¡Bienvenidos al capítulo número siete! Quiero darle muchísimas gracias a todos los que se tomaron la molestia de dejar sus comentarios acerca de la historia ¡No tienen idea de cuanto me alegran!

Este capítulo es especial. En primer lugar ¡Tiene un minúsculo cameo de nuestros héroes! Y en segundo lugar, una pequeña aparición de un OC de mi amiga Xocowilde (que por cierto escribe muy genial). ¡Disfruten de la entrada en escena de Ario!...

...y un poquito de angst adicional.

Espero nadie se ofenda por las frustraciones de Afrodita en este fanfic.

Saskia es mi OC, aparte de ella nada en este fanfic me pertenece excepto la historia.

Capitulo 7

Diri Diri So Kevjan?

"Ay, Diri Diri Diri, cómo puede ser?"


—¡Miau!—exclamó gata blanca.

Gato negro se puso en guardia, con un pedazo de sardina en la boca. Gata blanca tenía claras intenciones de robarle su comida, así que el gato tendió una pata intentando rasguñarla.

La mitad de su trozo de sardina cayó al piso por el movimiento y la gata se abalanzó sobre él. Dos gatos felices, con pedazos de sardina en la boca.

—¡Qué día tan asqueroso!

Afrodita no dejaba de pensar en lo desagradable y espantoso que iba a ser el día que venía, y peor: lo espantosa que sería la siguiente semana. Todo el santuario estaba emocionado como si fueran todos niños de cinco años, lo que sòlo empeoraba el humor del caballero.

Todo el mundo le parecía insoportable en ese momento. Desde gata blanca, que no dejaba de merodear desagradablemente cerca de Piscis, hasta Aioros, que parecía haber aumentado un mil por ciento su entusiasmo. Incluso Camus, de costumbre tan frío, lo sacaba de quicio en ese momento.

—Uy si, mi adorado discípulo vendrá al santuario, estoy tan feliz y tan emocionado…— gruñó Afrodita en una exagerada imitación, mientras terminaba de arreglar un arreglo floral puesto a propósito en el camino (Que con suerte podría accidentar a algún guardia para curar su frustración) —Estúpido Camus. Es un cubo de hielo para cualquier cosa, pero apenas se entera que Hyoga va a venir y se vuelve tan infantil como todos los demás.

Tenía razones de estar molesto: El santuario estaba por recibir en visita a esos jóvenes salvadores de la humanidad, aquellos ejemplos perfectos de virtud y valentía, esos caballeros de la esperanza... ¡Los caballeros de bronce!

De sólo pensar en verles las caras, Afrodita tuvo que reprimir impulsos de lanzar lejos su arreglo floral. Menos mal que Máscara no estaba cerca, ni Shura, pues ese mal humor y su causa seguro no lo entenderían. No entenderìan la frustración y la culpabilidad que le causaba recordar el pasado.

Y ver a los caballeros de bronce SIEMPRE le recordaba el pasado.

Si algo detestaba Afrodita de Piscis era ver (en la cara del caballero de Andrómeda especialmente) un recordatorio de haber actuado mal en el momento menos indicado. Era muy desagradable, pues Afrodita sabìa que había cumplido su ideal de seguir al más fuerte, de la forma que siempre lo hacía, pero nadie en el santuario lo comprendía así. Ni siquiera el muro de los lamentos había servido para lavar por completo sus faltas.

Le gustaba su vida ahora, sólo en el santuario, ocupándose de sus deberes tranquilamente… esta visita de los caballeros de bronce iba a forzar una mirada al pasado de parte de todos sus compañeros. Y en medio de las glorias recordadas, en cabeza de todos estarían las faltas del caballero.

—Y luego Shun de Andròmeda va a quedarse con su cara de inocente, y todo mundo se voltearà hacia mi pensando "¿Pero còmo pudo atacar a un alma tan pura?"…— murmurò, enojado, arrancando una flor fuera de su lugar con un poco más de fuerza de la necesaria. Frunció el ceño y elevó la mirada hacia el templo patriarcal —…alma pura, alma pura… ¡Y bien que se convirtió en Hades, el niño!

