Capítulo VI

Estaban despidiéndose de sus hijos y dándoles las buenas noches, por lo que Naraku consideró propicio el momento y comentó:

–Takeshi, asegura que en cuanto Miku tenga conocimiento del mundo que lo rodea… lo alejara de nuestros hijos.

–¿Alejar? –cuestionó algo curioso el Lord.

–Que ya no dejará que conviva con ellos, o por lo menos no como amigo, si no como siervo.

–…

Sesshōmaru dejó que la cortina cubriera la cuna de sus hijos y caminó hacia la recamara que compartía con su pareja y comenzó a quitarse la armadura. Jaken siempre servicial y discreto, ayudó a su amito, sin intervenir.

Naraku dejó una última mirada a sus hijos y se unió a su pareja sin esperanza de una respuesta, ya no favorable siquiera, solo una respuesta.

Jaken se retiró. Sesshōmaru se recostó besando al de cabello oscuro y entre susurros dijo…

–Mi madre como Inu no Kami debió unirse a un fuerte Inugami, pues el poder que poseía era más que envidiable y deseado por mucho yôkais; por eso debió tener la fortaleza de padre para protegerse.

–Ya veo… –asintió Naraku.

Sin embargo el de cabello plata siguió:

–Si se amaron no lo sé y a decir verdad nunca me interesó mucho, sabes que entre Inugamis la fuerza es lo que importa.

–…

En tanto explicaba eso, el Lord ya había desnudado a su pareja.

–Como señor de este clan, ninguno de mis vasallos es poco importante para mí, y en cuanto a las amistades de mis hijos, si a InuYasha no le prohibí entablarla con quien deseó, no veo porque intervendría con Yûko y Taisei. Como Yû sabrán que, solo los humanos no son de mi agrado.

Naraku sonrió y en gesto de admiración y entrega se giró quedando sobre su señor y con parsimonia se fue dejando caer sobre el miembro erguido de este; iniciando con los movimientos para que ambos disfrutaran de esa entrega.

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Fue Yû el que mirando a los que estaban echado sobre el piso, vislumbró la silueta de una mujer y llamó con señas a Misaki; el soldado se acercó y miró a la mujer que el bochan señalaba mas notó que esta parecía envejecida.

Una a una, fueron revisando a las personas hasta que Nabunaga encontró a Tsuyu hime-sama. Al despertarla con un poco de esfuerzo; ella reconoció al joven como un sirviente con quien crecieron juntos, en su palacio.

La princesa relató como desde que su señor había caído cerca de un estanque, se había convertido en algo extraño, un ser que no parecía ni humano.

Yû –al escuchar el relato– casi saltó de alegría, pues eso significaba que tendrían un enemigo con el cual combatir. InuYasha ordenó…

–Eh chico, toma a tu princesa y salgan de este lugar; nosotros no encargaremos.

–¡Pero… Yo quiero ayudar!

Misaki casi rodó los ojos, pues no creía ni remotamente posible que ese humano atolondrado fuera de ayuda.

Escucharon unos pasos y luego la voz de alguien… Una extraña figura grande y gorda con el cuerpo lleno de vendas, se acercó a ellos.

–¡Intrusos! –exclamó el señor feudal.

La joven gritó:

–¡Mi esposo!

Sin perder tiempo; el de orejitas dio un tajo con Tessaiga y esta cortó las vendas que cubrían el rostro del señor feudal y…

Yû hizo un gesto de desagrado al exclamar:

–¡Una rana!

Misaki recordó lo que sabía de algunos yôkai ranas y advirtió a su bochan.

–Cuidado bochan, él podría ser Tsukumu no Gama, la rana inmortal. Un yôkai de trescientos años y es inmortal o eso es lo que dicen.

–Mejor para nosotros, no deseábamos un rival débil o sí. –aseguró el hanyō mayor.

Yû y Misaki se unieron al ataque del de orejitas y al ver eso, la rana infló sus mejillas y dejó salir un humo venenoso.

