O.o Kaoru-chan o.O les informa que esta muy feliz.

Como sabran, antes existía una traducción de Broken Pieces, llamada En pedazos, muy bien, la autora de la traducción no era más que Inuhanya. Estuvimos hablando sobre las traducciones, y llegamos un acuerdo de hacerlo juntas, como si fuésemos compañeras de trabajo. La idea me parece FANTASTICA, así que estoy muy contenta, yo sé que esto nunca lo hubiesemos podido lograr sin la ayuda de Linay-sama - que es sumamente divina y que ambas idolatramos-

Por eso, nos dividiremos el trabajo. Este capitulo lo hizo Inuhanya, que es sumamente simpática y espero que nos podamos llevar bien

Sin más nada que agregar, me despido.

Inuhanya y Kaoru-chan, estan contentas de terminar esta historia.

Broken Pieces:

By: Linay

Translated by: Inuhanya

En Pedazos

-Disclaimer-

Yo no creé a Kenshin y Kaoru! O Megumi, Aoshi, Katsura o Takasugi. Pero los ARRUINÉ para el propósito de mi historia.

Capítulo 7 - Joven sacrificio

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Soy abatido por la tristeza

Sangre, como lluvia, inunda mi mente.

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"Cállate insoportable," murmuró Kaoru bajo su respiración, marchando por el angosto corredor del edificio de apartamentos.

Takasugi la ignoró, su estrepitosa risa retumbaba por las paredes. Kenshin permaneció fríamente distante, caminando rápidamente al lado del hombre. Kaoru siguió malhumorada tras ellos, sus brazos cruzados sobre su estómago. Cuando el trío alcanzó el elevador, Kenshin sacó las llaves de su auto de su bolsillo y oprimió el botón. Los brillantes ojos de Takasugi captaron la sorprendida mirada de Kaoru.

"¿Qué?" rió a carcajadas, "¿Crees que lo dejamos caminar todo Kyoto?"

Kaoru se infló con irritación. La puerta metálica se abrió mecánicamente y los dos hombres entraron en la caja de metal. Kenshin colocó su brazo sobre la puerta para detenerla de cerrarse antes de que Kaoru pudiera entrar.

"Oh," exclamó Takasugi bromeando, "Así que ahora que está toda una muñeca eres el caballero perfecto."

Kenshin no se molestó en mirar a Takasugi. En vez, miró expectante a Kaoru, sus ojos enviaron un claro y frío mensaje. Kaoru entró al elevador, echó su cabeza hacia atrás arrogantemente mientras lo pasaba. Kenshin dejó cerrar la puerta y comenzaron su descenso al sótano.

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"Sí," dijo Katsura en el teléfono a una persona desconocida, "Lo intentarán esta noche. Takasugi sabe qué hacer."

"Sí, sé que es riesgoso," respondió Katsura una aparente objeción, "Pero este era nuestro plan en primer lugar."

Katsura suspiró. "Sé que esta es una de nuestras peores asignaciones para él. Pero debe hacerse. No podemos tener éxito sin eso."

"Bueno, veremos¿verdad?" dijo él, golpeando sus dedos en su escritorio.

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Cuando se aproximaron a un lustroso auto negro en el oscuro sótano, Kenshin levantó sus llaves y presionó un botón en la cadena. La alarma sonó dos veces y los seguros se abrieron. Haló la puerta trasera del auto y le extendió un brazo a Kaoru, haciéndola entrar en el asiento trasero.

"Qué¿el maletero no?" se burló Kaoru, agachándose levemente para entrar en el auto.

"Eso puede arreglarse para ti, si quieres," respondió Kenshin calmado, cerrando la puerta tras ella.

Kaoru resistió la urgencia de sacarle la lengua detrás de la tinturada ventana del asiento trasero. Takasugi se apoyó perezosamente sobre el capote del auto, rió mientras Kenshin entraba en el asiento del conductor y cerraba la puerta. Luego entró también.

Con una hábil opresión de un botón, los seguros de todas las puertas se bajaron.

"¿Por qué fue eso?" resopló Kaoru en voz alta desde el asiento trasero.

Kenshin le disparó una mirada de advertencia a través del espejo retrovisor mientras encendía el motor. Takasugi, por otro lado, se movió en la silla de cuero delantera para mirarla.

"Seguros para niños, querida," dijo él nasalmente. Sus ojos bajaron a sus piernas. "Oh dios," dijo él, bajando su voz a un profundo estruendo. "¿Tu madre nunca te enseñó cómo sentarte apropiadamente?" Rió él, girándose.

