A/N: ¡ALERTA! Escena lemmon. No descargo responsabilidades de traumas porque yo fui muy clara al inicio de esta historia y si has decido continuar hasta acá es porque estaba consciente. Os dejo con el capítulo.
Hurricane
-VII capítulo: Black Poison-
La primera vez que Raimundo la invitó a conocer "su cuarto de juegos", Kimiko estaba tan nerviosa que ni reparó que las paredes estaban forradas con un lienzo blanco pureza. Nada más pensaba que la hiciera suya para librarse de un peso. Según Raimundo, era para dar un ambiente de confianza en el acto del placer. A él le gustaba preparar el espacio romántico. Había puesto una música instrumental incitante, dejó la lámpara encendida a una luz tenue para dar con una sensación relajante y bajó a buscar quién sabe. Ella se le quedó esperando. Para comenzar una noche intensa, le mostró las copias que había sacado de su declaración de amor. Una para Chase y otra para el decano de la facultad. Advirtió que si destruía una, tenía almacenada la original y podría sacar cuántas copias quisiera. Gentilmente le entregó una. Cabizbajo, admitió que su chantaje duraría los meses que restarían del semestre que le quedaba así que debía aprovechar esos meses al máximo. Se sorprendería de cómo pasaría de ser virgen a tener cinco orgasmos por cada mes. Kimiko vaciló. La semana transcurrió rápido.
Se encargó de dar un repartir una clase que serviría para el examen final. Cuadró con Keiko cuando podrían verse, en esa semana el martes era su único día disponible, debía esperar hasta la semana entrante por lo que su plan de corroborar si Raimundo mandó a seguirla a través de su esbirro, tendría que esperar. Oyó unos pasos. Era Raimundo, traía consigo dos copas con hielo y un vino blanco de Black Poison. Se sentó con ella en la cama.
-¿Quieres? –ella disintió con la cabeza, se preguntó cuántas mujeres le habían precedido, a cuántas trajo a este cuarto. Trató de pensar en otra cosa. Raimundo se sirvió a sí mismo y lo llevó a sus labios, bebió de un sorbo- estás muy sexy el día de hoy, pero ¿cuándo no lo has estado? Apruebo tu ropa, sé que en esa parte no tengo inconvenientes. A menudo en una relación de pareja se llegan a olvidar las cosas verdaderamente importantes.
-Entonces a tus enamoradas les pones la condición que si quieren estar contigo para tener la oportunidad de ser tu novia, deben de someterse a tu voluntad y tendrán una relación tórrida y pasional, nada romántica, es decir, hacer sexo contigo las veces que quieras.
-Debo pensar que ese fue otro comentario inteligente de la señorita Kimiko Tohomiko. Eso te convierte en la única mujer que está conmigo sin estar enamorada de mí, por eso te deseo con tanta intensidad... eres diferente –volvió a beber de un sorbo y rió entre dientes.
-¿Diferente por ver quién eres en realidad y no como el niño bonito que aparentas? –estaba segura que con esa imagen de buen estudiante, hombre de negocios y esa carita de "yo no fui" tenía engañada a una gran parte de las personas que conocía.
-¿Niño bonito? ¿me estás tratando de decir que te parezco apuesto? –Kimiko se mordió el labio inferior de la frustración y desvió la mirada, tratando de controlar su respiración, si tan solo pudiera hacer lo mismo con el rubor intenso que subía a sus mejillas- adoro cuando te ruborizas, Kimi, te ves tan hermosa –apretó su frente contra la de ella y tomó un mechón de su pelo, recogiéndoselo detrás la oreja- pensé que serías más fogosa que el fuego, pero eres más fría que el hilo.
-¿No es esa la frialdad que te atrae? Me dijiste que soy la única mujer en el mundo capaz de resistirse a tus encantos.
-Lo sé, pero no es... exactamente eso lo que me atrae si no la facilidad con que te calientas, literalmente, cuando me ves, cuando me tocas –Kimiko dejó un escapar un jadeo y se echó para atrás.
-¿Y qué lugar es este exactamente? –preguntó para cambiar de tema.
-¿Me hablas del Black Poison? Te basta con saber que este lugar tiene los mejores servicios incluidos, los cuartos son cómodos y la mayor discreción del personal. Bien, mucha plática, te dejé esperar demasiado... pasemos a lo que hemos venido, ¿no te debo un orgasmo, dulce Kimiko? ¿estás lista para liberar a la diosa que hay en ti? –se deslizó hasta ella, la punta de su nariz acarició suavemente la suya, se quedaron inmóviles cuando podía respirar el olor a licor que emanaba de su boca y dejó que el líquido se derramara en su boca, ella sintió sus labios fríos cuando él apretó sus labios contra los suyos en un vigorizante beso a raíz del líquido y su lengua se adentraba en su boca, tal como sucedió aquella vez que fueron juntos a almorzar. Salvo que esta vez, cedió. A Raimundo no le gustaban mucho los besos de boca a boca (a no ser que se tratara de un beso francés), de eso Kimiko se dio cuenta.
Sus manos comenzaron a explorar sus hombros y empujar las mangas, entrando en contacto con su piel desnuda. Dejó escapar un gemido mientras sus manos vagaban por sus brazos delgados, pero fuertes. Su piel era tan suave, tan innegablemente femenina que algo dentro de él rugió que decidió dejar que su boca probara su piel. Los gemidos de Kimiko eran para Raimundo música celestial cuando sus labios se movieron a través de la piel. Muy dulce.
