CAPÍTULO 7

Eso no estaba pasando, pensó Draco, sintiendo cómo la realidad se desmoronaba a su alrededor. Él y su madre no estaban en aquella fría y tétrica sala de Azkaban, rodeado de aurores. No había una silla con correas delante de él ni un dementor aguardaba en una de las esquinas, contenido por el patronus de un auror.

Y entonces se abrió una puerta y Draco vio entrar a su padre, con las manos atadas a la espalda y la mirada más asustada del mundo en sus ojos.

-No...-gimió, para sus adentros.

La mano de Narcissa se aferró a su brazo, clavándole las uñas con tanta fuerza que más tarde descubriría las cinco pequeñas heridas. Su padre los miró con desesperación. Un funcionario dijo algo de cumplir una sentencia. Draco no entendía sus palabras. Sólo podía mirar a su padre y decirse una y otra vez que eso no estaba pasando, que no estaban atándolo a la silla, que no iban a quitárselo para siempre.

Draco vio cómo desaparecía el patronus que mantenía al dementor arrinconado.

-No...

Lucius los miró por última vez, con ojos enrojecidos y desesperados.

-Os quiero... Os quiero...

El dementor se acercó más a su padre, que se retorció inútilmente en su silla, tratando de alejarse de la criatura y Draco empezó a negar con la cabeza. ¿Por qué no lo detenían¿Por qué no lo detenían?

La realidad le golpeó con la fuerza de un mazazo.

-No... Nononono... –Dos aurores lo agarraron con fuerza justo cuando se abalanzaba hacia su padre, dispuesto a salvarlo como fuera y Draco empezó a forcejear como un animal salvaje-.¡Papá¡Papá¡No¡Por favor, no¡PAPÁ¡PAPÁ!

Los gritos agudos de Narcissa,a la que también habían tenido que sujetar entre varios, se mezclaron con los suyos mientras el dementor acercaba su horrible rostro a la cara de Lucius y aspiraba su alma poco a poco. Draco chillaba y chillaba, creyendo que iba a volverse loco, mientras su padre iba dejando de luchar y sus ojos perdían su terror comprensible, humano, y se volvían vacíos y vidriosos como dos bolas de cristal.

-La sentencia se ha cumplido –dijo un funcionario con voz compasiva.

Draco siguió gritando mucho después de quedarse afónico.


Los gritos despertaron a Harry a mitad noche, dándole un susto de muerte. Era puro terror y era Draco, y Harry salió a toda prisa de la cama para ir al comedor y ver qué le pasaba. Se lo encontró sentado en el sofá, temblando y con los ojos desorbitados por el pánico.

-Draco¿qué ha pasado?

-He te-tenido una pe-pesadilla.

Harry se sentó a su lado y le pasó el brazo por los hombros.

-Tranquilo, ya está... ¿Con qué has soñado?

En cuanto lo preguntó, se maldijo por hacerlo, preocupado por la clase de recuerdos que eso podía despertar en Draco.

-No lo sé –dijo, con un susurro desesperado. Después gimió y se sujetó la cabeza con las manos-. No lo sé, sólo... El frío... Oh, joder...

Harry le acarició el cabello casi sin darle cuenta. Su suavidad le distrajo por un momento y, a la vez, le hizo ser consciente de lo que estaba haciendo, así que se detuvo.

-Tranquilo, no te preocupes...

Draco agachó la cabeza y respiró hondo varias veces.

-Debes de pensar que soy patético –murmuró.

-Entonces ya somos dos. Yo también tengo pesadillas de vez en cuando¿recuerdas?-Le apretó un poco el hombro-. Venga, te prepararé un poco de leche caliente. Eso te ayudará a calmarte.

Draco asintió, todavía sin mirarlo, y Harry vio que tenía lágrimas en los ojos. Apenado, se levantó y se fue a la cocina a calentarle un vaso de leche en el microondas. Después le añadió dos cucharadas de azúcar y dos gotas de poción tranquilizadora y se lo llevó. Draco había dejado de temblar, pero estaba casi acurrucado en un lado del sofá.