Royakan corrió a cubrir a Yû. Misaki e InuYasha se cubrieron con sus ropas la nariz, más los dos humanos, no corrieron con la misma suerte y al sacarlos del lugar para que no murieran; el yôkai escapó.

Fuera del palacio; Nabunaga se levantó y notó que la princesa estaba a su lado.

El hanyō de orejitas los miró…

–Quédense aquí. Si se quedan dentro, solo serán un estorbo.

Nabunaga no pudo refutar aquello y vio como el grupo de yôkais entraban de nuevo al castillo. Tsuyu se levantó y aun un poco desorientada, preguntó:

–¿Ellos son….?

–Sí, son yôkais, pero me han ayudado.

–Eso es muy extraño.

El joven de coleta estuvo de acuerdo, más en esa situación no estaban para desconfiar de eso yôkais que les habían ayudado.

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Dentro del palacio; Yû jaló la manga de su tío y dijo:

–Antes de salir vi que esa rana fea, se iba por ese pasillo.

El de orejitas asintió y el grupo camino por el pasillo oscuro donde Yû afirmó se fue el monstruo. Las espadas salieron de sus fundas dispuestas a probar la sangre de un yôkai inmortal.

Al llegar al final del pasaje; abrieron la puerta y un cuadro algo grotesco los recibió. En la gran sala, estaba lleno el lugar de una especie de burbujas, algunas doncellas se encontraban encerradas en estas. El yôkai anfibio al verlos se dispuso a luchar de nuevo, mas…

–¡Oh no, no lanzaras de nuevo ese gas apestoso!

Gritó el hanyō mayor y atacó con Tessaiga haciéndole un corte profundo al sapo. Misaki y los otros estaban por rematar al yôkai, mas este exclamó llamando a voces…

–¡Mis niñas cúrenme!

Los Inu y el lobo vieron, como de una de esas esferas, el alma de una jovencita se introducía en Tsukumu y este fue curado de inmediato, sin quedar siquiera con alguna cicatriz.

–¡Qué asco! ¡Esa cosa se alimenta de almas! –exclamó Yû.

El soldado Inu asintió con la misma cara de horror que su pequeño lord. InuYasha pensó un poco y comentó:

–Eso me recuerda alguien… –Mas como no le vino a la mente el recuerdo, lo desechó– ¡No importa! ¡Acabemos con él!

Esa fue al orden y de pronto la rana, fue rodeada por el grupo de guerreros; con un Yû más que molesto, pues si bien los humanos no eran de su agrado, no era para comerse sus almas y dejarlos como un saco de huesos.

Entre más ataques recibía la rana, mas buscaba como las almas lo alimentaran; sin embargo al ver esto, InuYasha abrió un Meidō Zangetsuha al más allá y ahí desvió a estas dejando sin alimento a Tsukumu.

–¡No! ¡Mis niñas!

–Van a donde deben… –cortó el de orejitas.

La rana sin el poder de curarse con la ayuda de la vida que robaba, fue abatida por los tajos de las tres espadas.

En cuanto el cuerpo del señor feudal reapareció en lugar del de la rana, un fragmento de la perla se vio emerger de este y Misaki lo levantó, guardándole en la bolsita donde llevaban estos.

Los cuatro salieron del lugar y fuera de este, Nabunaga corrió hacia ellos…

–¡¿Qué sucedió?!

–Ya está…. –InuYasha explicó lo sucedido.

Al concluir los asombrados Nabunaga y la princesa Tsuyu. Se quedaron pensando:

–Vaya… nunca creí que alguien pudiese cambiar tanto….

Eso decía el joven, cuando todos escucharon, como Tsuyu-hime se lamentaba por la muerte de su esposo….

El grupo de yôkais se alejó, dejando a Nabunaga consolando a la princesa, después de todo ellos no entendía como es que ella le lloraba a una cosa como esa.

El bochan menor bostezó y se talló los ojitos.

–Lo ves Oji, ya tenemos otro fragmento, pero… –InuYasha esperó…– no creo que me gusten los humanos, son raros.

