El dúo permaneció arriba en la casa del acantilado por el resto de la tarde. Los jóvenes siempre respetaron a Gothi, pero ahora, hubo una conexión que la hizo verse más humana. Finalmente, la hora de cenar se acercaba, y la sanadora demandó que ellos volvieran.
"Necesitas enfrentarlos." Ella dijo. "Evitarlos no ayudará."
Y ella tenía razón, por supuesto. Aun así, el Gran Salón parecía tan frio a pesar de la atmósfera calidad. Los dos caminaron pasando las mesas, los ocupantes desafiantemente los ignoraban. Se sentaron con Estoico y Bocón, quienes estaban sólo en la mesa.
"¿Y dónde han estado ustedes dos toda la tarde?"
"Fuimos a lo de Gothi." Hipo replicó.
"¡Ah!" Estoico saltó. "¡Gran idea! ¿Y?"
"Todo estará bien." Astrid contestó, sinceramente.
"¡Maravilloso!" Él alegró.
"Pues te lo perdiste, muchacho…" Bocón empezó. Estaba contándole a Hipo una historia de algo en la herrería. Una vez que él empezó a mencionar herramientas y equipamiento, la mente de Astrid comenzó a vagar lejos. Desafortunadamente, ella se enganchó en una conversación de otra mesa. Eso era un mal hábito y ella necesitaba denerlo.
"Así que, ¿piensas que él lo hizo?"
"¿Por qué más Estoico está siendo tan calmado sobre eso?"
"Esto es una vergüenza, el chico tenía un futuro tan brillante."
"¡Que cerdo!"
"Esa chica siempre ha sido un problema. Nunca me agradó. Apuesto, que ella comenzó."
"Los chicos siempre serán chicos, después de todo."
"Apuesto que la única razón por la que Estoico está manteniéndola alrededor es por sus habilidades de lucha y dragones. Odin sabe que no podemos afrontar el perder guerreros."
"Apuesto a que el chico lo planeó. Él la quería."
"¿Pero por qué? Él es el hijo del jefe, sé que son cercanos."
"Quién sabe qué pasa en la mente de ese chico. Es un lunático."
Astrid tuvo suficiente. Ella golpeó su puño en la mesa. "¡SUFICIENTE!" Gritó.
La habitación prestó atención mientras ella se paraba sobre la mesa. Sus compañeros de mesa se veían aterrorizados. "¡Escuchen erizos sin valor! ¡Me dan asco! ¿Qué les pasó a ustedes? ¡No pensé que nuestra villa recurriría a los chismes! ¡Deberían estar avergonzados! ¿Quieren saber la verdad? Bien. Pueden culparme a mí sobre todo. No me importa. Pueden calumniar mi nombre, pueden marcarme con escándalo y desgracia. Pero, no van a- no pueden hablar sobre mi Hipo de esa forma. ¡Él no ha hecho nada más que lo que es correcto y él merece su respeto! ¡Él salvó Berk, merece tanto respeto por estar sólo por tanto tiempo! ¡¿Por qué tienen que ser tan odiosos?! ¡¿Por qué no pueden meterse en sus propios asuntos?! Con eso, ella abandonó la habitación.
La rubia se sentó pesadamente sobre las escaleras. Avergonzada, mantuvo su puño en su frente. Sus emociones se habían descontrolado, y ella causó más vergüenza para sí misma y para Hipo. Eso no era justo para el muchacho.
Ella debió haber ignorado eso.
Estaba lloviendo fuerte ahora, y detrás de las nubes, el sol estaba poniéndose. Otro día se ha pasado. Mañana, a esta hora, ella estaría casada. Aunque era bastante extraño, pero ella aún estaba tratando de arreglar sus sentimientos por el chico pecoso.
"Soy un gran lío." Ella lamentó.
"Te daré eso y mucho." Hipo contestó, parado detrás de ella. "Pero, tuviste una buena excusa."
"Lo siento…" Ella suspiró.
En unos pocos pasos, él estaba en frente de ella, arrodillado para ver sus ojos. "No estoy molesto." Dijo sonriendo. "Gracias, por defenderme."
"Ya era hora de que lo hiciera."
Él hizo una mueca y apartó su cabello de su cara. "Lo digo en serio, Astrid. He pasado por eso por años. Estoy acostumbrado. No tenías que defenderme…pero gracias. Realmente."
Ella le sonrió.
Su sonrisa creció. "Así que…¿mi Hipo?"
