Algunos de los personajes pertenecen a Stephanie Meyer los demas al igual que la trama le pertenecen a Nora Roberts ESTO ES SOLO UNA ADAPTACION.
Capitulo 7
Había trascurrido casi un mes desde que Rosalie ingresó en la academia de Alice. El clima se había vuelto frío rápidamente, y ya había indicios de inminentes nevadas en el aire. Alice hizo lo que pudo para mantener la vieja caldera de la academia funcionando a plena capacidad.
Con una camisa atada a la cintura, sobre el maillot, impartió la última clase del día.
-Glissade, glissade. Arabesque en pointe- mientras hablaba, Alice se paseaba arriba y abajo junto a la hilera de alumnas, observando críticamente sus formas y posturas.
Estaba satisfecha con los progresos de su clase avanzada. Las alumnas eran buenas y hacían gala de una firme comprensión e la música y el movimiento. No obstante, cuanto más tiempo pasaba Rosalie en la clase, más se distanciaba de las demás.
Su talento estaba muy por encima de lo normal, se dijo Alice, estudiando su postura y su fluidez. Allí lo estaba malgastando.
La frustración, ya familiar, embargó a Alice, una frustración cercana a la ira.
Y la mirada que había en los ojos de Rose, se dijo mientras indicaba a una alumna que elevara el mentón, parecía decir: "Lo deseo". ¿Cómo convencería a Jasper para que dejara a Rosalie alcanzar la meta que deseaba, antes de que fuese demasiado tarde y se le escapara para siempre?
Al pensar en Jasper, la atención de Alice se desvió de sus alumnas. Se acordó de la última vez que lo había visto. Si había de ser honesta consigo misma, debía admitir que había pensado en él una y otra vez en el transcurso de aquellas semanas. Deseaba convencerse de que la atracción física que sentía hacia Jasper se desvanecería. Pero sabía que no era cierto.
-Tendu -indicó Alice mientras cruzaba los brazos sobre el pecho. El recuerdo de sus caricias, de su sabor, persistía. A menudo se sorprendía a sí misma preguntándose qué estaría haciendo Jasper….mientras tomaba café por la mañana, cuando se hallaba sola en el estudio por la tarde, cuando se despertaba sin motivo en mitad de la noche. Y tenía que reprimir el impulso de preguntarle a Rosalie.
"No haré el ridículo por ese hombre", se dijo.
-Brenda, las manos -Alice hizo una demostración, sus dedos fluyendo con el movimiento de su muñeca. El timbre del teléfono la pilló por sorpresa. Consultó ceñuda el reloj. Nadie llamaba al estudio en mitad de una clase. Al instante, un pensamiento irrumpió en su mente. "Madre".
-Sigue tú, Brenda- sin esperar una respuesta, corrió hacia la oficina y contestó el teléfono.
-Academia de danza de Cliffside, ¿diga?- el corazón se le había subido a la garganta.
-¿Alice? ¿Eres tú, Alice?
-Sí, yo….- la mano de Alice se detuvo a mitad de camino de sus labios. Emmett- aquel musical acento ruso era inconfundible. -¡OH, Emmett, cuánto me alegro de oír tu voz! -el piano de Mónica seguía sonando suavemente. Alice se tapó la oreja con la mano mientras se sentaba. -¿Dónde estás?.
-En Nueva Cork, por supuesto -había en su voz una nota risueña que Alice siempre había adorado. -¿Cómo marcha tu academia?.
-Muy bien. He trabajado con algunas bailarinas muy buenas. Hay una, en particular, que estoy deseando enviar contigo. Es especial, Emmett, tiene un físico espléndido y…
-Luego, luego -Emmett interrumpió su entusiasta informe sobre Rosalie. Alice casi pudo visualizar el rápido gesto que seguramente habría acompañado a sus palabras. -He llamado para hablar de ti. ¿Tu madre se encuentra bien?
La vacilación de Alice duró apenas un suspiro.
