Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia ni se infringen deliberadamente derechos de autor.
Notas de autor: Para los que dudaron si alguna vez Ernie o Draco tuvieron algo, deciros que no. Ernie es feliz con su esposa y además es hetero. Pero, por algún motivo, se llevan bien. No digo nada más, disfrutad el capi de hoy, dedicado a shixa y a Pitchi, porque empiezan a hablar del fic y luego tienen una conversación conmigo. No os preocupéis, es algo habitual en mis lectores, se contagian de mi locura. XD Besos.
Vamos, que lo entrego calentito...
Vacaciones en Marsella
Fanfiker_Fanfinal
07.
Cuando se reunieron para ir al minigolf, atracción propuesta por Scorpius Malfoy, no tuvieron más remedio que ir en coche. Después de una fuerte discusión entre Scorpius Malfoy y su padre, se repartieron para ir en dos coches. Los Malfoy entraron en el vehículo conducido por Harry, que a su vez llevaba a Luna y a los gemelos Scamander, gracias a un hechizo de amplitud ejecutado por Hermione, muy acostumbrada a hacerlo debido a la numerosidad de la familia cuando decidían hacer excursiones en coche. Y Harry conducía en silencio, escuchando las voces de los chicos en la parte de atrás. Luna, sentada tras él, disfrutaba el paisaje, aún cubierto por la luz que daría paso al atardecer. Draco, de copiloto, se aferraba al cinturón de forma desesperada, como si temiera salir volando en cualquier giro. Al arrancar, el moreno no pudo evitar soltar una risita, que apagó inmediatamente pero no pudo evitar ser notada por Draco.
—¿Te diviertes a mi costa, Potter?
El moreno decidió no replicar, bastante les había costado convencerle de subir a uno de los dos vehículos con la promesa de no matarse o ser herido gravemente. Poco a poco, sin embargo, notó que su respiración se tranquilizaba, y por algún motivo, Harry empezó a sentirse también más relajado, y su mente hizo desaparecer a los viajeros de la parte de atrás, recreando un paseo donde solo ellos dos miraran en la misma dirección, uno junto a otro, en silencio, compartiendo un momento cotidiano. El viaje no fue demasiado largo; al llegar a las canchas donde otras familias y grupos tenían su reserva para ese u otros deportes, Harry se apeó del vehículo y le abrió la puerta a Draco, quien trataba de quitarse el cinturón de seguridad, sin éxito.
—Deja, lo haré yo —trató de no reírse, por Merlín, y cuando se inclinó todo el aroma del rubio abotargó sus sentidos, irrigando esa torpeza hacia sus manos, manipulando el cierre con poco tino. Si ahora se giraba estaría a milímetros de su rostro, de su aliento, de sus labios...
—Los he visto más rápidos —afortunadamente, aquella observación le sacó de un trance eterno, y se apresuró a desabrochar el cinturón y a alejarse de él para dejarle salir. El rubio incluso le puso las manos en el pecho para empujarlo, y Harry no pudo aguantar más y las encerró con una de las suyas.
—¿Estás bien? —la mirada de Draco, salvaje y rabiosa, le excitó más de lo que creía posible. Aún no podía creer cómo llevaba cuatro días compartiendo ese cuarto sin haberlo violado.
—Me debes una, maldito. Solo hago esto por mi hijo.
—Claro. Me encanta ver tu esfuerzo, Draco, de verdad —Harry le sonrió y se separó de él para unirse a Luna. Ron y los demás ya habían llegado y cuando se encontraron, todos llevaban sus palos para golpear la pequeña pelota. Tras recibir unas instrucciones detalladas y necesarias por parte de ambos Malfoy de cómo inclinarse, coger el palo, la presión sobre él, el ángulo, la rapidez, y tantísimas otras cosas en las que Harry se perdió desde el principio, comenzaron a divertirse. Scorpius, con los jóvenes, corregía la posición colocándose tras ellos, o dando breves indicaciones con las manos de cómo debían golpear. Harry se retiró al baño para mojarse la cara después de imaginar con detalles escabrosos cómo Draco se colocaba tras él y le ayudaba a menear otro palo. El rubio, vestido con ropas muggles de punto adheridas a su piel no hizo nada de eso. Sí se dedicó a comentar, sin embargo, la nulidad de sus aptitudes; hasta se atrevió a hacer un chiste acerca de ser pasivo por no saber introducir el palo en el agujero que Harry encontró gracioso; sinceramente, ser pasivo con Draco no podría importarle menos, aunque quizá él desconocía su graciosa versatilidad en ese campo.
