¡Hola, mis queridas y queridos! Tras tanto tiempo desaparecida, por fin regreso. ¿Por qué una ausencia tan larga? Los últimos meses del curso fueron muy intensos y cuando por fin llegó el verano lo que más me apetecía era no hacer nada. Peeeeeero eso no podía durar eternamente y por eso estoy aquí otra vez. Vengo con un nuevo capítulo y ya estoy con el turbo encendido para empezar a escribir el siguiente de un momento a otro.

Por vuestros reviews y vuestra paciencia quiero darles las gracias a aleejandraa, damcastillo, Sicky, Ishbel, Watson EmyEm, DLila, jocy Potter (por partida doble XD), Lui Nott y Mede Freaky. Ahora si, ¡a leer!

Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer, pertenece a J.K. Rowling.


Capítulo 7: Lo único que frena una caída es el suelo

Nadie en Hogwarts prestaba atención en la clase de Historia de la Magia. Nadie excepto Rose Weasley. No es que le gustase esa asignatura. Más bien era todo lo contrario. La forma de explicar del viejo profesor Binns era mortalmente aburrida. Durante esas clases nadie atendía, todo el mundo se dedicaba a estar en su propio mundo... Y Rose huía como alma que llevaba el diablo cada vez que se quedaba a sola con sus pensamientos. Así que no tenía otro remedio que prestar atención y estar concentrada en la clase; cualquier orra opción sería peligrosa.

Habían pasado alrededor de tres semanas desde la discusión que había tenido con James en el campo de quidditch. Por supuesto, no se habían vuelto a dirigir la palabra. La noticia sobre que los primogénitos de los héroes de guerra Harry Potter y Ron y Hermione Weasley habían peleado durante el entrenamiento se extendió como un reguero de polvora antes de la hora de la cena y, en realidad, en el fondo, Rose se sintió aliviada por ello. Ahora tenía una excusa. Ya no tenía la necesidad de dirigir la palabra a James, ni siquiera tenía que ser amable con él. Y, aunque sabía que no podría estar así eternamente —ojalá le valiese—, de momento era suficiente.

Casi todos los primos Weasley habían intentado mediar entre Rose y James y quitarle hierro al asunto para que se diesen cuenta de que haber peleado había sido una tontería. Pero ninguno de los dos había estado dispuesto a dar el brazo a torcer. Para sorpresa de Rose el único que no había intervenido en absoluto había sido su primo Albus. No sabía por qué, ni podría explicar el momento en el que sucedió, pero ambos se habían distanciado notablemente desde hacía meses. No había ocurrido nada, no había mal rollo cuando estaban juntos, simplemente parecía que cada uno estaba en un punto distinto del otro.

Mark también había intercedido. Había insistido en que la bronca no había sido para tanto y que él no estaba enfadado con James por lo que le había dicho. Tendría un mal día. Todo el mundo tiene derecho a tener un mal día y a decir algo que en realidad no piensa. Y si él no estaba enfadado, no tenía ningún sentido que ella lo estuviera también. Pero Rose había sido inflexible en ese tema. Le había dicho a Mark que no pensaba perdonarle hasta que le pidiese disculpas, sabiendo que ese acontecimiento nunca se realizaría. Necesitaba alargar su excusa todo lo posible. Y, además, James no se merecía que le perdonase. Todo lo que le había dicho había sido horriblemente humillante y tan hiriente que se le encogía el corazón solo de recordarlo. Había sido cruel.

Así que, en su propósito de odiarlo, Rose se concentraba en esa crueldad con todas sus fuerzas para ser capaz de verle todos los días sin ponerse a gritar, o de ser capaz de levantarse por la mañana, o de hacer los deberes, o de ser capaz de, simplemente, funcionar. Funcionar, últimamente, era difícil. Y de estar con Mark. No iba a negar que cada vez era más fácil, que le quería, a su modo, pero siempre estaba esa pequeña punzada en la boca del estómago que le recordaba que Mark no era James. Y ni toda la concentración ni voluntad del mundo iba a cambiar eso.

—Gracias a Merlin —soltó Penny entre soplidos—, creía que no terminaría nunca. La capacidad de este hombre para enrollarse cada día me sorprende más. Seguro que tarda más en contarnos todas esas batallitas que el tiempo que duraron en realidad.

—No me sorprendería nada —rió Rose, volviendo a la realidad y empezando a recoger el cuaderno donde había empezado a tomar sus apuntes—. Me muero de hambre.

—Pues aun nos queda Defensa —gimió Penny, caminando hacia la puerta junto a Rose—. Menos mal que hoy seguimos con los duelos. Necesito moverme o caeré dormida sobre el pupitre. Estas clases siempre me dejan en estado catatónico.

Penny consideraba las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras muy estimulantes. Al contrario del resto de asignaturas impartidas en Hogwarts donde la minuciosidad y el silencio eran las habilidades más apreciadas, la amiga de Rose suspiraba por esa adrenalina que implicaba la espontaneidad de la asignatura de DCAO, especialmente durante los duelos. Le encantaba la concentración y la alerta permanente en la que se debía estar para poder combatir.

El descanso de diez minutos que había entre clase y clase siempre era necesario para recorrer el castillo en busca del aula que les correspondía para la siguiente asignatura. Cuando llegaron al pasillo donde estaba la clase donde hacían las prácticas de duelo, Rose divisó que los alumnos de la casa de Hufflepuf de su mismo curso ya habían llegado y que la mayoría aun estaba fuera de clase, charlando animadamente. Entre ellos, reconoció la figura de su primo Louis, con su pelo rubio rojizo y unos ojos tan claros que nunca se sabía si eran azules, verdes o grises, o la mezcla de estos tres colores.

