SER TUYO
LIBRO 2º: INVASION.
Capítulo 01,
Una cita para cuatro.
Estuvieron bastante rato tratando de descifrar los códigos de la nueva lengua, pero al final decidieron dejarlo para después, porque todos estaban cansados y por demás necesitaban un descansito.
-Esto es agotador, dijo Megamente, parece que estos menús holográficos drenaran mi energía para desplegarse…
El científico, antes de marcharse, le pidió permiso al extraterrestre azul para revisar su cuarto, en busca de su bolígrafo regalón, que perdiera el día de la transfusión...
Lo encontró en la mesilla de noche. Cuando salía discretamente, un brevísimo brillo en el suelo atrajo su atención. Era el camafeo de Charlie. Lo recogió con un estremecimiento. Y muy a su pesar, no pudo evitar la tentación de abrirlo.
Unas delicadas notas musicales rasgaron el aire, mientras aparecía a sus ojos la fotografía de…
¿Metroman?
¿Porqué la psicóloga llevaba a todas partes el retrato del desaparecido héroe de Metrociudad, colgando en su cuello, justo sobre su corazón?
¿Acaso ellos?...
Por un lado, comprendió mejor las razones de la chica para atacar a Megamente, pero también admiró su entereza, al departir con él, debido al respeto que le debía a su amiga.
Por otro lado, se sintió aterrado… ¿De qué manera podría él siquiera soñar con competir con Metroman, aún cuando este estuviera criando margaritas en el "Metroparque Paz Eterna"?
Su ánimo había decaído bastante cuando volvió a la estancia principal, donde los otros planeaban entusiastamente una salida para cuatro.
-Conozco un lugar excelente, decía la psicóloga, es tan discreto y poco iluminado que les importa un pepino si llega el Cardenal de Roma, acompañado de Britney Spears.
Ajá, se dijo Edile, seguro que allí se juntaba con él.
-Fantástico, aprobó el defensor azul, hace días que no salimos juntos, ¿cierto "amiguita"?
-Además, aprobó Roxanne, servirá para darle privacidad a los tortolitos, dijo por lo bajo y señalando al acuario.
El científico quedó de pasar a buscar a Char a su consulta, a la hora que debería estarse marchando el último paciente de la tarde.
Mientras él y sus resabios se encaminaban hacia allá, una visita inesperada se dejaba caer en el despacho de la doctora.
-¿A ti te parece racional, humano, tu manera insensible de actuar?
Casi un mes pensando que estabas muerto… ¿Y ahora apareces como si nada, a solicitar una hora para terapia?
¿Se supone que debo sentirme feliz, debo tomar las cosas con naturalidad?
La mujercita, había subido sin pensarlo a la escalerilla que usaba su asistente para guardar los archivos, ya que al menos así podía mirarlo a los ojos. Estaba furiosa como una gata.
-Pero Charlie, debería ver todo el estrés que significa ser un artista tan famoso, se justificó él. La gente espera tanto de tí…
-Siempre el mismo cuento… Ahora esto lo elegiste tú mismo, debes asumir la responsabilidad de tu elección.
Está bien pide una hora con la recepcionista y veré que podemos hacer, pero no prometo milagros… se rindió Char, resignada.
-¿Charlie? La voz grave y mesurada de Edile se sintió tras la puerta, mientras golpeaba educadamente con el dorso de la mano.
-¡Rayos! Es Edile… Dijo la psicóloga, empalideciendo y tambaleándose al ir a tapar la boca del "convidado de piedra", a punto de caer de la escalerilla. En un acto reflejo, Wayne la había cogido de la cintura para evitar que cayera. Ahora si sería embarazoso que la vieran así…
-¿Quién es ese Edile?
-Es un hombre con el que voy a salir esta noche, así que si nos disculpas, dijo mientras se alisaba la ropa y aterrizaba sana y salva.
La perilla giró sobre si misma y la puerta se abrió lentamente.
-Disculpa que entre así, pero tu recepcionista parece haber salido... Un hombre alto y fornido bloqueaba la ventana. Así a contraluz apenas podía distinguir sus rasgos, pero parecía apuesto.
-Ah, Edile, llegas temprano, me estaba despidiendo de este paciente y amigo, ¿Lo conoces? Es Music Man, el de la canción de "Las nubes debajo de mí"…
-Tienes pacientes famosos, dijo admirativamente el científico, estrechando la enorme y musculosa mano que le tendía el cantante, parecía esculpida en roca sólida.
Por primera vez sentía una punzada de celos, al considerar la cantidad de hombres como éste que debían por la consulta de Char.
Tal vez es el tipo de chicos que le gustan se dijo, musculosos, altos, fornidos, tal vez para compensar su estatura menuda… Ja, no empieces a pensar como psicólogo también se recriminó.
