¡Buenas tardes!

Pues lo prometido es deuda (Dije en el One-shot que suví de Que no se rompa el amor que subiría esta semana y voilá) y como me gusta cumplir mis promesas, les traigo ante ustedes el séptimo capítulo de ésta historia. Primeramente, lamento la tardanza... la semana pasada la tuve muy complicada, demasiado... y ésta ya es mas relax, así que a darle :D Ya saben que Angela corrige mis pasadas de dedo y algnas fallas técnicas; así que es trabajo de equipo este visne. ¡Te quiero mucho!

Advertencias: Ligero Angst... drama, cursilerías y romance.

Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke pertenecen al buen Tadatoshi Fujimaki y Angela y yo los pedimos prestados para traerles la continuación de ésta historia.


Capítulo 7

Desgarre al corazón

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Kagami tenía cuatro semanas de haber vuelto a Tokio y en ningún momento había logrado encontrarse con Kuroko. Realmente le dolía mucho no ver esa mata celeste que bailaba con cada salto a la canasta; o que decir de esa mirada imperturbable, pero que brillaba con intensidad cuando le regalaban un batido de vainilla; o de esa diminuta sonrisa que se formaba cada vez que jugaba con Nigou; o del semblante tan tranquilo que tomaba su cuerpo cuando dormía en alguna clase.

Eso y más extrañaba el pelirrojo quien se encontraba confinado en su residencia. Antes, todo el día estaba encerrado en su departamento, pero desde que le quitaron el vendaje de sus piernas, salía esporádicamente a las sesiones de rehabilitación temprana que formaban parte de su rutina cuatro veces a la semana; pero de ahí en más simplemente se dedicaba a ver desde su ventana el gran ocaso.

Se escuchó el sonido del timbre de su departamento y volteó pesándole. Odiaba mucho depender de alguien y como era inicio de semana, en ese momento Himuro no estaba puesto se había ido a Yosen a una recuperación de clases. Como pudo, se sentó dentro de su silla de ruedas y la trataba de maniobrar hasta la puerta de la entrada.

-Aguarde un minuto… por favor – gritó con impotencia al no saber mover bien las ruedas.

Odiaba sentirse así de inútil.

Al llegar hasta el umbral se detuvo lo suficiente como para que el gran pedazo de madera pudiese abrir y puso una sonrisa… lo último que quería hacer, era preocupar a las personas que lo iban a visitar. Sin embargo, del otro lado de la puerta no había nadie; sólo tirado había un ramo de flores de melocotón.

Las recogió y se asomó por el pasillo para ver si esta vez lograba ver al gracioso que se dedicaba a hacerle eso. El lugar, su piso, estaba desolado.

Suspiró pesadamente y se pasó dentro de su departamento nuevamente. En sus piernas, llevaba las flores rosas que se encontraban atadas con un gran moño rojo. Un poco cursi si se lo preguntaban; además, se encontraba cabreado debido a que no sabía quién era la persona que le dejaba últimamente esa clase de sorpresas frente a su puerta.

Al dejarlas rudamente en la mesa, se cayó de ellas un pequeño pedazo de papel que, seguramente, tenía escondida entre los tallos. Se dobló con un poco de dificultad, maldiciendo por su suerte para recogerla y observó un sobre de color amarillo; lo miró con el detenimiento requerido, intentando averiguar qué era eso sin siquiera abrirlo. Era la primera vez que las flores venían acompañadas de algo más peculiar. Abrió el sobre con máxima delicadeza para indagar un poco más sobre él; ahí, residía una nota…

"Quisiera platicar contigo, te recomiendo que vayas el sábado al parque de los Álamos a las seis de la tarde. Sé puntual por favor"

Se sintió ligeramente ofendido por la última oración, como si le conocieran que era ligeramente impuntual en sus citas. No había remitente, simplemente una ortografía que le parecía de lo más impecablemente posible y una redacción propia y formal para esta simple presentación. Observó las flores, deleitándose con el color tan extrañamente hermoso. Por lo regular, Tatsuya era el que se encargaba de poner esas flores en un jarrón con agua fría que llegaban sin falta cada dos días…

Pero algo en ésta le hizo poner una sonrisa… esa sonrisa.

