SANTO PECADO
.
.
.
Los personajes de Saint Seiya pertenecen a Masashi Kurumada.
.
.
.
- 6 -
LOS CELOS DEL ESCORPIÓN
.
.
.
La mañana transcurrió de manera tranquila, Saori se había puesto al corriente sobre la marcha de los negocios familiares. No se arrepentía de nombrar a su fiel mayordomo como su representante legal en Japón, todo marchaba de maravilla, la fortuna Kido se había incrementado el doble, se puso de pie para caminar al balcón, amaba Grecia pero en Japón podía ser ella misma y sentirse libre de sus obligaciones como diosa, estaba sumida en sus propios pensamientos cuando escuchó que tocaban la puerta.
—Adelante—contestó suavemente sin separar la vista de los amplios jardines de la casona.
—Señora, la comida ya está lista. Tatsumi me pidió que le avisara, él salió a cumplir uno de sus encargos—habló una de las sirvientas, con la mirada en el piso.
La joven asintió, girándose para ver a la mucama y salió junto con ella de su oficina— ¿Por favor, podrías avistar al joven Milo que es mi deseo que me acompañe durante la comida?—.
La sirvienta asintió, dejándole el paso libre a la joven diosa, y la vio partir con elegancia por el largo pasillo hasta verla doblar en una esquina y desaparecer, pudo escuchar como los tacones de sus zapatillas chocaban con el mármol de las escaleras principales.
Saori llegó al enorme comedor de la familia, una larga mesa rectangular de color blanca al alto brillo. Era una mesa para veinte personas, cada asiento en la mesa preparado para recibir a algún invitado extra, sobre la mesa ya estaban las copas de vino, para tres: Ella, Milo y Tatsumi y sobre sus cabezas el candelabro ya estaba encendido. Los platos de plata estaban finamente acomodados junto al bello plaque, y pronto la ama de llaves llegó.
—Saori-sama, la comida está lista—dijo la mujer y se retiró a la cocina.
A los pocos minutos llegó Milo, vestía un pantalón de color blanco de mezclilla y unos tenis, una remera de licra en color negro se ceñía muy bien a su cuerpo musculoso y parecía que el escorpión había tomado una ducha pues su largo cabello se veía húmedo, no se dirigieron la palabra y en esos momentos tomó asiento.
Una de las sirvientas comenzó a servir la comida, Saori miró de reojo al Caballero y éste se notaba un poco tenso, ella podía entenderlo después de todo el escorpión fue criado en un ambiente completamente distinto al de ella, ambos comían en silencio cuando Tatsumi regresó de cumplir el encargo de la joven.
—Mi señora sus órdenes fueron cumplidas al pie de la letra, ya se encuentran en el dormitorio del Caballero de Escorpio el traje de gala que mandó a comprar—comentó mordiéndose la lengua, no le agradaba para nada la cercanía de ese hombre a su ama, aunque estaba seguro que alguien cómo su señora jamás se fijaría en alguien como el escorpión.
Milo no había pasado por alto la manera en que aquel calvo desgraciado se le había quedado mirando, le pedía a Zeus y a todos los dioses del panteón griego que le dieran la suficiente paciencia para no matar al mayordomo de Athena.
Saori estaba sorprendida, los modales de Milo a la hora de la comida pues eran exquisitos, ella igual estaba preocupada porque el escorpión le hiciera pasar una vergüenza aunque era consciente que ese tipo de eventos serían aburridos para un hombre como él—Milo, la familia de Julián Solo durante generaciones han sido socios de los Kido, sólo iremos un par de horas para hacer acto de presencia, sé que alguien como tú se sentiría incómodo en esa clase de eventos.
Por alguna extraña razón las palabras de la chica lo hicieron enojar, para alguien como Saori Kido ir a esa clase de eventos con él era vergonzoso después de todo en esas fiestas estarían las personas más importantes de Japón, se puso de pie sumamente enojado—Despreocúpese Athena, para no incomodarla me quedaré afuera no quiero que se sienta avergonzada de que sus conocidos la vean con un tipo como yo, ¿Debe ser algo sumamente vergonzoso no es así? Después de todo no soy nadie comparado con esas personas—el escorpión tiró a un lado la servilleta, sabía que estaba siendo grosero con su diosa pero en ese momento estaba enojado con la niña mimada Saori, si sus compañeros escucharan la forma en que le estaba hablando a Athena de seguro le cortarían la cabeza pero todo tenía un límite y él ya había sobrepasado el suyo—Sobre la habitación que me fue asignada no quiero incomodarla con mi presencia, así que me puedo acomodar en cualquier lado—Milo caminó a la salida del comedor, estaba muy cabreado, maldita la hora en que se ofreció a acompañar a Saori Kido.
Milo estaba a punto de abandonar aquella habitación, necesitaba estar solo para calmarse cuando Tatsumi se puso en medio de la puerta, había sacado una espada de judo de quien sabe dónde— ¡Malnacido escorpión! ¿Quién te crees para hablarle de esa manera a mi señora? ¡Haré que le pidas disculpas!—exclamó enojado dispuesto a golpear a Milo, quién con un poco de su cosmos destruyó en varias partes la espada.
Saori estaba realmente sorprendida por la manera en que Milo le había hablado, él único que se había atrevido a tratarla de aquella forma era Seiya pero ahora el escorpión le hablaba de esa manera tan irrespetuosa, el escorpión dorado había despertado su curiosidad pues jamás fue su intención que el santo se sintiera insultado por sus palabras.
