Hola a todos (:
Muchísimas gracias por leer (L) Si les soy sincera, jamás pensé que tantas personas leerían esto (: mucho menos que algunas se fueran a dar el trabajo de comentar! Así que de verdad se los agradezco mucho (:
Recordar que esto es anacrónico y Killua céntrico
..quizá mencionar que HxH no me pertenece, ni sus personajes […lo he olvidado mucho en esta historia u.u]
En fin. Gracias por darle oportunidad!

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El ambiente no era tenso. Esta vez, el pequeño Killua sólo estaba practicando bajo la tutela de su hermano mayor. Aun así, le resultaba agotador. La tarea era transformar su diestra en un arma mortal, una y otra vez, hasta lograr hacerlo en un par de segundos.

- 2.4 minutos…sigues siendo demasiado lento.- acotó con un deje de preocupación. Estaba de pie, recostado sobre una de las paredes de aquel cuarto observando al menor.

-Esto es muy doloroso- se quejó afligido.

-Debes ser capaz de hacerlo más rápido- recalcó serio.- De modo que no necesite esto- agregó mostrándole el pequeño cronómetro que sostenía en una de sus manos. El albino se quejó para sus adentros mientras hacía un adorable puchero.

-Hazlo otra vez.- ordenó.

-Estoy cansado- se quejó mientras obedecía.

Silva apareció en el marco de la puerta; a paso lento se adentró en la habitación y se situó al lado de Illumi.

-¡Oyagi!- exclamó con alegría.

-No te desconcentres- habló de inmediato su hermano, inexpresivo como siempre. Infantil, infló sus mejillas en señal de disgusto, y volvió a concentrarse en manipular parte de su cuerpo, lo más rápido que le era posible.

-¿Cómo va?- murmuró el mayor, sólo para que el pelinegro le oyera. Aun así, el pequeño era capaz de distinguir sus palabras. Se sintió orgulloso por ello.

-Aprende rápido.- respondió escueto.- Pero me preocupa su actitud.- agregó viendo de reojo al más alto.

-Ya veo- dijo con austeridad.-Si se sale de control, sabes qué hacer-

-¡Listo!- gritó el más pequeño, enseñando a ambos si diestra. Podría jurar que notó un pequeño atisbo de sorpresa en el rostro de su hermano al mirar el cronómetro que aún sostenía.

-Deshazlo- ordenó el pelinegro. Killua obedeció; esa era la parte fácil, aunque no por eso dolía menos.-Bien.- comentó una vez que la pequeña manita del menor volvía a la normalidad.-De nuevo-ordenó con voz firme.

-¿Cuánto lleva practicando?- murmuró Silva.

-Alrededor de una hora.- respondió. El mayor sonrió complacido.

-Vamos afuera- declaró, a lo que el otro se sorprendió imperceptiblemente.

-¡Listo!- volvieron a escuchar. El pequeño albino agitaba de un lado a otro su diestra frente a ambos, son una gran sonrisa.

-Bien. Deshazlo- ordenó.-Síguenos- agregó mientras el pequeño obedecía.

Silva e Illumi salieron de allí, se dirigían a algún lugar fuera de la mansión. Killua les seguía de cerca, feliz de salir por fin. Estaba harto de estar encerrado: hace días que no veía a Alluka ni salía a jugar o explorar algún lugar de los espaciosos jardines.

La ruta que seguían era desconocida para él, miraba atento por todos lados: izquierda, derecha, arriba y abajo. El día era soleado así que todo le resultaba muy llamativo ¡Cuántos deseos tenía de correr por todos lados! Ir a explorar, buscar una que otra criatura mágica, escalar algún árbol…lástima que no podía en esos momentos. Procuró recordar el camino para visitarlo cuando tuviese tiempo libre, y sonrió ante sus propios planes.