-Taiga, ya estoy aquí. – escuchó la puerta abrirse y una conocida voz adentrarse.

-Tatsuya, llegas rápido ¿Qué sucedió? – Preguntó evidentemente preocupado el chico dueño del departamento. Ignoró las flores y fue hasta su encuentro con su hermano.

-Nada, simplemente me di de baja en el club de baloncesto. – Respondió quitado de la pena el pelinegro. En su nuca, sentía la mirada molesta de su amigo de la infancia y suspiró fastidiado. – Es molesto, no me veas de esa manera… - Himuro pasó de dejar las compras del supermercado a sentarse en un sillón bebiendo una lata de refresco.

-Cabrón, sabes la manera en la que reaccionaría y aun así lo hiciste… - masculló el pelirrojo. Como pudo, se acercó hasta dónde estaba el culpable de su mal humor y acomodó la silla de ruedas para poder impulsarse y sentarse junto a él, tirándole de la remera que traía hasta juntar sus rostros frente a frente. - ¿Por qué demonios lo hiciste? ¡Te dije que me encontraba bien, maldición!

-Escucha Taiga… - intentó refutar el otro, más el aura que rodeaba a su hermano le detuvo.

-Nada, ahora escúchame tú a mí, maldito. – La voz molesta de Kagami resonó con eco en el departamento, paralizando de miedo al otro - ¡Estoy enfermo de que me traten como un lisiado! – Eso era un reclamo evidentemente dolido - ¡Me encuentro perfectamente, no planeo suicidarme ni nada! Claro que me duele el hecho de abandonar algo que amaba… - Eso lo dijo en doble sentido, por Kuroko y el basquetbol - ¡Pero no es mi estilo deprimirme toda la vida y eso debes de saberlo tú, quien se supone me conoce mejor que nadie!

El chico de Yosen estaba pasmado por el discurso de su hermano. No quería que el otro se sintiera de esa manera, pero no podía evitar sentir que él lo necesitaba. Una lágrima surcó su mejilla, realmente intentaba desplazar a Taiga todos sus sentimientos que guardaba con dolor; realmente el que necesitaba compañía era él y no el ex As de Seirin.

El pelirrojo en cambió se alertó por el cambio tan repentino que tuvo Himuro. Se impactó por ver como el otro no hacía nada por intentar ocultar su llanto y sólo atinó a soltarlo con delicadeza, como si se fuese a romper.

-Lo siento. – susurró bajo el mayor haciendo que el otro abriera los ojos en sorpresa – Yo soy el que está mal… yo soy el que te necesita. – comentó abrazando al otro, enterrando su cabeza en el enorme pecho del incapacitado.

-Ah… después de todo, no me gusta deberle favores a nadie – respondió intentando burdamente rodear sus brazos sobre el cuerpo más pequeño que el suyo. No le gustaba dar demostraciones de afecto, eso solo había sido un privilegio que le había otorgado exclusivamente a Kuroko, pero su amigo lo necesitaba. Todas las veces que él se encontraba desesperado las primeras semanas por 'sentirse inútil' Tatsuya fue el que siempre estuvo presente, otorgándole ánimo, compañía y paciencia.

Por él, podía ser un poco tierno si se lo proponía.

-Taiga… me asfixiarás si no me sueltas – trató de decir Himuro para deshacer ese abrazo que sentía lo tragaría y el otro simplemente le obedeció. Se separó completamente para secarse su rostro intentando quitarse los residuos de lágrimas y mostrar una de sus mejores sonrisas. - ¿No quieres comer algo? ¡Muero por preparar Curry!

-Creo que Curry estará bien – confirmó el pelirrojo con una de sus amplias muecas de felicidad donde relucía sus dientes blancos.

El pelinegro se levantó y caminó descalzó hasta las compras de la mesa para sacar los ingredientes, estaba muy entusiasmado en la compañía del otro… hasta que reparó en el ramo que se posaba ahí, presumiéndose simplemente ante sus ojos haciendo que detuviera sus acciones.

-Es el quinto ramo que te llega ¿no? – inquirió tomándolas entre sus manos y mirando la nuca de su hermano.

