Asistente personal
Una noche para dos.
Sin más preámbulos, los personajes de CCS no me perteneces, por supuesto.
Capítulo anterior
"…-Eriol, te presento a Sakura Kinomoto… mi asistente personal.
Hiragizawa volvió a recorrer a la joven con la mirada y entendió la situación perfectamente, sería una larga, muy larga noche…"
Capítulo 7: Sentimientos inevitables
¿Qué hacía su jefe ahí? Era SU noche de diversión con su amiga, ahora tendría que soportarlo con sus odiosos comentarios, con sus insulsas palabras y con sus ignorantes opiniones acerca de lo que no tiene ni idea… O tener que verlo después con una horda de pobres psicópatas desesperadas acosándolo indiscriminadamente y el muy puritano sin oponer resistencia, y… em… no es que eso le importara, claro que no… ¡Pero estaba harta de ver a Syaoran Li hasta en la sopa!
-¿Saben? Disculpen pero creo que no me siento bien –comenzó sujetándose el estómago-… supongo que lo mejor será que me vaya y arreglemos para otra ocasión.
Bien, eso había sido tonto e infantil… y lo sabía. Y no tenía problema en aceptarlo y que los allí presentes pensaran lo que quisieran si eso alcanzaba para llevarla a la seguridad de su hogar lejos de semejante sátiro tan descaradamente atractivo.
-Vamos Sakura… no seas así –rió Tomoyo.
-Syaoran promete portarse bien contigo esta noche –sonrió la tranquila y cálida voz del desconocido Eriol.
Le pareció un gesto simpático y muy amable el preocuparse por ella, pero ¡QUE ACASO ESE IMBÉSIL DE LI HABÍA PUBLICADO SU RELACIÓN EN TODOS LOS PERÓDICOS! Se exigió calmarse tras admitir que quizás, sólo quizás estaba exagerando un poco y sintiéndose perseguida sin verdaderos motivos. Después de todo Tomoyo también sabía como se llevaban…
-¿Eh? –escuchó reaccionar a un desganado Li.
Sí, claramente a ambos le molestaba e incomodaba la presencia del otro¿Por qué no simplemente la dejaban irse?
-Sí como sea Kinomoto, seguramente los dos queremos divertirnos y distendernos, así que prometo no atacar si tú no atacas.
Sakura sintió como se le distorsionaba la cara¡Ella jamás lo atacaba! Siempre empezaba él… bueno esta bien, quizás una que otra vez pero…
-Vamos Sakurita –sonrió su amiga.
Bien, ya no podría obstinarse en irse, tendría que quedarse…
De acuerdo –aceptó derrotada.
-¿Qué desean comer? –los distrajo la voz de una mesera.
Encargaron su comida, después de que Sakura tuvo que recalcar un millón de veces a la distraída y babosa de la mesera lo que quería ya que parecía demasiado ocupada guardando cada detalle del ogro de su jefe en su mente. Respiró apesadumbradamente ya totalmente resignada, rezando por que las cosas mejoraran. Pero no le extrañó mucho cuando una de las gaseosas que la por demás amable de la muchacha que les servía cayera de lleno en su desnudo cuello y casi manchara su vestido, agradeció al cielo que haya errado a su objetivo y corrió con Tomoyo al baño a arreglarse. Cuando volvió, como dos minutos después, se encontró con la desgracia de que el inmundo líquido había también arruinado su comida¡Claro seguro la muy inepta de la mesera pensaría que estaba saliendo con Li! La gente cada vez piensa más sinsentidos estúpidos…
Echó una rápida mirada al plato no arruinado de su amiga, pero rápidamente sintió como se le arremolinaba el estómago cuando vio el suyi que ésta había pedido, rodó sus ojos por la mesa nuevamente hasta llegar al plato de Eriol… caviar? Pero que todos se pusieron de acuerdo para atentar contra su estómago y el mundo marino? Perfecto y seguramente su jefe no era la excepción… un momento, un momento¿Esos eran espaguetis? Con salsa a la boloñesa? Miró el plato todo manchado con gaseosa frente de sí y comprobó que el suyo tenía el mismo contenido… a pesar de que se viera menos apetitoso.