-Mucho mejor. Ya lleva algún tiempo valiéndose por sí misma.
-Bien, Muy bien. Entonces, ¿Cuándo vas a regresar?.
-Emmett- Alice flexionó los hombros, luego se fijó en la foto que había en la pared, donde ella misma aparecía bailando con el hombre que se hallaba al otro lado de la lí años, se dijo. Podían haber sido treinta. -Ha pasado mucho tiempo, Emmett.
-Tonterías, se te necesita.
Ella meneó la cabeza. Emmett siempre había sido muy autoritario. Quizá, se dijo Alice, era su destino enredarse con hombres dominantes.
-No estoy en forma, Emmett. Y hay nuevos talentos- su mente se centró en Rosalie. -Es a ellas a quien se necesita.
-¿Desde cuándo te dan miedo el trabajo duro y la competitividad?
El tono desafiante de su voz era una vieja treta que arrancó a Alice una sonrisa.
-Ambos sabemos que pasar tres años dando clases de danza no es lo mismo que pasar tres años actuando. El tiempo nunca se detiene, Emmett, ni siquiera para nosotros.
-¿Tienes miedo?
-Sí, un poco, sí
El se rió al oír la confesión.
-Bien, el miedo te obligará a bailar mejor -prorrumpió en una risa exasperada. -Te necesito a ti, ptickka, mi pequeño pajarillo. Casi he terminado de escribir mi primer ballet.
-¡Emmett, eso es maravilloso!,. No sabía que estuvieras trabajando en una obra.
-Me queda un año, o quizá dos, como bailarín. No me interesa interpretar personajes secundarios.- durante la breve pausa, Alice oyó el murmullo de las chicas mientras se ponían los zapatos de calle. -Me han ofrecido la dirección de la compañía.
-No puedo decir que me sorprenda- respondió Alice cálidamente. -Pero me alegro mucho, por ti y por ellos.
-Quiero que regreses, Alice, que vuelvas a la compañía. Se puede solucionar, ¿sabes?. Bastará con tirar de unos cuantos hilos.
-Prefiero que no. Yo…
-Nadie puede protagonizar mi ballet excepto tú. Es Ariel, y Ariel eres tú.
-Oh, Emmett, por favor -alzando la mano, Alice se pinzó el puente de la nariz con el pulgar y el índice. Había dejado tras de sí el mundo que Emmett le ofrecía.
-No, nada de discusiones, al menos por teléfono. -Ella meneó la cabeza en silencio y cerró los ojos
-Cuando el ballet esté terminado, iré a Cliffdrop.
-Cliffside- lo corrigió Alice.
- Cliffside, Cliffdrop soy ruso. Es de esperar. Iré en enero- siguió diciendo Emmett, -para enseñarte el ballet. Luego regresarás conmigo.
-Haces que todo parezca muy simple, Emmett.
-Porque lo es, Ptichka. En enero.
Alice se retiró el auricular de la oreja y se quedó mirándolo. Qué propio de Emmett, se dijo, colgar sin más ceremonia. Era famoso por sus gestos grandilocuentes e impulsivos, así como por su total dedicación a la danza. Y era tan brillante, pensó Alice mientras colgaba el auricular. Tan seguro de sí mismo. Jamás comprendería que algunas cosas podían guardarse en un cofre de recuerdos y seguir siendo preciosas y estando vivas. Para Emmett todo era muy simple.
Alice se levantó y se acercó a la fotografía para contemplarla. Para Emmett la compañía lo era todo. Pero para ella contaban otros factores, otras necesidades. Ni siquiera sabía cuáles eran, solo que estaban ahí.
Cruzó los brazos sobre el pecho, abrazándose a sí misma. Quizá era el momento de tomar una decisión. Una ráfaga de impaciencia la recorrió pro dentro. Llevaba demasiado tiempo raqueando sin un rumbo fijos e acusó a sí misma.