-En realidad el séptimo. – Contestó estirando sus piernas con ayuda de sus brazos en el sillón. -¿Podrías ponerlas en un jarrón? Se me olvidó hacerlo…

-Y viene con una nota ¿ya la leíste? – Escuchó como soltaba un bufido de afirmación. Leyó rápidamente las letras y la redacción tan formal. Sólo había una persona que podía hacerlo…

-¿Me acompañarías a ver quién es? – Preguntó el pelirrojo irrumpiendo los pensamientos del pelinegro. Dobló su cabeza para hacer contacto con los ónix que aún observaban las flores - No quiero que me secuestren…

-¿Quién querría secuestrar a un malhumorado como tú? – La sonrisa socarrona de Kagami lo hizo soltar una carcajada. – Está bien, no quiero que se roben a mi adorado hermano menor. – Caminó hasta sacar un jarrón de una cómoda, fue a la cocina y lo llenó hasta la mitad de agua, regresó para acomodar el ramo y ponerlo como centro de mesa.- Por cierto Taiga ¿Sabes lo que significan éstas flores?

-¿Tienen algún significado que me deba preocupar? – Su cara se contrajo en un leve pánico. Era tonto de nacimiento. - ¿Algo como 'Te mataré'?

-No de algo que debas preocuparte.- La cara de Tatsuya se tornó seria – Me voy a preparar la comida, ponte cómodo. Te aviso cuando este lista – Dijo finalizando la plática para marcharse a la cocina. A veces se preguntaba ¿cómo sobreviviría su hermano al mundo real cuando fuera mayor si no dejaba de ser tan malditamente inocente?

Himuro comenzó a cortar los vegetales con algo de fuerza ¿Por qué aún quería hacerle daño a su hermano? Desde que regresaron a Tokio, Kagami nunca había tocado el tema de la última visita de Kuroko al hospital. El creyó que podían hacer las paces, pero al regresar y ver a Taiga con la mirada perdida, se sintió muy mal por permitir que el peliceleste hablara con él.

Puso a hervir el arroz. Y, sin embargo, seguía ahí, insistiendo ahora de manera anónima. Seguía cortando vegetales. Incluso, ésta vez se atrevió a dejar un recado junto a su regalo del día.

Cuando terminó de hacer la salsa y la puso a calentar, miró por el arco las flores que reposaban grácilmente en la mesa y luego su mirada se fue a la mata carmesí de su hermano. Taiga era tan inocente o tonto algunas veces…

Menos mal que no sabía que esas flores significaban "Soy tu esclavo".

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Aomine llegaba a su casa del intenso campamento de concentración que se extendió dos semanas más. Se tiró en su cama, aspirando el aroma a limpio que emanaban sus sábanas, probablemente su mamá tenía algo que ver. No tenía ánimo para deshacer su maleta o quitarse el uniforme de la escuela.

En realidad, no le importaba nada en ese momento. No le importaba la maldita incomunicación que los obligaron a tener en aquella lejana montaña, lejos de toda civilización; no le importaba que los levantaran desde las seis de la mañana a entrenar y los dejaran descansar moribundos al atardecer; ni siquiera le importó tener a la fastidiosa de su amiga de la infancia amenazándolo con no permitirle jugar hasta que subiera sus calificaciones.

Lo que realmente le molesto e irritó fue no poder besar en semanas a su adorado y pequeño novio Kuroko. Le cabreaba no haber podido despedirse apropiadamente de él ya que toda la organización y la salida fue de improvisto y Tetsuya en ese momento estaba en su propia concentración. Solamente pudo avisarle en un correo que tendría que salir y no volvería en un rato.

Aunque todavía toda la situación que le había sucedido a Kagami le crispaba los nervios. No se veía él sin hacer lo que tanto amaba; jugar básquetbol para él conllevaba más que respirar… sentir la adrenalina y el balón entre sus manos le daba esa libertad que tanto ansiaba tener.

Le daba pena, pero no por eso cedería tan fácilmente al doncel. El peliceleste había tomado una decisión, y esa era estar con él; lo había elegido a él. Que si bien fue demasiado crudo al terminar con el pelirrojo e inmediatamente después irle a confesar sus sentimientos, estaba seguro que Kuroko le quería y él lo quería, ambos se querían ¿Tenía algo de malo darle rienda suelta al amor?