Kaoru se sonrojó furiosamente y se sentó derecha en su asiento, juntando sus muslos fuertemente. Intentó halar más su falda por sus piernas. Maldito Takasugi. Maldito.

"Maldito pervertido," murmuró ella entre dientes, lo fuerte suficiente para que él escuchara.

Kenshin cambió de velocidades hábilmente y miró sobre su hombro mientras reversaba el auto rápidamente. Mientras las llantas rechinaban, él dejó sus rasgados ojos ámbar deslizarse para encontrar los de Kaoru. Kaoru mordió su labio instintivamente. La mirada en sus peligrosos ojos habían sido muy obvia: callarse y sentarse. El deportivo negro subió la rampa del parqueadero, Kenshin manipulaba hábilmente el volante, su otra mano descansaba ligeramente en la barra de cambios.

Para sorpresa de Kaoru, su conducción por las calles de Kyoto no asemejó una persecución de T.V. Aunque Kenshin conducía muy rápido, no pisaba el acelerador inesperadamente, o giraba esquinas en dos llantas. Ella observó pasar los edificios con amplios ojos.

"Gira a la izquierda," Takasugi le estaba indicando a Kenshin, "Ahora ve detrás de la Estación Omiya."

Kenshin maniobró el auto fácilmente, guiando el auto por una verdadera masa de angostas y sucias calles. Desaceleró el auto hasta un alto en un sucio callejón. Sacando las llaves de la ignición, él salió del auto. Después de cerrar la puerta del frente, se detuvo frente a la puerta de Kaoru con su mano en la manilla, esperando por que Takasugi lo rodeara. Takasugi rodeó el auto en su paso perezoso. Kenshin abrió la puerta.

"Me siento tan importante," murmuró Kaoru, saliendo y rehusando amablemente la ofrecida mano de Takasugi.

Cerrando la puerta, Kenshin ajustó su abrigo y comenzó a salir del sucio callejón. "No voy a cuidar por ti ahora, Takasugi-san."

"Entendido," respondió Takasugi, inclinándose sobre Kaoru, "Eso es por qué estoy aquí."

De repente, la gran mano de Takasugi estaba alrededor del brazo de Kaoru. Ella protestó al intentar soltarse.

"Escucha muñeca," bromeó Takasugi, aunque su agarre era como hierro alrededor de su brazo, "Tenemos que hacer un trabajo esta noche. Así que sin tonterías ¿Entiendes?"

Kaoru frunció sus ojos y lo miró fríamente. Takasugi sonrió y apretó su agarre. Sin otra palabra, él comenzó a seguir a Kenshin en la oscuridad, llevándola rudamente por el brazo.

"No tienes que ser tan rudo," se quejó Kaoru mientras era arrastrada por el agarre de Takasugi.

Desde la abertura del callejón, Battousai giró de repente, su abrigo se movió alrededor de sus rodillas. La luz de los postes silueteaban su delgado cuerpo y su rostro estaba sumergido en sombra, sus ojos ámbar brillaban misteriosamente en la media luz.

"No tenemos tiempo para tus juegos infantiles," su voz resonó entre la oscuridad, "Quédate quieta y haz lo que te dicen."

El aliento de Kaoru se atascó en su garganta y de repente se sintió muy, muy fría. Ella se estremeció involuntariamente. Takasugi comenzó a avanzar otra vez, alcanzando a Battousai. El asesino permanecía en la entrada del callejón, esperando hasta que Takasugi y Kaoru estuvieran ante él. Aunque Battousai era considerablemente más bajo que Takasugi, era un poco más alto que Kaoru y a pesar de su altura, la estremecedora aura que daba era intimidante.

Battousai dio un paso hacia Kaoru para que estuviera a un simple pelo de ella. Sin bajar su mentón, sus dorados ojos la miraron. Retrocediendo ligeramente, Kaoru intentó mantener contacto visual sin pestañar. Battousai la miró fríamente, advirtiéndole con su brillante mirada no interferir o interponerse otra vez.

Luego giró de repente, los bordes de su abrigo negro golpeó las piernas desnudas de Kaoru, y Battousai dejó el callejón. Sin tiempo pata exhalar, Kaoru fue arrastrada por Takasugi en la calle poco iluminada. Y casi se choca en la espalda de Battousai. Los ojos de Kaoru se abrieron.

