Miraculous Ladybug no me pertenece en lo más mínimo, igualmente las historias Disney aquí parodiadas… solo son para mi pasatiempo y vuestro entretenimiento!
Capítulo 7: Solo estoy dormido.
Sintió el leve empujón que la llevaba fuera de la cabaña, hacia el frondoso bosque que la rodeaba. Lo primero que capto fue lo nítido que todo se veía, los intensos colores de la vegetación y el cielo; la suave brisa mañanera que traía consigo el olor a pino y flores. Además, estaba descalza. Las rocas del camino que pisaba con el pie izquierdo estaban frías y el césped le hacía cosquillas en la planta del pie derecho.
Miro hacia atrás, completamente descolocada. Vio a las tres ancianitas que la despedían con alegres y sospechosas sonrisas que decían claramente estamos tramando algo, no vuelvas muy pronto. Ella no conocía a esas mujeres, lo que la impulso a adentrase en el bosque a mayor velocidad.
¿Dónde estoy? Pensó, preocupada.
¡Al fin, estas consiente! Por decirlo de alguna forma dijo entusiasta la voz de Tikki en su cabeza.
Tikki ¿Qué paso?
¿No lo recuerdas?
Recordar. Bueno, ahora estaba en eso.
Las imágenes llegaron como un tren bala sin frenos a toda velocidad, causándole un pequeño dolor de cabeza. Recordó cuando estaba vestida en harapos limpiando el castillo de la reina malvada, luego cuando se subió con el príncipe Chat Noir a la alfombra voladora, cuando vio a Nightmare como la bruja del mar, llorando antes de que Lady Wifi le diera un cambio de look y, por último, su estadía en el castillo de la bestia.
¿Qué me paso? Pregunto, alarmada me olvide completamente de todo ¿Cómo sucedió eso?
No lo sé, supongo que el hechizo de Nightmare es demasiado fuerte y al no estar consiente te dejaste envolver por el otra vez respondió Tikki, sin perder la alegría lo que importa es que ahora recuerdas todo. Yo te ayudare a no perder el norte esta vez.
De acuerdo.
Ahora…
Lo sé, tengo que seguir la corriente interrumpió Marinette, cansinamente ¿me dices en que cuento estoy?
La Bella Durmiente.
¡AAAAAAAAAAH! Chillo mentalmente la joven amo ese cuento. Cuando Aurora baila con el príncipe y se enamoran, el vestido, el castillo…
La rueca.
La cara de Marinette se contrajo en una mueca de desagrado, esa parte no era muy divertida. Era experta en costura, nunca era divertido pincharse el dedo con una aguja, menos por una maldición.
No le quedaba más que seguir la historia e ir por las dichosas fresas.
Comenzó a tararear, sorprendiéndose por la melodiosa voz que poseía y que no era real. Canto a todo pulmón, yendo por el bosque. Era todo tan lindo, si Adrien estuviera allí podrían… Uy, Adrien.
Tuvo que obligarse a no pensar en él. Si lo hacía, toda su actuación se arruinaría por la preocupación y Nightmare, si la estaba observando, se daría cuenta que algo andaba mal. No podía dejar que eso sucediera. Además, confiaba en él. Seguro estaría bien, ya se las había arreglado sin ella en otras ocasiones. También era inteligente y astuto, se daría cuenta que era un sueño y trataría de salir de allí.
Pensando siempre positivamente, continúo con lo suyo.
Era impresionante como las piedras en el suelo no lastimaban sus pies, los cuales eran muy bonitos para alguien que caminaba descalza por allí. Luego de recoger unas cuentas muchas fresas, se encontró con los animalitos con los que se suponía tenía que bailar y cantar.
No fue difícil encontrar una inspiración para el sentimiento de la canción. Había soñado muchas veces con Adrien y el la esperaba en el mundo real ¿Qué más inspiración podía pedir? Antes, con solo verlo, sentía que podía cantar una ópera en su honor. Esto no sería difícil.
Eres tú la dulce ilusión que yo soñé
Eres tú, brillando en tus ojos el amor pude
Sin embardo sé que un sueño es difícil realizar
Más yo tengo fe en que despertare
Y tú me amaras
Se hará realidad lo que yo soñé
Se sentía tan bien cantar esa canción y que los vidrios de su habitación no estuvieran por romperse. Siempre se dijo que solo en sueños podría tener esa voz. Nunca pensó que fuera tan literal.