—¡Hola! —saludó Louis alegremente en cuanto vio aparecer a su prima y a Penny— ¿Qué tal en la clase de Binns?

—No has hecho esa pregunta, ¿verdad? —preguntó divertida Penny, antes de que Rose pudiese contestar— No has querido hacer esa pregunta, ¡no quieres saber la respuesta!

—Pues no sé por qué lo dices, si ese fantasma es muy divertido. Y tan vital —bromeó Louis. El gesto de su cara a Rose le recordó muchísimo a su tío Bill, con ese aire tan seductor.

—¡Si, sobre todo eso! Igual por eso está tan lánguido en clase, porque se va de juerga y lo que pasa es que está de resaca —siguió Penny con la broma sin dejar de reír ni despegar sus ojos de los de Louis.

—¡Se va con la Dama Gris!

—¡Y con el Fraile Gordo!

—Algún día podríamos apuntarnos, ¿a dónde crees que irán? —sugirió Louis casualmente.

—A las Tres Escobas seguro que no —se rió Penny.

Tanto Louis como Penny estaban riéndose a carcajadas y no apartaban la mirada el uno del otro ni un solo segundo. La risa dio paso a un silencio apacible y sonriente. Rose no daba crédito. Su mejor amiga y su primo hablaban de una forma tan espontánea y privada que no se atrevía ni a intervenir; eso le habría hecho sentirse como una intrusa. Claro que Penny y Louis se conocían desde hacía años; Penny conocía a todos los miembros del clan Weasley. Además, el hecho de ser del mismo curso les había hecho compartir diversas clases a lo largo de los años. Pero ellos dos nunca habían sido amigos. Por eso no entendía por qué ahora los dos estaban hablando... así. ¿Qué se había perdido? ¿Había estado tan sumida en sus propios problemas que no había visto lo que pasaba entre Louis y Penny?

Un murmullo y movimiento general hizo estallar la burbuja en la que estaban inmersos Louis y Penny. La profesora Atkinson acababa de aparecer por el pasillo y todo el mundo había empezado a entrar en clase. Louis se despidió de Penny y de Rose, casi como si justo en ese momento recordase que su prima había estado justo a su lado todo el rato, antes de entrar en el aula junto al resto de sus compañeros de Hufflepuf. Penny le siguió con la mirada y, antes de decidir seguir a sus compañeros de DCAO antes de que la profesora Atkinson empezase la clase, miró a Rose para comprobar que seguía allí y la iba a seguir cuando ella también entrase en el aula. Sin embargo, lo que Penny encontró fue la expresión de estupefacción de Rose.

—¿Cuántos capítulos me he perdido? —preguntó Rose con la misma cara y abrió mucho los ojos antes de disparar la siguiente pregunta sin dejar que Penny tuviese la oportunidad de responder— ¿A qué venía todo ese rollito? No sabía que os habíais hecho amigos.

Rose vio, no sin cierto asombro, que su amiga se ruborizaba hasta las orejas y se concentraba en la punta de los zapatos.

—Bueno, no lo somos. Es que el otro día... tuvimos un momento —soltó Penny, casi como si no supiese cómo decirlo.

—¿Cómo que un momento? ¿Qué quieres decir con que tuvisteis un momento? —preguntó Rose, perdida y desubicada.

Todos sus compañeros habían entrado ya en clase y Penny escuchó a la profesora Atkinson dar los buenos días. Antes de contestar, agarró a Rose por el brazo y se adentraron en clase, donde la lección del día de hoy estaba a punto de dar comienzo. Las dos gryffindors se situaron en la parte de atrás de la clase para poder seguir con su conversación durante los primeros duelos.

—Bueno, ¡pero cuéntame! —pidió Rose en un murmullo, impaciente por saber cómo demonios había llegado a surgir un momento entre su mejor amiga y su primo.

—Pues es que... no lo sé, conectamos —susurró Penny, mirando a Rose y a la profesora Atkinson de forma alterna—. Yo había ido a las cocinas a coger algo de fruta porque me estaba muriendo de hambre, o de aburrimiento, es lo mismo; y me lo encontré cuando salía de su sala común. Nos saludamos y empezamos a hablar por el camino, normal. Todo normal. Y, de repente, no sé ni cómo, saltó la chispa. Simplemente conectamos.

Rose se quedó mirando a Penny desconcertada. ¿Cómo era posible que Penny no le hubiese contado que había tenido un momento con un chico el mismo día en el que había pasado? ¡Ellas dos se lo contaban todo! Bueno, casi todo. Se lo habían contado todo desde que tenían once años a excepción de la historia de Rose con James. Pero eso no contaba. Así que, en realidad, podría decirse que no había secretos entre ellas. Que a Penny le empezase a gustar un chico, y eso era lo que parecía que estaba pasando, era algo que, claramente, había que contar. Y Penny no lo había hecho.

Además estaba el hecho de que Penny nunca antes se había fijado en Louis, que, por otra parte, no podía olvidarse, era su primo. Penny siempre había tenido una buena relación con su hermano y todos sus primos; la clase de relación que da el convivir durante casi seis años en un castillo y algunas temporadas en las vacaciones estivales. Estaba sorprendida porque ella nunca había dado señales de que Louis le gustase. Era cierto que su primo era muy guapo y atractivo, fruto, sin duda, de una buena combinación de sus genes paternos y maternos. Pero Rose sabía que Penny, pese a sus bromas, no era tan superficial como para que un chico le gustase solo porque era más o menos guapo que otro. Necesitaba algo más para fijarse en un chico. Lo que Rose nunca habría podido suponer era que ese chico, en un algún momento, llegaría a ser uno de sus primos.

—¿Eso significa que te gusta? —preguntó Rose, aun en susurros mientras veía como varios de sus compañeros se ponían en parejas para empezar los duelos.