"Que oportuno," ella escuchó a Takasugi respirar suavemente.

En el otro lado de la calle desierta, una madre y su hijo extrañamente pálido estaban caminando rápidamente entre cuatro hombres grandes.

"¿A dónde nos llevan?" Kaoru escuchó preguntar a la mujer temerosa a uno de los bien armados hombres.

"No necesitas saber," vino la corta respuesta.

La madre, una mujer sencilla con cabello recogido en moño, agarró los hombros de su hijo fuertemente en respuesta, su ansiedad claramente visible.

Su hijo era una historia completamente diferente.

El chico estaba tal vez entre los diez y doce años. Pero para su edad, él irradiaba una calma que no existía en las personas mayores cercanas a la muerte. El chico estaba pálido y su cabello era más liso que el de cualquier niño japonés que hubiera visto. El chico se mantenía erguido, pero sus ojos estaban cubiertos de tristeza.

Como una zambullida en agua fría, la suave pero penetrante voz de Battousai interrumpió las observaciones de Kaoru.

"¿Sohma, Yuki?" la voz de Battousai era tan fría como la muerte.

El chico se detuvo de repente. Su cabeza volteó para mirar al extraño trío. Él tenía ojos violetas.

Kaoru inhaló bruscamente.

"No," ella respiró suavemente y volteó hacia Takasugi suplicante, "No puedes hacer esto. ¡Es sólo un niño!"

El mentón de Takasugi estaba apretado pero no reconoció la súplica de Kaoru. En vez, él miró hacia adelante.

"Por el amor de dios," se ahogó Kaoru.

Las sorpresivas y furiosas preguntas que resultaban de los guardias, también como los lloriqueos de la madre, pasaron desapercibidas para Battousai y el niño. Fríos ojos ámbar y amplios ojos violeta estaban fijos. El chico observó silenciosamente, ni una pizca de emoción destelló en sus grandes ojos púrpura. Y si Battousai estuvo sorprendido ante la identidad de su blanco, no lo mostró. Tampoco mostró arrepentimiento, tristeza o culpa.

"Esta noche," anunció Battousai, agachándose a una posición de ataque con su mano en la empuñadura de su espada, "Tendré que tomar tu vida."

Él podría haber jurado que un indicio de una divertida sonrisa pasó sobre los pálidos rasgos del chico.

"¡Él es nuestro!" gritó uno de los fornidos guardias, rompiendo la comunicación entre Battousai y Sohma Yuki.

El chico, Yuki, pasó a un fondo por el momento y Battousai evaluó a sus oponentes. Antes de que el primer guardia parpadeara, estaba en una creciente piscina de su propia sangre, su cuerpo convulsionaba mientras su sangre brotaba del corte abierto en su mutilado cuello.

Battousai se volvió no más que una mancha negra y roja mientras volaba en el aire hacia el siguiente criminal. El hombre disparó vanamente ronda tras ronda de balas ante el asesino aproximándose rápidamente. Battousai esquivó las balas sin esfuerzo, su velocidad se incrementaba. En un fluido movimiento de su acero, el pecho del gamberro se abrió y su cuerpo superior comenzó a separarse del resto. Incluso antes de que las piezas golpearan el suelo con un enfermante splash, Battousai estaba dirigiéndose hacia el tercer hombre.

El tercer hombre estaba sudando profundamente e intentó desesperadamente levantar la enorme arma automática que sostenía. Battousai preparó su ensangrentada espada mientras corría, alistándola para un golpe. El hombre finalmente logró ajustar el arma con sus rechonchos dedos y disparó, enviando una ronda de balas al asesino. Sin perder el tiempo, Battousai saltó en el aire sobre la lluvia de balas. Bajando, de repente blandió su espada y entonces sangre, no balas, llovió sobre el negro asfalto.

Kaoru fue incapaz de retirar sus ojos de la grotesca escena. Ella de repente se soltó del agarre de Takasugi y volteó hacia el callejón. Ella se agachó en un sombrío rincón y vomitó su disgusto, lágrimas bajaban por su horrorizado rostro.

Takasugi esperó hasta que terminó antes de levantarla y arrastrarla de regreso. Kaoru forcejeó inútilmente en sus brazos.

"Por favor," rogó ella, su auto-respeto perdido en la cara de la sangre, "No quiero ver más."