El terreno gozaba de variada vegetación. Muchas flores, arbustos y árboles por doquier. La senda que recorrían de pronto abría paso a un terreno llano, con varias rocas adornándolo. Los mayores se detuvieron, así como el pequeño tras ellos, que salía abruptamente de sus pensamientos. Frente a ellos, podían apreciarse varios tipos de criaturas mágicas, de gran tamaño algunas.

-Observa con cuidado.-habló su padre. A paso lento, llegó hasta una pequeña manada de criaturas similares a tigres comunes. Todos de gran tamaño. Su hermano y él, a varios metros de distancia, podían apreciar la escena con lujo de detalle.

A pesar de que fue increíblemente veloz, el tiempo pareció detenerse para el menor: su padre había dado un paso rápido al mismo tiempo que su diestra se 'transformaba'; dio una certera estocada en el tórax del animal, y al dar su siguiente paso, éste se desplomaba inerte tras él.

Tardó unos cuantos segundos en comprender lo que había ocurrido. Su mirada pasó de la sorpresa al terror, se mantenía fija sobre el cuerpo sin vida de la criatura.

-Él….¿murió? ¿…así…de fácil?...h-hace….hace unos segundos…e-estaba vivo…-pensaba asustado. Atinó a mirar a su padre, aún junto a aquel cuerpo, pudo apreciar una imagen que no olvidaría por el resto de su vida: el mayor sostenía, sobre su mano ensangrentada, un pequeño bulto de carne; parecía moverse levemente y escurría unas cuantas gotas de sangre.-…eso es…. ¡no puede ser!- de pronto, el aire se hizo más escaso.

Al notar que su hijo le observaba, arrojó a su suerte el órgano ajeno, sin saber que aquello sólo aterraría más al menor, agitó su mano un par de veces, para deshacerse de los rastros de sangre, antes de acercarse hasta él; Killua no pudo evitar retroceder un par de pasos.

-…¿Por qué?- musitó para sí, a pesar de que enfrentaba al severo rostro de su padre.

-Es tu turno- declaró, pasando por alto su último comentario.-Haz lo mismo. Ya deberías ser capaz de hacerlo-

Abrió sus ojos de par en par, y los llevó hasta su hermano, que se hallaba junto a él. Mas sólo pudo apreciar su inexpresivo rostro, lo que daba a entender que estaba de acuerdo con la orden del mayor.

-¿Q-quieres…q-que yo…?- balbuceó. Alternó su mirada entre su hermano y su padre una y otra vez, y finalmente, la llevó hasta la pobre e inocente criatura.-¡No! ¡No quiero hacerlo!- negó asustado, temblando notoriamente.

Silva le vía severo, fulminándolo con la mirada. El pequeño lo miraba con horror, sin saber de qué otra forma podía reaccionar.

-Illumi- llamó, viendo de reojo al aludido.

-Sí- dijo mientras se acercaba al menor, se arrodilló frente a él, observándolo profundamente.

No entendía la situación, pero, gracias a lo que había pasado en sus dos años de vida, podía deducir que, otra vez, terminaría haciendo algo que no era de su agrado. Eso estaba bien la mayoría del tiempo, al fin y al cabo, él debía obedecer a su padre y a su hermano; pero esta vez, quien sufriría no sería sólo el mismo, esta vez, otro ser se vería involucrado. Alguien totalmente ajeno e inocente. Y aunque no entendía muy bien estos pensamientos, podía sentirlos dentro de sí.

-Esto está mal. ¡No quiero hacerlo porque no debo hacerlo!- era lo que podía concluir a su tierna edad.

Un intenso y repentino dolor lo sacó de su pequeño transe. Cerró los ojos con fuerza y soltó grito agónico. Su cabeza, en particular, su frente, punzaba dolorosamente. Cayó sobre sus rodillas y apoyó sus manos en ellas; intentó abrir sus ojos. Illumi seguía frente a él, a su altura ¿Habría sido él el responsable?

Sentía cómo el sudor frío recorría su rostro. Inhalaba y exhalaba con fuerza; a pesar de tener sus ojos cerrados, sentía que todo le daba vueltas.

