Capítulo 7: Resolviendo dudas

El despertador sonó, pero Aelita hubiera querido quedarse en la cama. Los martes tenían el peor horario. Además, habían pasado tres días desde el trío con William y Emily. Y pese a las palabras de Yumi, no había logrado aclararse. Estaba claro, debía volver a tener sexo, tanto con una chica como con un chico. "La última vez fueron a la vez… quizá esta vez tendría que hacerlo por separado…"

Se puso en pie, y se quitó el camisón con el que dormía. Su alarma de activó al mirarse al espejo y excitarse con su propia imagen. Sacudió la cabeza, se vistió, y con la mochila al hombro, salió al pasillo.

Desayunó con el grupo, como hacían ya habitualmente, y luego fueron a la clase de matemáticas. El profesor estaba realmente irritable ese día. Cerró la puerta de un portazo y dejó el maletín con tanta fuerza sobre la silla que la volcó.

—Aelita, te lo dije ayer, estás muy rara estos días… —dijo Jeremy en un susurro a so novia.

—Que no me pasa nada, en serio, es sólo que…

—¡Os queréis callar! —susurró Laura—. ¡No hay quien pueda escuchar!

—¡Vosotros tres al despacho del director! —gritó el profesor.

Tras aguantar una charla de media hora del señor Delmas, los tres se fueron a sus habitaciones. A ninguno le había sentado bien que el director les regañara. Jeremy volvió arrastrando los pies.

—¡Estarás contenta! —gritó Laura—. ¡No podías dejar de cuchichear con el otro!

Aelita le ignoró y entró en su habitación. Pero a Laura no le gustaba que le dejaran con la palabra en la boca. La siguió y entró tras ella para seguir gritando.

—¡A mí nadie me ignora cuando hablo!

—No recuerdo haberte invitado a entrar —dijo Aelita sin girarse a mirarla—. Además, el grupo te habrá aceptado, pero yo aún no.

—¡Me da igual lo que pienses! ¡Me niego a que por vuestra culpa me…!

—¡No haberte metido en las conversaciones que no tienen que ver contigo! —Aelita se había enfadado y también gritó.

—¡Pues hablad donde no molestéis! —se exasperó Laura.

Se les empezaba a agitar la respiración por los gritos. Laura estaba realmente enfadada por lo ocurrido. Aelita se había molestado por culpa de su compañera. Qué le importaría a ella si discutía o no con Jeremy.

—¡Hablaré con Jeremy donde me dé la gana! —Aelita se giró y en una zancada se puso frente a Laura—. Mira bonita, tú no… tú no…

—Yo no ¡¿qué?! —bramó Laura.

Aelita no respondió. Llevó sus manos a las mejillas de Laura y las acarició con dulzura. Laura se puso roja, y antes de que se dieran cuenta, se estaban besando. Aelita empezó nuevamente a sentirse mal. Le estaba gustando. Maldición. ¿Por qué hacía eso? ¿Y por qué la otra no hacía nada para detenerla?

Finalmente se separaron y se miraron a los ojos. Ninguna dijo nada. Aelita tragó saliva.

—Vaya calentón más tonto… —comentó.

—Desde luego… —afirmó Laura.

Volvieron a besarse. Esta vez ambas fueron más pasionales. Laura estaba sorprendida de las consecuencias que puede tener un enfado. La pelirrosa apartó todo pensamiento de su mente. ¿Le estaba gustando? No quería saberlo. Simplemente tenía que llegar hasta el final si Laura se dejaba. Y no parecía que la rubia fuera a impedírselo.

Ambas de deshicieron de sus chaquetas y de sus camisetas. Aelita se apresuró en cerrar con pestillo la puerta de la habitación, se abrazó a Laura, y cayó con ella sobre la cama. Se situó encima de la rubia, y sin pensárselo dos veces, empezó a besarle el cuello. ¿Qué tenían las pieles femeninas para saber tan bien?

Se apresuró en desabrocharle el sostén. La sinuosidad de sus pechos la hipnotizó. Se veían apetecibles. Empezó a lamerlos con cierto recelo al principio. No se dio cuenta de que había sido más fogosa hasta que empezó a escuchar los gemidos de Laura. Se detuvo y se levantó.

La rubia le desabrochó el sostén a la pelirrosa, y empezó a masajearle los pechos. Se incorporó y deslizó la lengua por uno de los pezones de la chica. Aelita le sostuvo la cabeza. No quería que parase.

