Capítulo 7
Gesto tierno
Los ronquidos de Merle me perforan los tímpanos, le doy la espalda, acercándome más al borde.
Apenas he pegado ojo, pensando en ella, en Cassidy, en cómo no le importa pasar las tardes en la salita solo por estar conmigo en los pequeños descansos que me tomo de vez en cuando.
Y sobre todo, no he dejado de dar vueltas a la charla que tuvimos allí, frunzo el ceño, si mi hermano supiese lo que tengo en la cabeza me diría, "Uy Darlyna ¿quieres que vaya a comprarte unas compresas y un diario rosa? Compórtate como un Dixon y tíratela de una vez, marica".
Gruño molesto y me siento en la cama. Ella no es una desconocida, es, creo, que la primera jodida amiga que he tenido en toda mi vida, bueno, no sé si ella me considera así, a lo mejor para ella solo soy uno de los tíos que están apalancados en el sótano de su "hermano".
Niego, si ese fuese el caso ella pasaría de mi como de la mierda, me remuevo al recordar que dijo que tenía un buen culo, ¿lo diría en serio o fue para molestar por lo que le dijo Merle?
Esta mujer me lleva a hacerme un millón de preguntas, cuyas respuestas desconozco. Es desconcertante.
Me levanto para vestirme, mientras recuerdo lo juntos que estábamos ayer, su calor en mi costado, sus piernas sobre las mías, mi mano sujetándolas para que no se resbalaran, mi corazón late acelerado al recordar la suavidad de su piel.
¿Qué se sentirá al estar con una mujer así? Una con la que hablar antes y sobre todo después de follar.
Subo las escaleras diciéndome a mí mismo que tengo que dejar de engañarme, eso no va a pasar y aunque se diese la ocasión, aunque ella quisiera, por mucho cuidado que tuviera ella podría ver mi espalda, no estoy preparado para que nadie la vea, menos ella.
Además, me dirijo a la cocina a preparar el café, ella tiene una vida en Los Ángeles, a la que acabará volviendo, antes o después, cuando se solucione lo que sea que esté pasando, yo no tendría nada que hacer allí, con gente famosa y esas gilipolleces, y… está claro que ella no se quedaría con un mecánico muerto de hambre cuyo hermano es un camello.
Definitivamente tengo que dejar de hacerme ilusiones con ella, en mi mente puede ser todo muy bonito, pero en la vida real, ella y yo, es algo que nunca pasará.
-Connors- grita Matt, intento levantarme lo más rápido que puedo, mierda, mierda, mierda, seguro que me tenía alguna sesión de fotos o algún casting y me he quedado dormida, lo que implica hacer ocho kilómetros corriendo como castigo, por mucho que él diga que es para que me mantenga en forma, si esa mentira fuese verdad, me haría correrlos todos los días y no solo cuando lo cabreo.
El caso es que tenía las piernas enredadas entre las sabanas y al ponerme de pie tan deprisa, pasa, lo que tenía que pasar, de repente veo el suelo cada vez más cerca de mí, como diciendo, "ven a mi moqueta nena", sep mi mente es una perra que se cree muy graciosa.
-Joder- medio grito, medio gimo de puro dolor.
Escucho un ruido fuerte, y a Ale descojonarse vivo, corro en seguida a ver qué es lo que ha pasado, al llegar al cuarto de Cassidy, me la encuentro tirada todo lo larga que es en el suelo, con las piernas enredadas en las sábanas, y la camiseta de dormir levantada hasta los riñones, dejando ver parte del tatuaje de una guitara azul que tiene en su costado derecho y sus bragas rosas con un numero en cada cachete de su culo en negro en el que pone 69.
Desconcertado por la escena y sin entender nada pregunto -¿Qué narices pasa aquí?- digo intentando concentrarme en lo que sea que haya pasado y no mirar descaradamente ese 69.
-Pasa que este es idiota- lloriquea la rubia desde el suelo, aún con su cara pegada a la moqueta, debe de haberse hecho daño de verdad, no me extraña con el ruido que he oído.
-Se ha caído- intenta decirme Ale –a cámara lenta- pero las risas se lo complican –con los brazos extendidos- se deja resbalar hasta el suelo –como si fuera a echar a volar- y vuelve a carcajearse.
-Coño, pedazo de capullo me has llamado Connors, creía que eras Matt y me he acojonado pensando que ya había metido la pata con algo.- Por fin levanta la vista, tiene la frente algo despellejada y roja, seguramente la salga un chichón, sus ojos están llorosos, pero aun así consigue mirar amenazante a Ale. Lo que no puedo evitarlo, me causa cierta gracia –oh no Dixon- me señala con el índice –no te atrevas a reírte por esto- me reclama.
-Sí, no te rías Dixon- se burla Alejo, -o la venganza del ángel estrellado caerá sobre ti, con todo su peso pluma- y vuelta al descojone.
Desde luego si las miradas matasen, ahora mismo él, estaría sufriendo una lenta agonía por la manera en que le mira Cassidy.
-¿Me ayudas a levantarme?- me pregunta suplicante.
Enseguida me acerco hasta ella, le quito las sábanas de las piernas, centrándome en mi tarea y no caer en la tentación de acariciarlas como sin querer y aprovechar el momento.
Despacio, la cojo del costado y la ayudo a ponerse de pie, ella mueve un poco sus piernas para comprobar si se ha hecho algo.