Encima de todo, a Shion se le había ocurrido que era una muy buena idea mandar llamar a Saskia para "asegurarse que Afrodita estuviese haciendo un buen trabajo". Afrodita estaba furioso: ¿Tan poca confianza le tenían?

Jamàs a Camus, ni a Marin, ni a Dohko… ¡Ni siquiera a Máscara! Les habían hecho un control como ese.

Se estremeció al pensar en todas las cosas desagradables que debía estar diciendo Saskia sobre él, y se preguntó qué sucederìa si Shion consideraba que Afrodita se estaba pasando. Si tenía suerte, todo se arreglaría con un sermón.

—Los de bronce, Saskia acusándome… y encima esa estúpida gata dando vueltas por mi casa. Ya comienza a arderme la nariz… dioses, debo de verme fatal.

Afrodita terminó su arreglo floral, lo acomodó en un sitio discreto donde seguro pasaría algún guardia (ya luego diría que intentaba probar su eficacia contra los enemigos), y se retiró a su templo, tratando de arreglarse el cabello. El dìa que seguía definitivamnte iba a ser horrible.

A ver si no ganaba 10 años en su pobre rostro.

Al día siguiente, Shura quería pasar a saludar a su amigo. Una intuición le decía que Afrodita no debía estar de muy buen humor (él mismo no se sentía completamente bien). Para su sorpresa, al llegar al templo no lo recibió el caballero, sino la futura amazona de Piscis.

Shura se sorprendió un poco al ver el aspecto de la chica.

Saskia traia su ropa de entrenamiento de siempre, con sus protecciones en brazos, piernas, pecho y hombros.. pero lo impresionante era su cabello. Afrodita había pasado probablemente horas haciéndole un arreglo floral de rosas negras, rojas y una blanca sobre la cabeza, atadas con su cabello y formando un tocado impresionante.

…y claro, probablemente muy peligroso.

—¿Qué tal, Saskia?— saludó el cabalero. —¿Se encuentra Afrodita?

—…está dormido, o eso creo— respondió Saskia, extrañada —Sólo se levantó, me puso todas las rosas en el cabello y luego se encerró en su cuarto.

—Vaya…— era lo que pensaba. Afrodita se había dejado llevar por su mal humor.

Saskia observó al caballero de capricornio con curiosidad.

—Shura, ¿Tiene idea de qué le ocurre? Le pregunté pero me respondió que no era de mi incumbencia. Estúpido gadjo.

Los fríos ojos del hombre se cerraron un momento, y después suspiró.

—Creo que hablaré con el. Estamos algo nerviosos él, Máscara y yo, es todo.

—¿Pero por qué?

—Hoy llegan los cinco héroes de este santuario… y digamos que eso nos trae malos recuerdos.

Shura se encogió de hombros, mientras pasaba al lado de la aprendiza (a unos prudentes centímetros de distancia) y caminó hacia la puerta de la habitación de Afrodita. Saskia no le despegó la mirada, pero no dijo nada pues no comprendía qué rayos podía estar ocurriendo.

…si visitan héroes… ¿No se supone que es algo bueno?

…y para esto… ¿Por qué héroes?

Saskia observó extrañada como Shura tocaba a la puerta tranquilamente, pero no recibió ninguna respuesta. Vio que Shura fruncía el ceño, e insistía. De pronto, Saskia tuvo un dejá-vu.

—…¿Sabe, Shura? Esto me recuerda cuando mi hermana Viviana iba a casarse pero no quería. Se encerró en su habitación por tres días completos.

Shura volteò hacia ella con expresión neutral.

—No deja de sorprenderme como siempre usas ejemplos femeninos para tu maestro.

Saskia se cruzó de brazos. —¿Es en serio? ¿Cómo puede sorprenderle? A mi me sorprendería lo contrario.

—Exacto, pero me sorprende la desfachatez con que lo dices, aun después de estar entrenando con él por casi seis meses.

Shura volteó de nuevo hacia la puerta, que seguía igual de cerrada. Volviò a tocar, volvió a insistir, pero Afrodita no abrìa.