Volviendo al presente, Alice se dirigió al estudio. Algunas alumnas seguían remoloneando en la sala, reacias a abandonar el calor de la academia por el frío del exterior. Rosalie había regresado a la barra para practicar por su cuenta. Sus ojos siguieron a Alice en el espejo. Mónica alzó la mirada con una animada sonrisa.
-Rose y yo vamos a tomar una pizza y luego al cine. ¿Quieres venir?
-Suena genial, pero quiero trabajar un poco más en la escenificación de El cascanueces. Las navidades llegarán antes de que nos demos cuenta.
Mónica alargó el brazo para acariciarle la mano.
-Trabajas demasiado, Alice.
Alice apretó la mano de Mónica, mirando sus ojos graves y preocupados.
-He estado pensando sobre eso.
Ambas mujeres alzaron los ojos al abrirse la puerta. Andy entró acompañado de una ráfaga de aire gélido. Su tez, normalmente pálida, estaba enrojecida por el frío, y tenía los anchos hombros encogidos.
-¡Hola!- Alice alargó las manos para tomar las de él. Se estremeció al notarlas frías. -No esperaba verte aquí esta noche.
-Parece que he llegado en el momento justo -Andy miró a su alrededor mientras las alumnas se ponían pantalones y jerséis sobre los maillots. Saludó a Mónica con un gesto casual; ella, a su vez, hizo un ademán de asentimiento casi esperanzado en su dirección.
-Hola, Andy- pareció tartamudear por fin.
Rosalie observó aquel sencillo intercambio de saludos desde el extremo de la habitación. Era tan evidente, se dijo, para cualquiera salvo para ellos tres. Andy estaba locamente enamorado de Alice, y Mónica estaba locamente enamorada de él. Había visto cómo Mónica se sonrojaba en el momento en que Andy había entrado en el estudio. Él, por su parte, solamente había visto a Alice.
Qué extrañas eran las personas, pensó Rosalie mientras ejecutaba un grand plié.
Y Alice. Alice era todo lo que ella aspiraba a ser: una verdadera bailarina, segura de sí misma, serena, hermosa, con cierta cualidad elusiva en sus movimientos. Rosalie se dijo que Alice se movía no como un pájaro o una mariposa, sino como una nube.
Había algo ligero, algo libre, en cada paso suyo, en cada gesto. Rosalie no la observaba con envidia, sino con añoranza.
Y la observaba detenidamente, sin cesar. Y, por ello, Rosalie creía estar empezando a conocer a muy Alice bien.
Admiraba su talante abierto, el modo en que manifestaba libremente sus emociones. Poseía un calor natural que atraía a los demás.
Pero había más bajo la superficie, mucho más, que Alice no estaba acostumbrada a revelar. Rosalie dudaba si esas pasiones ocultas se expresaban a menudo. Haría falta algo intenso, como la propia danza, para que se manifestasen.
Mientras Rosalie cavilaba sobre tales cosas, la puerta volvió a abrirse y su tío entró en el estudio. Una sonrisa afloró a los labios de Rosalie, acompañada de un gesto de saludo. Interrumpió este último para desempeñar el papel de observadora una vez más. La sacudida provocada por el contacto visual entre Jasper y Alice fue rápida y volcánica.
Su resplandor fue tan breve que, de no haber estado Rosalie observando con tanta atención, le habría pasado inadvertido. Pero fue real y poderoso.
Rosalie hizo una pausa momentánea, mirando ceñuda y pensativamente a su profesora y a su tío. Aquello era algo inesperado, y no sabía cómo sentirse al respecto. La atracción existente entre ambos era tan manifiestamente obvia como la de Mónica hacia Andy y la de este hacia Alice.
Era asombroso, pensó, que ninguno pareciera darse cuenta de las emociones que había en acción entre ellos cuatro. Rosalie recordaba la certidumbre que solía haber en los ojos de sus padres siempre que se miraban el uno al otro. La imagen le produjo un sentimiento de ternura, así como de tristeza. Deseaba desesperadamente sentir de nuevo una parte de esa clase de amor. Sin hablar, se retiró a una esquina para quitarse las zapatillas de baile.