Ambos hombres compartían miradas retadoras cuando escucharon la voz de la chica—Milo nunca fue mi intención ofenderte, jamás me he sentido avergonzada de ir con alguno de mis Caballeros a esa reunión y por lo tanto tampoco estoy avergonzada de ti. Lamento si mis palabras sonaron mal—el mayordomo estaba impresionado, jamás su ama se había disculpado ni siquiera con los Caballeros de Bronce y se disculpaba con ese escorpión malnacido.
—Mi señora, usted no debe disculparse con éste sujeto, usted es la diosa Athena y está muy por encima de éste Caballero—exclamó fulminando con la mirada a Milo quién se contenía lo mejor posible para no lanzarle un par de Agujas a ese pelón bastardo.
—Tatsusmi, cállate o te juro que por Zeus te echo de la fundación—amenazó irritada la joven asustando al mayordomo—Milo, es mi deseo que tú seas quién me acompañe a ese baile.
El escorpión abandonó el comedor, estaba muy disgustado por todo lo que había pasado, era un caballero respetuoso pero había cosas que simplemente no podía soportar, no iba a ser humillado. Al llegar al dormitorio que Saori había dispuesto para él, se acostó en la cama manteniendo los ojos cerrados, necesitaba poner su mente en blanco.
—Te has equivocado conmigo Saori Kido, tal vez a ese burro con alas puedas tratarlo como se te venga en gana pero a mí, no me tratarás de la misma manera, te enseñaré cómo se comporta un verdadero hombre de sociedad—se dijo, manteniendo todavía los ojos cerrados y suspiró.
¡Diablos! Tenía que controlar mejor su carácter o de lo contrario jamás se ganaría la confianza de la chica. ¿Por qué tenía que ser tan complicado? Saori era tan solo una niña malcriada y él siempre había preferido a las mujeres de verdad, ¿Entonces, por qué se sentía tan atraído por aquella mujer?
Decidió levantarse de la cama, no conseguiría nada estando sin hacer nada. Así que fue al balcón de su habitación y vio la hermosa vista que tenía hacia el jardín de los Kido. De un salto llegó al verde césped y se quitó la remera de licra y expuso su trabajado pecho ante el sol. De repente, escuchó unos ladridos de un perro que ante cualquier persona podría ser peligroso, un fornido rottweiler le ladraba con ferocidad, seguro era un perro de seguridad que custodiaba la casa.
Elevó un poco su cosmos y calmó al imponente animal, lo vio sentarse firme ante él—Tranquilo amigo—el escorpión se arrodilló para acariciar al perro—No eres tan feroz como aparentas—y el perro con su enorme lengua lamió su cara y al mismo tiempo movía su rabo.
El escorpión no se había dado cuenta que alguien lo observaba desde el balcón principal, Saori al ver a Milo de aquella manera no pudo evitar sonreír levemente, debía reconocer que el caballero de la octava casa era alguien realmente fascinante, antes de ser Athena siempre había sentido cierta atracción por los chicos con carácter y que no se dejaran mandar por ella, esa era la razón por la cual sentía cierta preferencia por Seiya ya que Pegaso fue el único que jamás la trató como alguien superior y ahora Milo le hablaba de aquella manera, sabía que debía estar enojada con él por la falta de respeto pero lo único que logró fue que su curiosidad fuera más grande.
Cuando regresara a Grecia le preguntaría a Shion todo lo que sabía de Milo de Escorpio, no quería que el mencionado se diera cuenta que lo estaba observando además debía prepararse para el baile y debía estar lista antes de las 7 de la noche.
—Veamos que me pondré para el baile—habló para ella misma, hasta ahora ninguno de sus vestidos le había gustado o convencido. En esos momentos realmente extrañaba a Afrodita, solo se habían separado unas horas atrás y ya lo necesitaba para que la aconsejara sobre el vestuario para la noche.
Regó en su enorme cama, varios vestidos y ninguno le convencía, hasta que encontró entre plástico celofán un vestido negro de tirantes y con algunos destellos en pedrería. Lo tomó y lo observó unos momentos antes de acercarse con él frente al espejo de su tocador y verse… Afrodita tenía razón, de vez en cuando estaba bien que los demás observaran su belleza. Resaltaba sus atributos sin llegar a ser vulgar, después de todo la humana Saori Kido era una cosa y Atenea otra.
Decidió usar ese vestido junto a unas zapatillas de aguja, abiertos de los dedos y parte del pie, podría ajustarlos a su tamaño gracias a unas correas doradas, la plataforma de la zapatilla era dorada al igual que la aguja de la zapatilla, larga y estilizada.
Realmente deseaba en esos momentos que Afrodita estuviera ahí para ayudarla, suspiró y se encaminó al baño.
De alguna manera también extrañaba a Galilea, su dama de compañía siempre le tenía preparado el baño a la hora que ella le requiriera, ahora tendría que hacerlo por ella misma. Volvió a suspirar mientras abría el grifo del agua para llenar la bañera y del anaquel del baño tomó un frasquito con aroma a rosas, echó un poco junto al jabón de espuma.
Se fue retirando su ropa poco a poco hasta quedar completamente desnuda y aún con el grifo abierto se metió al agua caliente; sintió su piel enchinarse con el contacto del agua y terminó sentándose en la baldosa de la tina y comenzó a mojar su largo cabello. Cerró el agua y comenzó con su tarea de aseo. La espuma cubría todo su cuerpo dejando solo sus hombros al descubierto y comenzó echándose champo.
Tardó un buen rato dentro del baño, hasta que vio como sus dedos de manos y pies se hicieron arrugados por tanta agua y decidió que era momento de salir. Se envolvió en una toalla blanca y salió a su habitación, el cielo comenzaba a agonizar con la llegada del atardecer y ella apenas estaba a tiempo para arreglarse.
