Disclaimer.- Ninguno de los personajes de Loveless me pertenecen.


Darkless

Capítulo VII

Reliveless


Lo anhelaba. Sintiendo el viento soplando a su alrededor sin llegar a tocarlo, el apenas perceptible aroma de la hierba fresca por el rocío de la madrugada, mirando sin hacerlo de verdad a través del extenso panorama repleto de tecnología y naturalidad. No tenía sentido.

Guardó sus manos en sus bolsillos y continuó de pie, aguardando la más remota señal que le indicase qué debía hacer. ¿O es que simplemente era que no había gran cosa qué esperar a esas alturas?

Confuso. No lo entendía, no había idea alguna que rondase por su mente y le resultase coherente. Era como tenerlo todo dentro y no saber qué decir o qué pensar, como si fuese tanto que no llegaba a comprenderlo.

¿Qué podía haber de bueno en ello? Que técnicamente estaba entre muerto y no.

Y no estaba del todo bien…

- Si sigues aquí, pescarás un resfrío – susurró una voz a su oído, mientras sentía un par de brazos envolviéndolo en un cálido abrazo de preocupación. Esa angustia que lo alcanzaba y lo rescataba de caer cada vez que él se negaba a hacerlo por sí mismo –. Sé que no te gusta que te toque – musitó el otro a modo de disculpa –, pero no puedo quedarme quieto…

Las palabras volvieron a atorársele en la garganta, aunque no sucedió lo mismo con su cuerpo. Reaccionó ante el sutil beso que el rubio depositó sobre su cuello. Fue por eso que las lágrimas cayeron por dentro.

De nuevo estaba vivo…

- Nunca hemos hablado¿verdad? – le preguntó al mayor.

El otro debía decir "No", eso esperaba. Pero actuando en contra a lo que esperaba, como siempre lo hacía, le estrechó más entre sus brazos.

- Ritsuka…

Y ahí estaba, ese tono, ese modo¡todo! Una y otra vez intentaba sacarlo, quería seguir cayendo sin remedio en la oscuridad a la que ya le había tomado cariño... Pero esa voz, esa persona… Nunca le dejaba hacerlo…

- Vamos adentro.

Tres palabras simples y sin la menor importancia al ser oídas, pero él las escuchó y eso bastó para relajarle. Se giró lentamente y Soubi se separó lo suficiente para pasar un brazo por debajo de sus rodillas y con el otro sostenerlo por los hombros.

- Así es mucho mejor – le aseguró con una sonrisa tranquilizadora.

Ritsuka no podía contradecirlo porque era cierto.

Por otro lado, dos figuras se encontraban mirando lo acontecido, mientras les iluminaba la luz de las lámparas del parque donde se encontraban.

- No lo supera – le dijo Nisei, ambos con la vista fija en la escena que presentaba la fuente central del lugar.

- ¿En verdad lo crees así?

- Sólo míralo, unos cuantos días bastarán para hacerle perder la razón…

- Olvidas que es mi hermano.

- Pero no olvido que lo piensas matar.

- ¿Cuándo he dicho que voy a matarlo?

- Es lo que has estado buscando todo este tiempo – aseveró el pelilargo –. Querías romper todas esas expectativas de la Organización cuando te dijeron que tu hermano sería más poderoso que tú y Soubi juntos.

- Si así fuera, ya habría acabado con él desde hace mucho.

Nisei rodó los ojos.

- Tu orgullo es grande. No combatirás con él hasta que saque a relucir el potencial que tiene.

- Es sorprendente la forma que tienes de ver lo que hago o dejo de hacer – dijo el peliazul, cruzándose de brazos sin dejar de ver a su hermano por el reflejo del agua –, pero no eres del todo eficaz para leerme.

Nisei bufó, apartando la mirada de los dos Aoyagi.

- No tienes por qué enojarte, si no conociera a mi hermano, apoyaría la ingenuidad con la que ves todo este asunto.

- Como sea, ya estamos aquí. ¿Qué haremos ahora?

- No podemos hacer nada en tanto Ritsuka continué así.

