No sé si hay alguien fuera que esté pidiendo mi cabeza en bandeja, pero lo siento por no actualizar. Hay cientos de excusas, viajes, falta de inspiración y falta de internet para subir el capítulo, pero en realidad, no tengo perdón así que no voy a pedirlo (?) :c

Disclaimer: Glee no me pertenece. Nadie le diría Boo Boo a nadie si Glee me perteneciera.


Blaine Anderson no tenía idea de lo que estaba haciendo. Debería dejar que su padre se encargara de él y por un segundo pensó en hacerle un llamado y decirle que se encontraran en un punto neutro. Luego estaba el hecho de que Kurt parecía estar completamente seguro de él. ¿Por qué? Pues no tenía idea pero su confianza le parecía completamente infundada. No iban a tomarse de la mano y caminar juntos hacia el atardecer después de todo aquello, la vida, por todo lo demás, no es una reunión de momentos felices. Aun así, tampoco podía encontrarse feliz con la idea de dejar morir a Kurt… Porque las posibilidades de que muriera eran mucho más altas en comparación a las posibilidades que tenía de salir de aquello sin un rasguño. No le había dicho eso antes de salir… Pero esperaba que el hecho de estar siendo retenido en contra de su voluntad le diera una pista de que no era exactamente una idea inteligente fiarse en él.

—¿No te gusta la música? — Le preguntó su acompañante y Blaine no pudo evitar voltearse a mirarlo como si le hubiese salido un tercer ojo justo en medio de la frente.

—¿Vamos a empezar a conocer las partes profundas del otro? — Respondió con una pregunta, aunque cuando le hacían eso, se irritaba por completo.

—Es tan solo una pregunta. Nunca me ha gustado viajar por carretera en silencio.

—No es como si esto fuese un viaje por turismo y recreación, Kurt. — Fue su respuesta, pero encendió la radio. A él también le relajaba escuchar música, y de hecho, se sentía un poco más en su ambiente con algo sonando, algo diferente a sus pensamientos ruidosos e incesantes. Nadie sabe lo que es un dolor de cabeza hasta que empieza a considerar la idea de matar o no a alguien.

Dicen que la adrenalina que viene tras ello es una sensación que produce tanto placer, que por eso los asesinos se convierten en seriales. Blaine no asesinaba por recreación, y de hecho, sentía que el solo hecho de amenazar a alguien como Kurt haría que esas ganas de vomitar y encerrarse como si fuese un ser indigno de la sociedad, tal y como había ocurrido la primera vez que había presionado el gatillo con un revolver direccionado hacia la cabeza de alguien desconocido para él. No quería volver a pasar por eso nunca, pero ya se había involucrado todo lo que podía involucrarse. No pensar en la gente que asesinaba como si fuesen personas hacía la situación más fácil, no considerar que tienen una familia, que tal vez tengan hijos, una pareja esperando por ellos, no verlos como humanos cuya vida él había cortado por la mitad hacía que presionar el gatillo fuese solamente una acción, como cuando sales a trotar en la mañana... Es algo que haces, algo que no tiene consecuencias. Había pasado una semana con alguien que le había pedido hablar con su padre, que evidentemente tenía una vida, el solo saber que había alguien fuera preocupado por él, cuya vida se caería a pedazos al encontrar a su hijo muerto al lado de la carretera hacía que Blaine se sintiera de repente muy enfermo.

Negó con la cabeza. Si no había sido capaz de asesinarlo hasta el momento, no sería capaz de hacerlo ahora… Por lo que tendría que empezar a considerar las consecuencias de lo que estaba haciendo. No lo había pensado mucho antes de salir de ahí, sencillamente había pensado en que tenía que ayudar a alguien a sobrevivir… A alguien con una vida, una vida como la de él, probablemente. No sabía hacia donde estaba conduciendo, o lo que se suponía que tenía que hacer. Su padre tenía contactos, por lo que sabía un par de cosas, tenía que sacar el dinero de su cuenta y conducir como el demonio en dirección contraria, o acabarían por encontrarlos. Presionó el acelerador, el tablero indicaba que iba bastante por encima del límite de velocidad.

