Sakura entró en el apartamento de Shaoran Li a las tres y media de la mañana. Su anfitrión encendió la luz del salón y la guió en silencio hacia la habitación de invitados. Sakura lo miraba todo con los ojos muy abiertos. Para ser un hombre soltero que vivía solo, estaba todo muy ordenado y muy limpio. No había nada de polvo en la mesa comedor ni en la televisión de plasma. Los libros de las estanterías de esa misma habitación estaban ordenados incluso por orden alfabético y autor. Una balda entera estaba compuesta de libros que trataban sobre arqueología, yacimientos, tumbas, efigies y mitología Egipcia. Había otra sección dedicada a la cultura japonesa, otra a la china y una última a la Antigüedad Clásica: Grecia y Roma. Era increíble todo lo que Shaoran tenía allí.
-Veo que te gusta leer-comentó Sakura, parándose frente a la sección egipcia.
-Sí-respondió Shaoran con sequedad.
-Mi padre era arqueólogo-prosiguió Sakura, sumida en sus recuerdos-. Era profesor en la Facultad de Historia y Arqueología. Le encantaba la cultura egipcia. Solía decir que los egipcios eran la sociedad más avanzada de la Antigüedad-Sakura sonrió, rememorando-. Cuando era pequeña, me contaba mil historias de sus viajes a Egipto, de sus excavaciones y de sus descubrimientos.
Shaoran se acercó a ella, asombrado.
-¿Era?-preguntó Shaoran con voz suave.
-Sí-el semblante de Sakura cambió y se tornó triste, y Shaoran se maldijo por dentro por haber cambiado su sonrisa nostálgica por una expresión de dolor y sufrimiento-. Desapareció durante una de sus investigaciones.
-Lo siento…-murmuró Shaoran, sin saber qué otra cosa decir- ¿Dónde…?
-En el Valle de los Reyes-Sakura le miró y sonrió, pero su sonrisa no llegó ni por asomo a sus ojos, cosa que molestó a Shaoran-. Estaba con su equipo tratando de desenterrar una nueva tumba cuando el techo de la entrada se desprendió. No hallaron su cuerpo ni el del resto del equipo que iba con él. Y como no había nada que repatriar, los dieron por desaparecidos.
-Joder…
Sakura se encogió de hombros y volvió a mirar los libros. Shaoran no le quitaba los ojos de encima, temiendo que se viniera abajo en cualquier momento. Así que ese era el motivo por el que trabajaba en el 'Vogue' con su hermano. Aun así, no comprendía por qué lo hacía en ese lugar y no en cualquier otra parte. Seguía habiendo muchos interrogantes en torno a Sakura y aquello la hacía más interesante a sus ojos. Era todo un enigma cómo podía sonreírle a todo el mundo cuando por dentro se estaba rompiendo en mil pedazos.
-Oye-la llamó Shaoran, que se sentía un estúpido por no saber qué hacer en esos momentos-, no deberías perder la esperanza-bajó la cabeza, avergonzado-. Aparecerá.
Sakura sonrió, conmovida y le puso una mano en el brazo. Shaoran alzó la mirada y abrió la boca. No se esperaba aquel contacto espontáneo. No era como el que él había provocado. Si no podía besarla, se había dicho en la sala de espera, al menos la tomaría de la mano y la tocaría todo el tiempo que ella quisiera. Por suerte, Sakura no se había desecho de su contacto y eso le había dado ánimos. No todo estaba tan perdido, ¿no?
-Eso ocurrió hace diez años, Li. No va a volver.
Shaoran frunció el ceño, molesto.
-¿Cómo eres capaz de contarme esto sin derramar una sola lágrima? ¿Cómo puedes sonreír así?-inquirió, agobiado. Quería hacer algo por ella, pero no sabía el qué.
Sakura se encogió de hombros sin borrar la sonrisa.
-Mi padre no querría que yo estuviera triste-respondió simplemente-. Y eso hago.
-Lo intentas-repuso Shaoran.
Ella solo cerró los ojos, sin responder.