Sin embargo sé que despertare…
Y tú me amaras
Se hará realidad lo que yo soñé
Aunque conocía la película de memoria, se sorprendió cuando la grave y masculina voz termino su canción. Se giró en redondo para encontrase con los brillantes ojos felinos de Chat Noir. Se sonrojo intensamente ¿siempre había sido así de apuesto? Seguro que sí.
Sin embargo, no pudo evitar las ganas de reír al verle las ropas. Está bien que la ropa de Chat Noir fuera ajustada, la de Ladybug lo era igual, pero esas mayas eran simplemente…ridículas. Pero tenía que admitir que el rubio no perdía su porte de modelo y lucia las prendas con la mayor dignidad y elegancia, haciendo que no se vieran tan mal.
Definitivamente, era un sueño técnicamente hecho realidad.
¿Las cosas podían empeorar?
Sin lugar a dudas.
Durante una semana tuvo que soportar ver a Marinette y Felix en la escuela, hablando en susurros, tomados de la mano, abrazándose y, en una ocasión, los vio besarse. Casi se lanza sobre Felix para golpearlo. Nunca odio tanto a una persona.
Además, tuvo que soportar a su padre. Gabriel estuvo toda la semana exagerando más de lo normal. Un chico la lastimo en esgrima, por un error de ella misma, y le prohibió seguir asistiendo a las lecciones. Cada día, antes de salir, revisaba la ropa que ella llevaba puesta; si "exponía demasiado" la hacía cambiarse de atuendo y tenía que ir y venir todo el tiempo con Gorila y Nathalie. No podía ir ni al parque con Nino.
Su padre se había vuelto loco de la noche a la mañana.
Estaba también el constante y creciente odio a Chat Noir. No lo entendía, simplemente no soportaba verlo. Todo en el súper héroe era un error, él lo sabía, pero cuando lo discutió con Alya, quien sabia más del tema, la morena le dijo que la equivocada era ella, que Chat Noir estaba perfecto así como estaba y que además hacia una bonita pareja con Ladybug.
Ese último comentario la puso a echar humo por la orejas.
Para sumarle al asunto, esa mañana despertó con un insistente dolor de cabeza y un omnipresente olor desagradable. No era ella la que olía mal, era algo en el ambiente. Era un aroma tan familiar, pero no lo reconocía por más que se rebanaba los sesos pensando y las náuseas que ese olor le provocaba.
Mmm ¿sería ella la que se volvía loca?
Nada le quitaba de la cabeza que ella era la que estaba bien y que todo el mundo a su alrededor se equivocaba.
Nightmare no se había decidido aún si reír o hacer una gran rabieta. Hawk Moth debía estar en su escondite, cómodamente sentado y tomándose un café mientras ella hacia todo el molesto trabajo sucio.
Había estado en la mente de Adrien Agreste no más de unos minutos y se dio cuenta de un par de cosas. Primero estaban sus miedos o inquietudes, para ser más específicos; el chico tenía unas inquietudes bastante particulares: estar constantemente bajo la lupa de su padre, que la chica que le gustaba (una tal Marinette) se enamorara de otro chico, ser el mismo una chica (lo cual jamás pasaría y en parte entendía su miedo. Ser mujer no era fácil) y había algo más. No lo entendía del todo, pero tenía que ver con Chat Noir.
Pero entonces, allí entraba la segunda cosa: la estaba bloqueando. La mantenía afuera. No era como con Ladybug, que modificaba el sueño para que no fuera una pesadilla y tenía bajo llave sus recuerdos. No. El chico se resistía a dejarla entrar. Era como si ella empujara una puerta y el tuviera una barricada del otro lado, impidiéndole el acceso. No había ni una grieta en su muro.
La exasperaba y lo admiraba a la vez. No era fácil resistirse a ella.
Pero esa resistencia solo le daba más curiosidad. Quizás el chico no fuera Chat Noir necesariamente, pero averiguaría que había dentro de esa cabeza. No la dejarían con la intriga.