- No podrás despertarlo si te apareces en su vida, sólo lograrás que vuelva a sumirse en una especie de pérdida de identidad…

- Eso sería bueno para ponerlo a prueba, aun así no es exactamente lo que busco…

Nisei miró un momento a su Master y luego la devolvió a la imagen en el agua: Soubi se había introducido en la cama y Ritsuka yacía a su lado, con el lado derecho del rostro apoyado sobre el pecho del rubio y la mano de éste rodeando su pequeña cintura.

- Entonces quizá la solución sea que le haga una visita a Soubi.

Seimei sonrió.

- Excelente idea, Nisei.

-:-x-:-

A la mañana siguiente, Jun se había despertado muy temprano y se encontraba preparando el desayuno para todos los habitantes de aquella casa de campo en la que se encontraban.

- Buenos días – le saludó amistosamente Natsuo desde el umbral de la cocina.

- Buen día…

- ¡Te ayudaré a cocinar! – le dijo el menor, arremangándose la camisa de la pijama para luego dirigirse con paso firme hacia la barra donde permanecían los ingredientes para hacer hot cakes.

- En realidad, ya voy terminando de hacerlos, pero si quieres puedes encargarte de hacer el jugo.

Natsuo asintió.

- ¿Cómo está Kaiou?

- Esta mañana bajará a desayunar con nosotros – fue la respuesta de Jun –. ¿Qué pasó con tu compañero?

- Suele despertarse muy tarde todo el tiempo – dijo, con una risita al final acompañando su comentario.

- Ya han pasado dos semanas…

Natsuo dejó de cortar las naranjas y su mirada se clavó en ningún punto en especial de los mosaicos de la barra.

- ¿Crees que Ritsuka baje hoy? – se atrevió a preguntarle al platinado.

Jun observó la manera en que la mantequilla derretida desaparecía bajo los bordes de la mezcla que comenzaba a solidificarse.

- No lo sé – contestó.

Natsuo adquirió entonces un semblante sombrío.

Hacía dos semanas, Soubi había llegado a su departamento para dirigirse inmediatamente a su habitación y guardar sus cosas en una maleta. Los niños Zero habían estado ahí porque querían averiguar de dónde había salido toda la energía hostil que sintieron en el ambiente por toda la noche, y de algún modo no se sorprendieron mucho de ver la cara tan seria y preocupada que Soubi tenía en esos momentos.

"¿A dónde vas?", le preguntaron.

"Ritsuka", fue todo lo que respondió.

"Llévanos contigo, podríamos ser de utilidad".

Soubi no los miró ni un instante, mucho menos les dio una respuesta. Sólo asintió una vez que terminó de empacar lo necesario y los dos supieron, sin necesidad de preguntar, que las cosas estaban peor de lo que imaginaban.

El rubio les contó lo que debían saber y no hizo hincapié a los detalles. Youji y Natsuo le prometieron sin decirlo que tratarían de animar y ayudar a Ritsuka, pero nada había surtido efecto.

Ritsuka no aceptaba ver a nadie que no fuera Soubi, tampoco bajaba de la habitación asignada para nada y, según Soubi, siempre estaba durmiendo…

Natsuo no pudo evitar apretar con fuerza el mango del cuchillo. Haber ido ahí era un esfuerzo tan inútil…

- ¿Crees que estaría bien si trajésemos a sus amigos? – le preguntó Jun.

- Incluso así, dudo que reaccione…

- No perderíamos nada con intentarlo – dijo una voz a espaldas de ambos.

- ¡Youji! – exclamó Natsuo.

El peliazul se aproximó a él y depositó un beso en su frente.

- Si lo hacen, lo lastimarán más – dijo el rubio, entrando sin mirarlos –. Ninguno de ellos sabe realmente lo que le sucede a Ritsuka o lo que ha pasado por todo este tiempo. No es la mejor idea el traerlos para hacer que le pregunten sin cesar.

- Sabes que no son así, se aguantarán las ganas y tratarán de apoyarlo – replicó Natsuo.