La cabeza de la chica se adormeció en su hombro y susurró entre dientes su nombre, lo que aumentó el frenesí en él. Sus manos se deslizaron a un ritmo frenético a la solapa de su camisa rojo carmesí y trabajó en desabotonar uno a uno los botones. Una vez que estuvo lista, con urgencia tiró lejos la camisa. Primero haló de las mangas para liberarla totalmente de la misma. Lo dejó chupar de la línea de la mandíbula y recorrer hasta los hombros. La chica todo el tiempo tuvo las piernas encogidas cerca de ella, ahora que se desprendió de su camisa, Raimundo le instó suavemente sobre su espalda. Se cernió sobre ella cuando se acostó bocabajo, apoyó su peso en sus codos, las puntas de sus dedos comenzaron a bailar en su dorso desnudo. Kimiko se estremeció. Él se inclinó y la besó, pronto con sus labios viajó por toda la carne que pudo. Disfrutó cómo se puso su piel de gallina a medida que iba descendiendo hasta la parte más baja de su espalda. Por supuesto, no olvidó en morder su nuca como en la última vez.
-Creo que has visto suficiente... –murmura, pone el antifaz por encima de la cabeza Kimiko hasta cubrir sus ojos. Kimiko sentía como su respiración se aceleró de repente- ¿por qué es tan erótico no ver nada? –se preguntó a sí mismo, terminando de hacer el nudo.
La volteó y se deshizo de sus pantalones en un rápido movimiento en el que bajó el cierre en un abrir y cerrar de ojos. Anheló sentir la piel de allí, separó sus piernas con delicadeza y las cepilló sensualmente.
-Tengo ganas de jugar con las esposas que te enseñé el otro día, ¿te apetece?... –una de las reglas: No hablar. Kimiko prefirió guardarse sus comentarios, esposó primero sus muñecas y luego sus tobillos con una segunda esposa, atada de una extremidad a otra, le impedía que se moviera- un poco de bondage no le viene mal a nadie, ¿no es así?
-Si tratas de golpearme con un palo, te juro Raimundo que no te lo pienso permitir...
-Kimiko, Kimiko, quiero poseerte. No matarte.
Se echó a reír. Para callarla, dejó caer un trocito de hielo de una de las copas de vino blanco que había traído sobre la boca de la chica y esperó a que se derritiera. Al igual que la otra vez, se despojó de su casaca, se quitó su corbata y se desabotonó la camisa, luego la colocó en la cama. El trocito de hielo se derritió, de modo que un hilo de agua descendía sobre su cuello, su pecho, el vientre... Su mano izquierda se deslizó hasta introducirse en su pantis, ganando un grito ahogado por parte de Kimiko. Él envió un murmullo de satisfacción a través de su piel cuando lamió el camino que atravesó el líquido en su piel. Lo sentía venir ascendiendo por su vientre plano cuando no pudo evitar arquearse en manera de respuesta.
Llegó hasta su pecho. Rápidamente desabrochó su brasier para continuar recorriendo con su lengua su cuerpo. Centró su atención en uno de sus pezones y cerró los dientes, tirando y chupando. Mientras apretaba con el pulgar el otro pezón. Quiso gemir su nombre, pero no pudo. Kimiko sentía como dentro de ella se estremecía en un mar de profundas sensaciones eróticas y estallaba en miles de pedazos. Los labios de Raimundo se movieron a chupar y morder en el lado derecho del cuello, la clavícula y el hombro. Terminó de quitarse la última prenda de ropa que le faltaba y retomó a besar cada pezón, utilizando sus dientes.
Kimiko se arqueó de nuevo, no podía hacer ningún otro movimiento. Sus muñecas, sus tobillos, las esposas apretaban y sentía como el metal se incrustaba y dejaba marca en su piel. Raimundo no pudo evitar de sonreír, ¿Kimiko tendría alguna idea que lo estaba matando de placer lentamente? Una vez que se calmó, molió su cuerpo contra el suyo. Llegó al final del recorrido: Sus labios. Raimundo se frenó, exhaló un suspiro, con el pulgar tanteó la superficie rosada que delineaba su boca como si quisiera memorizar cada parte carnosos. Kimiko entreabrió los labios, su respiración era entrecortada y nerviosa. Atrapó su labio inferior con furia y sondeó con su lengua, adentrándose. Rompió el beso. Apretó su frente, chocando con la de ella y susurró en un tono seductor:
-Este corazón está a punto de convertirse en llamas...
-¿Q-qué tr-tratas de ha-hacer?
-Eres tan inocente... –Raimundo agarró su corbata e improvisó una mordaza para callar a la chica, privándole de cualquier palabra, Kimiko soltó un ruidito- no te preocupes, esto es parte de nuestro acuerdo.
Continuaron las respiraciones temblorosas. Kimiko sentía sus músculos tonificados contra su piel, presionando fuertemente. Raimundo no pudo resistirse a acariciar las curvas del cuerpo de la chica. Kimiko no podía moverse ni hablar. Nada más podía arquear ante cada estímulo de Raimundo. Repitió sus acciones anteriores, esta vez con más ímpetu mientras sus manos seguían en sus costados, decididos a irse por sus hermosas caderas. Raimundo suprimió un gemido cuando sus manos recorrían la suave piel de sus muslos, sus piernas, sus delicados tobillos y sus pies pequeños, ¿cuánto debía de calzar ella? Estimado Señor, ella era una obra de arte, Raimundo luchó contra sí mismo por mantener el control. Mordió sus rodillas. Involuntariamente ella levantó las caderas cuando sus pantis empezaron a caer. La punta de su lengua pulsó su zona prohibida y volvió a repetir el movimiento un par de veces más, pero con confianza. Kimiko se retorcía, la mordaza suprimía sus jadeos. Y saber que él era el primer hombre en verla de tal manera, deseaba ser el único en su vida.
