Capítulo VI: Carretera y manta

Habían pasado varias semanas desde el encuentro de los chicos con Dean. La actividad demoniaca había aumentado significativamente y de manera muy rápida por todo el país, Crowley ya no limpiaba los desastres de Dean y este tampoco se preocupaba de ocultarlos. Emma y Sam se pasaban los días en la carretera de un lado para otro tratando de encontrarlo, pero era inútil, Dean siempre les daba esquinazo antes de que ellos llegarán siquiera al lugar.

Durante estos viajes por carretera los chicos se habían encontrado con varios casos que se ajustaban al "negocio familiar" de los Winchester. Habían acabado con un par de espíritus vengativos y con un cambia-formas. Para sorpresa de Sam, Emma había resultado de gran ayuda en todos los casos. Sus conocimientos en cuanto a criaturas eran muy buenos, gracias a haber seguido la serie sin perderse un sólo episodio. Eso sí, sus habilidades con la lucha no eran comparables a las de Sam, aunque sabía defenderse y su puntería con las armas de fuego se había perfeccionado.

Los chicos se encontraban en Tennessee. Volvían de Nashville tras haber seguido un rastro de actividad demoniaca pensando que podía tratarse de Dean, pero descubrieron que se trataba de un simple demonio del cruce de caminos que había llegado para llevarse las almas con las que había sellado tratos años atrás. Sam y Emma lograron capturarlo e interrogarlo sobre el paradero de Dean pero el demonio no se mostró muy participativo. Temía lo que pudiera hacerle el nuevo Caballero del Infierno si soltaba algo sobre él, así que prefirió callar y morir a manos del menor de los Winchester.

-¿Viste el terror en sus ojos cuando le pregunte por mi hermano? -preguntó Sam con la mirada puesta en la carretera. Emma asintió. -¿Crees que es él el que ahora está al mando?

-Esperemos que no. -contestó Emma. -Aunque es normal que le respeten, quiero decir es Dean Winchester, y ahora es más poderoso que cualquiera de ellos... Siguieron viajando unos kilómetros más. Empezaba a oscurecer y se sentían hambrientos, así que decidieron parar.

-Dickson, Tennessee. ¿Qué te parece este? -preguntó Sam refiriéndose al pueblo donde parar. -El siguiente esta a 50 kilómetros.

-Este me va bien, me muero de hambre. -contestó la chica. -¡Eh, mira un restaurante! -Sam aparcó el Impala y ambos se dirigieron adentro. Era un típico restaurante-cafetería americano. Tomaron asiento junto a una ventana y esperaron a que la camarera se les acercará.

-Buenas noches, ¿qué va a ser? -dijo la chica con una sonrisa demasiado forzada. No parecía estar disfrutando mucho de su noche.

-Una hamburguesa con doble de queso y para beber agua, gracias. -contestó Emma. -Yo tomaré lo mismo. -añadió Sam. La camarera se dirigió hacia la barra para comunicar el pedido. Minutos más tarde los chicos se habían terminado sus hamburguesas y la camarera volvió a su mesa.

-¿Querréis postre? Tenemos tarta de manzana casera. -dijo de forma mecánica. Las miradas de Emma y Sam se encontraron. Dean se les había venido a la cabeza y Sam había cambiado su semblante distendido por uno triste.

-Sí, la probaremos. -contestó Emma dirigiéndole una sonrisa amable a la camarera. Sam la miró sorprendida.

-¿Qué...? -empezó a preguntar Sam, pero calló cuando la camarera les sirvió rápidamente los dos trozos de tarta.

-Nos la vamos a comer en honor a Dean, y cuando vuelva a ser el de siempre lo traeremos aquí para que nos diga si es realmente casera. Yo soy incapaz de saberlo. -Emma le guiñó y cogió un trozo de tarta con el tenedor. -¡Por Dean! -dijo llevándoselo a la boca. Sam rió.

