Estaba claro que esta conversación iba a llegar tarde o temprano. Así que, cuanto antes sucediese, mejor.
-¿Qué ocurre con Sora, Matt? Le pregunté, haciéndome el tonto.
-Escucha Tai. Yo… Tú eres mi mejor amigo. Te prometí hace mucho tiempo que no volvería a traicionar tu amistad, y no lo haré. Me dijo, seriamente.
-¿De qué estás hablando Matt? ¿Por qué ibas a traicionarme? Le pregunté, con muchas dudas.
-Escucha Tai. No soy imbécil. Sé lo que Sora y tú sentís el uno por el otro desde que éramos pequeños. Cuando Sora y yo empezamos a salir me asusté mucho porque, pensaba que lo hacía para ponerte celoso, o algo parecido.
-Pero Matt, Sora y yo nunca hemos estado juntos. Es cierto que hubo un tiempo en el que yo pensaba que sí podríamos llegar a estarlo pero, como tú has dicho empezó a salir contigo, y yo eso siempre lo he respetado Matt. Le confesé.
-Lo sé Tai. Sé que eres un verdadero amigo. Y yo quiero corresponderte. Sé que Sora es mi ex novia, y lo que sienta por ella ya no importa si lo que siente tú por ella es más fuerte. ¿Es así Tai? ¿La quieres?
No sabía qué responder. Me limité a decir la verdad.
-Sí, la quiero. Pero sé que, aunque algún día podamos llegar a estar juntos, nuestra relación sería muy complicada. Los dos chocamos mucho y a la vez somos tan parecidos. Es muy difícil de explicar. Le dije, cabizbajo.
-Lucha por ella Tai. Sí de verdad es lo que quieres… ten valor.
¿Valor? Hacía años que no sabía lo que era tener valor.
-Matt. ¿Estás seguro? Yo siempre hubiese respetado a Sora si tú...
-Lo sé. Me interrumpió.-Pero me duele más ver sufrir a un amigo.
Matt. Era un buen tipo después de todo. Le sonreí.
-No te preocupes por mí Matt. Me alegro de que hayamos tenido esta conversación para que no haya malos rollos ni situaciones incómodas entre nosotros. Pero no creo que Sora y yo acabemos juntos. Tenemos perspectivas muy diferentes. Le confesé.
-Sea como sea, quiero que sepas que no me enfadaré ni contigo ni con Sora. Yo a Sora la quiero, porque ha sido mi primera novia y eso nunca se olvida, no te lo voy a negar pero, ya no la quiero como novia, sino como amiga. Sé que la situación es incómoda pero, al fin y al cabo, ha pasado mucho tiempo, éramos unos críos. Ahora somos adultos. Creo que era necesario tener esta conversación.
¿Está claro quién es el maduro de los dos, verdad? xD
-Gracias Matt. Eres un buen amigo. Le dije mientras nos dábamos un abrazo.
-Escucha Tai, pase lo que pase, no la cagues como yo. Sora es una gran chica y sé que cuando estuvo conmigo, estaba conmigo de verdad. Se merece estar con alguien que la merezca.
-Lo sé, Matt. Le dije finalmente.
Después de la conversación cada uno se fue por su propio camino. Creo que Matt la seguía queriendo, pero nunca me lo iba a reconocer. Me sentí tan identificado con Matt. Me recordó a mí el día de Navidad, cuando le dije a Sora que no tuviese vergüenza, y que fuese a darle el regalo que le había preparado a Matt. Me dolió tanto ese momento. Pero si quieres a una persona, quieres que sea feliz con quien sea. Por eso la deje marchar. Creo que Matt acababa de hacer lo mismo.
Llegue a casa rendido (como cada tarde). Mañana sería un día muy importante. Mis padres estaban en el salón cuando salí del cuarto de baño.
-Tai cariño, creo que una chica te acaba de llamar. Dijo mi madre.
¿Una chica? ¿Sería Sora?
-Creo que era Mimi. Me dijo al fin.
Mimi… ¿qué querría esa loca ahora?
-Mmmm, gracias mamá. Ahora mismo la llamo.
Fui a la cocina a coger el teléfono y llame a su casa.
-Ey, Mimi, ¿qué ocurre? Le pregunté con un tono adormecido.
-Taichi Yagami, ¿a qué hora y dónde juegas mañana? Me preguntó risueña.
Ah, era por eso. Mimi..
-Pues a las seis de la tarde en el estadio de la univerdad, ¿por qué? ¿Piensas ponerte el uniforme, coger los pompones y venir a animarme? Le dije riéndo.
-Una princesa no hace eso. Joe y yo nos preguntábamos a qué hora jugabas porque queríamos ir a verte jugar.