—¿Qué haces? ¿La idea era asesinarnos a ambos en un accidente? — Escuchó que le preguntaban, pero no se molestó por dignificar su pregunta con una respuesta, ni siquiera dejó de presionar el acelerador, manteniendo una velocidad constante. Su padre se estaba dirigiendo a la casa en donde suponía Blaine lo esperaría, lo que le daba unas seis o siete horas para alejarse de allí todo lo que pudiera, encontrar un lugar en donde sacar el dinero que estuviera en su cuenta que estuviera lo suficientemente lejos de su padre, para que cuando este se diera cuenta de que Blaine se había marchado, hace horas ya, al menos tuvieran unos buenos cientos de kilómetros puestos entre ellos.

No sabía si era tan fácil rastrear una tarjeta de crédito, o un teléfono celular, como enseñaban en las películas, porque se había repetido cien veces que aquello no era lo suyo, no era un experto en secuestrar gente, mucho menos era un experto en huir como si el mismísimo infierno se fuese a desatar tras él, pero tenía que jugar con lo que sabía… Y había visto suficientes películas. ¿Sería su conocimiento en la época de la prohibición suficiente para sobrevivir de una mafia como la que tenía montada su padre? No lo sabía, y en realidad se estaba preguntando todas las cosas incorrectas. Blaine Anderson podía sobrevivir, su padre seguramente le amenazaría, le daría más trabajo del normal y le haría revivir toda esa época en la que se había sentido como la mayor decepción creada por un hombre, pero seguiría con su vida en un momento u otro, su padre no pondría una bala en su sien. El problema nunca había sido él, el problema era Kurt Hummel.

Redujo la velocidad en cuanto los letreros que indicaban que había un paradero a un par de kilómetros empezaron a aparecer en la vía, casi sintió a su acompañante empezar a relajarse un poco, porque parecía que se había tensionado de pies a cabeza cuando Blaine empezó a acelerar.

—No vamos a detenernos hasta el amanecer. Puedes dormir si quieres. — Le dijo a Kurt, bajando del auto y asegurándose de poner el seguro y la alarma antes de darse la vuelta para llenar el tanque. Era improbable que Kurt saliera sin que él se diera cuenta, pero prefería escuchar un ruido alarmante en caso de que este decidiera abrir la puerta.

Una vez estuvo todo hecho, entro en el auto. —¿Tienes hambre o algo así? Podemos bajar por algo de comer… Pero Kurt, sé sensato respecto a tu respuesta, sé que sabes que si no te he puesto una bala en la cabeza es porque tengo motivos para no hacerlo, pero eso no significa que no pueda dispararte en una pierna, ponerte un torniquete y dejarte rogar por unas cinco horas hasta que lleguemos a donde necesito llegar.

—No tengo hambre. — Fue su respuesta, y Blaine asintió sin más, encendiendo el auto y saliendo nuevamente a la carretera.

Fue media hora de silencio, escuchando mezclas extrañas que sonaban en la radio a la madrugada. Blaine, extrañamente, no se sentía cansado, suponía que parte había que culparlo en el insomnio del cual era víctima desde hace años, y en parte porque cuando estaba determinado a hacer algo, lo hacía sin que su cuerpo fuese muy consciente del cansancio u otras necesidades básicas. Por eso era bueno en su trabajo, ponía su mente en algo, y lo hacía sin pensar en lo que había que hacer en medio.

—¿A dónde vamos?

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes? ¿A quién tengo que preguntarle sino a quien está manejando? — Tenía un par de respuestas bastante creativa que harían cabrear a cualquiera en su posición, pero Blaine en arte admiraba que fuese capaz de responderle sin temor alguno. Realmente debería empezar a replantearse su carrera como intimidante secuestrador.

—Lo que sé, es que podríamos quedarnos aquí, esperar a que vengan por nosotros y dejarías de ser una carga para mí. Pero por algún motivo, estoy corriendo en dirección contraria porque por algún motivo me importa salvar tu cabeza, cabeza que sigue encontrando todas las respuestas poco asertivas que puede encontrar.

—¿Pero por qué? — Blaine lo miró de reojo. ¿En verdad estaba cuestionando sus motivos para ayudarlo? En su situación, él estaría sintiéndose de la misma forma pero se quedaría callado y sentado, aceptando el hecho de que lo estaban ayudando a escapar, considerando el hecho de que podía hacer que su secuestrador se arrepintiera y le dejara por ahí a su suerte.

—Llevo preguntándome lo mismo durante los anteriores días y he llegado a pocas conclusiones. Conclusiones ilógicas, principalmente. — En especial teniendo en cuenta la clase de persona que era, por más que no se consideraba malo, teniendo en cuenta su expediente, muchos podrían poner en tela de juicio su concepción acerca del bien y el mal.