Algo que le extrañaba era revisar su celular y no encontrar ningún mensaje o correo por parte de su novio. Estaba de acuerdo que el chico no era de estar como lapa o de cariñoso, mucho menos por mensajes… pero le molestaba que no le dedicara solo un minuto para enviarle algo. Quizá lo que tenía era que estaba enojado porque él no haya regresado cuando se lo prometió.

Pero también estaba ese extraño mensaje antes de partir al campamento…

"Aomine-kun, te deseo mucho éxito en tu concentración. Cuando regreses necesito hablar urgentemente contigo. Trata de no hacer enfadar mucho a Momoi-san y obedece lo que dicen tus senpais."

¿Ni siquiera un te quiero? Un 'te extrañaré' no le hubiese matado por escribirlo. Puso su antebrazo sobre sus ojos y suspiró profundamente. Ese mensaje tenía algo raro… el doncel en sí estaba extraño. Incluso antes de separarse ese breve tiempo, en los últimos momentos que compartieron juntos, existía en torno al ambiente que los envolvía una singular sensación de distancia… muy similar a un vacío.

Su celular vibró y lo hizo reaccionar por el incesante timbre, había vuelto a olvidar ponerlo en silencio. Lo tomó entre sus grandes manos, lo abrió y sus ojos se sorprendieron al ver el remitente. Dicen habla del diablo y se te aparecerá…

"Espero hayas llegado con bien, Aomine-kun. Me encontré con Momoi-san y me dijo que ya estaban de vuelta. Espero no tengas algún inconveniente en que nos veamos a la entrada de Teiko el sábado al mediodía."

Aunque el mensaje en si era algo seco, una sonrisa escapó de su boca indicando una felicidad genuina. Al menos podría ver a su novio muy pronto…

Esperaba ansiosamente la llegada del sábado.

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Kuroko se encontraba bastante nervioso. Tuvo que regular muchísimo sus impulsos de buscar a Kagami para pedirle perdón, confesarle que lo amaba más que nadie y que lucharía por recuperarlo; pero hizo gala de su estoicismo para evadir preguntas incómodas y sentimientos vagos. Su rostro inexpresivo daba a entender que se encontraba relajado.

Sin embargo, todo el tiempo se encontraba reflexionando y con su mente hecha un caos ¿Cómo hablar con Daiki? El moreno era un chico explosivo, muy probablemente se cabrearía por no buscarlo o mandarle mensajes, muy seguramente dejaría de hablarle y le odiaría de por vida por hacerle esa vileza de dejarlo por su ex novio… pero ya hizo lo mismo antes; botó a Taiga lejos para irse con él. Pero no quería seguirse mintiendo a sí mismo: amaba al pelirrojo y de eso ya estaba seguro. No podía fingir demencia y seguir con él… no se lo perdonaría, nunca.

Estaba seguro que después de eso, lo echaría de su vida para siempre. Aomine haría de cuenta que la luz y sombra de Teiko no existieron jamás.

Era quizá lo menos que merecía.

Las grandes puertas de fierro se encontraban cerradas. Pasaban sólo cinco minutos de la hora que había quedado con Aomine y ya estaba un poco desesperado. Aún no sabía cómo iba a decirle ¿Debía ir directo al grano o llevarlo poco a poco? Una muy difícil decisión…

-Yo, Tetsu.

Y bien, la llegada inesperada del susodicho al que le rompería el corazón, no hizo otra cosa que confundirlo más de lo que ya estaba.

-Aomine-kun, buenas tardes. – dijo haciendo una leve reverencia, el chico iba con unos vaqueros y una playera simple. Muy normal. - ¿Cómo te fue en la concentración?

-Tch, no me recuerdes ese lugar del que acabo de volver. – Contestó levemente ofendido ¿No había besos? Bien, al parecer debía nuevamente ser él la persona que inicia los saludos; de esa manera, se acercó peligrosamente al peliceleste, siendo éste quien lo evadiera poniendo su mejilla. Suspiró frustrado, depositó un suave beso en el lugar próximo y volvió a ponerse recto. – Y bien ¿A dónde iremos a nuestra cita?