Volvieron a besarse. Sus pechos quedaron en contacto directo, los de Aelita con los de Laura. La pelirrosa bajó sus manos y empezó a despojarse de su falda. Empezaba a sobrarle. También fue retirándosela a Laura. Acarició sus piernas lentamente.

—Aelita…

—¿Mmmmm?

—¿Por qué… por qué haces esto?

La pelirrosa reaccionó ante esto. Rodó hasta quitarse de encima de Laura, quedó bocabajo, y empezó una silenciosa llantina. Laura se alarmó. ¿Qué había dicho? La rubia se tumbó al lado de Aelita y empezó a acariciarle la espalda, conciliadoramente.

—¿Qué te ocurre?

—Tengo muchas dudas… el sábado… estuve con William y Emily… y bueno, estuvo mejor con ella que con él… y ahora no sé qué es lo que me gusta… Me aconsejaron que probara a costarme con otra chica y otro chico. Y con él calentón…

Volvió a hundir la cara contra el colchón.

—Eso es lo que te pasaba con Jeremy, ¿no?

—Sí. Bueno, me estaba preguntando, no he sido capaz de decírselo… Laura, necesito comprobar si me gustan las mujeres… —murmuró Aelita.

La rubia cerró los ojos. A ver, la bronca había pasado a beso. Un beso muy excitante. Luego las caricias, los desnudos… ahora tenía que saciar la curiosidad por cómo terminaría aquello. Se acercó a Aelita y la besó.

—En ese caso… deja que te ayude yo a comprobarlo —susurró Laura. Aelita aceptó de inmediato—. Odd me enseñó algunas cosas… ¿has probado alguna vez un 69?

La pelirrosa no había probado, pero sabía cómo era. Se deshizo de su tanga, se subió encima de Laura, y le retiró las bragas. Laura contempló el sexo de Aelita. Fascinante. Entonces notó un calor recorriéndole el cuerpo. Aelita le había separado las piernas y la estaba masturbando. Deslizaba sus dedos dentro y fuera de ella con mucha lentitud, mientras que con la otra mano acariciaba las piernas y el exterior del sexo de Laura.

Laura no quería quedarse atrás. Imitó a la pelirrosa. Al introducir el primer dedo, Aelita soltó un gritito. Sonrió antes de introducirle un segundo y un tercer dedo. Aquella mutua masturbación era increíble. La excitación les conducía a la par a una relajación completa.

Sintió su cuerpo agitarse cuando la pelirrosa hundió su lengua dentro de su sexo. Aelita sentía perder el control. La primera vez que había hecho eso había sido probando. Ahora se daba cuenta que le gustaba. Pero no podía detenerse. Tenía, no, quería que Laura tuviera un orgasmo gracias a ella.

En ese momento, sintió a la rubia. Le estaba devolviendo el favor. Maravilloso. Excitante. Y tabú. Y lo tabú produce más deseo. Su orgasmo le sorprendió, y sintió el cuerpo de Laura agitarse bajo el suyo. Se bajó de encima de ella despacio. Le flaqueaban un poco las fuerzas.

—Si Emily te hizo lo que tú me has hecho a mi… no me extraña que tengas dudas de tu sexualidad… —jadeó Laura, mirando al techo.

—N-no me digas esas cosas —balbuceó Aelita.

—Oh… te ha gustado entonces, claro… —comentó Laura—. Bueno, no podemos negar que ha estado muy bien, pero esta forma de darnos placer…

—No es porque me hayas dado placer —atajó Aelita—. Es que me ha gustado cómo te lo he hecho. Quería que te corrieras por lo que te estaba haciendo…

Laura se abalanzó sobre Aelita para abrazarla. Sus palabras le habían hecho sentir mucha gratitud. Sintió también más cariño hacia Odd. Había sido el principal artífice de todo aquello.

—Quién nos iba a decir que con lo "bien" que nos hemos llevado tú y yo siempre… íbamos a terminar aquí —comentó Aelita.

Laura empezó a besar a Aelita por el costado y a acariciarle la espalda. Ya que estaban ahí… ¿por qué detenerse entonces?

—Aelita… no es por nada… pero yo aún tengo ganas de más… —le dijo—. ¿Te importa que continuemos?

Lo pensó por unos momentos. La situación se le antojaba difícil. No le hacía ninguna gracia que le gustara aquello. Pero lo bien que se sentía… Qué demonios, aceptaba. Ya se las arreglaría con su novio luego.