Takasugi, su rostro inflexible, se rehusó a responder. En vez, él la sostuvo en frente suyo por sus brazos. Kaoru desvió su rostro y se aflojó en su agarre, deseando desesperadamente no escuchar más dolor.

Battousai estaba en medio de la carnicería, encarando al último guardia y la temblorosa mujer y niño tras él. Sus ojos estaban muertos y sin emoción.

"Ah," el cuarto y último hombre comentó, "Debes ser el legendario Battousai."

"Si sabes quien soy," respondió Battousai suavemente, "Entonces sabrás rendirte ahora y hacerlo más fácil para ti."

Una triste risa eructó del hombre del otro lado de la ensangrentada calle. "Por el contrario," dijo el hombre, echando atrás el material de su abrigo para revelar la empuñadura de una espada japonesa, "He estado preparándome para un día como este. Debes ser quien se rinda, Battousai."

Battousai avanzó lentamente, sus brazos balanceándose lentamente a sus lados y su hoja de acero destellando en la luz de los postes de luz. "Estás desperdiciando tus esfuerzos," declaró él fríamente.

En respuesta, el último hombre sonrió y sacó su larga espada de acero de su funda. "He estudiado las artes ancestrales de la espada para este momento," dijo él, sonriendo malvadamente, "Seré un digno oponente."

Los ojos de Battousai brillaron en la media luz. Sin un sonido, él corrió con su espada en una posición de estocada.

"¡Tonto!" gritó el otro hombre con una sonrisa, "La fuerza de mi técnica se defiende contra esos tontos ataques de frente."

La hoja de Battousai se conectó con la de su oponente con un fuerte golpe metálico. Ambos empujaron sus espadas, lanzando al otro un paso atrás. El otro hombre bajó su espada en un vicioso movimiento sobre la cabeza. Battousai bloqueó la espada fácilmente, sosteniendo su propia espada horizontalmente con sus manos. Él blandió su espada por la espada del otro hombre, el metal rechinó bruscamente, y se abalanzó mientras el hombre tambaleaba hacia adelante del impulso. Girando, Battousai apuntó para cortar al hombre en dos. El hombre logró evadirlo en último minuto, pero sólo apenas. Los dos espadachines se circundaron mutuamente corriendo, sus hojas brillaban como plata.

Kaoru observó con ojos abiertos, fascinada e incapaz de desviar la mirada. Battousai se movía con extraordinaria gracia, moviendo su espada en fluidos y suaves arcos de acero. A diferencia del otro hombre, los movimientos de Battousai eran precisos y exactos, su cuerpo actuaba y reaccionaba sin falla visible. Él voló en la noche, su espada danzando en su agarre. Kaoru quedó boquiabierta en silencio. Los ojos dorados de Battousai eran distantes y vacíos, como si realmente no estuviera ahí.

Era hermoso y aterrorizante.

Las espadas chocaron otra vez. Pero esta vez, Battousai tenía al hombre contra la pared. Su competidor estaba intentando desesperadamente de empujar la espada de Battousai con la suya.

"¡No!" chilló el hombre, desenredándose desesperadamente de la espada de Battousai.

Girando de repente con su espada lista para un golpe, Battousai se abalanzó hacia el hombre. Él movió su espada hacia arriba y el hombre levantó su espada horizontalmente en defensa con un violento grito.

Su grito murió en un borboteo de sangre cuando la hoja de Battousai cortó su cuello y rostro. La espada del hombre cayó al suelo en dos piezas, cortada por la mitad. El hombre cayó en el creciente charco de sangre mientras Battousai se enderezaba, sacudiendo la sangre de su espada con un rápido y controlado movimiento. Sus atemorizantes ojos fríos voltearon hacia la madre e hijo.

"¡No!" Rugió Kaoru con furiosas lágrimas, "¡No!" Ella intentó soltarse del agarre de Takasugi violentamente pero él era más fuerte. Con un gruñido, él se movió y sujetó sus brazos detrás de su espalda. Retorciéndose y pateando dolorosamente, ella continuó gritándole a Battousai. Pero sus gritos fueron desatendidos.

El rostro de la madre estaba contorneado de temor y empujó al niño de rodillas, cubriéndolo con su propio cuerpo en un intento por esconder el cuerpo de su hijo con el suyo. Los redondos ojos violetas de Yuki aún brillaban a través de la jaula de sus brazos.

"¡Deja al chico!"

Las lágrimas de la mujer brotaban libremente y se rehusó a moverse, cerrando sus propios brazos más fuertemente alrededor de su hijo. De pie sobre el lastimoso par, Battousai recordó sus órdenes.