Ella se volvió amarga y golpeó su hombro. "Me voy a casar contigo mañana, así que básicamente tu pobre trasero me pertenece."
Él se rio entre dientes y luego cayó en el escalón para sentarse mirando lejos de ella. "Supongo que es verdad."
Ociosamente, Astrid tomó algo de los cabellos marones del muchacho y comenzó a trenzarlos. "Así que, supongo que empeoré las cosas."
"Nah. Sólo…um…¿será tan largo?"
"¡Desearía que haya algo que pudiera hacer!" Ella gimoteó, tirando de la trenza.
"Tal vez…" Él pausó. "Tal vez podrías recuperar tu honor."
"¿Cómo?"
"No lo sé." Él se encogió de hombros. "Debe haber alguna forma."
"¿Casarme contigo no lo hará?"
"Sí…pero, siento que eso no es suficiente."
"¿Cómo que necesito probarme a mí misma?"
"Tal vez. ¿Sabes qué? Olvídalo, no sé de lo que estoy hablando." Él sacó su flequillo lejos de su cara. Él ahora estaba mojada, sentándose en la lluvia.
"No, no." Ella lo detuvo. "Pienso que tienes algo…"
"Bueno, pensemos sobre eso adentro, nos enfermaremos si nos quedamos aquí afuera." Él tembló.
"No voy a volver ahí." Ella fue firme.
"Ok, entonces vamos a la herrería. Nos calentaremos mientras estemos ahí."
Ella deslizó su mano en la suya y se apresuraron.
"Hey Astrid, sé que desde que nuestra boda es mañana, no podemos hacer muchas de las cosas tradicionales. Y eso es genial para mí…no soy alguien tradicional…pero me gustaría al menos hacerte un anillo."
Ella lo miró. "¿Lo harías?"
"Sí, quiero decir…aún es matrimonio. Incluso si no estamos preparados." En este punto, ellos habían alcanzado la choza brillante y el dúo removió su ropa mojada. Hipo se deslizó a la habitación trasera y agarró una sábana. "Toma." Se la pasó a Astrid.
Ella se envolvió en agradecimiento.
"¿Te importa si me quito mi camisa?" Él preguntó a la rubia. "Estoy bastante mojado."
Ella sonrió. "Adelante."
Él agarró el dobladillo y entonces miró de vuelta a ella. "Esto va a sonar tonto, pero por favor escúchame."
"Ok."
"Yo-…soy realmente consiente sobre…mi cuerpo." Mojó sus labios. "Visto un montón de pieles y túnicas largas para cubrirlo…pero yo…" Él suspiró y lentamente removió la ropa mojada. Arrojó la camisa mojada sobre un colgador cerca del fuego para secarse. Nunca terminó su oración mientras fue alrededor y colectó diferentes herramientas que necesitaría para hacer el anillo. Mientras se movió, los ojos de Astrid nunca lo dejaron.
Astrid sabía que el chico era flacucho. Era un hecho de vida. Pero ella no esperó el músculo que estaba escondiendo. No era como el músculo-vikingo, los brazos robustos y el pecho abultado de un hombre que lucía fuerza sólo por diversión. Sino el músculo de alguien que usaba su cuerpo con un propósito. Sus hombros eran más anchos de lo que ella había notado, la montañosa carne cubriendo su cuello, su clavícula era ancha y dejó un terrón en sus hombros. Sus brazos eran largos, pero definidos con crestas que danzaban cuando él los flexionaba. Las venas en sus brazos y manos se extendían como telas de araña, mientras ella recordaba la bondad y la compasión que fluían a través de ellas. Sus costillas eran visibles, como ella sabía que lo serían, desde que podía sentir los huesos individuales cuando ella lo abrazaba. Pero su pecho tuvo un agradable lugar para eso, como se elevaba y caía con cada respiración nerviosa que él tomaba. Su abdomen era apretado y artísticamente cincelado, obviamente siendo hecho montando. Un sendero de fino cabello caía de su ojera a pasar su cuello.
Él le dio la espalda a ella, encendiendo los fuegos en la herrería. Con cada sople del fuelle, sus hombros blandían con rapidez, parecido a las alas de su amado Furia Nocturna. Los ojos de Astrid recorrieron sobre su pálida, privada de sol, piel, llena de pecas y docenas de cicatrices, y ella se dio cuenta que él había crecido. Debería haber sido debastante cuando él se paró más alto que ella, pero ahora…él no era el torpe niño de quince, quién estaba pidiéndole a ella que confíe en él y subiera a la espalda de un dragón. Este nuevo, mayor Hipo, estaba preparándose para hacerle un anillo de bodas…
Y todavía, él estaba pidiéndole que confíe en él.