—No lo sé. Aquel momento fue... como una revelación —apretó los labios Penny, tan sorprendida por ese descubrimiento como Rose—. Fue como si nunca le hubiese visto antes de ese momento y de repente alguien me zarandease y me señalase a Louis. ¿Has sentido eso alguna vez? ¿Como si no tuvieses ni idea de que alguien existía hasta que te estampas contra él?

Claro que lo había sentido. Eso mismo le había pasado a ella con James. Su primo y ella siempre se habían llevado muy bien pero no habían tenido ninguna clase de relación especial. Entonces, un día, hacía ya más de un año, una atmósfera que no era familiar se había instaurado alrededor de los dos, aunque ella nunca había sabido a qué se debía. Su relación, en cierta forma, de un modo que ella no era capaz de explicar, había cambiado pero, al mismo tiempo, había seguido siendo la misma de siempre. Y, de repente, en el cincuenta aniversario de la boda de sus abuelos, James le baja la cremallera, le dice que si se ella le buscase él se escondería dentro de la cama y que cuando le encontrase no la dejaría salir nunca. Y ella sabe, en ese momento comprende, que todo el universo se acaba de alinear y le grita que esa atmósfera desconocida era ella enamorándose de su primo. Simplemente lo sabe. Realmente lo supo.

—Sí, lo he sentido —asintió Rose, con un nudo en la garganta.

—No sé qué es lo que pasa entre nosotros. Porque las dos veces más que nos hemos cruzado ha vuelto a pasar lo mismo. Esa sensación de calor en el pecho, y la chispa. Y... sí, creo que me gusta. Creo que me gusta mucho.

Penny mantuvo la mirada a Rose, con un gesto que parecía casi una disculpa. No sabía si era porque el chico que le gustaba era su primo o si era porque no le había contado nada antes. Rose aun no tenía muy claro cómo tomárselo. Claro que se alegraba por su amiga. ¡Era su mejor amiga! Nadie la conocía como ella y sabía perfectamente que era una chica increíble. Quería alguien bueno para ella y Louis entraba en ese perfil. A pesar de tener una genética envidiable, Louis no iba de rompecorazones como Fred o... James. Eso era lo que le hacía aun más atractivo. Era el candidato ideal para Penny. Y vicerversa. También quería que su primo se enamorase y pocas chicas podían ser mejores para él que Penny. Pero había algo de todo el asunto que le incomodaba.

Su historia con James era la prueba fehaciente y palpable de que las relaciones, al menos a los dieciséis años, no funcionaban. Vale, Penny y Louis salían juntos. Perfecto. Genial. Fantástico. Maravilloso. Se enamoraban y eran felices. ¿Pero por cuánto tiempo? ¿Unos meses? ¿Un año? ¿Y luego qué? ¿Qué pasaría si rompían? Porque seguro que acaban rompiendo. Uno de los dos se acabaría aburriendo, o le gustaría otra persona, o simplemente dejaría de funcionar. Las cosas cambiarían, tanto con Penny como con Louis. Y aunque quería un final feliz para los dos, sabía que eso estaba muy lejos de ocurrir. No importaba que estuviese en la edad de creer en que los finales felices sí existían. Estaba demasiado escaldada como para eso.

—¡Segundo grupo! ¡Por parejas! Es vuestro turno, queridos —anunció la profesora Atkinson para indicar a los alumnos que se habían quedado viendo el duelo, lo practicasen ahora.

Rose no pudo concentrarse durante la práctica de los duelos. Porque aunque había una parte de ella que se alegraba de que Penny se enamorase y quería animarla a lanzarse a la piscina, la otra parte no dejaba de recordarle que las probabilidades apuntaban a que todo acabase mal y se estrellase contra el bordillo. Y lo último que quería era que su amiga terminase con el corazón roto. Solo conseguiría acabar convirtiéndose en una persona amargada, mediocre, resentida, cínica; se convertiría en alguien como ella. No quería que su amiga se convirtiese en lo que ella se había convertido; no quería que Penny se convirtiese en una persona que no palpitaba ni tenía pulso. Aunque se temía que no le iba a quedar más remedio que apoyar a Penny en fuese lo que fuese lo que sentía por Louis, tal y como ella había hecho siempre con respecto a ella.

Otra persona en el castillo que estaba muy lejos de poder concentrarse era Lily Potter. Estaba en la biblioteca frente a un pergamino lleno de tachones y borrones en un vano intento de hacer una redacción para Herbología que se le estaba resistiendo, cosa nada habitual en ella. A Lily le encantaba la Herbología; de hecho, era su asignatura favorita. No sabía si era porque Neville era su profesor y le contagiaba su propio entusiasmo o era porque se le daba fenomenal, pero lo cierto era que disfrutaba muchísimo en esas clases. Por eso no entendía cómo era posible que no fuese capaz de escribir una redacción sencilla de quince centímetros sobre la coclearia. Mentira. Si lo entendía. Su falta de concentración tenía nombre y apellido: Lorcan Scamander.

Los encuentros desde aquel primero ocurrido a la salida de la torre de Gryffindor se habían multiplicado durante las últimas tres semanas. Al parecer, si a Lorcan le había gustado que Lily le ignorase, le gustaba todavía más que ella le siguiese el juego. Era divertido, la menor de los Potter no podía negar eso. Las conversaciones con Lorcan le obligaban a tener su ingenio siempre a punto y la lengua más afilada que nunca; le obligaban a estar en guardia constantemente. No sabía que tenía el poder de dejarle con la palabra en la boca. Cuando se iba, su corazón le latía tan rápido que le costaba un buen rato que volviese a su ritmo normal y no podía dejar de preguntarse cuándo volvería a abordarla. Porque eso es lo que hacía Lorcan. Aparecía, la abordaba, tenían un duelo dialéctico y después ella se iba. Lily sabía que lo que estaba haciendo estaba mal pero ya no podía pararlo.