Se colocó unas pantaletas de corte francés en color negro y echó crema humectante en sus largas piernas lechosas y luego deslizó el vestido negro en su cuerpo curvilíneo. Omitió el sostén gracias a que su espalda estaba al descubierto y amarró los tirantes a su cuello, luego se colocó las zapatillas, dándole más altura y finalmente se quitó la toalla que estaba enrollada en su cabello. Se acercó al espejo y del cajón del tocador sacó una cajita de terciopelo color negro y la abrió encontrándose una hermosa gargantilla bañada de oro florentino.
Cepilló su cabello y lo arregló en un bonito levantado, dejando dos mechones a cada lado de sus orejas y finalmente colocó un par de aretes del mismo material que la gargantilla, largos. Se maquilló discretamente y puso un poco de gloss en sus labios. Se perfumó con suavidad yendo a su armario para sacar un abrigo de peluche artificial en color blanco.
Estaba lista, pestañeó un par de veces y por fin entre todo el desorden de su cama encontró un bolso de mano que hacía juego con su vestuario.
…
Faltaba poco para las 7 de la noche, Milo se encontraba en el salón principal junto a Tatsumi esperando a Saori, el Caballero de Escorpio llevaba un traje de gala negro que combinaba con una corbata de color rojo sangre, para ser un pelón malnacido sabía elegir buenas cosas aunque se sentía un poco incómodo por la ropa que usaba, el traje que estaba usando le recordaba una parte de su juventud temprana de la cual no quería acordarse, ambos hombres se encontraban en silencio cuando una mucama abrió la puerta, Milo se quedó con la boca abierta pues Saori se veía más hermosa que de costumbre. Ese vestido hacía resaltar sus atributos femeninos y tuvo que sacudir su cabeza mentalmente a ambos lados para alejar aquellos pensamientos pervertidos.
Se acercó a ella y le ofreció su brazo para que lo tomara—Si me permite decirlo se ve muy hermosa señorita Saori—provocando el sonrojo de la joven.
Había dado resultado, había logrado impresionar a un hombre como Milo aunque ella también estaba impresionada. El escorpión se veía muy bien con aquel traje sabía por los libros que su abuelo le hacía leer que los hombres griegos eran hombres guapos y con mucho porte y elegancia pero Milo se volaba la barda—Tú también te ves muy bien con ese traje Milo—comentó la diosa con timidez a lo cual el escorpión sonrió. Mientras Tatsumi fruncía el ceño.
Ambos salieron de la Mansión Kido, Milo como buen caballero le abrió la puerta de la limosina a la joven, un gruñido de desprecio del mayordomo se escuchó ya que ese era su trabajo pero ya se vengaría de ese escorpión miserable y vaya que lo disfrutaría, el camino fue en silencio. Saori estaba nerviosa desde que la Guerra Santa contra Hades había dado comienzo, ella se había alejado de este tipo de eventos cuando era una niña disfrutaba de estar rodeada de todo este tipo de cosas pero ahora había cambiado, disfrutaba más la tranquilidad del Santuario ver a las personas de la Antigua Grecia ganarse la vida en el campo o pesca. Afrodita tenía mucha razón, las personas del mundo moderno vivían para trabajar.
—Por fin llegamos mi señora—habló el mayordomo, estacionándose en la entrada de la mansión Solo, era una bella glorieta cubierta de grava y una fuente en el centro iluminada alrededor—Vaya… ya dio inicio el baile.
Saori miró de reojo a Milo, se notaba algo nervioso al sentirse observado. Él le tendió el brazo a la diosa para entrar juntos al baile, ésta sería una de las noches más largas de su vida, si el idiota de Aioria lo viera de esa manera seguramente ya se estaría burlando.
—Todo estará bien Milo, tranquilo—comentó la diosa mientras le daba un apretón de brazo, tranquilizándolo.
El escorpión asintió mientras entraban a la gran Mansión de los Solo, en medio del gran salón las personas bailaban o solo platicaban sobre negocios, Saori sonreía y saludaba a algunos conocidos o socios, Milo se sentía incómodo pues no conocía a nadie y de cierta manera jamás había disfrutado estar rodeado de tantas personas.
— ¿Saori querida, cómo estás?—preguntó una de las hijas de uno de los socios de los Kido, mientras le daba un beso en ambas mejillas—Mucho tiempo sin saber de ti querida siempre que te invitamos a una de nuestras reuniones nos dices que no puedes—le recriminó haciendo un pequeño puchero hasta que desvió la mirada a un lado—Vaya… no sabía que tenías novio, veo que te gustan los mayores… es muy atractivo. Me pregunto cómo le hiciste para conseguirte éste espécimen de hombre.
Tanto Saori como Milo se sonrojaron por la confusión de la chica—Mary querida él no es mi novio—aclaró sonriéndole falsamente pues no había pasado por alto como esa mujer había desvestido a Milo con la mirada-
—Mi nombre es Milo, encantado de conocerla señorita—se presentó el Caballero tomando una de las manos de la chica para besarla galantemente.
Tanto Saori como Tatsumi estaban sorprendidos por los modales tan exquisitos que Milo poseía, la diosa se preguntaba dónde había aprendido a comportarse.
—Que chico tan educado, mi nombre es Mary Johnson tal vez mi apellido te sea conocido, mi padre es dueño de una de las empresas más importantes de Europa—la chica comentó presumidamente—Dime Milo, ¿cuál es tu apellido, de dónde eres?—preguntó la joven sonriéndole al Escorpio mientras lo miraba con insistencia lo que fue del disgusto de Saori.