-Gracias Mimi. Pero no es necesario…
-¡Claro que sí! Eres nuestro amigo. Ahí estaremos apoyándote. Un beso Tai. Adiós.
Antes de que pudiese contestar, ya había colgado. Mimi era así, un terremoto.
Genial, entonces mañana tendría espectadores. La verdad es que nunca me ha importado. Me tumbe en mi cama. Kari seguía estudiando matemáticas.
-Apaga ya esa luz, ¿quieres? Le dije, prácticamente dormido.
-A sus órdenes, su majestad. Dijo riéndose.
-Oh, cállate.
Es lo último que le dije… me dormí enseguida. Creo que la charla de Matt me había venido bien para disipar algunas dudas... zzzzzzz.
-¿Has visto eso? Ni siquiera me ha mirado. Le dije a Mimi.
-Vamos Sora. No seas así. Sí está enfadado contigo es normal que no te hablase.
-Está enfadado por una tontería Mimi. Le respondí a mi mejor amiga.
-Ya… igual que tú cuando te cabreaste por la dichosa horquilla, ¿no crees?
Sonreí. Mimi últimamente tenía razón en todo lo que decía.
-Ya pero, éramos pequeños. Eso no cuenta. Le dije sacándole la lengua. Y guiñándole un ojo.
-¿Sabes? Sois iguales. A ver cuando lo arregláis y volvéis a estar juntos, así dejas de marearme.
-Tai y yo nunca hemos estado juntos, Mimi. Le repliqué.
-Puede que no con palabras, pero sí con hechos. La otra noche se os veía tan bien juntos. Supongo que el viaje en moto fue interesante. Me dijo con tono pícara.
Ni te lo imaginas, pensé.
-¿Crees que debería cogerle por sorpresa y obligarle a hablar? Le pregunté.
-No creo que debas obligar a nadie a hablar. Si hablas con él que sea porque, los dos queréis hablar, ¿no crees?
-Sí. Puede que tengas razón. Pero Tai es tan cabezón. No sé si querrá volver a hablar conmigo. Protesté.
-Oh vamos, ni que hubieses matado a alguien. Claro que volveréis a hablar. Por cierto, me muero de hambre. ¡Vamos a la cafetería!
Después de la comida en la cafetería me fui con Mimi de compras al centro comercial. Queríamos comprarnos ropa nueva, por sí en cualquier momento se abría la puerta digital y teníamos que marcharnos al mundo digimon. Ya no éramos unos críos. Teníamos que estar preparados para cualquier imprevisto. Fue en ese momento cuando vía a Tai salir del centro comercial.
¿Tai en el centro comercial? ¿Qué estaba haciendo ahí?
-Mira Mimi, es Tai. Y está solo.
-Corre, llámale. Es el momento perfecto para hablar con él. TA….
Y justo en ese momento le tapé la boca.
-Cállate Mimi. No creo que sea el mejor momento para hablar con él. Seguramente se irá al entrenamiento de fútbol. Le dije.
-Cobarde. Se limitó a contestar.
Tai le había dicho a Mimi que tenía planes para comer pero, yo creía que era una excusa para no comer conmigo. Pero era verdad. ¿Habría estado comiendo con otra chica?
-Mimi, no vayas tan deprisa. Aunque ya no vaya con muletas, me sigue doliendo el pie. Le repliqué.
-Lo siento. Tienes razón, siempre se me olvida. Me dijo, disculpándose.- ¿Cuándo te quitan el vendaje?
-Mañana, por la tarde. Tengo médico a las cinco y media de la tarde.
-Tendrás muchas ganas ya. Me dijo Mimi, animada.
-Sí, por supuesto. Tengo muchas ganas de volver a jugar al tenis. Le contesté.
-Lo único malo es que Tai ya no podrá ir a buscarte a tu casa en su supermoto, ¿no crees? Me dijo, divertida.
Tenía razón. Solo lo había hecho una vez pero, me gustaría que se repitiese esa sensación. Sin esguince, claro jaja.
Me encantaba salir con Mimi. Sé que las dos somos muy distintas pero, me conocía muy bien, y aunque no lo creáis, me da muy buenos consejos respecto a Tai. Después de las compras nos fuimos a su casa. Yo no quería irme a la mía, pues sabía que iba a estar dándole vueltas a lo nuestro una y otra vez, y Mimi me había ofrecido que me quedase en su casa, ya que al día siguiente era sábado y no teníamos clases. A mi madre no le importó, y yo se lo agradecí a Mimi en el alma. Era tan buena chica.