-Killu- oyó a lo lejos.-Naciste para ser un asesino.- Y aunque su voz se oía distante, se había vuelto más profunda de lo habitual.-Has pasado por mucho sufrimiento ¿no es así? Es momento de poner todo en práctica.- había algo de comprensión en su tono, o eso le parecía. Sintió que el mayor posaba suavemente una de sus manos contra su cabello. Curiosamente eso lo alivió, pudo abrir sus ojos, sin embargo, su percepción del entorno se hallaba, claramente, alterada.-Visualiza a tu presa- le dijo al oído, esta vez, junto a él, permitiéndole apreciar la imagen frente a él. Esa inocente manada de criaturas mágicas.-…una vez que lo hayas hecho, mátala.-llevó su mano hasta su hombro, alentándolo.-Verás que lo disfrutarás- agregó con malicia, presionando su hombro levemente para incitarle a avanzar.

Sin saber por qué, su cuerpo hizo caso. Aún se sentía mareado, el sonido no llegaba con claridad hasta sus oídos, no distinguía correctamente los colores a su alrededor, no podía sentir el suelo al dar pasos. Sólo avanzaba. En su mente no había espacio para cuestionamiento alguno.

Antes de percatarse, ya tenía su diestra ensangrentada. Se sentía tibia, mas no pudo reaccionar de ninguna forma. Con su mirada vacía, llegó, nuevamente, frente a los mayores. Sin comprender la situación. Sin estar con sus cinco sentidos. Sin el control de sí mismo.

No entendía, y no podía entender aunque lo intentase. Al menos no en esos momentos.

-Que practique un par de horas por hoy- creyó oír a su padre antes de ver cómo se alejaba. Llevó su perdida mirada hasta su hermano, que estaba de pie junto a él. Podría jurar que lo había visto sonreír.

-Esto es sólo el principio- declaró alegre el pelinegro al tiempo que revolvía sus canos cabellos.

Se sintió cansado, su cuerpo pesaba. Quería decir algo…no sabía qué o porqué, pero quería hacerlo, y al intentarlo, sólo podía ahogar suspiros.-Vamos a continuar, Killu-

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Cercano a cumplir sus cinco años de vida, el joven Killua regresaba a casa, luego de su segundo trabajo. No había sido difícil, pero no por eso le agradaba. Seguía sintiéndose incómodo, aunque su cuerpo no había reaccionado tan violentamente como en su primer intento. Es más, si lo pensaba detenidamente, incluso le parecía que el tiempo había transcurrido más deprisa, sin contar que, con todo el entrenamiento que había estado recibiendo a diario, era imposible tener cualquier tipo de complicación.

-"Lo pienso demasiado. Pero el aroma a sangre sigue quedándose impregnado en mi mano…es molesto"- pensaba mientras subía por la montaña para llegar a casa-"Creo que hay un par de formas de hacerlo sin llegar a manchar mis manos….bueno, no tanto. Debo ser más prolijo"-

Caminaba a paso lento con ambas manos tras su nuca. Illumi ya había dejado de 'escoltarlo', así que sentía más relajado.

-"Últimamente, su presencia me molesta"- pensó asqueado, sin saber por qué realmente. Quizá los entrenamientos se habían vuelto más duros y hostigosos para él. O quizá sentía que debía tener más 'espacio personal'. Después de todo, era mucho el tiempo que compartía con su hermano, puesto que éste estaba a cargo de entrenarlo.

-Bienvenido, Killua bocchan- oyó una vez que estuvo frente a la entrada de su hogar. El pequeño le sonrió ligeramente al guardia que 'custodiaba' aquel lugar.

-"Qué pereza…"-pensó viendo con expresión aburrida la puerta ante sí. Suspiró resignado, no tenía opción. Puso sus pequeñas manitas sobre ella y ejerció tanta presión como pudo. La puerta N°1 cada vez cedía con más facilidad. Algo extraño.