-¿Cita? – Inquirió realmente asombrado el doncel ¿Daiki realmente creía que esa reunión era para salir en plan de novios?

-No me vengas con eso, maldición. – Al parecer, realmente estaba pasando algo raro. Decidió ignorar aquel presentimiento dentro de él y fijó sus orbes azul eléctrico en el otro. – Es normal que si no nos vimos en un rato, vayamos a recuperar el tiempo perdido de algunas otras formas.

Aomine acorraló con su enorme cuerpo al pequeño de Kuroko contra la reja. Dobló su cabeza de un lado a otro para ver que en ese momento estaban solos y restregó su pelvis descaradamente contra el abdomen del peliceleste. Sólo pudo observar un leve sonrojo y unas cejas dobladas antes de que una palma lo alejase completamente de su pareja. Esa palma era la de su novio. Decidió ignorar aquello.

-Recuerda que te dije que quería hablar contigo, Aomine-kun. – Susurró un poco agitado por el acto descarado que realizó Daiki contra su cuerpo. Sobre todo porque él iba a ese lugar para terminar su relación con él… no terminar en su cama con él.

-Bien, lo haremos a tu manera. – Ahora debía encontrar una forma de calmar ese apetito sexual que le surgió al ver los labios Tetsuya. – Vamos al parque de diversiones. Desde que comenzamos a andar no hemos ido y sé que te gusta mucho.

Sin esperar alguna respuesta, el moreno haló al doncel de su mano y echo caminata hasta la estación del metro próxima donde tomarían el tren que los llevaría al parque. En realidad, le molestaban ese tipo de lugares, pero bien sabía que el cuerpo pequeño que venía atrás de él, ansiaba ir. O al menos eso le comentó en una de las primeras platicas que tuvieron en un inició de su relación.

Kuroko por otra parte, se encontraba en ligero shock por la descarga de emociones que se dirigieron contra él. Cuando reaccionó y quiso replicar, su mirada azul se encontró con la amplia espalda del moreno. En ese momento, muchos recuerdos se dejaron venir en picada contra su presente.

La primera vez que se vieron en Teiko; su creciente amistad a partir de su interés en común por el básquetbol; la mancuerna de equipo que hacían para la Generación milagrosa; la época de gloria que compartió con Daiki y los demás por los tres campeonatos ganados consecutivos; luego de ello, la inminente ruptura de su círculo amistoso; la graduación de secundaria.

Luego su vida dio un giro de ciento ochenta grados al conocer a Kagami y a todo Seirin; después, el eventual suceso de su noviazgo con el pelirrojo y para finalizar, el lazo roto con Taiga y su relación.

Por Aomine, le daría la última tarde de su vida como pareja. Le daría la última vez de disfrutar un paseo como novios… y también se daría, a él mismo, la última oportunidad de contemplar la sonrisa que lo tuvo enamorado su secundaria.

Daiki por su parte, simplemente se dejaba llevar cuando de Tetsuya se trataba. No había pensado mucho en todo el viaje de metro y autobús que hicieron hasta llegar a su destino. Pero le dolía mucho ver esa discreta sonrisa que se colaba en los labios de su novio; esa sonrisa era como una despedida, era como una promesa de terminar pronto.

Sacudió su cabeza alejando esas ideas de él. Eran pensamientos paranoicos. Disfrutaría de esa salida con su novio. Compensaría el tiempo lejos de él dándole la mejor cita de su vida. Volteó a ver como el pequeño cuerpo dormitaba y fue ahí cuando apenas se percató de las ojeras que tenía su Kuroko ¿Por qué en un primer momento no notó eso? Divisó a lo lejos la gran rueda de la fortuna. Era el momento de bajar.

-Tetsu. – movió ligeramente al doncel para despertarlo de su estado medio dormido.

Y con eso, bajaron del medio de transporte y se encaminaron a la entrada. Aomine pagó por los boletos de entrada y se internaron en el amplio lugar. Lo primero que disfrutaron, fue la montaña rusa de donde el doncel salió muy mareado; luego, fue arrastrado hasta la casa de los sustos y Daiki esta vez fue el que salió aterrado, amenazando a Kuroko para que no comentara lo que había pasado.