—¿Por qué no destruye la puerta?

Shura negó con la cabeza.

—No es la idea, Saskia.

—Entonces no sé que decirle. Incluso prometí que no pondría mi música a alto volumen si se decidía a salir, pero no funcionó.

—En ese caso, creo que sólo queda una solución. Saskia, ve corriendo por Máscara de Muerte. Dile que lo necesito aquí de forma urgente.

Saskia inclinó un poco la cabeza hacia un lado.

—¿Cree que a él si le abrirá?

—No es lo mismo si yo se lo pido a que si él se lo pide.

Saskia se quedó en silencio, pero no se moviò de su lugar.

—…¿Qué pasa?

—¿Está completamente seguro de que los dos no son…?

—¡Saskia en lugar de decir tonterías trae al cangrejo aquí inmediatamente!

Y Saskia salió corriendo, pues el tono de voz de Shura la había asustado un poco. La bajada a cáncer resultó muy rápida pero bastante caótica, sobretodo porque al correr la gitana dejó algunas rosas tóxicas desperdigadas por los templos. A casi todos los caballeros los encontró arreglando cosas en las casas zodiacales y no prestó atención a los gritos de quienes querían regañarla por las rosas que dejaba a su paso.

Llegó a cáncer un poco después, muy cansada pues había corrido lo más rápido posible. Shura tenía tal modo de decir las cosas que esa orden le había sonado urgente. Como de vida o muerte.

—¡Máscara de Muerte de Cáncer!— gritó, con lo poco de aire que le quedaba, recargándose en una columna. Nadie respondió, y la gitana no tenía ganas de entrar a la casa, llena de esa extraña niebla y presencia fantasmagórica. Pero como Máscara no salía, por si acaso la gitana se hizo un gesto de protección contra el mal de ojo, y probó llamarlo otra vez.

—¡Máscara de Muerte de Cáncer! ¡Shura requiere su presencia en Piscis!

Silencio. Saskia tragò saliva.

—…¡Mi maestro està encerrado en su habitación! ¡Salga, por favor!

Esta vez, el ruido de pasos le indicó que Máscara se estaba acercando. Saskia sonrió bajo su máscara al ver que no necesitaría entrar a la casa.

—¡Ya voy, ya voy! ¡Madonna, lo que es molestar, de verdad!

Máscara de muerte salió de la casa abotonándose una camisa negra, le sonrió a Saskia y pasó a su lado directamente rumbo a Piscis. Saskia apenas si había recuperado el aliento, pero lo siguió.

—¿Y esas rosas? — preguntó burlonamente el caballero.

—Mi maestro dijo que era para que siguiera acostumbrándome a ellas.

—Pues el arreglo está hecho un desastre. Cuando lleguemos, mientras yo hablo con él por favor intenta repararlo y cuida de que quede bien.

Saskia asintió con la cabeza mucho màs extrañada. Máscara siempre se burlaba de los gustos estéticos de Afrodita, y nunca reprimía sus comentarios sobre lo ridículo que le parecía su preocupación por la belleza. Mientras subían, Saskia se dio cuenta de que sólo Máscara seguía vestido de civil.

Todos los caballeros dorados llevaban puestas sus armaduras y parecían haberse esmerado en que sus casas se vieran majestuosas.

Máscara de Muerte saludó a todos los caballeros que se encontraron, y cruzó muy rápidamente las casas. Aunque muchos expresaron sus disgustos por las rosas que Saskia había dejado tiradas, Máscara de Muerte sólo respondìa un "coméntenselo a Afrodita más tarde".

—¿Exactamente què le sucede a mi maestro?— preguntó Saskia mientras terminaban de cruzar por escorpio.

—…Bah, un disgusto. Sólo esta haciendo una rabieta como la nena adolescente que es.— respondió él, moviéndo la mano como si le restara importancia al asunto.

Saskia negó con la cabeza. Ya había decidido que no comprendía cómo funcionaba la relación entre Màscara y Afrodita.

"Probablemente sea porque los dos son tan raros que es imposible que se entiendan de forma normal…" pensó como conclusión.