En el momento en que Alice había girado la cabeza y había visto a Jasper, había sentido su poder. La inundó, y su reflujo fue tan rápido que estuvo segura de que sus piernas se habían derretido por debajo de las rodillas.
No, la atracción no se había desvanecido. Se había duplicado.
Todos los detalles relativos a Jasper se grabaron instantáneamente en su cerebro: su cabello revuelto por el viento; el hecho de que llevara la chaqueta de piel desabrochada pese al frío; el modo en que sus ojos parecieron engullirla en el mismo momento en que entró.
Parecía imposible que, sin hace siguiera un esfuerzo, pudiera excluir por completo de su mente a los demás presentes. Era como si se hallaran solos, en una isla, en la cima de una montaña, tan completamente absorbida por él se sentía. "Lo he echado de menos", comprendió de repente. Habían pasado veintidós días desde que lo vio por última vez, desde que había hablado con él. Un mes antes ni siquiera había sabido que existía, y ahora pensaba en él en los momentos más extraños e inesperados.
Una sonrisa afloró a sus labios de motu propio. Aunque Jasper no se la devolvió, Alice avanzó hacia él y le ofreció las manos.
-Hola. Te he echado de menos. -El comentario brotó espontáneamente, sin malicia. Alice tomó las manos de Jasper, y él estudió su rostro.
-¿De verdad?- preguntó con voz serena, pero la exigencia de su tono recordó a Alice que debía ser cautelosa.
-Sí- confesó ella. Retiró las manos y se giró. -Conoces a Andy y a Mónica, ¿verdad?
Mónica permanecía de pie junto al piano, ordenando unas partituras. Alice se acercó a ella para relevarla en la tarea.
-No te molestes en hace eso- dijo. -Rosalie y tú debéis de estar hambrientas. Además, os perderéis la película si os quedáis demasiado rato -dijo atropelladamente, molesta consigo misma. ¿Por qué, se preguntó, nunca pensaba antes de hablar? Levantó la mano en un gesto de despedida mientras las últimas alumnas salían.
-¿Has comido, Andy?.
-Pues no, la verdad es que para eso había venido -Andy miró de soslayo a Jasper. -Pensé que quizá te gustaría tomar una hamburguesa e ir al cine.
-Oh, Andy, qué amable eres -Alice dejó de ordenar las partituras para sonreírle. -Pero tengo que terminar cierto trabajo. Acabo de declinar una oferta similar de Mónica y Rose. ¿Por qué no cambias la hamburguesa por una pizza y te vas con ellas?
-Claro que sí, Andy -se apresuró a decir Mónica, y luego se sonrojó. -Sería divertido, ¿verdad, Rose?
Al ver el ruego en los líquidos ojos castaños de Mónica, Rosalie sonrió y asintió.
-No habrás venido a recogerme. ¿Verdad, tío Jazz?- Rosalie se puso en pie, tirando hacia arriba de sus pantalones vaqueros.
-No- Jasper observó cómo la cabeza de su sobrina desaparecía en el interior de un gruesos jersey, para luego aparecer de nuevo por la abertura del cuello. -He venido para charlar con Alice.
-Bien, en ese caso no os estorbaremos -Mónica se movió con una gracia inesperada en una chica de huesos grandes. Había algo atlético en su modo de andar, aunque suavizado por sus años en la barra. Agarró su abrigo y miró a Andy. Su sonrisa no era reservada, aunque sí titubeante. -¿Vienes Andy?- vio la rápida mirada que él dirigía a Alice. El corazón se le encogió.
-Claro- Andy acarició el hombro de Alice. -Nos veremos mañana.
-Buenas noches, Andy -poniéndose de puntillas, Alice le dio un ligero beso. -Que lo paséis bien- dijo dirigiéndose a los tres.
