a ambas sin comprender y comenzó a sentir un miedo atroz por lo que ella pudiera hacer o decir.- Yo…- Suspiró fatigada, aún dentro de la bañera y antes de que pudiera seguir explicándose, Caroline ahogó un grito tapándose la boca con sus manos.

- ¡Esto no puede ser real!.- Gritó con una sonrisa en los labios.- ¡Tú estás aquí!.- Recapacitó sobre lo que había dicho y continuó hablando.- Y Damon… Damon.- La sonrisa de pronto se borró, comprendiendo y digiriendo varias ideas al mismo tiempo. Oh Dios... ¡Tú!- Amenazó con un dedo en alto volviéndose hacia Damon.- ¡TÚ!.- Le gritó.-¡Tú! ¿Qué te has atrevido a hacerle?

De todas las reacciones que Elena esperaba, ésa no era una de ellas… ¿la estaba defendiendo? Y si era así, ¿Por qué se le ocurría pensar que él podría haberle hecho algo?

- ¿Yo?.- Preguntó incrédulo. Viendo cómo Elena se ponía inquieta la ayudó a salir de la bañera. Para cuando se volvió a enfrentar a su vieja amiga, Caroline seguía fulminándole con la mirada.

- Damon Salvatore, ¡Contesta a mi pregunta, maldita sea!

- Ah, ah, esos no son modales para una dama.- Le regañó altanero.

- Me importan una mierda los modales en estos momentos, querido. Quiero saber por qué tienes a mi amiga de la infancia en tu habitación ¡Y desnuda, por el amor de Dios!.- Puso los brazos en jarras, esperando la respuesta de su amigo y siendo consciente por vez primera de cómo ambos se miraban. Dejó caer la mandíbula de la sorpresa, pero se recompuso antes de que Damon volviera a mirarla. Él entonces comprendió de qué se conocían.

- Creo que tenemos cosas de las que hablar.- Dijo al fin.- Vamos.- Le indicó con la mano que se diera la vuelta y caminara delante de él para poder hacerlo, pero ella no lo hizo hasta reconfortar a Elena con una sonrisa y un guiño de su parte.

D&E

Caroline no le dejó ni saludar a su buen amigo el conde de Strafford, antes de que comenzara a atacarle con millones de preguntas. Los tres acabaron en su despacho, Damon viéndose interrogado y aparentando estar cómodamente sentado en su silla, tras su mesa.

- ¿Podría alguien explicarme qué está pasando aquí?.- Preguntó Klaus mirando a uno y a otro alternativamente, si saber cómo había llegado a esa situación.

- ¡Eso es justamente lo que me gustaría saber a mí!.- Respondió su esposa a su lado, amenazando a Damon con los ojos.

- ¿Qué queréis saber?, ¿Por qué Elena está conmigo después de tener que huir de tu familia años atrás?

- ¿Quién es Elena?

- ¿Cómo sabes eso?

- Bueno, ella me lo contó, aunque no me dijo quienes erais. Me ha sido evidente cuando has reaccionado de esa forma al verla.

- ¿Al ver a quién? Caroline… ¿Qué está pasando?

- Eso nos va a contar ahora mismo tu queridísimo amigo.- Le dijo ella y Damon lo hizo.

A Klaus le contó quien era Elena y que significaba para Caroline. Después pasó a contarles como había llegado ella a sus manos, incluyendo el episodio con su padre y cómo él le ofreció quedarse en la mansión. Ninguno necesitó que les diera más detalles. Caroline que había estado escuchando pacientemente a su amigo, se volvió contra él al terminar su relato, hecha una furia.

- ¿Pero tú te estás oyendo?

- Caroline…- Le advirtió su esposo, pues los modales eran esenciales para una dama y en esos momentos a ella le importaban tres pimientos.

- ¡NO!, Ni se te ocurra defenderle, Klaus… ¿No has oído lo que le ha hecho a Elena? Estamos en pleno siglo XVIII, ¡Por Dios! Y ella solo es…

- Una esclava. Es esclava, Caroline.

- Las condiciones a las que se ha visto sometida…

- ¿Pero qué condiciones?.- Le preguntó enfadado, su amiga no le iba a hacer cambiar de opinión nunca.- Si vive mejor que tú.

- Si, pero yo no tengo que degradarme para conseguirlo.- Contestó ella con un deje de desprecio en la voz.