Rodó nuevamente los ojos y notó a dos emocionadísimos tortolitos charlando de trivialidades de la vida… suspiró. Era lindo ver a su amiga así, de hecho el problema era Syaoran Li… si en vez de ser él el amigo de Eriol, hubiese sido otra persona… ¡Seguramente la estaría pasando genial! Pero no… era el superficial, el autosuficiente, el mujeriego, el egoísta, el comprometido…
-¿Quieres? –una voz la sacó de sus cavilaciones y trató de asimilar el interrogante de su jefe.
-¿Si quiero qué? –indagó desentendida y un poco más arisca de lo que hubiera deseado sonar.
-Compartir mi comida¿Qué otra cosa podrías querer de mi? A la que mi compromiso no se viera afectado, por supuesto –contestó para luego dibujar una risita sumamente divertida al ver la expresión de Sakura.
-No, está bien. Muchas gracias… –negó tratando de acallar los rugidos de su estómago y obviando, tras su rubor, la segunda parte de lo dicho por su jefe.
-Si te pides otro plato van a tardar un milenio en traértelo, además no vas a negarme que te gusta porque habías pedido lo mismo.
-Creo que se me fue el apetito –insistió.
Notó como el joven hacía a un costado su plato arruinado y colocaba el de él en mitad de la mesa.
-Vamos, no seas caprichosa y come sino te vas a enfermar. Cuando un Li declara un cese de hostilidades, va en serio.
Lo miró desentendida, era claramente una tregua. Sonrió y aceptó lo ofrecido por el joven
-Muchas gracias –repitió en voz baja minutos después.
El muchacho no respondió y se limitó a continuar con su comida, pronto notaron como las luces bajaban y comenzaba a sonar la música de fondo. Giró la cabeza y observó a su amiga igual de emocionada que en el primer momento, sonrió… la ponía sumamente feliz que su prima haya encontrado a la persona perfecta para ella. Continuó con su recorrido y se posó en ese par de enormes lagunas ambarinas, lucían tan mágicas ahora que había bajado la luz. Las facciones de su rostro, el tentador pliegue de sus labios, la curvatura de su nariz, sus intrigantes y profundas pupilas, sus desordenados cabellos cafés… todo en él parecía tan perfecto en ese momento. Notó como el joven subía la mirada y la enfrentaba algo desentendido, hundió su vista en el suelo tratando de disimular su sonrojo¡Qué descaro ver a alguien de esa manera! Se apresuró en enrollar al tenedor algunos fideos y concentrarse en que luego terminaran en su boca.
Tenía que admitir que ese no era cualquier hombre, algo en el lo hacía especial, lo hacía único, lo hacía perfecto… para ella. Su mente trajo rápidamente el recuerdo de su enérgica prometida y suspiró ante el hecho de pensar que jamás podría competir contra ella, era la mujer perfecta para un Syaoran Li. Y Meiling lo amaba. ¿Qué se podía hacer contra eso?
¿De verdad quería hacer algo contra eso?
¿Era más que una simple atracción física?
Suspiró nuevamente, nunca se había desentendido tanto con sus propios sentimientos.
-Cuantos suspiros –comentó una voz cercana.
-No mentía cuando dije que me sentía mal del estómago y quería volver a mi casa.
-Se equivoca, Kinomoto. Los suspiros no responden a dolores físicos, son lamentos del alma.
Le dio un vuelco el corazón en ese mismo instante… ¿Le estaba doliendo el alma¿O las palabras de su jefe eran meros delirios? No, no podía engañarse afirmando que en ese momento suspiraba por dolores estomacales. No a ella misma.
Dibujó una mueca algo sarcástica, no iba a responderle aquello… no tenía ánimos de mentir.
-¿Mal de amores? –volvió a interrogar.