Saori tomó del brazo a Milo para darle a entender a esa mujer que el escorpión estaba con ella, la joven no había pasado por alto la forma en que Mary había mirado a Milo, esa mujer jamás había sido de su agrado la trataba por simple cortesía—Milo es griego así que no conoces a sus familiares, si nos disculpas Mary, tenemos que saludar a otras personas—comentó Saori con educación.
Mary asintió con una falsa sonrisa—Está bien, pero Milo, tienes que bailar conmigo una pieza ¿te queda claro?
La joven diosa estaba algo disgustada. ¡Quién se creía es Mary para darle órdenes a su Caballero! Ni siquiera ella por ser la reencarnación de Athena lo hacía, como para que una mujer como esa viniera a imponerse, no le dio tiempo al Escorpio de contestarle pues lo arrastró con ella a otra parte.
—Mi señora, ¿está bien?—preguntó Tatsumi un poco preocupado, no había pasado por alto el mal humor de la chica.
Saori quién se mantenía del brazo de Milo suspiró para luego mover su cabeza en negación—No te preocupes no es nada, será mejor saludar a alguno de los socios de mi difunto abuelito después de todo esa es la razón por la que venimos a éste baile.
Para Milo el baile era sumamente aburrido tener que tratar con ricos hipócritas pues su único tema de conversación era quién tenía más dinero, hasta ahora se notaba a Saori bastante complacida con su comportamiento, los Caballeros Dorados no solo habían recibido entrenamiento físico sino también educación.
Uno de los meseros les ofreció una copa de vino, el escorpión no era afecto de tomar aquella bebida pero sentía que en estos momentos le hacía falta para soportar aquella velada—Lo estás haciendo muy bien Milo—lo felicitó la chica mientras tomaba un trago—Dentro de poco tiempo nos marcharemos, debes estar cansado.
Saori se encontraba conversando con uno de los mejores amigos de su abuelo cuando el anfitrión del baile se acercó a dónde ella estaba—Es un gusto verla señorita Saori, me honra con su presencia—el joven Solo tomó la mano de la chica besándola provocando que Milo frunciera el ceño.
Saori sonrió de forma nerviosa y se sentía incómoda de ver a Julián, le venía a la mente la Guerra Santa en contra de Poseidón pero por lo que notó el joven de traje blanco no recordaba nada de cuando su tío en la mitología usó su cuerpo, miró de reojo al joven que estaba a un lado de Julián y notó que era Sorrento—El gusto es mío Julián. Gracias por invitarme a tú baile.
El heredero de la fortuna Solo sonrió galantemente, sintió la mirada del escorpión sobre él, lo miraba con desprecio lo cual le pareció divertido—Vaya… no me había dado cuenta de que venía acompañada de su novio.
¡Por Zeus y todos los dioses que se habían confabulado en su contra para que pensaran que ella y Milo eran novio, primero la odiosa de Mary y ahora Julián!—Te equivocas, Milo no es mi novio es sólo un acompañante—aclaró la chica lo que hizo que la sonrisa del heredero de la fortuna de la familia Solo se hiciera más grande.
—Vaya… que alivio saberlo—habló mientras miraba al escorpión de arriba abajo—Mi nombre es Julián Solo, encantado de conocerte—se presentó con falsa amabilidad extendiendo su mano.
Milo se mordió la lengua para no soltar un improperio, no había pasado por alto el falso tono de amabilidad de ese bastardo pero dos podían jugar ese juego—El gusto es mío, mi nombre es Milo, encantado de conocerlo—habló imitando el mismo tono mientras apretaba su mano con un poco más de fuerza.
El joven solo retiró la mano sacudiéndola levemente a causa del dolor—Si me permite señorita Saori, me encantaría hablar con usted a solas. ¿Qué le parece si me acompaña al balcón?—ofreció mientras le mostraba el lugar al aire libre—Sorrento, atiende bien a nuestro invitado—le ordenó mientras su asistente asentía con la cabeza.
Julián se hizo a un lado dándole el paso a Saori, la vio caminar un poco y vio su espalda perfecta, la chica era la perfecta combinación pues tenía las curvas en su lugar y la belleza la acompañaba a todos lados. Y ese vestido obviamente robaba muchas miradas de caballeros. Milo no daba crédito a lo que veía, Athena lo había dejado a solas con uno de los ex Marinos de Poseidón y él no traía su armadura—Por fin conozco a uno de los Caballeros Dorados, eres el guardián de la octava casa ¿no es así, el letal Milo de Escorpio? No hagas alguna tontería después de todo no creo que a tu señora le guste la idea que su caballero se exponga ante tantas personas.
Milo apretó sus puños con coraje no le faltaban las ganas de moler a golpes a aquel bastardo y al notar la forma burlona en que Tatsumi lo miraba lo hizo poner de peor humor, malditos fueran los tres, el ex Marino por ridiculizarlo, el calvo bola de billar por burlarse de él y el niño rico de Julián Solo por quitarle la atención de su diosa.
—Comete un error y yo mismo te mandaré de regreso a Grecia de dónde nunca debiste salir. Eres igual de idiota que Seiya, es gracioso que ambos piensen que mi señora podría fijarse en ustedes teniendo pretendientes tan importantes. ¡A la altura!—comentó con veneno, Tatsumi mientras veía como Milo apretaba los puños con fuerza gracias a la ira.
Milo tuvo que poner toda su fuerza de voluntad para no matar a ese maldito bastardo de Tatsumi, lo habían dejado solo, habían pasado más de 20 minutos desde que la Kido se había ido a hablar quién sabe a dónde con Julián. Milo ya había bebido bastantes copas para poder soportar aquella estúpida fiesta cuando alguien lo había tomado del brazo.