El estruendo de la puerta cerrándose tras él lo tranquilizó y relajó sus músculos. Continuó a paso lento y sonrió al ver a la mascota de la familia, recostada entre varios arbustos.

-Buenos días, Mike- dijo una vez que estuvo frente a él. El gran perro de caza, que era, como mínimo, unas diez veces más grande a uno normal, le miraba con atención. El pequeño, lejos de sentirse intimidado, se abalanzó sobre su pecho sonriendo gustoso. El golpeteo rítmico de la cola del gran animal contra el suelo, se oyó instantáneamente. Killua era uno de los pocos miembros de su familia que pasaban algo de tiempo compartiendo con el cuadrúpedo. - ¡Eres tan suave!- decía alegre, dando rienda suelta a sus emociones. Illumi ya se había ido y no había nadie a su alrededor como para recibir cualquier tipo de regaño o castigo por ello.-¡Te están cuidando muy bien! Me alegro mucho- le decía mientras se colgaba de su cuello para subir a su espalda.- Es una lástima que no puedas moverte de aquí- dijo con una sonrisa afligida.-Podríamos explorar muchísimo juntos…- dejó salir un tanto angustiado. Entonces, percibió que alguien se acercaba. Sonrió ampliamente al reconocer aquellos pasos.- ¡Alluka!- gritó.

-¿Onii chan?- preguntó.-¿Dónde estás?- Se oía alegre.

-¡Por aquí!- volvió a gritar, esta vez llevando ambas manos hasta su boca para amplificar un poco más el sonido de su voz. En breve, pudo distinguirla de entre varios árboles.

Sonrió con ternura. Alluka era tan pequeña…pero estaba creciendo. Lentamente, estaba creciendo.

-¡Onii-chan! ¡Te extrañé!- dijo extendiendo sus pequeños brazos hacia arriba, sonriéndole contenta. Su sonrisa se borró por unos instantes, antes de volver, esta vez dirigida hacia el otro presente- ¡Hola, Mike!- saludó moviendo las palmas de sus manos de un lado a otro. Un par de golpeteos más volvieron a oírse.

-Sube- alentó el mayor. La pelinegra dudó un poco, pero luego, y con muchísimo esfuerzo, logró llegar junto a su hermano mayor.

Ambos estaban sentados uno junto al otro, sobre el lomo de Mike, sonriéndose mutuamente.

-Tu cabello ha crecido mucho- dijo el mayor tomando entre sus dedos varias hebras ébano.

-Sí ¿No es genial?- respondió con emoción. Él asintió amigablemente.

-Luego vamos a la mansión a buscar algo con qué peinarlo y cepillarlo ¿sí?-

-¿Tú quieres…cepillar mi cabello?- murmuró con timidez e ilusión, viéndolo fijamente.

-Claro- dijo con simpleza. El abrazo de la pequeña no se hizo esperar, y fue correspondido inmediatamente.- También – agregó separándola por los hombros- debemos hacer algo por eso- acotó, recorriéndola de pies a cabeza. La pequeña lo miró sin comprender.-Estoy seguro de que puedes vestir con algo que te haga ver aún más linda- explicó amable. Sólo podía mostrar esa expresiva faceta suya con su hermana menor, a estas alturas, no confiaba en nadie más que en ella para actuar con sinceridad.

-¿¡Crees que soy linda!?- farfulló sonrojándose furiosamente, pero sin deshacer su hermosa sonrisa. El mayor soltó una leve risa ante ello, y revolvió sus cabellos con cariño.

-Por supuesto.- respondió feliz.

Abruptamente, la cálida y alegre expresión de la pequeña se esfumó.

-¿Qué ocurre?- preguntó extrañado, aún con una mano sobre su cabeza. La pelinegra tomó aquella mano, la puso sobre su regazo con la palma hacia arriba y señaló su muñeca, entonces comprendió. Habían pequeños rastros de sangre a su alrededor.

