La habitación estaba presidida por un gigantesco ventanal con vistas a un jardín cuidado con una fuente muy ornamentada en el centro. La luz de la luna brillaba con fuerza sobre el agua cristalina de la fuente y atravesaba la lluvia artificial que creaban sus chorros, formando hermosos arcoíris que se solapaban unos encima de otros, pero con tonos muy oscuros y apenas visibles. Los rosales que recorrían la circunferencia de la fuente resplandecían gracias al roció propiciado por la humedad reinante.

Sin embargo nadie prestaba atención a ese despliegue natural de belleza. En la habitación, iluminada con el resplandor plateado de la Luna, solo hay una persona. Aunque el termino criatura se acerca más a la verdad. Un Dementor se desliza entre los muebles sin hacer un solo ruido. Un leve siseo demuestra que respira, olisqueando el ambiente. La madera de la chimenea cruje hasta romperse, hace unos minutos había un poderoso fuego crepitando pero la presencia del Dementor enfrió tanto el aire que la madera se congelo a pesar de estar siendo consumida por las llamas. Ahora se rompe lentamente a más fría se vuelve hasta convertirse en un amasijo de cristales de serrín.

Los Dementores no son seres expresivos, con una apariencia cercana a un alma en pena nadie ha sido capaz de descifrar si son capaces de tener emociones o por el contrario son simplemente animales instintivos. Sin embargo ahora se siente el enfado y la impaciencia en el ambiente, como si el Dementor a falta de voz usara las propias emociones para comunicarse de forma involuntaria.

Una puerta al fondo de la habitación se abre de golpe y el Dementor se vuelve a su anfitrión. Un hombre alto, de ojos rojos, y fisionomía esquelética, le mira con una sonrisa siniestra. Voldemort caminó sin prisa por la habitación. Se regocijó en la exasperación que transmitía su invitado. Pocas veces podía disfrutar de tener un Dementor al que manejar y con el que jugar a su antojo.

Seres inexpresivos por naturaleza, pero en la presencia de Voldemort se turban incómodos. El Señor Tenebroso no puede sino sentirse halagado de surtir tal efecto en los Dementores, halagado y fascinado a la vez por esa reacción tan cercana al miedo en seres que son por definición: puro miedo.

Voldemort desvió sus ojos a la chimenea y observó cómo los leños se desintegraban poco a poco a causa del hielo producido por el dementor. Su varita surgió de entre los pliegues de su larga túnica y una llamarada azul celeste cubrió los troncos y volvió a encenderlos con un chisporroteo y una nube densa de vapor blanco.

El Dementor se alejó del fuego sin apartar la mirada de Voldemort que volvía a prestarle toda su atención. El mago se colocó justo delante del fuego haciendo casi imposible el poder mirarle directamente, incluso el propio dementor, que no tenía ojos, parecía no poder mirarle durante mucho tiempo.

—Espero que hayáis considerado seriamente mi invitación a uniros a mis filas. —La voz fría de Voldemort no causo ningún halo de neblina a pesar del ambiente helador. El Dementor se acercó rápidamente, levitando sobre los pocos muebles que había entre ambos.

Comenzó a girar alrededor de Voldemort, primero de forma lenta deslizando sus dedos putrefactos y llenos de pústulas por la túnica del mago. Luego más rápido, su respiración se aceleró, parecía una tos seca y desagradable. Un segundo y salió volando hasta el ventanal donde se paró. Colocó su mano descarnada sobre el cristal. Una telaraña de hielo se extendió rápidamente por el cristal donde extraños dibujos comenzaron a definirse usando la opacidad variable del propio hielo.

Voldemort mostró sus dientes blancos y perfectos, sus ojos destilaban satisfacción y crueldad. En tres minutos el enorme ventanal se había convertido en un letrero de hielo. Había que entender el lenguaje primitivo al que funcionaban los dementores, algo que Voldemort dominaba desde hacía años gracias a una serie de libros robados de Hogwarts. La traducción más cercana a un idioma entendible sería: "Nosotros obedeceremos. Nosotros lucharemos bajo tu mando. Ordena, señala y nuestra hambre consumirá a vuestros enemigos. Déjanos consumir cuanto queramos y seremos fieles."