—Veo que Saori te dejo solo para irse con Julián… ¿Te parece si bailamos?—la chica no le dio tiempo de contestar por que fue arrastrado a la pista de baile, que más daba si de todos modos Saori lo había dejado solo, él también tenía derecho de disfrutar la velada aunque sea un poco como ella lo estaba haciendo, aunque se sentía algo mareado por el alcohol que había bebido.
.
.
.
Seiya miraba por la ventana de su habitación, estaba realmente aburrido. Se había devorado todos los tomos de Once Pice, podía ver a través de la ventana las suaves olas del mar intentar alcanzar a su eterna amada, la Luna. Se sentía como el mar… él nunca podría alcanzar a Saori, ni aunque sacrificara su vida…
—Debo intentarlo, nada es imposible—se dijo el Pegaso, silbando con aburrimiento.
Dejó caer sus tomos de manga al suelo y miró con tristeza la silla de ruedas que estaba al lado de su cama, odiaba no sentir las piernas… estaba tumbado ahí… ¡Tenía que hacer algo para remediarlo! Desde que había regresado a Japón al lado de Minho se había rehusado a ir a ver un médico. Así que ahí estaba con resignación, las alas del Pegaso se habían marchitado… ya no podría volver a volar.
Su mente estaba siendo nublada por la resignación y la miseria, pero algo muy dentro de su alma, lo incitaba a intentar caminar. Quizás era el cosmos que aún lo respaldaba como Caballero de Athena. Se arrastró sobre su cama y sabiendo que se caería se intentó poner de pie.
Sus piernas colgaron en la cama cuando él se sentó y obligando a su cuerpo a apoyar los pies intentó levantarse, aunque el resultado fue el mismo de las veces pasadas, su barbilla se estrelló con el brazo de la silla de ruedas y sintió como la quijada le tronó por tremendo golpe.
— ¡Maldición!—gritó Pegaso con impotencia, dejando salir sus amargas lágrimas.
Pudo escuchar los pasos apresurados de Minho subir las escaleras hasta su habitación y abrir la puerta de golpe— ¡Seiya! ¿Estás bien? ¿Qué paso?
Pegaso con ayuda de sus brazos se intentó incorporar y con ayuda de la peli azul se pudo sentar sobre el piso de madera— ¡Estoy harto Minho! ¡Estoy harto de estar varado en ésta maldita silla de ruedas, y de estar aquí en éste maldito lugar!
Ante su frustración el castaño no notó que el rostro de la chica se entristecía, ella siempre había estado enamorada del muchacho y él no parecía tener ojos para nadie más que para la odiosa niña rica de Saori, ella sabía que Seiya era un caballero al servicio de la diosa Athena. Aunque rápidamente eliminó esos pensamientos negativos pues la muchacha Kido no tenía la culpa, de cierta manera envidiaba la atención que ella recibía del chico.
Hizo esfuerzo para ayudar a Seiya a reincorporarse sobre la cama y suspiró con tristeza—Debes tener paciencia Seiya… pronto volverás a caminar y po-podrás irte de éste feo lugar.
Los ojos de Pegaso se abrieron con sorpresa al notar lo que había dicho y miró con culpa a Minho—No… n-no yo no quise decir eso, Minho…
—No tienes que decir más Seiya—sonrió la jovencita con tristeza—Dijiste lo que sentías. Pronto estará lista la cena.
La muchacha dejó al moreno solo y cerró la puerta con suavidad, dejando a éste pensando... su vida se estaba haciendo insoportable, no podía sacar a Saori de su cabeza.
.
.
.
Saori podía sentir el viento de la noche y miró de reojo a Julián. Era realmente incómodo estar ahí de cierta manera en privado con él y decidió hablar para romper la tensión.
— ¿Qué ha sido de ti, Julián?
El peli azul miró a Saori con tranquilidad mojándose los labios antes de hablar—Pues he mantenido la compañía de mi padre en lo alto. Hace poco firmamos un trato con la fundación de tu abuelo para exportar algunos de nuestros productos a América.
—Me parece bien, es grandioso saber que los negocios están de maravilla.
La mujer realmente quería irse, iba a disculparse con Julián con la excusa de ir al baño pero él volvió a hablar—Saori… sé porque me miras así… estoy muy al tanto de que Poseidón poseyó mi cuerpo en la anterior Guerra Santa y quiero que sepas… que no sé porque estoy aquí, de repente desperté un día aquí en mi mansión cómo si nunca nada hubiera pasado, pero… gracias a Sorrento pude recuperar mi memoria y antes que nada quiero que sepas que yo soy Julián Solo no tu tío Poseidón.
Saori se sorprendió por las palabras del chico y simplemente asintió dándole otro trago a su copa de vino.
—Para demostrarte que puedes confiar en mí, permíteme ésta pieza—el joven de azulados cabellos tendió su mano a la joven diosa. Ella un poco renuente aceptó y ambos regresaron al interior del enorme salón lleno de gente bailaba. La orquesta vio entrar al anfitrión de la fiesta y comenzaron a tocar un suave vals.
Muchas miradas se posaron sobre la pareja, ambos eran de importantes familias, así que era inevitable no mirarlos. En especial un par de ojos azules que miraban de mala gana, aunque él estaba acompañado de una bella mujer europea sus afilados ojos no se podían despegar de la joven que fue tomada por la cintura galantemente y él rechinó los dientes.