Seguir adelante con aquella absurda empresa era una auténtica locura. No podía cruzar la linea con Lorcan. No estaba del todo segura de qué era lo que separaba la dichosa linea pero todo apuntaba a que el hacerlo terminaría en desastre. Cruzar la linea significaba liarse con Lorcan, y liarse con Lorcan significaba exponerse a ella y a su corazón a enamorarse aun más de ese sapo presumido. Las relaciones de Lorcan no eran duraderas ni por causalidad y, para poder tener ella el poder por el mango, tendría que ser ella la que cortase con él antes de que él lo hiciese con ella. Eso implicaba un grave problema: una vez que estuviese con él no sabía si tendría la fortaleza necesaria para dejarle. Porque, le gustase o no, ella no era de piedra. Y había algo que podría llegar a ser aun peor. Como se enterase James de que Lorcan y ella en algún momento habían tenido algo, la cosa se pondría muy fea. Los vientos no eran muy favorables precisamente.

Lo que estaba empezando a tener con Lorcan y lo que pudiese llegar a tener a consecuencia de ello era un juego. Un juego y nada más. Pero un juego que se estaba convirtiendo en algo peligroso. Peligroso porque lo primero que hay que hacer para poder jugar a algo es saber las reglas del juego y ése era un juego al no tenía ni idea de cómo jugar. No había forma de que pudiese ganar. Estaba metiéndose en tierras pantanosas y cada vez se le pasaba más veces por la cabeza que todo aquello era una pésima idea. Pero siempre que pensaba que aquello era una muy mala idea y lo mejor sería dejarlo tal y como estaba, Lorcan aparecía y Lily volvía a sentir ese magnetismo que le hacía perder el rumbo de sus pensamientos. Pero lo que pasaba cuando lo recuperaba es que los dos ya estaban enzarzados en una de esas conversaciones que a Lily le aceleraban el corazón y le hacían sentir tan sumamente poderosa que no se veía con la voluntad necesaria como para parar.

Unos pasos sordos y seguros se comenzaron a acercar hacia la mesa y Lily supo sin el menor atisbo de duda de que se trataba de Lorcan Scamander. El corazón de la pelirroja se aceleró. Tomó una bocanada profunda de aire. Necesitaba tener todos sus sentidos alerta para ser capaz de seguir en la misma linea que habían iniciado ya hacía tres semanas. Para sorpresa de Lily, Lorcan se sentó frente a ella y permaneció en silencio, sacando un pergamino y una pluma con un tintero, sin dar muestras de que supiese que la pelirroja estaba allí; un hecho absolutamente imposible. Lorcan empezó a trabajar y no levantó la cabeza del pergamino en el que estaba escribiendo hasta cuarenta minutos más tarde.

—¿Qué hace una chica tan bonita como tú tan sola, zanahoria?

Lily sonrió de medio lado. Menos mal, ya se estaba preocupando. Estaba jugando con ella. Levantó la mirada, lentamente, calculando bien lo que le iba a decir. Seguiría jugando.

—¿Llevas aquí tres cuartos de hora y solo se te ha ocurrido eso? Tsch, tsch, muy mal... hufflepuf.

—¿No te cansas de la broma? —levantó la ceja Lorcan, sin perder la sonrisa.

—¿No te cansas de molestarme? —le imitó Lily, apoyando sus antebrazos encima de la mesa.

—No, no me canso... Primero, porque no te molesto. Segundo, porque sé que en el fondo te encanta —replicó el slytherin, con los ojos brillantes.

Lily parpadeó repetidamente durante unos segundos y, después, mirándole fijamente, soltó una carcajada. Eso se estaba poniendo cada vez mejor. Tenía que estar muy seguro de sí mismo para creer aquello. No importaba que tuviese razón, eso no tenía nada que ver. Lily se mojó los labios antes de bajar la mirada.

—Oh, qué equivocado estás, Lorcan —chasqueó Lily la lengua, casi divertida.

—No se deben decir mentiras, Lily —remarcó Lorcan el nombre de la pelirroja.

—No estoy mintiendo —alzó las cejas Lily—. ¿Por qué me iba a gustar que me molestases?

Lorcan, imitando el gesto que había tenido Lily hacía unos segundos, posó sus antebrazos sobre la mesa y se inclinó hacia delante. Contempló a la pelirroja de forma detallada, escrutándolo con sus ojos, saboreando cada segundo. Lily se estaba empezando a poner nerviosa. Cada vez que Lorcan la mirada de esa forma sentía que se le paraba el corazón, o que se le aceleraba; en realidad parecía que ocurrían las dos cosas al mismo tiempo. Y eso no tenía ningún sentido. Pero es que, cuando se trataba de Lorcan, las cosas no parecían tener mucho sentido.

—Porque te gusto.

Una fracción de segundo. Durante una fracción de segundo, que pareció eterna, Lily se quedó muda, y blanca, y sin poder mover un solo músculo de su cuerpo. Claro que le gustaba, más que eso; estaba loca por él. Y siempre había creído que él lo había sospechado. Pero había un trecho bastante considerable entre la sospecha de que Lorcan sospechaba lo que ella sentía por él y la certeza que implicaba oírlo de sus propios labios. Así que solo tenía dos opciones. Puerta número uno: agachar la cabeza, como hacía siempre, y salir huyendo. Puerta número dos: levantar la barbilla y seguir la batalla. Lily siempre había sido una luchadora. Sonrió.

—Oh, vamos, Lorcan, puedes hacerlo un poco mejor —replicó Lily, divertida—. Ya deberías saber que no me gustan los chicos como tú.

