¡Volvi!
No me odien, en serio que he estado muy ocupada. Pertenezco al clan Godin y eso me consume casi todo el tiempo. Les tengo sorpresa! Dos capítulos, y si ya habían leído la historia, quiero que sepan que la corregí un poco, solo errores de redacción y esas cosas, en sí, sigue siendo lo mismo, no es necesario que vuelvan a leer. Bueno, les dejo estos capítulos. Espero no volver a demorar tanto en actualizar, tal vez este corrigiendo, pero les avisare cuando lo haga, pero serán cosas que no afecten el canon.
A leer!
.
Nuestro Tiempo
Capítulo 6. Incongruencias
—No pensaras salir huyendo de nuevo, ¿verdad? —dijo el ocupante de esa habitación.
Debido a esas palabras fue que, hasta ese momento, Aoba tuvo el valor de levantar la mirada. Y entonces lo vio. Dio estaba medio sentado en la angosta cama del hospital, con un montón de aparatos alrededor monitoreando sus signos vitales.
—Dio… —susurró Aoba sin dejar de observar a los celestes ojos que lo miraban vacíos, molestos e incluso tal vez, heridos.
ooo
"No fue un sueño", pensó. Dio sabía que no podía haber sido un sueño si lo tenía parado frente suyo, observándole con esos ojos verdes que reflejaban una mezcla de molestia y culpa, tal vez a causa de su propia mirada que, Dio estaba seguro, le decía que estaba más que molesto con él.
—No estoy huyendo y tampoco hui en esa ocasión —aclaró Aoba.
—¿A no? —replicó Dio sin poder contenerse.
—No, sabias perfectamente que no podía quedarme, que esa fue mi oportunidad de regresar a donde pertenezco —dijo Aoba molesto.
—¡Claro! ¿Y es por eso por lo que estas aquí ahora? ¿No? —Dijo Dio con sarcasmo.
—Eso no… ¿Qué es lo que te pasa? —preguntó—. Hace al parecer casi cuatro años que no nos vemos y ¿lo primero que me dices son estas cosas? ¡Yo no pertenezco aquí! ¡Tenía que regresar entonces! ¡No entiendo por qué estas molesto! —gritó acercándose a su cama—. Yo… yo no planee volver ahora, no sé porque estoy aquí, pero ¿sabes? Pensé que te alegraría, ya vi que no… —dijo, diciendo esto último en voz baja mientras daba la vuelta dispuesto a irse de ahí.
—Lo lamento —interrumpió Dio bajando la mirada. Tampoco sabía que era lo que le estaba pasando, no comprendía su molestia. Estaba siendo injusto con Aoba, pero él había cambiado, todos lo habían hecho, incluso estaba seguro de que el chico que lo miraba con reproche ya no era el mismo que recordaba. Dio solo quería sacar de su pecho aquello que su corazón guardó durante todo ese tiempo y las palabras de Aoba lo herían de alguna manera que él no comprendía. Aoba le había dejado claro que no quería estar en ese lugar, ni antes, ni ahora y al parecer nunca.
—Ya, será mejor que me vaya —escuchó decir a Aoba, pero no levanto la mirada.
—No te vayas —dijo—, quédate un momento… por favor —pidió un poco avergonzado. Le estaba costando no ser duro con Aoba. Tal vez era a causa de los medicamentos, Dio no lo sabía, pero claramente no tenía la fuerza suficiente para levantar completamente sus defensas, y por, sobre todo, no quería que Aoba se fuera.
—De acuerdo —dijo Aoba luego de unos segundos. Dio lo escucho suspirar, entonces levanto la mirada y lo vio sentarse en el sillón que había en la habitación mientras observaba a su alrededor. —Se parece a la habitación que tuve, solo que esta es más grande y más cómoda —dijo mirándolo.
—¿También estuviste hospitalizado? —preguntó con algo de curiosidad.
—Sí, pero solo estuve un día. Me sentía sumamente cansado por… bueno por todo lo que paso.
—Ya veo. Yo no recuerdo mucho.
—Es normal, los doctores nos explicaron que eso era posible por la gran cantidad de sangre que perdiste —explicó Aoba—. Por cierto, ¿cómo te hiciste esa herida?
—Fue durante la boda, ya te lo habrán contado —Aoba asintió en respuesta—, bueno pues uno de los atacantes me tomó por sorpresa y logró herirme con algo al lanzarme contra un muro, Anya me curó pero cuando estuve dentro de la anomalía, antes de llegar a tu tiempo, estaba cambiando la munición de la pistola, en eso el Beryl de los rebeldes me atacó, como estaba de pie con el impacto azote contra la cabina y la herida se volvió a abrir y ya no tuve tiempo de curarla hasta después —se quedó callado, recordando que ese descuido casi le cuesta la vida.
—Comprendo. Entonces los rebeldes, ¿eh? —Dio lo miró algo sorprendido—. Los demás ya me han explicado lo que necesito saber por ahora —aclaró Aoba como si leyera sus pensamientos.