Los violines entonaron su suave melodía y Julián hizo girar a Saori, uno, dos, tres, uno, dos, tres. Las piernas de la joven se veían estilizadas y los tacones dorados daban un bello movimiento. Y ella pudo sentir la mirada asesina de Milo sobre ella y su acompañante. Pero cuando sus ojos se conectaron había molestia, se le veía molesto e incluso el escorpión sacó a bailar a la pesada de Mary, pareció también que Julián notó aquella acción ya que incluso le sonrió a Saori y ella regresó la sonrisa para la molestia de Milo.
Para sorprender a la joven Kido, parecía que Milo sabía bailar muy bien, aunque éste jamás en su vida lo hubiese hecho, era un buen danzarín, ajustó la cintura de la muchacha de rubios cabellos y giró con ella en un elegante movimiento, conscientemente chocó su hombro bruscamente con el del joven Solo y ambos hombres siguieron danzando al ritmo del vals.
Mary no había notado que estaba siendo utilizada por el Escorpio a causa de la enorme molestia que estaba sintiendo al ver cómo el anfitrión de la fiesta estaba apresando entre su brazo la cintura esbelta de Saori, con ese vestido negro podía observar todas sus curvas y él no iba a permitir que ese niño rico siguiera tocando a su diosa.
El violín dejó de sonar y las dos parejas en el centro del salón se detuvieron para después recibir muchos aplausos por parte de la gente que estaba presente en esa celebración.
—Por favor, sigan tocando—pidió Julián—La noche es larga, joven y bella—esto último lo dijo al mirar directamente a Saori a los ojos. Y a ella la vio un poco incómoda pero no le importó, estaba dispuesto a conseguir la atención de la chica. Incluso desde antes de ser poseído por el dios de los mares, él ya se sentía atraído a la muchacha de largas hebras lilas.
Ahora una canción más movida había comenzado y todos los invitados presentes se unieron al baile en general, era un baile muy movido dónde había vueltas e intercambios de parejas. Saori se vio aliviada cuando después de dar una rápida vuelta con Julián se vio en los brazos de un varón maduro de largos bigotes bien estilizados, luego otra pareja, y otra y otra más. Hasta que en una de esas vueltas rápidas, terminó con el joven de la constelación de escorpión.
Ambos chocaron fuertemente y quedaron con las manos juntas en un fuerte agarre. Provocando el sonrojo en ambos… ninguno supo porque el calor llegó a sus mejillas. Y casi con casualidad aquella pieza alegre de la orquesta terminó, mientras los ojos helados de Julián cayeron sobre la pareja.
Tatsumi por su lado no estaba para nada alegre cuando vio que su ama estaba entre los brazo del escorpión. En su mente malvada pasó una idea brillante.
—Camarero—llamó el hombre calvo a un joven, quién se acercó con una charola en mano con algunas copas de vino tinto—Huele delicioso, la cosecha parece estar muy buena.
—Así es señor—sonrió el joven—Es una uva de la familia de los Cabernet Suavignon, de 1968 y su añejamiento es un perfecto sabor ácido y perfecto cómo un aperitivo.
—Excelente gusto—terminó Tatsumi—Te tomaré dos copas, una para mí y una para mi hermosa ama.
El camarero sonrió extendiéndole la bandeja y Tatsumi tomó ambas copas, sus ojos miraron con malicia el vino y de entre su saco sacó una botellita pequeña, echó un par de gotas y guardó el frasquito sin que nadie lo viera. Cuando Saori y Milo regresaran a tomar algo, él le entregaría a ese escorpión desgraciado su vino con droga.
—Vas a pagar por haber puesto tus ponzoñosos ojos sobre mi ama—los miró, y cómo predijo se acercaron a él para tomar las copas que les ofrecieron—Es un excelente señorita Saori, Caballero—dijo con desdén el adjetivo calificativo del peli azul.
Milo tardó unos momentos en tomar la copa con el líquido tinto, pero finalmente lo tomó entre sus dedos y con suavidad se llevó el vino a los labios. Degustó la rugosidad del líquido y sintió un poco amargo su sabor pero no le desagradó, bebiendo de un sorbo un poco mal educado todo el vino, ante los ojos de Saori y la molestia de Tatsumi.
—Señorita Saori—habló el mayordomo—La cena del joven Solo está por dar inicio, ¿quiere quedarse o prefiere que nos retiremos ya?
Saori lo pensó unos momentos—Sólo la cena, Tatsumi y después nos vamos.
—Claro que sí, señora.
Milo se había quedado en silencio durante unos momentos, realmente estaba sintiéndose raro. Él en el Santuario algunas veces bebía vino con Aioria y jamás se había embriagado con una copa, era más normal en el tarado de Aioria pero en él no… ahora era diferente. Sentía un extraño hormigueo en las manos y comenzaba a ver borroso, su vista no fallaba jamás pero sus pupilas no lograban a identificar todo, incluso Saori se había vuelto una silueta borrosa. Sabía que era ella por el color de sus cabellos pero…. ¿qué mierda estaba pasando? Tragó espeso y sintió un calor abrasador en la garganta. Las sienes también se le calentaron al máximo, ni siquiera usando Al Niyat podría adormecerse para evitar una catástrofe como esa.
Tatsumi sonrió con maldad al ver que su pequeña venganza había surtido efecto más rápido de lo que pensó. Quería exponer a Milo cómo un hombre sobre natural al poseer una fuerza que no cualquier humano tenía, y lo pondría en la mira asustada de toda la gente, pero por una parte estaba seguro que su ama si se enteraba lo iba a reprender muy feo. Pero realmente estaba disfrutando muchísimo ver que el Escorpio ya había comenzado a tambalearse mientras intentaba darles alcance rumbo a la mesa.