-Ten, tómatelo –dijo, sentándose a su lado.

Mientras Draco se iba bebiendo poco a poco la leche, Harry se preguntó si habría pasado algo que hubiera podido causar ese mal sueño. No se le ocurría nada. Ni siquiera en su capítulo nocturno de "Buffy", en el que salían cosas sobrenaturales constantemente, había habido nada que pudiera recordar en lo más mínimo a Voldemort. Y había parecido tan animado desde que se había recuperado que aquella especie de recaída le había pillado por sorpresa. Pero estaba claro que los recuerdos reprimidos por el Obliviate aún pugnaban por salir a la superficie.

Draco le devolvió el vaso vacío y él lo dejó sobre la mesita de café. Ya lo recogería más tarde.

-¿Te encuentras mejor?

-Sí.

Sin embargo, sus ojos aún estaban apagados y cuando volvió a tumbarse en el sofá, tapado con su manta, parecía aún demasiado conmocionado y asustado como para ser capaz de dormirse. Harry lo observó antes de meterse en su dormitorio. Tenía un aspecto tan desamparado que supo que no era capaz de dejarlo ahí solo para que se enfrentara a temores que ni siquiera podía comprender.

-Draco...

-¿Qué?

-¿Quieres dormir conmigo esta noche?

Draco se incorporó un poco, apoyándose en los codos, con expresión esperanzada.

-¿No te molestaré?

-No. Si no roncas.

Draco esbozó una pequeña sonrisa agradecida.

-Yo no ronco –dijo, levantándose del sofá.

Harry le devolvió una sonrisa similar, contento de verlo un poquito más animado. Aun le sorprendía un poco que Draco tuviera esa confianza instintiva hacia él. ¿Se acordaría subconscientemente de que le había salvado la vida dos veces durante la Batalla de Hogwarts¿Podía borrar eso seis años de animadversión igualmente instintiva? Pero junto a su asombro había cierta satisfacción: era agradable volver a sentirse así, capaz.

Aunque fuera para alguien que no se hallaba en plena posesión de sus facultades mentales.

Harry solía dormir en el lado derecho de la cama, así que Draco se acostó en el izquierdo, donde había dormido unas noches atrás. Su peso extra sobre el colchón resultaba inusual y, a la vez, traía recuerdos lejanos de algo familiar. Costaba creer que había habido un tiempo en el que su cama no era un páramo de soledad. La sólida presencia de Draco a su lado también le resultaba reconfortante a él.

-¿Estás bien?

-Sí. Gracias por dejarme dormir aquí.

-No hay de qué. Buenas noches.

-Buenas noches.

Había una especie de anhelo en su rostro que Harry tardó en discernir. Sólo después de apagar la luz de la mesilla comprendió lo que era. ¿No lo había necesitado él después de sus propias pesadillas? Sin pensarlo demasiado, le apretó cariñosamente la mano y no le extrañó en absoluto que Draco entrelazara los dedos con los suyos y la acercara a su estómago, convirtiéndolo así en un pequeño abrazo. Tampoco le importó. Entonces le dijo buenas noches una vez más y se dispuso a dormir.


Cuando Harry se despertó, cerca ya de las nueve, descubrió que durante la noche el abrazo se había hecho más estrecho y que ahora estaba abrazando a Draco por detrás y que éste se aferraba al brazo con el que le rodeaba la cintura. Después de un segundo de desconcierto se dio cuenta de que, en realidad, no sólo se sentía bastante a gusto, sino que el roce había provocado que tuviera una ligera y embarazosa erección matutina, la primera que había tenido en mucho tiempo. Harry se separó un poco de Draco, pero no apartó el brazo y se incorporó un poco para verle la cara. Aún dormía y su sueño parecía tranquilo. La cicatriz de su sien había desaparecido por completo y sus mejillas estaban ahora algo redondeadas. Su piel parecía tan suave como la de una chica y resistió el impulso de acariciarle la línea de la mandíbula para averiguar si sentía la ligera aspereza del vello facial.

No le extrañaba nada que la gente lo mirara tanto por la calle.