—Perfecto. —siseó Voldemort, cavilando ya sobre su nueva incorporación a la causa. —Infestar Londres, quiero que hundáis esa ciudad en la amargura de la soledad y la tristeza infinita. Consumir toda la felicidad y esperanza de la ciudad. Hacerlo y muy pronto podréis alimentaros del mundo.

El cristal reventó hacia fuera con la última silaba de Voldemort. El Dementor se escabulló en la noche hasta no dejar rastro. Pronto compartiría las nuevas órdenes con el resto de sus congéneres. Voldemort observó el jardín durante unos segundos antes de reparar mágicamente la ventana. Se sentía poderoso, siempre se sentía así pero en ese momento la sensación de tener una fuerza de la naturaleza bajo su control era indescriptible y satisfactoria.

Pero otros asuntos más importantes y apremiantes le llamaban. Algo que debía hacer antes de que fuera demasiado tarde. Pero algo le decía que ya era demasiado tarde. Dio un latigazo con la varita y las puertas se abrieron de par en par dejándole pasar, para después cerrarse de un portazo. Vio colgando del techo a uno de sus mortifagos. Su túnica le tapaba la cara y solo unos murmullos se escuchaban bajo la tela.

Voldemort se puso justo frente al mortifago y agarró con fuerza la túnica, tirando de ella hasta arrancarla y arrojarla a una esquina. Barty Crouch Jr. le miraba con los ojos llorosos y saltones. Tenía la boca amordazada con su propia varita atada a una cuerda.

—Eres una decepción. Esperaba grandes cosas de un chico con un padre tan importante. Sin embargo me has fallado en la primera misión que te encomiendo. —Voldemort empezó a caminar en círculos cogiendo la varita de Barty para que él girase ingrávido y siguiera mirándole. — ¿Sabes el esfuerzo que he dedicado en las últimas horas para evitar que te llevarán a Azkaban? He perdido a dos mortifagos, no eran una maravilla pero cumplían órdenes. No como tú. —Las fosas nasales de Voldemort se ensancharon y su rostro se tenso, tratando de impedir que la ira le contagiase. — Tú tarea era sencilla. Confirmar que los Longbottom vivían en esa calle. Y me fallaste. —Barty se revolvió tratando de hablar. Voldemort tiró de la varita hasta romperla. Barty gritó de dolor mientras la boca le sangraba y humeaba. Los pedazos de la varita cayeron al suelo con un rastro de humo plateado y chispas amarillas.

—Mi señor, Alastor Moody estaba esperándome. No fue…—Un nuevo gritó de angustia evito que Barty terminara la frase. La varita de Voldemort se clavaba en el costado desnudo de Barty, el cual no tardó en empezar a desprenderse como si su piel fuera pergamino quemado.

—No me gustan las escusas, Barty. Si he evitado tú encarcelamiento no es más que simple beneficio. Mi beneficio. Aun puedes ser útil y bajo ningún concepto permitiría que los aurores te interrogaran. Bastante daño has hecho ya dejándote atrapar en esa calle por ese carcamal. —Voldemort miró arriba y agito la varita haciendo que Barty se golpeara la cabeza cuando dejo de flotar.

—Mi señor. Gracias, mi señor. —exclamó Barty arrastrándose para besar los zapatos de Voldemort. El señor Tenebroso le pateó la cara con fuerza hasta romperle la nariz.

—Tu castigo aun no ha terminado, inútil. —siseó con furia Voldemort mientras se alejaba asqueado de la tos sanguinolenta del mortifago. — Déjame presentarte a una nueva amiga que encontré en un viaje reciente. —Una sonrisa burlona mostró todos sus dientes afilados. Meció con ternura la varita para abrir una ventana del jardín y luego de forma enérgica izó a Barty para que se pusiera en pie. El joven se agarraba con una mano el pecho y con la otra la nariz mientras hacía equilibrios para que su pierna mala no le hiciera caer.