Quienes sí parecían estar disfrutando y además eran buenos aprendiendo eran Lorcan y Lysander. Luna aseguraba que era su primera vez en un minigolf, pero parecían haberse adaptado de forma inmediata a los movimientos, y lanzaban la bola con movimientos seguros y precisos, quedando en los primeros puestos. Ron lo encontró muy interesante, aunque no lo cambiaría por el ajedrez mágico, y definitivamente, Hermione ya lo había probado con resultados dentro de la media.
El moreno notaba la incomodidad de Ron cuando Scorpius se acercaba demasiado a Rose, rozándola deliberadamente; a pesar de su comedido comportamiento, entre ambos parecía haber cierta química extraña difícil de ignorar.
"Es una suerte que entre Draco y yo no haya nada de eso, o nuestros hijos pondrían el grito en el cielo", pero casi quedó como una afirmación más para intentar convencerse a sí mismo.
El camino de vuelta se hizo más ameno, sobre todo porque Scorpius se sentó de copiloto y no paró de preguntarle a Harry cómo funcionaba "ese trasto". De vez en cuando, Draco y Luna charlaban, sentados atrás, pero el resto del camino transcurrió en silencio.
—Gracias, Harry, creo que le tengo menos miedo al coche —confesó el rubio al bajarse del vehículo.
—Me alegra oír eso. La próxima vez subes con Ron, y así puedes decirme quién lo lleva mejor.
—No necesito subir con el señor Weasley para saber eso, sinceramente —ambos rieron, y un poco más allá, Draco los miró, molesto. Entraron a la casa para ayudar en la cocina o a poner la mesa. Apenas quedaban tres días para volver, y aunque Harry deseaba que aquellas vacaciones fueran eternas, volver a su cotidianidad le haría bien, ayudándolo a estar más centrado y menos preocupado por aquellos sentimientos que comenzaban a crecer sin control, sin permiso.
Tras la cena, Hermione, Ron y Luna se quedaron a charlar en los sofás del salón. Lorcan, Lysander y Albus subieron a dormir, estaban agotados. James y Barshella —que compartía cuarto con Luna—, también optaron por elegir la cama. Scorpius, Rose y Draco parecían haber salido, y Harry acompañó las charlas de sus amigos durante varios minutos hasta excusarse para salir. Al traspasar la puerta se topó con Rose, que volvía con Scorpius de alguna parte.
El moreno fue asaltado por un abrazo impulsivo de Rose y una sonrisa del primogénito Malfoy. Parecían felices.
—Perdonad, chicos. Rose, ¿podría hablar un momento contigo? —la sonrisa desapareció del rostro de ella mientras Scorpius le sugería pasear por la playa porque hacía una noche agradable y acto seguido entraba a casa sin cuestionar nada. Se apartaron un poco, colocándose entre los matorrales y rosales que adornaban la entrada, mientras la luna los bañaba con el brillo de Agosto y la brisa jugaba con sus cabellos.
—Pero tío, ¿cómo te despeinas tanto? —rió la joven, tratando de romper la tensión existente.
—No lo sé, es una herencia bastante molesta, ¿no crees? —se hizo un silencio pesado e incómodo. A Harry nunca le había resultado difícil hablar con Rose de cualquier cosa, pero inmiscuirse en su vida no resultaba agradable—. El chico Malfoy te gusta, ¿no? Os vi besaros hace unos días.
Rose se puso la mano en la boca de forma inmediata y Harry alzó la mano, tranquilizándola.
—No he dicho nada a nadie, ni tampoco me molesta. Pero sí me sorprendí y... —asomó una sonrisa inevitable—. Solo quiero saber si te trata bien.