Draco se movió un poco, carraspeó y abrió los ojos.

-Hola...

-Buenos días. ¿Has dormido bien?

-Sí.-Entonces se dio cuenta de la posición en la que estaban y sonrió a modo de disculpa mientras le soltaba el brazo-. Ten, te lo devuelvo.

Harry se dijo que aquella sonrisa no era mona de ninguna manera.

-Gracias. Después de tantos años, le tengo cariño. Venga, vamos a desayunar.

Harry se encargó de preparar el café y las tostadas mientras Draco freía unas salchichas. Parecía de buen humor, recuperado de lo sucedido la noche anterior y cuando se sentaron a desayunar le preguntó si se había pensado lo de la fiesta de sus amigos, que era al día siguiente. Harry ya casi ni se acordaba y la idea seguía sin matarle de entusiasmo, pero se dio cuenta de que a Draco le apetecía ir y decidió complacerle.

-Genial –dijo, sonriendo de oreja a oreja-. ¿Sabes? Podríamos ir hoy de tiendas y comprarnos algo para la fiesta,

-¿Lo dices en serio?

Draco se había resignado a no tener dinero propio-Andromeda le había dicho a Harry que no había manera de que pudiera sacar dinero de las cuentas Malfoy y hacer una transferencia a un banco muggle, ni siquiera sin cuarentena-, pero no le molestaba tanto ahora que sabía que era millonario y que podría devolvérselo todo. Y a Harry, que tenía dinero de sobra, en realidad no le habría importado comprarle todas esas cosas aunque Draco no hubiera tenido un knut en su cuenta.

Lo que le aburría soberanamente era la idea de ir de compras.

-Harry, como representantes del mundo mágico nuestra obligación es dejar el pabellón bien alto.

-Ellos no saben que somos magos.

-Eso es lo de menos. Oh, vamos, no seas hetero... Será divertido, ya lo verás.

Harry suspiró con resignación.

-Me conformo con que sea rápido.


La sesión de compras, en realidad, duró menos de lo que se temía. Draco tenía una idea muy clara de lo que quería y dónde encontrarlo, y escogió su ropa en un momento y sin molestarse en preguntarle su opinión. Pero como estaba emperrado en que Harry se comprara algo también (y bajo su supervisión, además), tuvieron que visitar unas cuantas tiendas más.

-No sé qué tenían de malo esos pantalones –protestó Harry, dentro del probador, poniéndose otros.

-Nada –le contestó Draco, al otro lado de la puerta-. Si el mensaje que quieres transmitir es que por favor, te vayan buscando una plaza en un asilo de ancianos, son perfectos. Nada más verte con ellos puestos he tenido ganas de hablarte de dentaduras postizas. Apuesto a que todas las octogenarias de Inglaterra se volverían locas por ti. De hecho, creo que...

-Vale, vale, ya lo capto –dijo Harry, tratando de no reirse.

-Sólo me gustaría que explotaras todo tu potencial, por lo menos por una noche.

-Sí, bueno –dijo Harry, terminando de abrocharse los pantalones nuevos-, tampoco es que sea un top model.

-Oh, por favor, Harry, tú estás muy bien…

Harry abrió la puerta del probador.

-Yo soy normal.

Draco fue a decirle algo, pero sus ojos se detuvieron en los pantalones y le recorrieron de arriba abajo.

-Guau, Harry, estás tremendo...

Harry se miró, un poco incómodo.

-¿Sí?

-Sí, sí, esto es otra cosa. Te quedan perfectos. Tienen mi voto más gay.

Aquello hizo reir a Harry.

-Ya veo.

-De verdad, Harry, vas a causar sensación.

-Qué exagerado –dijo, volviendo a entrar al cambiador.

Draco no dijo nada hasta que Harry volvió a salir, con los pantalones de la tienda en la mano.

-No soy exagerado –replicó entonces-. Hablo en serio. Ya me dirás mañana si se te comen con los ojos en esa fiesta o no. Tú eres muy guapo; sólo necesitas... no sé, dejarlo ver, creerlo. En realidad es una cuestión de actitud.