Cuando el cantante desapareció por la puerta, Char se le quedó mirando. Estaba tan acostumbrada a verle salir hecho un cohete por la ventana…
-Estás muy bonita, admitió el chico de ciencias para empezar a dialogar , el tipo aquél le había dado mala espina… a pesar de ello, casi le recordaba a alguien, ¿pero a quién?.
-Y tú estás, eh, como siempre, dijo la chica tras echarle un vistazo.
-¿Qué tiene de malo de mi ropa?, dijo a la defensiva, si me la ha regalado toda mi mamá.
-Igual se nos hace tarde, ¿Vamos?
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Servil y Marla se quedaron mirando, apenas Megamente salió raudo y feliz en el auto invisible.
-Al fin solos, dijo el chico pez, acarameladamente.
Marla podía sentir la ansiedad y el deseo físico que emanaban de la mente del pez extraterrestre.
-¿Crees que será así de fácil? Se molestó la pecezuela.
Oh, somos las dos especies marinas, nos quedamos solos y dan por sentado que debemos aparearnos… incluso tus amigos… ¡es vergonzoso!
-P-p-pe-pero Marla…
-¡Pero Marla, nada!.
Se encontraba muy ofendida, el pensamiento superior que le había sido conferido por un villano, le estaba ahora dificultando las cosas y haciéndola sentir muy infeliz.
Está bien, dijo el ahora también ofendido pez. Creo que prefieres estar a solas que conmigo. Saltó a su exocuerpo y de alejó a grandes zancadas.
Se sentía herido y culpable a la vez. Sabía que ella se esforzaba de no leer su mente todo el tiempo, pero era obvio que a veces algunas cosas incluso sobrepasaban la barrera de la conciencia.
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Una vez reunidos los cuatro, pidieron la cena.
-Muero de hambre, dijo Roxanne.
El científico recordó que ahora la reportera debía comer para dos. ¿Cuándo iría a decírselo? Tal vez ahora lo retrasaba porque aún estaba convaleciente del golpe en la cabeza.
¡Que envidia!, se dijo, cuando vio que ella y el héroe de la ciudad se comían con los ojos.
Su Charlie parecía distante e incómoda. En verdad, ella estaba temerosa, de que Edile barruntara algo raro de Musicman y su terapia.
El chico azul, comenzó a hacer hombrecitos con sus dedos, que subían montaña arriba por las rodillas de la reportera. Esto le producía cosquillas y risita nerviosa.
Encendida, comenzó a imitarle, mientras sus dedos exploraban la sedosa textura de los pantalones de él.
-Creo que necesito empolvarme la nariz, dijo Roxanne, juguetonamente, mientras miraba a los ojos a su chico.
-Oh, yo creo que vi un amigo por allá, iré a saludarlo, vuelvo pronto… se excusó Megamente.
Extraterrestre y chica terrícola se encerraron en el baño a besarse.
-Eres como un crío, le achacó ella.
-Y tú no lo haces mal, mi niña, dijo él, mientras sus dedos se perdían en el profundo escote del vestido de suave microfibra azulada de ella.
Le bajó los tirantes del vestido, mientras besaba el cuello y el tórax de su amada, como si todo aquello fuera totalmente suyo y nadie pudiera arrebatárselo.
Ella introdujo la mano en los pantalones de él, para frotar y apretar el músculo encargado de la fusión del amor. Había poco tiempo, no lo había para sutilezas, si alguien los llegaba a descubrir allí…
El chico azul, a pesar de la falta de espacio, bajó la diminuta tanga de su chica con los dientes, mientras mordisqueaba y lamía el prominente hueso de su cadera.
Hizo acopio de todas sus fuerzas para sostenerla en el aire, mientras la cargaba un poquito contra la pared, y se integraba a su interior enfebrecido y presuroso. Los muslos blanquísimos y satinados de ella se abrazaban a su cintura con frenesí.
Sintió un estremecimiento. Roxanne le mordía el hombro, temerosa de que alguien pudiera oír los gemidos de placer que le arrancaba su amante, ya el ruido de sus potentes embates era sospechoso de por sí…
Mientras, los cientistas se miraban con desconfianza.
-Eh… Encontré esto, parece que es tuyo, dijo el bioquímico alargándole el objeto a Charlie.
-Ah, es mi viejo camafeo, gracias, dijo con nerviosa indiferencia, no parecía que hace unos días no se lo quitaba ni para dormir,¿habrá mirado dentro?.
La reportera volvió veinte minutos después. Demasiado tiempo como para retocarse el maquillaje, y éste lucía peor, incluso estaba algo despeinada y su rostro estaba algo sofocado.
Su amante no tan secreto, regresó unos segundos después, algo pálido y sudoroso, como si hubiera corrido una pequeña y privada maratón. Su ropa estaba arrugada y lucía una sospechosa mancha de humedad en el hombro.
Sus amigos le miraron atónitos.
-Ah,¿Esto? Es que salí a dar un vistazo por el exterior y un perrito me mordió en el callejón. Un pisotón bajo la mesa lo hizo encogerse.