—Ya veo, ¿te lo han contado todo? —preguntó.
—No sé si sea todo… —dijo Aoba dejando la frase a medias—. No me han dicho nada acerca de ti —puntualizó. Dio alzo una ceja en respuesta—. Me refiero a que…
—Se a lo que te refieres.
—Bueno, entonces… ¿qué ha pasado contigo?
—Eso no es importante, lo importante es que sepas que esos grupos son extremadamente peligrosos. Los desgraciados han aumentado sus ataques y ahora hasta intentaron secuestrar a la doctora Elvira y a los Lébedev, tenemos que…
—Todo eso ya lo sé, pero por ahora debes descansar —fue interrumpido abruptamente por Aoba—, no podemos hacer nada hasta que no ataquen. Y… —Dio observo como Aoba desviaba la mirada—, creo que lo mejor es esperar a que te recuperes para analizar todo lo que pasó y ver que se puede hacer. Al parecer estaré por aquí una temporada.
—Sé que me ocultas algo —dijo. Dio observo como Aoba se tensaba, pero decidió continuar antes de que pudiera responderle—: pero no voy a discutir contigo.
—Valla que has cambiado… —dijo Aoba arqueando una ceja mientras regresaba su vista a él.
—Todos lo hemos hecho, tres años no pasan de a gratis.
—Ya se, solo que he hablado con los demás y exceptuando a los de Zogilia que no conocía, todos parecen seguir siendo los mismos, solo tú luces… diferente —decía sin quitarle la mirada de encima.
—Exageras. Es porque me encuentro hospitalizado, no me deberías juzgar tan pronto —contestó sintiéndose intimidado ante aquella penetrante mirada—. Además tienes razón, necesito descansar si quiero salir pronto de aquí y ya es demasiado tarde, creo que debes irte ya —dijo al sentir que su rostro comenzaba a ponerse rojo.
—¿Te encuentras bien? Te pusiste rojo, ¿tienes fiebre? —dijo Aoba acercándose a Dio.
—Estoy bien, no pasa nada —dijo Dio volteando el rostro para que Aoba no notara que se había puesto aún más colorado. Y sin que se notara su incomodidad Dio logro alcanzar el botón para llamar a una enfermera.
—De acuerdo, bien… me iré. Les diré a los demás que estas bien, mañana vendremos de nuevo, descansa Dio. —Aoba se despidió con un ligero movimiento de cabeza. Dio ya no le dijo nada más ni trató de detenerlo esta vez, pensó que de estar en otra situación Aoba le habría reclamado que parecía que trataba de deshacerse de él. Lo cierto es que en parte así era, se sentía muy cansado todavía y su mente parecía revolucionarse en su presencia. A pesar de eso a Dio le sorprendió un poco que Aoba se fuera tan rápido, "tal vez si notó mi incomodidad o tal vez solo noto lo cansado que en verdad estoy", pensó, maldiciendo a los medicamentos por no estarle ayudando a mantenerse controlado.
Luego de que Aoba dejó la habitación inmediatamente llegó la enfermera, Dio le indicó de algunas cosas que necesitaba para el siguiente día y dejo que lo curara y lo vendara de nuevo. Una vez acostado y antes de que la mujer se retirara le pidió, por último, que si le podía dar algo para dormir pues no quería pensar y mucho menos tener pesadillas, no de nuevo. Media hora después, para cuando su mente comenzaba a repasar los sucesos de esos últimos días el sueño lo venció, sumiéndolo profundamente en la oscuridad sin ninguna imagen estremecedora o algún recuerdo doloroso.
Para cuando despertó al día siguiente ya se sentía más recuperado, su sueño había sido completamente reparador. El médico le dijo que se estaba recuperando muy rápido, que de seguir así saldría del hospital en dos días. También le dijo que tendría que guardar reposo, pero de eso ya se encargaría cuando estuviera fuera. Lo menos que quería era estar en casa sin hacer nada mientras los rebeldes atacaban otra vez. De ser posible pediría, al menos, que lo dejaran ir a las misiones, aunque no pilotara.
Durante esos dos días no pasó nada interesante, Fiona y su padre estuvieron con Dio la mayoría del tiempo, también recibió la visita de Lene, Elvira, Lee y los Lébedev. Dio aprovecho esa oportunidad para obtener la autorización de la capitana Lene para poder regresar al Cygnus en cuanto se le diera de alta. Lene le dijo que si el medico no veía algún inconveniente por ella no habría ningún problema. El segundo día ya se sentía mucho mejor, por la mañana una de las enfermeras le comunicó que a la mañana siguiente sería dado de alta. Ese día lo visitaron Tarjim, Lasha, Anessa y Nasu, y no es que Dio no apreciara su presencia, pero una parte de él esperaba la visita de otra persona. Ni siquiera Fromm lo había ido a visitar en esos dos días. Si Dio preguntaba de cómo iban las cosas con los rebeldes, todos le contestaban que seguían en la misma situación que cuando antes del ataque, sin pistas y sin sospechosos. Según le dijeron sus amigos, no había una misión próxima para buscar a los delincuentes, pues creían que como en las misiones anteriores, no obtendrían algo que pudiese ayudarles. Lo que más exasperaba la mente de Dio era que parecía que todos se contenían por soltarle un mínimo de información. Estaba seguro de que no le mentían en lo poco que le decían, pero he ahí el problema, solo le decían poco.