—¿Conclusiones como cuales?

—Como el hecho de que no quiero sangre inocente en mis manos, Kurt. Todas las personas que me matado en mi vida han hecho algo mal, se han metido con la gente incorrecta, han asesinado, robado, a personas que no lo merecían. No soy un justiciero, hago mi trabajo sin preguntar… Pero no creo que preguntarle a alguien por qué está bebiendo un vaso de agua sea suficiente motivo para ponerle una bala en la cabeza a alguien. — Su tono de voz rozaba lo desesperado, esperaba que Kurt se quedara callado y decidiera que aquella respuesta le valía, porque Blaine no quería seguir dándole explicaciones.

Ambos se quedaron en silencio por un par de minutos. Minutos, porque el muchacho de ojos claros definitivamente no había mentido cuando dijo que no le gustaba viajar en silencio.

—Estaba empezando a sospechar que asesinar era un hobbie.— Se suponía que los humanos tenían instinto de supervivencia, pero con su forma de hablar, Kurt podía hacer enojar a todas las personas que no debía hacer enojar. Blaine se estaba quedando sin paciencia, y estaba considerando noquearlo por un rato para ahorrarse las preguntas.

—Pues tienes un pésimo sexto sentido.— Le dijo sin más. No quería tener una conversación con él, no quería conocer nada de él y aceptar aún más que estaba en compañía de un ser común y corriente, que seguramente era así de poco asertivo cuando se encontraba bajo una situación de presión que no controlaba para nada.

—En realidad no lo creo. Me es fácil leer a las personas… Tan solo no he podido captar mucho de alguien que solo responde con monosílabos y se siente interesante manteniendo un aura de misterio.

—¿Quieres que me siente a compartirte mis traumas de la infancia mientras tomamos el té? ¿Es eso suficiente terapia para ti?

—No quiero tus traumas infantiles, quiero asegurarme que eres alguien en quien se puede confiar. No se me puede culpar por desconfiar de quien lleva una semana reteniéndome contra mi voluntad en una casa abandonada en medio de la nada, para luego ayudarme a escapar como si hubiese descubierto una verdad absoluta de un día para otro.

Blaine negó con la cabeza. De cierta forma, parecía que estaba intentando encontrar algún tipo de redención incoherente por medio de sus acciones, pero sencillamente él se comportaba bajo un código de honor. Su vida tenía muy, muy pocas reglas, porque las personas que tienen más de cinco cadáveres encima empiezan a ver la vida como algo mucho más frágil, y los principios éticos y morales que se imponen a todas las demás personas dejan de afectarles. Él se había prometido desde el inicio que no asesinaría a un testigo, a un inocente, y había sido particularmente cuidadoso de no tener ninguno de esos en el pasado… Hasta que pasó, y la situación le había sobrepasado a él. Solo sabía que si dejaba de cumplir las reglas que él mismo se había impuesto, se perdería a sí mismo, perdería la poca honra que le quedaba.

—¿Y qué crees que sabes de mi? Si te es fácil leer a las personas, alguna conclusión tendrás que haber sacado.— Y no sabía por qué quería saberlo. Kurt había visto una parte de él que no mostraba a ninguna persona, por los motivos más obvios, y aún así no había empezado a gritar, como si estuviese esperando un golpe de suerte cuando era más probable recibir un golpe, un golpe a secas.

—Creo que no tienes una especialización en las artes de secuestrar.— Blaine no pudo evitar una carcajada fría, la verdad no estaba del humor de siempre. —Pero en realidad, lo único de lo que estoy seguro es que te llamas Devon. Todo lo demás son… pensamientos sin mucha coherencia.

—Nadie me llama Devon, jamás. — Respondió él en un impulso. —Y el decir eso tan solo te asegura otra cosa: no tengo una especialización en las artes de secuestrar.

—¿No te llamas Devon?

—Pues sí. Pero es algo que solo saben mi madre y mi padre.— Nunca iba por ese nombre porque le parecía casi tan estirado como Wyatt, y la verdad era que habían estado a punto de ponerle ese nombre pero su madre había decidido por el segundo más estirado.

—¿Entonces como diablos te llamas?— Había algo en su tono de voz que Blaine no reconocía del todo.