-Lo hiciste de nuevo…¿cierto?-habló triste y con un tono ronco bastante inusual en ella. Levantó la vista para encarar a su hermano-¿Por qué?- preguntó.

Se sintió horriblemente mal, tanto, que no pudo mirarla a los ojos.

-Sabes que debo hacerlo- murmuró apesadumbrado, desviando su rostro.

-Matar es malo- dijo con tristeza.-¿De verdad…tienes que hacerlo?- preguntó acercándose más hacia él, con el fin de presionarlo con la mirada. El albino se armó de valor y le vio a los ojos, se veía tan preocupada por él…eso le hacía sentir extraño, pero por sobre todo, sentía como si le hubiese fallado de la peor manera.

-Lo siento.- habló, sin saber qué otra cosa podría decirle. ¡Si pudiera prometerle que no volvería a hacerlo! …Pero era imposible; ni siquiera era capaz de formular esa frase en su mente antes de que las punzadas de dolor llegaran a su cabeza, junto con todas las enseñanzas de Illumi y Silva.

-No me gusta esto- dijo abrazándose a él por el cuello- A Nanika tampoco le gusta- agregó hablando contra su hombro. Ligeros sollozos hicieron aparición; eso terminó de liquidarlo.

La tomó por la cintura y la puso sobre su regazo para poder corresponder debidamente aquel gesto.

-Espero…que algún día puedan perdonarme.-

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-¡Espera, Gon!- llamaba. Llevaba varios minutos tratando de alcanzar a su amigo. Se veía molesto luego de haberse retirado de aquella reunión improvisada con un montón de personas que no conocían. No había sido la gran cosa, por lo que no comprendía del todo la reacción del moreno.

Al fin se detuvo. Él se quedó frente a su espalda, esperando alguna explicación o algo.

-Lo siento, Killua- se volteó a verle con una sonrisa apenada y llevó una mano hasta su nuca- No pude soportarlo más- dijo a modo de justificación.

-Todavía no entiendo por qué te estás disculpando- recriminó comenzando a impacientarse.

-Esto significa que tendremos que aguantar un tiempo antes de poder quitarte ese hechizo- comentó angustiado.

¿Era eso? No, debía haber algo más.

-Ah, es por eso- dijo con tono tedioso-No es gran cosa- sonrió y llevó sus brazos tras su nuca, esperando a su siguiente respuesta.

-Pero...estás dentro de este juego para ayudarme a encontrar a mi padre...-respondió afligido.

-Te equivocas. Si estoy dentro de este juego…es sólo porque he descubierto algo muy importante.- pensó quedándose inmóvil, con expresión neutra.-De todos modos ¿por qué estás tan enojado?- preguntó en voz alta.

-Porque no tenían por qué decir cosas tan malas del juego de Ging- respondió frustrado, viéndole a los ojos.- Él no creó el juego con la intención de matar o robar. Yo quiero hacer lo que Ging dijo y disfrutar el juego. Cuando empecé, sabía que no sería fácil. Y pensé en los otros jugadores al igual que yo, disfrutando el juego. Las personas han muerto...pero es la mentalidad del jugador la que me asusta, no el juego. Ellos están dispuestos a herir a los demás para obtener cartas...-

Eso era muy cierto, pero lo que le llamaba la atención, era esa forma tan inocua del pelinegro de ver el mundo. Se sintió conmovido.

-¿Eso crees? Yo creo que tiene sentido- le respondió.

-Killua ¿hablas en serio?- cuestionó tensando su expresión, claramente en desacuerdo. Rio levemente y sonrió.

-Es por eso que este juego es exclusivo para cazadores- explicó con simpleza.

-Pero...- trató de hablar, endureciendo aún más sus facciones.

-Matar es malo-interrumpió el albino antes de que pudiera rebatir cualquier cosa. Sintió un ligero escalofrío al pronunciar esas palabras- Estoy de acuerdo contigo en esa parte- agregó, a lo que el otro relajó su expresión. Llevó ambas manos hasta sus bolsillos antes de continuar- Pero ¿qué tal si dos jugadores tienen un duelo con reglas predeterminadas y el ganador llega a tomar una carta como premio?- propuso sonriéndole abiertamente.