Andy y Mónica se encaminaron hacia la puerta, ambos luchando con la depresión. Rosalie los siguió con una sonrisa jugueteando en sus labios
-Buenas noches, tío Jazz, señorita Dunne.-cerró firmemente la puerta del estudio al salir.
Alice se quedó mirando la puerta cerrada un momento, preguntándose que habría motivado aquel brillo en los ojos de Rosalie. Un brillo travieso, puro y simple, y Alice, arenque se había alegrado al verlo, no podía menos de preguntarse por la causa.
Meneando la cabeza, se volvió hacia Jasper.
-Bien- empezó a decir animadamente- imagino que querrás hablar de Rose. Creo que….
-No.
Los pensamientos de Alice se detuvieron en mitad de su cauce.
-¿No?- repitió. Su expresión era de genuina perplejidad, hasta que Jasper dio un paso hacia ella. Entonces lo comprendió todo. -La verdad es que deberíamos hablar sobre ella- dijo dándose media vuelta y retirándose al centro del estudio. Pudo ver el reflejo de ambos en los espejos de la pared. -Está mucho más adelantada que cualquiera de mis alumnas, pone más dedicación y tiene mucho más talento. Algunas personas nacen para bailar, Jasper. Rosalie es una de esas personas.
-Puede ser- con movimientos casuales, Jasper se quitó la chaqueta y la soltó encima del piano. Alice comprendió, instintivamente, que no sería fácil tratar con él esa noche. Se llevó los dedos a la garganta. -Pero ha pasado un mes, no seis. Hablaremos de Rose el verano que viene.
-Esos es absurdo- molesta, Alice se giró para mirarlo. Fue un error, descubrió, pues su imagen real era mucho más poderosa que la del espejo. Alice se volvió de nuevo y empezó a pasearse nerviosamente.
-Hablas como si fuera un capricho que se le pasará con la edad. Dentro de cinco meses seguirá siendo una bailarina.
-Entonces, esperar no será ningún problema -su lógica hizo que Alice cerrase los ojos en un estallido de furia. Deseaba razonar con él tranquila y sosegadamente.
-Será tiempo perdido- dijo controlándose a sí misma. -Y, en una situación como esta, perder tiempo es un pecado. Rosalie necesita más, mucho más de lo que yo puedo ofrecerle aquí.
-Primero necesita un poco de estabilidad- había un deje de molestia en la voz de Jasper.
Reflejaba los propios sentimientos de Alice igual que el cristal reflejaba sus cuerpos.
-Posee un don- repuso ella, gesticulando frustradamente con ambos brazos -¿Por qué te niegas a verlo? Es un don raro y hermoso, pero que hay que cultivar y disciplinar, cosa que será tanto más difícil cuanto más tiempo pase.
-Ya te he dicho que Rosalie está bajo mi responsabilidad- la voz de Jasper sonaba afilada como una cuchilla. -Y también te he dicho que no he venido para hablar de Rosalie. Esta noche no.
La intuición de Alice reprimió cualquier posible réplica. No llegaría a ninguna parte con él de ese modo, y corría el riesgo de acabar con cualquier oportunidad futura. Por el bien de Rose, se dijo, debería tener paciencia.
-Está bien- respiró hondo y notó que su enfado remitía. -¿Para qué has venido?
Él avanzó hacia ella y la agarró firmemente por los hombros antes de que pudiera reaccionar.
-¿Me has echado de menos?- preguntó, sus ojos taladrando los de Alice en el espejo.
-En un pueblo pequeño como este es raro que pase un mes sin que uno vea a alguien. Alice trató de zafarse, pero los dedos de él se cerraron con más fuerza.
-He estado trabajando en un proyecto, un centro médico que se construirá en Nueva Zelanda. Los bosquejos ya están prácticamente terminados.
Dado que la idea la intrigaba, Alice se relajó.
-Qué emocionante debe de ser…crear algo con tu mente, algo en cuyo interior la gente vive, trabaja o pasea. Algo sólido y duradero. ¿Por qué te hiciste arquitecto?