Hipo se volteó y la atrapó mirándolo con atención. Inmediatamente, él se sonrojó. "Te dije que tengo vergüenza, y tú te quedas estudiándome."
Astrid sonrió en el suspiró de su sonrojo bajando por su cuerpo. "No veo por qué te avergüenzas." Ella se encogió de hombros.
Sus ojos se ampliaron. "¿Necesitas revisar sus ojos? ¡Mírame!" Puso una mano sobre su pecho. "¡Soy flacucho!"
Oh, estoy mirándote…Ella bufó, "¿Y? ¿Preferirías ser gordo?"
"Pues, sí." Él se encogió de hombros. "Tal vez no del tamaño de Patapez, ¡pero me gustaría ser algo gordo! ¡No importa cuánto como, soy sólo piel y hueso!" Él suspiró. "Sé que debe ser difícil de entender pata ti. Tienes una figura perfecta, y con lo que pasó…" Él se detuvo.
"Hipo, realmente no tienes nada de qué avergonzarte. Te ves bien."
"No necesito que me tranquilices. Sólo me quité mi camisa porque estaba mojado. No necesitas decir todo eso."
Ella se paró y dejó la cobija en el mostrador. "¡Pero lo dijo enserio! ¡Te ves bien! Quiero decir, demasiado bien." Ella mordió su labio.
Sus cejas se fruncieron. "Woa, espera, ¿qué? ¿Estás diciendo que…soy atractivo?"
"Tal vez no alto, oscuro, y guapísimo, pero agradable a la vista, seguro." Ella se acercó.
Él bufó. "Si tú lo dices."
"¿Por qué mentiría sobre eso?" Y siendo queridamente audaz, ella extendió una mano y la descasó sobre su pecho.
Él retrocedió. "¡Fría! ¡Manos frías!"
"Oh, vamos Hipo." Ella fastidió, agarrando su cintura y tirándolo cerca. "Sólo quiero mostrarte que gran chico eres."
Él se sonrojó aún más, y Astrid sonrió. Ella obtuvo un cierto grado de satisfacción al observarlo sonrojar, e incluso por lo que significaba, ella persiguió. "Eres un buen hombre." Su mano deslizándose sobre sus abdominales y arriba des su pecho.
Hipo tragó pesadamente como los pelos de su espalda a su cuello se paraban. ¿Qué en el nombre de Thor estaba haciendo ella? "Astrid, yo-yo realmente apreciaría si…si removieras tus manos."
Ella se acercó y mantuvo una mano en su espalda mientras otra tanteó su pecho. "Sólo saboreo el momento…" Ella susurró, su respiración bordando a través de su garganta.
¿Estaba caliente en la herrería? Tal vez. Él no podía decirlo bajo el torrente sanguíneo. Sus ojos revolotearon cerrados mientras él susurró en su toque. "As-Astr-Asssttr…" No pudo formar su nombre. Sus manos se formaron en puchos. "Para…Para por favor."
Ella ahuecó su caja torácica como un pulgar frotaba círculos en su piel, su otra mano viajo a su espina, sus uñas viajando suavemente. "Un poco más."
Sus ministerios estaban haciendo cosas malas para él y él se preocupó por su sanidad. Esto tenía que parar o él haría algo estúpido, como agarrarla y besarla. Él estaba tratando de ser un caballero, especialmente con lo que pasó.
Forzó sus ojos a abrirse y mirarla. Quería ser firme, pero su vos fue un susurro. Una desesperada plegaria. "Astrid, para por favor."
Como si hubiese sido abofeteada, la rubia se retiró de su amigo y levantó sus manos a su propio pecho. Sus respiraciones eran pasmosas como lágrimas picaban sus ojos. "Hipo, lo- ¡Lo siento tanto!" Ella ahogó. "Oh, ¡soy tan idiota! ¡No puedo creerlo!" Ella cubrió su rostro con sus manos. "Soy como él…soy tan sucia como él…" Ella susurró. Entonces ella miró a Hipo, quién mantuvo una cara de shock y confusión. "No quise forzarte a eso…nunca jamás quiero hacer algo sin tu permiso…me dijiste que pare y no lo hice…yo sólo…" Sus ojos se cerraron con fuerza. "¡Soy igual a Fragonard!"