- No me eches la charla tú también.- Le dijo alzándose de su cómoda silla para ponerse a su altura, que se mantenía de pie con los brazos en jarras.- Ya tengo suficiente con Liz.

- ¡Faltaría mas! menos mal que alguien en ésta casa tiene un poco de sentido común…

Que la tengas a tu merced…

- Ella no está haciendo nada que no quiera.

- ¿Pero no eres capaz de ver cómo te mira?

- No, ¿tú sí?.- Le preguntó Damon, cayendo en su silla de nuevo.

- ¡Pues claro!.- Respondió como si fuera lo más evidente del mundo.- Damon, Elena está coladita por ti y más te vale tratarla bien… o me veré obligada a llevármela lejos de ti.- Le amenazó. Damon solo se rio por el estúpido comentario de su amiga.

- No te la vendería.

- Pues se la compraría a tu padre y créeme puedo ser muy persuasiva.

- Lo único que persuadiría a mi padre, es lo mismo que el querría de ella. Y será mejor que no le hagas ninguna oferta, o se enterará de que ella está aquí. Algo que no conviene a ninguno de nosotros.

- Dios, Damon. ¿Es que no lo ves? Sabes cómo es tu padre...¡Hasta yo lo sé! ¡Y sigues permitiendo que ella esté aquí!

- No se va a enterar…- Dijo, convencido de sí mismo.

- Algún día tendrá que volver…

- Cuando lo haga ella no estará aquí.

- Muy seguro de eso te veo.

- Me encargaré personalmente de que así sea.

- Elena está en peligro aquí...- Caroline se detuvo unos segundos, sin saber cómo Damon podría reaccionar sobre lo que iba a pedirle, al final se armó de valor y se lo dijo.- Si la dejaras volver conmigo a Inglaterra...

- ¡No!.- Se negó él, saltando de su asiento y poniéndose a su altura de nuevo.- No te la vas a llevar Caroline, ni tu ni nadie. Ella será mía el tiempo que yo considere. Después podrás convencerla para que se vaya contigo y te aseguro que yo no me opondré.

- Eso será si queda algo de ella para entonces...- Damon comenzó a discutir, pero Caroline le interrumpió.- Elena sufrirá, Damon. ¿Quieres que eso pase?

- No entiendo por qué iba a hacerlo...

- ¡Aggg!.- se quejó exasperada.- ¡Tú no entiendes nada!.- Gritó.- Muy bien, Damon Salvatore, sigue con tu estúpido juego y ya veremos quien acaba perdiendo.- Soltó antes de salir por la puerta, dejando a ambos hombres solos y sorprendidos por su arrebato de ira.

- ¿Qué ha sido eso?.- Le preguntó Klaus, incapaz de reaccionar.

- Tú sabrás, ella es tú mujer. Creo recordar que te advertí de su carácter antes de que te casaras con ella… ¿no?

- Si, Damon. Creo que lo hiciste.

D&E

Elena se puso de pie de un salto cuando escuchó la puerta cerrarse detrás de alguien. No le hizo falta mirar para saber de quién se trataba, llevaba un rato esperándola y sintió que un enorme peso se iba de su cuerpo en cuanto se puso delante de ella. Antes de que pudiera siquiera decir nada, Caroline se arrojó a sus brazos, abrazándola fuerte contra ella.

- Caroline…- Susurró sin comprender. Elena pensaba que la odiaría y de pronto se encontraba entre sus brazos tratando de respirar y escuchando los gemidos de su amiga, sin poder controlar las lágrimas que emanaban de sus ojos. Sin poder evitarlo, las lágrimas se deslizaron de los suyos propios, rodando hacia abajo, llenándole los labios de las saladas gotas y la apretó aún más fuerte si cabía contra ella.

- No puedo creer que estés viva…- Le dijo rompiendo el abrazo, pero manteniendo las manos entrelazadas.- Que estés bien…

- Pensé que me odiarías.- Le confesó Elena, recordando lo ocurrido en el pasado.

- ¿Odiarte? Oh no, Elena. No podría.

- Pero…

- No ha habido un solo día de mi vida que no haya pensado en ti… que no hayamos pensado en vosotros.

- Yo pensé que… tuvimos… nosotros tuvimos que huir porque…

- Lo sé. Créeme que lo sé.