-Los edificios me fascinaban- Jasper empezó a masajearle lentamente los hombros, pero el interés de Alice se centraba en sus palabras. -Me preguntaba por qué se construían de maneras determinadas, pero qué la gente elegía estilos diferentes. Quería hacerlos funcionales y atractivos al mismo tiempo -con el pulgar ascendió por la curva de la nuca, estimulando un sinfín de terminaciones nerviosas.-Tengo debilidad por la belleza- lentamente, mientras los ojos de Alice permanecían clavados en el espejo, Jasper bajó la boca para atormentar su piel ahora excitada.
Un suspiro tembloroso escapó de los labios de ella.
-Jasper….
-¿Por qué te hiciste bailarina?- la pregunta interrumpió su protesta. Jasper masajeó sus músculos con los dedos y la miró en el espejo. Captó el deseo que titilaba en sus ojos.
-Fue la única posibilidad que se abrió ante mí- las palabras de Alice sonaban roncas, nubladas por una pasión contenida. Le resultaba difícil concentrarse en lo que decía. -Mi madre no hablaba de otra cosa.
-Así que te hiciste bailarina por ella- Jasper alzó una mano hasta su cabello y retiró una horquilla.
-No, algunas cosas las fija el destino. Mi destino era este- notó que la mano de él subía por su cuello y se hundía en su cabello.
Le quitó otra horquilla. Me habría dedicado a la danza aun sin la intervención de mi madre. Ella simplemente me hizo ver antes su importancia.
-¿Qué estás haciendo?- colocó una mano sobre la de él mientras le quitaba otra horquilla.
-Prefiero tu cabello suelto, para poder tocarlo.
-Jazz, no….
-Siempre lo llevas recogido cuando das clase, ¿verdad?.
-Sí, yo…-el peso de su pelo recayó sobre las restantes horquillas, hasta que estas cayeron al suelo. El cabello quedó suelto en una nube de color cafe pálido.
-Ya se ha acabado la clase- murmuró él, enterrando el rostro en su espesura.
El reflejo de ambos en el espejo mostraba el fuerte contraste del cabello de Jasper sobre el de ella, de sus dedos bronceados sobre la piel marfileña de su cuello.
Resultaba mágico ver cómo le retiraba el pelo del cuello y hacía descender su boca mientras, al mismo tiempo, sentía la caricia de sus labios y sus dedos en la piel.
Fascinada, Alice observó a la pareja en el espejo de la pared. Cuando él la giró hacia sí, el trance no disminuyó en intensidad. Totalmente absorbida, ella alzó los ojos para mirarlo.
Jasper bajó su boca y, aunque los labios de Alice estaban hambrientos, le posó una serie de suaves besos en la línea del mentón.
Sus manos se movían ansiosamente por la mata de cabello mientras atormentaba su rostro con besos prometedores.
Alice empezó a arder de deseo, ansiando la intimidad que seguía a la unión de los labios. NO obstante, cuando giró la cabeza para buscar la boca, Jasper la retiró de sí
Oleadas de calor ascendían desde los dedos de sus pies, concentrándose en sus pulmones, hasta que Alice llegó a pensar que explotarían de puro placer.
Con los ojos clavados en los de ella, Jasper le desabrochó lentamente el botón de la camisa, sus dedos se desplazaron por sus hombros, rozándolos apenas, deteniéndose a pocos centímetros de la prominencia de sus senos. Con delicadeza, le quitó la camisa y esta cayó silenciosamente en el suelo.
Hubo algo increíblemente sexual en aquel gesto. Alice se sintió desnuda delante de él. Jasper había destruido todas sus barricadas. Ya no había sitio para los espejismos. Adelantándose, se puso de puntillas para poseer la boca de Jasper con la suya.
El beso empezó lenta, lujuriosamente, con la paciencia de dos personas que sabían el placer que podían darse la una a la otra. La boca estaba hecha para ser saboreada, y ambos saciaron un hambre que había crecido y se había agudizado con el ayuno.