Ya para la mañana del tercer día Dio estaba ansioso por salir del "maldito hospital", según sus propias palabras. Estaba sumamente enfadado con Fromm por no haberle ido a ver. Y ni mencionar a Aoba, que tampoco había regresado. Ambos se decían sus mejores amigos y a la primera lo habían dejado olvidado.
—¡Dio! ¡Ya por fin vamos a casa! —dijo su hermana que caminaba a su lado, ayudándole para salir de la habitación.
—Si…
—No te ves muy contento, ¿pasa algo? —Preguntó Fiona con un ligero tinte de preocupación en sus verdes ojos.
—Nada Fiona, estoy bien, solo ya estoy cansado de estar aquí y no hacer nada —respondió mirando con sus celestes ojos a su hermana dedicándole una ligera sonrisa para tranquilizarla.
—Ok —dijo mirando hacia el pasillo—. Papá no pudo venir, me pidió que lo disculpara contigo, pero ya no podía posponer más su viaje a América, ves que te comentó que los inversionistas en California le habían estado insistiendo en que tenía que estar personalmente para atender algunos asuntos.
—Lo sé, no te preocupes, en cuanto lleguemos a casa le hablaré por teléfono para decirle que estoy bien y que no tiene que preocuparse.
—¡Si! —dijo Fiona entusiasmada de que su padre y hermano se llevaran tan bien—. ¡Mira! ¡Ahí están los chicos! Quisieron venir personalmente a recogerte. Fueron ellos los que me trajeron. ¡Sorpresa!
—…
Justo en la recepción del hospital estaban las dos personas que, no sabía exactamente, si quería o no ver. No sonrió al verlos y definitivamente levanto su máscara de frialdad que mostraba frente a cualquiera que no fuera su familia. Ellos no eran la excepción y menos ahora que Dio estaba molesto con ellos. Los chicos lo miraron, Fromm sonrió como si no se diera cuenta de la expresión seria de su rostro mientras que Aoba parecía debatirse mentalmente en si reaccionar igual que Fromm o simplemente mostrarse igual de serio que Dio.
—¡Dio qué bueno que ya estás bien! —grito Fromm acercándose para darle un abrazo—. Perdona que no pude venir a visitarte, pero me encargaron un asunto y lo tenía que resolver.
—Claro, está bien. Pero suéltame, me lastimas y no quiero regresar ahí dentro.
—Cierto, lo siento, ¿estás bien?
—Si —dijo, apartando su mirada azul de los ojos de Fromm para enfocarse en las esmeraldas que lo observaban con vergüenza.
—Yo… —escuchó decir a Aoba—, me alegro de que estés bien, lamento no haber regresado a visitarte.
—Claro, ¿estuviste muy ocupado? —preguntó no resistiéndose al tono de reproche con que se escuchó su voz.
—Algo así…
—No te enfades Dio, las chicas no han dejado a Aoba en paz desde que llego. Además, Lene y Alfried tenían que arreglar lo de su estadía aquí, y lo necesitaban—Fromm defendió a Aoba—. Pero ya estamos aquí ¿no? Vamos, ya está todo listo, ya nos podemos ir.
Después de eso ya ninguno de los tres se dijo nada, la única que hablaba era Fiona, preguntándole a Fromm sobre lo que le habían mandado a hacer.
—Pues… el regreso de Aoba fue algo sumamente inesperado. Con excepción de Dio por haber estado herido, todos los antiguos tripulantes del Cygnus fueron llamados a una junta para hablar sobre eso. Después de algunos interrogatorios por parte de los Generales, ellos por fin aceptaron la inserción de Aoba a la armada y de nuevo a la tripulación del Cygnus.
—Eso es fantástico Aoba —Dijo Fiona a Aoba que se rascaba la parte de atrás de la cabeza mientras un lindo tono rosado adornaba sus mejillas.
—Sí, bueno la verdad pensé que me iban a encerrar en una prisión o algo así. Pero al parecer ellos conocían sobre la anomalía temporal —suspiró—. Supongo que hasta que pueda regresar soy bienvenido en este tiempo.
—Ya veo, me alegro mucho, y ¿dónde te quedaras? —preguntó Fiona—. En la mansión tenemos habitaciones de sobra, si quieres…
—Oh no será necesario, Fromm es el encargado de vigilarme esta vez, así que me quedare en su casa.
Ante ese comentario Dio sintió que su molestia crecía un poco más. Desde que terminó la guerra Fromm se había convertido en su casi hermano. Era el único que lo seguía tratando igual a pesar de su actitud. Si bien no hacían todo juntos, si pasaban gran parte de su tiempo en compañía el uno del otro. Cuando no lo hacían era porque Fromm salía con Anessa o por que Dio simplemente no tenía ganas y prefería estar solo, leyendo en su mansión. Por un momento se sintió un poco celoso, pensando que ahora Fromm pasaría más tiempo con Aoba. Después se dijo que era un idiota pues se estaba comportando como un chiquillo.
