Capítulo 7: "Una Buena Razón"
H:
Bueno, vosotras esperadme en la puerta mientras que aparco el
coche.
Ka: ¿Nos vas a acompañar?
H: Claro, alguien tendrá
que llevar las bolsas, ¿no? –Las dos sonríen-. Además, quiero
comprarme unas deportivas nuevas.
Las tres nos bajamos del coche y observamos a Harm desparecer, buscando una plaza libre para aparcar. Mientras tanto, nosotras caminamos hasta la entrada y, cuando llegamos, Kate y Harriet me sonríen.
Ka:
¿Qué te ha parecido?
M: ¿Quién? –Creo que me voy a hacer la
tonta-.
Ha: ¿Quien va a ser? Harm.
M: Es agradable. –Me
miran mostrándome que no se lo creen y decido añadir algo más-. Y
parece simpático.
Ka: Te gusta. –Suelta ella, muy convencida-.
¿Tú qué crees, Harriet?
Ha: Opino lo mismo que tú.
M: ¿Por
qué estáis tan seguras?
Ka: Porque con tu pregunta, nos lo
acabas de confirmar. –Ambas me sonríen-. Tranquila, tu secreto
está a salvo con nosotras.
H: ¿Qué secreto? –Nos pregunta, en
un tono divertido-.
Ha: Nada. Cosas de chicas. –"Y
no te atrevas a intentar sacármelo leyendo mi mente"-.
H:
Está bien… Por hoy, lo dejaré pasar. –Señala a la puerta-.
¿Entramos?
Ka: Si. ¿A dónde vamos primero? ¿A la tienda de
zapatos?
Ha: Casi que mejor que cada uno vaya por su lado y
quedamos aquí dentro de una hora. ¿Qué os parece?
Ka: A mí me
parece bien. Harriet y yo vamos a Zara. ¿Te vienes, Mac? –Los tres
me miran a mí-.
M: Si no os importa, prefiero ir con Harm a la
tienda de zapatos. Quiero comprarme algunos pares nuevos. –Sonrío
y miro a Harm, que parece sorprendido por mi elección-. ¿Te
molesta?
H: No, para nada. Por lo menos alguien me acompaña. –Se
gira a sus hermanas-. De acuerdo. Entonces, hasta dentro de una hora.
Vemos a Kate y a Harriet alejarse de nosotros hacia el lado izquierdo del centro comercial y desaparecer en una de las tiendas. Harm se gira hacia mí y me tiende su brazo. Dudo por unos segundos y antes de que lo retire, me agarro a él, mientras le susurro un 'gracias'.
(P.V. de Harm)
Caminamos lentamente por los pasillos de la gran superficie, observando a la gente pasar a nuestro lado. Aún no puedo creer que quiera acompañarme a mí antes que a mis hermanas. Creo que lo de comprarse unos zapatos es solo una escusa. La noto un poco nerviosas y pensativa.
H:
¿Te pasa algo, Mac?
M: No, es solo que… quiero preguntarte algo
y no sé como hacerlo.
H: Si quieres podemos ir a algún más
tranquilo. –Ella asiente y la guío al único lugar donde no hay
tanta gente, la escalera de emergencia-. Aquí estaremos solos.
M:
Verás, puede parecerte un poco extraño pero… cuando me miras
siento que ya te conozco desde hace semanas. –Suspira-. Hay
alguien, no sé quién es, que me vigila por las noches. Entra en mi
apartamento y me observa mientras duermo.
H: ¿Por qué me cuentas
esto? –Tengo la sensación de que ella piensa que soy yo el que la
vigila, pero por más que lo intento no puedo leerle la mente. Si me
pregunta abiertamente, no lo negaré-.
M: Porque cuando tú me
miras siento lo mismo que cuando lo hace el que se cuela en mi
apartamento. No te lo tomes a mal, pero creo que ese alguien eres
tú.