¿Ese hombre seguía administración de empresas o adivinación? Lo enfrentó a los ojos y volvió a suspirar, luego negó lentamente meneando la cabeza hacia ambos lados.
o-o-o-o-o-o-o
Mataría al condenado que pudiera sacar tres suspiros consecutivos de los labios más perfectos que en su vida conoció… ya que después del tercero no le quedaba duda de que había dado en el clavo. Y el primero en su lista de futuros atentados era cierto rubio que no merecía ni uno de los lamentos de su asistente. O quizás… el verdadero problema era que lo mereciera todo. A diferencia de él, que de verdad merecía lo que tenía. Nada.
¿Y es que eso le importaba tanto?
¿De verdad quieren una respuesta?
Lo único que quería era verla mejor, después de todo ese era el objetivo de la salida¿No? Divertirse.
-¿Bailamos? –sintió su propia voz algo elevada, para que ella lo pudiera escuchar.
-¿Qué? –una desentendida Sakura parecía queriéndose incorporar de sus pensamientos.
-Si me hace el honor de concederme esta pieza –rió tras sus propias palabras¿De dónde había salido tal cursilería?
Le agradó ver una sonrisa del otro lado que reemplazara a las anteriores muecas.
La tomó de la mano y la condujo a la pista… sintió que nunca en su vida un trayecto había sido tan largamente corto y a su corazón haber bombeado a tal velocidad. Como si luego de eso no hubiera nada… y quizás sí fue eso. Ya que tras pasar sus manos en la cintura de la muchacha todo a su alrededor pareció limitarse a desaparecer. Ya no había música, ya no había otras parejas, ni trabajo, ni obligaciones, ni Meiling. Sí, por suerte o por desgracia sólo existía Sakura…
Y para estos momentos
¿De verdad le importaba tanto?
¿De verdad necesitan una respuesta?
Se redujo al silencio más explícito que alguna vez pudo existir y se limitó a llevarla al compás de la más hermosa canción (lenta, para su fortuna) que jamás había tenido el gusto de escuchar.
Terminó el tema en lo que le sonó a segundos y, sin soltar sus manos, se alejó un paso de ella. Observó en el rostro de su asistente una verdadera sonrisa delatada en cada una de sus hermosas facciones.
No podía estar más feliz. Ese ciego de Kai podría sacarle tres suspiros… pero el deleite de semejante sonrisa era un millón de veces más reconfortante.
Sintió como otros brazos femeninos tocaban suavemente su espalda y se dispuso a girar para ver a la mujer que lo llamaba.
-¿Me lo prestas un rato? –sonó en el aire la sensualidad de esa voz.
Giró sobre su eje y notó a una pelirroja bastante escotada tomando su mano derecha. Recorrió de su escote a su rostro y vio dos pupilas celestes que verdaderamente hacían recordar al más hermoso cielo de verano. Los rizos llovían por sus desnudos hombros en un ajustado vestido rojo. Perfecta… en su postura de mujer fatal, claro.
Comenzó a balbucear algo que supuestamente sería su disculpa para continuar el baile con la castaña pero, mucho más rápida que sus sentidos, ésta se le adelantó.
-Por supuesto –resumió alejándose por entre la gente.
Y ahora estaba fundido en un peligroso abrazo rozando cada parte del cuerpo de su nueva acompañante… y, para su propia sorpresa, hubiese preferido evitar su interrupción y continuar bailando con Kinomoto.
"¿Dónde quedó el Syaoran Li que era antes?" se preguntó automáticamente al notar tal cambio.
"Atrapado entre las gotas de aquel domingo y París, por supuesto" Se contestó aún bailando y más conciente de su propia situación… y de sus sentimientos.
o-o-o-o-o-o-o
-¿Y Li? –interrogó una voz tras ver que cierto zafiro se había dirigido al baño.
-Bailando con una pelirroja sensacional –contestó a regañadientes.
-Oh, ya veo… -dijo divertida la amatista.