Bebieron sin prisas, como si desearan prolongar aquel momento de plena satisfacción.
Alice separó los labios de los de Jasper para ponerse a explorar. Había un cierto tacto de aspereza en su mentón debido a la barba de un día. Sus pómulos eran largos y, debajo de la oreja, tenía un sabor misteriosamente masculino. Se detuvo allí saboreando.
Las manos de él se habían posado en sus caderas y, con los dedos, recorrió la parte superior de sus muslos. Alice cambió de postura para permitirle acariciar con mayor libertad. En un viaje prolongado y gradual, la mano ascendió hasta su seno. El tejido del maillot era muy ajustado, apenas una barrera entre su palma y la piel
Sus labios se unieron en un beso exigente y desesperado mientras sus cuerpos se tensaban el uno contra el otro. Los brazos de Jasper la atrajeron más fuertemente hacia sí, casi levantándola del suelo. Ya no había comodidad, no había recreación, pero el dolor resultaba exquisito.
Como si procediera del final de un largo túnel, Alice oyó el sonido del teléfono. Se acurrucó más contra Jasper. El teléfono volvió a sonar una y otra vez, hasta que por fin penetró en su conciencia.
Alice intentó separarse de Jasper, pero él la atrajo hacia sí.
-Deja que suene, -maldita sea -reclamó su boca, tragándose las palabras.
-No puedo, Jasper- Alice luchó por orientarse a través de la bruma que nublaba su cerebro. No puedo….Mi madre.
Él maldijo profusamente, pero la soltó. Retirándose, ella corrió hacia el teléfono.
-¿Sí?- mesándose el cabello, Alice trató de aclarar su mente lo suficiente como para saber donde estaba.
-¿La señorita Dunne?
-Sí. Sí, soy Alice Dunne. -Alice se sentó en una esquina de la mesa al notar que las piernas le fallaban.
-Lamento mucho molestarla, señorita. Soy Worth. ¿Está ahí el señor Hale?
-¿Worth?- Alice inhaló y exhaló lentamente una bocanada de aire. -Ah, sí. Sí, está aquí. Espere un momento.
Con movimientos lentos y deliberados, dejó el auricular junto al teléfono y se levantó.
Permaneció un momento en la puerta de la oficina. Jasper estaba vuelto hacia ella, y sus ojos se clavaron instantáneamente en los de Alice, como si hubiese estado esperando con ansia su regreso.
Alice entró en el estudio, combatiendo el impulso de entrelazar las manos.
-Es para ti- le dijo. El señor Worth.
Jasper asintió, pero no hubo nada de casual en el modo en que la tomó por los hombros al pasar. Brevemente permanecieron el uno frente al otro.
-Será solo un momento.
Alice se quedó inmóvil hasta que oyó el murmullo de su voz en el teléfono.
Siempre que acababa una danza difícil, se tomaba unos cuantos minutos para respirar. Se trataba de una respiración concentrada, profunda y lenta, no el movimiento inconsciente de permitir el acceso del aire a los pulmones.
Se tomó tiempo para hacerlo en este momento.
Poco a poco, notó que el flujo sanguíneo decrecía y que el martilleo de su pulso se calmaba. El hormigueo que sentía debajo de la piel desapareció. Satisfecha de que su cuerpo respondiera, Alice esperó a que su mente siguiera el ejemplo.
Incluso para ser una mujer que disfrutaba corriendo riesgos, Alice era consciente de lo insensato de su conducta. Con Jasper Hale llevaba todas las de perder. Estaba empezando a comprender que ella misma contribuía a aumentar su desventaja. Se sentía demasiado atraída por él, era demasiado vulnerable a sus encantos. Y el hecho de que lo conociera tan solo desde hacía unas pocas semanas no parecía tener importancia ninguna.