-E-eso sería aceptable- dijo, pareciendo ceder.

-¿Lo ves?-cuestionó, sin dejar de sonreír. Últimamente había notado que cada vez sonreía más por culpa de Gon- Cuando ese tipo lanzó un hechizo sobre mí- prosiguió- y cuando esos hombres llevaron a cabo su plan, sólo estaban siguiendo las reglas del juego ¿no?-

-Sí- asintió con asombro.

-A pesar de que aún no se siente del todo bien- dijo con una sonrisa algo afligida- Bueno, olvídate de ellos. Vamos a disfrutar del juego- declaró con sutil emoción, sintiéndose feliz por haber logrado cambiar la amarga percepción del pelinegro sobre algo que era tan importante para él.

Emprendió la marcha, esperando a que él hiciese lo mismo. Tenían mucho por explorar y mucha información que reunir.

-Killua- oyó tras él.

-¿Mmhh?- respondió el otro mientras sus ojos se perdían en el cielo. Se sentía de maravilla, tan tranquilo y a gusto ¡y con tantas aventuras por delante!

-Gracias-

Se detuvo en seco. Su respiración se cesó y sus ojos se abrieron de golpe. Volteó violentamente para toparse con la decidida mirada marrón- Me alegra que hayas venido conmigo. No...- se corrigió -¡Me alegro de haber llegado a conocerte!-dijo dedicándole una sonrisa que transmitía mucha sinceridad y confianza.

De pronto, el albino se había quedado sin palabras. Sentía como si todas las emociones existentes se mezclaran en su pecho, golpeándolo bruscamente a través de sus latidos.

-Debes saber que me haces muy feliz, Killua- agregó llevando una mano hasta su pecho y avanzando para quedar más cerca suyo.-De verdad me siento muy agradecido por tenerte en mi vida- le sonrió cálidamente y observó con ternura su azulina mirada

-Ya basta, idiota. – espetó desviando su rostro. Un ligero sonrojo se había apoderado de sus mejillas. Esa reacción comenzaba a ser habitual. Debía averiguar cómo contrarrestarla.-Me estás avergonzando.- dijo con falsa molestia .Dio media vuelta, dispuesto a continuar su camino, mas se vio obligado a detenerse, ya que el pelinegro había aprisionado uno de sus brazos; lo jaló sutilmente para que el albino le encarara.

-Sólo quiero que sepas que estoy hablando en serio- dijo con decisión.

-Gon…- dijo, sin saber cómo reaccionar. Aún no se acostumbraba a …¿cómo decirlo? A ser "importante para alguien". A que alguien le quisiera tan desinteresadamente, y más que eso, de forma tan sincera. Ni siquiera podía asimilarlo correctamente. Si bien, había sido más de uno ese (y otros) tipo de roces con Gon, aún no entendía por completo cómo le hacía sentir ni qué debía hacer al respecto.

Alguien como él sólo podría traerle problemas a alguien como Gon ¿no? Pero eso no importaba; no podía evitar todas las emociones y sentimientos que el pelinegro desencadenaba en él, con su sola cercanía, y más aún, con actos como éste.

-Otra vez estás pensándolo demasiado- le oyó entre risas. Lo miró molesto, ahora se sentía aún más avergonzado. Bufó resignado, quizá tenía razón. El pelinegro llevó el dorso de su mano hasta sus pálidas mejillas y le miró con desmesurado cariño. No pudo evitar esbozar una suave sonrisa ante el gesto, que fue correspondida de la misma forma. Qué agradable era ver sonreír a su amigo.-Muy bien ¡En marcha!- dijo feliz mientras comenzaba a caminar delante suyo. Y una vez más terminó siguiéndolo, esta vez con una cálida sensación en su pecho.

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-¡Muy bien, mocoso! ¡Quédate quieto!- vociferaba con una sonrisa sádica en su rostro.