-Tomoyo lo juro, por momentos parece el príncipe azul que me rescató bajo la lluvia de mis penas y mi desempleo… y por otros un repugnante cerdo verde.
-¿Y cuál crees que sea el verdadero Syaoran? –preguntó inteligentemente acercándose a ella para que la música no interrumpiera su audición.
-Eso es precisamente lo que no se –contestó aún bailando algo abatida.
Vio los labios de su amiga curvarse en una misteriosa sonrisa.
-Cómo me gustaría decirte que yo sí lo sé, Sakurita. Pero eso es algo que debes averiguar por ti misma… -susurró cuidando de no ser oída.
-¿Dijiste algo? –preguntó acercándose a ella al compás del sonido.
-No, para nada… Ahí regresa Eriol –comentó al ver la silueta del zafiro por entre la multitud-… Y es interceptado por una rubiecita despampanante –continuó como entretenida de la situación.
-¿Y eso no te molesta? –preguntó su amiga desconcertada.
-Puedo prestarlo durante una canción¿Qué tiene eso de malo?
-Bueno es que… convengamos que es una chica muy bonita y algo… escotada.
-No puedo hacer que Eriol evite a todas las mujeres del mundo para que sea sólo mío… Lo que sí puedo hacer es lograr de que entre todas ellas… me elija a mí –finalizó para luego dirigirse a la barra.
La miró desconcertada desaparecer entre la multitud, Tomoyo tenía la mejor de las respuestas para todo, y siempre lograba dejarla pensando. ¿Sería posible que Syaoran la eligiera a ella por sobre las demás? Deshizo esos pensamientos meneando la cabeza. A ella eso no debía interesarle.
Sintió la calidez de dos manos posándose en su cintura y se estremeció al pensar en la figura del castaño invitándola nuevamente a bailar. Tan cerca, tan íntimo, tan perfecto, tan ajeno.
Claro que toda esa felicidad se desvaneció al girar y ver un par pupilas verdes. Le dedicó una suerte de ¿Sonrisa? Al recién llegado y aceptó su invitación para bailar, tenía que distraerse con algo… Y más si ese "algo" resultaba ser tan atractivo y musculoso como aquel hombre¿No?
Y¿Qué había de malo si luego de eso su distracción fuera un trago en la barra?
Terminó el tema y le dedicó una sonrisa al muchacho, desapareciendo antes de cualquier interrogante y trató vanamente de encontrar a su jefe. Se dirigió entonces a la barra.
-Pensé que estabas con Eriol –dijo al sentarse junto a ella.
-Me apeteció un trago y sabes que gusto de tomar el alcohol calmadamente.
Así era, verificó una copa casi terminada.
-¿Bailamos? –había sentido una propuesta similar unos minutos antes.
La diferencia era que esta vez ella no era a la que se lo propusieron y el joven tampoco era Li. Sino Eriol. Y la que se iba tomada de la mano del muchacho era Tomoyo.
-Algo suave… no, de lo más fuerte que tenga –se decidió pidiéndole al cantinero.
La tenue luz no le dejaba ver ni el color de la sustancia que estaba por tomar pero por el aroma lo describiría como brea de algún tipo.
¿Existía algo tan fuerte?
Bien, la próxima vez mediría más la pesadez de sus palabras.
-¿Qué tomas?
-Alquitrán, no pienso beber esto –contestó con sorna inspeccionando la bebida.
-Kinomoto, es mala idea ir pidiendo lo más fuerte que hay sin conocer de ello previamente –dijo a modo de reprimenda sentándose a su lado.
-Claro ya que a la pelirroja esa no se la puede considerar un trago fuerte¿Verdad? –disparó decidiéndose por no consumir ese brebaje.
-Créeme que tus filosas contestaciones resultan ser más fuertes y… algo más amargas, si se puede agregar.
-Bueno Li, usted no parece poder dejar a nadie en un coma diabético.
-¿Segura?
De acuerdo, esa pregunta resultó ser más peligrosa de lo que creía.
-Por supuesto –mintió convincente desde su posición.