- ¿No piensas lo que se dijo de mi padre?

- Jamás lo hice.- Caroline suspiró mirando a su gran amiga de la infancia y le acarició el rostro con amor.- Cuando nos enteramos de que os habíais marchado, mi padre creyó que no necesitaba nada más para inculparos. Pero mi madre y yo le convencimos de que no habríais podido hacer tal cosa… así que decidió buscar la verdad y la encontró.

- ¿Qué ocurrió?

- Fue Bill el que robó y traicionó a mi padre y después echó las culpas al tuyo.- Elena ahogó un grito.

- ¿Su ayuda de cámara?.- Ella solo asintió.- Confesó, pero para cuando mi padre quiso reaccionar, vosotros os habíais esfumado… nadie sabía que os había pasado ni a dónde podríais haber ido.- Elena escuchaba atentamente a su amiga, aliviada de que se hubiera esclarecido la verdad en relación a su familia.- Después de unos años mi padre se dio por vencido y dejó de buscaros. Nunca pensó que habríais podido cruzar el océano.

- ¿Nos buscasteis durante años?.- Preguntó incrédula.

- ¡Claro! No solo trabajabais para nosotros Elena, erais nuestros amigos… y mi padre nunca se perdonó no haber creído antes en vuestra inocencia.

- Él no podía saberlo… ni siquiera yo lo sabía, era demasiado pequeña.

- Ahora ya no.- Le dijo, dándole un suave toque con el índice en su nariz.- Mírate, estás hecha toda una dama.- Avergonzada, Elena miró hacia otro lado.

- Creo que no es eso lo que soy ahora.- Confesó, bajo la atenta mirada de su amiga.- Y nunca lo seré…

- ¿Y eso quién lo dice?.- La escrutó el rostro con una sonrisa traviesa en los labios.- Ven, quiero que conozcas a alguien y después, creo que tenemos mucho de lo que hablar.

- ¿Te refieres a Damon?.- Preguntó sonrojándose.

- Oh, sí. Me refiero a Damon.- Respondió, consciente de su reacción.- Él me ha contado qué hicisteis para escapar y como llegasteis hasta aquí…- Caroline se tomó unos segundos antes de seguir hablando, creando una pequeña tensión.- Y como tú acabaste aquí.

La cara de Elena ardía de la vergüenza. Después de haber recuperado la amistad de Caroline, su mejor amiga de la infancia, de quien una vez huyó en el pasado, lo que menos hubiera querido era que se enterara de su condición. No quería que la juzgara por lo que había hecho y tampoco quería volver a perderla. Había que ser realista, una dama como ella no podía mezclarse con una esclava y más si ésta pertenecía a un hombre por entero.

- Oye…- Le dijo Caroline, levantando su mentón para que pudiera mirarla a los ojos.- ¿Qué pasa? Estoy deseando que me lo cuentes tú, ¿sabes? Creo que todo esto es tan romántico…- Le faltó dar palmaditas y saltitos como hacía de pequeña y eso le hizo reír a Elena sin parar, quedándose incluso sin aliento por la enorme bobada que acababa de decir.

Elena no sólo había recuperado a su amiga, si no que no la había perdido cuando se había enterado de su situación con Damon y tenerla junto a ella de nuevo no podía hacerla más feliz.

D&E

Los siguientes días pasaron como un torbellino a la vista de todos. Elena y Caroline se habían hecho inseparables y la segunda se había convertido en una firme defensora de la primera. Pasaban casi todo el tiempo juntas y de vez en cuando se les unía Stefan, siempre y cuando Damon no mirara. Solo estaban todos juntos a la hora de las comidas y Caroline estaba tan indignada con el trato que Damon le daba a Elena que ni le hablaba, así que la mayoría de ellas se pasaban en silencio. Al menos, Klaus y Elena se habían caído bien y eran quienes daban un poco de vidilla a la mesa, cuando todo tenían caras de perro, a punto de morder.

Unos días después de su llegada, Caroline ya había hecho una lista con todas las cosas que Elena debería tener y que él le negaba. Aunque técnicamente no le negaba nada, porque nunca le había pedido nada.

- ¿Pero no ves como la tienes?.- Le gritaba ella, lista en la mano, refunfuñando frente a él.- Necesita ropa y abrigos. ¡Por el amor de Dios! El invierno está a la vuelta de la esquina.