El resto del viaje pasó en un cómodo silencio, Fromm era quien conducía el vehículo, tenía a Aoba como copiloto mientras que Dio y Fiona iban en la parte de atrás. Desde ahí Dio posó sus celestes ojos en la nuca de Aoba. Antes con todo el alboroto y lo que había pasado, no se había dado cuenta de los cambios en él. Dio noto que ahora el cabello de Aoba era un poco más corto y al igual que los demás sus facciones habían dejado atrás la adolescencia para dar paso a la adultez, antes los dos estaban casi a la misma altura, pero ahora Aoba era más alto que Dio por casi diez centímetros, su cuerpo ya no solo era delgado, se lograba percibir que estaba trabajado con la cantidad exacta de musculatura, probablemente a consecuencia de algún ejercicio no tan forzado. Dio se equivocó en la primera impresión que tuvo de este nuevo Aoba, pues el chico que lo miro con reproche en el hospital tenía razón, solo Dio había cambiado, porque Aoba seguía siendo la misma persona gentil y confiada que conoció hace ya casi cuatro años. Regresó su mirada al cristal suspirando, el resto de camino solo se la pasó mirando hacia los edificios hasta que llegaron a su mansión.
ooo
Aoba nunca se imaginó que la mansión de los Weinberg fuera tan grande como la construcción que ahora tenía frente a sus ojos. No tenía un jardín muy grande como el que le platico Fromm de los Lébedev, pero este, a pesar de ser pequeño era muy hermoso. La mansión era estilo alemán y tenía tres pisos. Las paredes de madera color arena pálida tenían ventanales de tamaño mediano en cada piso y estas eran de diferentes tipos. Al frente una pequeña escalinata daba a la entrada que tenía una hermosa puerta doble de madera color natural tallada, florituras delicadas decoraban el centro y también alrededor de todo el marco que era de tono oscuro. De lado derecho conectado al pequeño pórtico había todo un corredor de madera donde al final había un juego de sala para exterior del mismo estilo que la casa. Aoba estaba sumamente impresionado por la belleza de aquel lugar, era como tener un pedacito de aquel país dentro de Japón.
—Vamos Aoba, no te quedes atrás —dijo Fiona sacándolo de sus contemplaciones—. Dio tu igual debes entrar, tienes que descansar.
Aoba se percató que su amigo se había quedado observando una pequeña fuente que no había visto al entrar, esta se encontraba en el centro del jardín que se localizaba al frente del lado izquierdo de la mansión. Dio la miraba con intensidad mientras que sus ojos azules reflejaban un poco de tristeza. Aoba quiso acercarse para saber que cruzaba por su mente, pero la vista que tenía no le permitió interrumpir aquel momento que parecía ser intimo para Dio. El ligero viento de la mañana mecía sus largos cabellos cubriendo parte de su pálido rostro, se dijo que luego le preguntaría a Dio el motivo de dejar crecer su cabello hasta la altura de sus hombros. No se veía mal, pero eso le impedía mostrar los rasgos maduros que había adquirido con los años. A simple vista Dio no había cambiado casi nada en todo ese tiempo, seguía casi igual de bajo, o ¿sería que él había crecido demasiado a causa del baloncesto? Aoba no lo sabía, de lo que si estaba seguro es que, aunque Dio físicamente no cambio mucho, si lo hizo su personalidad. No lo recordaba tan frio, amable y educado sí, pero no frio, como si tratara de guardarse todo lo que sentía.
Fiona le había comentado que desde que terminó la guerra su hermano había cambiado un poco, que seguía siendo cariñoso y cálido con ella y su padre pero que, ahora, frente a los demás solo mostraba una cara llena de seriedad. Fiona le había dicho que su hermano prefería guardarse todo para sí mismo, y le había pedido, en su inocencia, que él ayudara a Dio a romper con esa faceta, Aoba no tenía ni idea de cómo hacer aquello, pero lo intentaría.
—¡Ey! ¡Ustedes dos, entren de inmediato, en un momento servirán el desayuno! —gritó Fromm desde la entrada—. ¡Si te desmayas Dio, no ayudare a Aoba a traerte de regreso!
—No digas tonterías —Escucho decir a Dio mientras lo rebasaba y cruzaba la entrada hacia el interior de la mansión.
—Si claro, díselo a tu palidez, creo que estas más pálido que hace un momento.
—Estoy bien, solo necesito descansar. Voy a recostarme, pide a Fiona que mande a alguien con mi desayuno. Por favor.
—Como digas —dijo Fromm. Aoba solo miro como Dio se perdía por entre las escaleras de madera blanca rumbo a la segunda planta, mientras él seguía a Fromm a la hermosa cocina.