-Hagamos una apuesta. Mmm… –meditó unos segundos- Si resultas estar equivocada y soy más dulce de lo que esperabas deberás tomarte ese trago que pediste, si no es así… lo tomaré yo y pagaré la consumición.
¿Y qué tipo de apuesta era esa? Una extraña, exótica, única y muy tentadora… tal como el joven que la propuso¿No?
-Por supuesto, Li… verá como no estoy equivocada.
Percibió como se acercaba y la tomaba de la cintura a la vez que sus labios rozaban cuidadosamente el lóbulo de su oreja. Agradeció al cielo el estar sentada ya que hasta en esa posición podía sentir el total temblor de sus piernas.
Notó como cada rincón de su ser se estremecía, y la sangre subía y bajaba descontrolada… como si se hubiesen liberado todos los caminos de su torrente sanguíneo.
-No me llames Li esta noche, querida Sakura.
El cálido aliento del muchacho chocó inescrupulosamente contra su cuello y no cabía duda de que se desmoronaría a sus brazos en cuestión de segundos. ¿Qué hacía ella temblando así por un sujeto? No señor… ése no era cualquier sujeto, era él único que la había hecho palpitar así… era Syaoran Li.
"Querida Sakura" Sonaba tan bien su nombre saliendo de sus labios y pronunciados por esa voz. Que imponente, que penetrante… que Syaoran. Ahogó un suspiro temiendo evidenciar su rápida derrota y su agitación.
-C-como quieras, Syaoran –atinó a contestar rogando por que se alejara antes de ser inevitablemente corrompida por la locura, la esquizofrenia, el delirio inminente de tenerlo tan cerca.
Sus fuertes brazos la bajaron con delicadeza de la silla alta en donde se sentaba y quedó parada frente a él. Dio un paso adelante, reduciendo distancias y colocó su mano derecha nuevamente en la cintura de la castaña, mientras la izquierda buscaba su mentón y dirigía las pupilas esmeraldas rápidamente al ineludible encuentro con sus ojos. Sentía el calor de su tacto manteniendo las miradas y admiró ese brillo ambarino por algunos segundos. Acto seguido advirtió el mentón del muchacho reposado entre su cuello y su hombro, otra vez con ambas manos posadas suavemente en la cadera de la joven. Nuevamente la peligrosa calidez de su respiración contra su cuello amenazaba con el delirio.
Su agitación parecía no tener punto límite y eran casi incontenibles sus instintos de corresponderlo y buscar desesperadamente su boca, su cuello, su pecho y todo aquello que en ese momento deseaba besar con toda su alma… y un poco más.
-Puedo ser más dulce de lo piensas, Sakura –murmuró terminado de apresarla en su encanto.
Y a eso sí que se lo podía llamar cadena perpetua.
O la más dulce y delirante condena.
Detuvo sus manos antes de que lo aprisionaran desesperadamente contra sí de forma tal que jamás lo dejara ir, que quedara por siempre entre sus brazos. Pero eso no tenía que ser, él ya tenía brazos que lo retuvieran y labios que los besaran apasionadamente como en ese momento ella hubiera dejado la vida por hacer.
Pero es que… ¡Por Dios ese hombre despertaba en ella cosas que parecían sumidas en un profundo e inalterable letargo! Sentimientos, atracciones, impulsos… instintos.
Instintos animales y suicidas con los cuales luchaba una batalla campal por retener y regresar a la cordura. Claro que a quién le interesa la cordura cuando Syaoran Li te susurra al oído cosas que claramente resultan ininteligibles para el momento de éxtasis en el que te encuentras para ese entonces. Es decir, el hombre no pensaba que ella de verdad pudiera captar y razonar lo que decía¿Verdad?
Cambió el rumbo de sus manos y las llevó a su pecho, no en busca anidar en él eternamente, sino que alejando su cuerpo del de ella. Rezando porque en ese momento la sangre y el oxígeno pudieran llegarle nuevamente a la cabeza y la razón volviera a formar parte de su ser.