Harry descartó el asunto con un movimiento de mano, convencido de que Draco hablaba así debido al agradecimiento que sentía por él. Tampoco le importaba mucho: nunca había sido alguien que valorara mucho el aspecto físico ni en sí mismo ni en los demás. Pero sí se quedó los pantalones, para alegría de Draco, y en la tienda siguiente encontró un suéter que recibió el beneplácito de ambos.

-No ha sido tan duro¿verdad? –bromeó Draco, ya de camino a casa.

-Hemos tardado menos de lo que esperaba –admitió.

Draco le puso confiadamente la mano en el hombro.

-Ya verás cómo nos lo pasamos bien mañana.


Draco se había atrincherado en el baño, así que Harry fue a mirar qué tal le quedaba la ropa nueva en el espejo del armario de su dormitorio. Después de muchos meses llevando ropa que de nuevo le venía demasiado grande, el efecto conjunto de aquellos pantalones oscuros y aquel suéter verde, del mismo color que sus ojos, le pilló totalmente por sorpresa. Se sentía como si no se hubiera mirado en un espejo en mucho tiempo y se hubiera olvidado de su propio aspecto.

Cuando salió de su dormitorio, Draco aún seguía en el baño.

-¿Acabas ya?

-Voy.

No lo entendía. ¿Cómo podía tardar tanto? Aunque se hubiera estado secando el pelo con el secador, normalmente no tardaba más de un cuarto de hora en terminar. ¿Qué más podía hacer, aparte de lavarse los dientes y afeitarse?

-Malfoy, no es saludable mirarse tanto en el espejo.

-Oh, qué pesado eres, Harry.-Abrió la puerta y lo miró con una sonrisa de aprobación-. Ah, fíjate, estás guapísimo.

A Harry se le escapó un pequeño jadeo de asombro. Draco tenía un aspecto increíble; el suéter, gris con ribetes rojos en el cuello y en las mangas, y sus pantalones negros le daban un aire sexy y elegante. El pelo le rozaba los hombros y tenía un brillo satinado, irresistible.

-Tú también –reaccionó al fin, con torpeza.

La sonrisa de Draco adquirió un matiz diferente.

-¿De verdad?

Harry sólo pudo asentir.

-Estás increíble.- Enseguida lamentó haberlo dicho. Demasiado entusiasmo. Pero no. Tampoco era grave. Podía hacer eso, podía decírselo. Era un hecho objetivo. No tenía por qué significar nada más-. Venga, vámonos.

Draco asintió, fue a por su chaqueta y una bufanda de Harry y bajaron a la calle, repleta de fauna nocturna. Como la casa de Paul estaba sólo a cuatro calles de allí fueron caminando, azuzados por el frío. La primavera había llegado, pero el crudo clima invernal de Inglaterra aún no lo sabía.

La música de la fiesta se oía perfectamente desde la calle a pesar de las ventanas cerradas y Draco alzó las cejas con una mueca apreciativa. Harry, que todavía estaba protestando para sus adentros por no haberse quedado tranquilamente en casa, se preguntó si al verdadero Malfoy también le gustarían las fiestas; le costaba imaginárselo divirtiéndose sin martirizar a nadie.

Pero mientras subían en el ascensor pensó que quizás Draco no había tenido oportunidad de pasarse una noche de fiesta hasta que había perdido la memoria. Si uno se paraba a pensar, los dos habían tenido al final vidas bastante jodidas.

La fiesta estaba ya bastante avanzada y los invitados bailaban y charlaban animadamente. Harry se dio una vuelta, acompañado por Draco, para ver si conocía a alguien más aparte de a Paul y a Jeremy. La mayoría de chicos se comían a Draco con la mirada a su paso; algunos incluso se acercaron a preguntarle, como había hecho Jeremy, si era el chico de Central.

-Vaya, tienes un montón de fans.

-Sí, les gustaba bastante verme bailar.

-¿Te gustaba ese trabajo? Nunca te lo he preguntado.