Durante la siguiente semana no pasó nada extraordinario, Dio fue informado de todas las investigaciones alrededor del ataque en la boda, pero como supuso, no había muchos avances. Según le contó Fromm a Aoba, Dio trabajaba desde su casa pues no tenía permitido salir de ahí hasta que estuviera completamente recuperado. Los dos lo habían ido a ver un par de veces en esa semana para ver si se le ofrecía algo o para comentar sobre la poca información que tenían, pero nunca habían logrado sacar nada en claro. Aoba creía que no habría ninguna diferencia entre trabajar en casa o en la base, por el momento solo iba, se presentaba y vagaba por ahí pues no tenía nada que hacer, a veces lo ponían a ayudar a los demás con trabajos de almacén o limpieza de maquinaria. No había visto la nave del Cygnus desde que llego, Fromm le dijo que por el momento las investigaciones solo se concentraban en los hechos ocurridos en el atentado y que no podían mandar la nave a ninguna misión sin una pista clara de a dónde ir. Aoba pensó que definitivamente Dio no tenía nada que envidiarles.
Para cuando Dio regreso a la base, ya era el mes de julio, habían pasado poco más de dos semanas desde que salió del hospital y Aoba definitivamente, a pesar de su estoica mascara, notó que se sentía feliz por estar ahí. Ese mismo día en la base tuvieron la visita del General Gallant, y junto con él revisarían la nueva información que traía para ver si lograban conseguir una nueva pista sobre los rebeldes. En esa junta estaban prácticamente todos los antiguos miembros del Cygnus, excepto el excomandante Gengo y la doctora Elvira. También estaban presentes los nuevos miembros de la tripulación, Tarjim y Lasha junto a Alexey Lébedev. El primero no le alcanzaba a agradar a Aoba, Tarjim siempre que lo miraba arrugaba la nariz como si oliera mal o algo así y el segundo, Lasha, bueno, no sabía que pensar, desde que se integró a las actividades de la base en Tokyo el chico de Zogilia no lo había dejado solo casi todo el tiempo, no le molestaba su compañía, pero sentía que aún no podía confiar del todo en él.
—Bien, como ven, no es mucha la información que conseguí —explicaba Alfried—, los atentados, como ya sabemos han seguido casi un mismo patrón de ataque, son explosiones inesperadas causadas con algún químico que no deja rastro ni de las víctimas ni del aparato que lo contiene. Eso es lo que nos ha impedido principalmente la obtención de pistas.
—¿Qué hay de la gente que causa los atentados? —pregunto Aoba.
—Hasta el momento solo sabemos que son rebeldes, dos grupos, uno de Zogilia y uno de la vieja Alianza, desde que aparecieron nunca han dado un nombre o rostro que mostrar, solo mensajes en paredes, amenazas por escrito y grabaciones realizadas con voces sacadas de audios conocidos. —Aoba trataba de poner atención a cada palabra que Alfried explicaba, tratando de encontrar algo que fuera importante—. Desde febrero la cantidad de ataques ha aumentado y siempre en patrón ataque-respuesta ya sea de un grupo o de otro.
"Hemos analizado cada video que se ha podido conseguir desde que comenzaron los ataques, quiero que vean lo siguiente —dijo, de inmediato en medio de la mesa apareció una pantalla transparente que comenzó a reproducir una serie de videos para que todos pudieran ver.
Aoba miro los videos, llenó de conmoción, comenzaron con viejas noticias de los primeros mensajes en las paredes y las amenazas que llegaban al gobierno, luego las explosiones a lugares vacíos. Pero se llenó de infinito horror al ver aquellos videos de las explosiones de diciembre y de principios de año, simplemente era terrible lo que estaba pasando, miles de personas, niños, mujeres, ancianos, hombres, los rebeldes no tenían piedad alguna. Sea lo que sea el químico que utilizaban para producirlas, no dejaba a nadie con vida, tenía un gran poder de destrucción, ningún sobreviviente hasta el momento. Al finalizar las grabaciones Aoba sentía el corazón apretado y la garganta seca, había visto a la gente estallar y a los que no estaban en el mero centro de las explosiones, convertirse en una masa de algo irreconocible. Los aviones y lugares atacados quedaban reducidos a escombros en su totalidad. Aoba sentía ganas de volver el estómago, completamente impresionado.
—¿Notan alguna diferencia entre cada ataque, sin contar el tipo de objetivo? —preguntó Alfried a todos.
—No —contestó Dio, con tono molesto.
—Esto ya lo habíamos analizado, no entiendo porque lo… —argumentó Ogisaka estando de acuerdo con la molestia de Dio.
—¿No se supone que son dos grupos de rebeldes? ¿Por qué los ataques son iguales? —preguntó Aoba interrumpiendo a Ogisaka.
—No lo sabemos, esa es otra de nuestras cuestiones, ambos grupos utilizan el mismo tipo de maquinaria explosiva —contestó Alfried—. Incluso parecen utilizar el mismo patrón de ataque, el mismo tipo.
—¿Existe algún patrón en el tiempo de un ataque a otro?