Retrocedió un paso sin notar el desconcierto de su jefe, liberó un suspiró de decepción y tranquilidad al mismo tiempo y levantó la mirada hacia las intrigadas pupilas que la asechaban.
-De acuerdo, tú ganas Syaoran. Quizás detrás de todo ese enorme caparazón de hierro y egocentrismo haya alguna cucharada de azúcar.
El joven cambió su gesto y se formó en su rostro una sonrisa victoriosa… claro por qué otra cosa ella podría pensar que sucediera tal abrazo, tal gesto, tal acercamiento… ¡Tierra llamando a Sakura¡Por una apuesta! Qué ilusa…
Ambos tomaron asiento nuevamente y la joven observó con temor la parte de la apuesta que ahora tendría que cumplir… claro que es algo que canjearía en cualquier momento por que la escena anterior tuviera repetición, por supuesto.
¿Era su imaginación o el vaso era mucho más grande que lo normal?… le abría simpatizado al cantinero y él abría creído que de verdad quería tomar semejante… cosa.
-¿Acobardada? –preguntó con burla.
-Eso jamás –contestó segura y acto seguido dirigió la copa a sus labios.
Tardó unos segundos en vaciarla, definitivamente le había servido aquel brebaje en una copa mucho más grande de lo normal.
-Fondo blanco… miren el lado tomador de mi querida asistente –comentó divertido.
Sintió su garganta arder a altas temperaturas y entendió lo que las calles deberían sentir cuando cargan sobre ellas tal resina. Se compadeció de eso y de ella misma tras sentir arder todo su interior… y esta vez el causante directo no era Li.
Pidió desesperadamente un vaso de agua y lo bebió con una velocidad asombrosa.
Ahora el ardor venía acompañando de un pronunciado mareo.
-¿Estás bien? –un sonido que no logró registrar llegó a sus oídos.
Tambaleó levemente en su asiento y agradeció mentalmente a ese algo que la sostuvo, definitivamente lamentaría después el perder de ese modo la conciencia…
o-o-o-o-o-o-o
La tomó con sus brazos y maldijo todo aquello que se le pasó por la cabeza¡Estaba borracha¡Y por su culpa! Estaba seguro de que Sakura Kinomoto era del tipo de muchacha que jamás había bebido más de dos copas de alcohol y ahora él llegaba con una estúpida apuesta cuyo único fin era servir de excusa para sentirla entre sus brazos y tocar el cielo con las manos (algo totalmente injusto y ¿Sinsentido?) y la dejaba en ese estado. No era algo que se perdonaría fácilmente.
No podía creer su egoísmo. Admitía que nunca se había sentido mejor que en la eternidad del momento en el que sus manos descansaban en su cintura y su mentón en sus hombros… pero jamás pensó que las cosas llegaran a ese punto.
-Sakura, responde¿Estás bien? –volvió a intentar rogando que su respuesta sea afirmativa.
Vio como la muchacha levantaba la cabeza y sonreía torpemente.
-Por… hip, supuelsto… yo elstoy b-bien. Por cielsto… hip¿Nunca te h-han… hip dichlio lo guapo que hip… eres?
Sintió el profundo olor a alcohol que salía de cada una de sus palabras.
Culpa y remordimiento luchaban insaciablemente para determinar quién ganaba entre sus principales sensaciones.
-Debemos irnos –aseguró buscando a su amigo con la mirada.
-Ei muchalcho… hip, deveríasls p-preguntarme antels de hip, llevarme a un hotels… No soyl una hip, chica tan fácil. Aunque pensándolop b-bien hip, contigo podría hacel una excepción… hip.
Miró con extrañeza lo que había dicho Sakura y entendió que en ella el peor efecto era el inmediato. Suspiró y se alegró de haber encontrado a Eriol con su amiga entre la multitud
-Syaoran, mira lo tarde que se no ha hecho. Será mejor que volvamos –dijo el zafiro al alcanzarlo.