-Que raro, para morder a esa altura debe haber sido un gran danés, se maravilló Edile.
-O un caballo, aunque apostaría por una yegua… expresó Char descaradamente mientras miraba a su amiga.
-En fin, ¿no ha sido una gran velada? Espetó Roxanne, mientras devoraba una poco despreciable ración de pastel de fresas y crema (Solo el chico azulado parecía de acuerdo con Roxanne, asintiendo entusiastamente), creo que es hora de irnos a dormir, después de todo, mañana hay que retomar nuestros deberes habituales, incluso tú debes volver a tu agenda designada, ya me lo ha confirmado el hombre del gobierno (ahora el alien hacía pucheros).
-Bien, yo iré a dejar a Roxanne, ¿Crees poder encargarte de llevar a Char, Edile?, expresó guiñándole un ojo a su amigo.
El doctor conducía en silencio su pequeño autito eléctrico. Sentía la frente húmeda y pegajosa, y no las tenía todas consigo respecto del freno, el acelerador y los semáforos. Finalmente se detuvo en el edificio del atildado departamento de Charlie.
-Gracias, ¿te gustaría subir por un café?
-Bueno, eres muy amable…
La psicóloga encendió la luz. Era un habitáculo bastante reducido. La primera habitación era recibidor, comedor y cocina, todo en uno. Conectó la cafetera con maniobras experimentadas y luego se volvió a mirar al doctor.
Este parecía nervioso, estuvo a punto de tirar sus lentes al tratar de desempañarlos, con una pulcra toallita de fibra que siempre acarreaba consigo.
-Puedes encender la música, si quieres, esto es tan silencioso de noche…
Éste obedeció, y coincidencia o no, el equipo comenzó a tocar una melodía sugerente y aterciopelada, seductora…
Bebieron el café, mirándose a los ojos.
-M-me-me gustas mucho… comenzó a decir el bioquímico.
Char abrió de par en par sus enormes ojos oscuros.
-¿En serio?, no lo parece… dijo batiendo las pestañas.
-¿P-p-porqué lo dices?
-Estás un poco lejos, aquí cerca podrías demostrarme fehacientemente tus palabras, dijo ella, invitándolo a aproximarse.
Se acercó, pudorosamente a ella, sentía que los nervios lo traicionaban, ¿Eres hombre o no? Le pareció oír a su padre, es hora de probarlo…
La atrajo hacia sí, y la besó entreabriendo sus labios para degustar la boca rotunda de la pequeña mujercita. Sintió su lengua tanteando los límites de la suya, explorando juguetonamente, introduciéndose, acariciando el canto de sus dientes, el nacimiento de sus encías…
La excitación de su cuerpo se hizo patente, sintió un alza en su presión sanguínea y avergonzado notó como la parte baja de su torso comenzaba a reaccionar al roce de las curvas de Charlie y a sus fogosos besos…
Trató de responder de igual manera, no quería, que ésta se diera cuenta de que apenas era la segunda vez que besaba a alguien de esa forma…
Ella se separó de improviso, y se alejó musitando que se pondría algo más cómodo.
Apenas comenzaba recuperar el aliento cuando Char regresó, vestida o desvestida, si se prefiere, con un modelador negro, medias con liga, un diminuto calzón de encaje y una bata de gasa envolviendo su figura, un conjunto que dejaba bastante poco a la imaginación…
-Lo siento, le dijo, yo… no puedo…. Musitando estas excusas, empezó a retroceder hacia la puerta.
-Pero… ¿qué? Acaso hice algo mal, ¿no te gusto? Preguntó ella, dolida.
Edile escapó escaleras abajo. No paró de correr hasta que estuvo a salvo en su vehículo.
¡Qué verguenza! Se dijo. Si no le hecho nunca, ¿como voy a poder compararme con Metroman? No quiero que ella se ría de mí.
Arriba, lágrimas de indignación y desconcierto sacudían a la pequeña psicóloga.
-No entiendo que ha pasado, le dijo a Dana, su tortuga. Debe ser mi Karma, ¿o será que tal vez pensó que tenía demasiada experiencia?... ¡Al diablo!
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Al volver a su guarida con una sonrisa de satisfacción en sus delgados pero delectables labios, Megamente encontró a Marla desolada.
-¿Qué pasa, pececilla?
-Servil e ha ido, y me ha dejado sola…
-Habrá salido a caminar, pero ya volverá, le dijo, consolador.
No quiso preguntarle por "su" velada, se moría de curiosidad, pero al fin, fue lo más atinado de su parte.
Se preguntó por un momento, si el último espécimen de una especie, tenía derecho a luchar contra la extinción.
Quizás algún día le preguntara a su Roxanne si quería hacer el intento de tener un hijo con él. Pero temió que esta se escandalizara o asustara, rechazando de plano tan descabellada idea. Soñar no cuesta nada… Se dijo….
