Hola a todas. Este capítulo es ridículamente corto, y ni siquiera me gusta; así que mis disculpas por adelantado por presentaros esta birria. En mi defensa tengo que decir que el próximo está listo así que lo subiré muy pronto, y también que es más entretenido que este.

Supongo que podría añadir este fragmento al capítulo siguiente pero prefiero publicarlo así, aunque me arriesgue a recibir algunos tomatazos. El motivo es que soy una persona maniática hasta el extremo. Esta historia lleva mucho tiempo conmigo y me he acostumbrado a pensar en el capítulo 9 como el 9, y en el 11 como el 11. Cambiarles los números a estas alturas me resultaría raro así que prefiero dejarlo como estaba.

Bueno, no sé si me habréis entendido pero por lo menos ahora podéis confirmar lo que ya sospechabais: que mi cerebro funciona de una forma muy extraña. Al menos lo tengo asumido.

A este paso la presentación será más larga que el propio capítulo. A las que dejaron rr sin estar registradas les contesto ahora mismo, el resto podéis pasar directamente a leer y así recibiré antes mis tomatazos.

Abril: Esta discusión es solo una de tantas, personalmente creo que la del capítulo cuatro fue peor, lo menos en la floristería nadie desenvainó su varita. Pero como me encanta tenerles discutiendo prepárate para alguna más. Con lo de las flores tienes razón: era un bonito detalle. Lástima que Hermione no quiera nada que provenga de un exmortífago. Buscando el lado positivo, por verle alguno, supongo que Silvia puede volver a venderlas...

Kikio potter evans: Siento decepcionarte pero Hermione no tomará las flores y tampoco empezará a olvidar tan fácilmente. XD lleva diez años intentándolo sin resultado, no puede curarse del trauma así de sopetón. ¿Quieres que se acerque a Draco? Lo hará, te lo aseguro, pero tengo que pedirte un poco de paciencia, si se acerca demasiado igual descubre que le gusta y se nos acaba el fic en un suspiro.

AlexiaCullenBlack: Que alegría que aquí si podamos hablar. Me encanta conocer a la gente que me lee y poder cambiar impresiones. No sé cuando podré actualizar en Potterfics pero estás de enhorabuena porque aunque debería dar prioridad a terminar mi otra historia mis musas son caprichosas y me pusieron a trabajar escribiendo el próximo capítulo de Reencuentro. Aún no está listo pero cuando lo tenga deparará algunas sorpresas.

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CAPÍTULO 7: El pacto

Al lunes siguiente Hermione entró con paso firme en el despacho del embajador a primera hora de la mañana. Llevaba todo el fin de semana pensando en lo que Malfoy había dicho en la floristería y ya tenía una respuesta que darle.

Nada más entrar comprobó que lo primero que Draco hiciera nada más instalarse fue colgar una diana en una de las paredes y estaba lanzando dardos con cara de concentración. Hermione resopló, ahora entendía su insistencia en que se quedase, sin Pete allí alguien tendría que sacar el trabajo adelante y todo indicaba que él no tenía intención de ser ese alguien. No le sorprendía en absoluto que se dedicara a jugar cuando debería estar trabajando aunque si le extrañó que hubiese elegido un pasatiempo muggle. Dirigió una mirada a la diana, sintiendo curiosidad por comprobar si su puntería sería tan certera con los dardos como con las palabras. Parecía que sí. Recordando porque estaba allí Hermione se encaró con él.

- Aceptaré quedarme con una condición – propuso con tanta gravedad que sonó a ultimátum.

- Buenos días a ti también, Granger – saludó Draco con voz alegre dejando de jugar a los dardos. Si venía a negociar significaba que se quedaría.

A Hermione le extrañó verle tan jovial, o Malfoy ya no estaba enfadado por su última discusión o lo disimulaba perfectamente.

- Por cierto, si te quedas tendremos que mejorar tus modales – dijo Draco meneando la cabeza en signo de reprobación. - ¿Diez años de carrera diplomática y todavía entras en los despachos sin saludar?