H: ¿Desde cuándo crees eso?
M: Desde cuando me miraste
esta mañana, en el JAG. –Prefiero no contestarla, así que pienso
rápidamente una forma para cambiar de tema-.
H: Hay una vista muy
bonita desde aquí.
M: Si, preciosa. –Suspira-. ¿Me vas a
responder? –Bueno, al menos lo intenté-.
H: ¿Qué harías si
te dijera la verdad?
M: No saldría corriendo a la comisaría más
cercana, si es lo que te preocupa. –Me sonríe y cojo aire, para
darme fuerzas-.
H: Si, soy yo. –suelto el aire. Bueno, ya tiene
la verdad-.
M: No me lo creo. Lo dices solo para que deje el tema.
–Saco de mi bolsillo el trozo de papel que me escribió y se lo
enseño-. De verdad eres tú. –Susurra-.
H: Hay una buena razón
por la que te observo por las noches.
M: ¿Cuál es?
H: Aquí
no puedo decírtelo. Tendrás que esperar a que lleguemos a nuestro
edificio. –La vuelvo a tender mi brazo y ella se abraza a él, como
si nada hubiera pasado-. ¿No tienes miedo de que pueda hacerte algo?
–Le pregunto, sorprendido-.
M: Soy una marine, ¿recuerdas? –Me
sonríe. Si supiera que eso no la serviría de mucho contra mí,
seguramente si tendría miedo-.
H: Entonces, procuraré no
enfadarte.
M: Haces bien, piloto. Haces muy bien en no enfadarme.
Los dos nos reímos y caminamos hasta la zapatería. El ambiente era verdaderamente agradable a nuestro alrededor. No me sentí nunca tan bien con nadie. Estaba feliz porque Mac hubiese preferido venir conmigo en lugar de ir con mis hermanas, y el simple hecho de que hubiese sido tan sincera conmigo, me fascinó.
De
mi ensimismamiento me sacaron los pensamientos de una de las
dependientas de la tienda. Todos iban dirigidos hacia nosotros y yo
solo podía sonreír aún más cuando los leía.
"¡Qué
envidia me da! Seguro que ella es su novia. ¡Qué pena!"
Y entonces, pasó lo inevitable. Una de las chicas comenzó una charla con su compañera y, por la expresión que Mac tenía en su cara, creo que ella también las escuchaba.
D1:
¿Has visto a esa pareja de ahí? –Le decía, en voz baja-.
D2:
Si. ¡Qué guapos son! La verdad es que hacen muy buena pareja.
D1:
Ya, él está como un queso.
D2: ¡Qué envidia! Quien pudiera
encontrar un hombre así.
D1: ¡Qué suerte tiene!
Ellas seguían hablando y yo dirigí mi mirada a Mac, la cual estaba más colorada que un tomate. Viendo que no se decidía cual par de zapatos comprar, decidí intervenir.
H:
Los vas a desgastar su los sigues mirando así, Mac. –Me
sonríe-.
M: No se cual llevarme. El presupuesto no me da para los
dos.
H: Tengo una solución. –Me mira, incrédula-. Tu pagas uno
y lo te compro el otro.
M: No puedo aceptarlo. –Me contesta,
después de pensarlo por un momento-.
H: ¿Por qué no?
Considéralo como un regalo. –Va a protestar otra vez pero, antes
de que lo haga, llamo a la dependienta-. ¡Señorita!
D2: Dígame.
–Nos sonríe-.
H: Nos llevamos el par de deportivas y los dos
pares de la señorita. ¿Me cobra las mías y los de tacón rojo?
D2:
Como usted quiera, señor. –Coge los pares y los lleva al
mostrador-.
M: Muchas gracias, Harm.
H: ¡Va! No es nada. –La
sonrío-. ¿Ves como era buena idea?
M: Tenías razón. –Me da
un beso en la mejilla-. Pero, de todas formas, gracias.