Kimiko se estremeció, intentando zafarse, pero no podía. Se movió de nuevo sobre ella. En un débil intento, trató de rizar las piernas y esconderse de Raimundo, empero, no pudo. Las esposas jamás le consintieron. Estaba expuesta completamente en todos los sentidos de la palabra a él.
-No te me escondas, dulce Kim –le dijo con voz ronca, Raimundo ni se molestó en ocultar el rugido de lujuria a través de su sistema. La mente de Kimiko era un torbellino de placer y su cuerpo estaba lleno de un cosquilleo ardiente cuando él apretó con fuerza sus senos. Ella decidió dejar de avergonzarse si él ya la había visto.
En el rostro de Raimundo floreció una sonrisa masculina satisfactoria. Ahora él era el centro de su mundo. Un dedo acarició su círculo más cercano a su centro, ella casi sollozó. Volvió a gemir cuando el clímax dentro de ella comenzaba a construirse en el momento que volvió a tocar aquel punto con más fuerza. De no ser porque estaba amordazada hubiera exclamado su nombre con gemidos desvergonzados, sollozos y súplicas. Se sintió perdida en una nueva y desconocida sensación que sacudía su cuerpo. Él gimió cuando sintió el roce de sus caderas contra su erección. Sabía que estaba asustada y nerviosa. Tan solo alcanzó a susurrarle en su oído:
-Agárrate fuerte, nena, esto va a ser rápido y muy duro...
Se deslizó por completo en ella y la hizo suya antes que pudiera darse cuenta. Kimiko sentía cómo todos los sentimientos abrumadores en torno a ella formaban en una bodega y aunque trató de agarrarse de los hombros de Raimundo y enterrar las uñas, o arañarlo. No pudo moverse. Sus poros reventaban del éxtasis. Raimundo simplemente la abrazó, la tensión, el calor, la sensación de ella... Él encajaba dentro de ella y ella dentro de él como si fueran hechos el uno para el otro, su rostro sonrosado, la respiración rápida de Kimiko, la piel mojada del sudor. Podía ver claramente que se contenía de gritar. Amaba escucharla gritar. Admiró su trabajo realizado.
Todos los recuerdos de su vida fueron reprimidos por este momento. Dios, ¿qué estaba haciendo esa chica con él? Esperó pacientemente. A ella le pareció un segundo eterno cuando movía sus caderas ligeramente en su contra. Se tragó su gemido cuando repitió el movimiento, un poco más confiado. Ella gimió. Volvió a penetrarla, no pudo contener un gemido. El ritmo y las fuerzas aumentaron. Kimiko sintió cómo su cuerpo se retorcía ante un clímax inminente, perdida en el mundo de la sumisión erótica y el placer. De manera instintiva mordió la mordaza, de no ser por la misma hubiera gritado su nombre, solamente pudo mascullar entre dientes, se escuchó un ruido inentendible. Besó con ternura su sien y mordió su cuello por tercera vez. Kimiko trató recuperar el aliento. Se retiró poco a poco. Kimiko quería apartarse, no podía moverse. Tenía que esperar que él la liberara. Estaban extasiados. Los tres minutos que circularon bastaron para jadear.
-No tengo palabras, Kimiko. Eres muy buena alumna y estoy encantado de ser tu maestro... –sonrió, mirándola. Cómo sabía que no podía mirarlo a los ojos, su mirada se ausentó un segundo, detallándola antes que se volviera a vestir y dejó escapar un suspiro. Se levantó del suelo, tomó su ropa y fue al baño. Cerró la puerta de un azote. Kimiko se quedó inerte, casi muerta. Un dolor sacudió su vientre y penetró en sus caderas. No veía negra. No podía emitir un sonido. Era incapaz de contener el dolor. Soltó un leve sollozo. Jamás pensó que llegaría tan... abajo. Raimundo regresó. Antes que nada, agarró el bolso de Kimiko y revisó su celular. Llamadas de él, su hermana, su amiga, nada sobre un tal Chase o cualquier otro hombre. Perfecto, Kimiko seguía siendo suya. Guardó el teléfono con sutileza. Todavía no se había abotonado su camisa ni se colocó su casaca. ¿Qué sería mejor? ¿liberarla o quitarle la mordaza? Lo menos doloroso: Quitarle el antifaz. Extendió los brazos. Ella se zarandeó.
-Tranquila, nena, voy a desatarte. Inclina la cabeza –sujetándola de los hombros, la levantó igual que una muñequita de porcelana y desenredó el nudo del antifaz, se encontró con un par de ojos azules que lo miraban acusantemente- no, no me mires así, ambos sabemos que este acto fue voluntario. Yo no te sometí, tú te ajustaste a unos parámetros que te establecí simplemente, y para que sepas, estuviste maravillosa, me complaces más de lo que deberías –le sonrió pícaramente- eres dinamita, bebé. Ahora... deja de fruncir el ceño y devuélveme mi corbata –le sacó la corbata de su boca y la desenrolló para volvérsela a colocar encima. Seguidamente, accionó la palanquita para liberarla de las esposas, primero sus piernas y sus muñecas después. Kimiko se frotó sus muñecas y tobillos, se enmarcaron cardenales rojos, el dolor palpitaba y punzaba. Dejó escapar un alarido apagado. Se cubrió con las sábanas rojas, jalando la punta de las orillas de la cama y tapándose. Raimundo se tomó la molestia de recoger la ropa de ella y tirársela. Se acercó a tomar de nuevo su casaca cuando vio un papelito, saliéndose del bolsillo. Lo sacó y se lo entregó.