Yû fue alzado en brazos por Royakan y se acomodó para dormir. Misaki le sonrió al de orejitas.

–Bueno, la curiosidad quedó satisfecha.

–Qué bueno, mi aniki no vería bien que Yû fuese amigo de humanos y la verdad ni yo.

De ese modo los Inu y el lobo, caminaron hasta encontrar un lugar donde pasar el resto de la noche; ya vendría otro día y otra aventura.

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Su hogar en la montaña se veía y Kōga, aumento –si se podía– la velocidad, deseaba llegar e informar de todo lo sucedido con la tribu del norte y proponer la búsqueda de los fragmentos de la Shikon no Tama, cerca de su territorio, pues tampoco deseaba alejarse mucho de este.

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Un nuevo día iniciaba y con eso las labores del Ichizoku Inu. Las tropas ya estaban alineándose para las misiones y recorridos.

El lord caminó por las escaleras y bajó hasta donde sus tropas esperaban. El verlo estos se alinearon y esperaron las instrucciones.

–Antes de darles las órdenes, debo informarles que la alianza del Ôkami se extendió al clan de lobos de las montañas del norte.

Los soldados se notaron orgulloso de eso y Sesshōmaru prosiguió.

–Y para los que se pregunten por que Taisho Tomohisa no ha regresado, debo decirles que la fuerza de los Inu se ha demostrado… Tomohisa ha sido elegido como líder del Yōrō-Zoku decidido por un combate del que salió invicto.

Por ese momento y sin que los soldados y capitanes temieran molestar a su lord; vitorearon por la noticia. El de luna en la frente permitió esa muestra de alegría y orgullo de sus huestes.

Al concluir la celebración, Sesshōmaru retomó la palabra:

–Soy su Lord, un Dai-Yôkai y el Señor de Oeste. Mi ejército debe ser tan fuerte como mi fama y propio poderío lo requiere. No considero a ninguno de ustedes innecesario o débil. Y ustedes tienen el deber de no sentirlo nunca. No olviden nunca que me representan a mí y al clan.

Los soldados asintieron enardecidos por las palabras nunca antes dichas por su señor. Las misiones fueron dadas y de ese modo el patio de armas se fue despejando, dejando a un Lord solo acompañado por Chūjitsuna.

Takeshi antes de salir a vigilar con sus tropas los alrededores; se giró a ver a Sesshōmaru, notando como este le sostenía la mirada y supo que esa era al respuesta a lo que le había dicho a Naraku un par de días antes…. Miku al igual que ellos –sus padres– eran parte del clan, y Sesshōmaru los apreciaba como sus brazos y fuerza.

El anciano perro, al ver alejarse a los Taisho y soldados; le comentó a su Rīdā.

–La lealtad se gana y usted lo hace día con día...

–Debo hacerlo; entre más fuerza mostramos, el miedo y la envidia nos asechan.

El anciano asintió y consideró que su lord no solo pensaba en el presente, sino el futuro se llevaba mucho de sus reflexiones.

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La estructura por fin tomaba forma y Kōga la miró satisfecho, era pequeña, pero lo suficiente para ellos.

Ginta y Hakkaku se le unieron en la cima de la montaña.

–Vaya… se ve cómoda. –opinó Ginta.

–Yo creo que… seguro le gusta. –dijo Hakkaku.

El de coleta, asintió respondiendo:

–Eso deseo.

Los amigos de este, recordaron a que iban…

–¿Ya partiremos?

Kōga se estiró y asintió:

–Sí, vamos que quiero llevar muchos fragmentos y solo tengo poco tiempo.

Los aludido no creyeron eso, de poco tiempo, pues se notaba que el Rīdā del Ôkami ya deseaba ver a su hanyō y esos meses se le estaba haciendo años.

Mas como buen líder no podía verse débil por sus deseos y lo que le afectaba o necesitaba su clan era su prioridad.

Muchas gracias a quien leyó y comentó:

kane-noona, Alba marina y Ying Fa Malfoy de Potter.