—No, cada ataque-respuesta ocurre cada dos o tres semanas desde a principios de año, el periodo más largo entre uno y otro ha sido de casi cuatro semanas ya que no hemos contado el intento de secuestro de los investigadores Hill y Lébedev. Son imprevistos, podrían ocurrir en cualquier momento y al parecer a cualquier hora y cualquier día.
Después de ese comentario ya no hubo más preguntas. Todos en la sala parecían estar analizando lo que acababan de ver y escuchar.
—Es como si… —volvió a decir Aoba, él supuso que todo lo que comentaba ya había sido descubierto antes, pero por ser el 'nuevo' le estaban dando la oportunidad de que diera su punto de vista he hiciera sus propias preguntas, a lo mejor con la esperanza de que viera algo que ellos no habían visto antes—. Es como si trataran de recomenzar la guerra…
—Eso creía yo, hasta hace dos semanas —dijo el General sorprendiendo a todos.
—Yo también he pensado sobre eso —dijo Dio—. Continua…
—Bien, era casi demasiado obvio, al principio, que el objetivo de estos grupos era reavivar la guerra, pero después del intento de secuestro ocurrido hace dos semanas, me he puesto a pensar que ese hecho simplemente no encaja —Alfried hizo una pequeña pausa y observo a todos—, la doctora Hill es o era parte de La Alianza, los hermanos Lébedev por su parte son de Zogilia, por ese lado no tenía ningún sentido que los tomaran como rehenes, por otro lado, ¿para qué iban a ser necesarios tres investigadores para reanimar la pasada guerra? ¿Tal vez para armamento nuevo? Es una posibilidad, pero hasta el momento sus ataques han sido lamentablemente efectivos, no creo que necesiten más. ¿Sería entonces algo relacionado al trabajo de los doctores?, esa fue mi siguiente pregunta, pero la descarte, hasta el momento ninguno de los grupos ha utilizado un valiancer de acoplamiento, de hecho, ni siquiera ha existido un enfrentamiento.
—¿Y si ese es su siguiente objetivo? Los enfrentamientos —preguntó Lene.
—También pensé en esa posibilidad, pero hay algo que no encaja, si su siguiente objetivo es enfrentarse entre ellos, ya tendrían en su poder valiancer de tipo acoplamiento, y de ser así, no serviría de nada, ya que nosotros también los tenemos, los detendríamos en un segundo antes de que su batalla se hiciera más grande además de la diferencia de efectivos, sumando a que ellos correrían el riesgo de ser capturados y entonces todo el esfuerzo por mantenerse en el anonimato no hubiera servido para nada. Esta es otra pregunta, ¿Por qué tanto empeño por mantenerse invisibles?
"Ahora… —prosiguió Alfried luego de una pausa—, ¿acaso buscan mejorar los valiancer?, es una posibilidad, pero ¿porque arriesgarse de la manera que se arriesgaron si existen otros investigadores que conocen el sistema? Estoy seguro de que existen quienes los apoyan, entonces ¿acaso buscaban a los mejores?, los nuevos avances obtenidos en el Novo LIDSTAN han sido dados a conocer, es sumamente más sencillo conseguir estos valiancer mejorados que ya han sido puestos en circulación —miró a todos y como leyendo la mente de los demás dijo—: hemos investigado si ha habido robos de unidades, pero no encontramos nada extraño, aunque esto no asegura que no tengan alguno en su poder, puesto que existe un mercado negro.
—Entonces la duda hasta el momento sigue siendo, ¿Por qué querían a la doctora Elvira a Alex y Anya? —cuestionó Aoba.
—Así es. Ahora miren el video obtenido del intento de secuestro.
Aoba y todos los demás observaron lo que ocurrió la noche de la boda de Lee y Elvira. De nuevo, Aoba quedo impresionado por la frialdad con la que, el que parecía ser el líder, asesino a la gente que había en uno de los autobuses y como casi mata a Dio cuando lo golpeo por sorpresa. Observó con atención cada detalle de la toma y al terminar todos se quedaron en silencio analizando lo que acababan de ver. Todos los ahí presentes exceptuando a Aoba habían presenciado en carne propia el ataque, verlo desde otra perspectiva parecía haberlos dejado conmocionados, como si no creyeran que eso les paso a ellos.
—No son los mismos —se escuchó a si mismo susurrar.
—¿Qué? —dijeron Dio, Lene, Alfried y Tarjim a la vez, los demás solo voltearon hacia donde se escuchó el susurro que había salido de la boca de Aoba.
—Que-que no son los mismos, se supone que son de Zogilia porque llevaban Beryl de la armada de esa nación ¿no? —vio que los demás asentían—, pero, yo luche contra ellos en la guerra al igual que casi todos aquí, tal vez ustedes no lo noten porque no lucharon contra ustedes mismos —dijo refiriéndose a sus antiguos enemigos, que en ese momento lo miraban sin comprender—, pero no son de Zogilia, ni son de la vieja Alianza. Sus movimientos, observen, recuerdo la forma de pelear de los de su nación —comentó mirando a Alfried—, aunque eran de unidades diferentes todos, al parecer, habían recibido el mismo tipo de entrenamiento. En cuanto a los de La Alianza, al acoplarme con Dio, este compartió sus conocimientos de combate por medio del enlace, es por ello por lo que reconozco como luchaban, yo mismo adopte esa manera de pilotar. Ellos —dijo refiriéndose a los rebeldes en el video—, no son de estas naciones, ninguno de ellos. O no fueron entrenados en estos lugares.