-¿Qué es esto?
-La dirección de un reconocido salón de belleza aprobado, no te olvides que siempre debes estar presentable para mí y quizá te pide que asiste si quiero sacarte de paseo –se encogió de hombros-. No puedes dar un paso delante de mí –alzó un dedo- confío que lo guardarás en un lugar seguro. La ropa que seleccionaste es bonita, me alegra saber que te emperifollas para mí, me relaja saber que no tendré que estar contigo a la hora de ir de compras o pedirte cómo debes de vestirte, me impresionas más y eso es bueno. Te espera una sorpresita de mí parte esta semana y llega por encargo directo a tu puerta, además de mi regalo por el día de hoy.
-¿Más sorpresas? ¿aprobado? Dijiste lo mismo con mi ropa, ¡¿qué te crees?! Me conciertas una lista de alimentos aprobadas por ti de las que tengo que comer con frecuencia, me dices que tengo que asistir nada más a ese salón de belleza en el momento en que me lo ordenes, me obligas a aceptar tus regalos aún cuando no los quiera... ¡¿no te basta con hacerme sufrir cada vez que tenemos sexo?! El día después de ese miércoles, amanecí con un dolor terrible en mis caderas y casi tengo que hacer sangrar mi lengua para evitar decir una palabra. ¡Ya no puedo más, Raimundo, me duele! –suplicó- ¡soy prácticamente tu esclava sexual! –él la escuchó atentamente y se inclinó a su altura, fue inevitable que se vieran a los ojos cuando alzó su barbilla.
-¿Crees que yo no lo sé? –susurró con voz ronca, sin inmutarse. Kimiko veía el deseo arder en sus ojos- quiero que sufras, nena. Quiero que cada vez que abras los ojos en las mañanas y te muevas, te duela, que recuerdes que yo he estado dentro de ti. Sólo yo. Que eres mía. Si termina nuestro convenio, quiero que jamás olvides... que aunque corras y te escondas de mí no será para siempre porque sabré dónde encontrarte... porque... eres mía... y de nadie más ¿por qué? Porque puedo –se erguió- soy tu Amo y tú eres mi sumisa, ¿lo olvidas? Te lo dije al principio, me satisfago de tu dolor. Mientras más te sometas a mí, soy más feliz, no es tan difícil de comprender.
-Eres… eres... un psicópata, un enfermo.
-No, solo te quiero... esta es la única forma de expresar lo que siento.
-Tú no amas a nadie.
-Te equivocas –replicó severamente- anda, vístete. No pienso esperarte todo el día.
Raimundo atravesó la puerta. Decidiéndose esperarla afuera. Kimiko suspiró, se abrazó a sí misma. Sus extremidades le punzaron de dolor.
Kimiko estaba sometida a obedecer todo lo que Raimundo le ordenara sin reservas. Debía de tener relaciones sexuales en el momento que él consideraría más conveniente, nada más con él y solamente con él, no debe de negarse. Mínimo debía dormir siete horas al día. Su alimentación se abastecía de una lista aprobada por él, no podía comer entre horas a no ser que fuera frutas. Como cada mes, llegó a su cuenta bancaria el presupuesto de ropa que él le hacía llegar y solo podía gastarlo en ropa. Siempre debía mostrarse ante el Amo, limpia, presentable y depilada. En el momento que se lo pidiera, podría someterse a un tratamiento.
No podía beber en exceso (aunque ella ni siquiera era capaz de beber una gota de alcohol), ni fumar, ni drogarse, ni ingerir sustancias psicotrópicas o cualquier cosa que pusiera su vida en riesgo. Y mientras estuviera con él, debía ser respetuosa, humilde y... sumisa, como lo acaba de decir hace unos momentos. Si desobedecía una de las anteriores, Raimundo iba abrir la boca. Solía escribirle mensajes de texto cada día. Últimamente estaba insoportable.
Recibió su segundo regalo en la universidad frente su amiga, un ramo de claveles y ropa. Keiko parecía más entusiasmada cuando vio el obsequio de Kimiko. Ella levantó la mirada y notó a Raimundo escondido. Apenas hizo un gesto, se dio la vuelta y se marchó. Aunque Keiko quería saber quien fue la persona que envió el regalo. Kimiko tenía prohibido hablar de lo que sucedía entre ella y Raimundo, si bien muriera por contárselo a Keiko. ¿Qué iba a dar de excusa cuando su hermana la viera entrar a la casa con esos regalos? Ocultar el ramo sería más difícil que la bolsa de ropa. Se las apañaría más adelante. Se hizo la desentendida. Pasaron a hablar cuándo irían a casa de Keiko.
-Tal vez mañana, mis padres van a viajar por asuntos de negocios y tendremos la casa para nosotras dos –se rió.
-Fantástico, mañana, es un hecho.
Kimiko pidió a Keiko al final del día que se quedara con sus claveles si tanto le gustó, pues mientras Keiko tuvo la amabilidad de llevar a la protagonista a su apartamento. Keiko no tuvo palabras. Kimiko dio la excusa (siendo cierta) que quizá su hermana se extrañaría si la viera con un ramo de flores y un paquete, ya había pasado una vez y una segunda no iba a ser una coincidencia. Keiko se encogió de hombros y aceptó. Se libró de un peso menos, las dos amigas se despidieron en la puerta y Kimiko entró, tras guardar la ropa en su bolso y deshacerse de la caja forrada con un fino papel de regalo. Cuando abrió las puertas de su casa. Su hermana estaba adentro, revisando unas cuentas sobre la mesa, tenía unos papeles, un bolígrafo y una calculadora.