-¿Por qué estás molesto, Aniki?- preguntaba el pequeño con una sonrisa afligida- Siempre estás molesto conmigo.- recriminó con angustia.

-¡Silencio!- gritó señalándolo con su índice.-¡Tienes que hacer todo lo que yo te ordene! ¡Estoy a cargo ahora!- seguía gritando alterado.

-Pero no estoy en contra, no tienes que gritarme-

-¡Silencio! ¡Quédate quieto!- gritó con fuerza mientras tomaba uno de sus brazos bruscamente para arrancarle con violencia su prenda superior.

-Estoy quieto- murmuró con un puchero mientras desviaba la mirada, estando a completa disposición del mayor.

Con sus dos añitos de vida, el pequeño Killua Zoldyck estaba a punto de someterse a su primera sesión de tortura. Al parecer, Milluki había insistido bastante para hacerse cargo de ello; se suponía que, como siempre, sería Illumi quien estuviera a cargo este tipo de prácticas, pero finalmente, cedió ante las peticiones del más robusto de los hermanos.

La habitación era oscura, era iluminada por un par de débiles antorchas a los costados. En una de las paredes se podía apreciar una gran cantidad de armas blancas: hachas, mazas, macanas, lanzas, entre muchas otras. A un costado, se podían distinguir otro tipo de armas: instrumentos de tortura: látigos, fustas, cigüeñas, mordazas, armas de electrochoques, etc.

El mayor le aprisionaba ambas muñecas con grilletes que yacían encadenados a alguna parte de la pared, de modo que al terminar, el albino yacía suspendido en ellas, sin que sus pies descalzos tocaran el suelo. Sus tobillos también estaban rodeados por los fríos grilletes de metal.

-¡Bien! ¿Estás listo?- dijo sonriendo socarronamente al tiempo que tomaba uno de los látigos. El menor estaba asustado, pero su padre y su hermano mayor le habían dejado bien en claro que debía pasar por ello.

Asintió con parsimonia, intentando no verse tan aterrado como lo estaba.

Entonces comenzó aquella tortura. Cada golpe impactaba con furia sobre su piel desnuda, dejando diversas marcas y rastros de sangre. Un golpe tras otro. Comenzó con su pequeño torso, desviándose luego hacia sus manos y hacia sus pies. Sólo podía oírse el sonido del látigo impactando contra su cuerpo, junto con varios quejidos ahogados.

Se mantenía apretando con fuerza sus ojos, sus dientes y sus puños. Gruesas lágrimas recorrían su rostro de vez en cuando.

"Pase lo que pase, debes mantenerte firme. Jamás debes demostrar lo que estás sintiendo."

Eso era muy difícil. Tenía tantos deseos de gritar y llorar. Cada golpe quemaba y desgarraba brutalmente su pálida piel, y al sentir la sangre brotar por sus heridas, sólo aumentaba el dolor y ardor.

Pero debía ser fuerte y, más importante, debía obedecer las órdenes de su hermano.

-¿¡Qué tal!? ¿¡Aún no has tenido suficiente!?- le gritaba riendo malévolamente.-¿¡Por qué no empiezas a rogar que me detenga? ¡Quizá lo considere su lo suplicas!- decía golpeando cada vez con más fuerza.

El pequeño albino abrió sus ojos lentamente, soportando cada impacto. Sus ojos irradiaban ira, era el único sentimiento que le permitía reprimir el resto de sus emociones. Ante ello, el pelinegro hizo una mueca de infinito desprecio.

-¡No me mires así!- gritó con furia al tiempo que fustigaba contra el suelo, justo antes de golpear de lleno en el rostro del menor. Sin embargo, éste volvió a encararlo con la misma rabia; podía sentir la calidez de la sangre recorrer una de sus mejillas. Ardía, pero hizo lo que pudo para ignorarlo.

Volvió a recibir otro latigazo en su rostro, una y otra vez.