-Haces creer a las personas que te rodean que estás bien, pero no es así-prosiguió Shaoran, consiguiendo que Sakura le mirase de nuevo, esta vez confusa y sin sonreír, ¿qué le estaba diciendo?-. No deberías hacer eso. Deberías dejar que las personas se preocupen por ti.
-Tú tampoco dejas que te cuiden, así que…
-Lo mío es diferente-negó Shaoran-. Y estamos hablando de ti, no de mí.
Sakura suspiró y bajó la cabeza, cansada.
-¿Qué quieres que te diga, Li? No puedo dejar que mi hermano se preocupe todo el tiempo por mí. No estaría bien que me cuidase siempre.
-¿Por qué no? Él ya se preocupa por ti sin que tú te des cuenta.
-Él tiene su vida. Tiene a Yukito. No es justo para él vivir siempre pendiente de su hermana pequeña.
Sakura se mordió el labio, sintiendo que las primeras lágrimas comenzaban a atosigarla. No quería llorar delante de Shaoran, no quería montarle un espectáculo que él no supiera manejar. Estaba claro que vivía controlándolo todo, sabiendo perfectamente qué hacer en cada momento y tener a una chica llorosa en su casa sin que él la hubiese invitado escapaba a todos sus planes. No, no debía molestarle más. Así que, cerrando los ojos con fuerza, retuvo las lágrimas y alzó la mirada con una nueva sonrisa.
-Estoy bien, Shaoran. Sé cuidarme.
Shaoran la observó con suspicacia. Ella pensaría que él no se había dado cuenta, pero había visto cómo su pecho se encogía mientras trataba de no derramar una sola lágrima. Sin apenas soportarlo, la tomó de la muñeca derecha y tiró de ella, recogiéndola entre sus brazos y enterrando la cabeza en su cuello. Sakura se quedó quieta, estupefacta, con los brazos a ambos lados del cuerpo.
-¿Qué…?-intentó decir Sakura.
-Todo irá bien-le susurró Shaoran al oído-. Ya lo verás.
Sakura asintió y esbozó una sonrisa tímida, pero feliz. Shaoran rompió el abrazo unos segundos después y, sin mirarla, la guió hasta su habitación, señalándole dónde estaba el baño y la cocina. Le entregó ropa que a él le quedaba pequeña y dejó que se cambiara.
Sakura se quitó la ropa mientras pensaba en el giro que habían dado los acontecimientos. De querer arrancarle la cabeza a su anfitrión a dejar que él la consolara por algo que nunca había superado. La había leído como un libro abierto y eso le daba que pensar. Tal vez era tan obvia como le decía Tomoyo en muchas ocasiones. No lo sabía a ciencia cierta, pero había descubierto el lado sensible de Shaoran. No había pretendido ablandarle con su pequeña historia ni mucho menos. Sin embargo, eso era lo que había conseguido y ahora se encontraba allí, en aquella enorme habitación pintada de amarillo claro, poniéndose la ropa de la última persona que esperaba que la ayudase.
Era irónico. Ella había ido allí a ocuparse de él, sintiéndose responsable por lo que le había pasado, y había sido el propio Shaoran quien había terminado por ayudarla a ella.
Cuando terminó de vestirse, se acercó a la puerta para abrirla, pero unos golpes en ella se adelantaron.
-Pasa-le invitó Sakura.
Shaoran abrió la puerta despacio y entró vestido con un pijama verde a rayas. Sonrojado, la vio vestida con su ropa: una camiseta blanca que le quedaba bastante ancha y larga y unos pantalones cortos de gimnasia negros.
-¿Estás cómoda?
-Sí-sonrió Sakura-. Gracias por la ropa. He dejado la mía en el escritorio-señaló a su espalda-, pero que no te moleste.
-No-negó Shaoran sin mirarla a los ojos-. Yo me voy a dormir ya. Buenas noches.
-Buenas noches-repondió Sakura.
Shaoran pareció que iba a decir algo, pero se lo pensó mejor y se fue por donde había venido, cerrando la puerta de la habitación de invitados tras él y dejando a Sakura riéndose por lo bajo. En realidad, Shaoran era alguien muy atento y muy tímido.