-Es más cansado de lo que la gente cree. Pero me sacaba suficiente para ir tirando y cuando estaba bailando no tenía que pensar en nada más, sólo dejarme llevar. –Le sonrió un poco, con una sonrisa no tan inocente como otras-. Bueno, y podía follarme prácticamente a quien quisiera, claro.

-Claro –dijo Harry, sin encontrarlo nada divertido.

Draco se encogió de hombros.

-De todos modos, ninguno de ellos habría hecho por mí todo lo que estás haciendo tú. Anda, vamos a bailar un poco.

Harry habría jurado que no iba a bailar en toda la noche, que sólo se quedaría en un rincón observándolo todo, charlando un rato con Paul y Jeremy, esperando a que Draco se cansara y quisiera volver a casa. Pero Draco había sido sincero al hablar con indiferencia de sus admiradores y a las dos canciones, cuando Harry se aburrió de bailar y quiso sentarse tranquilamente en un sillón, se fue con él ignorando a los chicos que pululaban sin cansancio a su alrededor.

-Draco, no tienes por qué hacerme compañía –dijo, más por cierto sentimiento de culpa que por otra cosa-. Has venido aquí a divertirte, disfruta de la fiesta.

Draco lo miró con extrañeza.

-Ya estoy disfrutando.-Alzó una ceja-. ¿O quieres quedarte solo por algo más?

-¿Algo más¿Como qué?

-No sé, para que se te acerque algún chico que te haya gustado. Hay por ahí dos o tres que están esperando a que me aleje para caer sobre ti como halcones.

Harry, que sólo había visto chicos babeando por Draco, abrió mucho los ojos.

-¿Me tomas el pelo¿Quiénes?

Draco señaló discretamente en dirección a los invitados y Harry vio a un chico de pelo castaño y cara simpática que le sonrió. No muy lejos de él, descubrió a otro que lo repasaba apreciativamente con la mirada. Y no era el único.

-Ya te dije que eras guapo –dijo Draco, sonando un poco irritado-. Bueno¿me voy para que podáis hablar o no?

Pero Harry estaba más sorprendido que interesado en ellos.

-No te lo he dicho por eso –le contestó-. Sólo quiero... ya sabes, que te lo pases bien. A mí no me gusta demasiado bailar, pero no pretendo que te quedes aquí, aburriéndote conmigo.

Draco frunció levemente las cejas.

-¿Te estás aburriendo ahora?

-No.

Entonces sonrió.

-Bueno, pues yo tampoco. Me lo paso mejor hablando contigo que bailando yo solo o con alguno de esos.

Harry tuvo que sonreir, complacido de que alguien apreciara tanto su compañía, aunque una vocecita en el interior de su cabeza volvió a repetirle que sólo era agradecimiento y que, en todo caso, era probable que incluso eso desapareciera cuando Draco recuperara la memoria. Pero Harry, por una vez, la mandó callar con energía. Draco podía haber cambiado de verdad.

-Como quieras.

Draco asintió, satisfecho, y miró a su alrededor mientras le daba un trago a su cerveza.

-Oh, vaya...

-¿Qué?

-Hace unos meses me acosté con ese tipo –dijo, señalando a un chico guapo que bailaba no muy lejos de ellos.

Harry dio un respingo al verlo.

-Joder...

-¿Qué?

-Yo también.

Draco lo miró con la boca abierta y se echó a reir.

-¿En serio?-Harry hizo un gesto afirmativo y Draco se mordió los labios como si estuviera dudando si preguntarle algo o no-. ¿Te gustó?

Harry también dudó y al final optó por la sinceridad.

-Fue como follarse a una estatua.

Draco soltó una carcajada.

-Vaya, menos mal, creía que había sido culpa mía.

Entonces. Draco empezó a contarle con todo lujo de detalles cómo había sido su noche con aquel chico y Harry terminó doblado en dos de la risa porque, oh, Dios, vaya si era lamentable en la cama, el pobre. Y antes de darse cuenta, estaba hablando animadamente con él, tan cómodo como cuando estaban en el piso y charlaban del último capítulo de Buffy o comentaban las noticias. Se sentía en una fiesta, aunque no bailara; estaba allí, riendo, bebiendo y divirtiéndose.