"¡WOA!" Hipo gritó, evitando que perdiera el control. "¡Olvídate de eso, milady!" Él trató de sonreír para hacérselo fácil. "No es como si yo no lo quiera. Yo sólo…hmm" Cómo decir eso sin hacer un completo tonto de sí mismo. "Pues, no quería ser… ser tentado."
Astrid lo miró con atención. "¿Qué?"
"El toque era…hmm…bueno, fue…agradable, pero tú sabes…"
Ella fue tentativa. "¿Excitante?"
"Sí, esa es la palabra." Mojó sus labios. "Y no quise pensar que era inapropiado."
"Oh." Fue su suave replica.
Se pararon en silencio por unos pocos momentos, pero ocasionalmente dándose miradas entre sí. Finalmente, Hipo suspiró en rendición. "¿Sabes qué? Si te gusta eso, y te hace feliz, entonces adelante. Lidiaré con eso." Él tomó sus manos y las puso sobre su pecho. "Adelante."
Ella sonrió y palmeó su piel. "Lo hice para tener un levantamiento de ti. No es divertido si no te importa."
"Espera, ¿qué?"
"Eres tierno cuando estas avergonzado." Ella rio.
A pesar de sus mejores esfuerzos, él se sonrojó carmesí. "No soy tierno. Soy todo un hombre como Thor." Él flexionó.
Ella se atragantó. "¡Eres adorable!"
Él ahogó. "Bien, que sea a tu modo. Pero si vas a humillarme, sólo…trata de mantener tus manos fuera de mí. Al menos hasta que estemos casados."
Ella brillantemente sonrió. "Lo que tú digas, chico amante."
En este punto, su entero torso estaba rojo. Él murmuró obscenidades bajo su aliento.
Mientras los fuegos estaban creciendo, tomó un papel y un carbón. Hipo aclaró su garganta. "Muy bien, vamos a trabajar. Primero, necesito tener el tamaño de tu dedo."
Ella estuvo de acuerdo, levantando su mano a él para inspeccionar.
Él descansó su palma a través de la suya. "Oh, esto no funcionará." Y él envolvió sus dedos alrededor de los de ella. "Tu mano esta fría."
Ella rodó sus ojos. "Que suave, Hipo."
"¡No!, ¡Hablo enserio! Tus dedos necesitan estar a temperatura ambiente cuando los mida."
Ella se encogió de hombros, permitiéndole pasar sus manos y soplar cálidamente en ellas. Sin saberlo, ellos se acercaron cada vez más, casi hasta tocarse las frentes. Él envolvió la medición alrededor y marcó donde coincidía. "Ahí está." Él sonrió, y luego miró arriba.
Sus ojos se encontraron e Hipo sintió su corazón saltar. Los ojos de Astrid eran siempre tan hermosos, y en esta noche, él pudo ver los fuegos crecientes de la herrería reflejados en ellos. ¿Qué estaba mal con él hoy?
"Uh…" Él empezó.
"Hazlo." Ella demandó.
"¿Qué?"
"Lo que sea que estás pensando, te reto a hacerlo. Justo ahora."
Él se congeló de nuevo. Y luego se congeló otra vez. "No estoy pensando en nada."
"Puedo verlo, estás pensando en algo." Ella instó.
"¡Estaba pensando en tus bellos ojos, pero eso es todo!"
"¿No ibas a besarme?"
"¿Quieres que lo haga?"
"¿Quieres hacerlo?"
"¿Quieres que quiera hacerlo?"
"¡Deja eso! ¡¿Vas a besarme o qué?!" Ella irritó.
Él se le quedó viéndola. "¿Estás segura?"
Ella suspiró, y tomó sus manos para que él se acerque. "Yo…nosotros tendremos que besarnos mañana, en frente de todo el pueblo. Y…supongo…estoy algo perdida." Ella tragó duro. "Sólo uno pequeño, para prepararme para más tarde."
"¿Positiva?"
"Sí." Ella asintió.
Fue un pequeño toque. Ni siquiera un segundo. Pero hizo a Astrid temblar de una manera agradable. Ella sonrió a su delicadeza, sonrojada en su bondad, y deleitada en su ternura. Si Fragonard tuvo un opuesto exacto, ese sería Hipo. "Gracias." Ella dijo suavemente.
"No, gracias a ti." Él le contestó, sonriendo de dientes.
Su sonrisa fue contagiosa.
Un momento más tarde, un largo dragón negro entró a la herrería, sacudiendo la lluvia de su espalda.