Lentamente, se acercó a la camisa que yacía en el suelo. Se agachó justo cuando un movimiento en el espejo captó su atención. De nuevo, sus ojos se encontraron con los de Jasper en el cristal. Una serie de fríos pinchazos se propagaron por su piel
Alice se irguió y se dio media vuelta. Sabía que el momento de las fantasías y las ilusiones había pasado.
-Un problema en la obra -dijo él lacónicamente. -He de revisar algunas cifras en casa.-se acercó a ella.
-Ven conmigo.
Estaba inequívocamente claro lo que pretendía. Para Alice, la simplicidad y la franqueza de su propuesta resultaba arrolladoramente cautivadora. Con movimientos cuidadosos, se puso la camisa.
-No, no puedo. Tengo trabajo que hacer, y además…..
-Alice- Jasper la detuvo con una palabra y una caricia en la mejilla. -Quiero dormir contigo. Quiero despertarme a tu lado.
Ella dejó escapar a un largo suspiro.
-No estoy acostumbrada a enfrentarme a este tipo de situaciones- murmuró. Se pasó la mano por el cabello suelto y luego volvió a mirarlo a los ojos con fijeza. -Me siento muy atraída por ti. Es algo que no había sentido nunca antes, y no sé muy bien qué hacer al respecto. -La mano de Jasper bajó de su mejilla y rodeó su cuello.
-¿Crees que puedes decirme una cosa así y luego esperar que vuelva a mi casa solo?
Alice meneó la cabeza y colocó una mano firme en su pecho.
-Te lo he dicho, supongo, porque no soy lo bastante sofisticada como para callármelo. NO creo en las mentiras y los fingimientos- una fina línea se dibujó en su ceño mientras proseguía. -Ni suelo hacer nada que no esté absolutamente segura que deseo hacer. No voy a dormir contigo.
-Sí que lo harás- Jasper cubrió con su mano la de ella, capturando la otra al mismo tiempo. -Si no es esta noche, mañana; y sino pasado mañana.
-Yo en tu lugar no estaría tan seguro. -Alice se zafó de sus manos. -Nunca soy muy complaciente cuando me dicen lo que debo hacer. Tomo mis propias decisiones.
-Y ya has tomado una- dijo Jasper con calma, aunque la furia brillaba en sus ojos. -La primera vez que te besé. La hipocresía no te va.
-¿Hipocresía?- Alice contuvo sus palabras un momento, sabiendo que tartamudearía. -¡El dichoso ego masculino! Rechazas una proposición y resulta que eres una hipócrita.
-No creo que el término "proposición" sea el más acertado.
-Pues vete a estudiar semántica- invitó ella. -Pero hazlo en otro sitio. Yo tengo trabajo que hacer. –
Jasper fue muy rápido. La agarró por el brazo y, dando un tirón, la atrajo hacia sí antes de que la orden de alejarse llegara desde el cerebro de Alice hasta sus pies.
-No me presiones, Alice.
Ella tiró para soltarse, pero no le fue posible.
-¿No eres tú el que está presionando?
-Parece que tenemos un problema.
-"Tú" tienes un problema- repuso Alice. -No pienso convertirme en uno de los planos que guardas en tus archivos. Si decido acostarme contigo, ya te lo diré. Mientras tanto, nuestro principal tema de conversación debe ser Rosalie.
Jasper estudió con intensidad su semblante. Tenía las mejillas congestionadas de rabia y respiraba aceleradamente. Un atisbo de sonrisa asomó a los labios de él.
-Tienes un aspecto parecido al que tenías cuando te vi. Bailar Dulcinea, lleno de pasión y de fuerza. Volveremos a hablar- antes de que Alice pudiera hacer algún comentario, le dio un beso largo y lento. Pronto.
Ella logró aclarar su mente mientras Jasper se acercaba al piano para recoger la chaqueta.
-Con respecto a Rose…..
Él se puso la chaqueta sin dejar de observarla mientras tanto
-Pronto- repitió, y se dirigió con grandes zancadas hacia la puerta