-Y ezse muchacho tambiénp els guapo… aunquep hip, no tantol como túp bombón. Por quép n-no hip, me dicels tu nombrep?
-¿Sakura? –indagó sorprendida la amatista- ¿Qué le pasó? Ella jamás toma alcohol –aseguró desentendida.
La mirada de Eriol prácticamente descuartizó a Syaoran y luego de entenderlo, la de Tomoyo no se quedó atrás.
-No fue a propósito… en serio.
La sinceridad de sus palabras terminaron de convencer totalmente a Tomoyo.
-¡Hay por Dios! Yo tendría que acompañarla hasta la casa y quedarme con ella pero… es que en casa mi presencia en este momento es de suma urgencia. Ya he hecho muy mal en ausentarme esta noche.
-No se preocupe, Daidoji… Yo la llevaré a la casa¿No Eriol?
El zafiro observó detenidamente a su amiga y entendió su plan sin una sola palabra de por medio.
-Lo siento Syaoran, pero tengo que volver a casa urgentemente. Creo haber dejado encendida la estufa… y además también me siento algo mareado, por lo que justamente Tomoyo me llevaría.
-Discúlpanos Li, de verdad… ¡Por Dios Sakura! –dijo al ver como la joven se colgaba del cuello de su jefe.
-Descuiden, yo me encargaré de ella.
-De acuerdo, Li. Confío en ti… y en la poca razón que ha de quedarle a Sakura. Adelántate, iré a buscar algo y en seguida los alcanzo. ¿Eriol me acompañas?
-Por supuesto, Tomoyo.
-Vamos Sakura¿Si? -interrogó el castaño.
-Nop bombón, hip mejolr hacemols aquí una o dos cositas interesantels. Hip¿Te había dichol que lindols ojos tienes?
-Toma éstas son las llaves de su casa, viven en el departamento 41 de la avenida Tomoeda, décimo piso, puerta A.
-Gracias, nos vemos luego.
El castaño la cargó en sus brazos y se dispuso a llegar a su automóvil.
-¿Por qué has hecho eso¿No eres amiga de Sakura? –sonó una voz a su lado.
-Por supuesto. Eriol con lo perceptivo que eres dudo que no te hayas dado cuenta de lo que sienten el uno por el otro. Cada charla, cada mirada, cada gesto, cada silencio, cada suspiro… cada detalle me ha dado a entender claramente sus sentimientos, creo que incluso antes de que ellos lo supieran. Sé que no me corresponde interceder, pero Li tiene que hacerse cargo de sus actos¿No? Además ya la llama por su nombre, y eso es un buen comienzo.
-Y yo que pensé que durante toda la noche me estabas prestando atención a mí –se quejó divertido y con sorpresa ante la increíble perspicacia de la muchacha.
Río con gracia y luego prosiguió con lo comenzado anteriormente.
-Además es cierto que voy a llevarte a tu casa¿Qué hay de malo en no mencionar que viven en el mismo departamento?
o-o-o-o-o-o-o
Estacionó frente al edificio y entró con ella aún a cuestas, llegó al elevador y notó como su acompañante se había dormido. Sonrió al ver la tranquilidad e inocencia de sus gestos. Llegó al décimo piso y abrió la puerta señalada por la amatista.
La cerró tras de sí y observó el adormecido rostro de su acompañante, quien irradiaba una paz y una ternura indescriptible.
Suspiró ante lo ajeno de aquel rostro y sintió como, tras una serie de maullidos, su pantalón era arañado indiscriminadamente y, tras batallar con la pequeña fierecilla, entró a la habitación.
Sonrió al ver que era tal cual como él la pensaría para ella.