Todos menos a la mujer.

Su espada aún colgaba de una mano, él levantó a la mujer por la parte trasera de su camisa. La madre chilló y forcejeó mientras Battousai la alejaba arrastrándola de niño. Él la depositó al otro lado de la calle. Cuando se levantó e intentó regresar corriendo a su hijo, Battousai golpeó la empuñadura de su espada en su espalda. Ella colapsó en el asfalto sollozando, incapaz de levantarse por el dolor en su espalda. Al próximo segundo, Battousai estaba otra vez sobre el niño arrodillado.

Una vez más, grandes ojos violetas encontraron fruncidos ojos ámbar. El chico miró al hombre por un momento antes de bajar su cabeza ante él.

"Rápido, por favor," vino la calmada y aguda voz de Yuki.

Battousai apuntó la punta de su espada en la base del cráneo del niño.

La madre del niño abalanzó su cuerpo en un desesperado pero vano pánico.

Kaoru cayó de rodillas, sus manos sobre su boca y un grito murió en su garganta.

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Sus ojos encapirotados, Battousai enterró la hoja en el cuello de Yuki, dañando la espina dorsal y cortando la yugular en un rápido movimiento. La cabeza del chico se retorció hacia un lado clavada al suelo por la espada ensangrentada de Battousai. Él sacó la espada rápidamente y la cabeza del niño se levantó levemente con el movimiento y colapsó sin vida. Sohma Yuki yacía sobre su estómago, sus extremidades extendidas y su rostro hacia un lado. Sus amplios ojos violetas estaban mirando vaciamente en la oscuridad. Pálido cabello estaba pegado a su rostro, humedecido con algo de su sangre. La sangre comenzó a empozarse alrededor de su cabeza como un halo rojo, manchando su cabello y piel. La sangre del joven lentamente se expandía, creando un oscuro círculo líquido alrededor de su pequeño cuerpo.

Battousai sacudió la sangre de su espada y la enfundó rápidamente, mirando sin emoción el joven sacrificio.

La madre se tambaleó hacia adelante inútilmente y luego colapsó de rodillas, sollozando patéticamente.

Battousai giró y volteó a mirar a Takasugi. Mirando el tieso cuerpo de Kaoru, Takasugi vociferó sus órdenes.

"Levántate," ordenó él, sus labios una dura línea, "Y borra la memoria de esa mujer."

En shock, Kaoru permaneció paralizada con sus manos sobre su boca. Luego bajó sus manos y parpadeó lentamente, deteniendo el flujo de lágrimas. Kaoru se levantó lentamente.

Inesperadamente, ella hizo como si obedeciera y comenzó a cruzar la calle hacia la sollozante mujer. Battousai y Takasugi observaron, en trance, mientras Kaoru cruzaba la calle como un fantasma. Cuando estuvo a un pie en frente de la gimiente mujer, ella cayó de rodillas, ignorando la sangre.

La mujer la miró a través de ojos llorosos.

"¿Por qué los dejaste matar a mi hijo?" gimió ella compasivamente.

Kaoru bajó su cabeza levemente, sus ojos gachos y afligidos. Sin una palabra, ella alcanzó su brazo con sus dedos índice y medio extendidos. La mujer retrocedió temerosa, su rostro sucio de lágrimas y sangre.

Battousai, de pie tras la madre, observó cuando Kaoru extendió su brazo y tocó la frente de la mujer con la punta de sus dedos. Luego, sin razón aparente, el cuerpo de la mujer se aflojó abruptamente y cayó hacia adelante. Kaoru atrapó a la mujer en sus brazos cuando cayó. De repente, Kaoru apretó sus brazos alrededor del cuerpo desplomado de la mujer y lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas. Ella cerró sus ojos fuertemente pero las lágrimas aún brotaban, goteando el hombro de la inconsciente mujer.

En su visión periférica, Battousai vio a Takasugi asentirle. Él corrió hacia las dos mujeres.

"Vamos," declaró él.

Lo lagrimosos ojos de Kaoru se abrieron y levantó lentamente sus ojos azules para encontrar los suyos. Lágrimas continuaban brotando de sus vidriosos ojos.

"¿Por qué?" le sollozó ella tranquilamente al asesino, "¿Por qué lo mataste?"

Battousai retrocedió un paso. Ver la expresión de la madre reflejada tan exacta en los ojos de otro lo atrapó fuera de guardia.