Después fueron a comer unos algodones de azúcar y crepas saladas. Caminaban, se reían, paseaban por el lugar visitando muchos juegos y actividades recreativas. Se tomaron unas fotos para recordar el momento, realizando el As de Tôô caras graciosas que contrastaban con la cara imperturbable del peliceleste; y el moreno quería besarlo en repetidas ocasiones, siendo evadido por el último.

Kuroko rechazaba cualquier contacto que fuera más allá de tomarse la mano o abrazarse. Quería disfrutar como amigos esa salida, no quería que el otro malinterpretara lo que haría al finalizarla.

Se acercaba el momento.

Cerca de las cinco de la tarde, Daiki y el doncel salieron del lugar y fue su turno de halar al varón, pero éste tenía otros planes y lo llevó hasta el lugar donde solían entrenar antes de su separación cada día. Aomine quería reafirmarle sus sentimientos ¿Qué mejor que el lugar dónde el doncel se le había declarado para hacerlo?

-Aomine-kun ¿Qué hacemos aquí? – Preguntó Tetsuya reconociendo rápidamente el lugar. Casi podía ver el recuerdo de la última vez que practicaron Kagami y él juntos. Las siluetas saltando y la despampanante sonrisa que ponía el pelirrojo al jugar. Se perdía en sus memorias, la nostalgia lo invadió y olvidó que quien estaba ahí era su aun novio.

-Estamos aquí porque quiero renovar mis votos.- Dijo poniéndose frente al peliceleste y mirarlo a los ojos… ese par de cielos que se veían cada vez más lejanos. – Quiero decirte que soy un idiota por naturaleza, soy salvaje y me gusta ser instintivo, por eso quiero que pasemos al siguiente nivel lo más pronto… - hablaba mientras el otro le rehuía a sus ojos – pero te voy a esperar, simplemente porque te amo y quiero que seamos felices juntos siempre Tetsu…

Kuroko se quedó sin habla, ahora las cosas se ponían más complicadas ¿Qué era lo que había hecho para estar en esa situación tan incómoda?

-Aomine-kun yo… - las palabras se quedaban atoradas en su garganta, no quería herir a su novio, pero eso no tenía punto de retorno. Había tomado una decisión y la iba a respetar; no se podía estar con alguien por simple lástima, al menos eso no lo haría él. – Yo quiero que terminemos, Aomine-kun.

La suave brisa meció las hojas de los árboles, marcando un extraño cántico que sonaba como fondo ante aquella situación tan extraña. Había escuchado mal… ¿Cierto? ¿Cómo puede ser que él se haya declarado y lo botaran de esa manera? ¡Y su novio! ¿Qué demonios pasaba ahí?

-¿Qué demonios dices? – Bien, no era el modo más apto para preguntar, pero estaba consternado por la respuesta.

-Aomine-kun, yo quiero que terminemos. – Decía calmado por fuera, pero aterrado por dentro. La cara que puso Daiki era de miedo.

-¡¿Y qué mierdas te hace creer que aceptaré eso?! – Bramó bastante enojado el moreno tomando por los hombros al más bajito y sacudiéndolo. - ¡Me estoy declarando, maldición! ¿Y tú me rechazas? ¡Eres mi novio!

-Ya no puedo corresponder esos sentimientos. – La voz monótona del doncel le crispaba los nervios al más alto. Kuroko se escuchaba decidido. – Éste tiempo que estuvimos separados… no, incluso antes de ello… - Seguía diciendo, rehuyendo la mirada dolida y furiosa del As de Tôô – Me di cuenta que no te amo. Te amé, mucho cuando íbamos a Teiko, pero eso es tiempo pasado…

-Es por el idiota de Kagami. – No era una pregunta, era una absoluta afirmación que terminó por colmar la paciencia de Aomine cuando vislumbró el claro sonrojo por parte del chico de Seirin. - ¡Maldita sea, lo voy a matar! – No se escuchaba a una amenaza… era una total verdad.

