La noche era tibia y unas suaves gotas cubrían el asfalto, un sonido continuo y acompasado resonaba en su cabeza.

Pronto amanecería y debía encontrar un refugio antes de que eso ocurriese sin embargo una parte de el, se lo impedía, quería saborear, ese instante, en que sentiría por unos escasos segundos la luz del sol acariciando su piel seguido de aquel intenso dolor indescriptible que acababa haciéndole huir contra su voluntad, podría decirse que era un placer morboso al que se entregaba.

Gaara estaría preocupado por el, mientras Sai simplemente atendería a su cuaderno interrumpiendo dicha tarea de vez en cuando, para calmar a su compañero.

Un suspiro escapo de sus labios, ellos no merecían lo que les estaba haciendo, y sin embargo seguían a su lado después de haberles rechazado miles de vez, eran tantas que ya no podría contarlas aunque esa hubiera sido su voluntad.

Un carcajada medio contenida escapo de sus labios, seguida de una mueca de disgusto evidente, aquella noche debía regresar pronto, desde que mato a Orochimaru, los de Akatsuki le vigilaban de cerca y acechaban a su nuevo clan, si así podía llamarse.

Aun sentía las lágrimas de su queridísima hermana quemando sus mejillas y su cuello. Cuando les abandono a todos, partió lejos, lejos del dolor, o eso creía pero es difícil huir de algo que llevas a cuestas.

Un chico alto y pálido esperaba paciente bajo un puente a que dejara de llover, el joven pintor, algo decepcionado observaba como la gente paseaba debajo de su paraguas, ya hacia días que se sentía observado, no sabia que intenciones guardaba aquel individuo que le acechaba constantemente.

La lluvia cesaba y con un periódico como paraguas atravesó rápidamente la avenida para meterse en una estrecha callejuela.

Un par de chicos de unos 27 años aproximadamente, acechaban al joven que aterrorizado intentaba huir. Sus pasos resonaban vacilantes en la oscuridad, una risa sorda le perseguía en el callejón;

La inmensa ciudad resplandecía igual que una joya a los ojos de aquel recién nacido por segundo vez, sus manos se extendían cubiertas de sangre.

Hacia apenas unas horas que le habían convertido un pequeño clan, todos habían sucumbido a su rabia y desesperación, más tarde conciente de sus actos había huido del lugar, chocando con hombres y mujeres que apenas alcanzaban a verle pasar.

Sus pies tropezaban, corría por una pequeña calle cuando vio a un par de vampiros acechando a un joven algo pálido y moreno. Su presencia ahuyento a los agresores, que al percibir la condición de su adversario decidieron poner tierra de por medio.

El chico estupefacto le observaba, su rostro no mostraba emoción alguna, en un instante se acerco al pelirrojo, pidiéndole que le acompañara.

Tomándole del brazo lo condujo a lo que parecía un viejo edificio, sus paredes algo gastadas dejaban entrever su esplendor pasado. Subieron al piso del chico el cual se presento por el nombre de Sai, el pelirrojo apenas dijo nada y se dejo llevar por aquel individuo que parecía no tenerle ningún miedo.

La luz del sol alumbraba aquel lugar donde horas antes había permanecido el rubio.

Cerca de la estación el mismo chico descansaba en un pequeño apartamento propiedad de su compañera Sakura, la chica que por cierto tanbien era un vampiro le había tenido que llevar medio inconciente a su departamento. Algo molesta intentaba reanimar a su compañero, a diferencia de el o cualquier otro vampiro que Naruto conociera, Sakura no necesitaba alimentarse de ningún ser vivo y le bastaba con alguna bolsa de sangre que birlaba del hospital en el que trabajaba, se decía que era un cirujano extraordinario y que no tenia igual en su campo.

Sin duda ella era su mayor confidente, llevaban juntos un siglo desde que se conocieron en aquel incidente que le hubiera costado la vida si ella no hubiera estado allí.

A quella extraña chica formaba parte de su grupo al cual habían llamado kyubi, aunque no se sabia exactamente ni como ni porque llevaban aquel nombre. Aunque algo ridículo se había ganado una reputación, y la mayoría de vampiros evitaban enfrentarse a ninguno de sus componentes, cinco en total. Todos poseían cualidades extraordinarias y fuera de lo común.

Cuando por fin despertó Sakura ya había marchado, encima de la mesa había una nota, en ella especificaba que esperara a que volviera, que había una emergencia en el hospital y que volvería enseguida, y pobre de el que se marchara porque le iba a dar la paliza de su vida.

Un escalofrió recorrió su cuerpo solo de imaginar a su compañera arreándole de lo lindo.

Mientras esperaba pensaba en que escusa les daría a sus compañeros Garra, Sai y Shikamaru. Ellos compartían piso desde casi sesenta años lo cual era muchísimo, el único clan que llevaban tanto tiempo juntos eran los de Akatsuki, por lo menos, que el supiera.

En la pequeña habitación, Garra confuso intentaba apartarse del chico el cuál intentaba convencerle para que le hiciera de modelo. La situación era extremadamente tensa, el pelirrojo acababa de convertirse en vampiro y sus instintos más inestables que el de cualquier vampiro joven parecían jugarle una mala pasada. En unos segundos Sai estaba tendido en el suelo cubierto de sangre, las manos del vampiro temblaban, en un acto reflejo cargo el cuerpo el cual convulsionaba violentamente y lo abandono en medio de un callejón. Unos pasos se detuvieron frente al cuerpo del moreno, cuidadosamente cargo con el cuerpo y lo llevo a su departamento, el joven rubio intento curar las heridas con su propia sangre pero no tubo más remedio que convertirlo si quería que el moreno viviera. No sabía la razón que le había impulsado a salvarle pero tampoco estaba dispuesto a planteársela.

Naruto contemplaba al chico, ya completamente limpio de cualquier rastro de sangre o herida, la verdad es que esperaba una reacción violenta, pero Sai, parecía demasiado emocionado contemplándolo todo, a cada instante hacia nuevos bocetos en su pequeño cuaderno y parecía estar encantado. Había hecho ya barios bocetos del rubio el cual lo miraba algo avergonzado.