¡Muchas gracias por sus reviews MariaPaula y JustG, me hace muy feliz leerles ;). Y gracias también a quienes siguen leyendo ésta historia. Un beso -3-
VI
•Love is in the air•
Takao tiene un novio. Y no hay ningún error en ello. Takao tiene un novio. Novio. No una novia. Es un novio. Un chico. Takao se lo confiesa ahí mientras repasan los apuntes. Es casi inesperado. Están sentados en la alfombra usando la pequeña mesa de cristal qué hay en la sala para poner sus libros, cuando Takao, que está frente a él, alza las manos y comienza a decirlo. Kouki tiene que pedir que lo repita para saber si le ha entendido, pero cuando la confesión no cambia ni un poco, se da cuenta que no hay error alguno.
El que Takao lo diga justo en ese momento es lo que le sorprende, la confesión no del todo. Takao se lo había dicho antes, alguna vez en sus catorce años, antes de robar el primer beso de Kouki.
—Me gustan los chicos — había dicho. Kouki, quien realmente no le daba importancia y que, además de ello, creía que nadie tenía el derecho de juzgar a nadie, había preguntado sin intenciones ocultas si estaba seguro.
Takao se había reído. Reído hasta las lagrimas. Kouki pudo reconocer en esa simple acción el alivio y la preocupación que lo invadía. A continuación, Takao había tomado su rostro entre sus manos y le había besado. Sin aviso alguno. Para que no le quedara duda alguna.
Había sido un beso rápido y simple. Cálido de cierta forma. Pero no había sido tan especial como Kouki había leído muchas veces que los primeros besos eran. Se habían mirado fijamente a los ojos y luego Takao lo había abrazado con fuerza. Casi con dolor. Como si temiera que desapareciera. Kouki había sentido el temblor del cuerpo de Takao y el movimiento violento de sus hombros. Estaba llorando. Kouki regresó el abrazo entonces. Le dijo que todo estaría bien.
Las cosas no habían sido muy distintas después de eso. Aunque al principio Takao parecía muy incómodo con ese hecho, con el pasar de los meses, y al darse cuenta que nada realmente había cambiado (y después de haberlo confesado parcialmente a la madre de Kouki y que ésta le aconsejara), comenzó a hacer bromas al respecto. Kouki supo entonces que todo realmente estaría bien a partir de ese momento.
Sin embargo, a pesar de sus constantes bromas y coqueteos con otros chicos, Takao nunca había tomado a nadie en serio. Así que la confesión ahí en la sala de la casa de Kouki fue inesperada. Totalmente.
«¿Es Midorima?»
Hay una buena razón para que Kouki crea eso. Es una razón pequeña y poderosa; Takao había sido muy insistente en presentarle a esa persona y, al pedírselo, Takao había dicho que le interesaba que las personas que quiere se conozcan. Es una razón simple. Pero es poderosa porque para Kouki esa simple razón habla de lo importante que es Midorima en la vida de Takao. Porque Takao tiene muchos amigos, más de los que podría contar con los dedos de sus manos y pies juntos, pero nunca había insistido tanto en que Kouki conociera a uno especialmente.
«Sí»
Kouki da un asentimiento. Luego una sonrisa. Es una sonrisa cálida, sincera, que transmite todo el afecto y el agradecimiento que Kouki siente hacia Takao porque ha decidido confiar en él.
Piensa en Midorima. Piensa en lo poco que sabe de él. Piensa también en que quizá, la siguiente vez que Takao decida reunirlos, debería intentar conocerlo mejor.
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Kazunari no está muy seguro de por que lo dice. Había pensado en hacerlo antes por supuesto, pero no precisamente en ese momento. Simplemente fluyó tomando por sorpresa tanto a él como a Kouki, su mejor amigo.
Quiere creer que no ha sido una simple forma de presionar a Kouki para que le hable de esa nueva amistad que tiene con el amigo de Midorima. Quiere creer que solo ha decidido ser sincero porque sí. Y quiere también alejar la decepción y preocupación que llega a él cuando Kouki retoma sus estudios y no dice nada de nuevo.
—Sé que has estado viéndote con alguien — dice, aunque sabe que con Kouki sumergiendo la nariz en ese libro de Biología, no le escuchará.
Suspira y trata de no pensar mucho en ello. Porque además hay una parte de él que se siente contenta de que Kouki empiece a salir del capullo de soledad en el que se había metido. Hacer amigos es algo indispensable a su edad después de todo. Y, sin embargo, está esa otra parte de él que se preocupa, porque Kouki es frágil y es su mejor amigo desde que son niños y lo quiere, y le han herido antes y ésta vez él prometió que le protegería y se sentiría un imbécil si no lo hace. Porque lo cierto aquí es que él conoce a Kouki Furihata mejor que nadie, pero no conoce a Seijūrō Akashi y aunque le gustaría creer que no hay nada extraño en el repentino interés de éste último por su amigo, no puede evitar preocuparse, porque quiere a Kouki con el tipo de amor de un hermano mayor a pesar de tener la misma edad, y por lo tanto le procura.