De un color rosa pastel y una delicada guarda de cerezos pintados a la altura de la cintura, un armario de roble tallado, el suelo de alfombra a tono con las paredes y una enorme pila de libros en un escritorio que había hacia un costado. Le llamó la atención no encontrar una casita de muñecas, ya que por el aspecto de ese lugar pareciera que una niña pequeña duerme ahí jugando a ser grande y tener que rendir importantes exámenes… y quizás Sakura fuera eso. Y, aunque en el fondo se traslucía la gran mujer que era, pacería una niña jugando a ser mayor. Observó entonces un osito de peluche sobre la cama… un segundo ¿Cama doble¿Por qué la Sakura soltera que él conocía tenía una cama de dos plazas?
Frunció el seño tras el descubrimiento y la apoyo delicadamente dejando caer los castaños cabellos sobre la almohada y la observó por lo creía sería la última vez esa noche, ya que el estrepitoso sonido de su celular lo sacó de su ensimismamiento. Observó el nombre que se dibujaba en la pantalla del aparato y no pudo más que suspirar… Se resignó a atender a su prometida y decirle que iba en camino a la casa, cuando sintió la calidez y suavidad de los dedos de su asistente tomando su mano izquierda, que aun descansaba sobre la cama. El sonido de su celular la había despertado, y lo seguía haciendo… ya que no se había detenido.
-Syaoran… -susurró.
La miró desentendido¿Estaba soñando o recobrando la conciencia?
Fuera lo que fuera, sólo atinó a apagar su celular y dibujar la más cálida y tierna de sus sonrisas.
-Sakura –escuchó a su propia voz de una manera que jamás se hubiera imaginado ¿Qué le estaba sucediendo?
Recostó la cabeza a la derecha de la joven, y vio que ésta daba media vuelta sin soltar su mano y se acomodaba contra su pecho.
Sintió cómo su corazón parecía forcejear por salir de su pecho y la sangre descendía y ascendía por su cuerpo a una velocidad impensada.
Liberó su mano de la de la muchacha y acarició con cuidado el rostro de la joven.
"Tu prometida te espera en casa"
Una vocecita le recordó su realidad con fastidio y cerró con fuerza los ojos…
"Si te quedas mañana tendrás importantes consecuencias"
De vuelta esa voz que él conocía bien… ya que había pasado toda su vida viendo hacia un mañana. Él había peleado siempre para obtener el futuro que esperaba, muchas veces hasta en contra de su propia voluntad.
Ya saben, resignarse a trabajar para ser el mejor presidente de su empresa cuando llegara el momento, abandonar las salidas para concentrarse únicamente en su porvenir y sus estudios… pedirle a la única persona que él aceptaría como su esposa y, al igual que él, próxima hereda de la fortuna, compromiso aquella noche.
Pero, con las suaves gotas de lluvia que comenzaban a caer por la ventana de la habitación como testigo, ésa noche su respuesta sería otra. Quizás conociendo el significado de una nueva oración en su vida.
-Lo sé –murmuró suavemente-… Pero eso será mañana.
Y se redujo a deleitarse del calor de la muchacha sin siquiera molestarse deteniéndose a pensar las consecuencias de sus actos. Ya que, por primera vez en su vida, Xiao Lang Li prefería el presente al mejor mañana de su porvenir.
Y así, embelesándose con la dulzura y el aroma del cuerpo de la más hermosa flor de cerezo, fue que se quedó profundamente dormido.
Espero que les haya gustado n.n en lo personal me encantó el chap, ya que no concretan, es verdad… pero es el mayor acercamiento de Sakura y Syaoran y era tiempo¿No?
Y, como bien pensó Syaoran, mañana va a signar mucho la historia… ya que es momento de elegir y afrontar…no estoy segura de que eso sea inmediatamente en el siguiente capi, ya que no termino de acomodar las ideas que rondan en mi cabeza jeje pero muy pronto lo garantizo.
Muchísimas gracias por sus reviews, espero con ansias sus próximos comentarios.
Ah, hay algo que no termino de decidir y de verdad agradecería su opinión! Es con respecto a Meiling,
¿Prefieren a una Mei buena o mala?
¿O una mala arrepentida?
jajaja, de verdad espero sus respuestas ya que me cuesta mucho terminar de decidirme n.n
Saludoss.
Florencia.