No fue capaz de medir cuánto tiempo había transcurrido, sin embargo, sentía que se acostumbraba, o eso creía, puesto que el ardor ya no era tan insoportable, e incluso, la calidez de su propia sangre escurriendo a través de las múltiples llagas, comenzaba a tranquilizarle. Sonrió débilmente cuando se percató de ello.

Recibió un par de golpes más. El mayor parecía frustrado.

-¡Suficiente!- gritó y lanzó el arma con fuerza hacia el suelo-Ya no es divertido- comentó fastidiado, y se dispuso a salir de allí.

-¿Vas a dejarme aquí?- preguntó con suma inocencia.

-Ya no eres mi problema ¡Arréglatelas tú sólo!- habló sin voltearse, retirándose.

-No es justo- reclamó inflando sus mejillas. El estruendo de la puerta al cerrarse le indicó que el mayor hablaba en serio. Era muy malo, Milluki siempre lo trataba muy mal y siempre parecía estar enfadado con él. Pero esta vez sólo seguía órdenes de Illumi, así que quizá no era su intención… no debía pensar de más en ello. El asunto ahora era: ¿Cómo salir de ahí? ¿Tendría que esperar? ¿O era 'parte del entrenamiento'?-Mmmhh….- soltó pensativo. Llevó su mirada hasta los grilletes, a su izquierda y a su derecha.

"Cuando no tengas escapatoria, sólo deshazte de lo que te estorba, y huye."

-Esto es lo que me estorba ahora.- pensó en voz alta moviendo ambos brazos, haciendo repicar las cadenas que lo suspendían. –Estoy aburrido de estar aquí- se dijo a sí mismo con repentina molestia. Con toda la fuerza que pudo, jaló su brazo izquierdo hasta su pecho, arrastrando don él la cadena sujeta al grillete, que seguía sobre su muñeca. Sintió muchísimo dolor en su hombro. Aparentemente, poseía más fuerza de la que creía. Pero qué importaba: podría liberarse por sí mismo.

Hizo lo mismo con su brazo derecho. Al caer, tuvo que recostar su espalda sobre la pared más cercana para lograr separar sus pies.

Aún tenía los cuatro grilletes sobre sí, y de sus manos arrastraba las largas cadenas. ¡Qué más daba! Sólo quería salir de allí, y lo hizo.

Caminó por los largos pasillos de la mansión con la intención de llegar hasta su cuarto. Encerrarse ahí por el resto del día parecía un buen plan. El sonido metálico de las cadenas rozando el piso era todo lo que podía oírse.

-¿Killu?- oyó tras él.

-¿Oji-san?- preguntó volteando. No había sido capaz de oírlo.

El anciano lo miró de pies a cabeza. Su pálida tez había desaparecido por completo, sólo podía apreciarse las llagas causadas por el látigo y rastros de sangre. Se veía que todos sus músculos se hallaban inflamados por las heridas. El mayor sonrió efímeramente.

-La próxima vez…- habló con parquedad-…intenta ejercer fuerza con tus muñecas y tus tobillos- ambas manos tras de sí le hacían adquirir ciertos aires de solemnidad.-Cederá con más facilidad.-agregó, refiriéndose a lo que aún envolvía las extremidades del pequeño. A paso lento, avanzó, continuando con su camino; al parecer iba en la misma dirección que su nieto, quien no había atinado a moverse.

Al pequeño le tomó un par de segundos comprender todo lo que implicaban las palabras del mayor. Sonrió agradecido y feliz.

-¡M-muchas gracias, Oji-san!- dijo atropelladamente llegando a su lado y caminando con él.

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Gracias por leer!
Muchísimas gracias por llegar hasta acá, de verdad ;w;
Cualquier comentario es bienvenido (: siéntanse libres de recalcar algún error, dar alguna crítica, sugerencia, opinión, lo que quieran!
Gracias :D
[oh, y estoy ansiosa esperando el cap de hoy ;w; ! muero de nervios uwu]