-Ay no puede ser posible... maldición, maldición –Tomoko se masajeó las sienes, soltando un bramido.
-¡Ya llegué!
-¡Kimiko! –Tomoko se apresuró en doblar los papeles y pisarlos con la calculadora. Quitó el bolígrafo tras su oreja y lo ocultó detrás de ella- no te esperaba aquí tan temprano, ¿qué tal la universidad?
-Bastante bien, Keiko fue quien me trajo, ¿y tú?
-Bueno, ahora que Kaila retomó su puesto, puedo regresar más temprano. ¿Alguna novedad que comentar?
-No... o sí, mañana me quedaré toda la tarde con Kei, no me esperes para almorzar.
-¿Por qué? ¿qué van a hacer? ¡voy a servirnos de comer, el especial de hoy son chuletas de cerdo, déjame ponerlas en el microondas! –Tomoko apretó el paso a la cocina.
-Por un trabajo de la universidad y porque como sabes, solemos estudiar juntas cuando ya se avecinan los parciales. ¿Qué estabas haciendo? ¿qué es esto? –Kimiko levantó el papel. Tomoko se lanzó sobre su hermana y se le arrebató.
-Nada, nada, importante, no lo leas. Es... publicidad –mintió. Tomoko ocultó los papeles en un cajón, regresó la calculadora a su sitio y metió el bolígrafo en el lapicero de su cuarto.
-¿Publicidad? Tomoko... ¿otra vez empiezas a ocultarme cosa? ¡te conozco y sé que tú no sabes mentir!
-No estoy mintiendo, es la verdad. No hay por qué alarmarse, te lo prometo, ¿me decías?
Tomoko regresó a la cocina. Kimiko seguía intranquila, a pesar de que comenzaron a hablar de la universidad y el trabajo. Tomoko tenía su cabeza en otro sitio. Resulta que esas hojas eran la cuenta... para pagar la renta. El apartamento en el que ellas vivían era alquilado en realidad. El propietario llamó a Tomoko en el trabajo para comunicarle que debía cumplir con la renta mensual. Por cómo estaban las cosas, la renta había subido de monto este mes y el dueño del apartamento dio un plazo a la mujer de pagarle entre dos semanas o si no... Podría empezar a buscar otro bonito lugar dónde vivir. Sacó las cuentas para ver si tenía lo justo para pagar, hace unos meses atrás se vieron en la necesidad de pedir prestado dinero al banco y a duras penas consiguieron solventar completamente lo que debían, con un poco de suerte (en el accidente que sufrió Kaila y tuvo que cubrir las horas de ella, ganando un dinero extra) volvieron a estabilizarse. Tomoko sólo debía esperar recibir el pago de este mes y todos sus problemas se resolverían... o eso era lo que al menos había calculado. No quería sacrificar la fiesta de cumpleaños para Kimiko. Este año se graduaría con honores y tanto esfuerzo, se lo merecía. Tomoko no quiso decirle de sus problemas económicos a su hermana, no quería preocuparla, pero sabía que no podía ocultárselos para siempre. En todo caso podría trabajar horas extras. Volvió a sacar las hojas cuando comprobó que Kimiko yacía dormida. Pobrecita, ahora más que nunca necesitaba descansar de tanta presión. En unos meses se graduaría y comenzaría a trabajar, ahora es que comenzaría a vivir, podría imaginarse que todos los profesores sofocaban a los alumnos por estar llegando al final de un semestre (no, de un ciclo) casi eterno. Tomoko, en el fondo, admiraba a su hermana. Sí, Kimiko debe de celebrar su cumpleaños como Dios manda. Sonrió y cerró la puerta.
-Sí, estoy segura que todo lo que necesitamos es esperar mi pago. Así que... no molestemos a Kimiko con estas tonterías, ya nos arreglaremos para cuando pasemos por esto, a lo mejor aprovechando que mi hermana no estará mañana, vaya a retirar del banco cuando salga del trabajo... –suena el celular, Tomoko extiende el brazo y lo coge- ¿sí diga?
-¡¿Hola Tomoko, cómo te sientes?! Si no te suena mi voz, te recuerdo que soy el apuesto genio inventor de la otra vez, oír tu dulce voz es una armoniosa trampa para mis ranas...
-Claro que me acuerdo de ti, Jack,¿tus ranas? –se echó a reír- ¿de qué estás hablando?
-Las ranas que saltan en mi estómago. Mañana me presento al jefe de jefes, mi invento del automóvil, ¿sabes?
-Boberías, he visto tu idea, le encantará. No tienes por qué estar nervioso, ¿y por eso llamas o hay algo más?
-No, me has pillado. Quería preguntarte el nombre del rufián que le robó el corazón a Kim, se me ocurrió que posiblemente deberíamos invitarlo a la cena que le tenemos preparada por su cumple. ¡¿No suena fenomenal?!
-¿Invitarlo? Puede ser, quizá, no sé... es...
-¿Qué pasa?
-Bueno, Jack, hasta unos días no tenía idea, pero me enteré que...
-Sabes que me puedes decir lo que sea, Tomoko, no se lo diré a nadie si tú quieres. Soy de fiar, okey, no dudes. Suelta la sopa.
Tomoko suspiró. Bueno, por algo Kimiko y él son mejores amigos y durante toda la charla que sostuvo con él, volvió a recalcarle por qué su amistad. No lo veía un mal chico. Le dijo que su hermana sentía una atracción por el director de la escuela. Jack estaba sorprendido, literalmente. Ahora entendía por qué Kimiko no pudo confesárselo a su hermana la primera vez. Prometió guardar el secreto de su amiga y haría de cuenta que no supiera de nada, pero de todas formas no veía nada de malo si lo invitaba a cenar los amigos de una pasante que va a su escuela. Total, lo único que podría decir es "no" y ya. No pasa nada. La intención es lo que vale.