-Gracias- me dice, avergonzada, me resulta raro verla así, siendo como es siempre tan lanzada. Al pasar por la puerta patea sin fuerzas el costado de Ale, quien al ver que se ha acabado el show, se va a su cuarto a dormir la mona.
Cassidy entra en el baño y yo la sigo, veo como abre el grifo del agua fría para mojar la punta de una toalla que luego pasa poco a poco con suaves toques sobre la zona adolorida de su frente.
-Me está saliendo un chichón- me enternece ver en el espejo el puchero que pone.
La dejo sola sin decir una palabra y voy a la cocina, abro la nevera encontrando enseguida lo que busco, un filete de ternera, vuelvo con ella y se lo extiendo para que lo tome.
Cassidy se gira quedando frente a mí y me mira claramente sin entender una mierda de porque la pongo en las narices un filete crudo. –Bajará la hinchazón,- le explico para que deje de mirarme como si me hubiese metido algo de lo que vende mi hermano.
-Gracias- lo coge con reticencia, se muerde el labio inferior nerviosa –Daryl- dice mi nombre alargando la y como una niña pequeña mientras pone morritos. -¿Me das un beso en la pupa?- se señala la frente. Ahora soy yo el que la mira como si estuviese loca. –Cuando te haces daño, si te dan un beso donde te duele con cariño, el dolor se va y se cura antes- me explica mirando con esos grandes ojos azules, y su tierno puchero.
Sé que es ridículo creer que vaya a cumplir una petición absurda como esa, al fin y al cabo, es un tipo duro de pocas palabras, pero la esperanza es lo que tiene, es una puta que se vende barata, a veces a cambio de solo una mirada.
Se aparta de mí, y para mi absoluta sorpresa, cierra la puerta del baño, contengo mis ganas de preguntar nada cuando se gira hacia mí de nuevo, consigue desviar sus ojos para que no se crucen con los míos ni de casualidad.
Apoya su mano en mi hombro, su calidez traspasa la tela de mi camiseta, con algo de torpeza me acerca a su cuerpo y me da un tierno beso sobre mi chichón, me gustaría decir algo o tocarle, pero temo romper la burbuja que nos rodea, sus labios permanecen sobre mi frente seguramente algo más del tiempo que deberían, pero no me molesta, noto como mi corazón se acelera.
-Dejad de follar y abrid la puerta que tengo que mear- grita Merle del otro lado, Daryl se separa de mi de un brinco, como si le hubiesen metido un petardo por el culo, nos miramos nerviosos sin motivo, sin saber que decirnos, solo ha sido un beso en la frente ¿verdad?
Un gesto amable, nada más. ¿Cierto?
Antes de tener la ocasión de mandar a Merle al demonio, su hermano abre la puerta y se escabulle como un gato en una pescadería.
-Tienes el don de la oportunidad grandullón- el hombre pone una sonrisa pervertida.
-¿De verdad lo estabais haciendo?- pregunta como un viejo cotilla deseoso de chismes.
-Ya te vale- es todo lo que le digo mientras se mete en el baño.
-Si no lo estabais haciendo, no he interrumpido nada.- Bufo molesta por el comentario. -¿Qué? ¿Qué pasa? A ver dime, ¿no pretenderás que meé en la calle como un perro? ¿O sí?-
Salgo del baño y le dejo con la palabra en boca, absteniéndome de decirle que no sería la primera vez, pero como me lie a contestarle eso puede hacerse eterno. Y es demasiado pronto para ponerme a discutir.
Antes de llegar a la cocina escucho la puerta de la calle cerrarse, Daryl ha huido de mí, ¡chachi!, nótese el sarcasmo.
Suspiro en parte emocionada por el momento y en parte decepcionada porque haya sido interrumpido, no creo que nos hubiésemos besado, pero casi podía notar como si una pieza metafórica estuviese encajando en el destino del mundo.
De acuerdo puede que esté exagerando y solo se trate de mi destino, pero el caso es, que me he sentido bien.
Decido dejar de pensar en tonterías, y me pongo el filete congelado sobre el golpe, al instante hago un gesto de dolor y me estremezo por el frio.
Mientas me saco un batido de la nevera sonrío pensando en cómo se la voy a devolver a mi unicornio. La guerra ha comenzado, chan, chan, chan.
Buenas dulce gente del señor, me gusta Merle pero ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ir a joder? ¿De verdad no podía seguir roncando? Para aliviar la decepción no hubiese habido beso de todas maneras, pero algo se va fraguando.
Por otra parte contaros que este sábado 29 de abril me robaron 150€ en la tienda en la que trabajo de dependienta, como lo leéis, dos mujeres de etnia gitana, juro que cuando vi el billete de 500 con que me iban a pagar, me dije a misma, no pienses mal, que no todos son iguales, al ver que el billete era autentico me relaje y en lo que les daba el cambio me la colaron, pero bien, total resumiendo la historia se llevaron sus 500€ más los 150 que me robaron como a una gilipollas.
Ya llevo un tiempo de cara al público no soy nueva en parte por eso también me jode más lo que sucedió, pero bueno, de todo se aprende. Lo peor pues los nervios y el disgusto que me llevé al darme cuenta de lo que había pasado. Siento soltaros el rollo, pero lo tenía que sacar, como siempre espero que os haya gustado, besototes.