Saori llegó a la mesa sin percatarse del estado de Milo, pues sus largas piernas le dieron pronto alcance a la elegante mesa, aunque sonrió incómoda al ver que nuevamente Julián le hacía la invitación para que se sentara a su lado. Mary también estaba en esa mesa y tampoco le agradó verla, se sintió molesta al verla, odiaba que esa resbalosa mujer haya puesto sus ojos sobre su Caballero Dorado, porque eso era… SU Caballero.
—Toma asiento con nosotros, querida—dijo Mary con una sonrisa falsa e hipócrita. La rubia estaba sentada al otro lado de Julián en esa enorme mesa redonda.
—Gracias—contestó ella, alisando su vestido y tomando asiento—Pero también mi acompañante Milo y mi mayordomo se sentaran en ésta mesa.
—Lo que tú quieras—complació Julián y con una seña de mano hizo que los camareros comenzaran a traer la entrada de esa gran cena.
Una pieza de jazz acompañó a los meseros en su rutina de servir los platillos a la gente.
Entre los mareos de Milo, pudo llegar a la mesa y gracias al mareo que sentía en todo el cuerpo se dejó caer pesadamente sobre la silla a un lado de Saori, en esos momentos no podía mirar asesinamente al cuerpo contenedor de Poseidón, estaba concentrado en no perder la calma en su interior. Estaba padeciendo de una horrible paranoia y no sabía porque, podía escuchar a los demás hablando en la mesa pero él realmente solo escuchaba sonidos distorsionados de voces humanas, e incluso entre esos sonidos estaba la voz de Saori pero no entendía nada de lo que estaba diciendo.
— ¿Milo, te sientes bien?—preguntó Saori por tercera ocasión pero el Escorpio no estaba contestando a su pregunta. Frunció un poco el ceño.
El pánico estaba invadiendo su mente junto a una pequeña taquicardia y se levantó de la mesa violentamente, llamando la atención de los cogotudos presentes. Y de repente solo sintió un fuerte golpazo en la cabeza y luego nada.
— ¡Milo!—gritaron al mismo tiempo, Saori y Mary.
De la nada Milo de Escorpio se había desplomado a un lado de la mesa y todos miraron preocupados al joven. Saori se levantó con preocupación junto a la rubia. Tatsumi se mantuvo serio pero interiormente se burlaba de Milo por tonto, ese mocoso no era rival para él, quizás el hombre tenía la fuerza del cosmos, pero él tenía muchas artimañas que maquinaba con su mente bajo la manga.
Tatsumi 1, Milo 0.
—Tatsumi, prepara el auto y quiero que llames inmediatamente al médico—ordenó Saori, quitando la mano de Mary groseramente del rostro de Milo—No lo toques.
— ¡Ay! Qué grosera—la rubia se retiró de ahí, pero manteniendo su cercanía. Algunos chicos de ahí se ofrecieron para cargar a Milo hasta la limosina de los Kido.
—Julián… lo siento—se disculpó educadamente la diosa—Debo irme.
El peli azul sonrió, aunque por dentro estaba molesto—Claro, no hay problema. Gracias por venir ésta noche.
Saori se despidió y se retiró detrás de Milo, esperaba que su mayordomo estuviera cumpliendo con lo que le ordenó.
…
—Muchas gracias—Saori hizo una pequeña reverencia a los jóvenes que ayudaron a meter al escorpión dentro de la limosina. Ella entró del otro lado mientras Tatsumi subía al lugar del chófer y se molestó al ver que ese condenado Caballero se seguía saliendo con la suya. Vio a su ama recostar la cabeza de éste sobre sus piernas—Vamos a casa Tatsumi, quiero que cuando lleguemos la habitación de Milo esté lista y el médico esperándonos.
—Si señora.
Por pura casualidad, la limosina blanca pasó por en frene del orfanato donde Seiya estaba viviendo en esos momentos y Saori ni siquiera se dio cuenta por venir observando el fino rostro de Milo. Ni ella misma sabía que le había pasado para ponerse mal de la nada.
Giraron por unas calles varias veces hasta ver como se hacía grande la mansión Kido. Y la fuente ya estaba encendida entre rosales rojos, la servidumbre ya estaba en la entrada y cuando el vehículo aparcó en la entrada.
—Vamos, ayuden a la señora—ordenó Tatsumi, adoraba ladrar órdenes.
Algunos hombres ayudantes de cocina, cargaron con dificultad el cuerpo de Milo y lo llevaron arrastrando por las escaleras. El médico llegó a los pocos minutos y fue directo a la habitación del enfermo.
—Necesito un té—expresó Saori.
—Ya mismo lo llevan a su habitación.
La joven asintió y por fin se quitó esas pesadas zapatillas, tocando con la planta de su pie el frío suelo de mármol y subió las escaleras rumbo a sus aposentos. Pero solamente entró a su cuarto a botar las zapatillas y aún descalza fue a la de Milo dónde el médico estaba con su estetoscopio y un reloj tomando las pulsaciones del corazón del joven.
— ¿Está bien, doctor?
—Por ahora sí—terminó el hombre, era viejo con la cabeza blanca y barba larga—Parece que se intoxicó con algo, algún alimento o bebida. Pero no es nada para preocuparse, solamente le dejaré unas píldoras que deberá tomar para sacar la toxina que afectó su cuerpo.
— ¿Eso es todo?—preguntó la diosa, no del todo convencida.
Ella y Milo habían tomado lo mismo e ingerido los mismos aperitivos, y ella estaba muy normal. Quizás y el doctor tenía razón, Milo era alérgico a algo…
—Si señorita, con permiso.