Extiende su mano a través de la mesa y quita el libro de las manos de Kouki para tener su atención.
«¿Qué hay de ti?»
Kouki parece pensarlo y Kazunari teme que no le de ninguna respuesta, porque para él, eso significaría qué tal vez Kouki no confía en él lo suficiente.
Es un gran alivio entonces, cuando le ve mover sus manos, creando señas y haciendo gestos.
«Conocí a alguien»
«¿Quién?»
«Tu también le conoces»
—Akashi — murmura ésta vez, y Kazunari puede ver la sonrisa discreta que busca escaparse de sus labios, lo que provoca que él también quiera sonreír. —Hablamos de música.
Kazunari recuerda que un tiempo atrás, cuando recién acababan de conocerse, Kouki le habló sobre su abuela y lo mucho que ella amaba la música clásica y lo bien y bonito que tocaba el piano. Lo mucho que le gustaría habérsela presentado.
Es algo que sabe que a Kouki le importa mucho, y que en más de una ocasión buscó interesarse, pero al final resultó que no era lo suyo. Al final ambos habían estado de acuerdo en que su amistad no está basada en lo que tienen en común, sino en todo eso que les hace diferentes. De modo que Kazunari se siente complacido de saber que Kouki ha encontrado a alguien con quien hablar sobre eso que ama.
Kouki sigue hablando. Más de lo que alguna vez lo ha hecho. Kazunari sonríe involuntariamente mientras le ve gesticular y emocionarse mientras continúa hablando sobre lo increíble que es Akashi tocando el violín. Aunque también sabe tocar el piano, pero el piano no es tan maravilloso como el violín. Se siente como ver crecer a un hijo, Kazunari se da cuenta, es emocionante y doloroso a la vez. Pronto entiende que no volverá a ser únicamente él en la vida de Kouki, así que dramatiza y finge llorar su nombre mientras corre a su lado y lo aprieta contra su pecho.
Kouki corresponde el gesto y Kazunari puede sentir las vibraciones de su risa.
(Alguna vez Kazunari se encerró en su habitación en completa oscuridad con tapones para oídos solo por curiosidad. Buscó sonidos en internet y los dejó reproducirse. Descubrió cosas terriblemente dolorosas. Descubrió que, después de haber vivido escuchando los sonidos de su alrededor durante tanto tiempo, no podía, no quería dejar de escucharlos. Que el sonido de las aves por las mañanas es maravilloso pero es horrible sólo imaginar cómo suena. Que el sonido de las olas del mar chocando contra las rocas es mágico y que no podría dejar de escucharlo. Que ama la música y es aterrador el siquiera imaginar dejar de escucharla. Descubrió también que Kouki es fuerte y maravilloso, y demasiado inteligente porque él nunca parece quejarse de nada, y siempre sonríe y ha aprendido a desarrollar de manera sorprende sus otros sentidos. E incluso convenció a su madre de dejarle ir a una escuela normal porque él es capaz de hacerlo bien.)
Se separan. Kazunari vuelve a su lugar. A su vez la madre de Kouki entra en la sala con una bandeja llena de bocadillos y un par de bebidas.
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—¿Cómo se siente? — Kouki pregunta cuando están sentados en su habitación después de dos largas horas de estudio. Takao despega la vista del móvil y gira a verlo, ha estado mandándose mensajes con –Kouki supone– Midorima desde hace un rato.
—¿Hablas de tener novio? — Takao guarda su móvil, una sonrisa altanera cruzando su rostro.
Nunca antes han hablado de esto. Kouki es consciente de ello. Así como es consciente de la diversión y entusiasmo de Takao al ser él quien ha traído el tema a flote, pero no pueden culparlo, es algo que le causa curiosidad. Con su muy poca disponibilidad a socializar y hacer amigos, Kouki no ha tenido la oportunidad de enamorarse de verdad.
Da un asentimiento.
Está sentado sobre la cama, abrazando sus rodillas contra su pecho y la espalda recargada en la pared. Takao está a los pies de la cama ahora viéndolo directamente, sin perder nunca la sonrisa.
—Es emocionante — dice primero —, y complicado.
Takao parece pensar muy bien lo que va a decir a continuación porque se demora en responder.
—Pero si quieres que sea realmente sincero contigo no sé con certeza lo que es el amor. Pero sé que está aquí porque puedo sentirlo, palpitando en mi interior. A veces me revuelve y me acomoda, me sube y me baja, me alegre y me entristece. Es incomprensible de mil formas. Al final creo que no deberías buscar entenderlo, simplemente sentirlo.