—Tío, siento que tengas aún esos prejuicios contra los Malfoy, pero conozco a Scorpius desde hace tiempo, desde que entré en Hogwarts, y Albus y yo hemos pasado muchas tardes con él. Él te admira, Harry, pero no lo demuestra abiertamente. Y me gusta. Mucho. Creo que vamos en serio.
Harry recordó que a él también le pareció ir en serio con Ginny en su momento, pero posteriormente, todo se rompió de forma desastrosa y no quería esa vida para Rose. Sentía un aprecio especial por ella, la consideraba una hija más, igual que al pequeño Hugo; obviamente, no podía decirle nada de eso, porque para Rose, en ese instante, no cabía en su corazón otra persona diferente a Scorpius Malfoy. Al parecer, algo habría en ambos para haberse unido de ese modo y él no era nadie para destruir las ilusiones de una jovencita.
—Me alegra oír eso. Tanto si sale bien como si sale mal... solo quería que supieras que estaré a tu lado.
—¡Oh, tío! —Rose volvió a abrazarle, esta vez visiblemente emocionada, le dio las gracias por su comprensión, volvió a decirle "no cambies" y subió a su habitación con energías renovadas, dejando al moreno caminando hacia la playa.
El sonido de las olas era tan tranquilizador. Si cerraba los ojos, se dormiría inmediatamente. A pesar de la brisa, Harry tenía calor, así que se desprendió de su camiseta y volvió a tumbarse. Las estrellas titilaban con prisa, como si supieran que el sol las engulliría en unas horas; se escuchaban grillos cantores en las inmediaciones, algunos apagados por el constante ir y venir de las olas. No sabía por qué había decidido bajar a la playa. De hecho, llevaba las llaves del coche para darse una vuelta, quizá para dejarse caer por algún pub donde pudiera tener sexo con algún mago, pero al final desistió; no era buena idea irse a la cama con alguien mientras su pensamiento evocaba a otra persona. Y es que, salvo como distracción, de nada le servía un polvo rápido y sin complicaciones para después volver a donde pertenecía. Y Harry sabía que había muchas formas de desfogar su necesidad, y una de ellas era el deporte. Agradecía los constantes entrenamientos de aurores, y esa noche, a falta de eso se le ocurrió una idea: la playa estaba desierta y esperó que nadie se escandalizase por ello y que no existiera ninguna ley que prohibiera nadar desnudo. Dejó los pantalones junto a la camiseta, se aseguró de que la llave estuviera bien guardada en el bolsillo y se desprendió de los calzoncillos y las gafas para correr rápidamente hacia el agua; sin embargo, estaba helada, y tuvo que parar su carrera para poder acostumbrarse a la temperatura. Después, el agua le cubrió y tras unos minutos decidió sumergirse por completo. Nadar solo y en mitad de un pozo oscuro quizá arrancase temor; para Harry era excitante, y después de haber pasado tantos peligros, de vez en cuando asumir algún riesgo en su vida diaria era bienvenido. Recordó cuando se tiró en paracaídas con Ginny; ambos seguían siendo jóvenes y solteros y la adrenalina les recordaba que estaban vivos, que habían sobrevivido a una guerra, aunque ser mago era mil veces más excitante y absolutamente nada podía compararse.
Después de varias brazadas y cuando su cuerpo comenzó a quedarse frío, Harry salió del agua: la luna seguía iluminando la playa y al parecer no se dio cuenta de que había moros en la costa hasta estar casi a diez metros del extraño. El hombre estaba mirándolo, pero ya no tenía sentido avergonzarse cuando le había visto en todo su esplendor. Se dirigió hacia su ropa lo más rápido que pudo y se la puso, desechando el agua sobrante de su cabello en la arena para evitar mojarse la ropa. Al ponerse las gafas vio al extraño mirando hacia el horizonte. Harry lo reconoció enseguida y se acercó, estupefacto.
—¿Draco?
—Tenías que dar un espectáculo, ¿no, Potter? —el rubio no le miraba, y parecía enfadado, pues su ceño estaba fruncido.