Llegaron por fin a Piscis y Máscara entrò con total desfachatez hasta donde se encontraba Shura, cruzado de brazos y con la puerta cerrada. Saskia siguió al caballero de cáncer, que llegó extendiendo los brazos.

—¡Hey, Shura! ¿Tuto bene? ¿Cuál es el diagnóstico?

—Ni siquiera ha respondido mis llamados.

—Pff…— se acercó a la puerta y tocó tres veces. —¡Hey! ¡Rosa Mayor!

No hubo respuesta. Él insistió.

—…¡Rosa mayor! Vamos a charlar un poco, no te vas a dejar intimidar por unos niñatos con armaduras oxidadas ¿Oh si?

Otra vez, sin respuesta.

—¡Vamos, Dita!— volvió a tocar tres veces. Shura y Saskia observaron neutralmente la escena. —…Dita, deja de hacerte la diva y sal de ahì, ¿Quieres?

Justo cuando Saskia estaba por decir que no parecía funcionar, el ruido de la puerta abriéndose sólo un poco la hizo sobresaltarse. Máscara de Muerte sonrió, y antes de que Saskia viese siquiera si Afrodita estaba del otro lado, el caballero de cáncer entró a la habitación, y la puerta volvió a cerrarse.

Entonces, Piscis quedó en silencio.

—…siempre funciona.— hasta que Shura hablò, encogiéndose de hombros. Saskia tenía los ojos muy abiertos bajo su màscara, aun sin estar segura de qué rayos pensar sobre toda la escena. Shura, en cambio, despreocupadamente caminò hacia la salida a sorpresa de la mujer, que lo siguió con prisa.

—¡Hey! ¡Espere!

Afuera, el cielo se estaba nublando, dejando un desagradable tono gris a todo lo que los rodeaba. Saskia sintió como si el clima estuviese reflejando perfectamente la atmosfera que sentía entre sus conocidos.

—No te preocupes, el asunto ya està parcialmente resuelto.

—Pero… pero…— balbuceó Saskia —¿Pero y…?

—Sólo ten un poco de paciencia. Los caballeros de bronce llegaran casi a la noche y para entonces veras que tu maestro estará perfectamente bien.

—¿…Qué están…?

—Hablando cosas de ellos— el español le restó importancia, volteó hacia Saskia y la miró de pies a cabeza —Por favor, arregla esas rosas en tu cabello o a Afrodita le dará un ataque en cuanto salga.

—…¿Y sòlo dejarà esto así? ¿Shura… pero…?

—Deja de balbucear confusamente y arreglate, por favor. Afrodita y Máscara se entienden en su propia forma, a veces yo no entro en esa combinación—bajó la cabeza — De cualquier forma, yo también tengo varias cosas que pensar.

Ahora Saskia estaba muchísimo más confundida. Todos a su alrededor parecían estar ocultándole una tonelada de cosas.

—¡Shura!

Como si fuera planeado por los dioses, en cuanto Shura le dio la espalda comenzaron a caer pequeñas gotas de lluvia.

—Hoy veremos a los hombres que nos mataron por la justicia. Esa sensación no te la puedo explicar, y tampoco puedo contarte toda la historia: Eso le corresponde a Afrodita.

Saskia se quedó callada esta vez, mientras Shura de Capricornio bajaba las escaleras. Las gotas de lluvia se deslizaban por su armadura, igual que caian sobre las hombreras de Saskia. La gitana no se movió por unos segundos, tratando de comprender, pero al pensar que con demasiada agua el efecto en su cabello podría resultar mucho peor, entró corriendo a Piscis.

Con lo raros que estaban todos, sólo faltaría que le echaran la culpa si Afrodita volvía a molestarse.

Afrodita tardó casi una hora más en salir. Saskia se había encerrado en su pequeño baño, plantada frente al espejo, tratando de que el arreglo floral sobre su cabeza volviera a verse tan exquisito como Afrodita lo había puesto. Batalló mucho, pues definitivamente el caballero era mucho màs hábil para ese tipo de cosas que ella, hasta que finalmente las rosas en su cabello dejaron de verse desarregladas.