Siendo feliz.

Al cabo de un rato, Paul se acercó para cumplir con sus funciones de anfitrión y le preguntó a Harry si quería bailar con él.

-Así hablamos un poco.

Harry sabía que Paul podía intentar algún movimiento durante esa charla, pero aun así se levantó y se fue con él. Al fin y al cabo, Paul era lo más parecido a un amigo, junto con Samantha, que había encontrado en aquel año y pico.

-Ahora vuelvo –le dijo a Draco.

Paul y él se mezclaron un poco más entre la gente y esta vez, Harry sí se dio cuenta de cómo era seguido por algunas miradas.

-Tienes buen aspecto, Harry –le dijo, sujetándole por la cintura para empezar a bailar-. La última vez que te vi, por Navidad, me dejaste muy preocupado.

-Estoy bien.

-Sí, ahora sí –accedió-. Claro que con un novio tan guapo¿quién no lo estaría? Es sorprendente que pudieras pillarlo, considerando lo poco que salías de casa últimamente.

-Draco no es mi novio –dijo, incómodo.

-¿No? Hum...-Sonrió y bajó un poco una de sus manos, acercándose a su culo-. ¿Eso significa que tengo alguna oportunidad?

-No, no significa eso –le advirtió, con un tono de voz que decía que no estaba enfadado, pero que podía llegar a estarlo.

Sin perder el ritmo ni su buen humor, Paul retiró la mano.

-Lástima. Pero cielo..., he de decirte que tú y la walkiria enviaís mensajes muy confusos. No os habéis separado en toda la noche.

-Estábamos hablando. ¿Tú no hablas con tus amigos?

Paul rio por lo bajo.

-Sí, hablar, hablo. Oh, los jóvenes... –Sólo tenía veintiséis años, pero le gustaba tratarle con condescendencia de vez en cuando-. No os enteráis de nada.

Harry pensó que Paul no era tan observador como se creía y no le dio más importancia.

-Bien, como tú digas.

Cuando la canción terminó y regresó con Draco, llegó a ver cómo se quitaba de encima a uno de sus admiradores. Seguramente habían aprovechado su ausencia para intentar ligar con él, aunque no parecía que hubieran tenido mucho éxito. La máscara de indiferencia que Draco le estaba dedicando al chico que se había acercado a él se derritió en una sonrisa de bienvenida en cuanto vio que Harry se estaba acercando. Harry se encontró lanzándole al chico una irritada mirada de advertencia que le decidió por fin a alejarse lo más posible de aquel rincón.

Draco se puso de pie y le tendió la mano.

-No, no, no te sientes, Harry. Ya que te has animado a bailar, ahora es mi turno.

Y Harry, sonriendo también, sujetó su mano y le siguió dócilmente entre los invitados.


Pasada la medianoche, la fiesta se había vuelto algo más salvaje. Las rayas de cocaína aparecían y desaparecían cada poco tiempo, y más de una pareja bailaba como si quisieran frotarse hasta el orgasmo. Harry empezaba a sentirse un poco incómodo entre tanto libertinaje y le hizo una señal a Draco para ver si se animaba a dejar ya la fiesta. Draco le echó una última mirada a la película porno gay de la tele y asintió. Después de despedirse de Paul, que iba ya colocadísimo, se bajaron a la calle. Harry, que iba un poco achispado, sintió cómo el frío nocturno le despejaba sin demasiados miramientos. Draco, que también se había pasado bebiendo, se ajustó bien la bufanda y se metió las manos en los bolsillos.

-Mañana me dolerá la cabeza, pero ha valido la pena –dijo, con la voz un poco ahogada por la bufanda-. Me lo he pasado muy bien.

-No ha estado mal –replicó Harry, ajustándose los pantalones. Entre la película porno y el espectáculo de los que bailaban, tenía una ligera erección. La segunda en dos días. Estaba claro que su libido empezaba a despertar de nuevo.

-¿Tú estás borracho?

-Nah, sólo un poco. Mañana me tomo un par de aspirinas y listo.

Draco se tensó un poco

-Esas pastillas me sientan mal. Una vez me tomé una y estuve vomitando todo el día.