"¿Por qué?" continuó Kaoru mientras lloraba, "¿Por qué hiciste tal cosa?"

De repente, Kaoru comenzó a temblar violentamente. Sus ojos se cerraron otra vez y su piel se le puso de gallina. Ella apretó más la inconsciente mujer y continuó sollozando silenciosamente.

"Era tan joven," murmuró Kaoru a través de sus lágrimas, "Nunca mereció nada de esto. No fue su culpa."

Battousai avanzó otra vez y trató de retirar el flácido cuerpo de la mujer lejos de Kaoru. La adolescente, de repente flácida con dolor, le permitió a Battousai alejar a la madre y acostar su cuerpo sobre el concreto. Kaoru envolvió sus brazos a su alrededor, ignorando las manchas de sangre en su piel y en su camiseta blanca. Ella continuó temblando, la fría noche envolvió sus fríos brazos a su alrededor. Su pecho estaba destruido con ahogados sollozos y apenas notó cuando Battousai comenzó a levantarla por sus axilas.

Battousai miró a la sollozante adolescente quien estaba temblando de las lágrimas y el frío. A pesar del vacío de sus ojos, verdaderamente estaba confundido por el instantáneo cambio de personalidad de la chica.

"Es porque tomó la memoria de la mujer."

Battousai miró a Takasugi, sus ojos no revelaron nada.

"¿Qué debo hacer con ella?"

"Llévala a tu casa."

"¿Por qué?"

"No ha terminado todavía, Battousai." Takasugi se encogió con una sonrisa seca. "Me voy. Reporta mañana."

Sin otra palabra, Takasugi se alejó, manos en sus bolsillos. Battousai miró otra vez a la temblorosa joven que sostenía frente a él. Sabía que él y Takasugi necesitaban limpiar el área rápidamente. Con la decisión tomada, se preparó para levantar a la chica y llevarla al auto.

Y entonces ella levantó su mirada.

Los ojos de Battousai se abrieron de repente. En toda su vida nunca había visto semejante dolor. Los ojos de Kaoru eran profundas piscinas azules de insondable tristeza. Era extraño cuánto profundo dolor podía ser reflejado en tan jóvenes ojos. Su labio temblaba y más lágrimas silenciosas se derramaban por sus pómulos. Ella gimoteó silenciosamente y trató de abrazarse más fuertemente, estremeciéndose violentamente.

Battousai notó entonces que ella no sólo estaba llena con el dolor de otro; también estaba sufriendo del fuerte aire frío. Él la soltó y ella cayó sin huesos en el asfalto, temblando y sonándose. Rápidamente, retiró su ensangrentado abrigo negro de su espalda y lo colocó alrededor de los temblorosos hombros de la joven. Luego alzó su ligero cuerpo en sus delgados brazos y la cargó lejos del sangriento callejón.

Kenshin empujó su abultada carga en el asiento trasero de su auto, agradeciendo secretamente a quienquiera que hubiera inventado las ventanas oscuras. Sin molestarse en atarla con el cinturón, él cerró la puerta y entró en la silla del conductor. Rechinando las llantas, él salió de las calles laterales a la principal. Corrió hacia su apartamento con controlada velocidad.

"¡Él era como yo!" un repentino grito vino del asiento trasero.

Kenshin miró al asiento trasero por su espejo retrovisor. Kaoru estaba sentada, aún temblando y aferrando su abrigo negro a su alrededor. Sus ojos estaban abiertos y asustados.

"¡Él era como yo!" gritó ella otra vez.

Kenshin maldijo bajo su respiración. Lo último que necesitaba mientras conducía por las calles de Kyoto era una adolescente lunática en el asiento trasero de su auto. Kaoru escondió su rostro en sus manos, aún incapaz de detener el flujo de lágrimas. Su voz subsidió en inteligibles gimoteos mientras colapsaba en sollozos.

Casi estaba aliviado de que parecía que todavía estuviera sufriendo de cualquier loco episodio mental que estaba teniendo. La última vez no había podido dejar de gritar. Esta vez no podía dejar de llorar.

Realmente no sabía cuál era peor.

Para cuando Kenshin parqueó el lustroso auto negro en su usual lugar en el sótano, los sollozos de la chica se habían vuelto leves sonadas y gimoteos. Y sus oídos habían comenzado a pedir silencio.