A su alrededor algunos lo miraban con la boca abierta, Dio y algunos otros lo miraban como analizando seriamente lo que acababa de decir, los demás no despegaron la mirada del video que seguía repitiéndose en la pantalla como buscando confirmar lo que Aoba acababa de mencionar.
—Ahora que lo dices, creo que podrías tener razón, el Beryl contra el que luche tenía movimientos de combate diferentes a los de la armada de Zogilia —dijo Dio, mirándolo serio—. Eso genera varias hipótesis: 1) En realidad no eran rebeldes de Zogilia; 2) Lo son, pero se entrenaron por si solos con valiancer robados y; 3) Lo son, pero los entrenó alguien que no forma parte ni de Zogilia ni de la vieja Alianza.
—Eran demasiado buenos como para haber entrenado por si solos —argumentó Lee.
—Tendremos que investigar más a fondo —dijo Alfried.
—Sí, analicen eso. Es lo que yo creo, estoy seguro de que no son de Zogilia ni de la vieja Alianza —aseguró Aoba.
—Bien, lo resolveremos, de ser así, surge una nueva pregunta, ¿quiénes son estos nuevos enemigos? Si no son parte de los rebeldes, su objetivo puede ser otro y a lo mejor estaban aprovechando la serie de ataques. Ahora surgen nuevas cuestiones alrededor de estos posibles nuevos enemigos. Y en cuanto a los rebeldes, suponiendo que Watase tiene razón, es posible que su objetivo es el que suponíamos desde un principio.
—Puede ser, no hay que descartar nada —dijo Lee —. Todo parece muy, muy sospechoso e incongruente.
—Bien, investigaremos todo lo que hemos averiguado, realizaremos otra junta en cuanto tenga los resultados, ahora, otra cosa...
De improvisto un soldado de la armada que Aoba no conocía entro a la sala de junta con prisa interrumpiendo lo que Alfried decía, tenía una expresión de suma preocupación en el rostro.
—Disculpe la interrupción, General, señor, pero… ocurrió otro ataque, un festival cerca del monte Fuji, en Fujinomiya, ha sido atacado por el bando rebelde de Zogilia, no tenemos más información hasta el momento, espere… me están llegando nuevos datos —Aoba vio como el rostro de aquel hombre se ponía cada vez más pálido conforme escuchaba la transmisión que estaba recibiendo en sus auriculares—, no-no puede ser, ¡señor, en este momento están ocurriendo una serie de explosiones en un centro comercial en la antigua capital de Rodina Union en Zogilia!, al parecer son-son los de la vieja Alianza.
—¡¿Qué?!
De inmediato todos salieron corriendo hacia el centro de comando de la base. Aoba los seguía preguntándose porque habían atacado, los dos bandos, con diferencia de solo unos minutos. Algo estaba pasando, al parecer las cosas se estaban saliendo de control, eso ya no cuadraba con lo que habían estado haciendo anteriormente. El llegar al centro de mando, pudieron ver en una media docena de enormes pantallas ubicadas en fila al frente de la habitación lo que estaba pasando tanto en Japón como en Zogilia, imágenes en vivo de la destrucción de esos lugares. Equipos de ayuda trataban de apagar las llamas que seguían consumiendo los escombros del centro de compras, en el monte Fuji, en cambio, equipos de bomberos trataban de que el fuego no se propagara por el bosque. Los reporteros hasta el momento decían que no había habido sobrevivientes. Aoba miraba a través de las pantallas como a cada una de las escenas llegaban equipos con unidades valiancer para ayudar, todo era un caos en esos lugares.
Para el final de aquel día el General Alfried ya se había retirado para informar a los demás Generales y líderes de la armada sobre los nuevos acontecimientos, como siempre, no se habían encontrado pistas en las escenas, aunque los investigadores y forenses de ambos países seguían en las escenas tratando de encontrar algo, el fuego ya se había extinguido desde hacía horas. Al equipo del Cygnus les dijeron que no podían hacer nada por el momento, que dejaran todo lo sucedido en manos de los analistas, que mientras no tuvieran otra pista, no podrían mandarlos a otra misión de búsqueda. Dio le dijo Aoba que desde hacía como un mes, después de su última misión en mayo ya no habían vuelto a darles órdenes. También le dijo que la IOP había mandado a las agencias de seguridad de todas las naciones para que se organizaran en conjunto, con efectivos especiales en todos lados para buscar información, espiar y analizar cualquier posible indicio, que al parecer su objetivo es solo la infiltración. Le dijo también que los Generales de armada de todos los países habían nombrado a un líder y que este muy pronto seria contactado por la IOP para organizar, de manera oficial, una ofensiva.