Hermione le miró malhumorada mientras se cruzaba de brazos y Draco advirtió el peligro.

- También tendré que trabajar para mejorar tu sentido del humor – dijo resignado. - Tú dirás, - añadió en tono conciliador, aunque en sus ojos brillaba una mirada canalla – pero sea cual sea tu condición te advierto que mi escultural y atlético cuerpo no entra en el trato.

- Muy gracioso, Malfoy. No hagas que me arrepienta.

Captando la amenaza Malfoy guardó silencio, alzó las cejas y la invitó a hablar con un gesto de su mano. Hermione le miró fijamente y se puso muy tiesa antes de recitar su frase de un tirón.

- Tendremos que empezar desde cero. No hablaremos de Hogwarts, ni de nada de lo que sucedió en esos años. Ni de nadie. Será como si acabáramos de conocernos.

Se quedó muda esperando su reacción.

- De acuerdo – aceptó Draco con seriedad, encantado de no tener que oír constantemente que había luchado en el bando equivocado durante la guerra.

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A las pocas semanas Hermione estaba instalada de nuevo en su habitual rutina. Más o menos. Al final Draco no estaba vagueando tanto como ella esperaba aunque por culpa de su falta de experiencia se veía obligado a apoyarse mucho en ella. Aprendía rápido pero discutían con bastante frecuencia, al margen de eso los dos respetaban el pacto y eso hacía que la convivencia fuera aceptable. Al menos de momento.

Pero para Hermione las cosas no acababan de marchar como antes, que Malfoy respetara su trato era de mucha ayuda para evitar escenas desagradables pero interiormente ella no podía engañarse. Su proximidad la transportaba a una etapa de recuerdos antiguos e inevitablemente esos recuerdos estaban relacionados con Ron y Harry.

Al principio se le hizo muy difícil, le resultaba muy doloroso porque implicaba desenterrar sentimientos que llevaban ocultos demasiado tiempo pero después fue descubriendo que no siempre eran malos recuerdos, de la época de la guerra. Muchas veces eran recuerdos agradables de sus primeros años en Hogwarts. En cierta medida empezó a reconciliarse con una parte de su pasado y un día se sorprendió a sí misma buscando antiguas fotos que fueron saliendo poco a poco de su largo destierro en los cajones para volver a ocupar un sitio en su salita, junto a las largas hileras de libros que cubrían los estantes.

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Por su parte Draco no recordaba la última vez que se sintiera tan satisfecho. Le gustaba su trabajo, por fin tenía algo productivo en lo que mantenerse ocupado y la sensación de sentirse útil le resultaba reconfortante, aunque la eficiencia de Granger le recordara constantemente que ella lo hacía todo mejor.

No es que entorpeciera o boicoteara su trabajo, al contrario, le resultaba de mucha ayuda y resolvía cualquier duda o problema con habilidad y diligencia, pero cuando estaba con ella se sentía como si le pusiera constantemente a prueba, como si todavía estuviera en el colegio y fuera constantemente observado por el más exigente de los profesores.

Su espíritu competitivo le incentivó para aprender a desenvolverse más rápido, quería tomar las riendas de la embajada cuanto antes, al fin y al cabo el embajador era él. De momento la necesitaba pero en cuanto estuviera un poco más rodado podría enseñarle a la sabelotodo quien era el jefe.

Mientras tanto se divertía sacándola de quicio, era tan previsible… sabía exactamente lo que decir para molestarla lo suficiente sin llegar a tensar demasiado la situación, aprendía de sus errores y respetaba el trato escrupulosamente aunque le parecía un poco ridículo. Puede que no hablaran del pasado pero no era cierto que empezaran desde cero, los dos llevaban con ellos un bagaje del que no resultaba tan fácil desprenderse, lo dijeran abiertamente o no él siempre sería para ella un exmortífago, un antiguo enemigo, y ella para él una insufrible leona que se dejaba la piel en ser la mejor para poder restregárselo a los demás. Aguantarla era peor que sufrir un dolor de muelas. Todavía la recordaba en el colegio, levantando la mano antes de que los profesores terminaran de formular las preguntas, en ese aspecto no había cambiado nada. De todas formas por muy ridículas que le parecieran sus condiciones a él también le resultaban ventajosas y eran un precio muy bajo a cambio de que se quedase.