Con extremo cuidado volvió a poner la rosa blanca en el centro, aunque aun no era inmune a ella. Las rosas negras le dejaron lastimados los dedos, pero al menos no le arrancaron piel ni le sacaron mucha sangre. El aroma de las rosas rojas la tenía ligeramente mareada.

Saskia eligió los pendientes más grandes de su pequeña colección, y se arregló un mechón de cabello fuera de lugar, cuando escuchó la puerta abrirse. Casi se abalanzó al pasillo para ver a su maestro salir.

Desde luego, lo primero que vio fue a un sonriente Máscara de Muerte, sacando con una mano a Afrodita de Piscis, quien se veía extremadamente arreglado y con la armadura puesta, excepto el casco que llevaba en una mano. Estaba arreglando los mechones de cabello que caian elegantemente sobre su cara. Como la vez de la reunión.

—¿…maestro..?— preguntó la gitana.

Afrodita volteó y sus ojos la recorrieron, como buscando una falla. Su expresión volvía a ser tan altanera como de costumbre, cosa que enojó un poco a Saskia.

—Está bien. Para no haber estado yo, te ves suficientemente decente como para presentarte a los caballeros de bronce.

Ahora una venita se marcó en la frente de Saskia, bajo la máscara.

—¿¡Cómo se atreve!? ¡Encerrado por horas! ¡Yo estaba preocupada, y ahora sale como si nada y encima se permite criticarme! ¡Lo que no es tener vergüenza, de verdad!— eso último en romaní.

Afrodita se encogió de hombros, mientras Màscara comenzaba a reírse.

—¡Tú déjalo, Saskia! Igual Rosa mayor esta listo para recibir a esos héroes de nuestro glorioso santuario. Seguro que a Shun de Andrómeda se le bajan los humos.

A Saskia le parecía haber oído ese nombre antes. Suspiró: la llegada de esos caballeros le comenzaba a resultar muy fastidiosa. Justo cuando creía comprender cómo funcionaba el santuario, y cuando creía saber qué sucedía a su alrededor, llevaba un día completo sin entender NADA de lo que decían los demás.

—Me despido. No sé si es obligatorio o no usar armadura hoy, pero tampoco quiero desentonar tanto con mis queridos compañeros— dijo Máscara, antes de retirarse tranquilamente. Saskia lo observò alejarse. Afuera llovía con fuerza, pero a Máscara de Muerte no parecía preocuparle.

Saskia estuvo por preguntarle a Afrodita por qué lo dejaba irse sin siquiera agradecer, pero el caballero tomó la palabra antes.

—Bueno, Saskia. Tengo arreglos florales que colocar en mi casa. Se supone que es un día de fiesta— dijo Afrodita, como si nada hubiese pasado, mientras caminaba hacia su jardín, en la salida de Piscis.

—¿No debería usar de las rosas normales que tiene en su otro jardín?— preguntò Saskia, siguiéndolo, señalando la dirección del otro jardín.

—Una o dos rosas venenosas no hacen daño a nadie. Dudo que alguien llore si Seiya se marea al pasar por aquí.

Saskia suspiró. Otro nombre más a la lista de "Nombres de gente que Saskia no conoce pues llegó después de lo que sea que esos locos hayan hecho en el santuario"

—Seiya, Shun de Andro… Andro… lo que sea… ¿Quiénes son todos ellos?

—No tiene punto que te explique, los conocerás hoy... y a la señorita Saori.

—¿Quién es la señorita Saori?

—La reencarnación de Athena.

Saskia detuvo su marcha, abrió los ojos como platos bajo su máscara, y casi se desmaya de la impresión.

—¡¿Qué?! ¿Por qué no me lo dijo antes?

—No lo creí necesario, creí que lo sabías.

—¡Pero… no lo sabía! ¡¿Voy a estar frente a una diosa?!

Luego de varias explicaciones, un montón de preparativos y arreglos más, y sobretodo una larguísima lista de indicaciones de Afrodita a Saskia para asegurarse que la gitana se mantendría educada frente a los jóvenes héroes del santuario (y la diosa).