—¿Un espectáculo? ¿A quién? ¿A ti? —el moreno no podía más que asombrarse; la playa había estado desierta y de saber que el rubio prepotente le haría una escena solo porque le apeteciera nadar desnudo se lo habría pensado dos veces; ahora se sentía furioso—. Estaba solo.
—Es evidente que tus gafas no están bien graduadas —pero bueno, ¿a qué venían estos insultos gratuitos sin causa aparente? De repente, Draco parecía haber rejuvenecido quince años, parecía volver a ser aquel imbécil de la escuela y él no estaba para tonterías. Con lo bien que se había quedado tras el baño…
—Buenas noches, Malfoy —echó a andar, aún con sus zapatillas en la mano, cuando la voz del otro le hizo girarse.
—Oh, no te vas. Tú no te vas. No vas a dejarme así —antes de que Harry se preguntara si ese "así" se refería a dejarlo solo o quizá tenía que ver con el bulto asomando entre sus pantalones, Draco le agarró la mano y la acercó a su paquete. Antes de que el moreno pudiese mover sus dedos para acariciarlo, Draco anunció—. Te odio, Potter.
El movimiento le pilló por sorpresa: pensando que lo alejaría de él, Harry se quedó congelado hasta notar los fríos labios del chico mordiendo su cuello de forma exquisita, notando el cabello del otro cosquilleándole en la mejilla. La excitación lo asaltó, dejando caer las zapatillas para atraer a Draco hacia su cuerpo, quien a su vez deslizó uno de sus brazos alrededor del tronco de Harry, en un medio abrazo, mientras su otra mano apretaba la camiseta mojada.
—Estás salado —musitó el rubio pasando la lengua por el cuello, y ambos conectaron las miradas.
—Quiero follarte —jadeó el moreno, con los ojos nublados por el deseo. Draco entrecerró los ojos y expresó una sonrisa picarona.
—Oh, no, lo haré yo —ante el silencio y la estupefacción de Harry, Draco añadió—. ¿No protestas? Te hacía por un tipo duro.
—Ahora mismo la posición no puede importarme menos —afianzó su agarre y con la otra mano le retiró un mechón de pelo.
—Qué romántico —Harry se mojó los labios, temiendo aún que el otro cambiara de idea, sintiendo el corazón saltar, aunque sus miradas parecían responder solas, hasta que Draco especificó—. Un polvo. Solo uno, no quiero escenas después. Y por supuesto, nuestros hijos no lo sabrán. NADIE lo sabrá, ¿entendido?
Harry asintió imperceptiblemente, consciente de que estaba siendo manipulado, consciente de que para él jamás sería una sola vez, y que se encontraría deseándole más a menudo. Pero dejarían de verse en tres días, y guardarse las ganas solo sería peor. Observó cómo Draco se agachaba para recoger sus zapatillas en un atento gesto hacia él y tras agarrarlo del brazo nuevamente, se desaparecieron para compartir esa habitación que ahora era suya, que ahora no recibía a ningún otro huésped salvo a ellos. Tras cerrar la puerta y echar un hechizo de privacidad, Harry se lanzó hacia él, empotrándolo para besarlo con desesperación, ajeno a algunas gotas de agua cayendo sobre su camiseta. Apretó los hombros del rubio quizá con más fuerza de la necesaria, pero se sentía tan duro que si ahora lo rechazaba sería capaz de forzarlo; de hecho, empujó con su cadera hacia él para hacerlo partícipe de su ansiedad. Su boca atacó el lóbulo de la oreja, donde mordisqueó a conciencia, mientras sentía las manos de Draco vagar sobre su espalda, tocando constantemente, enviándole descargas de placer.
—Oh, joder, cómo me pones.
Draco sofocó una risa.
—Me lo dice el tío que acaba de salir desnudo del mar cual dios Neptuno…
—Tú ya me has visto... ahora quiero verte a ti —comandó Harry, pero después decidió que no le importaba si le acusaba de exhibirse si ese iba a ser el resultado. Se deshizo de la camisa, arrojándola a sus pies y procedió a quitarle a Draco su fina camiseta de seda. Draco lo miraba de forma indescriptible y cuando Harry se dio cuenta, lo besó con dulzura, como si realmente fuera su pareja, gesto que el rubio recibió con extrañeza.