Esta vez Laura llevó la iniciativa. Separó las piernas de Aelita y se situó entre ellas. Se echó hacia adelante para besarla. Acarició las mejillas de la pelirrosa. Qué calidez sentía en ese momento. Su lengua jugó con la de Aelita e iniciaron una danza de la pasión.

Laura quiso probar un rato más el cuerpo de la pelirrosa, e hizo una exploración con su lengua, mientras sus manos acariciaban las caderas de la chica. Pero llegó un punto en que se hacía inaguantable la espera.

La rubia cruzó una de sus piernas con las de Aelita. Sus sexos estaban en perfecto contacto. Laura empezó un movimiento de caderas muy lento. Sentían el deslizamiento en sus intimidades. En el cielo se debían tener sensaciones parecidas a esa.

Aelita estaba disfrutando mucho aquello. Se asió a las caderas de Laura y la atrajo hacia ella. Quería más. Y Laura iba a dárselo, porque también quería.

El ritmo que llevaba la rubia fue aumentando. La excitación y el placer crecían. Un segundo orgasmo se avecinaba. Volvieron a besarse, y unos segundos después, ambas jóvenes culminaron.

Laura se echó hacia atrás cuando terminó y se apoyó en la pared.

—G-grandioso… —dijo Aelita.

Laura no dijo nada más. Esperó a recuperarse y besó a Aelita antes de empezar a vestirse.

Jeremy llamó a la puerta del dormitorio. Abrió y salió Laura, quien le hizo un gesto con la cabeza antes de irse. Sin entender por qué estaba allí la chica, Jeremy entró, y cerró rápidamente, al ver que su novia estaba en la cama, desnuda.

—¡Aelita! ¿Qué haces así a estas horas?

—Jeremy… hay algo que tienes que saber… —dijo ella con voz tomada—. Y no sé como decírtelo…

Alarmado, Jeremy se sentó en la cama. Intentó taparla con una manta, pero ella se opuso. Pese a que llevaban tiempo juntos, a Jeremy le seguía imponiendo la figura de Aelita desnuda. Ella le agarró una mano antes de hablar.

—Escucha… ¿sabes lo del otro día con William?

—Sí, claro… de hecho te lo pedí yo, para no… —empezó el rubio pero Aelita le cortó.

—Bueno, pues no estuvimos solos. También estaba Emily. Y me gustó mucho eso de… —tragó saliva— tener sexo con otra chica.

Jeremy no dijo nada. Siguió mirándola fijamente, esperando a una conclusión.

—Tuve miedo. Y… —dudó si meter a Yumi en el problema— se me ocurrió que si volvía a tener sexo con una chica y un chico podría aclararme. Porque William no me había satisfecho tanto. Y acabo de hacerlo. Con Laura.

Nuevamente, las lágrimas surcaron el rostro de Aelita.

—Y ha estado realmente genial… Jeremy, yo te quiero más que a nadie… pero temo sobre cómo puede influir esto…

—Aelita…

—Jeremy, hazme el amor. Ahora… Ayúdame a salir de dudas…

El rubio asintió. Aelita se incorporó en el acto, le besó y empezó a despojarle de su ropa.

Minutos después, Aelita sentía por fin liberada de dudas. Sentía con inmenso placer el miembro de Jeremy deslizándose dentro de ella. Le gustaba mucho. Parece que en efecto era bisexual. "Más formas de disfrutar el sexo" pensó mientras cerraba los ojos e instaba a Jeremy a que continuara, gimiendo su nombre entre suspiros de placer.


Y aquí el capítulo de la semana. Un poco más y se me olvida publicarlo ^^! Qué desastre.

¡Halloween se acerca, y el especial también, a ver qué os parece la idea que estoy cociendo! Nuevamente os pido que me digáis parejas, porque aún teniendo 10 personajes, termináis cayendo en los mismos ^^!

Respondiendo las reviews:

A.L.L.Y: Yo tampoco soy fan del yaoi, pero ya ves ^^! Tomo nota de tu idea sobre William. La de la curiosidad, no la otra ;)

Moon-9215: gracias ^^

Princesa de la Oscuridad: no me digas esas cosas que me sonrojo u/u Y enséñale a esa chica de tu clase mis fics, a ver qué le parecen :P

Siguiente capítulo, la semana próxima. Que os sea leve la espera. Lemon rules!