—¿Los chicos como yo? —preguntó Lorcan, en el mismo tono divertido que la pelirroja— ¿Y cómo son los chicos como yo?

—Tienes diecisiete años, ¿no? —aseguró Lily, mirándole fijamente a los ojos, manteniendo la sonrisa— Después de diecisiete años contigo mismo, deberías saber cómo eres. Te tomaba por alguien más inteligente, Lorcan.

—Pues ya ves que no, zanahoria. No sé cómo soy. Anda, dímelo tú —pidió Lorcan, disfrutando del momento al máximo.

—Engreído, prepotente, petulante, chulo —enumeró la pelirroja—. Crees que todo el mundo está a tus pies, especialmente las chicas.

—¿Y es que no es así? —quiso saber Lorcan, alzando una ceja— No sé si todas las chicas de este colegio estarán o no a mis pies. Pero tú sí que lo estás. Reconócelo.

Lo que más rabia le daba a Lily es que, efectivamente, Lorcan tenía razón. Por mucho que se resistiese, por mucho que se esforzase, por mucho que se hiciese la dura, por mucho que quisiese evitarlo, en el fondo, seguía estando enamorada de ese imbécil emocional que la relación más larga que había tenido había sido con su escoba. Lily cuadró los hombros, sintió bien puesta la máscara invisible que le cubría el rostro y decidió que era hora de dejar aquella conversación antes de que le pillase. Estaba loca pero no para tanto.

Así que, con toda la tranquilidad y aplomo que fue capaz de reunir, Lily, con una sonrisa de oreja a oreja que parecía reflejar un gran secreto, recogió sus cosas, las metió en su bolsa y se levantó de la silla. Lorcan le seguía con la mirada, contrariado, sin esperar esa reacción por parte de la pelirroja. La vio acercarse a él con paso firme.

—Ya te gustaría... hufflepuf —susurró Lily al oído del slytherin.

Dicho lo cual, le besó en la mejilla y salió de la biblioteca. En cuanto cerró la puerta a su espalda y se aseguró de que no le seguía, Lily suspiró aliviada y notó como la tensión que la había estado agarrotando durante toda la charla con Lorcan se evaporaba. Aun podía sentir su pulso acelerado latiéndole en las sienes. La adrenalina le chorreaba por las orejas. Las cosas se le estaban saliendo bastante de las manos pero ya no podía pararlo. Y tampoco estaba segura de que quisiese hacerlo si pudiese. Cuanto más le provocaba Lorcan y más seguro parecía mostrarse él, más ganas sentía Lily de seguir con aquella absurda empresa.

Cuando estaba con Lorcan descubría una parte de sí misma que no sabía que existía pero, aunque debía reconocer que le asustaba, también le hacía sentir poderosa. Lorcan no estaba acostumbrado a tener esa clase de relación con ninguna chica. Lorcan no estaba acostumbrado a tener una relación con una chica, a secas. No estaba acostumbrado a que le ignorasen pero estaba mucho menos acostumbrado a que le siguiesen el juego de la forma en la que lo hacía Lily. Merlin, estaba metida en un buen lío del que no tenía ni idea de cómo iba a salir.

—¡Lily!

La pelirroja se dio la vuelta con un corazón en un puño pero se tranquilizó nada más ver quien era la persona que había gritado su nombre; sonrió. Su prima Roxanne. Venía cargada de una pila de libros y en compañía de varias amigas.

—¡Hola, Roxanne! Hola, chicas —saludó Lily a las amigas de Roxanne.

—Hola, Lily. Oye, estaba pensando en cenar hoy con vosotros, que hace mucho que no cenamos juntas. ¿Qué te parece? —sonrió la ravenclaw a su prima pequeña.

Aunque todos los primos se veían todos los días en el castillo, cada uno tenía su vida al margen de su familia y, a veces, era complicado encontrar un rato para estar juntos entre tantas clases a horas distintas, las actividades extraescolares y las amistades y amoríos varios. Por eso, las horas de las cenas eran la ocasión ideal para ponerse al día y pasar un rato juntos sin ninguna prisa.

—¡Genial! Que hace mucho tiempo que no cenas en nuestra mesa. Ya estábamos pensando que haber ganado el último partido te había hecho perder la cabeza —bromeó divertida Lily.

—Anda, no seas payasa —rió Roxanne—¿A las ocho y media?

—Perfecto, ahí nos vemos —dijo la pelirroja empezando a caminar otra vez.

—¡No llegues tarde, eh!

Como única respuesta, Lily agitó la mano por encima de su cabeza, hacia atrás, y dijo adiós mientras seguía caminando en dirección a la torre de Gryffindor. Necesitaba terminar con esa maldita redacción antes del lunes. Más valía que su concentración en la sala común fuese mejor que en la biblioteca porque sino iba a ser imposible escribir una sola linea. Se instaló en la mesa más resguardada y se dispuso a hacer la redacción hasta la hora de la cena. Aun no debían ser las cinco y media, así que aun tenía unas pocas horas antes de que tuviese que encontrarse con Roxanne en el comedor.

Dos horas después, la puerta de la sala común se abrió para dar paso a una Rose despeinada y vestida con el traje del entrenamiento de quidditch. Lily levantó la vista de su pergamino y sonrió al ver a su prima. Aunque ella, como todo el clan Weasley y, en realidad, todo Hogwarts, sabía que James y Rose habían tenido una gran pelea en el campo de quidditch hacía unas semanas, no le daba la más mínima importancia. Los dos eran unos orgullosos y, por eso, su enfado estaba durando más de lo normal. Pero estaba segura de que cualquier día harían como si no hubiese pasado nada y todo volvería a la normalidad. No tenía ninguna duda.