-¡No, Aomine-kun! – Atrapó el brazo del varón fuertemente. Protegería a Taiga a cualquier costo. – No lo hagas, por favor. – musitó bajo afianzando su agarre.

-…- Daiki mantenía su mirada fija en el horizonte. Presentía que iba a llorar en cualquier momento. Sus entrañas se revolvían angustiosas y un ligero tic en la ceja le indicaba que su rostro se cansó de mantener ese semblante rígido. - ¿Qué me darás a cambio para no hacerlo?

-¿Eh?

Y el cuerpo de Kuroko fue salvajemente empotrado contra un árbol. Aomine alzó del trasero al doncel y puso esta parte a la altura de su pelvis. Simulaba ligeras embestidas con un movimiento rítmico. El moreno, pasó de contemplar los labios a besarlos con bestialidad. Ese no era una suave caricia, era un contacto posesivo, demandante y sin medir fuerza. Con sus dientes, mordió el labio inferior, poco más y lo desgarraba, puesto un hilillo de sangre salió de aquella ruda acción.

Kuroko quería llorar y en cualquier momento comenzaría a hacerlo. Ese no era el Aomine que le decía que lo amaba; ese no era el hombre de quien estuvo enamorado; no sabía quién era aquella persona que lo tenía firmemente acorralado contra el tronco de ese amplio árbol. Abrió sus ojos para encontrarse con un par de iris vacías, carentes de emociones… le dolió mucho verlo de esa manera.

-¿Me entregarías tu virginidad y tu cuerpo todos los días de tu vida a cambio de dejar vivir a Kagami?

El cuestionamiento resonó en los tímpanos del peliceleste. Trató de inspeccionar los orbes azules que se posaban frente a su rostro -sólo escasos centímetros los dividían- para ver que podía encontrar ahí… nada; dentro de ellos había una furia desatada, peor que la de un huracán tocando tierra. En ese momento, Daiki era capaz de matar a cualquiera que quisiera.

-Responde. – Agitó el pequeño cuerpo que tenía entre sus brazos y lo presionó aún más, quitándole el último aliento. - ¿Lo harías?

-Si… - fue la respuesta de Tetsuya. Se abrazó al moreno lo más que pudo, acercando descaradamente su cuello a la boca de Aomine, entregándoselo en bandeja de plata. – Puedes hacer conmigo lo que quieras… - bajó su boca a la del otro y propinó un casto beso en los labios. – pero no le hagas daño a Kagami-kun, por favor.

Los ojos del As de Tôô se abrieron desmesuradamente al contemplar aquello: por primera vez en todo el tiempo que conocía a Kuroko, éste derramaba lágrimas. Finas gotas de tristeza y resignación salían de sus ojos azules y corrían como ríos por sus pómulos. Ver aquellas iris derramarse, era como ver el cielo despejado mientras llovía sin nubes que lo cubriesen. Era como una alucinación que terminó por romper el corazón del moreno.

-Tch… - sin decir otra palabra, soltó el cuerpo carente de energías. Cayó de solapas al pasto y Kuroko alzaba la mirada sorprendido. – No me conformaré con las sobras de tu amor. – Dijo para rascarse la cabeza y mirar el temblor del que era preso el cuerpo del doncel. - ¡Tú y Kagami pueden irse mucho a la mierda!

Y con esto, Aomine se marchó dejando al fantasma de Seirin confundido y empapado en llanto en el parque. Cruzó la calle y fue cuando sintió como dentro se quebraba un pedazo de él. Le carcomía el corazón ver como todo se destruyó, luego, echó una risa loca porque se percató que no se podía destruir algo que no existía.

Y después, ver la mirada que puso al final le causaba nostalgia. Esa mirada pertenecía al Kuroko que compartió su escuela con él; esa mirada era de aquel chico menudo y de porte fantasmagórico, inseguro y débil que era el peliceleste en Teiko; no del joven que asistía a Seirin, no de aquel que le había derrotado con su nueva luz, no de aquel quien sonreía al practicar con el pelirrojo. Si, él se había dado cuenta como la mirada de Tetsuya cambiaba si se refería a él o a Taiga.

Aomine no se percató que un par de personas observaron parte del espectáculo que dieron.