"Bueno, bueno, ¿y donde ha estado usted, señor?" Hipo preguntó, con sus manos en sus caderas. Su irritable tono era evidente en su voz.
Chimuelo le dio un encogimiento de hombros de dragón y lo pasó de largo, acurrucándose junto al fuego.
Hipo sacudió su cabeza en buen humor y tomó asiento en la mesa, dibujando un simple diseño de anillo en el papel.
"Así que," Él comenzó, estaba pensando en un anillo cloisoné, usando algunas escalas de Tormenta."
Astrid sonrió. "Depende, ¿qué es cloisoné?"
"Es una forma de decorar el metal. Agregaría las escalas en el oro o plata para crear diseños de colores…como…" Pensó una analogía. "Como un muro de ladrillo con mortero."
"Oh, ya veo…" Ella asintió suavemente.
"¿Te gustaría eso?"
"¡Seguro!" Ella agarró la larga cobija y la movió hacia él. Ella descansó su cabeza en su hombro y lo observó.
Él delicadamente detalló un simple diseño en el papel. Algo haría su anillo único.
La sintió con sueño. "Sabes, puedo llevarte a casa." Él ofreció.
Ella sacudió la cabeza y se apartó. "Nah, sólo esperaré aquí hasta que termines por esta noche." Y ella se acurrucó sobre Chimuelo. "Despiértame cuando termines."
Él la observó, se encogió de hombros y continuó trabajando.
Aunque él estaba planeando trabajar toda la noche. Sus pesadillas lo mantenían despierto, y planeó alejarlas lejos quemando el aceite de medianoche. Observó sobre Astrid, quien dormía pacíficamente sobre su mejor amigo. Chimuelo no se quedaría ahí toda la noche, y ella se arrepentiría de dormir así por tanto. Él terminó su diseño y se aproximó a la chica.
"¿Astrid?" Susurró.
Ella se acomodó en respuesta.
Hipo suspiró como no tuvo el corazón para despertarla. En su lugar, él se extendió y la tomó en sus brazos. Apretó un poco, aún no tan fuerte, pero la sostuvo firme.
"Chimuelo, ¡pst!" Él llamó a su dragón con su pie. ¿Por qué era más fácil despertar a dos toneladas de dragón que a una frágil chica?.
El mundo quizá nunca lo sabría.
Chimuelo se paró y se estiró. "Vamos, amigo. Vamos a casa."
El dragón se quejó en el pensamiento de ir afuera a la lluvia, pero luego pensó en la comodidad de su lugar. Levantó su ala para cubrir a la pareja de la lluvia y entonces salieron.
Como empezó anteriormente, Hipo no era muy fuerte. Pero él podía manejarlo por su cuenta, y estaba poniéndose mejor. Era afortunado que Astrid era liviana mientras su pierna sólo se deslizó unas pocas veces, nunca realmente haciéndolo caer.
Llegó a su casa para ver que su padre aún no estaba. Subió las escaleras y gentilmente colocó a Astrid en su cama. Ella instantáneamente se acurruco alrededor de la almohada y respiró un profundo suspiro. Él removió sus botas antes de acariciarla.
"Duerme bien." Él acarició su mejilla. Luego se volvió a su a su fiel compañía quién lo hacía a sí mismo confortable. "Voy a seguir trabajando. Quédate con Astrid, ¿Ok?"
El dragón no tuvo argumento mientras descansó su cabeza sobre sus patas.
Astrid esperó hasta que escuchó el clic de la prótesis de Hipo bajar por las escaleras antes de que ella abrió los ojos. Una gran sonrisa vino sobre su rostro que ella escondió todo el tiempo que él la cargó. Él era tan delicado. Pero, ella consideró eso lejos de ser débil, sino realmente adorable. Él era tan amable y dulce para su propio bien.
Astrid tiró la almohada más cerca, oliendo su esencia. Tal vez, sólo tal vez…
Ella era delicada también.
Hipo llegó de vuelta a la herrería, no más mojado de lo que había estado. Era hora de traer a bajo el asunto. Primero, él fundiría el metal necesario para filigrana, luego recuperaría las escalas dispersadas del viejo cobertizo de Tormenta. Bocón mantuvo un cofre de oro bruto arriba en el ático para propósitos de filigrana. Así que el chico bajó la escalera y subió. Tomó algo de esfuerzo, pero encontró una buena pieza para la base y otra para las brechas. Volvió abajo y colocó el oro crudo en la mesa.
Miró hacia arriba y de repente saltó por la sorpresa como Fragonard se paró amenazadoramente cerca, con sus hermanos detrás de él.