—¡Hey, hola! —saludó Lily con una sonrisa mientras veía a su prima acercarse—. ¿Cómo ha ido el entrenamiento?

—Muy bien, pero estoy muerta —respondió Rose, apoyando su mano en el hombro de su prima— Me voy a ir directamente a la ducha. ¿Nos vemos en la cena?

—Sí. Antes me he encontrado con Roxanne cuando venía de la biblioteca y me ha dicho que hoy cenaba con nosotras. Como hace mucho que no lo hace...

La relación entre Rose y Roxanne había mejorado ligeramente desde Navidad, aunque no es que fuese algo muy difícil. Es cierto que Roxanne no aplicaba el tratamiento de hielo y silencio a la pelirroja pero las cosas entre ellas no habían vuelto a ser las mismas. No habían vuelto a sentarse un rato y hablar de sus cosas, no habían hecho una salida juntas a Hogsmeade ni tampoco habían jugado al quidditch como solían hacer normalmente. Eran dos primas que se llevaban estupendamente y la relación se había enfriado de forma notable. El hecho de que Roxanne no hubiese conseguido las respuestas qué quería sobre lo que le ocurría a Rose en Navidad había abierto una brecha entre las dos; se habían distanciado.

—Ah, vale, bien —sonrió Rose sin querer pensar demasiado en la pena que le daba lo que ocurría entre su prima y ella, caminando hacia las escaleras—. Hasta ahora.

Aunque en un principio Rose se había prometido que no quería mentirle más a Roxanne, al final acabó haciéndolo para conseguir que su prima dejase de tratarla de esa forma tan fría. Lo que pasó fue que Roxanne era demasiado lista y no se tragó lo que Rose le dijo, y eso le enfadó aun mucho más. No solamente Rose tardaba una eternidad en decirle por qué se había derrumbado en Navidad sino que cuando por fin se decidía a hacerlo no era más que una gran mentira. Rose mintió bien, ya estaba acostumbrada a hacerlo, pero Roxanne tenía una corazonada que le decía bien alto y bien fuerte que su prima le estaba ocultando algo. Y nada volvería a la normalidad hasta que lo averiguase.

Rose no tardó mucho en ducharse y vestirse; para las ocho y cuarto estaba de nuevo en la sala común lista para bajar a cenar. Mientras tanto, Lily había estado tan concentrada en la redacción que no se dio cuenta de la hora que era hasta que su prima se puso a su lado. A gran velocidad, se levantó y empezó a recoger todo lo que tenía encima de la mesa ante la mirada divertida de su prima. Se disculpó y subió a toda prisa a su cuarto para dejar las cosas en su habitación. Mientras Rose observaba a Lily subir las escaleras, vio a Mark bajar. Al igual que la mayoría del equipo, él solía ducharse y cambiarse en los vestuarios del campo. Si bien eso era algo que antes solía hacer, ahora ya no. Simplemente no podía.

—Hola, preciosa —saludó Mark besándola con una sonrisa—. Me han chivado que hay carne asada con puré de patatas y natillas con galleta para cenar.

—Mmmh... qué rico —comentó Rose sonriente, sintiendo el estómago rugirle por el hambre.

—Y tanto. ¿Vamos ya? Estoy famélico —preguntó Mark, cogiendo la mano de Rose para empezar a caminar.

—No, hoy nos toca cena de primos —se excusó Rose, ladeando la cabeza apenada—. Me ha dicho Lily que Roxanne se viene a cenar con nosotros hoy.

—Ah, vale, no hay problema. Nos vemos después de cenar, ¿mmh? —dijo Mark mirando hacia las escaleras—. Espero a éstos entonces. Aun siguen en el cuarto.

—Seguro que no tardan —sonrió Rose mientras veía llegar a Lily—. Yo ya me voy. Nos vemos luego.

Tras un pequeño beso de despedida, Rose y Lily se marcharon al encuentro de Roxanne. Las dos primas bajaron charlando animadamente hasta el Gran Comedor y decidieron ir sentándose aunque Roxanne no hubiese llegado aun. Ni Roxanne ni ningún otro miembro del clan Weasley. O ellas llegaban demasiado pronto o es que los demás se estaban retrasando. Sea como fuere, el resto de primos no tardaría demasiado en llegar; al menos eso esperaban; se morían de hambre y ver todas esas fuentes de comida humeando sobre la mesa no estaban ayudando nada. Rose, durante la espera, no pudo evitar alargar la mano para coger un poco de puré con un dedo.

—Oh, oh, espero que no la siente con nosotros —dijo Lily mientras Rose se metía el dedo en la boca y fijaba su atención en la puerta.

—¿Qué? ¿Que quién no traiga a quién? —preguntó Rose sin entender y mirando hacia el mismo punto que su prima, llena de curiosidad.

Pero antes de que su prima pudiese contestar, lo vio. James estaba entrando en el Gran Comedor, con una sonrisa de oreja a oreja, y a su lado, de la mano, iba una chica de Hufflepuf que no le era ni familiar. No era muy alta, le llegaba a James por el hombro, y su melena castaña estaba recogida en una pequeña cola a la altura de la nuca. Ella sonreía. Rose se quedó blanca. Fue como si todo el aire de la sala se condensase y no terminase de llegarle a los pulmones. Sintió un pinchazo agudo en el pecho, y en el costado. Tragó saliva y todo su cuerpo, de repente, pesó una tonelada.

—James, a su novia —informó Lily—. No es que no me caiga bien, pero ya que viene Roxanne prefiero que cenemos a nuestro aire, ¿no te parece?