Harry meneó la cabeza.

-Dios, Draco, es un milagro que hayas sobrevivido en el mundo muggle en tu estado.

-Sí, me miras así de vez en cuando –dijo él, riendo un poco-. Pero Harry¿por qué tú puedes tomar espirinas y yo no?

-As-pirinas –le corrigió-. Porque tú no has tenido un antepasado muggle en generaciones, pero mis abuelos por parte de madre sí eran muggles.

-Oh... Pues es más práctico tener un poco de sangre muggle¿no?

Harry se las apañó para mantener una cara cuidadosamente neutra mientras asentía ante aquella opinión, una de esas que jamás habría creído posible oir de labios de Draco Malfoy. Total, no era la primera vez que le pasaba desde que se lo había vuelto a encontrar.

Llegaron a casa hablando de enfermedades y remedios de uno y otro lado. Harry habría supuesto que semejante tema de conversación habría servido como una ducha fría bastante efectiva, pero su erección seguía tercamente presente incluso después de lavarse los dientes.

-Bueno, buenas noches, Harry –dijo Draco, sonriente, empezando a desnudarse en el comedor.

-Buenas noches –contestó, devolviéndole también la sonrisa.

Harry se metió en su dormitorio, cerró la puerta y se desvistió descuidadamente hasta quedar en calzoncillos. Después, con un ruidoso suspiro de alivio, se tumbó en la cama. Había bailado mucho más de lo que creía que iba a bailar y estaba molido. Pensando en dormir, cerró los ojos, pero su mano se deslizó automáticamente dentro de sus calzoncillos y sujetó con fuerza su pene semi-erecto. La sensación, tan distinta a cuando se tocaba para mear o ducharse, hizo que sus caderas dieran un pequeño respingo hacia arriba, que un siseo escapara de sus labios.

Hacía tanto tiempo...

Harry empezó a mover la mano arriba y abajo, sintiendo cómo su miembro engordaba bajo sus caricias. Su mente se llenó de imágenes confusas, mezcladas, de los chicos de la película porno que había estado viendo. Imaginó una boca suave cubriéndolo con su calor, unos dedos penetrándolo, un culo firme listo ante él. Se preguntó si Draco estaba haciendo lo mismo en el sofá. Entonces Harry se corrió con un discreto gemido mientras su semen le salpicaba el estómago, el pecho y llenaba el dormitorio del acre y casi olvidado aroma del sexo. Tras unos segundos perfectos, alargó la mano, buscó a tientas su varita en el cajón y se echó un hechizo de limpieza sobre sí mismo.

Después se quedó dormido con una plácida y ebria sonrisa esbozada en sus labios.


Ruka, hola, me alegra que te guste tanto mi Draco amnésico.

Yankee, bueno, la cena, como la fiesta, sólo les va uniendo más y más sin que se den mucha cuenta (al menos Harry).

Efi-lala, hola, guapa. Creo que es la primera vez que comentas en este fic, no sé. Pero bueno, me alegra volver a verte. La verdad es que pretendía que este Draco os desconcertara un poco, jeje. Pero tiene su encanto también¿no?

Daiiu, hola. Me alegra saludarte y que el fic te esté gustando tanto. Actualizo los lunes y los viernes, así que tampoco tendrás que esperar tanto, tranquila.

Remus Albus Veil, bueno primero de todo, bienvenido al slash, jaja. Y muchas, muchísimas gracias por tus palabras, guapísimo. Me has emocionado mucho, sobre todo en lo de hacer pensar y eso. El "Odiemos a Slytherin" de los libros es tan exagerado que ha causado el efecto opuesto en mí; por compensar, supongo. Me gusta imaginar que los Sly no son tooooodos tan malos como Rowling quiere hacernos creer. Y Draco es mi personaje favorito, así que... Tienes toda la razón en que hay fics slash muy malos, pero cuando ya lleves un poco más de tiempo acabarás localizando todos los buenos, ya lo verás. Me alegra muchísimo que los míos te gusten, de verdad. En fin, muchas gracias otra vez.