"¿Qué quieres?" Hipo preguntó, calmado pero irritado.
Fragonard no respondió.
"No tienes nada que hacer aquí." El joven instó. "Por favor vete."
"¿O qué?"
"Estamos en una herrería llena de armas. ¿De verdad necesitas que lo deletree?" Él realmente esperó que Fragonard sólo tomará la indirecta. Era muy posible que el joven mayor era más competente con armas que Hipo, pero él enmascaró su pánico.
"Te dije que esto no había acabado. Sólo necesitaba conseguir a ese estúpido dragón lejos de ti." Él tomó en alto una pala de metal que estaba colgando en el muro.
Por el más leve momento, Hipo estaba agradecido que él agarró un arma no convencional, y no una hoja afilada. Aunque, se maldijo a sí mismo por dejar a Chimuelo y Tormenta detrás. "Garantizado, Chimuelo tiene un CI más alto que tú." Él retrocedió cuidadosamente.
"Yo estaría rogando por perdón, si fuera tú." El chico mayor golpeó el mango de la pala contra su mano.
"Obviamente no sabes nada de mí." Una maniobra cazó el ojo de Hipo como se extendió y agarró el arma que estaba en el fuego. "Yo no suplico, y no me encojo ante amenazas." Balanceó su brazo, blandiendo el arma con un ruidoso precipitado sonido. El brillo naranja del metal chisporroteó como apuntó la espada a su oponente. "Fuera. De aquí." Él mordió.
Fragonard se rio. "¿Piensas que eso me asusta? No tienes las agallas."
No importó que la hoja no era fuerte, Hipo avanzó y presiono la escaldada punta en el brazo del chico.
Fragonard retrocedió, con espuma en la boca. "Tú hijo de-" Él chilló y balanceó la pala en su cara. Hipo desvió el ataque, sacando chispas del metal.
"Si te vas ahora, no le diré a tu papá, y tal vez deje tus otras extremidades intactas." Él advirtió.
"¡Eres tan confiado de ti mismo!" Blandió el metal una vez más, sólo para ser bloqueado. "¡Tú arruinaste mi vida! ¡Vas a pagar!"
"¡Tú te lo ganaste! ¡Tú arruinaste la vida de Astrid!" Hipo apartó la herramienta y atacó.
"¡No sé por qué te importa esa ramera!"
"¡No lo harías! ¡Eres un bastardo sin corazón!" Y apuntó para apuñalar a Frag en el hombro, pero se encontró con aire.
Él acaba de hacer un error crítico. Se dejó a sí mismo abierto. Fragonard envió una patada rápida entre sus piernas, haciéndolo caer en sí mismo antes de que de golpear la pala en el lado de su cara.
Hipo se desmoronó en el piso, sosteniendo su cabeza palpitante y sonoros oídos. Frag pisó su muñeca y lo desarmó. Hipo se estremeció ante el arranque.
"Estúpida y pequeña mierda." Lo pateó en el estómago. "Vas a pagar. Haré tu muerte larga y miserable."
"No puedes…la muerte es algo instantáneo…" Él respiró. A veces su sarcasmo era una maldición.
"Vas a desear jamás haber abierto tu boca." Y él abofeteó con una patada el lado de su cabeza. Hipo vio manchas, con su cabeza llena de vueltas.
"Si te disculpas, lo haré rápido."
Hipo escupió sangre mientras peleó para sentarse. Sus manos temblaban como alcanzó a manejarse a sí mismo sobre la mesa. "Lo siento…" Él susurró. Entonces lo miró. "Siento que seas un tonto."
Fue como encarar a un dragón por primera vez en su vida otra vez. La noche en la que noqueó a Chimuelo fuera del cielo y fue perseguido por el Pesadilla Monstruosa por toda la villa. Sólo que esta vez, él no podía correr. Él estaba fuera de lugar y superado en número. Estaba débil e indefenso. Por una vez en unos pocos años, él sintió verdadero miedo por su vida cuando miró a su atacante a la cara.
"Entonces, ¿qué va a ser?" Él murmuró.
Como una serpiente, una gran mano se envolvió alrededor de su cuello y le impidió de respirar. Como Hipo se sofocaba, él agitó sus brazos y piernas en vano para tratar de liberarse. Fragonard levantó tres pesados golpes en su cara.
"Agarren sus piernas." Frag demandó a sus hermanos. "Vamonos."
Antes de encarar su perdición, él esperó que Astrid al menos estaría a salvo.