Rose seguía con la mirada fija en James y su novia hufflepuf. No fue capaz de hablar; ni siquiera fue capaz de asentir. No debería estar tan sorprendida de ver a James con otra chica. Estaba segura de que desde que rompió con ella había tenido varios líos, quién sabe si los habría tenido también mientras habían estado juntos. Pensar lo contrario habría sido demasiado iluso por su parte. Pero la diferencia radicaba en que, hasta ese momento, no había tenido que verle paseando a esos líos colgados de su brazo. Ver a James junto a otra chica era mucho más doloroso de lo que había llegado a suponer; porque verlo lo convertía en algo real. Además, estaba el hecho de que Lily había empleado la palabra novia. Novia. James no tenía novia; James tenía líos y ya está. Lo más serio que había tenido había sido con ella y todo no había sido más que un engaño.

—¿Novia? James... ¿tiene novia? —solo pudo preguntar Rose, sin apartar la mirada de la pareja que se dirigía a la mesa de Hufflepuf.

—Ah, sí, claro, que tú te lo has perdido, como andáis mosqueados —comentó Lily, girándose hacia su prima para hablar más cómodamente—. La verdad que no sé cómo ha sido pero hace como unas dos semanas, James nos soltó que tenía novia y luego nos presentó a esa chica. Diane. Y nada, desde entonces no se despegan. Creía que te habrías enterado.

—No, no me había enterado —negó Rose con la cabeza, sintiendo un nudo atorarse en su garganta.

Rose no podía dejar de observar a James, cada gesto, cada sonrisa, cada mueca. Se le veía feliz. No dejaba de cogerle las manos a Diane y hablarle de una forma, que ella sabía, era muy dulce. Recordaba cuando James le hablaba así a ella. Podía hacerle flotar. James tenía esa capacidad. Antes de estar juntos, nunca se había fijado en la forma que tenía James de hablarle a las chicas. Pero ahora que lo sabía y veía que hablaba a Diane de la misma forma que a ella, le hacía sentirse miserable. Se sentía miserable, como si toda su sangre se hubiese convertido en un cemento horrible que le oprimía el pecho y le impedía respirar.

—Él dice que va en serio. Dice que...

La cabeza le daba vueltas. Antes de poder seguir la frase, Rose se levantó, medio atolondrada, y la interrumpió.

—Ahora vuelvo —se excusó, sin ni siquiera darle tiempo a Lily a preguntarle a dónde iba.

Rose salió disparada del Gran Comedor con tanta determinación que parecía saber a dónde se dirigía, pero la verdad es que no tenía ni idea. Solo quería alejarse de allí. No estaba preparada para saber que James tenía una novia con la que él decía que iba en serio. Y, desde luego, no estaba preparada para ver a James con esa novia con la que iba tan en serio. Caminó a una pequeña puerta que vio al otro lado del hall y entró cerrando la puerta enérgicamente tras ella. Era un baño. Un baño estaba bien. Los baños valían como escondite.

Pero para su mala suerte, el baño no estaba vacío. Su prima Roxanne estaba allí, de pie, junto al lavabo, terminando de lavarse las manos en el lavabo. Rose se giró levemente hacia la puerta, casi sopesando si debía quedarse o salir corriendo. Sus pies tomaron la decisión por ella; se quedaron anclados al suelo. Toda su energia estaba concentrada en poder respirar y no estaba en disposición de gastar ni un ápice moviendo sus piernas.

—Ya iba para el comedor —comentó Roxanne, levantando la mirada de sus manos a su prima—, solo estaba lavándome las ma... Oye, ¿estás bien?

La cara de Rose estaba descompuesta. Roxanne recordó que solo había visto a Rose así una vez y cómo, segundos después, se había desmoronado entre sus brazos. En ese momento, Rose le había pedido que no hiciese preguntas y la abrazase, y ella lo había hecho sin rechistar. Nunca había visto a su prima tan mal. Aunque sabía que había algo en Rose que no estaba bien desde hacía semanas, solo aquel día de Navidad en ese cálido dormitorio de la Madriguera, se había dado cuenta de que era más grave de lo que había pensado en un primer momento. Había intentado hablar con ella, saber qué le pasaba, intentar ayudarla. Pero ella se había encadenado al silencio con una firmeza que no conocía. Había empezado a utilizar el tratamiento de hielo y silencio con ella, para ver si eso le hacía hablar, pero no había servido de nada. La había estado observando y, salvo la pelea con James, no había ocurrido absolutamente nada que le permitirse averiguar algo más.

—James tiene novia. De verdad —musitó Rose, sin saber si le hablaba a Roxanne o estaba hablando con ella misma—. Es de verdad.

—Eso... es bueno, ¿no? —preguntó Roxanne, sin entender nada de lo que estaba pasando, dando un par de pasos en dirección a Rose—. Es algo bueno.

—Sí, claro —dijo Rose esbozando una sonrisa.

Pero la sonrisa de Rose fue tan triste que Roxanne sintió que se le estaban llenando los ojos de lágrimas, las mismas que estaban inundando los ojos de su prima.

—Es genial —se encogió de hombros Rose, con la misma sonrisa triste y la voz entrecortada, como quien está aguantando con todas sus fuerzas sus ganas de llorar—. Es... Es perfecto, en realidad. Es perfecto, es... ¡Oh, Merlin!

No había terminado de hablar cuando Rose se llevó la mano al vientre y se dejó caer al suelo, hincando una rodilla en éste y apoyando todo su peso sobre la pantorrilla que si descansaba en el suelo. Era como si, de repente, alguien la hubiese golpeado muy fuerte en la boca del estómago y se le hubiese cortado, literalmente, la respiración. Entonces, Rose se echó a llorar. O quizá ya estaba llorando cuando su rodilla tocó el suelo. No era fácil saberlo. Pero lo cierto era que Rose estaba llorando de una forma tan desgarradora que Roxanne se quedó mirándola sin reaccionar durante, por lo menos, un minuto entero. Hasta entonces Roxanne no había sido nunca consciente de lo largo que puede llegar a ser un minuto. Se quedó estática, sin moverse, de pie, porque, durante ese minuto, Roxanne creyó entender todo lo que había pasado.