—¿Tienes pensado besarme más veces?
—Todas las que pueda —se sinceró él desprendiendo la camisa del cuerpo del otro—, ¿no te gusta?
—No puedo pensar —Harry rió, y lo apartó de la puerta para llevarlo a la cama.
—Yo sin embargo quiero que me odies mucho. Ódiame, Draco —y volvió a besarlo. Después se giró hacia el cuarto—. ¿Tu cama o la mía?
Draco, visiblemente despeinado y con la respiración entrecortada miró a uno y otro lado, tratando de decidir.
—Transfiguraría una más grande, pero no me puedo concentrar en hacer una transfiguración ahora, te follaré aunque sea en el suelo.
—Estoy de acuerdo.
—Tu cama, pues.
Ambos se sacaron los pantalones de forma apresurada. Draco ya tenía la varita en la mano preparado para lubricar a Harry y terminar con esa quemazón eterna de poseer a su rival urgentemente. De hecho, el encontrarse piel con piel les hizo revolverse y volver a jadear: era demasiado intenso. El rubio se incorporó y utilizó su varita.
—¿Qué pasa con los preliminares? —se quejó el moreno, bromeando, al notar la invasión del líquido en toda la zona.
—Lo siento, no aguantaré. Tendrá que ser glorioso y salvaje, Potter.
—No es que me queje, pero… entra despacio, ¿quieres? Llevo tiempo sin practicar —Draco murmuró algo así como "estúpido celibato Gryffindor" pero Harry juraría haberle visto sonreír al enterarse de ese detalle.
—El slytherin que hay en mí dejará que sufras solo lo necesario —Harry volvió a empujarlo hacia él para besarlo y aprovechó para revolverle el cabello: Draco despeinado era todo un reclamo sexual.
—El gryffindor que hay en mí te lo agradece… oh, ¡joder, espera! —Draco se detuvo unos segundos, cerrando los ojos, como si aquel gesto le costara un mundo, apoyado a ambos lados de Harry, sobre el colchón, tratando de evocar a alguien desagradable, sin mucho éxito. La escena de un Harry sometido debajo de él, el vicio personificado en su rostro y esperándole a él, a él y no a otro, catapultó a Draco a la más acuciante necesidad y volvió a empujar—. Podemos cambiar la postura…
—¡No! No… —alargó las manos para cogerse a los brazos de él. No. No quería ninguna otra posición diferente: si solo iba a ser esa vez, quería tener todos los sentidos sobre el rubio, aunque sospechase de la poca duración del acontecimiento. Notó cómo el rubio se empujaba aún más en él y paraba de nuevo. Soltó todo el aire acumulado en los pulmones y cerró los ojos: incluso aunque fuera doloroso, no pararía. Lo quería a él, ahora. Draco, sin embargo, no debía pensar lo mismo, porque liberó una de sus manos para encerrar el miembro de Harry, aún erecto entre sus piernas, abriéndolas para darle mayor acceso. Pronto, ambos establecieron un ritmo cadencioso, perdidos en sus sentimientos, placeres y ausencia de pensamientos. Fue entonces cuando pronunciaron sus nombres con vehemencia, con necesidad, con anhelo, regados por caricias espontáneas surgidas de lo más profundo de cada uno. Los jadeos llenaron el cuarto y a pesar de la incomodidad y estrechez de la cama del auror, ninguno de los dos se atrevió a quejarse del lugar y el momento elegidos. Harry, que aún creía vivir una ilusión, trataba de captar la mayor parte de imágenes y olores para atesorarlas después. Draco, más comedido, temía revelar cualquier información que saliera de su corazón, y no de su mente. Pronto entenderían que aquella pasión vertida necesitaría manifestarse en más de una sola noche.
CONTINUARÁ
Agradezco un montón todos los comentarios y apoyo recibido respecto a esta historia, y me anima a escribir más drarry en un futuro. Ya solo queda un capítulo, que subiré la semana que viene.