—Blaine.— Con un gesto de la mano lo saludó. Intentando no reírse auténticamente de su expresión. —¿Decepcionado?— No recibió respuesta alguna, y él no preguntó. No tenía que dar explicaciones de nada, y de hecho, ahora sabía que lo único que le faltaba era darle su apellido y su dirección para que pudiera hundirlo si algo salía mal.


Kurt Hummel supo exactamente en donde se encontraba en cuanto salieron a la carretera y agradeció a su padre por heredarle su buen sentido de la ubicación. Estaban insanamente cerca a Ohio, y de seguro que sin consideraba bien sus posibilidades podría convencerlo de acercarse lo suficiente como para llegar hasta allí… Pero luego estaba el hecho de que no tenía ni la más remota idea de con quien se estaba metiendo, y si Blaine estaba dispuesto a saltarse las reglas por sacarlo del lío en el que lo había metido, ¿qué lo hacía cuestionarse de sus repentinas buenas intenciones? Por favor, si solo había visto asesinar a alguien a sangre fría, ¿qué podía salir mal?

La respuesta era fácil: todo. Todo podía salir mal. Para empezar porque no sabía respecto a qué cosas le había mentido. Ni siquiera el nombre por el cual lo había estado llamando durante los anteriores días era real, así que ¿qué lo era? Bien podría estarlo llevando a su sentencia de muerte únicamente porque no quería mancharse las manos con alguien como él. Le había dicho que se había pensado tanto el asesinarlo porque no quería a alguien completamente inocente involucrado en todo aquello… Seguramente porque eso era un subidón a su moral, como si eso hiciera que todo lo que había estado haciendo —incluyendo el haberlo secuestrado— algo medianamente más correcto. Seguramente buscaba excusas así para poder dormir tranquilo en las noches. Kurt no lo conocía de nada, y si creía que tenía la más remota idea acerca de él, o si había llegado a pensar que estaba arañando la superficie de un muro de concreto gigante detrás del cual el pasado de Blaine se escondía… Pues también se equivocaba.

No sabía por qué estaba molesto nuevamente. No le gustaba que le mintieran, pero en realidad no sabía en qué momento había llegado a tolerar a su secuestrador lo suficiente como para encontrarse cómodo con él y luego decepcionado otra vez. Las personas de las cuales no tienes expectativas no deberían decepcionarte, pero él había empezado a confiar en él, o al menos en su capacidad para mantenerlo con vida. Lo último había probado ser cierto, seguía vivo… Pero no estaba seguro de por cuánto tiempo.

Tras cruzar Ohio, Kurt no sabía donde debía suponer que se encontraba y la verdad es que solamente estaba pensando en que necesitaba dormir, pero temía que si cerraba los ojos, los abriría para encontrarse en otra casa en medio de la nada de la cual tampoco podría salir. Estaba intentando permanecer alerta, pero cada vez estaba más y más lejos de casa, más y más lejos de todo lo que conocía. No era un experto en cada intersección o interestatal, estaba intentando estar pendiente de los letreros que indicaban qué estaba cerca de qué, para intentar encontrar una posición más o menos remota y a preferencia acertada. Odiaba lo desconocido.

El problema con Estados Unidos era que las carreteras iban, iban y seguían, en una infinita línea recta con muy poco en lo cual detenerse en medio, había un par de paradas cada tantos kilómetros, usualmente cerca a las salidas que conectaban con otra interestatal que los llevaría a otro punto del país. La gente por lo general se encontraba con esas paradas de camiones, en los que había un lugar para comprar cosas para comer y llenar el tanque, quizá uno que otro motel para pasar la noche… Pero por todo lo demás era mucho de nada hasta que llegabas a una ciudad grande.

Por el rabillo del ojo vio a Blaine llevarse una mano a la cabeza, para luego restregarse los ojos como si estuviese a punto de quedarse dormido. —¿No deberíamos parar a descansar? — Le preguntó sin saber por qué. Seguramente era que no quería morir estrellado contra un árbol.

—Ya te dije que podías dormir si querías.— Le respondió Blaine. —Puedo detenerme y te puedes hacer en el asiento de atrás si quieres estirarte un poco más.

—Estoy bien, lo digo porque no es uno de mis propósitos acabar siendo estampado de árbol, y te diría que podemos alternar y yo conduciré por unas horas… Pero no creo que nuestra floreciente relación se encuentre tan lejos como para que me des tu auto.