No era el vestido que esperaba, pero era hermoso de igual forma. Como en los cuentos anteriores, el diseño rojo con negro se mantuvo igual que su antifaz. Pero el corte del vestido era idéntico al de la Bella Durmiente.
Ahora se encontraba en el castillo de sus padres (sus padres tenían un castillo y eso la impresionaba) y estaba encerrada en una habitación mientras atardecía y se hacía tiempo de ir a presentarse frente a los invitados de la fiesta y su prometido.
Estaba tan aburrida.
Ya que ella sabía que en realidad estaba comprometida con el príncipe Chat y que él era el tipo que había conocido en el bosque, no tenía motivo para llorar. Solo se dedicó a mirarse en el espejo y esperar.
La luz verde tenía que aparecer en algún momento.
Pero eso también la asustaba. No quería pincharse el dedo con la rueca. No sabía en qué cuento terminaría al terminar ese ni cuando terminaría ¿y si la Bella Durmiente terminaba luego del beso y debido a quedar inconsciente volvía a olvidar donde estaba? No quería eso.
Cuando la luz aparecía, no era verde, como se suponía. Era roja y Tikki estaba en medio. Se levantó tan rápido de la banqueta frente al tocador que la tiro, corrió inmediatamente a abrazar a la kwami. Cuando la soltó, la pequeña creatura roja le sonrió.
-Sígueme- pidió.
Estaba dando una vuelta por la ciudad. Tuvo que escaparse de su padre y su guarda espaldas para eso.
Vagando distraídamente por allí, no pudo evitar sentirse tan sola. Era como volver al tiempo en la que veía sus clases con tutores en casa. No se le permitía salir, ni tener amigos. Estaba segura que esto no debía ser así, ella tenía un amigo, que no era Nino, que siempre la acompañaba. Recordaba lo exasperada de que la podía llegar a poner y de alguna forma relacionaba el horrible olor con eso.
Se sentó pesadamente en la banca de una parada de autobús, dispuesta a dejar ser encontrada por Gorila, cuando un gato negro comenzó a pasearse a sus pies.
El animal comenzó a dibujar ochos paseándose y restregándose de sus piernas, maullando sonoramente. Entonces se detuvo y lo miro a los ojos con sus felinos ojos verdes. Se impulsó en sus patas traseras y poso las delanteras en el pantalón de ella. Maulló, olfateándole las manos y clavándoles las garras en la pierna.
-Auch- se quejó Adriana- frunciéndole el ceño al gato- no tengo comida.
El gato maulló y maulló, insistente. Ella lo observo algo molesta por las garras enterradas en su piel, el sonido tan agudo que producía el animal y el fuerte olor que la había acompañado todo el día. Se pudo de pie, completamente irritada y le grito.
-¡No tengo tu apestoso camembert, Plagg!
Abrió los ojos con sorpresa, dándose cuenta de todo.
Pero antes de tener el suficiente tiempo para analizarlo como debería, el cielo sobre Paris comenzó a oscurecerse y una neblina espesa se deslizo por las calles. Una risa fría, sin gracia, proveniente de una voz que se podía describir únicamente con la palabra "sobrenatural". Cruzando la esquina, Nightmare apareció en su campo de visión.
Estaba luchando contra la mente del joven rubio y eso le causaba una gran jaqueca. El chico era resistente, pero a ver cuánto quedaba de él cuándo terminara.
Ningún mocoso iba a vencerla en su propio juego del miedo.
A pesar del esfuerzo y el dolor de cabeza, decidió echar un vistazo en la mente de Ladybug a ver cómo iba. La chica estaba siendo guiada por un pasillo muy oscuro por una luz.
Sabía lo que se venía, conocía la historia y eso le dio una ventaja.
Tal vez no pudiera romper el candado que guardaba los secretos en la mente de la Catarina pero seguro que podía hacer algo más. Los sueños eran lo suyo, las pesadillas especialmente. Lo que sea que hacia buenos los sueños de Ladybug estaba usando películas Disney para lograrlo.
Sin embargo, no todas las películas eran lindas. Menos si Nightmare metía su mano en eso.
El siguiente cuento al que saltara la muchacha no sería tan grato como los que había visto hasta ahora. Se aseguraría de eso con especial empeño.
Al fin había hallado la laguna en el contrato y no dudaría en usarla.