- Caroline…- Ya llevaba varios minutos gritando por encima de su cabeza, ella de pie, toda orgullosa, defensora de las causas pobres.

- Y botas, botas calientes… no esos zapatitos que usa. Se podría resbalar y partir la crisma…

- Caroline…

- ¿Y qué es eso de que no quieres ver a Elena y a Stefan juntos, es una broma o qué? Es tu hermano y Elena…

- ¡Caroline!.- La interrumpió él, dando una voz.

- ¿Qué?.- Preguntó asombrada de su mal humor.

- Cállate un momento por Dios… Va estallarme la cabeza.- Ella volvió a refunfuñar algo que le sonó como a un insulto.- Mira, me ocuparé de todo eso, ¿vale?

- ¿De verdad?.- Preguntó incrédula

- Si…

- Promételo.

- Estamos hablando de Elena… creo que no tengo que prometer nada si es por su bienestar mientras esté conmigo.

- Vale…- Asintió conforme.- ¿Y tú hermano?

- ¿Qué pasa con él?

- Bueno, que se escondan para verse tiene que decirte algo, ¿no?

- ¿Qué hacen qué?.- Preguntó enfadado. Ella suspiró.- Quieres que les "deje" ser amigos…- Afirmó él.

- A no ser que estés celoso claro.

- ¿Celoso?, ¿Yo?, Por favor…

- Entonces no tienes de qué preocuparte…

- Son amigos, Damon. Nada más que eso.

- ¿Y cómo lo sabes?

- Porque cuando Elena lo mira, no veo lo mismo que cuando te mira a ti.- Él asintió en una muda aceptación.

- Una cosa más…

- Dime.- Le dijo con voz cansina.

- Tienes que buscarle una historia.

- Creo que no te entiendo.

- ¡Agg! Damon, tenéis muchas visitas… ¿Quieres humillarla cada vez que alguien venga? No sé, cualquier cosa, para que no crean que va de cama en cama… que piensen eso de ti, tiene que doler.- Damon se restregó los dedos por las sienes, cansado.

- Lo pensaré…

- Bien.- Le dijo, saliendo por la puerta con una sonrisa victoriosa en los labios, contenta de que todo hubiera resultado como ella quería.

D&E

- ¿Y a dónde vamos?.- Preguntó Elena, tras verse arrastrada a la habitación de Caroline, despojada de cada una de sus ropas y de la que podía afirmar que sí dormía con su marido.

- A dar una vuelta.- Respondió ella, cerrando uno de sus baúles.- Toma, ponte esto, creo que te quedará perfecto.- Elena cogió las ropas que su amiga le tendía y no pudo evitar ser consciente del tacto tan agradable y del olor que éstas desprendían.

- Pero no creo que deba…

- Oh, sí. Debes, puedes y quieres. No me discutas y póntelo.- Le ordenó amenazante. Elena se esbozó una sonrisa y se puso lo que le había dado. Eran unos pantalones de montar beige clarito, una camisa verde oscuro y unas botas marrones. Casi pudo jurar que las botas no habían sido usadas.

- ¿Así está bien?

- Así estás perfecta.- Le dijo poniéndola frente a un espejo, cuando Elena vio su reflejo en él, apenas se reconocía.- Bien, pero falta algo.- Se vio rodeada por algo grande y calentito, Caroline le hizo pasar las manos por unas aberturas del abrigo y le recolocó la capucha.- ¿Dónde demonios está? Debería estar por aquí…- Dijo Caroline, buscando algo por entre los baúles abiertos. Ella no prestó atención y metió las manos en los bolsillos que la capa tenía, pinchándose con algo que había sido escondido ahí.

- Auch.- Se quejó, llevándose el dedo herido a la boca.

- ¡Lo has encontrado!.- Caroline rio y luego cogió el broche que Elena sostenía en su otra mano.- Así mejor.- Le dijo cuando lo pasó por el abrigo que ella llevaba. Elena lo tocó y volvió a mirarse al espejo. El finísimo broche que Caroline le había prestado era precioso y debía ser carísimo. Pero luego volvió a la realidad.

- Damon se enfadará si salgo fuera sin él.

- Pfff… ¿Pero quién se cree que es? Vamos a ir a dar una vuelta a caballo y que se atreva a rebatírmelo.- Elena estaba segura de que ni siquiera Damon se enfrentaría a Caroline.