—Yo no estoy cansado. Y no, nuestra floreciente relación no está tan lejos como para que te de mi auto. Duerme, en un par de estaremos en donde necesito estar.

—¿O sea que ya sabes a donde vamos?— Blaine negó con la cabeza, y lo que a Kurt le pareció el débil intento de una sonrisa se dibujó en su rostro.

Reclinó la cabeza en el asiento, mirando a través de la ventana. El cielo empezaba a tomar un color diferente, y en ese momento, empezó a pensar en que jamás había visto el amanecer. La forma en la que la luz parecía estar empujando para hacer su aparición, transformando los colores que los cubrían por algo un poco más alegre, esa aura de misterio se desvanecía a medida que el sol se iba asomando.

—Tengo que llamar a mi padre en algún punto.— Murmuró, y fue lo último que dijo antes de caer dormido.

[***]

Cuando Kurt abrió los ojos nuevamente, fue porque escuchó que alguien susurraba insistentemente su nombre. Quería seguir durmiendo, pero el dolor en el lado derecho de su cuello hizo que abriera los ojos y sintiera la necesidad de un masaje. Dormir en el auto realmente no era lo suyo precisamente por la tensión en sus músculos con la que se encontraba al despertar. No era para nada entretenido.

—¿Dónde estamos?— Preguntó a la nada.

—A dos horas de San Francisco.— Escuchó que Devon le respondía. Blaine. Corrigió para sus adentros.

—¿Te parece que no vamos a llamar la atención en California?— Respondió Kurt, aplicando presión en su cuello con la mano derecha para intentar que sus músculos dejaran de sentirse como nudos y se sintieran más como lo que eran.

—Vamos a un hotel, el dueño es un amigo. Vamos a estar bien aquí por ahora.— Eran casi las diez de la mañana, Blaine tan solo necesitaba una cama mullida para poder apoyar la cabeza, y un lugar en el último piso del hotel para que Kurt no pudiera saltar y huir de él. —Vamos a rentar un auto en su nombre, y a dejar este aquí.— No sabía cómo se las apañaría para hacer tal cosa, pero prefirió no preguntar absolutamente nada.

Dejaron el auto en uno de los estacionamientos de un pequeño centro comercial, al cual entraron a sacar dinero y a comprar algo de comer para el camino. Caminaron otro par de cuadras hasta que encontraron el centro de renta de autos que suponía era su siguiente destino.

—Espero que seas un excelente actor.— Le dijo Blaine con una sonrisa. Chofer y guardaespaldas de Charles Archibald, venían por su auto. La identificación falsa de Blaine fue suficiente para reconocerlo como el hombre encargado. Lo bueno de tener contactos como los que él tenía, era que eran el tipo de personas que podían mover muchos engranajes con tal solo levantar el teléfono.

Había conocido a Charles en Dalton, y habían salido por un par de meses hasta que su padre decidió que expandiría su cadena de hoteles a California, Blaine sabía que era más que eso… Aprobaba la orientación sexual de Charlie casi tanto como su propio padre aprobaba la de Blaine, y lo quería fuera de todo aquello. Falleció tres años más tarde, y Charles tuvo que crecer demasiado rápido para tomar su lugar, y lo había hecho exitosamente. Habían retomado el contacto, o bueno, en realidad nunca lo habían perdido, y aunque no entendía exactamente por qué estaba huyendo, Blaine sabía que si había alguien que lo ayudaría sin cuestionarlo ese era él.

Kurt fingió entender cuando le explicó aquello, sin llegar a comprender del todo por qué le contaba cosas. No era que le molestara, en realidad, era como si estuviese intentando despejar un par de dudas para él para que tuviera clara una tercera cosa… No quería pensar que quería revelar cosas de él, pero sabía que parte de lo que estaba haciendo era para asegurarse de que supiera que le estaba ayudando, y que se estaba metiendo en problemas e involucrando a personas que le importaban para hacerlo, por algún motivo, Kurt sentía que tal vez estaba intentando ganarse un poco de su confianza, diciéndole el nombre por el cual todos lo conocían, prestándole su teléfono, hablándole de sus viejas amistades… Y dejándolo conducir hasta California.

No era como si Blaine fuese capaz de dormir, tenía que asegurar que llegaban a su destino, y así como estaba intentando hacer cosas para que Kurt supiera que por el momento, Blaine hacía parte de su equipo, tampoco era lo suficientemente idiota como para darle el control del auto y no asegurarse de que podía golpearlo de darse cuenta de que estaba intentando cambiar el curso de la situación.