Sólo cinco minutos, se repetía mentalmente Afrodita mientras veía que el reloj marcaba el avance de la noche. Cinco minutos, y todo estaría bien.

Sólo dejar que los jóvenes y Saori pasaran por su templo, saludar, y punto. Hacer a Saskia reverenciarlos, y punto.

Llegó la hora. Desde Piscis podía oírse el barullo allá abajo y Afrodita estaba inquieto. Saskia lo observó visiblemente impaciente, preguntándose por qué tanta gente estaba emocionada.

Con que los héroes del santuario… ella también se sentía impaciente de verlos y saber qué rayos le ocurría a todos últimamente. Pasó una larguísima media hora hasta que Saskia pudo sentir un montón de cosmos acercándose. Su percepción no estaba aún muy desarrollada, pero el gigantesco cosmos que se acercaba, junto con todos los demás, eran imposibles de ignorar.

Ese cosmos era… extraño. Se sentía como si llenara todo a su alrededor, sereno y pacífico. De inmediato la gitana se sintió relajada al sentirlo acercarse.

Justo cuando las primeras figuras aparecieron en la entrada, Afrodita le puso una mano en la cabeza obligándola a hacer una reverencia igual que él.

—¡Afrodita de Piscis!— una voz femenina se oyó cercana, aunque Saskia no pudo ver a la persona hasta que su maestro retiró su mano permitiéndole levantar la mirada.

—Es un honor, mi diosa. Ella es Saskia, mi aprendiz.

—…E…— Saskia estaba sorprendida de lo serio y tranquilo que había hablado su maestro. —Es un honor.

La diosa le sonrió. Era una mujer de menos de treinta años, con rostro bondadoso y largo cabello lila.

—Mucho gusto. Espero que dentro de poco podamos vernos cara a cara.

Saskia sonrió aunque la mujer no pudiese verla. Le causó una sincera simpatía, aunque el impresionante cosmos de la mujer evitó que la gitana se atreviese a hablar más. De cualquier forma, Afrodita la observaba atento a cualquier error que pudiese tener.

—¿Qué tal, Afrodita? La verdad aún no me acostumbro a eso de hablar con formalidad.

Entonces Saskia notó a las personas detrás de la diosa. El que acababa de hablar se había acercado unos pasos y le tendía una mano a Afrodita. Se veía más o menos de la misma edad que la mujer frente a ella.

—Seiya. Qué gusto tenerlos de nuevo en el santuario.— dijo Afrodita respondiéndole el saludo. Saskia no recordaba haber visto un apretón de manos tan incómodo. Al menos de parte de su maestro: el joven frente a él sólo estaba sonriendo despreocupadamente.

—¡Un gusto, Saskia!

—¡Un gusto!— respondió ella rápidamente.

—¿Qué tal, Afrodita?— saludó otro de ellos, también acercándose. Saskia lo observó con mucha curiosidad: para ser héroes los cinco se veían totalmente distintos a lo que se hubiese podido imaginar. Este, en especial, se dijo, merece mención honorífica.

—Shun de Andrómeda— Afrodita forzó una sonrisa.

"Ah. Este es el Shun de Andrómeda del que tanto se quejaba… parece chica" pensó Saskia. Encima, el joven, de cabello verde y ojos grandes, tenía en sus brazos al otro némesis de Afrodita; gata blanca acurrucándose. Por unos momentos, Saskia tuvo ganas de reírse.

—Saludos, Afrodita de Piscis.— dijo uno de ellos, de cabello largo. El otro que no había hablado hasta el momento, un rubio de ojos azules, también sonrió y dijo otro saludo, que Afrodita respondió con la misma distinción que los otros.

"Guapo…" pensó Saskia. Atrás de ellos, uno más, alto y con mala cara, no le quitaba la vista de encima a Afrodita. Si su maestro estaba disimulando su desagrado, este tipo definitivamente no lo estaba logrando.

Y parecía un delincuente. Hasta tenía una cicatriz en medio de la cara.

Finalmente, luego de unas palabras de cortesía más, el grupo se despidió y se retiró hacia la sala patriarcal. En cuanto los vio desaparecer en el pasadizo que los llevaría a la sala pátriarcal, Afrodita dejó escapar un largo suspiro. Saskia también relajó su postura.