Aoba había pensado que eso se había hecho desde un principio, pero al parecer la supuesta cooperación era solo eso, una simple cooperación, pues solo estaban compartiendo información y actuando cada país por su cuenta ocupándose de sus problemas durante los ataques. Por lo visto eso no estaba funcionando pues tener a gente de otro país aportando cierta información no significaba que estaban trabajando completamente en conjunto si seguían ordenes por separado. A Aoba no le agradaba Alfried Gallant, pero, si era sincero consigo mismo, lo prefería a él dentro de los nuevos líderes a cualquier otro de Zogilia que no conocía.
Llegada la noche todos se sentían cansados emocionalmente más que otra cosa, la falta de pistas, la cantidad de muertos –56 en Japón y 123 en Zogilia, de los cuales la mitad habían sido menores de edad– tenia a todos conmocionados y sumamente preocupados, los nervios de todos estaban siendo puestos a prueba y Aoba por primera vez sintió terror de lo que estaba pasando, pues la impotencia de no poder hacer nada dominaba a todas las demás emociones, combinándose con cada una de ellas, consumiéndolo.
—Sera mejor que vallan a descansar, mañana continuaremos con la investigación —dijo Lene a todos sus amigos.
Nadie dijo nada ni hubo protestas al respecto pues Lene tenía razón. Por ahora ya no podían hacer nada y si no estaban descansados de nada servirían para continuar las indagaciones. Antes de irse a casa de Fromm, Aoba vio a lo lejos a la doctora Elvira hablando con unos oficiales, le dijo a Fromm que se adelantara y espero a que terminara su charla. Elvira, después de su intento de secuestro, junto a los gemelos decidió posponer su viaje de bodas y enfocarse en un proyecto que estaban desarrollando, por supuesto que no le habían querido decir de qué se trataba, pero sabía que tenía que ver con el Sistema de Acoplamiento pues a eso se dedicaban los tres investigadores.
—Disculpe, doctora Elvira… —llamó Aoba.
—Oh, Aoba, que gusto verte, ¿sucede algo?
—Sí, bueno, quería saber si puedo pilotar un valiancer de acoplamiento de nuevo, con lo que está pasando quiero estar preparado.
—Entiendo, ven a las instalaciones del laboratorio aquí en la base mañana a primera hora, te realizare unas pruebas para ver lo de tu onda de énfasis. —Después de decir eso pareció que a la mente de la doctora Elvira acababa de llegar una idea—. ¿Has hablado con Dio sobre acoplarse?
—¿Eh?, No… —dijo un poco desconcertado por la pregunta.
—Habla con él y dile que también venga mañana contigo, por favor.
—De acuerdo —contestó con duda.
—Bien, me tengo que ir, nos vemos mañana Aoba.
—Hasta mañana.
Aoba observo como la investigadora se adentraba en el centro de mando de la base preguntándose que había cruzado por la mente de la doctora Elvira, de pronto recordó que su onda de énfasis distorsionaba la onda de los demás, si quería que Dio estuviera presente, "¿acaso eso quería decir que…?", pensó y de inmediato salió corriendo para decirle a Fromm que tenían que ir a ver a Dio cuanto antes. De camino al estacionamiento de la base alcanzo a un grupo de soldados, que iban comentado algo sobre un robo de nectoribium en uno de los almacenes más pequeños en la nación de Zogilia.
«Hace un momento me hablo mi hermano para preguntarme como estaba y si había sido enviado al lugar del ataque en el monte Fuji», decía uno de ellos. «Pero le he dicho que no, que eso no nos corresponde a nosotros, luego me ha mencionado que no podrá venir porque están ocupados tratando de encontrar a los responsables de ese robo, el cree que son solo un grupo de traficantes o algo así».
«Yo creo que deberían darle prioridad a lo de los ataques y reunir a tantos como puedan para atrapar a esos malditos», contestó otro de los hombres que iba en el grupo.
«Eso mismo le dije, pero su jefe no piensa lo mismo, de cualquier forma, dice que no hay pistas así que cree que todo terminara como un caso archivado».
«Bueno espero que llegue para antes de la inauguración de ese nuevo bar en el centro, mi primo es empleado y dice que mucha gente importante está invitada…»
Aoba dejo de escucharlos porque se desviaron de su camino, pensó que con todo lo que estaba ocurriendo a él no le entraban ánimos para irse de fiesta a un bar o algo por el estilo. Al parecer, los ciudadanos después de salir de una guerra lo único que querían era la vida normal que por mucho tiempo no pudieron tener, y el hecho de los ataques no suponía impedimento alguno para llevar eso a cabo. A lo lejos pudo ver a Fromm que le hacía señas con su mano para que se diera prisa, así que olvidándose de lo que acababa de escuchar, se dirigió hacia su amigo a paso rápido pues ya era tarde y aún tenía que ir con Dio.
Continuara.
.
Veamos el siguiente capitulo.