-Si lo piensas de ese modo. Está bien.
-De acuerdo, pasaré por Saint Hui cuando haya terminado mi entrevista con mi jefazo. Ya hice las reservaciones y me encargué de las pequeñeces, Kimi-chan tendrá la reunión de su vida. Falta venir en horas de la mañana para alistarlo todo y será un exitazo.
-Me alegro. Me cuentas que pasó al final con Chase, ¿sí? Nos vemos.
-¡Oye, espera Tomoko! Q-quiero preguntarte algo...
-¿Algo? ¿de qué se trata?
-Actualmente estoy ocupado con esas gestiones molestas del trabajo, pero estaba pensando que tal vez luego de la fiesta de Kimiko, podríamos... no sé... si no tienes nada qué hacer, si una noche tú estás libre y yo también, pensé que tú y yo podríamos ir...
-¿Me estás invitando a salir?... –balbuceó Tomoko, comprendiendo sus intenciones. Jack se ruborizó por el otro lado del teléfono.
-Bueno, yo no... es decir, sí, podría decirse que sí te estoy invitando a salir...
-Jack, Jack, es... muy dulce de tu parte y de veras aprecio que me hagas una invitación, pero en estos momentos no creo que sea una muy buena idea. No lo digo por ti, si no por mí, no lo tomes personal por favor, estoy atravesando...
-No, no hay necesidad que me expliques. Te entiendo perfectamente. Está bien, tranquila, no te culpes, yo... te aviso lo que me contó Chase, ¿vale?... –Jack cortó el teléfono antes de despedirse de Tomoko. Apoyó el celular sobre su muslo y bajó la cabeza.
-Perdóname, pero no puedo.
Al día siguiente, jueves. Kimiko y Keiko asistieron juntas a la universidad. Clay dormía en el interior del automóvil, de no ser por la sirena de una ambulancia jamás había despertado. Justo a tiempo para seguir a Kimiko. La chica fue a sus clases regulares en toda la mañana. Nadie extraño se acercó a Kimiko. Todo seguía su curso natural. Y luego, con otras chicas compraron en un restaurant de comida rápida para llevar y fueron a casa de Keiko, se imaginó porque no conocía este edificio y la amiga de Kimiko sacó las llaves para ingresar dentro de él. De ahí se quedaron bastantes horas. Estaba con su amiga, elaborando una tesis de grado, ¿qué fuera de lo ordinario podría pasar?
Nada a no ser que tuvieras que ejecutar un plan en mente como Kimiko. Almorzaron en el recibidor-comedor. Y se encerraron en su cuarto. Kimiko amaba la casa de Keiko. Grande (se trataban de dos apartamentos, pues que derribaron un muro para unirlos y hacer de ellos uno solo), la madre de Keiko se enfatizaba en hacer que cada cuarto fuera personalizado y el set de mobiliario de la sala de estar coincidía con las paredes: Colores blanco, terracota, café, castaño, marrón. La laptop de Keiko era bonita, pero no tan lujosa como la de ella. Y ahí se resguardaron toda la tarde para su exposición, montando la presentación en Power Point para mostrarla en video vip. Kimiko se las arregló para descargar un documental y editar las escenas para incluirlo. Kimiko era un genio con la computadora. Eran alrededor de las cinco cuando las dos cantaban el reciente tema musical de su ídolo (un receso). La chica pidió a su amiga intercambiar ropas. Kimiko se vio obligada en contarle (mitad de la verdad) a su amiga para que aceptara, pues sospechaba que estaba siendo seguida por una persona y solo de esta manera podría corroborarlo. Keiko dudó, pero intercambiaron ropas.
Kimiko salió del edificio con las ropas de Keiko y fue a su casa, notó la presencia del auto negro estacionado frente. Cuando regresó a casa, éste no lo siguió. Clay se extrañaba por qué Kimiko no salía, ya oscurecía, ¿pretendía quedarse a dormir con su amiga? ¿y si era eso por qué rayos salió la tal Keiko? ¿a buscar algo para cenar? Este asunto le era sospechoso hasta que Keiko, con las ropas de Kimiko, salió a hacer quién sabe qué y Clay la siguió, fue cuando reparó que no era Kimiko a quién había seguido en el instante que pudo ver su cara.
-¡Maldición! ¡me ha engañado! ¡el Amo...! –Clay llamó por el celular inmediatamente a su Amo y notificarle que Kimiko se había dado cuenta que la estaban siguiendo. Raimundo se puso furioso, por supuesto.
-¡¿QUÉ?! ¡¿serás imbécil o qué?! Te dije que Kimiko no era alguien a quien subestimar, es una mujer inteligente, seguro que no fuiste cuidadoso con el trabajo que te pedí...
-Mi señor, le juro que esta ha sido la primera vez que me ha pasado este tipo de cosas.
-Olvídalo Clay, no puedes pedirle a un simple chófer que haga el trabajo de un profesional, cuando cuente 5, Kimiko me llamará por vía Skype y tendré problemas por tú culpa: 5, 4...
-Mi señor, no quise hacerlo.
-3, 2 y 1 –en el monitor de la computadora de la oficina, apareció una ventana de una nueva llamada en Skype. Sí, Kimiko- te tengo que colgar, Kimiko me está llamando –rudamente le cortó la llamada y la atendió, obviamente estaba molesta, pero al igual que en situaciones previas, se desentendió- hola, ¿otra novedad que quieras platicarme para que me llames en horas de la oficina?