La ventana abierta dejaba entrar el rítmico trinar de los grillos y algo mucho más terrorífico. Barty contempló estupefacto como una colosal serpiente multicolor se deslizaba por el borde de la ventana. Sacaba la lengua lentamente, como si disfrutara del olor y lo catase como un buen vino. Sus ojos verdes, separados por dos rendijas negras le clavaban la mirada a Barty con voracidad.

—Esta es Nagini. Ha resultado ser mucho mejor mortifago que la mayoría de serviles gusanos que trabajáis para mí. Y estoy tentado de otorgarle tu carne y tu sangre como premio. Muy tentado, tengo muy presente que podrías volver a suponerme un dolor de cabeza y no puedo tolerar eso. Pero ahora estoy compasivo. Logra dar cinco pasos cojeando sobre la pierna derecha sin caerte y Nagini tendrá que alimentarse de algún ratón. —la serpiente bufó enojada. Se enrolló en sí misma y miró a Barty con expectación.

El joven sabía que no le quedaba otra salida. Tragó saliva intentando contener las lágrimas de dolor. Lentamente fue apoyando el pie derecho sobre el suelo. Cada nimio movimiento se convertía en una tortura, toda su pierna estaba agarrotada por las heridas sufridas y cuando apoyó toda la planta del pie se dio cuenta de lo difícil que sería dar un paso, no era capaz de imaginarse dar cinco saltos apoyándose únicamente en esa pierna fracturada. Sin embargo lo intentó.

Levantó la pierna sana y con impulsó dio un pequeño saltó. Al principio tuvo un destelló de esperanza cuando notó el dolor desaparecer ligeramente. Luego fue un descenso a los infiernos. El pie golpeo el suelo de madera, una ola arrasadora ascendió por la pierna. Era como recibir un latigazo que te obliga a tirarte al suelo, pero sabiendo que el mismo está cubierto de clavos y que caer significa desangrarse.

La sangre volvió a paladearse en su lengua, se había mordido la mejilla hasta arrancársela y apenas lo notaba. La mirada se le emborronó por las lágrimas pero no dudo en coger impulso de nuevo. Si caía o se desmayaba del dolor, todo el esfuerzo se iría en balde. El segundo salto fue peor que el primero. Sintió como el hueso se salía de su sitió por la fractura y le desgarraba la pierna. Volvió a saltar, esta vez el hueso salió atravesando la carne como un cuchillo oxidado y romo.

Barty gritó, gritó de tal forma que sus oídos solo captaban un agudo pitido y sus ojos solo veían sombras toscas sobre un fondo negro. Pero era capaz de imaginar la sonrisa burlona y satisfecha de Voldemort. En esos momentos se vio suplicando porque hubiera sido Bellatrix la que hubiera impartido su castigo. Habría sido más doloroso pero también se habría desmayado y no habría sentencia automática de muerte por eso.

Levantó el brazo y se lo mordió tratando de alejar el dolor. El olor metálico se mezclo con el salitre de sus lágrimas mientras se mezclaban ambos fluidos en su brazo, que estaba empezando a sangrar por su mordisco pero que Barty no sentía en absoluto. Otro saltó y casi cayó de bruces porque su pierna se sustentaba en el aire por culpa del hueso roto. Sin saber ya que hacía o porque lo hacía se agarró la punta de hueso que sobresalía y apretó con fuerza hacia el interior mientras saltaba una última vez.

Quedo anclado al suelo con el quinto impacto. Durante unos segundos dejo de sentir nada, solo sabía que había logrado sobrevivir a la prueba. Ni siquiera notó como el hueso de la pierna le había atravesado la mano. Empezó a reírse a carcajadas sin poder ni querer evitarlo. Cayó de rodillas cinco segundos después mientras se agarraba el estomago y se revolvía en una orgía de risas enloquecidas.

Voldemort sonrió satisfecho, algo que Nagini con compartía pues silbó con furia antes de salir de nuevo por la ventana.

—Acaba de ganarse una segunda oportunidad, Barty Crouch.