-Eres la mejor. -e imitó el gesto de su amiga, llevándose un trozo de tarta a la boca. Ambos jóvenes terminaron su cena y se dispusieron a marcharse del lugar. Pero entonces Emma dirigió su atención a lo que parecía un tablón de anuncios, en el colgaban numerosas fotos de chicos y chicas junto a mensajes de apoyo, le llamo especialmente la atención la foto de una chica con un increíble parecido a la camarera que les acababa de servir. Emma le hizo un gesto con la cabeza a Sam y ambos se acercaron a la pizarra.

-"Katie Martin, 22 años. Desaparecida la pasada semana junto a su novio Joe. Cualquier tipo de información será recompensada" -leyó Sam en voz alta.

-¿La habéis visto? Es mi hermana gemela. -interrumpió la camarera que les había servido minutos antes. Los chicos se giraron al oír sus palabras. -Desapareció hace 5 días junto a su novio y nadie los ha vuelto a ver. La policía no me hace caso, creen que se han fugado juntos. Pero es mi hermana, sé que nunca haría algo así, la conozco.

-No, no la hemos visto. Lo siento. -contestó Emma.

-¿Qué ha pasado con los demás chicos? -preguntó Sam refiriéndose a la gran cantidad de fotografías de otros jóvenes.

-Los demás fueron encontrados muertos en un carretera secundaria, a las 48 horas de desaparecer. -dijo la chica sollozando. -La policía dice que fueron víctimas de un animal salvaje pero nunca suceden cosas así en Dickson. -Sam miró a Emma al escuchar la última frase. Podrían tener un caso. -Cómo Joe y mi hermana llevan 5 días sin aparecer no creen que les haya pasado nada, simplemente me dicen que se habrán ido. Pero, yo sé que no se irían así sin más... -acabó la chica.

-Tal vez podamos ayudarte, somos agentes del FBI. -dijo Sam sacando un carnet falso. -Yo soy el agente Burton y ella es mi compañera. -Agente Grant. -añadió Emma siguiendo con la farsa mientras le tendía la mano a la camarera.

-Yo soy Hayley Martin. -dijo la camarera correspondiendo al gesto de Emma. Los dos chicos siguieron hablando con Hayley durante largo rato. Esta les relato con detalle como los cuerpos de los jóvenes encontrados en la carretera secundaria habían aparecido completamente desangrados pero sin manchas de sangre alrededor y como la policía decidió cerrar rápido el caso. Las sospechas de Sam parecían estar en lo cierto, allí pasaba algo raro.

-¿Adónde lleva esa carretera secundaria? -preguntó Emma. -Oh, a ningún sitio. Acaba en un camino de tierra donde hay un gran descampado cercano a los bosques. Los jóvenes solemos ir allí para hacer fiestas y estar con los amigos... -dijó Hayley.

-¿Crees que tu hermana Katie y su novio pudieron pasar por ahí la noche en la que desaparecieron? -preguntó esta vez Sam. -Puede ser, es un lugar al que suelen ir las parejas para... bueno... -carraspeó la camarera algo sonrojada e incómoda.

-Entiendo. -dijo el menor de los Winchester. -De acuerdo, entonces la última vez que los vistes fue aquí en el bar Joe vino a recoger a tu hermana en coche y se marcharon. -Hayley asintió.

-¿Qué coche conduce Joe? -preguntó Sam. -Un viejo Jeep de color marrón. -contestó la chica. -Gracias Hayley. Toma, este es nuestro número, si te acuerdas de algo más o necesitas ayuda no dudes en llamar no importa la hora. -dijo Sam mientras le tendía una tarjeta a la camarera.

-Gracias agentes. -se despidió esta de los chicos.

Una vez fuera del bar y alejados de oídos curiosos...

-¿Qué opinas? -preguntó Sam a Emma mientras se dirigían al coche.