D&E

Elena intentaba seguirle el ritmo a Caroline por los campos, pero ella era demasiado rápida. No se alejaba mucho de ella, pero cuando hacían alguna carrera, su amiga ganaba por goleada. Ella nunca había olvidado como se montaba a caballo y lo que le gustaba hacerlo, pero había pasado demasiado tiempo sin subirse a uno y eso le estaba pasando factura.

- Creo que basta de carreras por hoy.- Le dijo a Caroline cuando consiguió alcanzarla.

- Me parece bien. Sigues siendo tan buena amazona como antaño.- Elena comenzó a reírse.

- Vamos, no seas mentirosa. Apesto.- Afirmó ella.

- No, solo necesitas practicar un poco más y mientras yo esté aquí diga lo que diga Damon, lo harás.- Elena sonrió a su amiga. Ella no dejaba de decirle que él jamás la había tratado mal, pero Caroline se negaba a ceder ante él. Elena negó lentamente con la cabeza.- ¿Qué pasa ahí?.- Ella alzó la cabeza, siguiendo la mirada de su amiga y pudo ver a un grupo de jinetes que se acercaba lentamente a la mansión y hacia ellas. Se fueron acercando hasta llegar a su altura, el grupo lo formaban tres hombres a caballo, que las miraron lascivamente en cuanto se pararon junto a ellas.- Señor Jordan.- Saludó sorprendida Caroline a uno de ellos.

- Milady.- Respondió él a su vez, con una encantadora sonrisa, besando su delicada mano.- Connor, por favor.- Ella solo asintió.

- No esperaba verlo por estos lares.- Le confesó ella.

- Bueno, los negocios me han traído hasta aquí, supe que los Salvatore estaban en casa y quise pasarme a saludar.

- Oh, bien.

- ¿Y quién es tu encantadora acompañante?.- Elena, que había estado al margen de la conversación, miró a Caroline sin saber que decir.

- Es una gran amiga mía, de la infancia.- Dijo ella.- Se llama Elena.

- Un placer, señorita Elena.- Connor espoleó su montura hasta ella y depositó un beso húmedo en su mano. Ella la retiró, incómoda bajo su mirada y su torcida sonrisa malévola y sintió como un escalofrío la recorría.- Si me disculpan.- Les dijo, pasando a su lado hacia la mansión.

- ¿Quién era ése?.- Preguntó Elena una vez le perdieron de vista.

- Es un amigo de Damon que yo he visto varias veces en Londres y entre tú y yo, me pone los pelos de punta.- Ambas comenzaron a reír a carcajadas.

D&E

Elena no quiso cambiarse para la cena. Sabía que Caroline se había ido a poner un vestido, pero ella quería seguir vistiendo así. No solo era porque aquellos hombres que habían llegado un par de horas antes fuesen a quedarse ésa noche, sino porque su piel le recriminaría que volviera a ponerse uno de sus pobres vestidos. Sabía que era una tontería, porque antes o después tendría que quitárselo, pero no quería hacerlo.

Se dirigió al comedor a esperar a los demás, pero Damon y el hombre que la había saludado se encontraban allí.

- Puedes pasar, Elena.- le dijo él, una vez advirtió que ella estaba ahí. Elena lo hizo y se sentó en uno de los mullidos sillones esperando incómoda a que Caroline llegara. Connor la miró más tiempo de lo necesario, algo que enfureció a Damon.

- ¿Quién me dijiste que era?.- Le preguntó, sentándose enfrente.

- La hija de un buen amigo de mi padre.

- Oh…- Sonrió mirándola.

- Mantén las manos quietas, Connor. Ella es mi invitada.

- Por supuesto… ¿Por quién me tomas?- Volvió a mirarla.- ¿Y cuántos años tienes, querida?

La cena pasó sin incidente alguno, a pesar de que Elena había sentido la mirada taladrante del amigo de Damon sobre su cara durante toda la hora que estuvieron ahí. Y cuando acabó, agradeció poder salir de su intensa mirada al fin y salió como alma que lleva el diablo dejando a los hombres a solas, bebiendo, fumando y jugando a las cartas.

No supo cuánto tiempo llevaba en la habitación de Caroline hasta que Klaus no regresó varias horas después, Elena tuvo que despedirse de su amiga e irse a dormir, suponiendo que Damon ya estaría en su habitación y que no le gustaría que ella no estuviese allí para cuando él llegara.