—¿Entonces ellos son los héroes?

—Sí.

—¿También el guapo?

—Sí.

—¿Y el que parece chica?

—También.

—¿Y el de pelo muy largo?

—El de pelo muy largo.

—¿Y el que parece delincuente?

—Si.

—Entonces también es héroe el...

—Si, el cabeza dura de pelo café es su lider.

—Waaaa...

Siguió un silencio.

—Y contra quien combatieron?

—...Contra Hades, Poseidón, los guerreros de Asgaard... y nosotros mismos.

Saskia frunció el ceño.

—¿Por qué contra ustedes?

Afrodita de pronto la miró con esos ojos grandes que ponía cuando algo lo ofuscaba o molestaba especialmente. Encima... en sus ojos se leía algo muy extraño, Saskia no lo había visto así... ¿Su maestro estaba asustado?

—Son muchas preguntas y estoy cansado.

—Pero si sólo...

—¡Sólo nada! Cierra la boca y regresa a tu habitación: Ya he tenido suficiente de TODOS ustedes el día de hoy.

—Pero yo sólo...

Afrodita se dio la vuelta, sin hacer caso, y se dirigió a sus aposentos.

—¡Y por el amor de todos los santos, no dejes más entrar esos estúpidos gatos aquí!

Todo se volvió pesado para Saskia. Afrodita estaba de mal humor, esto se notaba en su cara y hasta en su cabello, lo que lo ponía de un humor aún peor. Al día siguiente, el caballero la envió a entrenar sola, a practicar en especial su puntería.

Después de todo, de nada le serviría acostumbrarse a las rosas si no lograba lanzarlas como se debía: Toma cualquier piedra en el coliseo, y tirala lo más lejos que puedas. Después, pon una piedra en el suelo e intenta golpearla con otra piedra. Entrenamiento simple.

Saskia obedeció, pues de cualquier forma estar cerca de Afrodita malhumorado no era una idea que la convenciera demasiado. Creyó que sólo sería un día tranquilo cuando llegó al coliseo, pero al comenzar a recolectar piedras y a lanzarlas fue que escuchó las voces.

Al principio creyó estar imaginando cosas. Se concentró en los golpes que daba al aire, pero los murmullos iban en aumento. Volteó hacia los lados, buscando de dónde venían pues definitivamente le estaban dedicados o a su maestro.

Varias palabras se repetían en el aire.

"Traidor" "Afeminado" "Sádico" "Rosas"

Saskia frunció el ceño. Un grupito de aprendices, no a mucha distancia, estaba observándola entrenar. Ella se preguntó si no tenían nada mejor que hacer, pero ese día en el coliseo no había ningún caballero vigilando.

Aparentemente todos, incluidos los de plata, se habían tomado el día libre.

Los tres jóvenes, unos años menores que ella, se veían en plena edad de querer imponerse a los demás. Saskia no sabía si estaban intentado llamar su atención de un modo muy desagradable.

—¡Hey, gitana!

Uno de los tres, que reconoció como alumno del caballero de Leo, llegado apenas hacían unas semanas, dio unos pasos al frente altaneramente. El modo de andar hacia ella y su mirada le recordó a los policías de Atenas cuando le pedían sus papeles.

Instintivamente retrocedió unos pasos.

—¿Por qué no nos dejas ver tu rostro? Decidiremos de entre tu maestro y tu quien es más hermoso— se burló el joven. Saskia enderezó su postura para dejarle en claro que no le daba miedo.

—Dentro de un tiempo lo verás por ti mismo y no necesitaré tomarme la molestia de matarte.

El aprendiz se cruzó de brazos.

—¿Y la otra opción?

Saskia lo miró de pies a cabeza despectivamente.

—Tengo mi orgullo.

El chico frente a ella no pareció tomarse bien esa respuesta. Tomó una pose amenazante, visiblemente herido.

—Sucia gitana… Me pregunto cómo Shion permitió tu estancia en este recinto ¿Cuánto le has robado a tu maestro desde que estás aquí?