Pasamos la tarde viendo películas y comiendo helado de chocolate. Era nuestro remedio contra la depresión. Las dos estábamos muy preocupadas por Biyomon, Palmon y el resto de los digimons. Mimi se me echó a llorar en tres ocasiones. Y yo estuve a punto de llorar, en dos ocasiones también. Las echábamos mucho de menos.
-¿Sabes que es lo peor de todo Mimi? Creo que mañana Tai juega su primer partido con la selección de fútbol y yo ni quiera puedo ir a verle jugar. Le dije alicaída.
-¿Por qué no vas a poder ir a verle jugar? Ni que te haya prohibido la entrada…
-Primero porque no sé ni a qué hora ni en qué campo juegan y, segundo, por si lo habías olvidado, Tai no me habla. No creo que quiera verme, y menos en su primer partido de fútbol.
-Mmmm, ¿por qué no se lo preguntamos a Kari? Ella nos lo dirá. Me sugirió Mimi.
-No. Tai sospecharía que le he preguntado yo a su hermana. Además no es la primera vez que Kari me cuenta cosas de su hermano. Se daría cuenta enseguida.
-¡Ya lo tengo! ¿Qué tal si le llamo yo? Y le digo que…emmm… que Joe y yo queremos ir a verle jugar. De hecho me parece una buena idea. ¿Por qué no avisamos a todo el grupo? Estoy segura de que a Tai le haría mucha ilusión que le vayamos a ver jugar en su primer partido. ¿Qué te parece? Me pregunto con su mejor sonrisa.
-¡Es una idea fantástica Mimi! Le dije feliz. La idea de que fuésemos todos a verle era muy buena, además así podía ir a verle jugar sin que se cabrease conmigo.
-Genial pues, le voy a llamar a ver qué me dice.
-Vale. Le contesté.
Mimi cogió su móvil y llamó al teléfono de casa de Tai. Pero no lo cogió él, sino su madre.
-Ah, hola señora Yagami. Soy una amiga de su hijo Tai ¿Se puede poner? Le preguntó Mimi.
-Lo siento, pero ahora mismo Tai acaba de entrar al baño. Acaba de llegar de su entrenamiento de fútbol.
-Vale, muchas gracias.
Y Mimi colgó sin más.
-Mimi, no seas grosera. Ni siquiera le has dicho tu nombre. ¿Cómo va a saber Tai que le has llamado tú?
-Tienes razón. Se me había olvidado. Dijo sacándome la lengua.
Sin embargo, a los dos minutos, Tai llamó a casa de Mimi. Al parecer la madre de Tai sí había reconocido la voz de Mimi. La verdad es que es difícil de olvidar.
-Corre Mimi, cógelo. Le dije a mi amiga.
-Taichi Yagami, ¿a qué hora y dónde juegas mañana? Le preguntó Mimi risueña…- Una princesa no hace eso. Joe y yo nos preguntábamos a qué hora jugabas porque queríamos ir a verte jugar. Se inventó.
Bien hecho Mimi, buenos reflejos. ¿Por qué me molestaba la broma que tenían ellos dos con lo de "princesa"? En fin Sora, este no es el mejor momento para ponerte celosa. Madura.
-¡Claro que sí! Eres nuestro amigo. Ahí estaremos apoyándote. Un beso Tai. Adiós. Y Mimi colgó.
-Ni siquiera le has dejado despedirse. Bueno di, ¿a qué hora juegan? Le pregunté ansiosa.
-A las seis de la tarde en el estadio de la universidad. ¿A qué soy buena sacando información? Dijo Mimi, orgullosa de sí misma.
-Oh no… ¿a las seis? Tengo médico a las cinco y media. No creo que me de tiempo a ver el partido. Solté, cabizbaja.
-Joder, menuda casualidad... No te preocupes Sora. No verás el principio pero, seguro que llegas a la segunda parte. Me animo Mimi.
-¡Sí! Le dije, un poco más animada.
-Me alegro de que estés más contenta. Ahora tenemos que enviar mensajes a todos los del grupo para avisarles del plan de mañana. Me dijo Mimi.
Mimi tenía razón. Estaba más contenta y todo era porque iba a verle a Tai debutar en la selección. Sé que muchos se preguntarán por qué tengo tanta pasión por el fútbol. Bueno, siempre me gustó pero, he de reconocer, que gracias a Tai acabé enamorándome de este deporte. Cuando era pequeña y jugaba al fútbol, era bastante bueno, pero acabé dejándolo. No recuerdo por qué pero, por suerte en el tenis tampoco me iba nada mal. Y mañana, aunque me perdiese la primera parte, iba a ver como Tai hacía su sueño realidad. Bueno, nuestro sueño.