Kouki se queda mirando a Takao. La forma peculiar en la que sus ojos brillan mientras habla, y no necesita más para saber en quién está pensando. Kouki, inevitablemente, piensa en Akashi, pero no se asusta o preocupa, Kouki atribuye sus pensamientos a que él es alguien nuevo y de cierto modo importante en su vida. No busca ningún significado oculto tras ese hecho, porque no cree que lo haya.
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Ahora que no es un secreto para Takao, Kouki permite que éste le acompañe hasta él aula del club de música; Takao tiene sus propias actividades en el club de baloncesto, pero aún así ha insistido en guiarle hasta aquí. Kouki cree que solo ha sido un pretexto y que en realidad Takao solo busca una oportunidad para toparse con Akashi, porque le conoce y sabe lo sobreprotector que llega a ser con él.
Apenas están dando vuelta al pasillo cuando Takao se detiene abruptamente y Kouki tiene que detenerse también mientras busca la mirada de Takao con la propia en busca de respuestas.
Takao tiene los ojos llenos de sorpresa, perdidos en algún punto en la nada. Kouki no comprende al principio por qué su amigo actúa tan extraño hasta que, como la luz de mañana que se cuela a través de la cortina cerrada de la ventana en su habitación, un sonido agudo llega a él.
Es un sonido bajo, demasiado, muy, muy pequeño, apenas es capaz de percibirlo, tiene que esforzarse por escucharlo. Es un sonido sin forma. Más sin embargo pronto se da cuenta que él es el único con ese problema, porque por la expresión en el rostro de Takao, deduce que éste sí puede escuchar perfectamente la melodía que está tocando Akashi. Y todo en el interior de Kouki comienza a sentirse extraño. Primero es una punzada de dolor en el estómago, luego todo se siente como si ahí mismo estuvieran haciendo un batido. La realización de que Takao puede escuchar sin esfuerzo alguno las melodías de Akashi hace sentir a Kouki como si miles de cuchillos se clavasen en su pecho. Y tiene que reprenderse mentalmente por sentir celos de ello.
Takao gira a verlo, en su rostro está esa sonrisa altanera de siempre.
«Ya entiendo a lo que te referías»
Kouki quiere devolverle la sonrisa, de verdad, pero sus músculos parecen estar entumidos porque no responden a sus intenciones.
«¿Estás bien?»
«Sí, será mejor que vayas a tu club»
Takao parece preocupado, no confía en lo que dice, pero no insiste en saber qué es lo que sucede conformándose con la sonrisa y los gestos que Kouki le ofrece antes de despedirlo.
Kouki le ve marchar corriendo hacia el otro edifico y se siente extrañamente aliviado.
Hace tanto tiempo que no sentía celos de los demás y de su capacidad para percibir los sonidos del mundo, que casi había olvidado como se sentía. Hoy, sin embargo, ha deseado, por un pequeño instante, ser capaz de percibir ese mundo que le fue arrebatado.
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Kouki se queda de pie en la puerta mirando la forma en la que Akashi toca el piano. Kouki es capaz de escuchar algunas notas, otras más se pierden entre el silencio y la nada. Pero, aún así, Kouki puede asegurar que cualquier persona que viese la forma tan apasionada con la que toca Akashi, se enamoraría de su talento. La manera en la que mantiene sus ojos cerrados durante todo el rato, centrándose intensamente en cada movimiento contra las teclas del piano.
Kouki admira la forma en la que Akashi parece desconectarse de todo y todos a su alrededor para verter toda su atención en la música. Ser capaz de desconectarse del mundo y dejarse arrastrar por completo es algo que Kouki siempre ha querido, la confianza para hacerlo, pero simplemente no la tiene.
Las manos de Akashi se detienen, al mirar su rostro Kouki se da cuenta que él le está mirando directamente. Sus ojos parecen hablar, es lo que Kouki piensa, aunque no está seguro de qué quiere decir con ello. Sólo que al mirar a los ojos de Akashi pareciera que él fuese capaz de disparar la mirada más pequeña con esos ojos magenta suyos, y Kouki sabría exactamente lo que tiene que hacer. Son penetrantes e intensos y, ¡oh, no! Le he estado mirando por mucho tiempo.
Con un suave gesto, Akashi le invita a acercarse. Con pasos penosos y pesados Kouki se sienta junto a él en el espacio que le ha dejado en el banquillo.
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Razones para amar la música:
La música une mundos.
Viajar no es lo mismo sin música.
Cada época de nuestra vida está marcada por una canción...
Siempre habrá una canción que expresara exactamente lo que sentimos.
La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.
La música es un lenguaje que todos entienden.
Y sobretodo, la música y el silencio se combinan fuertemente, porque la música se hace con el silencio y el silencio se llena de música.