Era consciente de que su comportamiento resultaba inmaduro e infantil pero saboreaba su pequeña y dulce venganza por todas las humillaciones que ella le perpetrara en el pasado y también servía para bajarle esos aires de superioridad que a veces se gastaba. Además le mantenía entretenido y en ese momento era a lo único que aspiraba.

Durante un tiempo se sintiera terriblemente solo.

Esa fuera una de las razones por las que dedicara tanto esfuerzo en buscar a su hermana. Para ella y para su madre fue una revelación que él las encontrara. Ayudó a Claire a comprender quien era, a no sentirse desplazada o diferente y a integrarse en el mundo mágico, y a su madre a reconciliarse en cierta medida con aquella hija a la no comprendía y a la que ni siquiera podía explicarle quien era su padre. Al conocer la verdad sintió mucha rabia contra el padre de su hija y contra todo lo que estuviera directa o indirectamente relacionado con la magia, pero a la vez se liberó del sentimiento de culpa y de la desconfianza que desde entonces todos los hombres le inspiraban y tiempo después incluso fue capaz de rehacer su vida con otro muggle.

Para Draco conocer a Claire fue lo mejor que le sucediera nunca. Ella llegó a su vida cuando no tenía a nadie, cuando todos le dieran la espalda después de su encierro en Azkaban. La admiración con la que miraba asombrada a su hermano mayor le ayudó a recuperar su orgullo y le sacó de su letargo, sirviendo de incentivo para recuperar el buen nombre de los Malfoy. Nadie volvería a murmurar a sus espaldas.

Pero cuando lo consiguió tampoco eso le dejó satisfecho.

Sin familia, sin amigos, cuando era más joven se divertía pasando constantemente de los brazos de una amante a la siguiente, no podía resistirse al encanto de una mujer atractiva, pero después de unos años había perdido el interés en su particular colección. Empezó a buscar una compañera, ya no se conformaba con el atractivo, procuraba la compañía de mujeres inteligentes y sofisticadas pero por alguna razón no acababa de conectar con ninguna. Estaba acostumbrado a tener todo lo que deseaba y el hecho de ninguna de sus relaciones cuajara le resultaba frustrante. Harto de fracasos dejó de buscar y volvió a las mujeres tipo Vivian aunque nunca duraban demasiado. Ahora ni siquiera intentaba engañarse creyendo que alguna de ellas pudiera llenar su vacío porque ya había aceptado que siempre estaría solo. Para alguien que había crecido creyendo que el sentimentalismo era una forma de debilidad no resultaba tan duro como para los demás, no se podía echar de menos lo que no había tenido nunca pero a pesar de todo algo en su interior se revolvía contra esta idea y seguía empujándole a internarse en una espiral de continuas relaciones que al poco tiempo le dejaban hastiado y aburrido.

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Los rr serán bienvenidos aunque incluyan tomatazos o lleguen vía vociferador...

Mi agradecimiento a todos mis lectores, en especial a "mis chicas" por sus rr: Zashi, elhora, Rebeca Gª Rodríguez, jos Black, kikio potter evans, AlexiaCullenBlack, Zelawyn, luna-maga, margara, beautifly92, Psychofee, aridenere, Abril, evibaldwin, alastor82 y Catuhh. Creo que no se me olvida nadie, y si es así mis disculpas y, por favor, que la susodicha se considere también saludada.

Ya sabéis, el siguiente capítulo no tardará mucho. Prometido.