Por otra parte, el doncel se quedó pasmado un rato en el lugar donde lo había dejado su ex novio. El aire secaba sus lágrimas y le refrescaba su cara. No podía decir que las cosas terminaron bien, pero al menos ya no se estaba mintiendo a sí mismo y fue feliz. Se levantó, dándose cuenta que era muy tarde para la reunión en la que había citado a Kagami ¿Pero cómo ir en esas ropas? Estaban desordenadas y se sentía sucio. Aun así decidió ir. El parque quedaba a una colonia y corrió lo más que le dieron las piernas; sentía que podía hablar con su amado con la frente en alto y la verdad por delante.

Llegó con cuarenta minutos de retraso al lugar y se sintió dichoso al ver que la otra persona no había llegado. Decidió comprarse un bote de agua para calmar su sed y se sentó en una de las bancas, admirando el bello paisaje que tenía ese parque en específico.

Pasó una hora rápidamente. Sí que el chico era muy impuntual. Una vena saltó en su sien.

Dos horas ¿Un accidente? ¿Emergencia?

Tres horas. Dieron las nueve y cuarenta y cinco de la noche. Sólo transitaban en el parque las personas que iban a hacer ejercicio y trotaban.

Siguió ahí un rato más… pero Kagami nunca llegó.

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Kuroko llegaba a Seirin decaído. Después de que Taiga lo dejase plantado como si nada se sintió levemente furioso y se fue a su casa. Ya bañado y descansando en su cama, recordó no haberle puesto remitente al último ramo y creyó que el pelirrojo no asistió por seguridad ¿Quién va a reunirse con alguien que no conoce? Si la gente normal duda, Kagami es precavido por dos. Era lógico que no lo hiciera.

Esa mañana se encontraba contento. Taiga volvía a la escuela ese día después de su incapacitación, entonces tendría oportunidad para platicar con él sobre todo y poner las cartas sobre la mesa. Desde el día que se dejaron de ver, ansiaba poder hablar con él sin tapujos. Después de cerrar su ciclo con Aomine esa plática podía darse sin sentirse mal o tener sentimientos aún encontrados.

Se sentó en su pupitre, observando el patio y el entrar y salir de los estudiantes. Sacó un pequeño libro y se dispuso a leerlo en lo que iniciaban las clases. Después de un rato, el profesor ingresaba al aula, siendo seguido por la honorable reverencia de un inicio y viendo con pesar que el pelirrojo aun no llegaba. Quizá se dio otro día más para recuperarse.

-Tengo un anuncio que hacer. – La voz del maestro irrumpió sus pensamientos y se dispuso a tomar atención. – Su compañero de salón, Kagami Taiga no volverá a incorporarse con nosotros como se había planeado para hoy. Kagami-kun regresó a los Estados Unidos para iniciar una terapia de Rehabilitación que le permita volver a caminar con normalidad.

Y justo en ese momento, Kuroko escuchó su alma desgarrarse por completo. A eso era a lo que se le llamaba karma.

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Continuará…

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¿Qué tal? ¡Yo sé que más de uno me quiere matar! Pero quiero decir en mi defensa, que ésta escena maquiavélica de hacer partir a Kagami fue idea exclusiva de Angela (Si preciosa, te arrastro conmigo a los jitomatazos)

Es triste que ya casi a punto de hablar con el pelirrojo, éste se tenga que ir... pobre Kuroko ¿Qué pasará? Por cierto, el próximo capítulo será un especial/extra/SpinOff de ésta serie con una parejita en especial... ¡Hagan sus apuestas!

Infinitas gracias a: RizelHolmes , AgathaxB y a Kona099 por sus maravillosos reviews ¡Son muy bellas personas en dejarnos esas bellas palabras! Claro que continuaremos éste fic hasta el final. También muchas gracias a los que van agregando a favoritos y por los follows.

Angela y yo les agradecemos que sigan la historia. Nos hacen muy felices a ambas :D No digo nuevamente cuando saldrá continuación, aunque espero que sea pronto...

Les mando muchos besos sabor a chocolate y Angela abrazos rompe huesos. ¡Lindo Septiembre~!

Angela y Cadiie.