- Y al fin y al cabo seguirán preguntándole con la mirada – añadió Jun –. Soubi tiene razón.

- Pero, Soubi, lo que haces es dejar que Ritsuka se siga aislando. ¡No puede seguir así! – reclamó Youji.

- Lo seguirá haciendo hasta que él decida despertar. Hasta ese momento, no hay gran cosa que podamos hacer.

Los chicos se quedaron en silencio. Era una estupidez que las cosas continuaran de ése modo. Ritsuka ya no debía seguir de esa forma, ése no era Ritsuka…

Kaiou escuchó la conversación y se decidió a no entrar todavía ahí. Su mirada se tornó afligida, giró sobre sus talones y decidió ir a la habitación del mencionado.

Se imaginaba lo que Ritsuka debía estar sintiendo, pero no veía los motivos del todo. Había más que culpa o remordimientos, mucho más que un dolor a causa de la confusión.

- Ritsuka – llamó, tocando suavemente la puerta.

Pero nadie respondió.

Decidido, decidió aventurarse abriendo la puerta. La habitación estaba sumida en la penumbra porque los pesados cortinajes cuidaban perfectamente que ningún rayo de sol pudiera colarse. En la cama, estaba un pequeño bulto descansando de espaldas a la puerta.

Kaiou se acercó lentamente hasta quedar cerca de la cama ocupada por el niño.

- Sé que no estás dormido, Ritsuka-chan – le dijo con cariño, acariciando su cabello.

- No quiero hablar – le dijo el chico con voz ronca.

Kaiou ablandó la mirada.

- Está bien, no hablaremos, pero me quedaré aquí, contigo.

- Será mejor que bajes a desayunar.

Por los ojos del ojiverde pasó el asombro. Incluso deprimido, Ritsuka seguía siendo considerado…

- Bajaré, pero no ahora. ¿Me haces espacio?

Ritsuka no se giró a verlo, pero tenía los ojos bien abiertos, claramente consternado por la actitud del mayor.

Sin voltearse, se acurrucó más hacia el otro lado de la cama. Kaiou sonrió y se acomodó en la cama al subir en ella, y, sin previo aviso, atrajo a Ritsuka hacia sí.

- No soy yo quien debe preguntar a estas alturas – murmuró, mirando hacia el techo –, y no pensaba ni pienso hacerlo. Únicamente estoy aquí porque sí, pero si hay algo que quieras saber o hacer, dilo.

El ojilila asintió sin ser tan consciente del acto, solamente agradeció en silencio el apoyo y cerró los ojos.

Se quedó profundamente dormido y el ojiverde salió de ahí cuando vio que los párpados no estaban cerrados a la fuerza…

- Vamos, Ritsuka, tú puedes salir de esto – murmuró desde la puerta.

Después, se dirigió al comedor.

- Buenos días – saludó.

- Tardaste bastante – reprochó Jun –, pensé que ya no te sentías bien.

- No te preocupes, estoy bien.

Supo que Jun lo examinó rápidamente con la mirada y él no replicó nada. Luego, Youji colocó los platos y vasos en la mesa, mientras Soubi sacaba la mermelada y el maple.

- Es curioso que los traidores se junten cuando bien saben que podrían herirse entre sí si llegase a ser necesario – expuso una voz fría de Nisei, que les miraba desde la sala de estar que se encontraba al frente de la cocina.

- ¿Quién eres? – exigió saber Youji.

Nisei se recargó contra uno de los sillones y se cruzó de brazos, echándole una mirada airada a los presentes.

- Mi nombre es Nisei – dijo –, vine a terminar con el traidor Beloved…

Soubi lo examinó en menos de un parpadeo y se adelantó hacia él antes de que lo hicieran Youji y Natsuo.

- Lárgate – le ordenó Soubi –, tú no podrías ganarme ni ahora ni dentro de diez años.

Nisei apretó uno de sus brazos con la mano¿quién se creía ese idiota? Su Sacrifice estaba enfermo y él ya no podía pelear solo, definitivamente no estaba en condición alguna de hablar de forma tan altanera.

- ¿En serio lo crees, Soubi?