-Son las cuatro, es la hora que establecimos para comunicarnos, Raimundo –espetó- ¡¿cómo se te ocurre enviarme a tu esbirro para seguirme?! Tú debes de estar muy desubicado para creer por un instante que yo soy para ti un perrito que lo único que le falta es el collar y su tazón de agua, ¡por favor, ¿con qué riñones pudiste hacerlo?!, estoy deshonrada.
-Más deshonrado estoy yo por tu inapropiada conducta, soy tu Amo y te prohibí que te me dirigieras así.
-¡¿Ah sí y cómo quieres que me dirija después de lo que descubrí?! Deja de hacerte el tonto conmigo, lo sé, no tienes que ocultarme nada –Raimundo puso los ojos en blanco, Kimiko esperó una respuesta- ¿y bien?
-Estoy haciendo comprobaciones de seguridad sobre todas las personas que te rodean.
-¿Co-comprobaciones de seguridad? –se rió forzadamente- ¿Raimundo, te estás escuchando a ti mismo, te entiendes? Eso no entra en la lógica de nadie, ¡¿qué diablos estás comiendo?!
-Helado de vainilla, está frío –contestó, insertó una cucharita en la capa blanca y cogió una porción que se llevó a la boca.
-¿Y por qué tú sí puedes disfrutar de todos los postres y yo no?
-No tienes idea de lo que hace el helado de vainilla por mí en nuestras horas de placer. Mi dulce niña, no quiero que ningún desconocido te coma con los ojos, imaginarme que otro hombre esté contigo que no sea yo... es como si me apuñalaran con un cuchillo en mi alma.
-Puedes estar seguro que no he estado con nadie, es imposible contigo revoloteándome. Soy capaz de atarme las trenzas de mi zapato yo solita, sin ningún tipo de guardaespaldas ¿sí? Te agradecería inmensamente si le dijeras a Clay que dejara de seguirme.
-Si eso te hace feliz... lo haré –suspiró rindiéndose.
-Sí, ayudaría mucho.
-Tengo trabajo que hacer en la oficina, hasta luego, nena –Raimundo cortó la video llamada y tragó una bocanada de aire. Kimiko no se lo piensa dos veces tener que sincerarse con él en persona, por mensajes de texto, por Skype, por correo. Es una mujer valiente, no puede intimidarla. Me gusta, pensó Raimundo. Volvió a descolgar el teléfono y se comunicó con Clay. Ya no perseguiría más a Kimiko, no la puede engañar dos veces con el mismo truco, habría un cambio de táctica. Le pidió una lista de nombres de los hombres que rodeaban a Kimiko, Saint Hui, sus compañeros universitarios, la gente masculina que frecuenta (hasta con el médico y el bombero) para mantenerlos allí. Clay no estaba de acuerdo, pero acató la orden de su Amo. Obviamente, Young encabezaría esa lista. Alguien llamaba a su oficina, una notificación de la secretaria. Raimundo pisó el botón para recibir la llamada.
-¿Sí?
-El Sr. Spicer acaba de llegar, mi señor.
-Ah sí, el ingeniero mecánico, hágalo pasar a mi oficina –las puertas de titanio se abrieron de forma lenta y automáticamente. Jack dio un respingo hacia atrás y caminó hacia el frente donde Raimundo terminaba de organizar el papeleo. Se levantó. Jack se sorprendió que el dueño de la sede principal de una exitosa compañía de automóviles fuera tan joven. Debían tener edades contemporáneas.
-¿Sr. Pe-Pedrosa?
-Correcto, usted debe de ser el joven ingeniero mecánico que vino a entusiasmarnos con su innovadora idea desde Norteamérica –Jack seguía boquiabierto, Raimundo soltó una risita- ¿le sorprende que un hombre joven como yo esté a cargo de esta empresa? No se equivoca, mi madre es quién realmente la dirige, pero salió un momento y me dejó encargado, soy su hijo y estoy en capacidad de manejar esto con mis propias manos, ¿le parece bien que me vaya hablando de su idea mientras caminamos a la sala de conferencias o prefiere darnos la sorpresa a todos cuando estemos sentados escuchándolo? –Raimundo se lo llevó fuera de la oficina, tratando de hacer que olvidara que él estaba sentado en esa silla hace unos minutos.
A/N: Mis malvaviscos asados, hemos llegado al final del capítulo de esta semana. En el próximo capítulo se avecina un fuerte huracán con el cumpleaños de Kimiko. ¿Hasta qué extremos llegará la obsesión de Raimundo? Descúbranlo en el próximo capítulo. Verán que no solo por el alto contenido sexual este fic lleva rating: M. Arrancamos el capítulo con una escena muy sensual y detallada, vino blanco, hielo, mordaza, antifaz, esposas, ¡BONDAGE!... Pues sí, señores, Raimundo está acostumbrado a un estilo de vida BDSM (Bondage/Dominación/Sadomasoquismo/Masoquismo). En otros términos las esposas no es lo único que verán, a medida que vaya subiendo capítulos, las cosas irán subiendo de tono. Ustedes dirán que es imposible luego de ver lo anterior, pero yo les digo que no... es muy posible, tanto que hasta en el capítulo que viene ¡parece que hay un total de dos escenas lemmon! Auch, pobrecita Kimiko. Uf, pero no olviden que estimulo mi creatividad y nada más que eso. A mis "amigas" no les gustó mi escena lemmon. En mi opinión quedó bastante bien porque quiero ir de a pasito a pasito, no tirarlo todo de un trancazo porque las ganas de ver más se desvanecerían, ustedes digan señores. Si lo notan hubo más cosas que la última vez.