Saskia abrió los ojos como platos bajo su máscara y se quedó paralizada. Desde su llegada al santuario, desde que había comenzado su entrenamiento, nadie le había dedicado una frase tan hostil. Aún Afrodita con todas sus burlas y sus insultos… ni siquiera en un principio la había insultado de esa forma.

Había sonado justo como las personas de Atenas. Sonaba justo como los policías que la habían deportado varias veces. Como los que habían incendiado la caravana de su tío en una ocasión.

—¡Tu raza está maldita y terminarás igual de corrupta que tu maestro!

—Veremos si te atreves a decir lo mismo en unos años, cuando tengas puesta tu armadura de bronce.Te recibiré en mi templo con honores.— respondió Saskia.

El chico estuvo a punto de lanzare un puñetazo, cuando una figura se interpuso entre ambos.

—¡Basta!— Saskia observó con curiosidad al chico que acababa de interponerse. Era casi un niño —No estamos aquí para pelear entre nosotros.

—¿Y tu quien te crees?— El que había insultado a Saskia parecía tener ganas de pelear.

—Soy el alumno de Máscara de Muerte, heredaré la armadura de Cáncer.

—Bah. ¡Nos vemos, gitana! Deberías estarte ahogando de vergüenza de entrenar con el caballero de piscis! ¡Maldijo a su propia casa por muchas generaciones! Los dioses seguirán castigándolo hasta el fin de los tiempos.

Saskia apretó el puño, sin dejar de mirar al joven.

Le respondió gritando un par de insultos en su lengua natal, deseando que el mal de ojo lo siguiera hasta donde fuera, pero el solo se burló. Mientras lo miraba alejarse, Saskia se sintió frustrada: contrariamente a su madrina Malena, ella no sabía maldecir a una persona.

—Mi nombre es Ario.— le dijo el jovencito frente a ella.

Saskia lo miró con curiosidad. Era muy joven, pero se veía a leguas que el chico sería aún más apuesto con el paso del tiempo. Bajo su máscara, sonrió de toparse con un gadjo amable para variar.

...Y Lindo.

—¿Ario?

Tenía el cabello de color azul verdoso. Uno de sus ojos estaba tapado por un parche, pero su mirada no dejaba de ser amable. Asintió con la cabeza.

—¿Cuál es tu nombre?

Los grandes ojos del muchacho la hicieron sentirse nerviosa, aunque en esta circunstancia no era desagradable.

-Saskia.

Dos gatos pasaron corriendo por el coliseo, visiblemente persiguiéndose o jugando a perseguirse.

Ario regresó a su propio entrenamiento. Saskia suspiró y decidió dejar de sentirse enojada respecto a lo pasado. Tenía que seguir sus prácticas de puntería.

Y fue entonces que se le ocurrió una idea.

…venganza.


Fin del capítulo.

Recordemos que Saskia no vio la serie: aparte de lo poco que le digan, no sabe lo que ha ocurrido antes de su llegada al santuario.

Varias canciones de este fanfic provienen del disco Gypsy Caravan de Putumayo. Bendito sea.

Diri Diri So Kevjan. No he encontrado la letra traducida de esta canción, excepto que según Putumayo trata de unos celos que terminaron mal. Esta canción es interpretada por Romanyi Rota, un grupo de música gitana.

Según lo que menciona, esta canción tiene un estilo entre Griego y Macedonio.

Ario. Es el OC de mi amiga Xocowilde... en este universo lo incluí como alumno de Máscara Mortal, aunque más comunmente lo encontrarán como hijo adoptivo de Shaka e Ikki... digamos que resultaba un poco complicado incluir eso en el fanfic.

De cualquier forma, por desgracia no aparecerá mucho en este fanfic... ni sus interacciones con Saskia. Sientanse en libertad de shippearlos si así lo desean (yo lo hago).

Madonna. Desde luego, no la cantante. Es un modo de referirse a la virgen María, una expresión bastante común en italia.

Tuto Bene. Todo bien, en italiano.

Saskia NO representa a la cultura gitana. Esto sólo es un fanfic.