El rubio siguió impasible.

- En ese caso – dijo, cerrando ligeramente los ojos –, el metal atiende a la atracción de la fuerza del pronto desfallecido… acero…

- Soubi¡cuidado! – le advirtió Jun, apretando la mandíbula al entender lo que sucedía.

Rápidamente se ubicó a lado de Kaiou, mientras los Zero observaban cómo todos los objetos de metal se alzaban por los aires, apuntando directamente a un Soubi que parecía no haberse percatado de nada.

- Solamente esto se le ocurriría a alguien que no está seguro de vencer en una verdadera batalla – murmuró.

- ¿No piensas defenderte? – inquirió Nisei, irritado. Mas no obtuvo respuesta –. En ese caso, muérete de una vez.

Los objetos no tardaron en dirigirse a una velocidad increíble hacia el cuerpo de Soubi, quien los esquivó sin verlos, pero estos no dejaban de seguirlo por donde quiera que fuera.

- Es sólo cuestión de tiempo para que uno te impacte y seguidamente lo hagan todos los demás…

Soubi lo sabía. Tenía que hacer algo y pronto.

Youji y Natsuo estuvieron por iniciar su sistema de batalla, pero la mirada de advertencia de Soubi les hizo desistir y ahora se habían convertido de nuevo en espectadores.

No podía pelear solo, Ritsuka se lo había prohibido, mucho menos iría a despertarlo para involucrarlo en la batalla. Loveless no estaba controlado plenamente y podía salir de nuevo si Ritsuka se descuidaba…

¿Qué demonios haría?

Ritsuka abrió los ojos al escuchar el tintineo tan sonoro de metales y se incorporó rápidamente al haber creído escuchar "Soubi". Un sonido en su cabeza le estaba comenzando a provocar dolor de cabeza y también sentía ansias, le dolía el pecho.

Sin pensarlo más, salió de la cama rumbo al comedor, apresurándose al escuchar que el ruido aumentaba conforme se acercaba.

- ¡Soubi! – gritó.

Algo en su pupila derecha brilló e inmediatamente se formó el campo de batalla que iba enfocado al hombre de gabardina que estaba de espaldas a él.

- ¡Ritsuka, no lo hagas! – le dijo Soubi, esquivando por poco un cuchillo.

Pero Ritsuka no hacía caso…

- Así que el pequeño Loveless se atreve a aparecerse por fin – dijo con sorna –. Es una pena, Soubi, sigues cumpliendo las órdenes de un Master que ya no confía en ti para iniciar sus batallas ahora que tiene a su verdadero Combatiente.

Al escuchar aquello, Ritsuka logró calmarse y miró a Soubi, tratando de decir "¡No es cierto!", pero ningún sonido salía de sus labios.

- El pequeño lazo que forjaron, ya no existe. Únicamente vine a comprobar si era cierto…

Los utensilios de metal cayeron al piso; después, se giró a ver a Ritsuka.

- ¿Sabes, Ritsuka? Es patético que cierres los ojos ante tu alrededor para ver si así olvidas lo que sucede. Míralos a ellos, han estado aquí para tratar de ayudarte y al final no les queda más que confiar en un niño que jamás cambiará.

Dicho esto, Nisei desapareció del lugar.

- ¡Soubi! – se alarmó Natsuo, corriendo hasta el rubio –. ¡Tu brazo!

Ritsuka miró a Soubi, la sangre comenzaba a manchar el suéter que el rubio llevaba puesto. El ruido en su cabeza no cesaba y sentía que le faltaba aire.

El rubio lo notó y no tardó en apresurarse a llegar hasta su niño, alcanzando a tomarlo en brazos antes de que éste cayese desmayado.

Y sin decir más, salió al patio junto con el niño todavía inconsciente.

Se hincó en el pasto y acomodó a Ritsuka de tal forma que el sol le pudiese dar de lleno en el rostro. El ojilila no tardó en despertar y se alarmó al rememorar lo ocurrido.

- No necesitas exaltarte – le dijo el pelilargo, atrayéndolo hacia sí para abrazarlo –. Ya pasó…

Pero Ritsuka negó.