—Por Merlin —susurró Roxanne, ante la rebelación que se le estaba presentando ante sus ojos.

Rose no se dio cuenta del descubrimiento que acababa de hacer su prima. Seguía en la misma posición, llorando, tapándose la cara con una mano, como una niña que cree que por ocultar su rostro va a desaparecer y así nadie podrá verla. Pero Roxanne la veía. Roxanne no dejaba de mirarla mientras cientos de imágenes se agolpaban en su cabeza y empezaban a formar una historia propia. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Los dos desaparecidos la noche de la fiesta del aniversario de los abuelos, los dos más unidos durante unos meses, Rose esquivándole de pronto, Rose con Mark de un día para otro, Rose derrumbándose en Navidad, Rose negándose a contarle qué le pasaba, la noticia de la pelea en el campo por un grito de James hacia Mark, Rose llorando en el baño tras decir que James tiene novia...

¡No podía ser otra cosa! Todo encajaba. Oh, por Merlin, ¿por qué demonios encajaba todo? No quería que encajase, no podía encajar, ¡aquello era horrible! Era insano, y enfermizo, y repugnante, James y Rose eran primos y... Y entonces Roxanne vio a Rose llorar medio arrodillada en el suelo, recordó la expresión tan dolorosamente triste que tenía al entrar en el baño, por su mente también se cruzaron los últimos meses en los que había visto que Rose había dejado de ser Rose, porque ya no sonreía como antes, ya no reía como antes, sus ojos ya no brillaban como antes y, de repente, la que sintió ganas de llorar fue ella. El primer impulso que sintió fue el de querer abrazarla. Así que despegó los pies del suelo, se dirigió a donde estaba Rose, se agachó y la rodeó con sus brazos.

—Ya está. Ya está. Ya ha pasado —susurró Roxanne contra el pelo pelirrojo de su prima, apretándola contra ella.

—Es maravilloso. Es maravilloso que James esté con esa Diane, ¿no te lo parece? —preguntó Rose sin dejar de llorar contra su hombro.

—Shhh... si lo es. Si lo es, Rose —la calmó su prima sin dejar de acunarla entre sus brazos.

—Soy muy feliz por él, de verdad. Me alegro mucho.

—Lo sé. Sé que te alegras —murmuró Roxanne suavemente mientras la seguía acunando.

—De verdad que me alegro. En serio. Me alegro mucho. ¿Tú te alegras por James? —hablaba Rose compulsivamente.

—Yo también me alegro. Yo también... Shhh, tranquila, cálmate. No pasa nada.

Rose volvió a llorar, dejándose caer al suelo por completo entre los brazos de Roxanne y provocando que Roxanne también acabase sentada en el suelo. Estaba tan destrozada, por ver a James con otra chica, por imaginar a James con otras chicas, por la discusión que habían tenido en el entrenamiento de quidditch, por haber pensado en James mientras se estaba costando con Mark, que se dejó abrazar y consolar por Roxanne sin ni siquiera pensar en lo que podría estar pensando su prima. No se había parado a considerar que para ella estaba resultando una gran sorpresa, todo un descubrimiento. Pero lo cierto era que ver a James con su novia la había dejado en tal estado que le habría dado igual a quien se hubiese encontrado en el cuarto de baño. Estaba agotada. No podía más.

Ni Rose ni Roxanne aparecieron en el Gran Comedor durante el resto de la cena. Las dos chicas permanecieron en el baño hasta que la pelirroja derramó todas sus lágrimas. Hasta entonces, Roxanne estuvo pensando en lo que acababa de descubrir, en lo que eso suponía, y decidió que era posible que aquella noche Rose necesitase un respiro, porque estaba demasiado hecha polvo, pero no pensaba dejar que volviese a huir de nuevo. Ya lo había permitido una vez y ahora Rose estaba con un ataque de ansiedad llorando entre sus brazos mientras estaban tiradas en el suelo de un cuarto de baño.


¡Ta daaaaaaaaa! ¡Y hasta aquí ha llegado el capítulo!

Sé que no ha habido ninguna interacción entre James y Rose pero aun así hemos podido asistir a varios hechos importantes para la historia. En la primera parte de la historia hemos averiguado en qué situación se hallan James y Rose, los cuales no han vuelto a hablar desde la discusión en el campo de quidditch, que Penny y Louis tienen "algo" y también que para Rose lo que sentía por James fue como una revelación que apareció en el mismo momento en el que James se lanzó. En la segunda parte del capítulo, hemos visto cómo se sigue desarrollando la historia entre Lorcan y Lily (muahahaha). En la tercera y última parte del capítulo, hemos visto la reacción de Rose ante el descubrimiento de que James tiene novia.

Y bien, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿No os ha gustado? ¿Qué opináis de la incipiente relación entre Louis y Penny? ¿Cómo os parece que va la relación entre Lorcan y Lily? ¿Qué esperáis que pase entre ellos? ¿Y os esperabais que James decidiese echarse una novia? Todo esto y cualquier cosa que queráis decirme, escribidme un review en ese recuadrito que tenéis ahí abajo.

Ya estoy trabajando en la plantilla del resto de capítulos de la historia y tengo muchas ganas de escribir el próximo, así que no tardaréis en tener uno nuevo, ¡prometido! Y como siempre, ya sabéis que podéis encontrarme en twitter en (arroba) basileyas para lo que queráis ;)

Antes de despedirme me gustaría recordaros que si me dejáis un review aumentan las posibilidades de que Lorcan vaya a buscaros a la biblioteca...

Un beso y un achuchón,

Basileya