Caminó rápidamente por los oscuros pasillos, iluminados tenuemente bajo algunas velas hacia la habitación de Damon, con un vacío en el estómago que le decía que algo iba a pasar. Algo malo.

Y supo que no se equivocó cuando, en su camino, fue aplastada contra la pared por un cuerpo duro, que se pegaba al de ella.

- No me has dejado tocarte desde la otra noche, mi pequeña bruja.-Susurró Damon en su oído, lo que le hizo relajarse al instante en sus brazos, casi cayendo al suelo del alivio.

- ¡Damon! Me has dado un susto de muerte.- Se quejó ella, intentando liberarse de sus brazos.- Él hizo caso omiso a sus palabras y volvió a pegarla a la pared, saboreando su lóbulo en una suave caricia con su lengua. La respiración de Elena comenzó a hacerse dificultosa.

- Damon…

- Me he vuelto tan loco hoy.

- ¿Cómo?.- Preguntó ella confusa, sintiendo como cada vello de su cuerpo se erizaba al sentir sus besos sobre su cuello.

- Hoy. Connor no dejaba follarte con la mirada.- Besó sus labios.- Y tenía ganas de arrancarle la cabeza por permitirse siquiera pensar en ti.- Elena se agarró a su cuello, profundizando más el beso.- No sabes las ganas que he tenido de decirle que eres mía.- Le dijo en un inaudible susurro sobre la piel sensible de su cuello.

- ¿Por qué no lo hiciste?.- Preguntó Elena con la voz entrecortada.

- No quise humillarte.- Ésta vez, Damon se detuvo en sus ojos antes de volver a unir sus labios con los de ella en un beso anhelante.- Vamos a la cama.- Le dijo. Una promesa en sus ojos, Damon tiró de ella y Elena se vio siguiéndole a través del largo pasillo hacia la habitación, pero se vieron interrumpidos por alguien.

- Vaya, vaya Damon.- Ambos se giraron al mismo tiempo, viendo a Connor detrás de ellos.- La querías toda para ti, ¿eh? Que mal anfitrión… ¿No te enseñaron a compartir cuando eras un niño?

D&E

Con todo el autocontrol que pudo, mandó a Elena a la cama e invitó a su viejo amigo a tomar una copa, quiso creer que ella se había ido tranquila y que no pensase que acabaría compartiéndola ésa noche, ni ninguna otra el tiempo que estuviera con él. Le sirvió a su amigo un vaso de whisky y se puso uno él mismo, el cual bebió de un solo trago, sirviéndose otro después.

- No te reconozco.- Le oyó decir de fondo.- Me has ocultado que tienes una esclava para ti solito… ¡En mis narices! Debe ser demasiado bueno lo que tiene entre las piernas para que hagas algo así.

- Bueno Connor, ¿qué puedo decir? Es algo que no quería compartir.

- ¿Y lo harás?.- Damon frunció el ceño.- ¿Compartirás a esa joven con tu viejo amigo?.- Damon soltó una fuerte carcajada.

- No de momento.- Respondió él sin tapujos.

- Puedo esperar.

- Creo que no.

- Bueno, voy a quedarme por aquí un par de semanas más, si cambias de opinión...- Damon volvió a reírse, pues aunque le pareciera ridículo pensaba que jamás se iba a cansar de su pequeña prisionera.

- No lo veo en un futuro cercano

- Ponme un precio y lo pagaré con gusto.

- No está en venta, Connor.

- Creo que todo se puede comprar con dinero.

- A mí me sobra el dinero.- Dio un trago de su copa y volvió a sonreír.

- Creo que esa esclava vale lo que me pidas.

- Puede ser, pero de momento Connor, mantén el pajarito dentro de tus pantalones o me veré obligado a cortarte los huevos.

- Qué humos. Solo era una propuesta- Damon empinó el codo, terminándose el contenido del vaso y lo dejó en la mesa con un golpe sordo.

- Buenas noches. Ah…- Se dio la vuelta antes de salir por la puerta.- Creo que podremos prescindir de tu compañía y la de tus amigos en el desayuno, no será necesario que os quedéis más.- Y dejándole con la palabra en la boca, Damon volvió a su habitación, impaciente por pasar la noche con Elena.

D&E

¡Gracias por leer! :)