- Debí haber llegado antes, lo lamento – se disculpó.

Soubi ya no lo aguantaba más y tomó a Ritsuka bruscamente para demandar un beso. El niño no tardó en corresponder a él.

- No más – susurró, estrechándolo fuertemente entre sus brazos.

Ritsuka se sentó para luego poder quedar de frente a Soubi y acarició su mejilla.

- Mi único alivio sería morir y volver a nacer – le confesó a Soubi.

- Pues no lo harás ni sucederá – aseguró duramente el rubio –. Nunca lo conseguirás porque yo siempre voy a ir a detenerte antes de que te atrevas a hacerlo y en un momento dado no podrás volver a pensar en ello.

- Soubi…

- ¡No! La única forma en que podrías tener algo de consuelo es aceptando lo que pasa y enfrentarlo como solías hacerlo.

- ¡Lo que hacía no era afrontarlos! Siempre terminaba evadiendo las cosas, nunca hacía un gran esfuerzo para cambiarlas. ¿Qué caso tiene que continúe aquí si todo seguirá igual? Solamente te causaré problemas…

- ¿Y qué crees que me pasará si te vas? – Ritsuka apartó la mirada –. Mírame – Soubi le tomó con suavidad de la mejilla, obligándolo a subir el rostro –. Aun si me rechazas, incluso si no me usas más como Combatiente, yo voy a estar contigo suceda lo que suceda, pero no pienso dejar que sigas cayendo de esta forma… Ya no más, Ritsuka.

- No hay nada que puedas hacer – le dijo de forma amarga.

- ¿En verdad? – preguntó Soubi –. Si es así¿por qué tu corazón sigue latiendo tan fuerte cuando hago esto? – lo besó de nuevo, pero rompió el apenas roce en cuestión de segundos –. ¿Por qué te sigues sonrojando cuando me acerco más de la cuenta?

- Eso no explica nada.

- ¿Ah no? – preguntó, incrédulamente –. Quieres creer que no hay diferencia y que tu vida no tiene sentido porque nunca cambias las cosas, pero eso no es cierto porque no te has dado cuenta de que de verdad estás luchando. Ése es tu modo de hacerlo.

- ¿Siendo un estorbo¿Hiriéndote sin hacer nada al respecto?

- ¿Quién dijo que me hieres al apoyarte en mí?

Ritsuka trató de soltarse del agarre de Soubi, pero éste fue más rápido y terminó por tumbarle sobre la hierba, colocándose sobre él para apresarlo y no ofrecerle ninguna salida.

- Ve lo que sucede – le pidió el mayor –. Te tengo apresado y tú estás buscando la forma de hacerme a un lado sin tener que lastimar la herida de mi brazo que ronda por tu mente.

Ritsuka adquirió entonces un semblante derrotado.

- Así es como luchas. Nunca quieres hacerle daño a las personas a tu alrededor sólo por lograr tu objetivo. De esa forma ganas sin que lo notes y yo me siento feliz si tú te refugias en mí mientras piensas en la forma de salir adelante…

- No puedo seguir usándote de ése modo.

Soubi negó.

- Te amo – recalcó, mirándolo con sinceridad. Ritsuka sintió que sus mejillas ardían –. Yo soy el único consuelo que te devuelve a tu vida, no a la que esperas obtener si te mueres. Tú fuiste lo que me devolvió a este mundo y confío en que pueda ser yo quien lo haga contigo…

Un par de lágrimas escaparon de los ojos de Ritsuka. Soubi lo miró con ternura y buscó sus labios.

"Quiero que lo sigas siendo, Soubi, no quiero que me rescates, sino que me ayudes a seguir, tal y como lo has hecho ahora…"


CONTINUARÁ…


Gomen, gomen, en mis semanas de regreso a este mundo, ha sido el turno de actualización de Loveless. A decir verdad, de por sí falta muy poco para que termine. No lo han olvidado¿verdad?

Gracias por sus reviews y su apoyo.

Besos,

Naomi Eiri.