-¿Vampiros? -contestó la chica. -Sí, eso es en lo que estoy pensando yo también. -dijo Sam mientras se ponía al volante del Impala. -Pararemos en el motel del pueblo e investigaremos esa carretera.

-¿Crees que la policía pueda estar implicada? -preguntó Emma. -Es muy extraño que no investiguen una desaparición cuando ya han transcurrido 5 días y también que cierren el caso de los chicos muertos tan rápido...

-Puede ser, aunque es más probable que no quieran hacer bien su trabajo... -contestó Sam. -De todos modos, nunca está de más asegurarse.

Llegaron al motel donde habían decidido pasar la noche y observaron que los cárteles sobre la desaparición de Katie y Joe también se encontraban en las paredes de la recepción.

-Bienvenidos al Motel 6 Dickson, parejita. -dijo la voz aguda de una mujer de mediana edad al otro lado del mostrador. -¿Habitación doble? -añadió con una gran sonrisa. Sam rió al oír la suposición que había hecho la mujer.

-Nosotros no somos... -empezó a decir Sam. -No, no lo somos. -añadió Emma la cual sin saber por qué se sentía de pronto un poco incómoda.

-Oh vaya, hacéis tan buena pareja... -sonrió la mujer nuevamente. -Bueno en ese caso es una lástima, las únicas habitaciones libres que me quedan son dobles con una sola cama y somos el único motel en el pueblo. Pero constan de un sillón.

-No importa, nos las apañaremos. -sonrió Sam mirando a Emma. -En ese caso aquí tienes cielo. -dijo la mujer tendiéndole unas llaves al joven. -Es la 017, que tengáis buena noche.

Entraron a la habitación, la cual era bastante pequeña, y donde la cama doble ocupaba más de la mitad de esta. Tras ella, en una pequeña esquina había un pequeño sillón azul y una mesa redonda de madera oscura. El baño se situaba enfrente de la cama y no constaba ni de puerta. Emma pensó que era la peor habitación de motel en la que había estado y Sam viendo la cara de espanto y adivinando los pensamientos de la chica dijo:

-No está tan mal, créeme. -Emma le miró y puso los ojos en blanco. -No te preocupes, yo dormiré en el sillón. -Emma volvió la vista hacia el sillón, era ridículamente pequeño incluso para ella.

-Sam, ¿lo has visto bien? No coges ahí ni de broma. -rió señalándolo. Sam se unió a su risa, era cierto. -Oye no quiero ser la culpable de tu dolor de espalda mañana. La cama es lo bastante grande para los dos... o yo dormiré en el sillón.

-No, tienes razón el sillón no tiene pinta de ser muy cómodo. -dijo Sam. -Para ninguno de los dos. -añadió. -¿Qué lado de la cama prefieres?

-No tengo ninguna preferencia. -sonrió Emma.

Los chicos se acostaron, uno a cada lado, espalda contra espalda. La cama era lo suficientemente grande como para que cogiera una tercera persona en medio, con lo cual no resultó incómodo para ninguno de los dos. Emma se había metido dentro de las sabanas y Sam se había mantenido fuera de ellas cubriéndose con una leve colcha. Sin predecirlo ambos fueron capaces de dormir durante toda la noche del tirón, cosa que no sucedía desde hacía tiempo. Durmieron plácidamente hasta que los primeros rayos de sol empezaron a colarse por la ventana.

Al abrir los ojos Sam se encontró con el rostro de la chica, ambos estaban frente a frente, observó como Emma dormía plácidamente y no pudo evitar sonreír levemente. Era increíble lo bien que llevaba las cosas desde que ella apareció y como ella se lo había tomado todo, sin duda era una chica muy valiente, no la había visto venirse abajo en un sólo momento. Emma abrió los ojos y se encontró con la mirada de Sam. El chico se sonrojó al ser pillado in fraganti y se giró dirigiendo su mirada al techo.

-Buenos días. -susurró.

-Buenos días, Sam. -contestó ella.