Él la sacó del auto fácilmente, su cuerpo aún débil con pena. Contento de que no estuviera gritando como la última vez, Kenshin la cargó fácilmente hacia el elevador y pulsó el botón con un dedo libre. Escaneó el corredor con una mirada furtiva, esperando que ninguno de sus vecinos atestiguara la vista cargando una chica escasamente vestida envuelta en su abrigo.

Finalmente el asesino fue bienvenido en el oscuro santuario de su apartamento. Descortésmente, dejó caer a la chica en el sofá de cuero. Kenshin desató las espadas de su cintura y las colocó reverentemente en sus percheros.

"¿Te sientes triste?"

Kenshin volteó y miró a Kaoru. Ella se había sentado, su abrigo negro reuniéndose alrededor de sus hombros desnudos. Sus ojos estaban apagados, observándolo calmadamente. Lágrimas estaban secándose en sus mejillas.

"¿Por qué debería?" preguntó él, volteando para mirar sus espadas.

"Porque tomaste la vida de un niño inocente."

"Nadie es inocente."

"Lo era," dijo Kaoru, sus ojos aún hundidos en la espalda del asesino, "Era sólo un niño."

"¿Y qué sabrías de eso?" demandó Kenshin, girando su cabeza para mirarla con ojos fruncidos.

Kaoru sonrió desanimadamente. "Sé por qué fuiste ordenado matarlo."

Kenshin arqueó una ceja incrédulo. "¿Qué demonios hiciste, entonces?"

Los ojos de Kaoru se desviaron en una vidriosa y lejana mirada. "Era como yo, ese chico. Podía ver en los recuerdos de otras personas. Podía borrarlos."

Kenshin resopló.

Los ojos de Kaoru se intensificaron de repente. "Era como yo," gritó ella de repente, "Y lo mataste."

"Tenía que hacerlo," gruñó Kenshin furioso.

"Lo sé," Kaoru esbozó esa extraña sonrisa, "Porque te dijeron." Ella pausó. "¿Sabes por qué estás haciendo esas cosas?"

"Por un Kyoto más seguro," recitó Kenshin, girando hacia un fuego en extinción, "Los sacrificios deben hacerse."

"¿Aún si el sacrificio es un niño?"

"Sí," declaró Kenshin tranquilamente, las llamas se reflejaban en sus ojos ámbar.

"Quiero hablar con tu jefe," dijo Kaoru de repente.

"Eso no lo decides tú."

"Yo cumplí algo para él," insistió Kaoru tranquilamente, "Deseo hablar con él."

"¿Por qué me molestaría en ayudarte?"

"Porque te diré lo que soy si lo haces."

Kenshin volteó para encarar a la chica. Sus ojos se levantaron serenamente mientras se sentaba, su abrigo aún descansaba en su regazo. Kenshin avanzó hacia el sofá opuesto al de ella y se sentó encarándola, cruzando casualmente una pierna. Él pasó un brazo por el espaldar del sofá y ladeó su cabeza, su roja cola de caballo caía sobre un hombro. Él asintió.

Kaoru cerró sus ojos por un momento, inhalando gentilmente. Cuando levantó sus ojos otra vez, eran distantes - la tristeza aún permanecía en sus profundidades.

"Puedo tomar los recuerdos de las personas. Cuando lo hago, siento sus emociones de ese momento y puedo ver en sus recuerdos," comenzó a explicar Kaoru, su voz baja y calmada, "Sus emociones y sus recuerdos son como un choque de electricidad. Puede ser," aquí ella sonrió tristemente, "Muy doloroso."

Kenshin la observó intensamente, escondiendo con cuidado cualquier sorpresa en sus ojos ámbar. Kaoru continuó, su tranquila voz rompió el silencio del apartamento.

"Cuando tomo la memoria de alguien, siento lo que ellos sienten y veo lo que han visto. Sus recuerdos permanecen conmigo, aunque no necesariamente tengo que hurgar en todas sus vidas. Lo que me afecta más son las emociones que están sintiendo al momento que entro en sus mentes," Kaoru pausó por un momento, sus párpados cayeron levemente, "También puedo retirar la memoria; borrarla. Igual como borré las partes de la memoria de Genji para hacerlo olvidar lo que quería hacerme."

Kaoru hizo una mueca, recordando la noche. Kenshin observó mientras la chica cerraba sus ojos fuertemente, su rostro apretándose. Ella inhaló profundamente unas veces y luego los abrió otra vez.