Entraron en el estacionamiento del hotel dos horas y media después, para ser recibidos por un hombre rubio y sonriente, que no se veía intimidantemente fornido, pero que tenía un par de brazos bastante interesantes que solamente podían ser productos de un gimnasio. —Blaine, si hubiese sabido que venías de escapada con un chico…

—Cállate, Charlie.— Le dijo riéndose mientras lo abrazaba. Por fin actuaba como una persona normal a la cual le gustaba el contacto físico, y sonreía como si no tuviese un palo atravesado en… Bueno, en donde la luz del sol no alcanza. Kurt tan solo se quedó incómodamente de pie detrás de ellos. —Él es Kurt, y no estoy de escapada con él para tirármelo. Es un poco más complicado que eso.

—No estoy pidiendo explicaciones. — Respondió Charles, levantando las manos en un gesto de rendición. —Es un gusto, Kurt. Soy Charles, Charlie para ti, cualquier amigo de Blaine es amigo mío… Aunque no esperes que te rente una habitación gratis, estos favores los hago una vez al año.— Un guiño, y Kurt acabó por sonreír y asentir con la cabeza. No era como si Blaine y él fuesen precisamente amigos, pero era obvio que él no sabía toda la historia y él no iba a empezar una narración precisa de la relación que tenía con Blaine.

—El gusto es mío.— Le dijo educadamente. Era lo que había, ¿no? —Y gracias por el auto.

—Ese es otro favor que hago solo una vez al año, así que aprovéchense de él. E intenten no dejar manchas asquerosas en los asientos o lo cargarán a mi tarjeta, y haré que lo paguen.

Kurt y Blaine pusieron los ojos en blanco al mismo tiempo, haciendo reír a su acompañante. —El punto es que tengo una reunión a la cual asistir, vayan a la recepción, y tan solo digan un nombre… Tienen sus llaves allí, sin identificación y definitivamente sin registro de sus identificaciones en la base de datos de la Interpol. Aunque no creo que tu padre esté tan loco, Blaine, creo que tan solo deberías haberle dicho que querías un par de días libres porque Sebastian dejó de parecerte interesante.— Sin decir otra palabra se dio la vuelta, una chica con una falda muy corta se acercó a él con una agenda y empezó a hablar demasiado rápido. Kurt pensó inmediatamente en Rachel, esa sería Rachel si acabara de asistente de alguien. También estaba intentando ignorar el hecho de la mención del padre de Blaine… ¿qué le había dicho a Charles?

Pidieron sus llaves y subieron por el ascensor a la habitación, convenientemente en el último piso del hotel y con una vista que hizo que Kurt tuviera que sostener la respiración. Aquello sería perfecto si la situación fuera diferente. Suponía que también sería perfecto si la compañía fuera diferente, pero por algún motivo, no era Blaine con quien tenía un problema.

—Vamos a dejar las reglas del juego claras desde el inicio. — Escuchó que decían detrás de él.

—No tengo como negarme, ¿no?— Blaine se encogió de hombros, claramente no tenía otra opción. —Y las reglas tampoco están abiertas a discusión.— Era una afirmación, no una pregunta, por lo que Blaine no se molestó en responderlo tampoco, al menos no tenía que explicar mucho.

—No vas a salir de esta habitación. Tampoco vas a intentar llamar a nadie sin que yo esté cerca. Nada de… Dar señales confusas acerca de donde estamos.— Y no era que hubiese pensado todas las reglas antes de decirlas, estaba aclarando lo que se le iba ocurriendo. —Puedes pedir lo que quieras aquí, no quiero que creas que estás aquí en contra de tu voluntad.

—Pero lo estoy.— Interrumpió.

—Lo estás, si. No voy a dejar que te vayas a ninguna parte, y si lo intentas estoy seguro de que Charles tan solo va a pensar que tengo un fetiche si le pregunto si hay cuerdas o esposas en alguna parte.— Kurt no sabía si reírse o golpearlo. Desde hace un par de días que golpearlo sonaba como la mejor opción de todas, pero necesitaba considerar sus opciones. —No estamos de turismo, pero puedes descansar, y comer lo que quieras… Necesito que te tomes la situación en serio, pero necesitamos aclarar algo: no soy el enemigo.