Saori asintió y se acercó a la cama, para observar a Milo no sin antes agregar algo más—El pago se lo dará mi representante legal, muchas gracias.
El hombre se retiró tras cerrar la puerta dejando sola a la diosa con el Caballero, ella suspiró y se tomó la libertad de aflojarle la corbata al peli azul. Y lo miró, realmente Milo era un hombre muy atractivo de facciones maduras… se fascinó con el rostro escultural de éste y se vio tentada a tocarlo, se sorprendió al saber que la piel del joven era muy suave.
La curiosidad de Saori estaba latente y se sentó al lado del escorpión. Se quedó en silencio solo acariciando su rostro.
…
Milo ya estaba despierto, el toque de Saori lo despertó, sabía que era ella por el dulce perfume a flores y por la calidez de su cosmos que lo hizo reaccionar. Decidió no abrir los ojos pues si era un sueño no quería despertar todavía, era demasiado irreal lo que estaba pasando y los dedos de la fémina se sentían muy bien. Aunque todo el cuerpo le cosquilleaba todavía por lo que se bebió.
Podía eliminar cualquier intoxicación gracias a su persona, él era venenoso y ningún veneno ni siquiera el de Afrodita de Piscis podían doblegarlo. Solo fue la paranoia que lo hizo colapsar. Pero cómo autómata abrió los ojos, haciendo que Saori retirara sus caricias como si él quemara pero no se levantó de su lado.
Su cabeza daba muchas vueltas todavía, estaba seguro que eran los efectos secundarios de la droga que ingirió y podía ser que su cabeza estaba jugándole chueco. Si debía ser eso… porque sentado junto a la diosa, la miró directamente a los ojos, soltándole los cabellos rizados por el peinado y enfocó su mirada sobre los labios rosados de la diosa.
—Perdóneme—dijo, antes de estrellar sus labios secos con los de Saori.
Saori abrió grandemente los ojos muy sorprendida por lo que estaba pasando. Podía sentir los labios suaves del escorpión moverse sobre los suyos y su aroma masculino penetrar en sus fosas nasales adormeciéndola un poco… quería cerrar los ojos. Y la lengua húmeda del Caballero le pedía permiso en silencio. Aceptó la muda petición cediendo, para que la lengua de Milo entrara a su boca, cepillando con su lengua experta la suya…
Nunca… había… besado… ¿Así se sentía un beso? ¿Tan pasional? ¿Tan jodidamente bien y excitante? Tan… hermoso.
Poco a poco fue cerrando sus ojos, dejándose llevar por el beso hambriento de Milo y envuelta en la atmosfera del escorpión celestial, poco a poco se fue dejando recostar sobre la mullida cama de Milo.
"¡No lo voy a permitir!". Una voz molesta retumbó en la cabeza de la diosa, Atenea en su poca conciencia podía sentir como SUS labios eran corrompidos pecaminosamente por el escorpión. Y Saori se dejaba besar como una jovencita enamorada llena de hormonas.
Pero gracias a la poca fuerza que tenía, no pudo separarlos. Sintiendo asco en todo su ser al sentir lo que sentía Saori, podía sentir como la chica sentía placer al ser besada de esa forma nada decente e incluso por compartir cuerpo con Saori sintió como del interior de su entrepierna se humedecía.
Milo paró momentáneamente por falta de oxígeno en sus pulmones y soltaba con suavidad a Saori. Ella lo miraba confundida y su cabeza nuevamente le dio vueltas, estaba seguro que iba a sucumbir ante la oscuridad nuevamente. Solo miró los labios enrojecidos de la chica y luego nada.
La joven Kido, solamente miró confundida a Milo y con molestia al ver que éste se había desmayado nuevamente. No tuvo voluntad y su cuerpo estaba experimentando sensaciones que jamás había sentido en su vida; después de todo era normal porque desde que supo que era la actual reencarnación de Athena su adolescencia se vio envuelta de Guerras contra los dioses del panteón griego.
No había tenido tiempo de ser una joven normal… y ahora… SU primer beso se lo HABÍA DADO Milo de Escorpio. En algún tiempo pasado pensó que Pegaso sería su primer beso, pero no… Milo lo había hecho.
Se cubrió los labios, y salió corriendo de aquella habitación.
¿Y ahora qué iba a pasar?
Nadie lo sabía.
.
.
.
.
Y bueno… aquí tenemos otro capítulo más. ¡Se puso intensa la cosa! ¿Ahora qué pensará Saori al respecto?
¡Pinshi Tatsumi! xD pero era necesario que el calvo malnacido *como dice Milo* hiciera de las suyas. A la larga, agradecerán su fechoría.
¡En éste capítulo no apareció Shaka ni Shaina! Pero si hubo una breve aparición de Seiya y su frustración UnU pero el próximo tendrá más relevancia al igual que los otros caballeros que andan de vacaciones. Y también habrá más de Shaka y sus confusiones humanas,
Antes que nada quisiera responder a un review que me dejaron:
: Bueno en realidad desde qué maquiné la historia Saori tendrá 16 y Milo 18. Para que no haya una enorme diferencia de edades entre ellos. Por eso mismo es que digamos que los atributos de Saori serán más notables jajaja
Espero que les haya gustado éste capítulo en especial a Raziel Bathory: v ¡Sobre todo porque nunca me ha dejado un comentario en el fic y bien que lee! ¡Quiero un comentario tuyo aquí! Y a Martha, quién siempre está al pie del cañón con la historia y porque ella también contribuye con la misma.
Nos leemos pronto!