"-¿Crees que yo no lo sé? –susurró con voz ronca, sin inmutarse. Kimiko veía el deseo arder en sus ojos- quiero que sufras, nena. Quiero que cada vez que abras los ojos en las mañanas y te muevas, te duela, que recuerdes que yo he estado dentro de ti. Sólo yo. Que eres mía. Si termina nuestro convenio, quiero que jamás olvides... que aunque corras y te escondas de mí no será para siempre porque sabré dónde encontrarte... porque... eres mía... y de nadie más ¿por qué? Porque puedo –se erguió- soy tu Amo y tú eres mi sumisa, ¿lo olvidas? Te lo dije al principio, me satisfago de tu dolor. Mientras más te sometas a mí, soy más feliz, no es muy difícil de comprender."
Raimundo es un tremendo actor, ¿estáis de acuerdo?
-¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!
¡CANDENTE, PERRO CALIENTE! Luego de eso, más que claro, sin palabras. Y no han visto todavía nada de este Raimundo hot, mis señoritas. Como siempre digo, no se me despeluquen. Para añadir tensión a la trama, las hermanas Tohomiko corren con el riesgo de quedarse sin casita, aunque parece no ser tan grave como nos dio entender Tomoko, a no ser que ocurra algo desafortunado. Para los que no me conocen, les voy advirtiendo desde ya que los detallitos a veces resultan ser puntos claves que pueden ser utilizados más adelante. Yo nunca digo las cosas por decir. Jack tuvo el valor de confesarle a Tomoko que se moría por tener una cita con ella, pero lo rechazó, ¿alguna idea de por qué? Yo que ustedes me lo pensaría bastante. ¿Chase asistirá a la fiesta de Kimiko? ¿sí o no? Ah otra cosa, Sombra, la mujer más encantadora del mundo de XC, vuelve aparecer en el capítulo que viene. Y Kimiko pudo descubrir que Clay la perseguía, ¿ingenioso, no? Al igual que Jack trabaja para la compañía de Raimundo y se sorprendió mucho de verlo sentado en el sillón del jefe...
Señores, he pensado muchas veces el final de esta historia. Tenía una versión, pero me parece un poco sosa o más bien, repetida y estoy buscando una manera de cambiarla, ya tengo una idea, lo que estoy cuidando es que no me quede después un laberinto que nadie entienda. Eso sí, si la llego a utilizar, todos nos quedaremos en shock por tantas sorpresas y al mismo tiempo, trato de hacerla parecer lo menos posible a otro final ya que no me gusta repetir las cosas. En fin, he podido escribir este capítulo, a pesar de la presión que tengo por ser los últimos meses de un ciclo escolar. Ay, señores, estoy muy estresada. Señores, hago todo lo humanamente posible por esto porque todavía no he terminado el capítulo debido a mis estudios, y no sé si actualizaré la semana que viene, pero que lo haré, lo haré cuando tenga tiempo.
"-Ábrelo –pidió con voz amable. Kimiko pestañeó un par de veces y medio sonrió, presionó hacia adentro y automáticamente se abrió, puso los ojos como platos cuando sacó una bellísima pulsera de oro genuina. En torno a ella, había cinco amuletos, era una flor hecha con pequeñas piedras de rubíes rojos y al final, en el centro, una letra: "R", de Raimundo. Trató de emitir un sonido, pero la mente de Kimiko estaba nublada. No sabía qué decir.
-Rai... Raimundo... esto es...
-Lo vi en una joyería. No pude esperar en sacar la billetera y comprarlo, tenía que ser tuyo –dijo- ¿te gusta?
-Es hermoso –admitió-, pero no puedo aceptarlo. Vale una fortuna y yo...
-Por favor, es un regalo por tu cumpleaños, si te gusta tanto no me lo rechaces. Lo compré, en serio, si quieres te muestra la factura.
-Bueno, está bien, me lo quedaré si tanto insistes –Kimiko lo iba a guardar, pero Raimundo la detuvo, agarrando sus manos. Kimiko sentía como sus huesos se estremecían...
-No lo hagas. Póntelo, quiero verte con él –Kimiko se encogió de hombros y se lo colocó en su muñeca izquierda, Raimundo sonrió- te ves muy linda con ese accesorio, Kim. De ahora en adelante cada vez que tengamos nuestros encuentros, quiero que te lo pongas porque mientras lo tengas puesto probará que yo soy tuyo y tú eres mía y nadie... nadie podrá romper esta unión".
No se pierdan el capítulo que viene, imperdible: Gravedad del amor. Con más de una escena que robará sus alientos. ¡Me despido Latinoamérica, cuídense, nos leemos!
Respondiendo review a anónima mex: ¡Hola!... Querida, siempre respondo los reviews que me llegan, me gusta hacerles sentir a mis lectores que leo lo que comentan (siendo franca, muchas veces me trae problemas). No conozco mucho tus gustos musicales, pero me parece que vas por buen camino. Es cierto que Jared es lindo (le favorece el pelo castaño, he visto imágenes de él con pelo negro y los peinados son algo raros; por ejemplo, cuando hizo el vídeo de Hurricane, me gustaba muchísimo su look, él me cae bastante bien). Técnicamente Raimundo se le zumbó encima que ni le dio tiempo a la pobrecita de evitarlo, si le hubiera correspondido, su lengua tuvo que haber tocado a la suya. Nada más que agregar, muchas gracias por leer y comentar. ¡Nos leemos!