"Algunas veces," explicó ella suavemente, sus ojos azules tristes, "Es difícil mantener lejos los recuerdos de otras personas de mi consciente - especialmente los violentos y tristes."

"Entonces," interrumpió Kenshin, "¿Esta noche borraste el recuerdo de la mujer del asesinato¿Y de mi?"

"Tomé más que eso," respondió Kaoru, volteando sus ojos cuando frescas lágrimas amenazaban caer de sus ojos, "Tomé el recuerdo de ella teniendo un hijo llamado Sohma Yuki. Ella despertará y no sabrá quién es el niño a su lado. No tendrá recuerdo de tener un hijo."

"¿Cómo puedes hacerlo?" preguntó Kenshin, "¿Tomar los recuerdos de alguien sin su permiso?"

Kaoru encontró los ojos de Kenshin. "¿Tú pides permiso cuando asesinas a alguien?"

"Eso es diferente," dijo Kenshin, su tono enojado, "Hago eso por una razón. Pero no es justo para ti tomar los recuerdos de las personas - tal vez quieran conservar esos recuerdos. Tal vez esos recuerdo podrían darles alegría algún día."

Una incrédula sonrisa destelló en los rasgos de Kaoru brevemente.

"¿Sabías que Sohma Yuki le dio un ramillete de margaritas a una niña que era abusada por su padre?" preguntó Kaoru, su tono divertido.

Kenshin movió su cabeza levemente en respuesta.

"¿Sabías que sacó puras A en sexto grado?"

De nuevo un leve movimiento de la cabeza.

"¿Nunca piensas en las vidas que tomas?" preguntó Kaoru, su tranquilo tono se volvió molesto, "¿Y en las personas para quienes son especiales?"

"No," respondió Kenshin simplemente, "Son sacrificios por un mejor Kyoto. Contrario a lo que puedas pensar, no mato por diversión. Nunca he matado porque sienta que me guste."

Ella levantó la mirada, sus ojos azules otra vez se llenaron de lágrimas. "¿Entonces piensas que hubiera sido mejor dejarla conservar los recuerdos de su condenado hijo¿Con sólo el consuelo de que su pérdida era por un mejor Kyoto?"

"Pero nadie lo recordará," protestó Kenshin calmadamente.

"Yo lo recuerdo," anunció Kaoru, rehusándose a desviar la mirada del asesino mientras lagrimas bajaban otra vez por sus mejillas, "Recuerdo el día que nació. Recuerdo la primera vez que usó su habilidad - para tomar la memoria de una chica que estaba llorando pero no le dijo por qué. Recuerdo el primer dibujo que le dio a su madre. Recuerdo la forma en que le sonrió con ojos inocentes a su madre y le dijo que la amaba."

Kaoru sonrió levemente a través de sus frescas lágrimas, bajando su cabeza y mirando su regazo. "Yo no iba a ayudarte. No iba a hacer lo que querías - aún si me matabas. Pero cuando vi el rostro de esa mujer - supe que no podía dejarla vivir con la pena. Así que la tomé - todo de ella."

Los ojos de Kenshin se abrieron cuando notó la extensión de su habilidad - y de sus acciones. "¿Por qué te harías eso?" preguntó él, genuina curiosidad entró en su frío tono.

Kaoru levantó la mirada de sus ensangrentadas manos. Sus húmedos ojos azules encontraron los duros ámbar suyos. "Reparación," respondió ella con una triste sonrisa, "Como reparación por no ser capaz de detenerte de tomar lo más importante para ella, soportaré su pena por el resto de mi vida."

El silencio que siguió su calmada declaración colgaba como una gruesa sábana sobre ambos. Ninguno se molestó en moverse. En vez, Kaoru miró a Kenshin y él la miró - ella, sentada derecha con sus piernas debajo y con su ensangrentado abrigo a su alrededor, y él, estirado pero tenso como un alambre al otro lado de ella.

"¿Y tú?" Kaoru se aventuró a preguntar suavemente, "¿Cuál es tu reparación?"

Kenshin encontró su calmada mirada azul con la propia dura mirada dorada. Su respuesta fue vociferada sin vacilar - en una tensa y apretada voz.

"Continuaré viviendo."

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Fin del capítulo 7, continuará!

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Quiero agradecer especialmente a Caro-san, Adris-chan y a Meg-ek, que estuvieron dandome todo el apoyo que necesitaba en mis picos de tristeza. ¡Gracias chicas, las quiero mucho!

O.o Kaoru-chan o.O